Cap. 3 Verdades a medias
-¡Bienvenido a mi habitación! – La voz de su nueva amiga sonaba tan feliz y llena de vida, que se preguntó si tendría muchas visitas o él sería la primera en mucho tiempo.
-Es un poco… rosa – dijo al fin el kwami, pero devolviéndole una sonrisa sincera. Desde que regresaban a casa ella había intentado hablar "disimuladamente" con él, manteniéndolo seguro y evitando hacer movimientos bruscos. Aunque al principio él había tenido una ligera sospecha de que ella estaba acostumbrada a interactuar de esa manera con alguien más (y sintiendo una energía conocida en ella), desechó la idea al darse cuenta de que ella parecía ser realmente buena. Verla despedirse de su irritante pequeña amiguita le hizo darse cuenta de eso.
-Si bueno, es la habitación de una chica. Supongo que estas acostumbrado a ver una habitación oscura… o desordenada quizá. – La curiosidad comenzó a acecharla y se atrevió a soltar de pronto: - ¿Tu humano es sucio o muy organizado? No, ¿sabes algo? No quiero saber. Pero creo si me gustaría saber tu nombre.
-Plagg, me dicen Plagg. – Le respondió él con una media sonrisa. – Tikki reaccionó al fin, brincando en la bolsa de Marinette; lo cual no pasó desapercibida para la heroína.
- Supongo que tendrás hambre… ¿Qué puedo ofrecerte? ¿Quizá un pan, unas galletitas, una tarta…? – Jamás se había detenido a pensar en los gustos de su compañero felino, pero supuso que todos los kwamis gustaban de cosas dulces, tal como la suya.
-Emmm… ¿tendrás camembert? – dijo alzando la vista hacia ella. Ella alcanzó a recomponer su expresión, porque le había sorprendido la gran diferencia de gustos entre ambos kwamis, pero resolvió que primero cumpliría con aquella extraña petición, lo que le daría tiempo de hablar con Tikki.
-¡Claro! Iré a buscarlo abajo, por favor quédate donde estas. – y con una sonrisa, abandonó la habitación. "Que amable y adorable chica, ojalá Adrien se fijara en ella", pensó Plagg mientras comenzaba a observar a su alrededor. Fue entonces que descubrió los posters y las fotos de la pared.
-Tikki, ¿puedo confiar en él? – una asustada Marinette platicaba en la cocina, preparando un plato de comida para su peculiar invitado mientras platicaba con la única compañía que podía orientarla sobre su situación.
-Estoy segura que puedes Marinette; él sabe que nuestros portadores deben descubrir el secreto por sí mismos o cuando sea sumamente necesario. No creo que corra a decirle en cuanto te descubra, porque yo tampoco te lo diría.
-Mmm… entonces… ¿Pueden platicar juntos? ¿No habría nada de malo en ello?
-Creo que no, ¿tú sientes que estaría mal? – Le respondió Tikki con paciencia.
-Creo… creo que no, supongo. Aunque… ¿me darías un poco más de tiempo? Primero quiero descubrir por mí misma si puedo confiar en él.
-¡Por supuesto Marinette! Sé que harás lo correcto, como siempre – Voló a abrazar a su elegida, colocándose al lado de su sonrosada mejilla.
Ya preparada mentalmente para lo que vendría, subió las escaleras y llegó justo a donde había dejado a Plagg. Éste olió el queso y felizmente revoloteó a su alrededor, hasta quedar posado justo arriba de la bandeja que Marinette cargaba. Ella no pudo evitar soltar una carcajada con tan adorable escena. Plagg se sonrojo un poco, pero pudo más su hambre.
-Así que dime, Plagg; ¿cómo fue que te perdiste? – le preguntó ella mientras se sentaba en el diván de su habitación, con la bandeja en sus piernas.
-Lo que pasa es que hoy, Ad… admirando a mi queridísimo elegido, quien no pudo levantarse a tiempo de su siesta vespertina, olvidó mi ración de queso de la tarde. Después se fue a su sesión de fot… fotosíntesis (¿?) o no sé, eso que hacen los humanos para trabajar y tomar sol, y se olvidó de mí por un laaaaargo rato. Me sentí tan hambriento, triste y abandonado; que exploré por ahí… pero me perdí, y tu amiga me encontró. Aunque tuvo su parte buena; porque ahora estoy con una adorable compañía. – Le dijo, mientras le sonreía coquetamente (si es que eso era posible, con los cachetes inflados a causa de tanto queso almacenado en su boca).
-Oh, ya veo. – Marinette rio, simplemente no podía enojarse con un kwami al que consideraba tan deliberadamente glotón, que le hacía ver adorable. – Así que la culpa de todo, la tiene tu portador por dejarte abandonado tanto tiempo…
- Exactamente – Plagg arrebató las palabras de su boca.
- … Pero de seguro, tú no tienes parte de la culpa por salir sin su permiso – Contraatacó ella, con una sonrisita de suficiencia que Plagg conocía muy bien… solo que en otra chica.
- Ohhhh, pero yo jamás dije que él era mi por-ta-dor. – enfatizó el, queriendo salirse por la tangente.
- Supongo que dije el primer sinónimo que encontré en mi mente; pero me acabas de decir algo que probablemente no debías.
Plagg quedó en silencio, pero lentamente una sonrisita llenó su expresión.
-Eres una chica muy lista, Marinette…
-Gracias – se adelantó a contestar ella.
- Pero no tan lista como yo, Ladybug.
-… - Marinette se quedó en blanco por un segundo, observando a un muy satisfecho Plagg. ¿Cómo la había descubierto?, ¿Por qué?, ¿no se suponía que ella era la de la buena suerte? Aunque un pensamiento fugaz cruzó por su mente: "¿Y si esto es prueba de la buena suerte?
- ¡¿C-co-mo l-lo s-sabes?!
- Podría darte mil razones… aunque solo diré algo: ¿Dónde escondes a Tikki?
Muchísimas gracias por sus reviews! Sé que quedó un poco a medias este cap, pero he decidido subirlo ya para que se imaginen con más ganas la próxima parte (?
Espero que estén disfrutando tanto esta historia como yo, me tardé bastante en actualizar porque tuve demasiado trabajo u.u pero ya estoy trabajando con mucha emoción en la continuación! ;D
