Disclaimer: Los personajes de H.P no me pertenecen.

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2

¿Regreso a casa?

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Harry abrió los ojos con pesadez, acariciándose la cabeza por inercia, sintiendo un terrible dolor en la nuca.

— ¿Regresé? — se preguntó a sí mismo, sentándose sobre la cama en la que se encontraba recostado, comenzando a enfocar la mirada para ubicarse.

Estaba en una habitación amplia, con varios muebles tapizados que se veían antiguos; había una puerta a su izquierda y un enorme ventanal que parecía dar a un balcón, por donde se filtraba la luz del día a través de las cortinas blancas. Múltiples posters y banderines de los Chudley Cannon se movían en las paredes, sobresaltando siempre con letras llamativas el nombre del equipo y todo estaba prolijamente ordenado, como si acabaran de limpiar, sin rastros del lodo que sus botas siempre dejaban tras una larga jornada de trabajo, y sin los zapatos de Ginny desperdigados por doquier. No estaba la alfombra roja que Albus había manchado a los seis años, ni la fotografía de todos en el primer día de clases de James. Todo era nuevo, impersonal y frío, como un cuarto sacado de una elegante revista de decoración.

Esa definitivamente no era su habitación, ni ninguna de las de su casa.

Observó hacia el frente, encontrándose con las puertas de lo que parecía ser un closet, y con un espejo de cuerpo completo en una de ellas, observando su reflejo, primero sin darle importancia, pero luego con aterrada atención.

— ¡¿Qué pasó?!— exclamó, presa del pánico, arrodillándose sobre la cama para acercarse más y mirar con detenimiento el espejo que ahora le devolvía la imagen de un Harry adolescente y no la de un hombre maduro.

Los colores abandonaron su rostro entonces, y, sin dejar de mirar su reflejo, Harry se abofeteó con fuerza, intentando despertar de ése terrorífico mal sueño. Pero nada pasó, y aquella imagen seguía allí, observándolo con la misma cara de confundido.

—Oh, Merlín...— murmuró, sin dejar de tocarse el rostro para asegurarse de que en verdad no estaba soñando.

Había vuelto a la adolescencia, pero, ¿Cómo?

Harry empezó a asustarse, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda. Estaba mareado, per aun así intentó razonar con claridad. No podían haberlo hechizado; aún nadie inventaba un hechizo tan bueno como para rejuvenecer tanto a alguien, y de hacerlo de seguro sería millonario, pero ése no era el caso. Debía estar soñando, no podía haber otra explicación.

Intentando no alterarse demasiado buscó compulsivamente sus lentes, los cuales halló sobre una cómoda junto a la cama, tomándolos al instante pero observándolos con sorpresa antes de colocárselos. Sus gafas siempre habían sido comunes y ordinarias, pero esas tenían un armazón de lo que parecía ser oro y se veían sumamente costosas.

¡¿Crees que estará bien?!

No lo sé…pero sí que vas a meterte en problemas en cuanto despierte…

¡No bromees con eso! Ya sé que me matará…

Matarte es poco en comparación con lo que hará contigo.

Unas voces desconocidas llegaron a sus oídos, viniendo desde la puerta tallada que estaba a su derecha, la cual estaba abierta. Harry buscó su varita entonces, pero al no hallarla y encontrarse desarmado se corrió hacia el extremo más alejado de la cama, observando la entrada con aversión.

— ¡Ya cierra la boca Cassio...! ¡Harry!

—Ya despertaste.

Harry entornó la mirada al ver a dos muchachos entrar en la habitación, al parecer más jóvenes que él; una chica, de cabello rubio y aburridos ojos castaños, y un chico, el cual se veía más bajito, de ojos grises y a diferencia de la chica, cabellos negros y revueltos como los suyos, con una expresión de terror en el rostro.

—Yo… ¡Yo lo siento, hermano!— balbuceó el niño en tono suplicante, mientras la muchacha esbozaba una ligera sonrisita socarrona.

Harry entonces se inclinó hacia ellos, confundido.

— ¿Hermano? ¿Qué…? ¿Quiénes son ustedes?

Los niños intercambiaron miradas escépticas.

— ¿No sabes quiénes somos?— inquirió la muchacha, cruzándose de brazos y enarcando una ceja.

—No, yo no…— un tremendo dolor de cabeza no le permitía pensar con claridad, pero aún así era capaz de saber que algo no andaba bien allí.

Los dos chicos volvieron a mirarse, escépticos. La niña avanzó hacia él y Harry instintivamente retrocedió, tomándola por sorpresa. Entonces ella torció los labios y abrió la boca, tomando aire para hablar.

— ¡PAPÁ! ¡Harry está actuando muy extraño!— gritó, aturdiendo ligeramente a sus acompañantes.

Un momento, ¿había dicho papá? Y ese niño lo había llamado hermano… ¿Acaso…?

— ¿Qué?

Ante la atónita mirada de Harry, James Potter asomó la cabeza por el umbral, con los cabellos tan desalineados como había visto en fotografías, y los anteojos, dorados y circulares como los suyos, ligeramente desacomodados.

— ¿Papá?— preguntó en un hilo de voz, poniéndose de pie lentamente para asegurarse de no estar equivocado— ¡PAPÁ!— se abalanzó sobre James para abrazarlo con fuerza, conteniendo las lágrimas de emoción que querían brotar de sus ojos.

— ¡Wow! Harry, ¿estás bien?— preguntó su padre, ligeramente sorprendido por el exabrupto, sin corresponder el abrazo de inmediato.

—Cygnus lo golpeó con una Bludger y se cayó de su escoba cuando jugábamos —informó la jovencita, acercándose cautelosamente a su padre, quien arqueó las cejas.

— ¿Tú hiciste eso, hijo?— inquirió sin separarse del abrazo que Harry le daba.

—Es que él me dijo que tomara el bate y…

— ¿Te das cuenta de lo que significa?— dijo con seriedad, intimidando ligeramente al niño, que bajó la mirada hacia sus pies— ¡Significa que serás un gran golpeador! ¡Venga esa mano!— alzó una de sus manos para que su hijo la chocara con la suya en el aire mientras ambos sonreían— Mira que nockear a tu hermano de un solo golpe… ¡ése es mi hijo!

— ¡Papá!

—Bueno, bueno… ¡Cygnus! Eso que hiciste estuvo muy mal—. Lo reprendió con falsa molestia— ¿Cómo te sientes, Harry?— preguntó separándolo de él con suavidad, tomándolo por los hombros y analizando su morena cabeza en busca del golpe.

—Yo…yo estoy bien—. Balbuceó Harry, aún demasiado turbado por lo extraño de la situación como para decir mucho más.

¡Su padre estaba vivo! ¡Y además, tenía dos hermanos!

¿Cómo era posible? ¿En verdad tenía una familia?

— ¿Seguro? Actúas muy extraño, hijo…

—No nos reconoció a nosotros— comentó la chica nuevamente— y rompió su varita…— señaló la astillada varita de Harry, que reposaba sobre la mesa de noche.

James torció los labios un momento y suspiró, resignado.

—Oh, bueno. La llevaremos con Ollivander cuando vayamos al callejón Diagon, no te preocupes, Harry. Y en cuanto a ti— se giró hacia el otro joven de cabellos alborotados— Cygnus Charlus Potter, tendrás un castigo ejemplar…en cuanto llegue tu madre y decida cómo castigarte.

— ¡¿Mamá?! ¿Está aquí?— exclamó Harry, separándose súbitamente de su progenitor, sin poder evitar esbozar una sonrisa y emocionarse al descubrir que su madre también se hallaba con vida. No necesitaba mucho tiempo para deducir que estaba con su familia— ¡Quiero verla!

James frunció el entrecejo con sorpresa, echándose hacia atrás ligeramente.

— ¿Quieres ir con tu madre? ¿Ahora?— interrogó con un gesto de confusión que Harry ignoró mientras asentía fervientemente— Bueno…pero no puedo dejarte ir solo con ése golpe… Nos apareceremos, ¿qué te parece?

Harry asintió en silencio una vez más. No podía esperar más por ver abrazar a su madre por primera vez…sentir su calor…su aroma. Las rodillas le temblaban y se sentía muy ansioso, pero ante todo, feliz.

—Está bien…sujétate de mi brazo— le indicó; olvidándose de sus hermanos (luego tendría tiempo de conocerlos) obedeció al instante, tomando el brazo que su padre le ofrecía.

De pronto todo se volvió negro y sintió una suave presión sobre su cuerpo. Harry ya se había aparecido muchas veces antes, así que esa sensación no era nada nuevo para él.

Al instante respiró una bocanada de aire frío y abrió los ojos, tardando unos pocos segundos en darse cuenta de que ya no se hallaba en el cálido interior de aquella habitación que debía ser la suya, sino en una estrecha calle adoquinada, entre dos hileras de casas de ladrillo, de aspecto ruinoso. Unos niños jugaban en las veredas bajo el sol del mediodía, pero ninguno pareció percatarse de la presencia de aquellos dos extraños.

—Vamos— su padre comenzó a caminar y él a seguirlo. Sus pasos resonaban sobre los viejos adoquines, mientras subían por la una calle, la cual, según Harry leyó en un viejo y deslustrado letrero, se llamaba "Calle de la Hilandera".

El barrio no era muy lindo, mucho menos aseado. Parecía un barrio muggle, de clase media/baja, con decoraciones navideñas bastante descoloridas; un lugar que los Dursley, sin dudas, no se hubieran atrevido a pisar jamás.

Atravesaron lo que parecían ser casas abandonadas, con vidrios rotos y ventanas cegadas con tablones. Todas las casas eran idénticas, y lucían sucias y deterioradas; todas tenían pequeños jardines delanteros secos y prácticamente muertos, con excepción de una, la última casa de la calle. Era una casa mucho más aseada y cuidada que las otras, con un árbol en frente y varias plantas que se resistían al frio invernal. Las ventanas y la puerta de calle estaban adornadas con luces, moños y coronas navideñas mucho más alegres que las del resto de las casas de la calle, haciéndola sobresalir entre las otras.

—Siempre olvidaría cual es si no fuera por el árbol— comentó James con una sonrisa, sin detener el paso. Harry lo seguía sin entender a qué se refería, ni porqué estaban en ese lugar, pero sin detenerse, aunque su instinto seguía advirtiéndole que algo no andaba bien. Él confiaba en su padre.

Atravesaron la pequeña verja de hierro hasta detenerse frente a la decorada puerta de color verde, la cual James hizo sonar con tres suaves golpes.

— ¡En seguida voy!— anunció una cantarina voz del otro lado y a Harry se le detuvo el corazón. Era suvoz, estaba seguro.

El pestillo de la puerta se corrió y la misma se abrió para develar a una mujer de cabellos como el fuego brindándoles una sonrisa, para luego abrir los ojos con sorpresa.

— ¡Harry, cariño! ¿Qué ha…?— Harry no le dio tiempo a terminar la frase: adelantándose a su padre se abrazó a ella con todas sus fuerzas, sintiendo un pequeño bulto interponerse entre ellos, al cual no le dio importancia; Lily sonrió, correspondiendo el abrazo de su hijo— ¡Oh! ¡Qué cariñoso está mi niño el día de hoy!

—Mamá…— susurró Harry, conteniendo las lágrimas nuevamente.

—Hola Lily. Espero que no te moleste que hayamos venido sin avisar…— dijo su padre.

— ¡Oh, no! Sólo preparaba un poco de té para mí…— comentó sin romper el abrazo— Pero pasen, pasen. No se queden allí afuera con éste frío— Lily se separó con suavidad de su hijo para abrirles el paso hacia el interior de la cálida vivienda, la cual parecía ser mucho más amplia de lo que se veía en el exterior.

—Sí que hace frío hoy— comentó James, frotándose las manos para darse un poco de calor a sí mismo.

—Sí, y anunciaron una fuerte nevada para la Nochebuena— dijo Lily, guiándolos hacia el vestíbulo— ¿Quieren té?— preguntó volteando nuevamente hacia ellos y sólo en ese momento Harry se dio cuenta de que era aquel bulto que había sentido.

— ¡Estás embarazada!— gritó casi acusadoramente, haciendo que su madre alzara las cejas.

—Harry… ¡Qué cosas dices, cariño!— sonrió— ¡Claro que estoy embarazada, y lo sabes! ¿Qué ocurre contigo?

Él estaba demasiado aturdido para contestar, así que su padre dio un paso al frente para responder por él.

—Lily, Harry tuvo un accidente con una Bludger— informó acercándose a su oído—; se golpeó la cabeza así que no te asustes si actúa extraño.

—Ah…— la mujer pelirroja asintió con algo de preocupación— ¿Lo vio un medimago?— Preguntó acariciándole el cabello en un gesto maternal— Porque si no puedo llevarlo a San Mungo para que uno lo vea…

— ¡Estoy bien!— se apresuró a aclarar Harry, saliendo de su estupefacción— Sólo sigo algo aturdido aún…— intentó sonar lo más convincente posible, recordando las palabras de Dumbledore; no quería arriesgarse a ser descubierto. Sus padres lo observaron unos segundos en silencio, hasta que James volvió a hablar:

—Si estás seguro…— suspiró— En fin, si no les importa, tengo cosas que hacer; debo llevar la varita de Harry con Ollivander y comprar algunas cosas para la llegada de Remus y sus acompañantes— informó— Lily, luces cada día más radiante. El embarazo te sienta de maravilla— dijo cortésmente, besando la mano de la mujer— Te veré ésta noche hijo, ¿de acuerdo?

—Claro…— susurró Harry, sintiéndose mareado.

Las preguntas se agolpaban en su mente. ¿Por qué su padre se iría? ¿Por qué su madre estaba en ese lugar, sola? ¿Por qué sus hermanos no estaban allí con ellos? ¿Por qué el trato de sus padres era tan cordial y poco afectuoso? Comenzaba a sentirse confundido al máximo y mareado, dejando de oír lo que sus padres decían. Sólo reaccionó cuando James palmeó su espalda para luego desaparecer, dejándolo a solas con su madre.

Tenía una vaga idea de lo que podía estar sucediendo; ése debía ser uno de los cambios que Dumbledore había mencionado.

—Bueno…— suspiró ahora su madre, cerrando los ojos un momento— ¿Tú sí quieres una taza de té, cariño?

Imposibilitado de pronunciar palabra alguna, Harry asintió cabizbajo, sintiendo que en cualquier momento su cabeza estallaría por tanta confusión mientras seguía a su madre de cerca, llegando a la cocina tras ella.

— ¿Y bien? Regresarás a Hogwarts en unos días, ¿cierto?— inquirió la mujer, tras alcanzarle una taza con té que él no dudó en aceptar.

Si bien aquella situación era tal vez la más extraña de toda su vida, estaba junto a su madre, y nada podía aplacar la enorme alegría que sentía al verla con vida.

—Umm…sí— contestó, algo dudoso, mientras su madre llenaba su propia taza con té de vainilla.

— ¿Y qué tal las clases? No me has comentado nada en Navidad— dijo suavemente, dirigiéndose a la nevera para sacar un suculento pastel de crema y fresas— ¿Quieres?— él negó— Pues yo sí. Tu hermana es una glotona— comentó con una sonrisa, buscando un cuchillo entre los cajones de la alacena.

—Mi hermana…— repitió en voz baja, casi inaudible, pero recomponiéndose al instante— Las clases van…bien, supongo.

— ¿Sí? Me alegro, cariño— le sonrió maternamente; de una forma que Harry creyó que ni en sueños podría ver— Entonces…— la risueña voz de Lily lo sacó de sus pensamientos otra vez— ¿Ya tienes novia, Harry?— Al oírla, el muchacho no pudo evitar expulsar el té que ingería de su boca, casi ahogándose por la sorpresa—. Oh, ¿hijo, estás bien?

— ¡¿Q-Qué?!— logró articular de manera torpe, golpeándose el pecho para poder permitirle el paso del aire a sus pulmones.

Si su madre supiera que estaba casado y tenía tres hijos…

—Ya sabes, cariño… ¿hay alguna chica especial en tu vida…?

Harry se sonrojó hasta las orejas al oír la pregunta. Nadie nunca antes había tenido una conversación como esa con él.

—Yo… bueno…— se rascó la nuca con nerviosismo, maquinando alguna ingeniosa respuesta, pero, antes de que pudiera lograrlo, el sonido de la puerta de calle le salvó el pellejo.

— ¡Llegaron!— anunció Lily, sonriendo mientras acariciaba su vientre.

Harry oyó el sonido de unas llaves, la puerta cerrándose nuevamente, y tras eso, unos pasos ligeros acercándose, y llevó la mirada hacia la entrada de la cocina.

— ¡Mami! ¡Ma…! ¿Harry?

— ¿Nh?

Un niño pequeño, de cabello lacio y negro como el petróleo y brillantes ojos verdes, se apareció por el umbral, cargando varios paquetes en sus manos mientras sonreía, pero borrando su sonrisa al encontrarse con él.

— ¡Percy! Papá dijo que no corr… ¿Harry? Hola…— otro chico, muy parecido pero mayor que el primero, de mirada ceñuda y cabello pelirrojo, apareció por el mismo lugar que el otro, observando a Harry como si le resultara extraño verlo allí con su madre.

Un segundo. ¿Acaso el niño había dicho "mamá"?

De nuevo la confusión comenzaba a desbordarlo.

— ¡Hola, niños!— sonrió Lily ante la atenta pero confusa mirada de su hijo mayor— ¿Y su padre?

—Ahí viene.

—Albus, ayúdame con las compras.

Harry se quedó estático.

Ésa voz…

Como en cámara lenta comenzó a girarse una vez más hacia la entrada, como si le aterrara lo que pudiera ver allí; y no se equivocó: en la puerta estaba nada más y nada menos que Severus Snape, vestido como un muggle, sosteniendo varias bolsas de compras entre sus manos.

El corazón de Harry dio un vuelco. Ése sujeto, sin duda alguna, era Snape, pero no lucía como el grasiento profesor de su época. El Severus Snape que tenía frente a él era un hombre de pálido semblante, cabello corto y mucho más lustroso que aquel hombre que le daba clases de Pociones. Su rostro seguía siendo el mismo, pero, por alguna razón, la nariz ganchuda ya no resaltaba como antes, ni él lucía tan aterrador como siempre.

¡¿Qué era lo que ocurría allí?!

—Harry… que sorpresa verte aquí…— Snape lo sacó de sus pensamientos, hablando con voz grave, pero amable a la vez— No te esperábamos hasta Año Nuevo.

Instintivamente Harry se puso de pie de un salto, dando pequeños pasos hacia atrás, sin dejar de observar a Snape como si fuera lo más extraño del mundo.

— ¿Harry? Cariño, ¿te sientes bien?

—No… no es posible…— balbuceó débilmente, siendo observado por todos a su alrededor— Esto no está sucediendo…

— ¿Qué cosa, cariño?

—No es posible…— la confusión era abrumadora, y su mente comenzaba a perder la batalla— No…— de pronto todo se volvió oscuro, y las voces a su alrededor comenzaban a sonar más y más débiles.

— ¡HARRY!

Su cuerpo le pesó como una tonelada, y la conciencia lo abandonó por completo.

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¿James, querido? ¿Cómo está?

Oyó una suave voz de mujer muy cerca de él; sin embargo, no abrió los ojos ni movió un músculo. La cabeza le dolía horriblemente, y el sentirse observado sólo aumentaba la horrible sensación.

Bien, supongo…— respondió la voz de su padre— El medimago que lo vio dijo que no había de qué preocuparse— escuchó el suspiro de la mujer—, pero lleva dormido más de un día…

Bueno…esperaremos que se recupere estando en su habitación; entre sus cosas.

Ahora fue James Potter quien suspiró, con pesar.

Sí… lo mismo pensaron Lily y Severus cuando lo trajeron.

¿Lily y Severus?

Tan pronto como pudo, Harry abrió los ojos con sobresalto, tardando unos segundos en enfocar la vista en su progenitor y la mujer que lo acompañaba, pero bajó la mirada sin poder distinguir sus rostros.

— ¿Papá…?— susurró débilmente, sentándose con lentitud sobre la cama, mientras se sostenía la cabeza como si le pesara horrores con una mano, y con la otra intentaba hallar sus gafas.

— ¡Harry! Hijo, ¿Cómo te sientes?— su padre se sentó junto a él sobre la cama, pasando un brazo sobre su espalda.

— ¿Cómo me…siento?— repitió, con voz confusa, colocándose los lentes para poder observar a su padre en la penumbra de la habitación.

—Harry, querido, nos preocupaste mucho— dijo la mujer, sentándose a sus pies.

— ¿Mamá?

—No, querido. Soy yo, Bella

Pudo distinguir como la mujer alzaba una varita y al instante la luz se encendió. Harry de inmediato abrió los ojos al máximo, y con horror, se echó hacia atrás sobre la cama, sin apartar la mirada ni un segundo de Bellatrix Lestrange, quien estaba sentada a sus pies, mirándolo con preocupación.

— ¡Tú!— exclamó, señalando a la mujer con un dedo acusador, mientras comenzaba a buscar compulsivamente su varita a sus lados, sorprendiendo a su padre— ¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Qué es lo que quieres?!

— ¡HARRY! ¡Tranquilízate!— su padre pasó una mano por su pecho, en un intento por contenerlo; pero él fue más rápido y, zafándose de su agarre, logró quitarle la varita y ponerse de pie, a la defensiva.

— ¡Harry! ¿Qué ocurre?— insistió su padre, poniéndose de pie al ver como su hijo apuntaba amenazadoramente a Bellatrix, interponiéndose entre ellos.

— ¡A UN LADO, PAPÁ!— exclamó entre dientes, sintiendo como un profundo odio comenzaba a invadirlo de pronto.

No podía ser cierto… ¿Qué hacia esa asesina allí?

Bellatrix sólo observaba la escena entre confundida y paralizada, pero sin demostrar miedo, lo cual sólo enfureció más al joven Potter.

— ¡HARRY! Baja eso, ¡AHORA!— ordenó James, con voz firme, dando un paso hacia él, haciéndolo retroceder.

— ¡No!— le espetó su hijo con rabia, blandiendo la varita en el aire con furia.

—Harry, ¿qué es lo que te ocurre?— preguntó la mujer, poniéndose de pie y ubicándose detrás de James, dirigiéndole una mirada condescendiente.

— ¡TÚ CÁLLATE!— le gritó, blandiendo la vara una vez más— ¡VAMOS! ¡DEFIÉNDETE, ASESINA!

— ¡¿QUÉ?!— Exclamaron ambos adultos, al unísono, observándose entre ellos con confusión.

— ¿Qué es lo que dices?— demandó saber su padre.

— ¡FUE ELLA PAPÁ!— gruñó— ¡ELLA MATÓ A SIRIUS!

— ¿Que Bella mató a quién? Oh… ¿me estoy perdiendo de algo?

Una voz diferente se oyó desde la entrada, haciendo que tres pares de ojos se giraran hacia allí al instante.

El corazón de Harry se detuvo una vez más, y sus ojos comenzaron a cristalizarse; en el umbral, estaba de pie nada más y nada menos que Sirius Black; con una mirada confusa y una leve sonrisa en los labios, y lo más importante de todo, ¡con vida!

— ¿Si-Sirius?— fue lo único que atinó a balbucear, sintiendo como sus ojos comenzaban a humedecerse por la emoción.

—Harry… ¿Quién te dijo que tu padrino estaba muerto?— se aventuró a preguntar su padre, sin poder contenerse ante la confusión que comenzaba a reinar en el ambiente, pero la respuesta que esperaba nunca llegó.

— ¡SIRUIS!— Harry se abalanzó sobre él, olvidándose de su padre, de Bellatrix Lestrange y de todo. El de Sirius era el primer rostro familiar (y agradable) que había visto desde que abrió los ojos en ésa realidad; lo cual, y pese a las extrañas circunstancias, era lo mejor que le había pasado en todo el día.

— ¡Hey, muchacho!— exclamó su padrino, haciéndose ligeramente hacia atrás por la fuerza de su abrazo, pero correspondiendo de inmediato— ¿Te sientes bien?

¿Por qué todo el mundo le preguntaba lo mismo?

No respondió; sólo se limitó a hundir la cabeza en el hombro de Sirius, sintiendo como las cálidas lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.

—Sí que actúas extraño, Potter— dijo otra persona en tono indiferente, y ante el impacto de reconocer ésa voz se separó con suavidad de su padrino, dirigiendo su mirada hacia la puerta una vez más, acomodándose los lentes y secándose las lágrimas para ver con mayor claridad la figura recargada sobre el umbral.

—Vaya. Sí que te gusta ser el centro de atención, ¿eh?

Harry abrió los ojos como platos al distinguir la delgada y alta figura de Draco Malfoy, observándolo con gesto indiferente desde la puerta, con los brazos y piernas cruzados.

— ¿Ma-Malfoy?

El muchacho rubio abrió los ojos con sorpresa, para luego entornar la mirada.

— ¡Por Merlín!— ironizó— Papá, yo creo que Potter Jr. ya se volvió loco.

— ¿Papá?— repitió Harry en un débil susurro, sin entender nada, nuevamente, de lo que pasaba a su alrededor.

Sirius soltó una sonora carcajada y se abrazó al cuello de Malfoy.

—Descuida, hijo. Sólo está algo aturdido por el golpe… pero ya se le pasará, ¡y volverá a ser nuestro Buscador!

Al oír la estridente voz de Sirius no pudo evitar mover compulsivamente la cabeza, alternando la mirada entre Draco y él.

Eso no podía ser cierto…

Si Sirius era su padre, ¿entonces quien…?

— ¡Oh! ¡Harry, querido!— la respuesta llegó por sí sola, apareciéndose detrás de Draco, hondeando elegantemente una larga túnica color escarlata, y con su largo y lacio cabello rubio cayendo como una cascada tras los hombros.

Narcissa Malfoy hizo su entrada triunfal, acercándose a él sin que pudiera reaccionar, y plantando un enorme y afectuoso beso en su mejilla derecha. Harry no pudo evitar observarla con sobresalto, ni sentir un extraño calor en la zona que ella había besado. Ésa mujer ciertamente era la señora Malfoy, pero no parecía ser la misma de su época. Ésa bruja que estaba frente a él tenía una sonrisa permanente en sus rojos labios, un rostro sumamente bello, que parecía irradiar luz propia; ya no tenía esa expresión de andar oliendo algo horrible todo el tiempo, ni aquél semblante de ahogada. No. La mujer que tenía frente a él era, sin dudas, como una ensoñación, tan bella como una veela.

—Hola Harry, supimos que te habías vuelto loco, así que vinimos a visitarte.

Harry desvió la mirada de Narcissa y posó sus orbes sobre el nuevo joven que había entrado en su habitación; un chico, adolescente, de cabello rubio y unos aburridos ojos azules.

— ¡Pollux! ¿Qué te he dicho?— lo regañó Narcissa, a lo que el chico sólo emitió un pequeño bufido.

Harry frunció el ceño. ¿Pollux? ¿Quién demonios era ése?

Draco golpeó al tal Pollux en la nuca, provocando que este le dirigiera una furiosa mirada.

— ¡Oye!— protestó el niño, girándose hacia Sirius— ¡Papá!

—Lo siento hijo, pero tú te lo buscaste, ¿no es así, pequeño Alphie?

Otro niño, de no más de cinco años, asomó tímidamente su morena cabeza desde detrás de las faldas de Narcissa, posando sus enormes ojos grises sobre los presentes, con un suave sonrojo en sus redondas mejillas. El niño asintió y Sirius sonrió, sacándolo de detrás de Narcissa para alzarlo en el aire y sentarlo sobre su cuello, haciéndolo reír.

—Saluda a tu primo, Alphard— musitó la rubia mujer con suavidad, haciendo que el pequeño moviera una mano a modo de saludo.

— ¿Qué…? ¿Qué es lo que…?— intentó articular alguna pregunta coherente que le explicara lo que sucedía a su alrededor, pero le fue imposible.

—Oye Potter, ¿en verdad te sientes bien?— Draco dio un paso hacia él, frunciendo el ceño al ver como Harry retrocedía de inmediato— ¿Qué te pasa?

— ¿Harry, cariño?

— ¿Ahijado?

— ¡Lo ven! Les dije que se había vuelto loco.

— ¡Cállate, Pollux!— exclamaron Draco, su madre y Sirius al mismo tiempo.

—Humm…Harry no se ha sentido muy bien, familia— volvió a oír la voz de James, su padre— Así que, ¿por qué no lo dejamos descansar?

Harry, que en ningún momento había apartado su renuente mirada de Draco Malfoy, no dijo nada.

—James tiene razón, amor— Narcissa colocó una mano con suavidad sobre el hombro de Sirius.

¡¿Amor?! ¿Qué clase de malvada broma era esa?

¡Primero su madre con Snape, ¿y ahora eso?!

¿Tanto habían cambiado las cosas en el presente?

Todo aquello era irreal.

—Vamos chicos— dijo Sirius, sosteniendo las manos del pequeño sobre su cabeza— volveremos más tarde a ver cómo sigue Harry.

— ¡Oh! ¿No quieren quedarse a tomar el té?— preguntó Bellatrix desde atrás, a lo que Narcissa asintió.

—Mejor descansa Harry— pronunció su padre, antes de salir de la habitación— Ya después hablaremos de lo que ocurrió— aseguró con una severa mirada, saliendo del lugar detrás de Bellatrix y su hermana.

Sirius le sonrió, saliendo junto a Pollux detrás de James, todavía cargando al niño en sus hombros, hasta que sólo Draco quedó en la habitación, recargado sobre la entrada, con los brazos cruzados y una mirada aburrida en su pálido semblante, observando a Harry con la mirada entornada.

—Luces extraño— acusó, con cierto dejo de desconfianza en su desganada voz—, y actúas extraño.

Harry lo oyó en silencio, con la mirada cabizbaja, como si evitando mirarlo a la cara hiciera que Malfoy desapareciera; pero aun así sentía su presencia en la habitación.

—No sé qué te traes entre manos, Potter— el otro chico dio tres cortos pasos hacia él, con los brazos cruzados y las cejas rubias levemente alzadas en un gesto de intriga— Pero, sea lo que sea, no me dejes afuera— pronunció con un atisbo de diversión, pasando por su lado para salir por la misma puerta que los mayores.

Harry lo oyó con ojos bien abiertos, sin poder creer lo que oía. Una vez que Draco salió del cuarto, cerró la entrada de un fuerte portazo. Dio unos cuantos pasos por la habitación, jalándose de los cabellos con histeria, como si de esa forma pudiera despertar de aquella pesadilla.

Algo debió salir horriblemente mal como para que las cosas llegaran a ése punto; pero ¿qué podía hacer él?

Ya había intervenido en el futuro una vez y así habían quedado las cosas… no podía volver a intentarlo, o las cosas podrían ir mucho peor…

Ahora entendía por qué los viajes en el tiempo estaban prohibidos.

Al cabo de unos minutos de razonamiento su mente le dictó que necesitaba un descanso, así que se encaminó hacia la enorme y mullida cama de doseles verdes, dejándose caer sobre ella como si no tuviera control sobre su cuerpo.

Quería dejar de pensar, que su cabeza dejara de trabajar un momento.

No sabía qué hacer, cómo actuar, mucho menos como comprender la situación…

Su mente comenzaba a llenarse de ideas nuevamente, hasta que un ligero sonido captó su atención, haciéndole saber que ya no estaba solo.

—Potter— Una voz masculina lo puso alerta. Se sentó sobre la cama rápidamente, enfrentando a los invasores que se habían aparecido en su habitación.

De todas las personas en el mundo jamás se hubiera imaginado encontrarse con aquellos dos en un momento como ese.

— ¿Tú? ¿Ustedes? ¿Qué hacen aquí?

La única mujer de la habitación dio un paso al frente, con una mirada severa en su adusto rostro.

—Tenemos que hablar. Ahora.

La joven lo observó como si le produjera asco el solo verlo; una mirada que conocía muy bien... Lo cual, de cierta forma, reconfortó a Harry.

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Continuará...

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Las cosas se tornan extrañas...

¿Quienes serán los que irrumpen en la habitación de Harry? O.o

En el próximo capítulo!

Siento la demora!

Prometo actualizar lo más pronto posible...

¿Dudas? ¿Comentarios?

Todo será bien recibido.

Hasta la próxima!

H.S.