El despertar de Nero
—Dante…
Una sombra se posaba frente al semidemonio; éste solo la miraba perplejo, no la conocía, pero su voz… esa voz…
—Dante… ¿no te cansas de matarme? ¿de olvidarme?
Palpitaciones a mil por hora fueron la respuesta del hijo de Sparda; eso y una gota de sudor descendiendo por la sien.
—Dante…
El semidemonio avanzó con pasos lentos pero decididos. Quería, no, tenía que descubrir el rostro de la ahora silueta masculina que se encontraba a unos metros de él.
—Dante… —la silueta se encontraba de frente, el contorno de sus labios era visible— Dante, ¿por qué?
Una lágrima roja cayó de lo que parecía ser el rostro de la silueta, e impactó en el negro y brillante suelo.
— ¿Qué? ¿quién eres?... ¿qué es lo que quieres? —indagó el albino vestido de rojo, ya que se negaba a ver lo obvio.
La silueta dejó entrever una leve sonrisa, a la vez en que con un ágil movimiento se quitaba los rastros de humedad en el rostro.
—Poder… necesito más poder…
Y enseguida se repitió la misma escena de la noche anterior; todo a su alrededor absolutamente desbaratado, solo que ahora lo que lo había despertado no era la situación del sueño, sino un estruendoso ruido en la planta baja.
Se trataba de Nero al otro lado de la puerta; para colmo, llamándola con su Devil Bringer.
Dante giró la manija de la puerta, sin darse cuenta que lo hizo para el lado equivocado, incrementando su ya gran enojo.
—Ya era hora —soltó Nero al momento en que Dante abrió la puerta.
—Nunca te dije que podías pasar chico —se quejó el semidemonio—. Interrumpiste mi siesta.
—Como sea, viejo —empezó el joven después de sentarse en la silla de Dante y subir los pies al escritorio—. Tengo algo importante que decirte.
—En primera —empujó con brusquedad las piernas del joven hasta hacerlo caer de la silla, tomando él el puesto—, te quitas.
—Que agresividad, compañero —se quejó el otro tomándose la cabeza entre las manos—. ¿Ahora si me puedes escuchar? envidioso.
—Habla.
—Dante, esto es serio.
—Tú fuiste el que irrumpió en mi asiento, ladilla.
—¡Qué asco! ¿a qué se debe eso? —preguntó perplejo.
—Solo se me acabaron los insultos —dejó entrever una leve sonrisa burlona—. Ahora sí, dime qué es tan importante.
—Dante —repitió el joven con tono serio, haciendo que el cazador tomara mejor postura en su asiento; al momento en que éste tomaba asiento frente a él y colocaba sus armas en el escritorio—, anoche salí a una misión que al principio creía no sería la gran cosa, pero se transformó en algo más grande de lo que yo puedo manejar.
—¿Qué ocurrió? ¿qué hiciste?
—¿Por qué piensas que yo tengo la culpa?
—Siempre es así, tu inexperiencia me causa muchos problemas.
—Sí, y tú serás el gran experto ¿verdad? —preguntó en un tono evidentemente irónico.
—Aunque no lo creas, chico —poniéndose de pie—, yo también tuve tu edad, y también fui un mocoso inexperto, así como tú; pero la vida me ha hecho lo que soy ahora, tú ni siquiera te imaginas por lo que he pasado, ni lo que he hecho. Incluso ni siquiera el ser un asqueroso demonio es totalmente la razón de lo que soy —sentándose de nuevo, retomando la postura—. Así que sí, soy un gran experto.
Nero se mantenía con expresión seria.
—Dante —lanzando un gran suspiro—, por una vez hablemos tranquilos; esto es importante.
—Tiene que serlo para que no hayas salido con una de tus insolencias, chico.
—Ni siquiera tú te crees eso viejo; ¿insolente, yo?… ¡JA!
Dante solo hizo un típico gesto de molestia con los ojos.
—Pero ya, enserio —prosiguió Nero, retornando a la misma seriedad de antes—, esto es importante, deja de hacer el payaso.
—Pero si tú…
—Viejo —continuó—, pienso que algo malo está por suceder… y creo que yo tuve la culpa.
Éste solo respiró hondo.
—Repito ¿qué hiciste, chico?
—Espero que no tengas nada pendiente, la historia es algo larga.
—Empieza.
Flashback
Nero estaba a la entrada de una bodega abandonada, cuando un enorme demonio con cuernos y cuerpo azul con dejes de morado saltó sobre él. Éste solo lo recibió con el filo de Red Queen.
—Eres un… —comenzó el demonio, mas no pudo terminar, ya que Nero se encargó de partirlo a la mitad.
—Dulces sueños.
Entonces, cuando se disponía a irse, el mismo demonio logró decir unas últimas palabras.
—Pero ya te arrepentirás… tu pasado y tus orígenes te persiguen… y todos lo sabemos —entonces se convirtió en un mar de baba y sangre.
—Pff, como digas —resopló sin tomarle más importancia.
Ya a punto de salir de la zona, Nero se encontró pasando por un callejón largo y oscuro, por el cual forzosamente tenía que atravesar.
—¿Es en serio? —maldijo por lo bajo.
Más adelante, a unos tres metros, ya adentro del callejón, se encontraba una especie de tótem, el cual era una extraña columna de piedra con un grabado en una especie de dialecto parecido al japonés, pero sin origen aparentemente humano.
Nero, obviamente, no dudó en acercarse. Muy mala idea.
La tocó, la pateó, la insultó, y nada pasaba; hasta que…
—¡Mierda!
Una extraña y psicodélica ave hecha de sangre sobrevolaba la cabeza de Nero. Entonces, una pelea se desató. Todo parecía una cosa de nada, hasta que el ave empezó a girar sin control.
—Ya veo, Dante me habló de ustedes; y sé perfectamente cómo acabarlos.
Sacó su Blue Rose y lanzó un par de disparos al ave, la cual dejó de girar para caer violentamente convertida en piedra. Cayó exactamente sobre el tótem. Entonces Nero sacó de nuevo su Red Queen y le dio con todo lo que tenía, un golpe fuerte y certero, verdaderamente duro, que también impacto en el tótem. Lo que quería era acabar con la escoria antes de que se reprodujera, pues en verdad tenía sueño y aún quedaba camino por recorrer.
—¡Rayos! Esto me dio más sueño.
El joven cazador comenzó a dar un par de pasos, hasta que escuchó el sonido que hace una roca al ser arrastrada de su lugar. Era el tótem, el cual había comenzado a temblar y brillar, hasta que se detuvo.
—Mmm… ese aroma… —una extraña voz resonó por todo el lugar.
—¿Quién eres? —indagó Nero— ¡muéstrate, cobarde!
—El señor… mmm… está de regreso por aquí. ¿A qué se debe?
—¡Muéstrate! —reclamó el joven aún con más fuerza, apuntando hacia todas partes con su Blue Rose.
—¿Acaso no me ve, señor?
Nero recorrió completamente la zona con la vista. No veía nada extraño, solo ese horrendo tótem.
—Por favor, no me salgas con una de esas tonterías de que estás dentro de esa roquita.
—No sea tonto, señor —escuchó la voz resonar de nuevo—. Usted sabe que eso es imposible, soy la esencia solamente.
—¿Eh?
La voz resopló.
—Increíble —volvió a resoplar—, no puedo creer que no recuerde que está frente a la esencia del poder eterno.
Un enorme signo de interrogación imaginario de dibujó sobre la cabeza del muchacho.
—Entonces… ¿si eres la roca? —dijo volviendo su vista al tótem.
—Me has activado, ¿qué es lo que quieres?
—No quería despertarte de tu sueño pesado —intentó bromear, pero no le salió muy bien—. Fue un accidente, así que adiós.
—¡Espera! —le detuvo al momento en que sintió los pasos de Nero al intentar irse.
—¿Qué? —bufó el muchacho al darse la vuelta.
—Tu poder… no está.
—Claro que sí, ¿eso es todo?
—No lo entiendo, estaba despierto… ¿por qué se ha ido?
—No se ha ido, mi poder está conmigo; ahora, si me disculpas…
—No, no está contigo; por lo menos no despierto.
Nero empezaba a cansarse de la situación.
—Escucha, me iré ahora; pero antes, ¿cómo te hago dormir de nuevo?
—No puedes provocarlo, no puedes apagarme; menos después de lo que tengo para ti.
—Ok… —puso mueca de disgusto— no me interesa nada de lo que "tengas para mí". Me enseñaron a no tomar cosas de extraños.
—Vaya, pero si ya viniste a mí buscando más una vez ¿ya lo olvidaste?
—¿Oh?, ¡jamás podría! Mucho menos si no recuerdo haberlo hecho.
—Mmm, huelo sarcasmo aquí. Veo que sí se parecen después de todo.
Nero desenfundó a Red Queen y la sostuvo amenazadoramente.
—Tendré que mandarte a dormir, si es que no te callas.
—Está bien, lo que ordenes; solo déjame hacerte este pequeño regalo que no pude darte antes.
—Escucha, me está cansando este jueguito tuyo.
—Antes pedías más —continuó, ignorándolo—. Aún sabiendo que no puedo, que no debo dártelo… pero nada me impide que te regrese lo que ya es tuyo.
—Mejor cállate pedazo de… ¡agh! —un fuerte dolor recorrió el cuerpo de Nero, su Devil Bringer brillaba más de lo normal y su pecho le ardía, como si fuese a estallar.
—¿Qué… me hiciste? —preguntó con dificultad.
—Bienvenido de regreso…
Fin Flashback
—Y eso es todo lo que recuerdo —finalizó su relato—. Después dijo un nombre, no era el mío, pero no lo distinguí en absoluto; quizá ni siquiera era un nombre.
Dante solo lo observaba, pensativo, con su mano derecha en el mentón y sentado completamente recto en la silla, sin poses.
—¿Cómo sabes que no era tu nombre? —preguntó, aun con esa mirada de seriedad.
—Pues… no escuché ninguna "N". Pero como te dije, quizá ni siquiera era un nombre, sino una palabra.
—Y me dices que fuiste atacado por una Sángrola, ¿en serio?
—Sí, ya te dije que sí. Esa cosa era una Sángrola, por como la describes, y me atacó sin sentido; claro que eso es normal en los demonios.
—Esto es muy raro. Algo grande debe estar pasando para que esas cosas regresaran, estoy casi seguro de que no se alejaban de la torre.
—Oh, sí, no tengo ganas de conocer esa torre.
—Créeme que no —un dejo de ausencia se vio en el rostro de Dante—. Esto está mal, muy mal.
Nero se desconcertó por la incoherencia entre la expresión seria del cazador y lo que decía; sí, parecía grave, pero lo que el rostro del cazador reflejaba era completa preocupación.
—Pero dime, ¿qué pasó después? —continuó el hijo de Sparda, interrumpiendo los pensamientos del menor.
—¿Después de qué, de lo de la Sángrola?, ya te lo dije.
—No, idiota; después de que te desvanecieras —una gota de sudor descendió por la sien del semidemonio.
—Ah, eso. Pues simplemente sentí cómo todo se nublaba a mi alrededor, y después una luz cegadora golpeando contra mis ojos… la voz de Kyrie resonando por toda mi cabeza —hizo una mueca al recordarlo—. Parecía que atravesaba por una resaca infernal, estaba tirado en los escalones de la agencia en Fortuna.
—Dices que todo ocurrió de noche…
—Y cuando desperté era de día. Sí, veo la rareza en ello.
Dante se levantó de la silla para recargarse al filo del escritorio, justo frente a Nero. Éste solo lo observó sin inmutarse; por los gestos faciales que hacía éste, deducía que algo realmente serio estaba ocurriendo.
—Dime, ¿habías visto esa roca antes?
Nero frunció el ceño en señal de puchero; intentaba recordar.
—Pues… creo que… ¡espera! —Dante saltó por lo repentina que fue la exclamación de su compañero—, ¡sí! Ya recuerdo. Hace vario tiempo que vi ese mismo tótem, solo que estaba menos… roto.
—¿Estás seguro? —cuestionó Dante, recuperando la compostura.
—Que sí, viejo. Era el mismo, pero esa vez no me habló, ni nada; incluso casi lo ignoré por completo, por eso no lo recordaba.
—Pero piensa, ¿qué diferencia podría haber para que esta vez sí te hablara?
—Pues… no lo sé. Todo era igual; sabes que me encanta esta chaqueta, el Devil Bringer no se va aunque lo desee, nunca salgo de casa sin Blue Rose y Red Queen…
Dante lanzó una fugaz mirada hacia el arsenal de Nero, y entonces sacó una conclusión.
—¿Y Yamato? —preguntó interrumpiendo al muchacho.
—¿Qué con…? ¡Uh! —ahora había una diferencia.
—¿La llevabas ayer?
—Sí, no salgo sin ella.
—¿Y eso? Antes no eras así.
—Es que hace no mucho tiempo alguien entró a robar a la agencia. No se llevaron nada, pero el estante donde solía tener a Yamato estaba totalmente destruido, mientras que lo demás se encontraba casi intacto —Dante apretó los labios, ya eran demasiadas coincidencias—. Por suerte la llevaba conmigo, ya que Red Queen estaba algo dañada, y desde ese día no salgo sin ella; es obvio que alguien la quiere, y razones sobran.
—Eso es obvio. Tenemos que descubrir quién se quiere apoderar del arma de mi hermano.
—Oye, ya tenemos un problema aquí; eso puede esperar.
—Sí, claro —respondió casi ausente—. Entonces piensa, ¿en qué podría cambiar el que la primera vez no llevaras a Yamato y ahora sí?
—Pues no lo sé, la primera vez que vi esa roca ni siquiera la toqué, y esta vez incluso la golpee.
—¿Con Yamato?
—No, con Red Queen; fue ahí donde fulminé a la Sángrola.
Dante tomó su gabardina roja del perchero y se aproximó a la salida. Nero solo lo observaba, intrigado.
—Y bien, ¿vienes? —preguntó el semidemonio con un deje de fanfarrones.
—¿Qué? —Nero chasqueó la lengua al preguntarle, al igual que ladeó la cabeza un poco.
—Vamos a ver esa extraña roca; supongo que sigue donde mismo, ¿o no?
—Pues, quizá, pero… ¿en serio quieres hacer esto?
—No seas holgazán, chico. ¿O acaso es miedo lo que presiento?
Nero se levantó de un salto, tomó su Blue Rose y enfundó a Red Queen tras su espalda.
—Vamos —y entre grandes zancadas salió por la puerta principal dejando atrás al hijo de Sparda.
Dante solo lo observó salir con premura; una leve sonrisa se dibujó en su rostro, mientras notaba que aún sostenía la puerta, manteniéndola abierta. La sonrisa se volvió amarga al recordar lo relatado por Nero, y lo soñado por él, mientras empezaba a ordenar los datos.
Esos sueños extraños donde revive el pasado, en los cuales siempre se hace presente el recuerdo de su hermano; el ladrón desconocido que quiere obtener a Yamato; el hecho de que ésta sea la causante de los problemas de Nero, y que al parecer activara una extraña piedra grabada… eso solo pasa cuando algo grande y malo está por ocurrir. Y para colmarla, una Sángrola había escapado de quién sabe dónde. Solo se encontraban dentro de la Temen-Ni-Gru, no conocía indicios de ellas en el mundo demoníaco, así que… ¿de dónde podía provenir? Y ¿por qué ahora?...
—¿Nos vamos, viejo? —interrumpió el joven albino los pensamientos del cazador.
La voz de Nero hizo volver a Dante a la realidad, como si de un puñetazo se tratara.
—Sí, claro —y cerró la puerta tras él al salir del local, con solo dos cosas en mente: La primera, algo malo se avecina; otra descomunal fiesta. Y la segunda, Nero es un idiota.
Continuará…
