Buenas!, ante todo muchas gracias a shey, Zashi, mLgM, Beautifly, Marin, Ami Malfoy y Emma por sus rr, un saludo para todas ellas (espero no haberme olvidado de nadie, si alguien queda en el limbo de mi despiste que se considere saludad también), y otro para toda la gente que me tiene en sus alertas. Espero que el capítulo os guste, XD lo escribí hace unos mil años y me da terror revirsarlo, lo único que recuerdo con claridad es que al final empieza a entreverse el drama de Hermione.

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CAPÍTULO 3: Una velada desagradable

Hermione les acompañó al hotel y esperó a que Draco y Vivian se registraran, todavía no habían subido su equipaje a la habitación cuando Vivian manifestó su firme intención de pasar la tarde visitando todas las tiendas de la quinta avenida. Aliviada por no tener que acompañarles les dio unas breves explicaciones de cómo llegar hasta allí. Por suerte estaban muy cerca y podrían ir andando aunque por si acaso se aseguró de dejarles el número de una empresa de alquiler de coches con chofer, quería asegurarse de que no la molestaran.

Después se despidió y volvió a la oficina, todavía podría aprovechar parte del día aunque debería volver pronto a casa para cambiarse, pues había quedado con ellos en recogerlos en el hotel para ir a cenar al último restaurante elegante que se había puesto de moda en la ciudad.

"Cenaremos, les mostraré la zona de ambiente nocturno y que se las apañen solos. Es solo una cena, Hermione, y después no tendrás que volver a soportar al engreído y a su insulsa barbie. Se dijo para animarse".

Esa tarde, ya antes de entrar en el bar del hotel, pudo distinguir a lo lejos la cabellera platinada de Malfoy sentado en la barra. Estaba solo, tomándose algo, con el mismo gesto elegante y despreocupado con el que le había visto en la cubierta del barco antes de reconocerle. Preparándose para una velada infernal Hermione suspiró y fue a su encuentro. Bueno, en realidad no estaba tan solo, a medida que se aproximaba reparó en que estaba tonteando con la camarera, que se apartó rápidamente cuando vio que ella se acercaba.

- Acompáñame, - sugirió Draco al verla, señalando un taburete vacío a su lado - Vivian todavía tardará en bajar.

- Está bien – concedió Hermione sorprendida por el tono amable y educado de su petición. Cualquiera hubiera esperado que Draco se dirigiera a ella con su habitual estilo altivo y autoritario.

Se sentó a su lado y pidió una bebida que la camarera preparó con rapidez y depositó ante ella en pocos segundos, antes de desaparecer rumbo al otro extremo de la barra donde un ruidoso grupo de hombres de negocios acababa de sentarse y después de dedicarle a Draco una sonrisa cómplice que él le devolvió. Vista de cerca era muy atractiva, y por lo visto también eficiente aunque se dedicara a coquetear con los clientes en horario laboral.

Permanecieron en silencio algún tiempo, dando tragos de sus respectivas bebidas, con la mirada perdida en algún reflejo que la luz arrancaba del vidrio de sus copas. Hermione no sabía que decir, en realidad estaba sumida en sus reflexiones, pensado que a pesar de conocerse desde hace tantos años nunca habían mantenido una verdadera conversación, ya que no podía llamarse así a los frecuentes y breves intercambios de frases, normalmente cargadas de insultos, que solían mantener en el colegio. Tal vez Draco estaba pensando lo mismo porque antes de que el silencio se volviera incómodo lo rompió arrastrando las palabras de ese modo que ella conocía tan bien.

- Cuéntame, Granger, ¿cómo es que has terminado en esta parte del mundo? a juzgar por las expectativas que los profesores tenían en ti ya deberías ser por lo menos ministra de magia – preguntó el rubio sonriendo con aire socarrón.

Por toda respuesta Hermione le dedicó una mirada furibunda, al parecer su pequeña tregua había terminado y Malfoy volvía a ser el de siempre.

- Vamos, no te enfades, ¿es que no tienes sentido del humor? – añadió él rápidamente tras captar la mirada de pocos amigos que ella la dirigía – simplemente quería decir que aceptaste un puesto administrativo y desapareciste del mapa. No hiciste lo que todo el mundo esperaba de ti.

La mirada de Hermione se suavizó un poco y sus labios se separaron levísimamente, como su tuviera una remota intención de contestar a su pregunta, sin embargo al instante siguiente volvieron a juntarse sin que de su boca saliera palabra alguna.

- Está bien – concedió Draco – veo que no quieres hablar de esto, cambiemos de tema. ¿Te gusta la Nueva York?

Esta vez la pregunta no pudo ser más acertada. Poco después mantenían una conversación amistosa acerca de la enorme variedad de distracciones y oportunidades que Nueva York ofrecía a sus visitantes. Hermione se había integrado perfectamente y adoraba vivir allí de modo que le resultaba fácil contagiar su cariño y entusiasmo por la ciudad a los demás.

- Hay muchos Nueva York diferentes, pero lo más aconsejable es que cada uno descubra por sí mismo la ciudad que le interesa encontrar – aconsejó terminando su perorata – aunque para eso se necesita tiempo. Supongo que esta tarde ya has conocido una de sus caras, la más glamurosa – añadió con un levísimo toque de ironía.

- Sí, - resopló Draco recordándolo – tiendas y más tiendas de lujo, todas me parecían iguales, ha sido un auténtico suplicio. - Hermione no pudo reprimir una fugaz sonrisa compasiva. - Por fortuna esto no durará mucho más, pronto terminará – añadió en voz baja.

Las últimas palabras se le escaparon como un suspiro y ese pequeño descuido del rubio hizo que algo cambiara entre los dos. No fue exactamente lo que dijo si no como lo dijo, sonó demasiado confidencial y aquello provocó que la sonrisa desapareciera de los labios de Hermione que clavó la vista en el fondo de su copa mientras se revolvía a su lado, ligeramente incómoda por el inesperado rumbo que él había dado a la conversación con su último comentario.

Ignoraba si Draco se refería a su visita a Nueva York, a las jornadas maratonianas de compras compulsivas o a su relación con Vivian, y tampoco deseaba saberlo. De pronto fue consciente de que la persona con la estaba era ni más ni menos que Draco Malfoy, y que aunque estuvieran manteniendo una charla civilizada no eran viejos amigos haciéndose confidencias ni nada parecido, no tenían nada en común y jamás lo tendrían y, desde luego, no había necesidad de entrar en temas personales.

- Tengo que ir al baño. – Murmuró esquivando su mirada mientras se levantaba del taburete.

Draco la miró mientras caminaba entre las mesas hasta los aseos de mujeres, no podía salir de su asombro ante la reacción de Hermione tras su inocente comentario. Un momento antes estaba relajada, él se sentía bien junto a ella, y notaba que ella también se encontraba a gusto, pero ahora huía despavorida hacia los baños para no tener que sostenerle la mirada. No era propio de la Hermione Granger que él recordaba. Esa misma mañana se había enfrentado a él con coraje en el puerto, cuando la había llamado sangre sucia, sin embargo por segunda vez en menos de una hora se mostraba esquiva y vulnerable y levantaba una muralla de hielo entre los dos tratando de evitar cualquier conversación que pudiera derivar hacia algo más privado.

- ¿Qué te ha ocurrido Granger?, se preguntó Draco viéndola desaparecer tras la puerta del baño.

Por suerte para Hermione, cuando volvió del baño Vivian ya había hecho acto de presencia. Quedarse a solas de nuevo con Malfoy era lo último que deseaba. Se dirigieron al coche que les esperaba en la puerta y Hermione dio la dirección al conductor. "De haber sabido que contratarían el coche para todo el día no hubiera venido – pensó molesta – podría darles la dirección y que el chófer les llevara, además con toda seguridad el podría asesorarles mucho mejor que yo sobre los locales de copas."

Durante toda la cena se mantuvo distante, permaneció en silencio gran parte de la noche, al igual que Draco, que solo abría la boca para contestar con monosílabos a las frecuentes preguntas de Vivian. Afortunadamente ella era capaz de mantener una conversación animada sin la colaboración de ningún interlocutor, continuaba con su cháchara insustancial totalmente ajena a la situación enrarecida que había entre sus dos compañeros de mesa.

Hermione notó un par de veces como desde el otro lado de la mesa Draco buscaba su mirada pero ella la esquivó. Solo al despedirse intercambió con él una fugaz mirada mientras le estrechaba con rapidez la mano, un breve momento en que se sintió traspasada por aquellos ojos grises que la miraban con intensidad y en los que se intuía una pizca de curiosidad. Lo más aprisa que pudo murmuró una despedida y subió rápidamente al taxi, deseando volver cuanto antes a la seguridad de su solitario apartamento donde solo Crookshanks la esperaba.

Nada más llegar a casa la recibió con un mimoso maullido desde su cesta.

- Ven aquí, perezoso – le llamó Hermione cariñosamente todavía desde la puerta.

Con una lentitud pasmosa el gato anaranjado se levantó y se acercó a ella, estaba enfadado por su tardanza y además con los años se había vuelto más lento. Últimamente apenas si se levantaba de su canasta. Al llegar junto a Hermione maulló de nuevo, reclamando su atención, aunque no se frotó contra sus piernas como solía hacerlo.

- No seas rencoroso Crookshanks, - le regañó Hermione con dulzura mientras se agachaba para cogerlo en brazos y acomodarlo en su regazo. – Créeme si te digo que fue mucho más desagradable para mí que para ti, esta noche me hubiera quedado en casa de muy buena gana.

Se quitó los zapatos y se paseó descalza por la casa, acariciando la cabeza del gato que ronroneó satisfecho entrecerrando sus ojos con cada suave caricia. Todavía con él en brazos Hermione se dirigió a su habitación, abrió un cajón y sacó una vieja foto. Se contempló a sí misma, mucho más joven, con un bonito vestido y un elegante peinado, algo deshecho, sentada en una mesa al lado de un chico pelirrojo. Tras ellos un moreno de ojos verdes y gafas redondas sonreía mientras les abrazaba. La mesa estaba llena de migas y copas medio vacías, los chicos de la foto estaban en mangas de camisa y llevaban las corbatas flojas y totalmente torcidas pero los tres sonrían radiantes. Ginny tomara la foto después de la boda de Bill y Fleur, en uno de los escasos momentos en los que los abandonaran la pista de baile para descansar un rato antes de volver a la carga, aquel fuera para los cuatro amigos uno de sus últimos momentos felices. Su corazón se aceleró un poco al recordar que aunque en la foto no se veía Ron le cogía la mano bajo el mantel.

Esa noche los cuatro decidieran olvidarse de todo y disfrutar del momento, no había rastro en aquella fotografía de todo lo que ocurriría poco después, de los trágicos sucesos que cambiarían sus vidas para siempre. No puede decirse que les tomara por sorpresa, a esas alturas ya tenían indicios de lo que lo que el incierto futuro les depararía pero a pesar de ello el desenlace les golpeó de manera brutal. No había manera de prepararse para algo como aquello.

Hermione sintió una punzada en el pecho, habían pasado diez años y todavía le dolía recordarlo, notó que sus ojos se llenaban de lágrimas y no luchó por contenerlas, las dejó salir sintiendo como abrasaban sus mejillas al resbalar sobre ellas, pensando que ojalá las lágrimas estuvieran hechas de dolor para poder llorar hasta quedar vacía del todo. Aunque sabía que no sería así porque el dolor siempre volvía. Crookshanks se revolvió incómodo en su regazo al notar la humedad de las primeras gotas que caían sobre él y Hermione, sin dejar de llorar, le posó en el suelo.

¿Por qué tenía que recordar todo aquello? El encuentro con Malfoy había provocado una pequeña crisis en su ordenada vida, haciéndole revivir todo lo que ella llevaba años tratando de olvidar. ¿Acaso no le bastaba con incomodarla con su presencia que tenía que molestar con sus fastidiosas preguntas?, si no hubiera cortado la conversación en el bar habría acabado quejándose de su relación, incluso puede que fuera capaz de preguntarle por su vida sentimental. Preferiría que se mostrara arrogante y que actuara con aires de superioridad, preferiría mil veces que se levantara de su asiento y proclamara a voz en grito que ella era una impura, una sangre sucia indigna de llamarse bruja. Cualquier cosa antes que el preciso y exacto retrato que, estaba segura, se había hecho de ella en el breve tiempo que habían compartido. Al despedirse se sentía incapaz de mirarle a los ojos, avergonzada, totalmente segura de que esos ojos de aquel extraño color gris serían capaces de ver su alma y descubrir su secreto.

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Si no dejáis is rr no sabré lo que os ha parecido... lleva tan poco tiempo escribir un par de palabras. Un saludo y nos vemos en el próximo.