Capitulo 3: Run.
By Nick.
Una patrulla a alta velocidad me perseguía justo por la 99, atravesando el desierto al tope del velocímetro.
Los veía por el retrovisor, tontos…
Mi Triumph estaba perfecta, le había hecho cambios recientemente e iba sencillamente perfecta, sería fácil deshacerme de estos idiotas.
Iba perdido en mi mar de pensamientos y en las sirena de la ruidosa patrulla, que no me di cuenta que había otras dos obstruyéndome el paso justo en frente, a tan sólo unos metros de mi trayectoria, frené en seco, tenía que pensar en algo rápido antes de que fuera demasiado tarde.
Observé a mis costados en el poco tiempo que me quedaba y encontré un camino de tierra semi oculto que se conectaba a la carretera. Me encontraba acorralado, tenía que llegar a la ciudad a como fuera. Tomé aquella ruta de escape improvisada de inmediato, acelerando de nuevo, el camino estaba en mal estado pero creo que me sería más fácil andar por ella que a los imbéciles de azul.
-¡Se escapa! –Fue lo último que escuche de ellos antes de que empezaran a perseguirme de nuevo. Idiotas, sus autos perdieron velocidad tratando de esquivar los obstáculos de la carretera llena de tierra y arena, y yo… yo simplemente corrí.
Después de un par de kilómetros de ventaja y de camino, divisé un pequeño pueblo, me dirigí hasta él a toda velocidad, y salí por una lateral sin problema alguno. Me sorprendía cómo había podido manejar el terreno pedregoso y lleno de arena cada vez con mayor facilidad.
Era un típico pueblo americano, solitario, polvoso, caliente… El típico pueblo abandonado por Dios. Por fortuna, ahora que necesitaba una gasolinera, sin problemas la encontré. Mientras cargaba el tanque, saqué mi teléfono y abrí el GPS.
-A ver a ver... Porquería… oh, genial –Estaba cerca, a una hora si me apuraba, pero no podía tomar la 99 así que tenia que tomar las antiguas carreteras para poder llegar.– Excelente.
Guardé mi teléfono en mi bolsillo delantero del pantalón, me puse el casco de nuevo, quité el dispensador del tanque que ya marcaba full y continué antes de la policía llegara.
Mis cálculos –como siempre- no fallaron, y llegue a la ciudad en un rato.
Era bastante grande, era fácil esconderse, me quité el casco y me relaje tomando un largo respiro del contaminado aire de la ciudad mientras esperaba la luz verde del semáforo. Había sido un día duro y mi cuerpo estaba resintiéndolo. Me puse la protección de nuevo y continué hasta el centro, ya iba a anochecer y el tráfico era horrible así que empecé a utilizar mis atajos.
Callejones, calles, callejones, avenidas… así me movía cuando debía ser precavido y hoy era necesario, no quería acabar la noche en una celda y siendo investigado de todos mis pecados. Llegue a mi destino final justo cuando el último rayo de sol se oculto en el horizonte.
Apagué el motor y bajé en ese sucio callejón, dejé el casco y gire a todos lados esperando ver algún entrometido. Por fortuna, no había nada.
Me acerqué a una puerta de acero de 1.5 metros de ancho, y la subí abriéndola en silencio y con un cuidado casi quirúrgico. Sin perder tiempo metí la motocicleta en espectral silencio y cerré con la misma delicadeza.
Suspiré, era un cuartucho pequeño, con una cama, un baño y una cocina que yo mismo había improvisado con el tiempo; me saqué la chaqueta, aquel trozo de tela desgastado que tanto amaba y me senté en la cama un rato, descansando. Pasados apenas unos minutos tomé el móvil de mi bolsillo y decidí llamar a mi colega.
-Las tengo, si estoy a salvo, en casa, iré en un rato, prepara la bodega y llámale al cliente… vale, ahí te veo. –Colgué, no era de muchas palabras y mucho menos de escucharlas.
Me puse en pie con pereza y me dirigí a la motocicleta, observando el paquete que traía amarrado en la parte de atrás, todo estaba intacto.
Estiré el cuerpo, me puse una sudadera encima y volví a salir, ésta vez cargando una mochila –donde traía mi "encargo"- y sin la motocicleta, no iba arriesgarme a ser localizado, tendría que mantener un bajo perfil unos días.
Empecé mi camino, debo admitir que era una ciudad bella incluso en lo más oscuro de la noche, las luces lo pintaban todo de diferentes y hermosos colores que, debía ser honesto, me alegraban un poco. Tiendas con lo último en moda, joyería y restaurantes carísimos.
No me gustaba ninguno de esos lugares pero, sin duda, reconocía algunas marcas…
Bajé por toda la avenida, y me metí a los callejones hispanos, no sabía casi nada de español pero la gente de por ahí ya me conocía, eran buenos cocinando y la mayoría hablaba inglés, así que nos entendíamos bastante bien.
Doblé en una esquina y me detuve ahí, toqué la única puerta que estaba en esa acera ya que era un solo edificio. Escuche los ruidos de los pasamanos de quien se iba acercando y los seguros al abrirse la puerta, entré.
-Jefe… -Un flacucho mucho más joven que yo, tendría unos veinte años, me recibió. Crucé la puerta con calma, sólo había unos cuantos así que me lo tomé a la ligera y fui por una cerveza fría.
-¿Hiciste lo que te pedí? –No me molesté ni en voltear a ver a mi interlocutor, bebí un largo trago.
El muchacho asintió efusivamente, justo cuando se abrió la puerta del salón de reunión, ahí estaba ella: La chica que arrancaba suspiros –y pelotas- desde que llegó.
-Jefazo, no podía dejar que el novato hiciera el trabajo solo –Sonrió con malicia- Tráelas.
Me adentré en el lugar y deje la mochila en la enorme mesa de roble barnizado fina y pulcramente, en el centro de aquel pequeño templo donde las decisiones importantes se tomaban.
-¿Tuviste problemas en el camino? –Preguntó la chica con una curiosidad estremecedora, mientras abría la mochila.
-Nada importante, unos imbéciles policías solamente, pero todo bien –Las saqué, una por una con cuidado; tres armas automáticas de bajo calibre con sus respectivos cartuchos– Es lo que encontré, es algo… simple.
-Jodidos americanos, siempre dándole valor a pequeñeces como esta –Rió con graciosa ironía.
-Te estás quejando de los americanos de nuevo… admítelo, desde que llegaste hace 2 años estás encantada con ellos –Sonreí malicioso, mirándola con una ceja enarcada y de reojo.
La verdad era que esa chica y yo teníamos tanto pasado juntos que en cuanto la muy astuta me encontró no la pude dejar ir de nuevo, además de que ella no quería. Se volvió mi brazo derecho… de nuevo.
-América me gusta, debo admitirlo, pero para estas cosas son muy idiotas –Se sentó frente a mi– Les falta, no sé, inteligencia.
-Dinero es dinero, esa es la regla, para qué las usen no es problema nuestro –Sentándome en la silla "presidencial", aquel gran asiento en la punta de mi bonita y preciada mesa.
-Sí, jefe. Rat, ¿crees que puedes guardar esto en la bodega sin joderla? –Sonrió enorme y maliciosamente– Al paso que vas jamás podrás ser uno de nosotros, ¡todo lo jodes!
El muchacho tembloroso tomó las armas y asintió, me caía bastante bien el novato, debía decir, tenía cierta inocencia que resultaba refrescantemente graciosa.
-Anda, ve –Le dije tranquilo y el muchacho enseguida salió- ¿Por qué siempre tienes que ser tan mala? Hasta te pareces a mí –Empecé a reír.
-Aprendí del mejor, además, el niño necesita que lo endurezcan, y no me refiero a lo que tiene en los pantalones -Soltó la risotada descara y burlona– Es divertido.
-¿Algo paso mientras me fui? –Tomé mi vaso nuevamente, jugándolo entre mis dedos mientras la observaba a detalle examinando cada uno de sus gestos, mientras bebía un largo trago de mi bebida.
-Nada importante, hicimos la entrega local y me encargué de la que va directo a Alemania; todo tranquilo hasta ahora –Un día de trabajo cualquiera más, así de simple, se encogió de hombros.
-¿Y por allá? –La miré fijamente a los ojos, los suyos se conectaron con los míos en cuestión de segundos- ¿alguna novedad?
Negó con la cabeza, seriamente
–Black tiene todo controlado.
-Excelente –Ah jodidos recuerdos, sacudí la cabeza brevemente, con solo pensar en Alemania mi presión aumentaba, había tantas cosas allá… tantas, y yo había dejado todo de lado.
-¿Extrañas allá? –Me preguntó, tan inoportuna como siempre, no era ninguna tonta, vio mi rostro ensombrecerse, de seguro.
-¿Tu? -Devolviendo la pregunta, contraatacar era la mejor defensiva.
-Yo no tengo nada allá más que dolor, nada que pueda extrañar realmente, pero tú... –Mi gesto se endureció, negué con la cabeza una sola y brusca vez.
-Nada, Richelle. Nada. –Tragué saliva, sabía que ella y yo estábamos pensando exactamente en lo mismo- El pasado está muerto.
By Bill.
Han pasado un par de días desde que Derek, Alex y yo nos encontramos en su oficina. Derek no se ha apartado de mí ni un segundo, no ha tratado de insistir en que regresemos a Alemania pero sé que ha estado a punto.
-¿Comerás algo? –Me preguntó desde la sala, atragantándose con una pizza de una forma asquerosa, pero varonilmente asquerosa.
-No tengo hambre –Caminaba por la habitación, nervioso, de un lado a otro.
-¿No tienes hambre? –Él empezó a reír, sus risas no me hicieron ninguna gracia, lo prefería mejor con la boca llena de grasoso queso– Esto es histórico.
-No me jodas ahorita, ¿quieres? –Murmuré en un gruñido, casi, fulminándolo con la mirada.
-Es la primera vez en años que no tienes hambre, Bill… -Se estaba riendo, el muy cabrón, joder, se estaba burlando.
-¡Estoy esperando la llamada! ¿Ok? Así que relájate y no me estés jodiendo las pelotas Sparky, o te las verás conmigo luego –Lo amenacé, en un tono que probablemente no sonó a la princesa diva del rock y la ropa extravagante que él conocía.
El enarcó una ceja de inmediato– Que… sexy… -Se levantó dejando la pizza por un momento y se acercó a mí, sus brazos ya amenazaban con sujetarme pero no estaba para esos juegos– Me gusta cuando me amenazas…
-Aléjate, perdedor, no estoy de humor para…nada –Advertí sonriente, nadie me tomaría en serio con una sonrisa como la que tenía en ese momento, debía admitir que siempre que se ponía así algo en mi interior se retorcía como loco.
-Vamos, sé cómo relajarte Kaulitz, me gusta cuando te pones así de… -Dejó salir de sus labios un gruñido muy felino, y me guiñó el ojo. Tome una de las almohadas como arma, dando un paso hacia atrás.
-Te lo advierto… -Sin decir agua va, se me fue encima y empecé a golpearlo sucesivamente por todo el cuerpo, recorriendo el cuarto entre que se alejaba y yo iba tras de él. Tal cual niños.
Él no tardó en defenderse con su propia arma, e inicio la guerra.
-¡Auxilio! ¡Me atacan! –Casi grité en medio de la risa loca que se me había desatado, esa risa ruidosa y peculiar que encontraba a veces bastante irritante, incluso para ser mi propia risa.
No me di cuenta que retrocedía y tropecé con una mesa de café, cayendo de inmediato al suelo. Sparky no tardo en aprisionarme quedándose sobre mí, el muy aprovechado.
–¡No te salvaras de ésta!
-¡ARGHHHHH! -Forcejeando entre risas, me tomó de las muñecas y me inmovilizó hábilmente las manos.
-Ahora pagarás… -Sonrió con maldad pura en su gesto y sin dudarlo se inclinó a besarme el cuello.
-Derek… -Estaba erizándome, completito, nada bueno venía de algo así –De-detente…
Pero no lo hizo, apretó mas sus manos alrededor de mis muñecas, aquellas mismas cuyas cicatrices eran casi imperceptibles ahora, me había sometido a varios tratamientos y logré reducirlas mas no desaparecerlas. Era incluso más difícil que quitar un tatuaje, y más doloroso.
-No más desplantes, Kaulitz…. –Se fue acercando hacia mi rostro, sentía su respiración contra la mía cuando sin titubeos me mordió el labio suavemente– Me estas volviendo loco.
-Ya te dije que tienes la libertad de hacer lo que quieras con quien quieras, no te vuelvas loco. –No quería ceder, no podía ceder.
-Entonces, cállate ya –Me besó de manera impulsiva, brusco, incluso agresivo, pero luego de unos cuantos segundos lo suavizó poco a poco.
Lo respondí de inmediato, creo que estaba ya un poco necesitado de ese tipo de atención porque, con el jugueteo de sus manos apresando firme y posesivamente mis muñecas, y su boca succionando mi labio inferior dentro, mi cuerpo empezó a reaccionar de inmediato.
Solté un gemido de satisfacción… si, mucha.
Me derretí en cuanto me paso las manos bajo la playera acariciándome, rozando sus dedos estratégicamente y con toda la saña del mundo. El pecho, el abdomen… oh maldición, el pantalón, sin duda algo empezó a crecer debajo.
Estaba perdido ante su tacto, sumiso ante su control que cuando de pronto mi celular empezó a sonar, me costó reaccionar a la primera, pero cuando por fin identifiqué aquel irritante ruido lo aparté de un empujón, dejándolo tirado en el suelo con un muy probable problema urgente de atención, y fui por él cruzando el cuarto en dos largas zancadas.
-¿Por qué, señor? ¿Por qué? –Escuche a Derek decir tumbado en el suelo viendo al techo, bajoneado y frustrado. Era cómico, incluso su frustración me causó mucho placer.
-Cállate… ¡Alex! -Contesté entusiasmado– Si, aquí estoy. ¿Qué? ¿La computadora? Claro… si, lo checaré, muchas gracias –Colgué de nuevo. Busqué entre mi desorden de cómo mil cosas, mi laptop y me senté de piernas cruzadas en la cama con ella encima del espacio entre las mismas
Abrí el navegador, entré a mi correo y ahí estaba, lo ultimo en la investigación confidencial a la cual había llamado "búsqueda implacable de Tom". El nombre era infantil, pero de verdad que sería implacable.
Di clic para descargar el contenido y ahí estaba un archivo, que abrí de inmediato. No entendí en un principio, era una tabla donde se mostraba la información financiera y crediticia de Jörg, mi padre.
-¿Y esto qué? –Murmuré con frustración, bastante confundido, Derek me alcanzo y se recostó a mi lado.
-¿Qué pasa? ¿No es lo que esperabas? –Habó con un tono de satisfacción tan evidente que me cabreo de inmediato.
No entendía de qué se trataba, había una nota de Alex agregada al pie de página. "Verifica la ultima transacción, es todo lo que he podido conseguir, Bill, y recuerda… ¡no hables de esto con nadie!"
Me dirigí al final de la tabulación, ahí estaba, un pago de un boleto de Alemania a Nueva York y de ahí a Los Ángeles, en California, en Octubre de 2010. No había otro registro de una nueva compra de algún otro boleto de regreso ni a Nueva York, ni Alemania.
-¿Nueva York?- preguntó Derek leyendo la información, seguro intentando buscarle sentido igual que yo.- ¿Tu padre estuvo aquí?
Estaba procesando la información, así que tardé en responder, frunciendo el ceño muy marcado, releyendo la tabla una y otra vez.
-No… -Comencé, susurrando las palabras siguientes- él hizo la compra, no hay registro de que haya salido de Alemania ¿ves? Y estoy bastante seguro que él está en Stuttgart…
-¿eso quiere decir que…?- confundido
-Que la persona que utilizó ese boleto no fue mi padre. Fue Tom, el último destino de Tom fue Los Ángeles. -Sonreí enormemente, como un idiota. Al fin.
By Derek.
-A ver, Bill, ¿tienes idea de lo grande que es Los Ángeles? –Estaba tratando de hacerlo entrar en razón, pero sería más fácil enseñarle a bailar tango a un gato– Además, pudo pasarle mil cosas, tal vez ni esté ahí…
-Silencio Sparky, me protejo contra tu mala vibra ¿ok? –Hizo un gesto de protección tan, pero tan… gay– Digas lo que digas, hagas lo que hagas…iré, y ya lo sabes
¿Por qué era tan aferrado? Creo que esa era una de las razones que me encantaban de él, que era decidido, al grado de la obsesión quizá, pero siempre obtenía lo que quería, sin más. Pero había ocasiones como ésta en las que simplemente quería encerrarlo en un cuarto y golpearlo hasta que entrara en razón.
-Pudo mudarse, o morir, qué se yo –Ya estaba cansado de suplicarle, aunque creo que el mencionarle la posible muerte sólo lo hizo decidirse más aun.
-No está muerto… -Su expresión cambió de caprichosa a bastante seria y me miró fijamente a los ojos, interrumpiendo su acomodo de la maleta que mientras hablábamos había iniciado– Te prohíbo que lo digas de nuevo.
-¿Ahora me prohíbes? Por favor… -Lo miré arrogante desde el sillón, por mí mejor si Tom estaba muerto.- ¿Te digo qué va a pasar si por alguna razón encontramos al imbécil ese con vida?
-¿Qué? –No me prestaba mucha atención, me hablaba con desinterés volviendo a acomodar su ropa, entró al baño sacando sus cosas.
-Lo voy a matar yo mismo. –Amenacé, liberando a mi interno psicópata, estaba muy seguro de que sí lo haría.
-Claro, Terminator… empaca y deja de decir tonterías o perderemos el vuelo. –Tuve que obedecer, agarré lo poco que tenía, lo poco que alcancé a empacar cuando decidí a venir por mi caprichoso personal y lo metí sin ganas a la maleta.
Fuimos a recepción a hacer Check-out y tomamos un taxi que nos llevo directo al Aeropuerto, no hablamos mucho, en realidad todo el camino fue en silencio, Bill iba sumergido en sus pensamientos así que me puse a analizarlo.
Cuanto había cambiado, era definitivamente otro. Tanto físico como en actitud, el cambio era drástico. Recuerdo que después de su regreso la depresión volvió a consumirlo, pero ni su familia, ni sus amigos, ni yo lo dejamos abajo.
Aun tenia esas marcas en las manos, las llevaría por siempre, como recordatorio de lo que fue, de lo que sufrió.
Las superficiales se habían borrado, tanto de brazos como de piernas –a excepción de la mordida en la rodilla, tenia 4 marcas de los colmillos de aquel maldito perro que lastimó a mi Bill…- Pero las de las muñecas eran las peores, habían cambiado, habían desaparecido en gran parte junto con todo el sufrimiento de esa época… pero siempre quedaba algo de ellas.
Siempre, siempre quedarían huellas, residuos asquerosos de aquel pasado del que mi adorado tormento parecía no querer deshacerse por completo.
Igual como estamos ahora, buscando al responsable de Bill estuviera apunto de morir tantas veces.
Recuerdo haber jurado que lo mataría, que no lo permitiría de nuevo y aquí estoy, buscándolo junto con él y aun no entiendo bien el porqué.
Tal vez era mi tonta necesidad de estar con Bill pase lo que pase, sin importarme si su cariño y amor fuera para otra persona. Pero de algo estaba seguro, sería yo quien pusiera fin a todo esto, lo haría ver la verdad sin importar hasta dónde lleguemos, esto se acabaría pronto.
Llegamos al aeropuerto J.F Kennedy y fuimos a hacer lo reglamentario. Luego a esperar abordar, aun faltaban unas horas así que fuimos a un café a descansar un rato, seria un vuelo largo.
-Supongamos que él está vivo… -Me decidí y rompí con ese silencio sepulcral.- ¿Qué harás?
Noté como tragaba saliva y como su cuello se tensionaba, su vena en la sien palpitó visiblemente.
-No lo sé, tengo que saber tantas cosas… -Miraba al vaso de café como queriendo encontrar allí la respuesta a mi pregunta.
-¿Sabes que no dejaré que te haga daño de nuevo, no? Maldita sea, Bill, mírame –A regañadientes, pero eso hizo y esos ojos café claro suyos me mataban- ¿Lo sabes, no? –Él asintió.
-Necesito llegar al fin Derek, lamento no poder ser lo que tú esperabas que fuera, pero solo así podré ser lo que yo quiero –Su voz apenas era un susurro audible, uno muy dulce, casi torturado.
-¿Y qué es eso? –Enarqué una ceja, mirándolo de nuevo, después de un sorbo de café.
-Libre –El tono lastimero de su voz me dolió, y él sólo veía el gran tatuaje de su brazo izquierdo.
Suspiré, lo amaba. Solo podía estar ahí con el por esa razón, porque lo amo.
Después de un rato anunciaron nuestro vuelo…
"Pasajeros del vuelo 7856 con destino a Los Ángeles, California, favor de abordar por la puerta 6…"
-Vamos –Me levanté, ayudándolo con su maleta, caminamos en silencio hasta la puerta marcada y después de una revisión a los boletos por parte de la mujer con cara de pocos amigos de la aerolínea, subimos al avión.
Después de acomodarnos y abrocharnos los cinturones, en cuestión de minutos la gran ciudad de Nueva York fue quedando a nuestros pies.
Bill veía por la ventana, tal cual niño por primera vez en un avión, siempre era así y eso me mataba, veía con asombro la ciudad hacerse pequeña debajo de nosotros, sonreía un poco al darse cuenta que estábamos en las nubes, como si no se diera cuenta que yo vivía en las nubes estando con él.
-Gracias, Derek –Murmuró y yo sólo volteé a verlo, tenía toda mi atención, siempre– Y, gracias por aceptar venir conmigo.
Sonreí, sin decirle nada, las palabras no me salían de los labios.
Si supieras que eso no era lo único de lo que era capaz de hacer por ti Bill. Si tan sólo te dieras cuenta…
Pero la cruel verdad era que, entre más cerca nos encontrábamos de Los Ángeles, mas lejos me encontraba del amor de Bill.
