Disclaimer: Inuyasha, así como sus personajes, le pertenece por copyright a Rumiko Takahashi. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener.
La trama de la historia me pertenece, cualquier copia total o parcial de la misma sin permiso previo del autor queda estrictamente prohibida.
La sonrisa y el corazón
Entre locos y locuras
Porque en ocasiones cuando se nos mete algo en la cabeza somos tan tercos y sordos ante las advertencias, que solo admiramos el desierto que hemos estado pisando hasta cuando ya hemos dejado la piel en el camino.
·*·*·*((*))*·*·*·
-"Escúcha bien Joven Sesshomaru, el lazo es inquebrantable. Tú mismo sabes que el encuentro y la unión son inevitables"-
…
Inevitable. Esa palabra le había calado hasta el más pequeño tejido que componía sus huesos. Quizás fuese sabio el dejar que las cosas siguieran su curso, pero en ocasiones el orgullo puede más que la propia cordura.
Ese mismo orgullo que era parte innata de su personalidad no permitiría que las palabras de aquel ser que existía desde hacía milenios se cumplieran. No permitiría tal agravio en su contra. Bokuseno simplemente no podía tener la razón, no esta vez.
Así que el buscar incansablemente fue lo que hizo por unas semanas… Y al parecer su esfuerzo sería recompensado. Ya que después de un par de indagaciones, unas amenazas por aquí y otros asesinatos por allá, el temido lord del Oeste por fin consiguió las respuestas que quería.
La respuesta era tan obvia que su ego llegó a salir herido, bueno, sola una billonésima parte de él. Todo era tan simple como un ejercicio de asociaciones. ¿Quién vence en una batalla?: el mejor guerrero. ¿Quién sobrevive en el bosque?: el que mejor conozca el territorio. Así que, Quién mejor para destruir "lo que dicta el destino" que aquel que puede ver esos lazos.
Ahora solo restaba saber en dónde encontraría a aquel que obligaría a cumplir con lo que deseaba.
•••••
Le había preguntado más de mil veces que era lo que sucedía ¿Por qué se había levantado en medio de la noche para ir al jardín trasero de una casa que no conocía? ¿Por qué lloraba? ¡¿Qué demonios había pasado?!
Pero ella sólo contestaba con un "No lo sé".
El Hanyou estaba de cuclillas sobre el césped, con sus rodillas a la altura de su pecho y sus brazos enrollados alrededor de sus piernas, mientras la imagen de una miko inconsciente entre sus brazos aparecía en su mente. Odiaba el sentir la situación fuera de su control. Odiaba el hecho de haber estado en la misma habitación con Kagome y no saber que la hizo salir del futón, salir de la casa y alejarse de su protección: fuera de su vigilancia.
El Hanyou no hallaba respuesta para el extraño comportamiento de su compañera de aventuras. Quien se sobresaltaba cada que le preguntaba sobre lo ocurrido. Porque lo sabía, él sabía que ella ocultaba algo.
Al ver los miles de troncos que anunciaban el inicio del bosque frente a él, se preguntaba si alguien querría lastimarla.
En ese momento el Hanyou solo quería una respuesta. Pero ignoraba el hecho de que la miko empezaba a dudar de su propia cordura, que en las últimas noches, antes de dormir, no hacía más que cuestionar lo que veía y escuchaba, porque no, esa noche en la casa de aquel adinerado aldeano no había sido la última en la que escuchaba aquella risita, en la que veía a aquella extraña mujer dándole la espalada, en la que oía conversaciones, discusiones y palabras sin sentido para ella.
Pero al Jove… Al joven jamás lo volvió a ver.
Kagome solo rezaba porque todo lo que le sucedía terminara. Pedía que toda aquella locura terminara.
Y mientras eso sucedía trataba de ocultar el miedo que sentía ante lo desconocido de aquellas raras circunstancias. Con cada interrogatorio fingía una valentía inexistente en ella, una actuación en la que el hanyou sabía que le mentía. Sí, Inuyasha lo sabía: él no era tonto.
El hanyou podía oír la carrera que emprendía el corazón de ella cuando las preguntas empezaban a dispararse de los labios de él, podía percibir como cada uno de los músculos existentes en el cuerpo de la miko se iban tensando a cada segundo que, sabía, ella tardaba en formular una respuesta. Pero lo que el hanyou más odiaba era ese olor a mentira inundarle las fosas nasales cuando la miko se decidía a hablar, sin mencionar que al escapar la primera palabra de los labios de ella el olor era aún más fuerte y asfixiante.
El hanyou frunció ese pequeño espacio entre sus cejas, como queriendo acecinar al inmenso bosque frente a él, como si aquella multitud de árboles tuviesen la culpa de sus desgracias.
Inuyasha parecía tan sumido en sus pensamientos. Pero cuando pudo ver un ser extraño aparecer con lentitud de entre la densa masa de hojas que él trataba de extinguir con la mirada, su propia expresión se descompuso, quizás a la misma velocidad con la que podía ver a aquel ser salir completamente de su escondite. Pero no atacó, no grito, no estalló en rabia, no. Él conocía muy bien qué era ese ser… y a quién le pertenecía.
Los ojos perlados de aquella serpiente celeste parecían observarlo con detenimiento, entregando un mensaje que el hanyou conocía con todo detalle e intención. Y como si aquella serpiente que lo veía a la lejanía hubiese repetido el más poderosos de los mantras en todo el universo: el hanyou se puso de pie, observo la cueva detrás de él por unos segundo, suspiró, se volvió al bosque y de un salto se perdió en la inmensidad de aquellos árboles que hace unos momentos habían sido sus más mortales enemigos.
Que lo juzgase aquel que jamás en su vida había actuado de forma egoísta al hacer algo que creía correcto, que levantase una mano quién no haya anhelado un poco de tranquilidad en medio de cualquier tormenta. Es más: que se plantara frente a él, aquel que nunca en su vida había anhelado tener todo lo que deseaba queriendo ignorar que era prácticamente imposible. Porque él lo sabía, sabía que no podía tenerlas a ambas, que debía dejar a una, que aquella que se fue no regresaría y la que se encontraba a su lado algún día se cansaría.
Mientas se encaminaba a aquel anhelado encuentro, su mente seguía reparando en la posibilidad de que Kagome se alejara. Algo dentro de él le decía que esto era como una batalla, una batalla en la que el vencedor ya había sido elegido hace tiempo.
Porque hasta el ser con las más puras intenciones no resistiría una batalla en la que pelea solo.
•••••
La despedida estaba hecha. La exterminadora veía aquellos cúmulos de tierra donde yacían los que una vez fueron sus camaradas. Pero su atención se centró en aquella cruz fabricada con ramas que había sido agregada recientemente por ella y sus amigos.
Agradeció silenciosamente la comprensión de sus compañeros de aventuras mientras una sonrisa triste se asomaba en sus labios y luchaba con la sensación del escozor en sus ojos. Sabía que su dolor quería salir al exterior en forma de lágrimas. Pero no podía permitirse el seguir llorando, debía demostrar que era más fuerte que todo aquello… que podía honrar el adiós de aquellos que una vez fueron su familia.
"La batalla termino…" pensó, dedicándole unas palabras en su subconsciente a sus compañeros caídos."…El enemigo ha sido exterminado".
Y así, una guerrera dio por terminado un duelo que se había aplazado demasiado.
De hoy en adelante, seguiría con su vida.
•••••
El camino de regreso a la aldea había sido mucho más corto de lo que se esperaba. Probablemente por el hecho de que las cosas se habían vuelto tensas. Dos integrantes del grupo trataban de hacer como si nada pasaba, uno lo ignoraba por completo pero los dos últimos rehuían el uno del otro.
Uno sintiendo culpa por no saber cómo enfrentar la situación y el otro, con infinito enojo y frustración.
…
Los segundos se fueron consumiendo, convirtiéndose en minutos, esos minutos dieron paso a las horas, esas horas se acumularon en días y los días fueron contados como semanas.
El sol no era misericordioso en esos momentos y parecía haberse aliado con la mismísima luna para entrar en un juego sádico, donde las victimas deseaban detener a cada astro en un debido momento, para evitar que otro día terminara, para no vivir otro día en la monotonía.
…
-"¡Ya Kagome!"- grito el Hanyou, perdiendo por fin la paciencia. Hasta él mismo creía que le había durado demasiado. –"¡Habla de una maldita vez!"- demandó.
Kagome parpadeo un par de veces para después fruncir su entrecejo y ver al Hanyou con reprobación –"¿De qué estás hablando?"- dijo entre dientes, tratando de reprimir su enojo y sintiendo al mismo tiempo como la vena en su frente se iba pronunciando cada vez más.
-"No te hagas la tonta"- dijo el hanyou, entrecerrando sus ojos y sintiendo como su propia vena estaba sobresaliendo en su frente. –"¡No te atrevas a mentirme Kagome!"- grito de nuevo –"¡Se qué me estas ocultando algo!"- por fin la enfrentó.
Al principio Inuyasha había decidido seguir el consejo de Miroku y darle tiempo a Kagome para que ella misma aclarara las cosas. Lo esperado era que ella llegara a él, pero después de dos semana y cinco días se rehusaba a seguir esperando por una iniciativa, que se veía, estaba lejos de llegar por parte de la sacerdotisa. No es que su propia paciencia fuera eterna después de todo.
-"¡Deja de gritarme!"- alego la sacerdotisa, mientras empuñaba sus manos y los colocaba a la altura de su pecho. –"¡Ya te he dicho que no oculto nada!"- mintió.
-"Mientes!"- la acusó el hanyou. –"¡Puedo oler la mentira en ti!"- amenazó, mientras arrugaba la nariz y daba un paso hacia adelante. La miko se sobresalto pero no dejo de lado su propia terquedad, así que ella también dio un paso hacia adelante.
Sin darse cuenta, ambos estaban frente a frente con la nariz de uno pegada frente a la del otro.
-"¡No miento!"-gritó desesperada Kagome. Y sintiéndose acorralada no vio otra salida más que estampar al hanyou al suelo.-¡Abajo!- chilló.
-"¡Si serás tonta!"- le gritó Inuyasha, tratando de luchar contra la atracción entre el collar y el suelo. –"¡Solo quiero terminar con todo esto!"- siguió gritando, sabiendo que pronto sus fuerzas ya no podrían combatir con el conjuro.
-"Pues no lo está haciendo bien"- murmuró Shippo mientras entrecerraba sus ojos y veía al hanyou luchar en vano contra la gravedad. En esos momentos Shippo sentía pena ajena… y no era el único.
-"¿Usted cree que vayan a dejar de pelear pronto su excelencia?"- preguntó la exterminadora. –"No lo sé Sanguito, no lo sé"- dijo el monje con sus manos ocultas entre las mangas de su Yukata.
Sin embargo, la tentación y la costumbre fueron más fuertes que la "voluntad" del moje. Después de un grito, un golpe sordo y una mejilla marcada: Otra pelea se hizo presente en aquel grupo.
El kitsune y la gatita se perdieron entre los insultos de los "adultos". –"¿Me pregunto si este tipo de situaciones no afectaran mi crecimiento?"- se preguntaba el kitsune mientras veía al cielo y colocaba su dedo índice en su mentón, tratando de preocuparse él mismo por su propio desarrollo.
Todo se calmo después de un rato. Y claro, después de que una sacerdotisa iracunda salió del lugar.
•••••
-"Escúchame Lord"- le dijo aquel yokai con una mano en la herida de su estomago mientras se recostaba sobre el tronco de un árbol que advertía no resistir por mucho tiempo su peso –"Los de tu clase no deberían tratar con aquella mujer loca"- pauso sus advertencias al mismo tiempo que escupía la sangre que se acumulaba en su boca–"Ella no siempre es justa con el pago… ni con el trato"-.
Sesshomaru vio fijamente a aquel ser que le parecía patético. Uno de los ojos de su contrincante estaba cerrado debido al rio de sangre que corría desde el nacimiento de sus cabellos, sobre sus cejas, hasta llegar a mitad de su mejilla.
A pesar de su estado, el yokai trató de expresar toda su cautela para con aquella mujer. Él no entendía como un ser que parecía provenir de noble cuna podía estar buscando hacer un trato con un ser tan desquiciado. Fuera lo que fuera lo que aquel Taiyokai quisiera, solo esperaba que fuera importante.
-"Sólo dime en dónde está"- demandó Sesshomaru.
El Yokai fue inteligente y decidió hablar, por lo menos antes de que el Taiyokai decidiera inyectar más veneno en él.
-"Debes ir a las únicas tierras desoladas que quedan"- Ambos sabían que aquello era suicidio, por lo tanto el Taiyokai dudó de las palabras de aquel Yokai –"Aquellas que se encuentran entre los limites de las tierras del sur y el este. Una vez ahí, debes ir a la montaña que está cerca del lago negro"-dijo el yokai respirando con dificultad.
El silencio del Taiyokai comunicaba su descofianza.
–"Mis palabras son ciertas"- aseguró el Yokai, sabiendo que el Taiyokai de cabellera platinada no le creería. -"Te lo digo por el honor de mi líder"- Los ojos del Yokai se volvieron humanos, pero eran tan negros como el carbón.
Sesshomaru estrecho su mirada y escudriñó cada musculo en el rostro de aquel patético Yokai. Increíblemente no encontró más que sinceridad en su expresión.
El Yokai exhaló con pesadez mientras su rostro se descomponía ante el dolor que sentía su molido cuerpo. El Taiyokai dio media vuelta y se dispuso a marcharse.
-"Espero que la sinceridad en ti no sea falsa"- amenazo Sesshomaru –"o vendré a matarte"-.
El yokai soltó un resoplido altanero –"No serviría de nada"- le murmuro. Y al mismo tiempo que su voz se extinguía ante esa pequeña oración el cuerpo de aquel yokai se convirtió en un cumulo de cenizas al pie del árbol que le había servido de soporte.
Sesshomaru vio por el rabillo de su ojo. Sabía que aquello pasaría. Pero lo que estaba a punto de suceder no era algo que el pudiese ver cada que asesinaba a alguien.
De entre las cenizas salió una bola de luz, las mismas cenizas se arremolinaron entorno a aquella esfera. Y a gran velocidad: salieron disparadas hacia los cielos.
De seguro se reuniría con su clan. Aquel del cual se rumoraba que habitaba en la vasta inmensidad de los cielos.
No por nada los Fénix tienen la fama de poder permanecer en este mundo más que cualquier otro ser.
…
Sesshomaru sabía que tratar con aquella bruja no sería bueno, y aunque no lo aceptara, sabía que ésta era su última oportunidad para detener lo "inevitable".
Pero nada más importaba. Él mismo se encargaría de que la negociación terminara con sus propias exigencias y condiciones. La humana no podría negarse.
Quién supiera de las intenciones del Yokai creería que estaba loco ¿Retar a algo como el destino, si es que existía? ¿Cómo podía pasar por su cabeza algo tan burdo y estúpido? Y aunque, aquellos que carecen de locura jamás se atreverán a hacer cosas que pueden funcionar, las intenciones de aquel yokai eran como imaginar lo inimaginable y hacer algo que estaba entre las cosas que salían de los límites de la locura.
Pero para Sesshomaru nadie podría estar más en lo correcto que él, así que siguió su camino.
Entonces el Yokai decidió nadar contra corriente sin salvavidas.
….
Llegar a aquel lugar le había tomado días y aunque se había topado con algunos demonios en su camino, la determinación de llegar le había hecho acabar con aquellos seres lo más rápido que podía.
Pero el paisaje que se mostraba ante él no era nada agradable: El suelo estaba seco y maltratado, con miles de grietas por todos lados. No había ni una sola hoja verde en los alrededores, sólo miles de troncos secos y débiles.
A la lejanía podía apreciarse el famoso lago negro. Algunos rumores decían que había tomado ese color cuando una bruja sumergió en él los cuerpos de cien soldados y que había maldecido sus almas para que se ahogaran en angustia por el resto de la eternidad.
Aún más lejos, justo sobre la densa masa de troncos secos y sin hojas, podía ver la dichosa montaña. En esos momentos su bestia le advertía que había peligro flotando en el aire. Él mismo podía olerlo.
Con paso elegante y mirada fría, el Taiyokai se acercó al lugar que durante casi un mes había estado buscando.
•••••
Una risita armoniosa y juguetona se escuchaba en los alrededores
―"¡Callate!" ―Gritó una miko desesperada ―"¡¿Qué quieres?!" ―cuestionó a la nada y al no obtener respuesta no pudo más que deducir que aquella noche sería como las anteriores a esa.
Kagome se arrodillo en el suelo y cubrió sus oídos ―"¡Déjame tranquila!" ―Rogo entre lágrimas. Más sin embargo quien respondió a sus gritos y demandas no era quien la atormentaba.
Una exterminadora se acerco con sobrada preocupación ―"¡Kagome! ¿Qué sucede? ¿Qué tienes?" ―La miko solo negaba con su cabeza, confundiendo y aumentando la preocupación de la exterminadora en el proceso.
―"Haz…" ―susurro entre lagrimas, notando que su propia voz temblaba en la desesperación ―"Haz que se detenga" ―Le rogo a la amiga frente a ella. Levantando la cabeza y apretó los hombros de la exterminadora con sus propias manos. Lo que Sango encontró en esos ojos fue más de lo que pudo haber imaginado. Esos ojos se veían cansados, estaban rojos por las lágrimas que, sabía, su amiga trataba de retener. Pero sobre todo, la desesperación en aquellos ojos azules le recordaban a un mar azotado por una tormenta.
―"¿Detener qué Kagome?" ―Sango no entendía nada, pero sin duda quería ayudar a acabar con ese dolor que no era suyo.
―"Dile que deje de reír"―pidió kagome ―"Dile que se vaya" ―rogó. No importándole llorar frente a su amiga ―"Ya no quiero escucharla" ―lloró.
―"¿Escuchar a quién Kagome?" ―Sango sólo quería entender.
Entonces, el silencio gobernó aquella cabaña
―"S-se detuvo" ―susurro la miko, más la exterminadora no terminaba de preguntarse ¿qué se había detenido? ―"Kagome" ―llamó Sango, mientras observaba cómo su amiga veía a cada rincón de la cabaña: parecía buscar algo… o a alguien. ―"Kagome" ―volvió a llamar la exterminadora. Ésta vez la miko volvió su rostro, empapado y angustiado hacia su amiga. ―"Vamos a caminar" ―Sango no sabía cómo preguntar sobre lo sucedido ―"¿Te parece?" ―La miko sólo asintió. Más no se fue sin antes volver su rostro al interior de la cabaña y asegurarse que no había nada dentro.
•••••
Sus orbes dorados se posaron sobre la maltratada puerta de madera frente a él. Sin necesidad de tocar, ésta se abrió.
Sesshomaru bajó su mirada sin inclinar su cabeza y lo primero que vieron sus ojos fue una densa masa de caballos canosos que cubrían parcialmente el rostro de la mujer que él buscaba.
Cuando la mujer se decidió a levantar su cabeza y verlo a los ojos, él pudo distinguir en aquellos ojos la locura. La mujer curvó sus labios dando paso a una de las sonrisas más desquiciadas y ansiosas que él pudiera haber visto en su vida, ella lo observó con detenimiento mientras ladeaba su cabeza al lado izquierdo, sin que aquella sonrisa se desvaneciera.
―"Oh!, mi joven lord" ―habló la bruja, arrastrando cada silaba entre sus labios ―"Le he estado esperando" ―dijo, mientras se hacía a un lado y extendía su brazo al interior de la cabaña donde ella vivía, para hacer entender al Lord que podía pasar.
Esa sonrisa desquiciada jamás abandono su rostro.
Los ojos de Sesshomaru seguían cada uno de los movimientos de la bruja, le dedicó una última mirada y entró a la choza sin ver atrás.
La bruja cerró la puerta detrás de ella, una vez que el Lord de Occidente estuvo dentro. Ansiando poder escuchar la petición de un ser tan poderoso. Pensando que podría obtener más de lo que prometería, pero no contaba con que probablemente su engaño acabaría con los siglos que había acumulado en su existencia.
•••••
―"Kagome" ―llamó Sango. ―"¿Te sientes mejor?" ―preguntó. La sacerdotisa solo asintió, manteniendo sus ojos fijos en el césped que pisaban sus pies.
La exterminadora no sabía cómo empezar a preguntar así que indagó en lo más obvio ―"¿Sucede algo?".
La sacerdotisa dejó de caminar, después de unos momentos, la exterminadora lo hizo también. Kagome levantó su cabeza y vio a su amiga, notando su preocupación en ese instante. ―"Es solo que…" ―Ella no sabía cómo decirlo, ¿Qué pensaría su amiga si le dijera que ve a dos personas algunas noches, mientras que en otras solo las oía hablar o discutir? ―"Sango, pensaras que estoy loca pero, una muj"― la boca de Kagome se detuvo en ese mismo minuto al sentir cómo la perla le quemaba la piel.
Sin pensarlo dos veces, Kagome se arrancó la perla del cuello y la arrojó al césped. La miko soltó un quejido, contrajo sus facciones y masajeo el lugar en su pecho donde había estado la perla.
La exterminadora no se explicaba por qué Kagome había arrojado de esa manera la perla y le era mucho más extraño y preocupante el cómo su amiga veía de una manera tan resentida aquella joya que estaba destinada a su cuidado.
―"Kagome! Pero… ¿Por qué hiciste eso?" ―antes de que la exterminadora pudiera acercarse, la perla resplandeció de manera anormal, obligando a ambas a desviar la mirada y cubrirse el rostro con los brazos.
Lo que sucedió después no era algo que Sango hubiera esperado ver: Kagome tenía la perla flotando frente a su rosto. Pero la perla ya no era de un color rosa, no, el brillo de la perla la hacía ver de un color blanco reluciente, casi parecía… un alma.
Las facciones de la miko mostraban terror total y Sango podía jurar que Kagome estaba temblando. Cuando Kagome dejó escapar todo el aire en una exhalación desesperada la perla salió disparada a los arbustos a un costado de ellas, de seguro habían caído a kilómetros de ahí.
La exterminadora se permitió estremecerse ante lo sucedido y antes de que pudiera preguntar qué era lo que estaba pasando, Kagome apretó sus puños, corrió hacia donde la perla había desapareció y con toda determinación expresada en sus facciones se dijo así misma: "Es suficiente".
La desesperación fue confundida con la valentía. Pero algo era seguro: el misterio terminaría esa noche.
Sango en menos de un segundo corrió tras su amiga. Pero su cuerpo se congelo sin explicación alguna antes de dar el segundo paso.
―"No." ―le demandó una voz femenina ―"No debes intervenir…" ―la oyó susurrar en su oído derecho ―"…Tú te quedas aquí." ―ordenó.
Sango dejo escapar el aire que tenía en los pulmones y con ojos temblorosos desvió su mirada al lado derecho: Pero ahí no había nadie.
La exterminadora trago e inhalo fuertemente. Aún con su cuerpo agarrotado. Aún con su boca sellada. Aún con el miedo que se arremolinaba en su garganta y en la boca de su estomago: Sango se dividía entre huir de ahí y buscar ayuda; O en luchar contra quien sabe qué y ayudar ella misma a la sacerdotisa.
Los minutos, que para Sango parecieron horas, dejaron que poco a poco la exterminadora recuperara la movilidad de su cuerpo. Cuando la parte leal de la exterminadora le ganó a su razón, no oyó advertencias y corrió para ayudar a su amiga: Una barrera no tardó en arrojarla lejos del lugar donde eso y su amiga debían estar.
Sango se mantuvo en el suelo por unos momentos, sus ojos temblaban al tratar de buscar una solución y después de sentir su respiración en una milésima más estable; se reincorporó, dio media vuelta y corrió hacia la aldea: Debía encontrar al monje.
•••••
―"Y dígame mi Lord, ¿Qué es lo que necesita?" ―preguntó la bruja con una amabilidad tan excesiva que llegaba a hacer obvia su falsedad.
―"Hmp" ―Sesshomaru no confió en la expresión ni las palabras de la bruja y estrechando su mirada expresó su desagrado ante aquella humana. Su propio orgullo estaba siendo lastimado al reparar en el hecho de que necesitaría a una humana para lograr su objetivo.
―"Acabaras con recuerdos y ataduras que este Sesshomaru no desea"- demandó el Lord.
―"mmmm… Ya veo" ―susurró la bruja, descomponiendo su rostro en una seriedad repentina ―"¿Qué es lo que desea olvidar?" ―preguntó, más el yokai no respondió. ―"¿Una batalla perdida?" ―sugirió ―"La pérdida de un hermano ¿quizás?" ―. La bruja siguió indagando y orillando al yokai a gruñir. La bruja jugaba intencionalmente con su suerte, la sonrisa ansiosa en su rostro la delataba ―"O ¿podría ser la pérdida de un cachorro?" ―dijo, caminando de un lado a otro dentro de la cabaña ―"¡No!" ―gritó al mismo tiempo que se detenía, levantaba su brazo derecho con su dedo índice extendido y con la locura envolviendo toda su razón dijo: ―"Es una hembra" ―susurró al voltearse y acercarse al yokai con una expresión de total asombro.
Sesshomaru gruñó y trató de asesinar a aquella mujer con su mirada. Por su parte la bruja escudriñó la mirada del yokai, encontrando una respuesta que creyó imposible –"Era su hembra"- murmuro con sorpresa. Pero sus ojos expresaron aún más desconcierto al ver en menos de un segundo ese par de orbes dorados demasiado cerca y sentir las garras del demonio apretando su cuello: lo último que Sesshomaru quería era a una patética humana diciéndole a la cara lo que nadie en trescientos años se había atrevido a decir.
―"Escucha humana" ―gruño el yokai ―"Escucha bien porque este Sesshomaru no volverá a repetírtelo" ―escupió cada palabra con impaciencia ―"Destruirás el lazo que me ata a ella" ―dijo, apretando aún más el cuello de la bruja ―"Si fallas, te degollo" ―amenazó, para después soltar el cuello de la bruja con enojo.
La anciana cayó al suelo, gateó hasta el rincón más cercano y vio al yokai con miedo e ira. ―"¿Cuál será mi pago?" ―preguntó aún curiosa.
―"Seguir con vida" ―dijo el yokai de la manera más indiferente que pudiera existir.
La bruja no pudo más que aceptar.
•••••
Miroku volvió su atención en dirección de donde provenía el aura agitada de la exterminadora. Cuando ella chocó contra él y se aferró a sus brazos, supo que algo realmente malo estaba sucediendo. Pero al ver a su compañera regresar sin la sacerdotisa, se dijo que era aún peor de lo que sospechaba.
Sango empezó a balbucear cosas como "la tiene". La exterminadora hablaba tan nerviosamente que el monje la tomó de los brazos y la agito levemente, estaba empezando a ponerlo nervioso: sango no era de las que se asustaban tan fácilmente. ―"Sango. ¿Dónde está la señorita Kagome?" ―preguntó.
La exterminadora no confiaba más en sus palabras. Así que se volvió hacia el lugar por donde había venido y se llevó al monje tras de sí. Miroku no dudó en seguirla.
…
―"Aquí" ―dijo Sango, mientras se plantaba en medio de un par de arboles. La razón del porque ella no continuaba se hizo presente cuando la exterminadora golpeo el espacio aparentemente vacío frente a ella con su arma. La inmensidad de aquella barrera golpeó la tranquilidad del monje de una manera que la exterminadora jamás podría comprender.
―"Imposible" ―susurro. No dándose cuenta de que su asombro e incredulidad no hacía más que preocupar a su compañera.
La barrera tembló. Y a pesar que sintió a la mujer a su lado estremecerse por ello, no hizo más que ver frente a él. Porque frente a él, estaba una mujer de ojos frios con una apariencia, que dudaba, fuera suya. Y detrás de ella: un general que creía, había muerto tiempo atrás.
―"Su excelencia" ―llamó Sango. La exterminadora pudo darse cuenta que el monje se aferro aún más a su báculo después de oírla. Poco sabía ella que no fueron sus palabras las que lo conmocionaron, sino el mensaje que aquella mujer le dio sin siquiera mover los labios: "ella, no puede vernos"
El monje tragó. Y mientras su horror llegó a tal extremo que sentía sus manos temblar no se perdió ni una sola palabra del mensaje que se le fue entregando. Ni de la sospecha de que no sería el único en ser advertido.
Una sonrisa macabra se formo en los labios de la mujer frente a él. El general desapareció y la mujer de manera burlona se dio media vuelta y se sumergió en las profundidades del bosque. Al lugar donde estaba la miko y a donde ninguno de los camaradas de dicha sacerdotisa podía llegar.
Un último mensaje fue entregado, para el pesar del único humano que pudo escucharlo: "No interfieran. No es su asunto."
―"Sango. Eso no es un espíritu cualquiera" ―dijo el monje. ―"Y no está solo" ―Miroku apretó su mandíbula, no queriendo que sus palabras fueran correctas. ―"No pasaremos hasta que ella quiera".
Pero lo que no sabían, era que toda aquella intimidación era sólo parte del acto.
•••••
No supo por cuánto tiempo corrió. Pero algo era seguro, la desesperación desquebrajaba su voluntad con cada paso. Dejó de correr solo cuando supo que probablemente jamás podría encontrar algo que no deseaba ser encontrado.
¿Qué más podía hacer? Solo era humana. Kami sabía que no podría con toda esa locura por mucho más tiempo.
Dejó de pretender ser valiente y afrontó el peso de la situación: cuan triste se sintió al saberse impotente.
Así que se arrodilló en el suelo. Temblando y sollozando. Hundiendo su cabeza entre sus manos y clavando sus codos en el césped. No resistiendo por mucho más tiempo: sintió esa falsa valentía romperse. ¿Qué era todo aquello? ¿Una broma? ¿Un castigo? Que por favor alguien lo detuviera. ―"¡¿Qué quieres de mi?!" ―gritó, sabiendo que no solo su vos lo pedía.
Su dolor y su miedo desgarraron su garganta con cada gruñido lleno de desesperación.
―"Admito que eres aún más fuerte de lo que esperaba." ―Aquella voz la sobresalto e hizo que levantara su cabeza de golpe. Cuando sus propios ojos se encontraron con un par de ojos zafiro, su corazón se hundió aún más en su pecho. ―"Te subestimé" ―Su cuerpo empezó a temblar, ―"Aún cuando sé quién eres" ―sintió su columna ser rastrillada por un escalofrío y un sólo pensamiento flotaba en su mente: 'No puede ser posible'.
Sin pensarlo un momento más, empezó a inclinarse hacia atrás, cayendo de bruces en el suelo y estirando sus piernas. Sus pies patearon el suelo para impulsarse hacia atrás mientras sus manos tanteaban el terreno. No dejo de ver a aquella mujer. Por su parte, Ella no dejaba de mirarla fijamente.
Dejo de arrastrarse cuando, en medio del miedo, supo que eso no la llevaría muy lejos. Inhalo, inhalo e inhalo pero todo aquel aire se quedo atascado en su garganta. Los gritos se negaban a salir de su boca, así que luchó contra la acidez y exhaló poco a poco. El nudo en su garganta no cedió con eso.
Cuando vio aquella mujer acercarse, hundió sus uñas en la tierra y dejó de respirar. Por su parte aquella desconocida suspiro, se detuvo a menos de un metro de la sacerdotisa y dejó que sus ojos se tiñeran con cariño. Eso hizo que la sacerdotisa volviera a respirar.
―"¿Po-Por qué robas mi apariencia?" ―Se atrevió a reclamar la miko.
―"Esas pregunta debería hacerla yo"— afirmó ella—"Más sin embargo, esa no es la pregunta correcta" ―Respondió aquella mujer. Para Kagome aquello no tenía sentido ¿Cómo podía no ser la pregunta correcta? Acaso Ella no reparaba en el hecho de que ver tu piel, tus facciones o tus expresiones en otra persona era algo que estaba fuera de lo común. Demonios, que incluso era aterrador.
¿Y que había con lo de robar su apariencia? Si bien recordaba la sacerdotisa, había vivido un poco más de 17 años con esa apariencia ¡Ella solo había aparecido de la nada hace tan solo un par de meses!
—"No." —susurró la sacerdotisa. Apretó sus manos en puños, y aunque las lágrimas en sus ojos le quitaran seriedad a sus palabras: —"¡NO!" —gritó. Fulminándola con la mirada. Viéndola con rencor. —"¡NO ME VENGAS CON ESO!" —Se puso de pie y dio dos pasos hacia delante. Ella no retrocedió. —"¡NO ME IMPORTA QUIEN ERES!" ―gruñó. ―"ES MÁS, ¡NO ME IMPORTA QUE QUIERES!"
Se sentía frustrada, cansada y con una seria sospecha de sufrir un ataque neurótico y un daño irreparable a sus nervios. Si ese espíritu buscaba ayuda, pues había llegado pidiéndolo de la peor manera. Así que podía empezar a tomar sus risitas, discusiones y a su compañero espíritu: ¡y dejar de meterla a ella en sus asuntos!
―"¡NO HE DERROTADO A UN HANYOU IDIOTA Y AGUANTADO A UN MUERTO VIVIENTE CON DESEOS DE VENGANZA, SOLO PARA VENIR Y ENFRENTARME CON UN ESPIRITU CON TENDENCIAS ACOSADORAS Y UN AMORIO INCOMPLETO QUE NO TIENE NADA QUE VER CON MIGO!" ―gritó cada vez más fuerte. Con lágrimas de frustración en sus mejillas. Pero aún así dejándole a ella muy en claro lo injusto que creía toda aquella situación.
Pero la reacción que obtuvo no fue la que esperaba.
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Sesshomaru oyó como la bruja empezó a hablar en el Idioma Antiguo. Pero sus palabras eran apenas un murmullo veloz. Las únicas palabras que pudo reconocer entre susurros fueron busca, encuentra, muestra, revela.
Los murmullos se volvían cada vez más veloces y confusos, las paredes temblaron y los libros se abrían, cerraban y cambiaban páginas por sí solos. Algunas vasijas se estrellaron contra el suelo y otras volaron al otro lado de la cabaña.
Y de pronto, la bruja detuvo toda palabra que pudiera salir de su boca. Se volvió hacia el Taiyokai detrás de ella y le arranco un cabello. El yokai gruñó pero su mirada se encontró con la de aquella loca mujer. Y pudo jurar, por un momento, que los ojos de ella se tornaron de un color blanco perlado.
La bruja le sostuvo la mirada y empezó a hablar tan apresuradamente que sus palabras salían disparadas de sus labios de una forma tan furiosa que era imposible el poder entenderle.
La vista periférica de Sesshomaru le hizo darse cuenta de cómo la mujer frente a él sacaba algo de una de sus mangas. El pequeño brillo que se reflejo en la superficie del objeto le hizo saber que eso era una daga. Sin siquiera dejar de observarlo, la mujer cortó la palma de su mano, aquella que sostenía su cabello.
La bruja empuñó su mano herida y sostuvo el cabello del yokai entre sus sangre. Ella cerró sus ojos, cortando el contacto con aquellos ojos dorados, elevo su cabeza y empezó a respirar pausadamente.
Tomó uno de los extremos del cabello del yokai e hizo que toda su longitud pasara por entre su sangre. Se giró y fuera lo fuera toda aquella combinación de líquidos sospechosos en aquel cuenco, explotó cuando el cabello fue añadido.
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Risitas. Eso ero lo que provenía de la boca de la mujer frente a ella. ¿Risitas? ¿No había logrado intimidarla con sus palabras?
Y aunque aquellos pares de ojos idénticos se veían los unos a los otros, los sentimientos en cada par eran distintos. Porque en la mirada de la miko no había más que desconcierto y en la de aquella mujer no había más que diversión y amabilidad.
―"Siempre tan valiente. Siempre tan testaruda" ―fueron las palabras de aquella mujer. ―"Aún cuando lo que está frente a ti es más grande y más fuerte que tú" ―dijo ella, al mismo tiempo que impregnaba de cariño aquella mirada azulada.
Se acerco a la sacerdotisa con toda la cautela que era capaz de poseer. La miko fue valiente: no daría marcha atrás. Así que cuando Ella pudo ver que la miko no retrocedería a su cercanía puso sus manos sobre sus hombros.
El corazón de Kagome emprendió una carrera feroz. Pero en todo momento no dejó de observar a los ojos a aquella mujer. Con cada paso sentía que la sinceridad en aquella mirada rompía cada vez más su voluntad. Sentía que había llorado demasiado últimamente, pero la tormenta que se reflejaba en sus ojos zafiro debía ser desatada en algún momento
Y desgraciadamente, la ira no iba a liberarla de algo que había nacido de la angustia… y que necesitaba explicación.
―"Pequeña y tonta miko" ―dijo ella, viéndola como una madre ve a una hija mientras deslizaba sus manos de sus hombros a su cuello ―"tan asustadiza y aún así valiente" ―dijo. Para finalmente llevar sus manos a cada lado de su rostro y limpiar con sus pulgares aquellos ríos de lágrimas que no parecían llegar a cesar pronto. ―"Entiendo tu confusión. Entiendo que lo ames tanto que ignores cuánto el hacerlo te ha lastimado" ―Ella colocó su frente sobre la de la miko, cerro sus ojos, suspiró y al volver a abrir sus ojos: le sonrió. ―"lo sé, porque te conozco. Aún ahora no has cambiado… Pero él no es aquél al que estabas destinada en éste tiempo"
Las palabras que escuchó no hicieron más que aumentar el escozor en sus ojos mientras las lágrimas resbalaban ¿Cómo podía atreverse ella a decir con quién debía estar? ¿No había hecho suficiente ya? El ardor en su nariz no hizo más que incrementar con cada inhalación. Es más el bulto en su garganta no podía sentirse peor.
―"Pero no puedes entregar a alguien más aquello que ya tiene dueño" ―El espacio entre las cejas de kagome se frunció. Sus labios temblaron para después abrirse, pero no tuvo tiempo de preguntar o hablar. Ella no se lo permitió. ―"No puedo dejar que entregues nuestro corazón a alguien que terminará matándonos, matándote" ―aquella mujer la veía tan fijamente que la miko no pudo escapar de la verdad de aquellas palabras ―"No puedo dejar que sufras más por una causa que no está destinada a ser" ―Aquella mujer no sabía si la pequeña miko entendía todo aquello pero debía advertirle.
Era lo menos que podía hacer después de que Ella fuera la que causara todo aquello. Puede que sus palabras no tuvieran sentido ahora, pero debía decírselo.
Kagome sorbió con su nariz y vio con reprobación a la mujer frente a ella―"Inuyasha jamás me lastimaría" ―respondió tercamente. El dolor de la miko solo aumento al ver a la mujer sonreír con cariño y tristeza.
―"¿No es eso algo que ya ha hecho?" ―las palabras de aquella mujer parecían solamente quererla hacer entrar en razón.
Pero el tiempo se acababa y el mensaje debía ser entregado.
―"Puede que jamás te atacaría, pero eso no le ha impedido golpear tu espíritu" ―dijo. ―"Escuchame Kagome" ―Vio con determinación a la niña frente a ella y con firmeza dijo: ―"Un error que fue cometido tiempo atrás debe ser corregido. Culpas deben ser lavadas. Y sobre todo, el final de lo que estaba predestinado y no fue: debe ser cambiado" ―Aquellas palabras debían ser recordadas. Pero sobre todo, ella sabía que debía dejar algo mucho más importante en claro: ―"Y el hanyou al que te aferras tan tercamente no está dentro de todo esto"
Y mientras sentía su alma estremecerse, hubo un momento en el que supo que alguien trataba de jalar fuera algo dentro de ella. Algo que, sentía, era importante.
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Un olor a podrido y quemado inundo las fosas nasales del Taiyokai. El Lord gruñó, pero su furia fue en aumento al observar como la humana frente a él no hacía más que quedarse parada observando quién sabe qué.
-"Hermoso"- le oyó susurrar. Sesshomaru volvió a gruñir, sintiendo su ira aumentar. Pero lo que el yokai no entendía era que aquella humana jamás había visto un lazo tan fuerte como el que estaba frente a ella en esos momentos.
Para la mujer aquella hembra, quien quiera que haya sido, debía tener un alma muy poderosa o… estar viva.
Por primera vez en aquella tarde, el entendimiento golpeó a la bruja. Quien observo más detalladamente cómo pequeñas porciones de luz se desprendían del cabello y cómo muchas más lo rodeaban fijamente. La hembra estaba casi consiente.
La confusión invadía sus pensamientos, llevándose aquel momento de lucidez junto con su razón. Dando paso a la locura. Pero antes de que nada tuviera sentido de nuevo, la pesadez del instinto asesino del yokai la hizo volver su atención de lo que momentos antes admiraba.
-"Procede, humana"- gruñó el yokai. La humana tembló y supo, en ese momento, que jamás nadie le pediría hacer algo sin la necesidad de amenazarla de muerte como lo había hecho aquel yokai.
Porque sin necesidad de palabras, él le hizo saber que la mataría si llegaba a fallar.
Ella asintió, se dirigió al lado opuesto de la cabaña y tomó un pequeño frasco que guardaba con recelo. Al volver su atención al cabello, éste brilló aún más. Ella se acercó y no pudo evitar estirar una de sus manos para tocar el cabello. Su cuerpo se paralizó en ese instante y apretó el pequeño frasquito con fuerza.
Una voz se introdujo en su cabeza y el mensaje que le entregó no era para nada amable.
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Aquella mujer sintió el tirón del lazo que unía a la miko y al yokai. "arrogante muchacho" fue lo quepensó. Sonrió internamente al saber que ellos ignoraban que no estaba sola en todo esto.
Lo que en el pasado ella había ayudado a arruinar, era algo que en este presente debía contribuir a arreglar. El precio no importaba, porque ella misma aceptaba que era aún más terca que el Taiyokai. En éste extraño juego sólo habría un vencedor: Ella.
La mujer se separó de la sacerdotisa, dio dos pasos atrás y vio con determinación a la niña frente a ella.
Kagome se tenso y vio con desconfianza a la mujer.
―"Esto es lo que va a suceder, Kagome" ―habló la mujer con autoridad. ―"12 ciclos lunares después de haber cumplido tus 18 veranos, te enfrentarás a la verdad que has olvidado" ―dijo. Observando como la indignación se añadía a la marea de emociones dentro de ese par de océanos tan parecidos a los suyos.
―"Y dentro de ese lapso de tiempo, conocerás a aquél al que perteneces"
"No" se repitió la miko una y otra vez. "No, no, no, no" se dijo a sí misma. ―"¡NO TIENES DERECHO!" ―recriminó.
Pero antes de que la sacerdotisa pudiera llegar a decir algo más, la sonrisa burlona que apareció en el rostro de aquella mujer le dejó una seria advertencia rondando en su cabeza. Kagome dio dos pasos atrás: algo dentro de ella le decía que debía correr lo más rápido que pudiera.
Los ojos de la mujer se tornaron perlados. El aura que inundó el lugar erizó cada centímetro de su piel. Un grito se quedó atascado en su garganta. Y sintió ser sumergida en un vacio extraño cuando la luz la segó.
…
Una mujer de cabellera platinada la tomó fuertemente del brazo ―"Aléjate de mi hijo" ―amenazó. Ella tiró de su brazo y fulmino con la mirada a la mujer ―"Su hijo, es ahora mi compañero. No voy a abandonarlo solo porque usted me lo dice" ―le dijo entre dientes. Nadie haría que diera marcha atrás.
…
―"No me veas así" ―le dijo él. ―"Prometiste que no te pondrías así cuando tuviera que ir con mis soldados" ―él la abrazó. No temía por su seguridad: ella podía cuidarse sola. Lo había aprendido de la manera dura. ―"Así como yo prometí dejar de ir, una vez que me dieras muchos cachorros" ― le susurro al oído mientras sonreía. La risita que obtuvo era algo que amaba escuchar a diario.
…
Recuerdos llenaron su mente. Todas las emociones en cada unos de ellos la abrumó: determinación, cansancio, valentía… felicidad.
…
―"¿A dónde irás?" ―le oyó preguntar. ―"A ningún lado" ―mintió. Ella misma sabía que tal vez no podría volver ilesa, pero debía arreglar algo que cría haber causado.
…
―"Volveré a ti" ―prometió. Estaba decidida a regresar. Sabía que era lo menos que podía hacer cuando vio tristeza en aquellos ojos, que por lo general eran pacíficos.
…
Cayó al suelo respirando con dificultad. Retiró el cabello que le cubría el rostro. La busco por todos lados con la mirada: ella ya no estaba ahí.
…
―"¡Kagome!" ―oyó gritar a alguien. Se asustó y volvió su atención al lugar de donde provenían los gritos. Cuando vio a un monje a una exterminadora llegar a ella, sólo podía preguntarse si todo aquello había sido una alucinación: había oído que la personas que sufrían de locura las tenían todo el tiempo.
La forma tan desesperada con la que la exterminadora se aferraba a ella en un abrazo mientras se arrodillaba frentee a ella le dijo que nada había sido un producto de su imaginación.
Kagome estaba segura que debía regresar a casa. A su tiempo. Si huía, evitaría todo aquello ¿no?
Pero incluso ella no creía los pensamientos con las que trataba de convencerse a sí misma. Así que se hundió aún más en el abrazo de Sango. Su amiga la abrazó aún más fuerte. Y se prometió a sí misma que no dejaría que nada ni nadie se acercara lo suficiente a la miko como para poder dañarla de nuevo.
Aunque, a veces, la lealtad a alguien te hace prometer cosas que no podrás cumplir
Cuando la exterminadora pudo ver a un hanyou de cabellera platinada entrar en escena, no pudo evitar que su subconsciente lo tachara como un enemigo a su reciente causa: definitivamente ese había sido un mal momento para llegar.
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La bruja se debatió en lo que debía o no hacer. Ambas amenazas estaban presentes. Pero aún en medio de su locura supo que solo una podía dañarla realmente. Además, el yokai arrogante no sabría que no había hecho aquello que él quería: por lo menos no a tiempo.
La bruja se volvió sonriente al Yokai ―"Mi Lord" ―llamó, extendiendo su mano: indicándole que la tomara, observándolo con demasiada ansiedad en su facciones. El yokai desconfiaba de aquel acto, pero creyéndose invencible decidió tomar la mano que se le ofrecía.
Jamás sospecharía que algo más fuerte que él intervendría en sus planes y haría de sus ordenas nada más que una simple sugerencia.
La bruja apretó la mano que tomó la suya con toda confianza. Tomó su daga. Vio a los ojos al yokai y de manera brusca pinchó uno de los dedos, llevó esa herida sobre la hebra de cabello de aquel mismo dueño y recitó otro hechizo, dejando caer tres gotas de aquel espeso líquido rojo sobre el lazo que ahora sabía: era inquebrantable.
Aquella botellita que momentos atrás sostenía jamás sería tomada en cuenta. Nadie sabría que aquella sustancia dentro del frasco era el secreto que le había hecho ganar su reputación. Ella misma no sabía que aquel yokai era la causa del porque sufría de locura en primer lugar, o que su tan preciado secreto no serviría de igual manera con él… con ellos.
Porque ganas cierta inmunidad sobre aquello que nace de ti.
El olor ha podrido y humo desapareció de un momento a otro. Y al observar el cabello que momentos antes brillaba cual estrella: ahora no era más que un hilo de plata sin ningún indicio de ataduras.
Sesshomaru sonrió con arrogancia, creyéndose vencedor en lo que él había convertido en batalla.
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*Yo con las manos al aire* No me maten…!
Claro que sé que tarde más que la última vez y que probablemente este capítulo no sea el mejor de los únicos tres que he escrito, pero deben saber que este capítulo no estaba previsto. Pero para unir los hechos mencionados en "El Yokai y la Hembra" y los que se mencionaran en el próximo capítulo (el cual se titulará "La Niña y el Joven") era necesario crear este capítulo. A los que desean saber más del pasado de Sesshomaru: Todo comenzará a explicarse en los próximos capítulos, Muajajajajajajajaja.
Gest: gracias por esos deseos de inspiración, me han hecho falta en este último año. Espero que aún estés por aquí y que puedas seguir leyendo. Prometo no tardar taaaanto de hoy en adelante. Por cierto:algún otro alias con el que pueda llamarte? ^^'.
Michi Gan: tal vez, tal vez… Muajajajajajajajajajaja xDD
Mistontli: espero que con este capítulo te siga pareciendo interesante xD. Gracias a ti por leer :3
RIOVI: No eres para nada molesta. Es más, hasta siento culpa por hacerte esperar tanto tiempo :'( Y te agradezco mucho, mucho que me consideres una buena escritora (O/O). Comentarios como el tuyo me suben los ánimos. Espero no haberte defraudado con este capítulo.
Un especial gracias a AngieArantxa que continuamente me estuvo recordando de mis responsabilidades con respecto a este bello proyecto: Perdona las promesas vacías. Yo misma sé que mis clases y todo fuera de no es una excusa para abandonar por tanto tiempo.
Mil gracias por tu apoyo.
P.S.:
El que tarde no quiere decir que he abandonado mi historia xD
Trataré de administrar mejor mi tiempo.
Una gran duda ha surgido en mi mente: ¿Han sentido que me he perdido en la trama? ¿Voy demasiado rápido con los hechos? Pero sobre todo: ¿Les ha gustado?... últimamente la inspiración me ha abandonado y sospecho que mis clases son la razón (xD), por lo tanto siento que no he mejorado sino todo lo contrario :S
Y el hecho de que al subir las continuaciones espacios y letras desaparezcan misteriosamente no ayuda xDDD
Como sea: ¡Feliz fin de semana!
Espero leernos pronto
Y como siempre:
Les agradezco mucho por los reviews, los favs, los follows y a todos aquellos que aunque no hagan acto de presencia están leyendo. :D
Entonces:
¿Qué les pareció?
^-^
Mil besos.
Espero ansiosa poder leer sus reviews.
Destyni Kate
