delirios de reencuentro

CAPITULO III


Había llegado al aeropuerto hacia unas dos horas, y en el transcurso de aquellas y tras hacer los tramites correspondientes, se dio cuenta de algo que derrumbo por un momento todos sus planes…

No tenía ni la menor idea de por donde comenzar a buscar.

Pero el derrumbe solo duro poco tiempo, ya que su mente a base de sus deseos por encontrar a kagome, comenzó a trabajar a marcha forzada y encontró una solución.

Solo esperaba que su servicio de roaming estuviera en completo funcionamiento, por que necesitaba llamar a alguien urgentemente.

Sus dedos estaban helados, hacía un frió de los mil demonios y no quería entrar al aeropuerto, esta aparado afuera de las puertas principales de ingreso con su maleta a un costado, con porte gallardo acentuado por su abrigo, mientras sostenía su móvil a la altura de su oreja mientras ejecutaba el primer paso del plan.

Investigar donde vive kagome.

Los tonos del teléfono comenzaban a exasperarlo más de la cuenta, y su, como siempre, inútil hermano no se dignaba a contestar el teléfono.

Probablemente este haciendo lo de siempre cada fin de semana, después de todo allá son las 12 de la madrugada.- pensó con resignación y un gruñido en sus labios.

- que bueno que llegaste vivo- se escucho desde el teléfono la voz de su hermano menor, había estado demasiado ensimismado para notarlo.

- Para tu desgracia así fue.- respondió con humor

- Bueno ahora que lo sé, hablamos mas tarde cuando la traigas de vuelta ¿de acuerdo?

- Inuyasha…- sesshoumaru dijo con un tono totalmente neutro pero…

- Odio cuando ocupas ese tono¿que quieres sesshoumaru?, por que estoy ocupado con una señorita y no puedo dejarlo para más tarde.-respondió en un tono de voz bajo para que su compañera no escuchara.

- Bueno, entonces tendré que pedírselo a otra persona, ya que mi hermano pequeño no me quiere ayudar y…

- Esta bien¡que demonios quieres!- respondió resignado, su hermano siempre hacia que quedara con cargo de conciencia, y simplemente no podía vivir en paz consigo mismo si eso ocurría.

- Necesito que vallas a mi casa y busques en mi armario una caja de madera, la misma que contiene a tenseiga, tu sabes, la espada de papá, dentro hay unas cartas de kagome, necesito que revises el remitente y me digas la dirección.

-Un por favor estaría bien…

- Será mejor que no te atrevas a leer alguna por que juro que no sobrevivirás a mi regreso para volver a ver a la señorita de hoy.

- De todas maneras no pensaba en hacerlo sesshy

- Solo hazlo inútil

- Me encanta tu amor fraternal, igual de nítido que el agua, no puedo creer que hayas ido hasta allá sin tener idea de donde vive.

- No te interesa, solo hazlo, y ahora, por que es urgente.

- Como ordene señor¿no quiere un vodka también?

- Inuyasha- dijo en un susurro

- ¿Con hielo?

- Gracias…

- No hay de que, te llamo en 20 minutos.

La comunicación se corto.

Su hermano de vez en cuando y en muy contadas ocasiones lo ayudaba, tenia pésima voluntad, pero cabía duda de que lo quería, no sabia que sería sin su hermano, probablemente llevaría una vida muy aburrida, y no tendría con quien peliar.

Espero que InuYasha no lea esas cartas…- se dijo a si mismo mientras metía sus manos en los bolsillos de aquel abrigo negro.

Estaba comenzando a correr viento y de vez en cuando las nubes dejaban ver un sol pálido, que no entregaba ningún calor al ambiente.

Sus cabellos negros, siempre ordenados, se encontraban levemente enmarañados por el viento y comenzaba a creer que no era buena idea estar en aquel lugar, con aquellas intenciones, buscando a esa persona.

Talvez ella no quiere volver, talvez encontró a alguien mas, talvez no me reconocerá, talvez…nunca me perdonó- esas eran la clase de pensamientos y razones que desconcertaban al apuesto hombre, y lo hacían dudar de su objetivo.

No es momento de acobardarse- volvió a pensar en ello mientras se sentaba en una de las bancas cercanas a la entrada del aeropuerto a esperar la llamada de InuYasha.

Tendría que sacar un lápiz y un papel.

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Sesshoumaru lo había dejado con una gran misión y una gran advertencia también.

"busca las cartas y no las leas!"- pensó el joven ojidorado, mientras despedía a la que iba a ser su compañera nocturna.

las cosas que debo hacer por ti mi hermano – pensó

Cerró la puerta de su departamento mientras se recostaba en ella, miro a la distancia su chaqueta en uno de los brazos del sillón, y se dirigió hasta ella para tomarla, metió una de sus manos a un bolsillo de está y saco de ella lo que buscaba…las llaves de su moto.

Estaba obligado a ocuparla, ya que su auto estaba en la misma casa a la que se dirigía ahora.

Recordaba haberlo dejado ahí después de una borrachera, un sesshoumaru enfadado y una kaede muy preocupada.

La misión que se le encomendó no era difícil, todo lo contrarió y tampoco quería leer aquellas cartas por miedo a lo que pudiera descubrir, sabia que estaba mal, que era la mujer que su hermano quería y su mejor amiga, kagome había sido la mejor amiga de ambos desde que los presentaron en una reunión familiar a la que sus padres invitaron a la familia higurashi, amigos de la infancia de sus progenitores, y ahí fue cuando todo comenzó.

Ella tenía 16 años, el tenia 19 y sesshoumaru ya contaba con 20, la atracción fue indiscutible entre ellos, pero la química entre ella y sesshoumaru era aun mayor, su hermano no solía hablar mucho con mujeres, mucho menos con "niñas", pero con ella todo fue diferente, a pesar de sus intentos de conquista, ella era increíblemente difícil, he increíblemente hermosa, y así como se daba cuenta de que la chiquilla aquella de ojos marrón y azabaches cabellos lo estaba encantando, se daba cuanta de que su hermano la comenzaba a ver como más que una simple amiga, y siempre fue así.

Con el dolor de su alma y orgullo, se hizo a un lado, pero cual fue su decepción al notar que sesshoumaru no hacía nada para acercarse de otra manera a kagome, y así es como se encuentra hoy en aquella situación, buscándola para poder decirle lo que tanto deseaba ser escuchado por ella.

Monto en su motocicleta, con su chaqueta ya puesta, se colocó el casco sobre sus alborotados cabellos negros y bajo el visor, la puso en marcha y se dirigió raudo a su destino.

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Inuyasha se estaba demorando, necesitaba esa dirección o moriría de los nervios.

Iba montado en un taxi, había decidido ir a buscar alojamiento en caso de que su búsqueda demorara más del día con que contaba, y por motivos obvios necesitaba un hotel.

Había comenzado a llover y la cuidad en la que se encontraba parecía mas alumbrada y activa que antes, la lluvia había actuado como un aliciente a la actividad, y la gente que veía a través de la ventanilla del automóvil parecía disfrutar de aquella humedad.

Su celular había comenzado a vibrar…

Metió su mano al bolsillo de su pantalón y sacó de el, él tan indispensable objeto, lo miró por unos segundos leyendo en la pantalla el nombre esperado, dudando de contestar, por miedo e inseguridad…pero aún así lo hizo.

-¿diga?

-La tengo, anota.-dijo inuyasha con rapidez, estaba nervioso y el lo notó.

Sesshouamru introdujo su mano desocupada en uno de los bolsillos de su abrigo y saco de el una libreta de mano y un bolígrafo.

-esta bien, díctame.

Inuyasha con voz lenta y calmada, nombro la direccion de kagome y con ello renunció totalmente a ella.

-gracias inuyasha, prometo que te compensare de alguna manera.

-Esta bien, tomare tu palabra, pero te juro que si no vuelves con ella, lo lamentarás.

-No se que te dio por ponerte violento, pero así espero que sea.- pronuncio esbozando una sonrisa tras el teléfono.

-No dudes- dijo cortante inuyasha-

La comunicación se corto nuevamente¿Qué le daba a inuyasha ahora por colgarle?.

"no dudes", se repetía en su mente aquella advertencia, o consejo, era difícil saberlo, pero lo que si sabía con certeza era que la tomaría al pie de la letra, sería mejor que le dijera al conductor que cambiara en rumbo, si no iba ahora, no iría después.

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Se había puesto unos jeans pitillos dentro de unas botas marrón sin tacón y un sweater de hilo blanco, se había lavado el cabello y sus ondas se hacían más notorias por la humedad del ambiente, estaba lloviendo y mientras se sentaba en un balcón techado de su departamento miraba inquieta desde su ventana que era recorrida incesantemente por gotas de lluvia hacia la calle empapada llena de transeúntes.

Tenía un tazón humeante de café entre sus manos y su chimenea estaba encendida.

En días como esos es que agradecía que su madre hubiera escogido el departamento de aquel último piso, que también comprendía la azotea, por esa misma razón ella disponía de una chimenea que antes formaba parte de una vieja recepción, hecha de cobre y piedras.

Mientras miraba fijamente hacia abajo ahora afirmada contra el gran ventanal aún con la taza entre sus manos recordó sus temores, los que la habían rondado desde hace unos días y había terminado por asediarla el día anterior, tanto que no la dejaron partir hacia su hogar.

Un sonido la saco de sus pensamientos bruscamente. Era el teléfono

Se dirigió a la sala y cogió el teléfono, tomo nota mental de cambiarle el sonido tan estridente que poseía.

-¿Alo?

-¡Kagome¿a que no adivinas qué?

- ¿ayame?- kagome aún estaba reticente a pensar con tanto griterío de su pelirroja amiga desde el otro lado del auricular.

- ¡Kouga me invito a salir¡¿Lo puedes creer¡Por fin lo hizo!

- ¿kouga?, ah si, aquel muchacho de medicina ¿verdad?

- él mismo, amiga soy tan feliz- exclamab una notablemente alegre ayame.

- te felicito ayame, espero que todo salga bien.- decía con alegría fingida

- ¿kagome, qué ocurre?

- nada solo estaba recordando lo de ayer, tu sabes.- dijo para dar un sorbo a su café.

- kagome no te preocupes, todo saldrá bien, y estoy segura que superarás todos esos entupidos miedos, y talvez la solución esté al abrir tu puerta, uno nunca sabe.

- daría lo que fuera por que las cosas fueran así de fáciles- respondió kagome dando un suspiro de pesadez.

- estoy segura de ello.

- ayame yo…-

Estaban tocando a su puerta

- espera, están tocando, te llamo más tarde, y me cuentas como te fue con tu cita¿eh?

- Como digas¡suerte! Adios.

- Adios

¿Suerte?, que extraña es Ayame- pensó

Se dirigió a paso lento hacia la puerta que tocaban insistentemente, tomo un sorbo de café y abrió la puerta.

-¿señorita higurashi?

- Si, dígame- decía amablemente Kagome a un hombrecillo de baja estatura y de edad, con el uniforme del personal del edificio y apariencia afable.

- Su correspondencia.- dijo este extendiéndole un pequeño manojo de cartas.

- Muchas gracias- dijo sosteniendo aquellas cartas entre sus manos mientras le daba un vistazo a la carta superior, la más visible.

- Con su permiso, que tenga un buen día – dicho esto el hombrecillo levanto su gorra a modo de despedida y se retiro del lugar.

Kagome solo asintió y cerró la puerta dándole un golpe con su cadera, dejo las cartas en la mesita del recibidor mientras se volvía a dirigir hacia la ventana cuando volvió a sentir el timbre.

Probablemente aquel señor olvido algo- pensó la azabache.

Volvió su camino mientras daba un sorbo a su café para dirigirse a la puerta.

Lo que encontró tras ella le dejo pasmada, la taza que contenía su café rodó por el suelo derramando su contenido en la alfombra color crema, el mismo color de sus pantalones.

Se le quedo observando con la boca abierta de la impresión y saltó a sus brazos.

Le era imposible no reconocerlo, era de las personas que jamás olvidaría en su vida.

Su abrazo fue correspondido con ansias.

- ¿Sorpresa?- susurro su voz en su oído causando que un escalofrió recorriera su espalda.

Ahora comprendía lo que le dijo ayame

Claro que si…sesshoumaru- respondió con otro susurro mientras se colgaba más del cuello de aquel individuo de largos cabellos negros y ojos dorados.


Muchas gracias a sole y a meli! me han dado muchos animos! espero que les halla gustado este capitulo... XD se me cortaba la inspiracion a ratos, y volvia a ratos ¬¬, es demasiado caprichosa.

muchos saludos y espero que sigan disfrutando de esta fic!

si solo lo leiste...dale al botoncito de GO! abajo sii?? XD

atte: citus