Operación Fortuna (3/13)

Parejas = Harry/Severus

Disclaimer =Los personajes de esta historia son propiedad de J. K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.


Belladona: Jajajaja… me dio mucha risa eso de que todos son gay en Monte Carlo, jajajaja… ya sabes que en mis historias no importa el lugar o el tiempo… todos son gay!!!!!!!!!! Jajajaja. Moody no capta ni indirectas ni directas, chica, jajaja… espero que te guste el siguiente capi… besos enormes!!!!!!!!!


Nota de vergüenza de la autora: Creo que todo el mundo se dio cuenta de la combinación de los nombres de dos chicos de Slytherin... ¿qué les parece si fingimos que lo hice intencionalmente? ... jajajaja... no, ya en serio... lamento muchísimo ese espantoso error... podría corregirlo, pero prefiero dejarlo así... sólo imaginen a un chico que se parezca a ambos (órale!!!!!!!!!)


Capítulo III. Un mal comienzo

Severus entró a su habitación y azotó la puerta a sus espaldas con demasiada fuerza. No le agradaba perder los estribos, pero definitivamente no podía controlarse.

Ese día había sido especialmente estresante. Se levantó con la desagradable sorpresa de ver a un ejército de hombres destrozando su despacho. Después de pasado el primer impacto, corrió uno a uno de los trabajadores y se puso al teléfono con su prometida. Sabía a la perfección que ella era la responsable de que esos hombres se hubieran atrevido a entrar a su casa sin su consentimiento. La ira hizo hervir la sangre en sus venas cuando Bellatrix aceptó su responsabilidad alegando que como pronto sería la dueña y señora de la casa, tenía el total derecho de hacer las modificaciones que quisiera. Apenas se contuvo de mandarla de paseo en ese mismo instante, pero como le gustaba arreglar sus asuntos personalmente, la citó en el casino para terminar con el compromiso.

Después de ese horrible comienzo del día, siguieron otras cosas que lo estresaron aún más. Sirius Black, su mejor amigo y encantador socio, estuvo tratando de convencerlo para que aceptaran a Alastor Moody en el negocio. A Severus ese hombre no le agradaba y se negó en redondo a aceptarlo, pero no contaba con la terquedad de Sirius que siguió atosigándolo durante todo el día y lo único que logró fue provocarle un tremendo dolor de cabeza. La entrevista con Bellatrix fue tan molesta como había anticipado y tuvo que sacarla a un balcón para evitar ser el centro de atención de los clientes. La mujer no conocía el significado de la palabra discreción y había comenzado a gritarle como si la estuviera golpeando, pero al final consiguió lo que quería… terminar definitivamente su relación con ella. Aún ahora se preguntaba cómo fue posible que le propusiera matrimonio. Bueno, tal vez se debía a que la mujer era tan terca como su primo Sirius.

Y para completar el día, no pudo evitar un breve encuentro con Alastor. Después de su plática con Bellatrix se trasladó al hotel, que también era de su propiedad, para recoger algunos papeles. Ya estaba a punto de volver a su casa cuando Moody lo abordó para ofrecerle su capital y así convertirse en su socio. Severus lo rechazó de la forma más diplomática que pudo y se asombró cuando el hombre aceptó su negativa demasiado aprisa. Alastor tenía fama de ser muy insistente y verlo alejarse casi corriendo lo hizo quedarse donde estaba. Vio como Alastor se acercaba a un muchacho muy atractivo que acababa de llegar y que se preparaba para tomar el ascensor. Sus expertos ojos recorrieron la figura del chico en un segundo. No le agradaban los cabellos fuera de su lugar, pero a ese joven le sentaba de maravilla ese corte informal que hacía que su negra cabellera luciera totalmente alborotada. El rostro estaba completamente dominado por un par de esmeraldas que le provocaron un escalofrío. Sus ojos resbalaron por el esbelto cuerpo y vio que llevaba ropa de la mejor calidad.

No supo por qué le desagradó muchísimo que el muchacho se dejara llevar hacia uno de los sillones. ¿Qué acaso él no sabía quién era Alastor Moody? Se le hacía difícil de creer porque su fama de Don Juan era conocida por todos. Cuando lo vio sonreír tan encantadoramente, supo el por qué no se había alejado de Moody y el estómago se le encogió de ira. En esa época del año muchas chicas y chicos se presentaban para conseguir amantes ricos y ahora estaba seguro de que ese muchacho era uno de ésos. Cuando el muchacho se levantó para marcharse esperaba que Moody lo acompañara, pero no fue así. El desconocido joven subió solo al elevador y Alastor volvió a sentarse en el sillón mientras sonreía enigmáticamente. Se notaba a leguas que ese chico le gustaba y que ya había decido perseguirlo.

Ahora, en ese momento, aún hervía de rabia al imaginar que ese muchacho se convertiría muy pronto en uno de los tantos amantes de Alastor Moody. Su estómago se estremeció de repulsión de sólo imaginar que esos delicados labios recibirían los besos del hombre… que esas grandes manos podrían recorrer ese bien formado cuerpo cuanto quisieran… que… Detuvo bruscamente sus pensamientos en ese punto.

-¿Y a mí qué diablos me importa lo que ese muchachito haga con su cuerpo? –se preguntó enojado–. Si quiere acostarse con ese viejo decrépito, ¡qué lo haga! ¡No me interesa! –pateó una silla–. Aunque en verdad sería un gran desperdicio –dijo después y cerró los ojos.

Se imaginó al moreno entre sus propios brazos… vio esos rosados labios entreabiertos esperando a que lo besaran… sus ojos verdes brillando con intensidad debido a su cercanía…

Repentinamente se echó a reír. Estaba imaginando tonterías y lo sabía. La única ocasión que mantuvo relaciones con alguien de su mismo sexo había sido un total fracaso y a partir de ese momento se dedicó a las mujeres.

-Basta de pensar estupideces –se dijo con dureza–. A mí no me interesa ese niño y Alastor puede hacer lo que quiera con él.

Se retiró a dormir, pero no lo hizo de inmediato. Su traicionera mente evocaba la imagen de Harry sin cesar y para colmo de males, toda la noche estuvo soñando con él. Para cuando se levantó, se dijo que sólo había una forma de quitárselo de la cabeza y era volviéndolo a ver. Estaba seguro de que sólo había imaginado que era extremadamente atractivo porque estaba muy cansado y estresado, pero ya a la luz de ese nuevo día comprobaría que era como cualquier otro con cara bonita, pero nada más.

Era obvio que se estaba hospedando en su hotel y se presentó en él para desayunar con la esperanza de verlo lo más pronto posible y terminar con toda esa locura. Fue a sentarse en un rincón algo alejado de la puerta para tener una buena vista de los que entraban y salían. Pidió un desayuno continental y para cuando ya estaba terminando su café, fue que lo vio llegar junto con otro muchacho. La boca se le secó en un segundo. El atractivo de Harry se elevó exponencialmente a plena luz del día. Ahora Severus pudo observar algunos detalles que había pasado por alto la noche anterior. La blanca piel brillaba de pura sedosidad y el leve rubor que coloreaba las mejillas del chico era simplemente encantador. Los hermosos ojos verdes lucían enormes en su juvenil rostro que sería totalmente perfecto a no ser por una pequeña cicatriz que el joven tenía en la frente y que estaba parcialmente oculta por el enredado cabello negro, pero que no le quitaba el menor atractivo.

Severus frunció el ceño con enojo. Contrariamente a lo que había esperado, el aspecto de Harry era avasallador y mucho más atrayente de lo que le había parecido el día anterior.

'No me gusta su cabello' –se dijo nada más para tratar de encontrar algo que le desagradara–. 'Si al menos se hubiera peinado, no luciría como si tuviera un nido de ratas en la cabeza' –se siguió diciendo sin querer aceptar que ese brilloso cabello negro era hermoso.

Las yemas de los dedos le hormiguearon al imaginar cuál sería su toque. Movió nerviosamente la mano como si ya tuviera entre sus dedos las hebras negras, pero detuvo ese movimiento abruptamente cuando vio que Alastor entraba al comedor. Apretó los labios enojado cuando el hombre fue directamente a la mesa de los jóvenes e intercambió algunas palabras con ellos. Su sonrisa estaba dirigida hacia el rubio que acompañaba al chico que había llamado tan poderosamente su atención, pero ni aún así pudo contener una profunda y creciente rabia.

* * * * * * * * * *

Draco apresuró a Harry a bajar al comedor porque dijo que si llegaban temprano podían conocer a más personas y se vio recompensado al ver en el fondo del comedor a Severus Snape. Él se encontraba entre los primeros lugares de su lista porque era uno de los hombres más influyentes de Monte Carlo. Sabía que ese hotel era de su propiedad, así como algunos de los casinos de la ciudad. Se dio cuenta enseguida de que Harry y él habían captado su atención y se sentó lo más coquetamente que pudo en su silla y le dirigió una amplia sonrisa al hombre, pero se sintió desilusionado cuando no fue correspondida. Aún cuando Severus seguía mirando en su dirección, parecía que no lo veía. Suspiró con irritación al ver que su primer intento de llamar su atención no le había funcionado.

'Ya veré como me las arreglo después para conocerlo' –pensó filosóficamente.

-¿Y a qué hora te quedaste de ver con Vincent? –le preguntó en ese momento Harry.

-Hasta en la tarde –le contestó Draco al tiempo que hacía a un lado su larga cabellera rubia con coquetería para ver si con eso llamaba la atención de Severus–. Dijo que quería llevarme a dar una vuelta por la bahía.

-¿Y qué haré yo por mientras? –los ojos verdes miraron algo asustados a su amigo.

-Ya veremos que te encontra… ¡oh, no! –exclamó bajito Draco.

-¿Qué pasa? –Harry se tensó de inmediato.

-Muy buenos días, jóvenes –se escuchó una voz a su lado y Harry se quedó boquiabierto al ver a un muy sonriente Alastor Moody–. ¿Descansaron bien?

-Yo… pues… yo… –tartamudeó el moreno sin saber realmente como actuar.

-Su presencia nos incomoda, señor –le dijo Draco groseramente mientras maldecía internamente porque ese horrible hombre había llegado en el momento menos oportuno–. Le agradecería que nos dejara de molestar.

Si Severus Snape se llegaba a imaginar que tenían algún tipo de asociación con ese tipo, ya podrían decirle adiós a su brillante plan de obtener pareja.

-Lamento mucho escuchar eso, Draco –le contestó Moody y sonrió aún más cuando el rubio se le quedó viendo con la boca abierta–. Como ves Harry, sí pude investigar el nombre de tu amigo –le dijo al moreno que se puso del color de la granada–. No sé que pude haber hecho para ganarme tu antipatía Draco, pero te aseguro que es totalmente injustificada.

-Si no deja de molestarnos le pediré a seguridad que lo saque de aquí –lo amenazó el rubio tras reponerse de la sorpresa.

-Me iré, pero te aseguro que aún no te has librado de mí –se inclinó un poco hacia Draco que de inmediato se alejó de él–. Eres exquisito, muchacho –le soltó sin más ni más antes de ir a una mesa no muy lejana.

-¡Ese tipo está loco! –se quejó Draco airadamente–. ¡Completamente loco! –luego miró a Harry enfadadísimo–. Si me entero que te atreviste siquiera a voltear a verlo, te juro que te mando de regreso a Inglaterra en el primer vuelo disponible. ¿Me entendiste? –lo dijo todo en voz muy baja, pero claramente era una amenaza.

-No lo haré. Te lo juro –se apresuró a decir Harry.

-Más te vale.

Los ojos grises entonces siguieron a Severus que en ese momento salía del comedor a grandes zancada.

-¡Maldita sea! –juró por lo bajo Draco–. Ese horrendo de Moody ya alejó de mí una de mis grandes posibilidades y jamás se lo perdonaré.

-¿Por qué? –preguntó Harry tentativamente porque ya no quería enfadar más a su amigo.

-Porque acaba de irse uno de los peces más gordos de la ciudad y ya no tenemos ninguna posibilidad con él.

-Lo siento mucho, Draco. Si anoche yo no hubiera consentido que Alastor me hablara, esto no habría sucedido.

Los ojos verdes se llenaron de lágrimas y eso fue suficiente para que el enojo de Draco se evaporara.

-No, no. No llores, Harry –le tomó una mano a su amigo–. Tú no tuviste la culpa de nada. Sé que ese hombre es muy persistente y se me habría acercado tarde o temprano –suspiró con pesar–. Sólo espero poder mantenerlo a raya.

Los ojos grises viraron hacia Moody que no había dejado de observarlo y le regaló la mejor de sus despectivas miradas, pero lo único que consiguió fue arrancarle una fea sonrisa al hombre.

Estúpido!' –pensó Draco con enfado, pero luego sonrió ampliamente porque un alto y fuerte muchacho se acercó a su mesa–. ¡Vincent! –exclamó con exagerada alegría.

Harry conoció entonces al famoso Vincent Goyle. Era enorme, con unas espaldas tan anchas que parecía un luchador profesional y una expresión bastante estúpida en el rostro. Sintió un gran desasosiego al ver a ese desencantado joven y se preguntó si Draco y él debían conformarse con alguien como él. En su romántica mente se había imaginado que su pareja sería un hombre atractivo, con brillantes ojos azules, sonrisa pícara y mucho sentido del humor, pero ahora veía que la realidad era mucho muy diferente. Si Draco parecía estar conforme con la primera versión del Homo Sapiens, entonces no habría ninguna esperanza de que él pudiera conseguir a su ideal de hombre.

-Hola, Draco –saludó Vincent con voz gruesa y miró al rubio con tanta admiración que Harry apenas pudo contener una carcajada.

-Siéntate, por favor –lo invitó Draco y el otro se dejó caer en la silla con demasiada fuerza–. Pensé que te vería hasta la tarde –no dejaba de sonreír.

-Yo… pues sí… pero… pero… –su tartamudeo hizo que Harry suspirara con irritación.

-Me alegra que estés aquí –lo cortó Draco con amabilidad–. ¿Desayunas con nosotros?

Vincent aceptó la invitación, pero ninguno de los dos pudo sacarle una conversación coherente. Harry rogaba que su notable incapacidad para pensar se debiera a los nervios de estar al lado de Draco y no que fuera así de estúpido todo el tiempo. ¡Buena se la vería su amigo con ese tipo! En cuanto terminó de desayunar, se disculpó para dejarlos solos y también para alejarse de Vincent que ya lo tenía totalmente desesperado.

Draco frunció el ceño porque vio que Alastor se apresuraba a salir del comedor para alcanzar a su amigo y rogó porque Harry se diera cuenta y saliera corriendo del hotel, pero para su desgracia, y la de Harry, eso no sucedió. A pesar de la avanzada edad de Moody, éste alcanzó al moreno a mitad del vestíbulo y lo tomó del brazo para que se detuviera. El chico de ojos verdes se sobresaltó al ver quién llamaba su atención y se zafó de un tirón, pero el otro no se dio por aludido.

-Draco está perdiendo el tiempo con ese niño –le dijo Moody terriblemente cerca del oído–. Adviértele que su padre lo tiene totalmente controlado y que no tiene un penique propio. ¿Podrías hacerme un pequeño favor? Dile que yo soy mejor opción –le pidió con voz dulce antes de alejarse.

Harry sólo acertó a quedarse donde estaba mientras miraba como el hombre salía del hotel. Luego sonrió divertido porque le pareció muy gracioso que el hombre le pidiera ser su celestina. Se dio vuelta para ir al elevador y la sonrisa murió en sus labios de inmediato. A unos cuantos pasos de él se encontraba un hombre alto, con los ojos tan negros como sus cabellos y que lo miraba con tal desprecio que al instante supo que él sabía el porqué se encontraba en ese lugar. No pudo sostenerle la mirada y se dio la vuelta para salir del hotel para evitar pasar a su lado. Salió a la calle y una vez en ella tomó aire profundamente. Nunca supo que había estado conteniendo el aliento.


Hasta luego!!!!!!!!!!