Discleimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer, pero la historia si y queda prohibida su reproducción total o parcial sin mi permiso

Parecía que el tiempo se había detenido, y en la mente del príncipe se llenaba con las peores imágenes que jamás hubiera imaginado, al cuerpo de su princesa, sin calor, sin rubor, sin vida... ¡NO!, eso no era cierto, era una blasfemia alguien la tenía cautiva, alguien la había raptado.

De repente...

-¿te atreves a levantarle la mano a la reina joven príncipe?-preguntó el rey a su espalda.

-no... Lo siento...-expresó el príncipe, ya acabado, abatido, resignado.

-entiendo tú dolor hijo, imagínate el mío es peor, pero prefiero que este en un mejor lugar que amenazada y sufriendo.-contestó la reina nuevamente entre sollozos.

-lo sé, pero... Ya no quiero nada... Quiero... Déjeme sólo...- suplico al momento que se daba la vuelta y se encaminada al palacio, eso nadie nunca lo había visto.

El príncipe era conocido y querido por su fuerza, su valentía, su justicia, su compasión, pero esto era diferente. La tensión se sentía en el lugar, y de repente como sí un balde de agua fría hubiera caído encima de todos los habitantes del pueblo y los reyes de Suiza, cayeron en la cuenta de que esto era el fin, un fin que nadie jamás hubiera pensado que llegaría a afectar el reino de Montepulciano. Pero en realidad no había nada que se pudiese hacer, la reina había prometido no decir una palabra del paradero o futuro de su hija, una promesa que iba a cumplir.

Todos regresaron a sus hogares sin expresar palabra alguna, en realidad no había mucho que decir, a lo único que esperaban era que la infelicidad, la tristeza y la ruina embargaran sus corazones, sus almas y su reino. Era el fin, de eso no había la menor duda. Sabían que había un momento para creer en los milagros o en la buena fortuna, pero… ¿Cómo esperar o retener alguna esperanza cuando la maldad y el odio dejaban a un joven príncipe y ambos reinos en un estado de desolación e infelicidad, un estado de impotencia y fracaso? Simplemente no se podía, lo único que quedaba era recordar a la princesa Alice con el mejor de los escenarios y rogar al cielo que el príncipe Jasper encontrara sosiego y serenidad para poder seguir adelante y reinar como se debía.


El carruaje se estaba deteniendo, eso sólo significaba algo, ya estaba en su nueva hogar, o mejor dicho ya estaba en el infierno. Vigió por una de las ventanas del carruaje, la situación estaba a su favor, no había guardias por ningún lado, genial, faltaba poco, era su única oportunidad, la puerta se abrió.

-ven mi reina, te mostrare lo que de hoy en adelante te pertenece-dijo el mago, parecía que estaba tratando de persuadiría con muchas riquezas, la princesa soltó un gemido casi indudable.

El castillo parecía más bien una cárcel debido a la imagen que este proyectaba. El mago le alzó la mano para ayudarla a bajar del carruaje a lo que correspondió a regañadientes - "ahora se preocupa por ser un caballero"- pensó con una mueca de desagradó, no sólo por la acción sino también por el contacto tan desagradable que su piel sentía al contacto con la del mago.

Se bajo lo más rápido posible para dejar la mayor distancia entre ella y el mago.

-entremos, te mostrare la que será nuestra habitación de hoy en adelante- dijo el mago y un dolor atravesó su pecho, estaba compungida debido a esto. Entraron a lo que parecía una mazamorra y no un hogar. No era que ella fuese muy superficial o una persona vanidosa pero simplemente necesitaba algo que hiciera que su corta, porque se encargaría de que fuese corta, estadía en este horrible lugar fuera más fácil de llevar.


Todo estaba en completo silencio, parecía que el sonido no existía o peor había dejado de existir, esto era desesperante para la mayoría de los habitantes de Montepulciano, pero más que desesperación lo que sentían era decepción, tristeza. Desde la terrible noticia de la "muerte" de la princesa, el príncipe se había encerrado, y decían sus sirvientes que lo único que se escuchaba eran gritos desesperados y llanto, no comía, apenas sí dormía y nadie se había atrevido a verlo, temían que les pasará algo o peor sufrir la furia y el dolor que el príncipe estaba sintiendo. Parecía que el alma y los deseos de vivir habían desaparecido, desde que la princesa lo había hecho, era algo que a todos les pesaba, pero sabían que ahora más que nunca debían ser leales a su reino, a su rey, porque desde que los padres del príncipe habían muerto el nunca se había comportado como un joven príncipe, jamás como un adolescente, sino como un hombre digno de ser llamado rey.

En el aire quedaban varias preguntas que jamás se habían formulado: unas por la reina de Suiza y otras por algunos vasallos:

¿Qué pasaría cuando el príncipe se enterara que su dulce princesa no estaba muerta sino sólo estaba secuestrada contra su voluntad para protegerlo a él y a su reino? ¿Algún día su hija sería libre de amar a quién ella quiera? ¿Sería el príncipe al fin feliz después de una vida llena de sufrimiento? Bueno aunque nadie lo sabía que el destino le daría a cada quién lo que merecía, y que las respuestas que todos querían fueran ciertas pronto se lograrían y que al final el "bien vencía": la última pregunta era, ¿Quién era el bien y quién el mal?, a los ojos de pocos se sabía que el mago no era malo simplemente la vida le había arrebatado el amor y cuando vio por primera vez a la princesa creyó que la vida le daba una segunda oportunidad para amar; lastimosamente la oportunidad que él creía suya, no lo era, ¿Era justo robar esa ajena oportunidad sólo para no caer en la inconsciencia de que su momento ya había pasado y que su momento para amar no era ese?... Las cosas estaba cambiando y todos robaban al cielo que al fin todo encuentre su lugar.


El mago había llevado a la princesa a su habitación, al verla la princesa bufo bajito, no porque fuera mala sino porque no era esa la habitación en la que quería estar y no era con él con quién quería estar, está se suponía debía ser su noche de bodas, una noche que ella se suponía debía disfrutar al máximo del éxtasis de placer que su príncipe ocasionaba y eso sólo con la escritura, deseaba descubrir las mismas sensaciones, frente a frente. Había soñado entregar la flor de su inocencia al hombre que había ganado su corazón, y eso fue lo último de su tolerancia. Está noche escaparía. Tuvo que montar un circo hasta que el tiempo transcurrido, logro una perfecta actuación de conmoción por lo acontecido ese día, y al fin tenía un momento de paz.

Todo el mundo estaba dormido, había logrado persuadir al mago de que está noche estaba indispuesta y que ella se entregará a él una vez este se casara con ella, el gustoso había aceptado, ella se golpeó mentalmente de nuevo, "No es sabio alentar a tú posible asesinó, eso sólo acelerara el proceso cuando el note la mentira, su furia sería la peor de todas". Por segunda vez en el día a ella no le importaba lo que pasará, el sacrificio era estúpido, ella sabía perfectamente que jamás lograría sobrevivir más de unas cuantas horas con el mago y la verdad ya estaba sobrepasando su límite, cogió todo lo necesario y con cuidado y mucha delicadeza abrió la puerta de la habitación, salió y empezó la experiencia más excitante de su vida hasta ahora: escapar sin ser detectada, sabía que no era seguro pero bueno debía intentarlo, se lo debía a su amor, a su príncipe, a su familia y a su vida. Todo iba bien había logrado llegar a las caballerizas sin problema hasta que…

-princesa, ¿Que hacéis aquí?- preguntó el encargado de las caballerizas.

La princesa brinco del susto y se volteó para ver a un anciano con bastón, caminando en su dirección. Por un momento sintió compasión, pero no fue suficiente, en este momento este era su potencial delator, uno que sin saber tenía la vida de ella en sus manos. Entonces decidió súplica, por su vida, por su felicidad.

-por favor, te lo ruego, no me detenga, no pienso sucumbir, no pienso regresar-dijo segura de ella misma y de nadie más.

-estáis huyendo...-no era una pregunta sino una afirmación.

-si lo hago y sí pretende detenerme le juro por mi alma que no me tocare el corazón por nada ni por nadie-exclamo más asustada que decidida a cumplir lo antes prometido. Este sentimiento de determinación la tomó por sorpresa y se sintió bien..

-no es eso lo que pretendo, sino que me lleves contigo.- dijo el anciano con más determinación que ella. Eso la sorprendió, ¿Quién era este hombre? Y ¿Porque huía del mago?; ¿Acaso no era un fiel sirviente?...

-¿Porque deseas huir de tú amo?-preguntó la princesa con cautela y con incertidumbre.

-porque llevó intentándolo demasiado tiempo y no lo he conseguido, y ya estoy desesperado, por eso te seguí desde las puertas del palacio hasta aquí-dijo el anciano un poco más calmado.

-de acuerdo, pero debemos ser silenciosos o a los dos nos irá mal...- dijo la princesa volteándose y retomando el camino.

Empezaron a caminar, no contaron el tiempo transcurrido, la verdad no importaba, lo único que los dos deseaban era llegar a un lugar más seguro, y lejos de aquel lugar que a los dos les parecía un calabozo. Empezaron a sentirse cansados y el pasó disminuía su velocidad, el anciano lo noto y le dijo a la princesa que se detuvieran que ya era hora de un descanso. Se detuvieron en un pequeño claro que estaba medio kilómetro adelante donde había u riachuelo .

-¿Quién eres?- preguntó la princesa

-¿Porque deseas saberlo?-respondió a la defensiva el anciano.

-porque desde que conozco al mago sólo he notado, devoción y lealtad por parte de las sirvientes hacia el.-dijo.

-no es relevante me identidad, lo único de lo que puedes estar segura es de que nunca fui su sirvientes y jamás lo seré.-respondió el anciano.

-de acuerdo vámonos, no podemos detenernos hasta estar seguros en otro lugar.-respondió la princesa enojada por la respuesta tan tajante del anciano.

Aunque para ellos cada pasó era un paso más hacia la libertad, grande fue su sorpresa cuando tres caballos se detuvieron frente a ellos. Dos de los cabalgantes, los miraban con recelo y enojó. No se compraba con la tercera mirada que era de puro odio y veneno.

-Debí saberlo Sebastián, era lógico que ella sola no consiguiera llegar hasta aquí; queda muy claro que ni se puede confiar en la familia.-dijo el mago ahora sí con furia.

-No es su culpa, el intentó persuadirme para regresar, pero no lo consiguió sí a alguien debes culpar soy yo.-dijo la princesa defendiendo al anciano. Esperen ¿Él había dicho familia? ¿El anciano se llamaba Sebastián?

-no lo defiendas no va a funcionar, ¿Qué pasó con el trato?, creí que eras una princesa de palabra, ahora veo que eres como cualquier mujer: vacía, falsa y una vil mentirosa,-dijo el mago con desprecio.

-te atreves a hablarle así a una dama, con razón ella se fue, con razón te la arrebataron.-dijo el anciano ya cansado de el trato que su "familia" le había dado todo este tiempo.

-cállate hermano o juro que terminare lo que una vez empecé- amenazó el mago a su hermano.

-termínalo sí quieres, la verdad ya estoy harto de todo esto, mátame, acaba mi sufrimiento, acaba con la única familia que te queda en el mundo- reto Sebastián el hermano del mago.

-¿Hermano?-preguntó la princesa con una ceja arqueada.

-veo que no te lo ha dicho-dijo Sebastián.

-¿Qué?-dijo la princesa.

-¡nada!-dijo el mago.

-¡te exijo una explicación!-dijo princesa elevando una octava más su voz cantarina.

-dije que nada, ¿No entiendes?- dijo el mago con apariencia de tirano y no de un hombre desdichado, arruinada por el cruel destino.

-dime hermano, creíste que tú dulce princesa jamás se enteraría del porque de tú desdicha o peor el porqué de que todos te tengan miedo-dijo Sebastián con sorna y burla, afín su hermano pagaría por sus fechorías.

-¿Dímelo Sebastián? - exigió la princesa.

-te lo prohíbo-dijo el mago tajante.

-¡no hermano, no más¡-exclamo Sebastián. Se dirigió a la princesa y empezó.

-hace muchos años, cuando nuestros padres aún vivían, Ofesiris y yo vivíamos solos en el castillo, hasta que Sahnara apareció en nuestras vidas, crecimos juntos y todo era miel sobre hojuelas, hasta el día en que Ofesiris descubrió sus poderes, el día en que estos desarrollaron en toda su magnitud, hubo un accidente en el cual Ofesiris discutía con papá, y de tanta furia algo salió de su cuerpo y ocasionó una explosión que afectó sólo a mis padres porque eran los únicos que estaban delante y muy cerca de él.-dijo Sebastián al momento que el mago Ofesiris se bajaba del caballo.

-Cállate Sebastián, o juro que no tendré misericordia de tú alma- exclamo Ofesiris a su hermano.

-no hermano, ¿Querías una esposa?, bueno aquí te la entregó pero no creas que será una esposa ignorante de la historia y la tragedia que envuelve nuestras vidas...-dijo Sebastián con una voz bastante envenenada. Lo miro desafiante.

-como te decía princesa, mientras nuestros padres morían ante los ojos de mi hermano, y el no hizo nada. ¿Comprenderás mi dolor al entrar al salón y caer en la cuenta de que mi propio hermanito había asesinado a lo último que quedaba de nuestro linaje?- dijo al borde de sollozos.

-lo comprendo-dijo la princesa un tanto enojada por semejante atrocidad que el mago había cometido.

- el me hizo jurar que Sahnara no se enteraría pero ninguno de los dos nos dimos cuenta que ella estaba a nuestras espaldas contemplando tan atroz situación, ambos la volteamos a ver y en su cara de ángel no había nada más que miedo y tristeza hacia mi hermano, el intentó calmarla pero era demasiado tarde, ella corrió a mis brazos y se refugió en mi.-dijo Sebastián al mismo tiempo que la princesa contemplaba al mago el cual a medida que la historia avanzaba su expresión se descomponía. Parecía más viejo, más triste y sólo de lo que la princesa conocía en el.

-¿Que pasó después?- la princesa estaba intriga pero más que nada necesitaba entender la obsesión que el mago tenía hacia ella.

-Ofesiris intentó demostrarle a Sahnara que él no era malo pero ella no lo quería tener cerca, meses después ella decidió viajar por un tiempo y ella era una mujer bastante hermosa y la verdad nunca pude ver el amor que mi hermano le tenía a ella y no importando me fui detrás de ella y le dije que la amaba y ella sorprendentemente me correspondió y lejos del castillo contrajimos nupcias, fue uno de los días más importante de mi vida. Pero jamás pude comprender la furia que mi hermano podía almacenar en su corazón y cuando se enteró...-Sebastián al parecer se estaba acercando al punto cumbre de la historia cuando lo interrumpieron.

-¡Tú me robaste a la única mujer que he amado en mi vida, y nunca te importaron mis sentimientos¡-el mago estaba fuera de sus casillas, por años había intentado ocultar esa herida que tanto daño le hacía revivirla y ahora estaba a merced de su hermano, de la princesa y de sus vasallos, esto no estaba bien.

-¡no hermano¡ ella me eligió a mí y jamás tuve nada que ver en la toma de esas decisiones.-juro Sebastián intentando relajar el ambiente. Lastimosamente esto ya no era posible.

-¡Y por eso ahora pagaras por todo el daño que me has hecho¡-exclamo el mago.

-¡momento! ¿Que ha pasado con Sahnara? ¿En dónde está ella?-la princesa exclamo ocultado un poco el susto y ocultado el miedo de la respuesta que le darían.

-ella... Murió... ¡En manos de ese asesinó!-dijo Sebastián al borde del colapso. Acusando a su hermano.

-prefería verla antes muerta que feliz con alguien que no era yo-se defendió el mago.

-jamás te perdonaré esto.-Sebastián atacó al mago Ofesiris, su propio hermano.

-nos volvemos a encontrar Sebastián- dijo el mago.

-prometo será la última vez-dijo Sebastián y al mismo tiempo la princesa tuvo un momento de deja vu, sólo que está vez la amenaza era para alguien más.

El tiempo parecía haberse detenido por un segundo, uno que para muchos fue eterno y para otros pasó demasiado rápido y nadie, nadie se imagino de lo que se avecinaba después de ese terrible segundo, era algo que ninguno de los presentes se imagino.

El mago había empezado a conjurar hechizos en una lengua que nadie en su corta existencia había escuchado, todo esto atacando a Sebastián, pero eso no era lo más sorprendente sino que Sebastián había contraatacado en respuesta para poder defenderse de la irá de su hermano, el prado empezó a iluminarse de una gama de colores luminosos por parte de Sebastián y de colores oscuros por parte de Ofesiris, era una mezcla entre colorido, entre fúnebre.

-eres testarudo Sebastián sí crees que está vez me vencerás.-dijo el mago en tono de burla, no muchos sabían el porqué de la senilidad de Sebastián ya que todos sabían era el menor, pocos conocían la historia, de que en un intento de revivir a Sahnara, Sebastián se había enfrentado a su hermano y que no ganó más que su vejez y su pesadez.

-he guardado todos mis poderes y fuerzas para está momento hermano.-respondió Sebastián, recordando un poco el día en que sus poderes llegaron a él, sin duda era el peor día de su vida ya que había sido cuando su querida esposa había muerto en sus brazos, y en respuesta a tal enojó sus poderes habían despertado.

A pesar de que nunca práctico cómo funcionaban estos, sí aprendió técnicas de ataque y defensa de su hermano. Tal vez está vez sería más desastrosa que la anterior pero era su última oportunidad, se lo debía a la princesa, a Sahnara, a su pueblo, a el mismo. La disputa se estaba tornando más peligrosa, uno de los vasallos intentó agarrar a la princesa pero Sebastián no se lo permitió.

-ella es mía Sebastián-dijo el mago.

-ella nunca te ha pertenecido y lo sabes, el dueño de su corazón es el joven rey de Montepulciano-dijo Sebastián.

-¡jamás¡-grito el mago. Sebastián tomó a la princesa por la cintura con una mano mientras que con la otra se defendía.

-cuando yo te de la señal corres para el bosque, dentro de medio kilómetro encontrarás el camino que te llevará al castillo del príncipe de Montepulciano, no te detengas y por ningún motivo voltees.-le ordenó Sebastián a la princesa en susurros.

-de acuerdo.-contestó la princesa en susurros también.

Así pasó que la peligrosa batalla, se puso más rígida, los rayos de magia ahora estaban dedicados a un sólo punto. Pero todo esto iba formando una bola de fuego en el centro del prado, y daba la impresión que pronto explotaría. Un indicio nada bueno.

-uno...-Sebastián empezó el conteo represivo y la princesa comprendió que era cuestión de segundos antes de salir corriendo.

-dos...-la tensión que su corazón sentía era transmitida a su cuerpo.

-tres... ¡CORRE¡-exclamo Sebastián al momento que la bola de fuego llegaba a su mayor esplendor.

La princesa Alice empezó a correr, aunque estaba cansada porque llevaba más de un día enteró, caminando, huyendo. Estaba cansada pero sabía que sí de verdad quería llegar con su amado debía correr como nunca en su vida. Llegó al camino que Sebastián le había indicado, llevaba al castillo de su príncipe, paró un poco creyendo que había corrido lo suficiente y que ya estaba a salvo, pero no era así, ella no se debió haber detenido, no debió descansar, no debió confiar.

En el preciso momento en que la princesa dio un respiro de alivio al ver a la lejanía el castillo, se escucharon los tres peores sonidos del mundo, el primero: una explosión, el segundo: un grito y el tercero, completo silencio. La princesa por primera vez volteó, y lo que vio la dejó sin palabras. Una capa, de humo negro que cubrió todo el bosque y de pronto todo desapareció, la princesa cayó al suelo debido a la ráfaga de viento que la impactó. En el prado todo había desaparecido, tanto Sebastián como Ofesiris habían muerto, al fin sus almas descansar en paz. Pero a todo esto, la situación había mejorado; el problema era que la princesa había volteado y nadie sabía las consecuencias que eso traía...


Bueno al fin el segundo capitulo, si he desaparecido demasiado tiempo, por eso en compensacion traigo tres capitulos, por las otras dos historias en proceso tambien estare trayendo los nuevos capitulos, solo pido un poco de paciencia, el estudio me abarca mucho tiempo, pero al fin encontre un poco de tiempo para seguir con mi escritura.

Ok, que les parecio el cap? alguien esperaba algo asi?... bueno espero sus comentarios...

BooBoo