STARGATE vs. ALIEN

(Escrito por Federico Hernán Bravo)

CAPITULO TERCERO

CORONEL SAMANTHA CARTER. BASE DEL SGC.

DE NOCHE TODAVIA, UN PAR DE MOMENTOS DESPUES…

Los chillidos de la bestia podían oírse todavía desde donde estábamos.

Me encontraba ahora en la sala de conferencias del SGC. No estaba sola; me acompañaban Jack y un numeroso grupo de soldados armados y de técnicos operarios que iban y venían, impartiendo y recibiendo ordenes.

El Alien estaba atrapado sin salida en la zona de embarque. Por seguridad, los portones metálicos reforzados habían sido sellados y el vidrio de la cabina de control del Portal estaba guarecido detrás de su acostumbrada funda protectora hecha del mismo acero súper poderoso, capaz de resistir, de acuerdo a los constructores del complejo, a una explosión nuclear completa, incluso.

Pero la bestia venida del otro lado del StarGate no parecía convencida de todo esto. Golpeaba y aporreaba las estrechas paredes de su nuevo confinamiento con saña. Su fuerza era increíble. Había logrado abollar el acero, mas, no había hasta el momento podido escapar de allí.

Gracias a Dios.

-¡Quiero que todo el complejo este sellado, en cada sección, en cada rincón! – le oí decir a Jack. Sacudía un dedo enérgicamente delante de la cara de un Mayor y echaba miradas decididas al grupo de soldados apostado allí cerca - ¿Entendieron? ¡Nada sale, nada entra! ¡Y manéjense de grupos de más de uno! Nadie se separa. ¡No quiero héroes!

-Pero General… ¿No seria mejor dar parte de lo ocurrido al Pentágono?

-¡Limitese a cumplir mis ordenes, Mayor Baker! Ahora vayan.

Hubo algunos murmullos de parte de la tropa y el Mayor y su grupo salieron de la sala de conferencias. Jack tomó asiento en su lugar, en la cabeza de la mesa, abatido. Enterró la cara entre las manos un momento y exhaló un largo y prolongado suspiro.

-¿Cuál es nuestra situación, Sam? – me preguntó, luego de un rato.

-Tenemos una criatura alienígena desconocida atrapada en la zona de embarque del StarGate. Además, hemos perdido cinco o seis de nuestros mejores hombres y tenemos heridos a otros siete más. Y eso sin contar el otro ser extraño que emergió del cuerpo del científico sobreviviente de Base Tartarus – mi recuento de los hechos era sucinto y conciso. No era hora de andarse con vueltas – Y tenemos a Daniel y a Teal'c todavía atrapados en aquel otro planeta.

-En síntesis, una mierda todo.

Jack resopló. Dejó reposar las manos sobre la mesa y guardó silencio. Odiaba verle así. No era propio de él abandonarse a semejantes estados de ánimos. Casi podía decir que no era el Jack O'Neill que conozco desde que ambos estábamos juntos en el equipo SG-1.

-El procedimiento a seguir indica cuarentena en la base – continué – Como bien… ha sido dicho, nadie entra, nadie sale.

-Pero no podemos mantener indefinida la situación, Sam – Jack hizo una pausa, pensativo - ¿Qué clase de cosa es eso que tenemos allí? ¿Y el que salio del cuerpo del científico? ¿Alguna teoría?

-Considerando que no tengo muchos mas datos, no creo poder… decir que son en realidad. Esta claro que se trata de alguna nueva especie extraterrestre… un Alien de algún tipo. Es grande y potente y tiene una sangre con propiedades ácidas, tal y como pudimos ver.

-Pero las balas les hacen daño.

-Si, pero como hemos visto, con cada disparo, su sangre vuela hacia todos lados y… bien, sangre ácida volando por todos lados… - hice una pausa y esbocé una mueca en mis labios – No creo que sea buena opción atacarle muy directamente de frente, General.

-Si, ya me había dado cuenta…

Hubo un murmullo agitado entre los soldados. Alguien se acercó a Jack velozmente y le informo que algunos grupos de nuestros soldados habían encontrado algo muy peculiar en la parte más profunda y enterrada de la base.

-Pásenmelos – ordenó Jack y al momento le fue traído un radiotransmisor – Acá O'Neill. Informe.

-General, estamos en la sección mas profunda del complejo. ¡Encontramos rastros de la criatura escapada!

-Magnifico – Jack me miró, haciendo un gesto irónico - ¿Y bien? ¿Cree que podrán dar con ese gusano o lo que demonios sea?

-En estos momentos estamos siguiendo sus pistas, General… creo que… - el soldado que hablaba por el transmisor enmudeció de golpe. Hubo un fuerte grito y sonidos de disparos, acompañados de chillidos muy peculiares. Luego, el soldado que había hablado se puso al transmisor de nuevo. Su voz denotaba un pánico tremendo - ¡General! ¡Esta aquí! ¡Nos ha encontrado!

-¿Qué sucede? ¡¿Qué sucede?

-¡Es grande, General! ¡Es negro y tiene dientes y…!

El chillido de nuevo, seguido del grito del soldado. La trasmisión se corto.

-¿Qué demonios…?

Sonó la alarma. Otra vez. Los soldados apostados con nosotros en la sala de conferencias se pusieron en guardia.

-No me gusta nada – masculló Jack, entre dientes.

Un operario entró en la sala, la cara desencajada de espanto.

-¡General, tenemos otro bicho idéntico al de la zona de embarque en el Cuartel!

Jack se puso de pie de un salto. Le imite.

-¿Dónde esta?

-¡Se encontraba en lo mas profundo de la base pero las cámaras de seguridad lo detectaron moviéndose hacia acá! ¡VIENE PARA ACA!

El pánico es contagioso. Todo mundo palideció.

-¡Muy bien, muy bien! ¡TODO MUNDO, A EVACUAR ESTE SITIO!

La orden de Jack fue bien recibida por todos. Salimos de la sala de conferencias rodeados de un numeroso grupo de soldados. Mientras caminábamos por los pasillos, observé como varios técnicos y demás personal de la base abandonaban sus habitaciones, listos para huir de allí.

-¡Pero no podemos irnos! – le dije a Jack, mientras caminábamos - ¿Y Teal'c? ¿Y Daniel?

-No podemos hacer mas nada por ellos ahora, Sam. Hay que evacuar la base y reforzar el perímetro.

Los planes de Jack cambiaban sobre la marcha. La orden de cuarentena en la base había sido removida con la rapidez del viento. Lamentablemente, no podríamos cumplirla enteramente…

Algo se movió en el pasillo ubicado a nuestra derecha. Para cuando los soldados reaccionaron y se movieron, fue tarde.

Un segundo Alien, idéntico al cautivo en todo, emergió de ese rincón, chillando y moviéndose a una velocidad increíble. Una sombra de garras, cola y dientes filosos que atacó sin el más atisbo de piedad.

Jack me aferró de los hombros y emprendimos la retirada. Los soldados abrieron fuego, a nuestras espaldas. Hubo gritos y exclamaciones de dolor cuando la sangre ácida salio disparada hacia todas partes y alcanzó a los valientes combatientes.

Corrimos como si nos persiguiera el mismo demonio. La escolta bien preparada que teníamos con nosotros se había dispersado (esos los que se salvaron). El maldito Alien seguía en pie y venia detrás de nosotros. Podía oír sus pasos, veloces, y su siseante respiración, casi sobre nosotros.

-¡Rápido, Sam! ¡Metete aquí! – Jack tiró de mí delante de la puerta de una oficina. Entramos los dos y la cerramos. Luego, Jack y yo nos encaminamos hacia una suerte de gran armario empotrado en la pared.

Jack abrió la puerta del reducido armario y pareció rebuscar a toda prisa algo en la pared del fondo. En ese momento, la puerta de la oficina fue aporreada salvajemente, astillándose. Una garra negra, muñida de uñas, se estaba abriendo paso.

-¡Viene para acá! – grité.

-¡Mierda! ¿Dónde demonios esta?

-¿Qué buscas?

-La salida de emergencia secreta – Jack cambio su expresión de pánico por una de triunfo cuando encontró lo que buscaba - ¡Aja! ¡Acá esta! – presionó un zócalo suelto.

El fondo del armario se abrió, dejando paso a una puerta de acero que se retiró cuando Jack presionó otro botón o conmutador de otra clase. Fue justo al mismo tiempo en que el Alien entraba en el lugar, rugiendo.

-¡Primero las damas! – Jack me empujó por la entrada y luego, pasó él mismo. El rostro horripilante sin ojos de la criatura ya estaba dirigiéndose hacia nosotros.

Afortunadamente, la puerta se cerró, dejándolo fuera.


DOCTOR DANIEL JACKSON, BASE TARTARUS

AL MISMO TIEMPO…

El complejo debía ser más grande de lo que sabíamos.

Habíamos atravesado ya varios corredores, con muchos laboratorios destrozados hasta llegar a hacer un alto en el último de ellos. Presentaba el mismo escenario que hemos visto y veríamos siempre de aquel sitio: ruinas, mobiliario destruido, basura…

-Este lugar realmente es enorme – comenté, mirando unos grandes tubos repletos de especimenes abortados que flotaban en una sustancia verdosa – Y estos deben ser parte de los "errores" de Tartarus, me imagino. ¿Alguna cosa que decirnos, Teniente Ripley?

Ripley se acercó y le echó una mirada despreocupada a los tubos y su lúgubre contenido. Se encogió de hombros.

-No hay mucho que pueda decirle, doc, que no se imagine. Además, le recuerdo que yo solo servia en el área militar nada mas.

-¿Cuál era su función en este sitio, Teniente?

-La usual de cualquier soldado: proteger al grupo de genios que trabajaban aquí. Este lugar estaba subvencionado por muchos peces gordos del gobierno – Ripley me miró, suspicaz – Solo soy una empleada, como creo que usted y su amigo lo son del Proyecto StarGate, ¿o me equivoco?

Iba a protestar. Nosotros no éramos empleados.

Pero me di cuenta de que SI lo éramos.

Al fin de cuentas, ¿Qué otra cosa era el SG-1? ¿Qué otra cosa entera era el SGC que el mas grande proyecto de toda la Tierra?

Subvencionado por el gobierno y conocido por una selecta minoría, en la que había tanto militares como científicos y sobre todas las cosas, políticos.

-Tenemos que salir de aquí – interrumpió Teal'c. Seguía vigilando los rincones con sumo cuidado.

-Estoy de acuerdo contigo. ¿No hay otra manera de salir de la base?

-La única que había era el Portal – Ripley pareció reflexionar un segundo – Pero… ahora que lo pienso… podría haber… - frunció el ceño. Meneó la cabeza - ¡No! Es muy peligroso y además, no sé si funcionaria…

-¿Qué?

-Olvídelo, doc. Seria un suicidio.

-Cualquier opción es mejor que quedarse a vivir aquí eternamente, Teniente. ¿Qué es?

-Bueno, no sé si es del todo cierto, pero oí que contábamos con una aeronave espacial colocada en un hangar en lo mas bajo de la base. Si estuviera allí, podría servir para salir de este lugar, pero no sé adonde iríamos.

Lo medité un momento. Una aeronave significaba posibilidad de salvación. Tanto Teal'c como yo (mas el Jaffa que yo) sabíamos pilotar naves espaciales. Si bien cualquier posibilidad de vuelo hacia la Tierra sin motor de hiperimpulsion estaba descartada, podría ser la única chance de salir intactos de allí y luego… bien, luego veríamos.

-Vale la pena intentarlo – dije.

-Es un suicidio, doc – me recordó Ripley - ¡Ellos tienen nidos por allí! ¡Es meterse en la boca del león!

-¿Tenemos mas opciones?

La Teniente alzó su lanzallamas.

-Seguir peleando.

-¡No podemos luchar eternamente, Teniente! Mi arma se esta quedando sin municiones y esos Aliens son muchos… cada vez son mas… ¡Vale la pena intentarlo!

-Es un suicidio, doc… nunca funcionara.

-A menos de que entremos en el sitio por algún lado que ellos no vigilen – razonó Teal'c.

-No hay NINGUN sitio que ellos no vigilen.

-Entonces, necesitaremos una distracción.

Conocía de sobrada manera la expresión de su rostro. Me plante frente a él.

-Teal'c, ¿Qué se te esta ocurriendo?

No obtuve la respuesta tan pronto. El Jaffa solo sonrió antes de explicarnos su idea.


CORONEL SAMANTHA CARTER. BASE DEL SGC

UN RATO DESPUES…

Estábamos en la cabina de control del Portal. No había operarios a la vista y la alarma sonaba con fuerza.

La salida de emergencia de Jack nos había llevado allí, al centro de control casi total del cuartel general. En realidad, podríamos decir que esto es así. Toda la base estaba controlada desde allí mismo.

Ocupé un puesto ante un monitor de PC conectado a una de las terminales y acompañada de Jack, revisamos y evaluamos la situación.

Todo el cuartel estaba sellado en parte. Los grupos de soldados todavía se encontraban en algún rincón, dispersos, resguardando y reforzando los perímetros principales.

El segundo Alien también estaba por allí, moviéndose por los pasillos. Estaba cazando.

-Tenemos un bonito problema – comuniqué yo, luego de un rato – Tenemos dos intrusos alienigenos en el cuartel. Uno detrás de esta pared de acero – señalé a la zona de embarque del StarGate – Sigue ahí, atrapado. El otro, libre por los corredores de la base, alimentándose de nuestra gente.

-¿Opciones? ¿Planes? ¿Algo?

-¿Comunicarse con el Pentágono?

Jack resopló.

-No los quiero aquí, Sam. Ya es bastante malo esto para que vengan desde allá a querer meterse en mi cuartel.

Hubo un estruendo fuerte venido de detrás de la plancha de metal que cubría los vidrios de la cabina de control. El primer Alien se había dado cuenta de que estábamos allí y reanudaba sus embestidas contra ella.

-¡Tenemos que deshacernos de esas cosas!

-No podemos. Si los atacamos de frente, su sangre ácida es un riesgo. Además, su velocidad… ¡Jamás vi algo similar! – dije, aterrada - ¡Si uno solo de estos seres sale al exterior…!

Jack me hizo un gesto para que callara.

-Ya me di a una idea, Sam. No podemos dejar que salgan.

-¿Y que podemos…?

-Si nos guiamos por la opción más valida y sencilla… indicaría detonar el cuartel general y volarlo en pedazos. Desgraciadamente, los peces gordos del Pentágono, que armaron esto, no pensaron en la remota posibilidad de que nos encontráramos dentro cuando todo volara por los aires.

-¿Y entonces?

-Y entonces… necesitamos un plan B, Sam.

Jack se llevó una mano a la cabeza, rascándose sus blancos cabellos canos. Pensaba.

-Se me ocurre que… quizás pudiéremos usar el StarGate.

-Sam, tenemos a uno de esos bichos allí dentro, ¿recuerdas? – como confirmando sus palabras, del otro lado de la plancha de metal, el Alien cautivo gruñó.

-Me refería a que podríamos expulsar a esos seres por el Portal, Jack.

-¿Cómo?

Señalé a los paneles de computadora.

-Tenemos aquí el control casi total de la base – expliqué – Podemos hacer que el primer Alien se junte con el segundo en la zona de embarque y luego… Luego, marcamos el Portal y los enviamos a cualquier otra parte desolada del cosmos.

-Suena bonito, Carter, pero te olvidas de un par de detalles. El primero es que para que los Aliens crucen el umbral, necesitaríamos un cebo. La segunda es que el cebo saliera con vida de esto.

-Bueno, Jack… ¡Tampoco puedo pensar en todo!

Mi protesta le sorprendió bastante. Nos quedamos mirando detenidamente por un buen rato a los ojos, hasta que:

-Adoro esa parte de ti – me dijo.

-¿Qué cosa?

-El carácter – sonrió – Sam, no has cambiado en nada en todos estos últimos años. No sabes cuanto te envidio.

-Ya, basta de cumplidos – me sonrojé, casi a pesar de mi misma – Jack… Yo entiendo que estés muy preocupado… todo este asunto de ser el General en Jefe del SGC…

-No es eso. No del todo – se corrigió – Sam, hoy han muerto muchas buenas personas…y Daniel y Teal'c… No sé que será de ellos. Si viven, si están muertos… Es mucho.

-Te entiendo.

-Lo que quiero decir es que no quiero más muertes en mi conciencia.

Se produjo el silencio. Otra vez nos miramos a los ojos. Directamente a los ojos.

-…Es por eso que yo seré el cebo.

Me quede anonadada.

-Jack, yo…

-¡No empieces con el discursito de "no puedes hacer eso, Jack" porque no sirve! ¡Lo haré yo mismo y punto! ¡Nadie más morirá hoy!

Me mordí los labios, impotente. Sabía que Jack lo iba a hacer. Nada de lo que le dijera podría persuadirlo.

Tuve la confirmación cuando Jack salio de la cabina y regresó un buen rato después, llevando un arnés con balas de repuesto y una gran arma ultimo modelo, un híbrido concebido por nuestros científicos entre una ametralladora y un cañón pequeño.

-Estoy listo.

Menee la cabeza, negativamente.

-¿Puedo preguntarte algo? – le dije.

-Adelante.

-¿Tu película favorita es Rambo, no?

Enarcó las cejas.

-¿Tú que crees?

Continuara…