Disclaimer:Canción de Hielo Y Fuego no me pertenece. Es propiedad de George R.R. Martín.

Advertencias:

Insinuaciomes sexuales. Slash.


Mutuo.

Pareja:

(Jaime/Robb)

Jaime conocía lo que era el amor. Era eso que sentía por Cersei.

Jaime conocía lo que era el deseo y la ávida lujuria. Era eso que también sentía por Cersei.

Lo que desconocía y confundía y por tanto aborrecía era sentir algo que no era normal, al menos desde su perspectiva, cuando vislumbraba al Rey en el Norte, o para él, el Rey en Pañales pasearse por ahí con una mona corona de bronce en la cabeza, oprimiendo esos rizos rojizos que tanto se moría por retorcer.

Y quizás lo que más le encendía era esa mirada azul, confundida y a la vez decidida, con vestigios de pireza e inocencia que Cersei ni en sueños volvería a poseer.

Se pasaba las noches tratando de recordarse que su hermana era la única, pero cada vez que cerraba los ojos en su pútrida celda le era imposible no imaginarse a Robb Stark debajo de su cuerpo, gimiendo cómo estaba seguro, sólo él podría lograr hacerlo.

Los bastardos de los Siete se encargaron de llevarlo a su lecho, o bien, a su celda y vió su fantasía retorcida volverse realidad. Con cada encuentro era capaz de saciar aquella inquietud insana y poco a poco la cálidez del Rey le aplacaba la ansiedad. Con cada encuentro en los que sus cuerpos se enloquecían entre morbosos y abrumadores orgasmos, era capaz de sentir algo que no lograba entender. Algo que estaba seguro que compartía con el monarca en pañales debido a esas largas miradas que le dedicaba mientras se vestía con sus regias pieles que le hacían parecer el hombre que en realidad aún no era. Unas miradas tendidas y enigmáticas, teñidas de un puro azul que le enloquecía a ratos, mientras le embestía sin paro ni tregua entre estremecedores placeres.

Su última noche, mientras su Rey se vestía y cómo siempre le miraba, sintió algo más. Cómo una inexplicable desesperanza. Cómo un desasociego exasperador. Cómo si algo le apretase el pecho y no le dejase respirar.

-Jaime...-Primera vez en todas sus movidas noches que no le llamaba "Matarreyes". El rubio le miró, perdiéndolo en sus esmeraldas que esa ocasión no relucían su usual arrogancia. Sino algo que también dejaron entrever los azules ojos del Rey.

-¿Qué?

-Te besaré...-Jaime no reaccionó hasta que una cálida boca cubrió sus labios y tiernamente besó su ser. Jaime no fue capaz de rechazarlo, sino que lo aferró y encendió aquel dulce contacto con fuego salvaje de caricias osadas. Al apartarse, sin embargo, tuvo un regusto amargo.

-Siento que esto es una jodida despedida, Robb...-El Rey en el Norte se apartó de él, dejando su mano par el último, disfrutando de esa cálidez unos últimos momentos, antes de observarle de nuevo.

Observarle y sonreír.

-Adiós Jaime...

Se fue antes de dejarle despedirse también.

Aquella noche no pudo dormir. Al día siguiente tampoco y antes de caerse de borracho por un vino viejo que lady Catelyn dejó cordialmente para él, la pelirroja llegó y le dejó marcharse en compañía de una vaca de ojos azules, necia cómo una mula y tan rubia cómo los jodidos dragones.

Pensó muchas noches en volver a ver esos ojos azules y ese rostro cálido que por breves tiempos amó y le amaron. Y su sentir hubo desaparecido la tarde en la que uno de los campesinos que se encontraron por el camino, le dijo, tanto a él cómo a la moza que el Rey en el Norte había muerto y la cabeza de Viento Gris había sido cosida al cuerpo que alguna vez, él llegó a amar.

Críticas y escupitajos, en el botón azul.