Lamento el error con la carta y los tiempos, tengo muchas cosas en la cabeza y a veces confundo mis cables cerebrales. Ya lo corregí, gracias por hacérmelo saber. Espero que continúen comentando, ya que siempre me motivan a seguir adelante. Los leo atentamente y les dejo muchos cariños.

Mari.

~ Capítulo 2.1: La víctima.

Severus se mantuvo sentado en aquella vieja cama de la habitación, mientras Harry hacía un gran esfuerzo por leer el mensaje. Prácticamente escuchaba el latido de su corazón en sus oídos, sudaba frío mientras los ojos de Harry viajaban de línea en línea.

- Sí, definitivamente que estoy soñando. ¿Estamos en el día de los inocentes? ¿O tal vez me estoy desangrando hasta agonizar y ahora deliro?

- A mí también me tomó por sorpresa, pero la profesora McGonagall ya comprobó la veracidad de la carta.

- ¿Y cómo la encontraron precisamente ahora? ¿Dónde exactamente? - preguntó Harry con curiosidad, dándose la vuelta para encarar a su profesor de pociones y ahora su padre.

- Los elfos la encontraron tras una de las camas, del dormitorio de chicas del séptimo curso de Gryffindor. Supongo que su madre pensaba entregarla y simplemente o se perdió o tal vez no tuvo el valor de arruinar su futuro con Potter. Tengo que admitir que si yo hubiese sido ella, tampoco habría querido hacerlo y contactarme por obvias razones.

- Yo tengo un padre, no necesito otro. Mi nombre es Harry Potter y soy idéntico a James Potter, tengo los ojos de mí madre. Además usted y yo, no tenemos el mejor récord tampoco.

Severus se puso en pie y no demoró en hincarse nuevamente frente al muchacho, mientras el elegido retrocedía ligeramente. Le contempló con inquietante fijeza como si le desnudara completamente con los ojos, a niveles de cuerpo y alma también. Negó con la cabeza y alzó sus temblorosas manos nuevamente, sosteniendo su rostro entre sus largos y callosos dedos.

- Le hice prometer a Albus que jamás se lo dijera a nadie, pero no importa si soy tu padre o no. Si simplemente soy tu guardián nada más. Le juré que por ti daría mi vida, que protegería al hijo de la única mujer que amé durante toda mi época como estudiante. Y que aún sigo amando hasta el sol de hoy.

- Entonces por qué. ¡Entonces por qué es tan cruel conmigo y me humilla todo el tiempo! ¿¡Por qué disfruta de mi dolor, así como cuando se divertía mientras sufría accidentes o castigos!?

- Porque tenía envidia. Envidia de que Potter tuviera todo eso que yo no tuve. Su amor, un hijo con ella, amigos que me admiraran y me respetaran tanto como a él. Es difícil vivir bajo la sombra de alguien y se vuelve mucho peor, cuando debes educar a alguien que se parece mucho a esa persona y que te recuerda, todos tus errores del pasado.

Jamás había escuchado a Severus Snape, hablar tan sinceramente y sentirse tan derrotado por una verdad que desconocía si era cierta. No creía en los cambios tan radicales y dudó de querer darle una oportunidad. Le resultaba difícil de olvidar, todos esos años de burlas y de insultos que su "padre" le había hecho sufrir.

- ¿Por qué mi madre le borraría la memoria? - preguntó el muchacho sin entender y Severus sacudió la cabeza, aun sosteniendo su rostro entre sus manos.

- Lily de seguro me conocía muy bien y sabía que después de hacer lo que hiciera, yo iría tras ella. No estoy seguro si ya era un mortífago en ese entonces, pero pude haber puesto su vida en peligro o la vida de Potter. Le odiaba, quizá pude haberle asesinado. Lo más seguro era que borrara mis recuerdos.

- Pensé que mi madre, era una dulce mujer. Inocente...

- Evans era dulce, sí. Sin embargo, todos tenemos diferentes rasgos. Según recuerdo, cuando fui sorteado en Slytherin, Albus dijo que me apresuré en tomar una decisión. Al principio no lo entendía, hasta que tú fuiste sorteado en Gryffindor y rogando que el sombrero no te enviara a Slytherin. Comprendí que fueron mis propias acciones, las que me condenaron a futuro. Pero amaba las artes oscuras en realidad y todavía lo hago.

Era el hijo de un mortífago y la verdad no tardó en sobrecogerlo por completo. Severus Snape, amigo de Lucius Malfoy, padrino de Draco y etc. etc., era su padre. ¿Cómo lo tomaría Voldemort?

- ¿Qué sucedió en casa de tus tíos? ¿Acaso utilizaste magia sobre alguno de ellos?

- Mi tío Vernon entró de repente a mi habitación. La vieja habitación de mi primo que ya creció, así que le dieron otra y a mí me permitieron salir de la alacena. Mi lechuza estuvo encerrada por meses, necesitaba salir y por eso ululaba más de la cuenta. Pensaba dejarle salir por la mañana, cuando mis tíos no estuvieran, pero el tío Vernon me sacó de la cama a media noche y con la intención de encerrarme. Traté de evitarlo, tengo dieciséis como para siquiera entrar ahí, pero mi tío insistió en obligarme. Tenía un bate de béisbol y en cuanto saqué mi varita para hacerle retroceder, me recordó que el ministerio volvería por mí si lo hacía. Traté de asustarlo y fue más rápido que yo, asestándome un golpe que prácticamente me confundió de inmediato. Cuando recobré el sentido, enfurecí e hice explotar la alacena y escapé. Les amenacé con matarlos si se oponían, mientras recogía mis cosas.

Ante aquella historia, Severus volvió a alzar el negro cabello de Harry y miró la herida con mucha atención. El joven no tardó en percatarse de una oscura mirada que cruzó los ojos del jefe de Slytherin.

- ¿Te han estado golpeando desde niño o es la primera vez que sucede?

- Creo que usted lo sabe. - recordó Harry con amargura. - ¿O no recuerda mis clases de Oclumancia?

El recuerdo le atravesó el pecho como una flecha y tuvo que desviar la vista de los ojos del muchacho. Aquel recuerdo donde Harry estaba atrapado en un árbol, mientras que un perro ladraba al pie y su primo se desternillaba de risa. Aquel otro donde su primo y sus amigos, le metían de cabeza en el inodoro. Donde le ponían apodos y lo tildaban de marica por soñar con la muerte de Cedric o por extrañar a su madre.

- ¿Y ahora se supone que seremos buenos amigos y todo lo sucedido entre nosotros, quedará en el olvido?

No, por supuesto que no. No podía enterrar tantos años de insultos y vejación, no podía ser tan tonto como para ignorar lo ocurrido.

- No lo sé. - tuvo que admitir, mirando la herida sobre su frente. - por ahora, volveré a Privet Drive y tendré una larga conversación con Petunia Dursley.

Se puso en pie de inmediato, pero sintió una mano de Harry sobre su túnica y no pudo moverse. Por qué no exigir una explicación, por qué no hacerles entrar en razón. Muy lamentable que fuesen muggles y que no pudiera utilizar su magia sobre ellos.

- De qué le servirá. Podría meterse en problemas, mis tíos comenzarán a gritar y podría hasta llegar la policía.

- Supongo que tienes razón, pero te aseguro que jamás volverás a poner un pie en esa casa. Y será mejor que atendamos esa herida en tu rostro.

- Y no creo que mis tíos me permitan volver de todos modos. Iré a vivir con Sirius, debí haberlo hecho desde un principio.

- Black es un prófugo de la justicia. No veo cómo eso podría beneficiarte de alguna forma.

- Sirius es mi padrino o... - reflexionó por unos minutos. - Bueno, supongo que ya no será mi padrino. Era el mejor amigo de mi "padre" y no el suyo.

En eso tenía razón, pero no tenía particular interés en cambiar la historia y crear conflictos a esas alturas del partido. Si esperaba tener una relación decente con su ahora hijo, Harry Potter, lo mejor era no discutir. Harry se llevó una mano a la frente, rascándose ligeramente la herida y pensó con detenimiento.

- ¿Cómo fue que me encontró?

- Digamos que el autobús noctámbulo me trajo hasta aquí. El joven dentro, dijo que te conocía y que eran grandes amigos. Que habían tenido un sin fin de aventuras.

- No creo que debería escuchar todo lo que dice Stan. Un día su boca le meterá en problemas.

Antes de que Severus pudiera contestar, la voz de Nymphadora Tonks retumbó en sus oídos. De pronto apareció de la nada, que era mucho decir, hincándose frente al confundido muchacho y rodeándolo con sus brazos. Sonrió luego y besó su frente, a lo que Harry soltó un quejido y la mujer se sorprendió, levantando sus cabellos y mirando la gran herida. No tardó en levantarse y mirar a Snape tras ella.

- ¡Harry, por Merlín, no vuelvas a escapar de esta forma! ¡Nos tenías muy preocupados! ¿Y qué te pasó en la frente? - se giró nuevamente para mirar a Snape. - ¿Por qué no diste el aviso de que estaba contigo? - cuestionó y Severus arqueó una de sus cejas.

- Está seguro conmigo, no es necesario que media orden venga.

- ¡Al menos pudiste decirnos, así no enloquecíamos preguntándonos si seguía vivo! - le reprochó y a continuación miró nuevamente a Harry. - No preguntaré si estás herido, puesto que ya veo que así es. Será mejor que nos marchemos pronto al cuartel y atendamos esa herida en tu frente, mientras nos explicas lo sucedido.

- ¿Cómo supieron que había escapado?

- Arabella Figg nos alertó sobre la presencia del autobús noctámbulo en Privet Drive y Albus se aseguró de verificar que estuvieras en casa. - volvió a mirar a Severus. - Gracias, Snape, pero ya puedes marcharte. Yo puedo encargarme de ahora en adelante.

- No iré a ninguna parte, Nymphadora. - dijo y la mujer se ruborizó al escucharlo. Sus cabellos se tornaron rojo como el fuego, pero Snape la ignoró por completo. - me quedaré con él, puesto que soy su padre y es mí responsabilidad.

Su enfado disminuyó en gran medida, al escuchar semejante confesión. Parpadeó por unos minutos, pero Severus parecía hablar muy en serio.

- ¿Acaso tú también te golpeaste en la cabeza? - preguntó con curiosidad, buscándole alguna herida visible. - que yo sepa, su padre es James Potter y por eso es que se llama Harry Potter.

- No me culpes a mí, fue idea de Lily. - dijo Snape y cruzándose de brazos, tuvo que admitir que Harry necesitaba atenderse aquella herida y descansar. - pero concuerdo contigo en una cosa. Será mejor que nos marchemos, no estamos seguros en un lugar como éste. Harry utilizó su nombre completo, podría ser blanco de cualquier ataque.

Desvió la vista ante la incómoda mirada de Nymphadora Tonks sobre sí y caminó hasta tomar el baúl de Harry y arrastrarlo hasta la puerta. La lechuza ululaba contenta, a sabiendas de que en el cuartel tendría más libertad. Tonks se encargó de recoger lo demás, mientras bajaba las escaleras y hablaba con el hombre tras la barra y para pagar cualquier cosa que hiciera falta. Harry insistía en pagar por su propia cuenta, pero Tonks no le escuchaba y continuaba revolviendo su cabello mientras conversaba.

- Te acompañaré hasta el cuartel, es preciso que hable con Black y todos aquellos que se encuentren reunidos allí.

Harry se imaginó el rostro de su padrino y las palabras que diría al respecto, sintiendo un gran vacío en su estómago. Seguramente que dejaría de verlo como su adorado Harry Potter, el muchacho que le resultaba idéntico a un padre que ni siquiera lo era en realidad. Temía que aquella confesión pudiera fragmentar una relación que ya de por sí se encontraba fragmentada, debido a lo poco que se veían. Sirius era lo único que tenía y no se sentía cómodo con la idea de perderlo.

- Prefiero que no se lo diga, no sé cómo podría reaccionar.

- Créeme que a mí tampoco me atrae la idea de decírselo, pero tiene que saberlo de todas formas. Al igual que Lupin y el resto de los miembros de la orden. Albus tiene razón en una cosa y es que cambiará el destino de muchas vidas. O al menos eso es lo que imagino. Además de que merece saber, en qué condiciones te encuentras y cómo te trataron tus tíos mientras crecías. Supongo que debe estárselo imaginándoselo, que ya debiste habérselo referido anteriormente.

Hasta Hagrid lo sabía. Todos menos su padre y a todos les había disgustado, menos a su padre.

En cuanto Tonks estuvo lista y segura de que todo el equipaje estuviera en orden, se giró para contemplar a Snape y a Harry tras ella, sosteniendo su varita en frente de ambos.

- Saldremos por el callejón Diagon y de ahí, partiremos hasta el cuartel de la orden. Iré adelante y con todo el equipaje que pueda, mientras que tú, Harry, sostendrás a tu lechuza. Snape... - dijo mientras entrecerraba los ojos y con un gesto acusador. - más te vale que lo que has dicho anteriormente, no sea una broma de mal gusto. No tenemos tiempo para jugar.

- Ya quisiera. - se le escapó a Harry y la mujer se inclinó para tomar todo aquello que pudiera sostener entre sus manos y comenzaba su camino hasta la puerta de salida.

Iba a resultar un viaje largo.