Sesshomaru

Cada vez que su hijastro mayor venía de visita, Kagome tenía un ataque nervioso. Se pasaba toda la mañana recorriendo la casa acomodando cuadros, tazas, sillones, sillas, ordenando las fotos que tenía, pidiendo a los sirvientes que limpiaran dos o tres veces el mismo lugar y todo antes de las 11 de la mañana.

Para Inutaisho era una escena de lo más cómica. Su mujer trataba de que Sesshomaru la reconociera como su pareja y eso le parecía lindo. Que su esposa pensara que su hijo mayor no la había aceptado aún, era un pensamiento cómico también.

-Lord Sesshomaru-sama acaba de llegar a los aposentos- anunció el guardia Inu de la puerta. Kagome sintió una rigidez anormal apoderarse de ella y estrechó con más fuerza la mano de su esposo.

-Cálmate- Inutaisho le había dicho mientras con una mano trataba de ayudarle sobándole la espalda. Claro "cálmate le decía el general perro". Lo que su esposo no sabía es que la relación entre Sesshomaru y ella se podía resumir fácilmente: intentos de asesinato fallidos.

Seshomaru la había intentado matar un número alarmante de veces en el pasado, aun que en realidad siempre había sido porque estaba con Inuyasha. Las pocas veces que se había topado con él sola, el Daiyoukai se limitaba a ignorarla.

Ahora era su madrastra. El asesinato, con mucha suerte, quedaba fuera de lugar. Que la ignorara, por otra parte, era lo que le daba más miedo a Kagome. Si bien no pensaba que pudieran ser grandes amigos, esperaba al menos poder mantener una relación cordial con el asesino de sangre fría. Cuando lo vio entrar con toda su elegancia por las puertas de la casa, el corazón le dio un vuelco. Ese ser celestialmente mortal, era su hijastro.

-Bienvenido, Sesshomaru- Inutaisho caminó al frente y recibió a su hijo con un cordial saludo. El aludido hizo una pequeña reverencia en dirección a su padre y posteriormente dirigió su mirada hacia ella. Kagome tuvo problemas recordando cómo respirar.

-Lord Sesshomaru-sama- hizo un reverencia exagerada y casi consideraba quedarse mirando el piso en lugar de regresar la mirada al Lord. Kagome sentía que en cualquier momento se desmayaría o lloraría. Quizá saldría corriendo. No, mala idea. Sesshomaru era mucho más rápida que ella. La alcanzaría y la mataría antes de que Toga pudiera intervenir.

-Kagome, Sesshomaru es ahora tu hijastro, llamarle Sama es un poco exagerado para tu posición- Inutaisho trataba de ayudar. Kagome pensaba que lo único que lograba era que Sesshomaru se molestara más. La mirada que Sesshomaru le mandó a su padre fue casi tan mortal, que Kagome se preguntó si realmente no podría matarla ahora que estaba casada con su padre.

-Que una humana me llame por mi nombre sería denigrante padre- contestó Sesshomaru mientras miraba directamente a los ojos de Kagome. Kagome sintió que sus piernas temblaban ligeramente.

-Tonterías hijo, Kagome es ahora parte de la Casa de la Luna, igual que tu pequeña mascota Rin-chan.- Inutaisho había tenido el placer de conocer a la pequeña estrella de la Casa de la Luna mientras corría alegremente entre los jardines de la Casa. Una criatura encantadora, pero una mascota para Sesshomaru de cualquier forma.

Sesshomaru pareció darle vueltas al asunto. –Situaciones distintas- dijo al final con un pequeño gruñido.

-Sesshomaru, como mi hijo y el Lord de la Casa de la Luna, espero que acates la formación que tuviste en la corte de los Daiyoukai y respetes las jerarquías.- Sin nada más que agregar, Inutaisho tomó la mano de su esposa y la dirigió al comedor.

Sesshomaru pareció recibir un golpe directo al orgullo, pero la táctica funcionó a la perfección. El orgullo de Sesshomaru se veía dividido entre su repugnancia a tener una madrastra humana por segunda vez y el respeto a su formación. La segunda pareció ganar.

Se sentó a comer al lado de su padre y durante todo el desayuno la conversación se restringió estrictamente a los asuntos de políticas con los lobos del norte que parecían querer ampliar su territorio y cómo el ejército Inu debía contraatacar.

Kagome se resignó a plasmar su mirada en el plato mientras los dos Daiyoukais resolvían los problemas de estado. Rechazo, rechazo total por parte de Sesshomaru es lo que había sentido. ¿En qué mundo pensó que podría llevarse bien con él?

El desayuno terminó. Para Kagome había durado tanto que ya no sabía en qué entretenerse para no gritar de desesperación.

Inuyasha escogió ese pésimo momento para hacer su aparición de la semana.

-¿Qué hace él aquí?- preguntó mientras apuntaba a su medio hermano.

-Es mi hijo- respondió calmadamente Inutaisho mientras mentalmente se controlaba para no matar al menor de sus hijos por su falta de modales. Al menos Sesshomaru tenía modales.

-Inuyasha, ¿qué haces tú aquí?- realmente Kagome estaba un poco aliviada. Ahora podía poner como excusa a Inuyasha y salir del lugar.

-¡Feh!- Inuyasha se cruzó de brazos mientras le gruñía a Sesshomaru- He venido por ti, tonta. Kikyou tiene problemas purificando un santuario y pensé que podrías ayudarla.

Kagome pensó que Inuyasha era un estúpido por llamarle tonta frente a su padre después de la última vez. Como suelen resultar las cosas, Kagome tenía razón.

-¡Cachorro estúpido!- Inutaisho se levantó de la mesa y en tres segundo tenía a Inuyasha levantado por el cuello al menos a un metro del suelo. Sesshomaru se levantó de la silla, pero no pareció prestarle atención a la situación. La falta de modales de su patético medio hermano eran legendarias, nada que su padre pudiera hacer paras cambiarlo. Matarlo, quizá.

Kagome tampoco sabía si debía intervenir o no. No le vendría mal a Inuyasha aprender que ahora estaba casada con su padre y que un poco de respeto no le vendría nada mal. Observó a Inuyasha forcejear con su padre mientras lanzaba maldiciones. La mirada potente del Daiyoukai parado al otro lado de la mesa seguía firmemente plantada sobre ella. Kagome decidió no voltear. Se preguntó si podría oler su miedo. Lo perros podían hacer eso ¿no?

En un segundo Inuyasha estaba tan empeñado en deshacerse del agarre de su padre que después de mucho forcejeó lo logró. Pero irremediablemente tenía que meter la pata y tratar de abalanzarse sobre él. Inuyaisho lo esquivó fácilmente, pero falló en detener a su hijo antes de que este golpeara con las garras una de las mesillas al lado de los sillones. La pequeña mesa, por obra del malvado destino que Kagome creía que seguía en su contra, salió volando directamente hacia su cabeza. "Claro" pensó Kagome mientras observaba cómo la mesa giraba en el aire frente a sus ojos. Le tenía que pasar a ella.

Pero el golpe nunca llegó. En su lugar lo único que percibió fue la fragancia inconfundible del ácido de Sesshomaru. La mesa yacía hecha cenizas a los pies de la alarmada miko.

Todos, incluyendo Inuyasha, se quedaron petrificados. Sesshomaru, por otro lado, parecía apenas haberse dado cuenta de sus actos. Había sido algo instintivo. Muy a su pesar, la humana tenía el olor de la Casa de la Luna, tenía las marcas de su padre y si no se equivocaba, estaba preñada con un miembro de la Casa de la Luna. Proteger a la manada era algo que Sesshomaru hacía instintivamente y sin distinciones en clases sociales. En especies en este caso.

-Gracias- le dijo débilmente Kagome mientras trataba de asimilar lo sucedido.

Sesshomaru gruñó, le dio una inclinación y se dirigió hacia su padre.

-Deberías tener más cuidado- le dijo antes de abrir las puertas para retirarse.

-¿Por qué?- preguntó Inutaisho mientras sonreía burlonamente a su hijo mayor.

Sesshomaru puso los ojos en rojo al momento y salió de los aposentos de su padre cerrando un poco demasiado fuerte las puertas. Había sido engañado.

Kagome no parecía entender lo que sucedía.

-¡Yue!- llamó el general youkai al guardia en la puerta- escolta a mi hijo a la salida, por favor.-

El guardia lanzó una mirada de desdén al Hanyou. Algo malo debía haber hecho de nuevo, porque su ama parecía asustada y faltaba una de las mesas de té. Gruñó abiertamente al cachorro hanyou y sin esperar que cooperara lo arrastró fuera de la casa de sus señores.

-¿Te parece suficiente aceptación?- preguntó el Daiyoukai restante en la sala a Kagome.

-¿Heh?- Fue la mejor respuesta que Kagome pudo proporcionar.

-En una situación de mínimo peligro- Toga se acercó a Kagome y le sonrió dulcemente mientras tomaba uno de sus cabellos rebeldes y lo colocaba detrás de su oreja- Sesshomaru te defendió sin pensarlo.

Kagome trató de asimilar lo que su esposo le estaba tratando de decir.-¿Me estás diciendo, que apropósito permitiste que una mesa volara directo a mi cara?- Kagome le dio un manotazo al Ex-Lord alejando su mano de su cabello mientras lo miraba fulminantemente.

Extraño, esa no era la reacción que esperaba de su dulce Kagome. –Te demostré, de una manera irrefutable, que mi hijo te considera parte de la manada ahora.

-Hay mejores maneras- contestó Kagome enojada mientras se retiraba a su alcoba y cerraba las puertas de un golpe. Cuando Inutaisho escuchó que Kagome trababa la puerta, se dio cuenta que quizá había exagerado un poco. Por supuesto que si Sesshomaru no hubiera hecho nada, él habría podido fácilmente quitar a Kagome del peligro, pero sabía que su hijo actuaría por instinto. Le gustara o no.

Una hembra preñada de la manada siempre era protegida por todos los miembros de la misma. Que Inuyasha no hubiera logrado darse cuenta de ello, era una muestra más de la estupidez de su hijo menor.