¡Y aquí está el segundo capítulo! He de decir que me ha costado bastante escribirlo, las pérdidas de inspiración fueron constantes y llegue a pensar que no lo acabaría nunca… Pero aquí estamos, y la verdad es que estoy bastante contenta con el resultado. Espero que vosotros también lo estéis y que me dejéis alguna review con vuestra opinión.

Todos los personajes que aparecen, así como la historia original pertenecen a Dreamworks.

Capitulo 2- Una gran semana

Quizá fuera por la promesa que le había hecho su madre de ayudarlo con sus tareas por las mañanas, pero para Hipo el día fue más tranquilo que de costumbre. Apartar el árbol del rio no le llevo ni cinco minutos, puesto que era un pino joven que algún dragón (Hipo sospechaba que Vomito y Eructo) había arrancado de raíz. Los yaks de Cubo habían decidido volver a casa por propio pie, por lo que lo único que tuvo que hacer fue echarle una mano a reforzar el corral. No había pasado ni media hora cuando Abono llegó para relevarle, y aunque Hipo insistió en quedarse prácticamente lo obligaron a irse de allí.

Con toda la mañana libre, Hipo decidió adelantar algo del trabajo de la tarde, así que se acercó hasta la pasarela dañada para supervisar las obras. Sorprendentemente, y a pesar de que literalmente los gemelos habían destrozado por completo la estructura, la pasarela estaba ya casi terminada. Bocón, que ejercía como capataz, se acercó a él a lomos de Gruñón, su enorme dragón.

-Veo que ya casi habéis acabado-le sonrió Hipo según le vio acercarse. No podía creerse lo bien que estaba yendo su día.

-Así es. Gracias a Thor los tablones que sujetaban la estructura al acantilado han salido ilesos, por lo que la reconstrucción ha sido más fácil de lo que esperábamos.

-¡Eso es una gran noticia! Estaba preocupado por si Johann llegaba antes de que terminásemos, pero visto lo visto en un par de días volverá a estar operativa. Eso sí, siempre y cuando los gemelos no decidan destrozarla otra vez…-cosa que era muy probable, pues ya los había visto merodear por la zona.

-Ya habíamos pensado en eso-dijo Bocón con ese aire de autosuficiencia tan común en él- Por eso hemos decidido reforzar la base de la pasarela y los principales pilares con hierro Gronckle. Así, en el caso de que esos dos demonios decidan volver a cebarse con el puerto la reconstrucción será más sencilla. Espero que no te moleste que lo hayamos hecho sin consultarte, pero el tiempo apremia.

-Para nada, de hecho me parece más que perfecto-lo decía de verdad, eran pocas las veces que la retorcida mente de Bocón daba alguna idea, pero cuando lo hacia solían ser brillantes- ¿Necesitáis algo de ayuda?

-Aquí no, con lo que nos falta podemos solos. Pero con las obras las reservas de madera han bajado mucho, deberías ir a visitar a los leñadores, ellos sí que pueden necesitar ayuda.

-Me pasaré por allí. Si tenéis algún problema…

-Te llamamos-terminó Bocón por el- No te preocupes. Anda, vete ya.

Desde la muerte de Estoico, Bocón se había convertido en (casi) un padre para Hipo. No en vano, el anterior jefe y él habían sido mejores amigos desde niños. Así que en los momentos en los que estaba perdido, o no sabía qué hacer, Hipo recurría a él, y siempre sabía lo que su padre hubiera hecho en su lugar. Y cuando lo echaba especialmente de menos, lo invitaba a cenar y el tullido le relataba todos los líos en los que se metían ambos cuando eran jóvenes, y por un momento parecía tenerlo más cerca.

El sonido de las hachas sacó a Hipo de su ensimismamiento. Hizo aterrizar a Desdentao en una de las muchas plataformas especialmente diseñada para eso y que ya invadían toda la isla, desmontó, y se dirigió a Harald, el enorme jefe de los leñadores.

-Buenos días Hipo ¿Qué te trae por aquí?

-Bueno, Bocón me comentó que la aldea estaba escasa de madera, así que me he acercado a ayudar.

-Oh, no hace falta, vamos bastante rápido, en realidad.

-Aún así nos quedaremos.-insistió Hipo-Entre Desdentao y yo adelantaremos mucho trabajo.-Y sin dejar a Harald replicar montó de nuevo y se dirigió al bosque.

Para la hora de comer Hipo y Desdentao habían conseguido talar 30 árboles, y ayudado a hacer leños a 12 de ellos. Se despidió de Harald (que no tenía palabras para agradecerle la ayuda) y se dirigió a la aldea, buscando a Astrid con la intención de comer con ella. La idea se le había ocurrido mientras terminaba de talar el último árbol, e inmediatamente mandó un Terror Terrible (el servicio de correo de Mema por excelencia) a su madre, rogándole que les preparara un pequeño "picnic". No habían pasado diez minutos cuando Valka le había enviado de vuelta al pequeño dragón con una cesta enorme que este apenas podía cargar.

Después de varios minutos dando vueltas por el pueblo, encontró a la joven en los establos, alimentando a Tormenta. Se acercó sigilosamente y la agarró de la cintura, a la vez que le daba un beso en la oreja.

-¡Por Odín Hipo!-exclamó dejando caer parte del contenido de la cesta que llevaba en las manos. Encaró a Hipo con cara de malas pulgas- ¡Como me vuelvas a asustar así te juro que te arranco la cab…-No pudo acabar la frase, pues Hipo le había agarrado por la cintura para acercarla a ella y plantarle un beso en los labios. Astrid, con el enfado ya muy lejos, le paso una mano por el cuello y enredó la otra en los cabellos del chico, devolviéndole el beso con pasión. Estuvieron así varios minutos, hasta que Desdentao y Tormenta decidieron que ya era suficiente y los separaron de dos coletazos. Ambos chicos rieron, aun abrazados.

-Vaya, veo que ha vuelto el Hipo de siempre…-le dijo Astrid seductoramente mientras le apartaba los cabellos de la cara.- ¿A qué se debe este inesperado regreso?

-¿Es que acaso no puedo pasar tiempo con la joven más hermosa de la aldea, que casualmente es mi prometida?- y la arrimó más hacia él. Ambos se fundieron en otro beso, aunque esta vez fue Hipo el que se separó para preguntar:

-¿Qué me contestará esta bella dama si le pido que venga a comer conmigo?

Astrid no dijo nada, solo subió a Tormenta y le dirigió una mirada que a las claras significaba "Píllame si puedes"


Bien sabe Thor que a Hipo se le pasó la semana volando. Su madre no solo le sustituía por las mañanas, si no que le adelantaba trabajo, dejándole las tardes prácticamente libres. Había podido dormir varias horas, como bien se notaba en sus ahora casi invisibles ojeras, había pasado mucho tiempo con Astrid (incluso habían planeado algunos detalles de su boda) y incluso le había dedicado un rato a sus inventos. Pero hoy, su última noche de libertad, había decidido dedicarla a hacer algo que le encantaba y que apenas había podido hacer desde que Estoico murió. Volar.

-Bueno campeón-Desdentao levantó las orejas como un gatito. Sabía que se dirigía a él.- ¿Qué te parece si vamos a comprobar si la Isla Sobaco Pegajoso sigue en su sitio o la han movido de allí?-rió Hipo. La respuesta del dragón no se hizo esperar. Saltó a la ventana y movió el cuerpo con impaciencia.-Está bien, está bien… Ya voy amigo.

Volaron durante tantas horas que antes de que se dieran cuenta ya estaba empezando a amanecer. Pararon en una isla a la que años atrás habían bautizado como Cuerno de Heimdall a beber algo y reponer fuerzas, pues la noche al aire libre había dejado a dragón y jinete para el arrastre. Estaban aplaciblemente tumbados en una arboleda cuando a Hipo le pareció oír algo.

-¿Oíste eso campeón?-Pues claro que no, Desdentao se había quedado dormido poco después de tomar tierra, y sus estruendosos ronquidos lo demostraban.-Bueno, pues supongo que tendré que ir yo solo a ver qué pasa.

El sonido le había parecido que venía de detrás de los arbustos que tenía a su izquierda, así que los apartó y lo que vio lo dejo sin aliento. Estaba al borde de un acantilado, y en el mar, recortada contra el horizonte, estaba la armada más grande que Hipo había visto en su vida. Había al menos mil doscientos barcos de guerra y varias naves de abastecimiento, además de que podía ver varios dragones atados con cadenas a los mástiles. Con una ligera sospecha de quien comandaba los barcos, tomó su catalejo de largo alcance y lo que vio confirmó sus peores miedos. Efectivamente, era Dagur y su ejército de Energúmenos. El chico no entendía nada, estaban a varios días de su isla, aunque parecían ir en dirección a ella… Intentó buscar el barco más grande y engalanado, que en teoría era el buque insignia en el que viajaba el capitán. Allí pudo ver a Dagur, hablando con un hombre que estaba de espaldas a él. La silueta le sonaba, pero no sabía de qué. Hasta que se dio la vuelta, y a Hipo se le fue el color de la cara. Era Drago Puño Sangriento, el hombre que había matado a su padre. Ahora no cabía duda. Iban a por él.

¡Y ahora sí, comienza la acción! En estos dos capítulos he querido enseñar cómo le iba a Hipo como jefe pero es realmente ahora cuando comienza la historia propiamente dicha. Como nota quería decir que la escena Hiccstrid es mi parte favorita del capítulo, soy demasiado fan de esta pareja como para no disfrutar como una enana escribiéndola