CAGE

Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capítulo, por favor.

Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Katekyo Hitman REBORNy Cía. no me pertenecen, son propiedad de Amano Akira. Esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro.


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Imposición

La verdad –llego a reconocer ella misma– fue que llego a amarlo, realmente amarlo, hasta tiempo después.

No mucho, pero si el suficiente como para sentirse estúpida e ignorante por lo que ella creía que era el amor y todo lo que en ese entonces profesaba y hacía por él. También lo suficiente como para reconsiderar que quizás ella debió de haberse tomado un poco más de tiempo para pensar mejor las cosas, antes de brincar en compromisos o matrimonios. Con un mafioso, claro está.

Toda la imperante contrariedad que permitió que ella se percatara de su ligera confusión (entre amor y AMOR) y asimismo darse cuenta de la fatal realidad en la que se había ido a embarcar -o la que le esperaba vivir-, fue cuando comenzaron los problemas. Obvio.

Cuando menos era normal.

Pero a diferencia de los típicos problemas que uno ve cuando un par de tórtolos piensan dar el gran paso como: problemas financieros, diferencias religiosas, la aprobación de los padres o desplantes y caprichos de los enamorados en cuanto a gustos y demás cosillas, aquellos pequeños desacuerdos y situaciones delicadas que sacaban asperezas y lados feos entre los novios, por ejemplo. Kyoko padeció otro tipo de contrariedades. Al estilo Casa Nostra.

Tales dilemas no fueron con Tsuna. No.

El dinero sobraba, era claro. ¿Bendiciones? ¿Aprobación familiar? Puff, sobraron. Nana esta que no cabía de gusto, la inocente madre seguía sin saber como alguien como la futura esposa hubiese aceptado a alguien como su hijo por marido. Iemitsu rebozaba de gusto (con su buena porción de inquietud respecto al enlace y todo lo peligroso del asunto), Ryohei se sentía orgulloso y todos los demás Guardianes aprobaban la situación con gran alegría (y cierta mesura o envidia por tal dicha, ¿por qué no?) Era tan evidente.

Reborn. El mejor sicario del mundo dio su aprobación. Pero cuando comento que conseguir su consentimiento era el menor de los problemas por los que debía estar preocupado su estúpido ex alumno, Kyoko entendió que esas palabras iban dirigidas a ella.

Cuando comprendió que no solo se casaba con Tsuna, si no con toda una Famiglia llena de tradiciones e historia. Basta, sangrienta, pomposa, peligrosa, anticuada y estirada historia hay que hacer recalcar.

Y esa familia era el problema.

El verdadero y puro amor no era común en la mafia. Que floreciera, quizás, que perdurara peor aún. ¿Qué decir de llevarlo a cabo?

Ella era Sasagawa Kyoko, hermana menor de Sasagawa Ryohei, Guardián del Sol, uno de los más fuertes, respetable e influyentes hombres dentro de los bajos mundos. Y si bien podía ser algo… lento, más estúpido era el que tratara de verse al tú por tú con él en una pelea o meterse con su preciada familia Vongola o con sus amigos. Tal parentesco por entrada, a la chica castaña, le otorgo subir meteóricamente a un respetable status en aquella sociedad. Pero siendo cabalmente estrictos, aún era poco como para acceder o ser merecedora… incluso ser considerada como material para ser la esposa de Decimo Vongola. Habiendo tantas otras chicas más lindas, más listas, más aptas, más adineradas, poderosas o con mayores ventajas que ofrecerle a Vongola (como decían todos aquellos detractores de ella, envidiosas o coléricas personas debido a que Sawada hubiese escogido a ella por encima de sus respetables hijas) Fue un parteaguas y causa de chismes y rumores por todos lados. Algunos pensaron que era una broma o que era imposible.

Pero siendo que fue conocido después que el respetable Reborn dio su aprobación (lo cual a muchos convencía que la chiquilla no era cualquiera si consiguió tal logro y no morir en el intento), que también el padre de Decimo apoyaba la noción (más que justificar el amor paternal, como Jefe de CEDEF apoyaba tal decisión por alguna razón imparcial y no era un hombre con el cual meterse tampoco) y sin olvidar el hecho que Tsunayoshi había aprendido a cómo convencer a la gente con métodos muy sutiles, todo el mundo mafioso (o gran parte) tuvieron que bajar la cabeza y aceptar el hecho.

Nadie quería estar en malos términos con los Vongola.

Una simple nipona no valía la pena como para armar una guerra sin cuartel en medio mundo.

Aunque eso mismo ejerció presión a algunas viejas cabezas regentes (con algunos arcaicos pero aún vigentes cargos dentro de la familia que solo seguían allí por tradición y respeto) Quienes tampoco encontraban placer en tal unión pero no se daban el lujo de enfadar al chico nuevo - su único heredero-, que por más mencionar enormemente poderoso, con un grupo de Guardianes temperamentales pero incondicionales para él (y la chiquilla esta), y otro séquito de familias aliadas que lo seguían no importara que, que tuvieron que aguantarse sus discursos sobre matrimonios arreglados y blah blah blah y optaron por enfocarse en convertir a la menuda chica en alguien que pareciera que valiera la pena…Tsuna hizo como que ese ardido comentario no le hubiera molestado, pero la satisfacción que tenía que dentro de poco haría unos cambios en la organización administrativa de la familia no incluía semejantes buitres añejos ni a ninguno de sus familiares, igual de endiosados, lo alentaba a aguantarse sus malsanas y groseras opiniones, contando con su apoyo por el momento.

No era como que Kyoko no se hubiera dado cuenta del tenso ambiente y lo pesado que era tener que lidiar con eso, era algo aturdidor y agobiante. Y eso que ella no había hecho nada aún más que ser presentada para dar las buenas noticias a algunas familias, reuniones o fiestas…

'Esto ni siquiera empieza…' pensaba para sí en esos momentos, pues solo era un anuncio. Pero era incluso evidente para ella esas falsas sonrisas e hipócritas felicitaciones en los rostros de aquellas personas que ni conocía pero ellos parecía que si a ella, rodeados de esa aura de rechazo o indignación contra ella.

Por más que ninguno de los dos estuviera muy de acuerdo con tanto protocolo, la nueva pareja tenía que ir acorde a las tradiciones e ir con la corriente.

Si no con todo este nuevo y oscuro entorno que comenzaba a mostrársele tristemente un día sí y el otro también, pensaba la chica de cabellos claros de vez en cuando, entonces:

¿Valía la pena?

No solo a la sangre y pólvora, las malas palabras, cabal seguridad e inminente peligro, retenes y atentados, vigilancia, la hipócrita aceptación de la demás gente, que por más que tratara de ignorar y no preocuparse, si llegaban a fatigarla, entonces llego la hora de ser educada e instruida en ser una esposa mafiosa -lo peor-: los protocolos y etiquetas enseñadas por viejas señoronas chapadas a la antigua. Meses de sus terapias y pláticas plagadas de palabras tales como: Resignación, modales, condescendencia, aventuras, amoríos, herederos, reuniones, peligro, atentados, armas, presentación, clase, servidumbre, tradiciones, etiqueta...

Fue educada día y noche, preparándola para antes de la boda y toda su vida futura. La comitiva encargada de transformarla en lo que se supone debía ser una impecable y envidiable esposa mafiosa, había tenido la amabilidad de aconsejarle no hablar mucho ni llamar demasiado la atención durante las reuniones a las otras familias por el momento ¿Porqué? Porque las señoras no habían tenido tiempo para preparar o instruir algo decente en ella para cuando fue presentada en Sociedad. Y tuvieron la delicadeza de aliviar a la joven alegando que su futuro marido tenía una gran presencia y encanto que compensaba la de ella y todo saldría bien. Eran un pan de Dios.

Tras las debidas visitas, Kyoko fue recluida a su entrenamiento personal para ser una muñeca de porcelana: linda e intocable, una delicia a la vista; materia prima convertida en el más fino producto. Y ya que ella siempre había sido una chica de una naturaleza calmada y tranquila, sosegada y de dulces modos, había sido de la adoración de todas aquellas señoronas para convertirla en la esposa perfecta de un mafioso importante: una perfecta decoración. Alababan y confirmaban que Decimo no hubiese errado tanto en sus gustos, pues veían en la nipona a alguien maleable y dócil para preparar adecuadamente. Que contemplándola con cuidado y esmero podían descubrir en ella alguien de valor y de belleza escondida. Alguien que… uhm, si podría ser útil, por así decirlo.

Claro, era lo que decían ahora ellas y demás censuradores de la chica, que por estar muy enfocados en increpar u ofenderse con ella, ellos no habían si quiera prestado atención a todas las virtudes que siempre había tenido o su notable lindeza natural ni su gracia o delicados modos ya patentes. Pero no iban a admitir en voz alta que tenían entre sus manos a una pequeña joya, valiosa por su rareza entre su mundo.

Dedicada en cuerpo y alma a su propio reto nupcial, Kyoko nunca había sido de palabras fuertes o gestos hoscos, pero si estaba acostumbrada a decir lo que pensaba, el ser honesta, aunque fueran comentarios dificultosos pero lejos de malicia y con el fin de ayudar. Sin embargo, ahora le enseñaban a no abrir la boca, solo sonreír y a asentir. Quizás fuera la Doña de Vongola, pero su palabra podría valer menos que la de quién lavaba la vajilla en las cocinas.

Eso es lo que concluía con todas esas clases e ideas rústicas que le querían meter en su cabeza. Cuando menos ya había aprendido a ser complaciente (o fingir) y sonreír ante cualquier cosa, aceptar sin rechistar. Lo había puesto en práctica con todas estas antiguas burguesas sin que sospecharan que se jactaban de un buen trabajo con ella, cuando la verdad es que a Kyoko le entraba una cosa por un oído y le salía por el otro. Ni que fuera a hacerles caso y acceder a sus verdades sin peros o actuar como le indicaban. No del todo, solo lo básico. No todo lo que decían era basura.

De todos modos Tsuna la amaba tal y como era, él no se había enamorado de una engañosa muñeca de aparador que no hacía otra cosa más que quedarse callada y agachar la cabeza a lo que él dijera.

Era curiosa tanta diferencia entre las mujeres en la mafia, pensaba: Si fuera ella la Jefa como Bianchi o Uni lo eran de sus familias, su palabra sería ley; si fuera como Lal le temerían o como Chrome, donde la respetarían. Sabía que así era la situación con todas las demás esposas o prometidas. Y al igual que Tsuna que quería cambiar ese mundo poco a poco, ella haría lo suyo. Dejaría atrás ese estereotipo de mujer linda e inútil, la que tenía que aguantarse a la voluntad de sus esposos o a sus muy frecuentes infidelidades, la única encargada de parir hijos legítimos. Pero aún estaba lejos de eso cuando aún ella misma se reprimía a las necesidades de su propio marido y aceptaba –supuestamente- toda la parafernalia de cosas que le enseñaban en sus clases de modales y costumbres.

Tenía que ser delicada y tomarse su tiempo antes de alterar a su esposo y reventar su burbuja de tranquilidad, incluso no ser descortés y en su afán fuese a dejar en mala posición el honor de Tsuna como hombre y Jefe; lo menos que necesitaban ahora fuese que lo tildarán de mandilón y blandengue, incapaz de mantener a su mujer en raya.

Parecía una tarea difícil entonces...

Y lo seguía siendo aún ahora...

Cuando tenía que llevar a practica todas sus clases teóricas. Y aún así eso no la preparo para otras situaciones que después aparecieron.

Pero aún así ¿Cuando llego realmente a amarlo?

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Ciao.