Vuelvo a subir el cap, esa vez con más tiempo, un poco más prolijo y con el disclaimer correspondiente :D Muchas gracias por las dos reviews que recibí! Siempre me pone muy contenta que valoren el "trabajito" de una aficionada jajaja.

Diclaimer: si Inuyasha fuese de mi propiedad, no compartiría a Sesshomaru con nadie (?)


Un futuro sin ti

por Suri Vizard


Capítulo III: Guardar un secreto

No sabía exactamente donde se encontraba, pero trató de ubicarse entre las sombras que se acrecentaban gracias a la venida de la noche. El viento comenzó a soplar con más fuerza y el ruido que hacía asustaba a Rin. "Lo de los bandidos es solo un rumor, hay pocas probabilidades de que aparezcan, pocas, muy pocas… no van a aparecer, el señor Sesshomaru debe estar cerca. Él me protegerá, sin dudas lo hará. Jaken también debe estar buscándome, ya es de noche. Los bandidos no aparecerán, no aparecerán" se mentía a sí misma, la verdad era que tenía miedo que apareciesen y la secuestraran o algo así. Ella misma había visto como unos bandidos habían asesinado a toda su familia, no había algo que le provocara más horror que esas personas.

–Señor Jaken… ¿estás por aquí? ¡Señor Sesshomaru, por favor aparezca!– rogaba la joven.

De pronto, sintió una áspera mano que le tapaba la boca y le impedía gritar. La empujaron con rudeza hacía la oscuridad del bosque y la depositaron en el piso. Comenzó a desesperarse. El brazo de la joven quedó lastimado gracias al raspón que se dio con la rama punzante de un árbol. De repente se vio rodeada de horribles bandidos, sus miedos infundados ahora se habían vuelto realidad. Recuerdos fugaces de la muerte de su familia, de cuando los asesinaron frente a sus propios ojos, aparecieron en su cabeza. Por un momento, no tenía nada más que esos recuerdos. El miedo la invadió por completo, era una simple mujer indefensa frente a varios hombres que la miraban de manera perversa. El miedo la dejó sin habla, ¿acaso iba a quedarse muda nuevamente?

Uno de esos horrorosos hombres se le acercó, sin embargo estaba rodeada, su bellísimo kimono se rasgó en su parte inferior. Rin quiso pararse pero no pudo, estaba horrorizada, muerta de miedo. Rogaba con todas sus fuerzas que llegara Sesshomaru y la salvara, nunca había temido de un youkai como le temía a esos hombres en ese momento.

–Se ve linda, ¿Qué hacemos con ella? –dijo uno a sus espaldas.

–Me la quedaré yo –dijo el que se le había acercado, y ahora la tomaba de la barbilla, aparentaba ser el líder– si se porta bien, la haré mi esposa.

"¡Señor Sesshomaru! ¿Dónde está? ¡Por favor aparezca!" Rogaba la muchacha, con lágrimas en sus ojos. El miedo se le había extendido hasta el más pequeño rincón de su ser.

–Déjenla –dijo una voz enfurecida.

Los bandidos buscaron con la mirada al dueño de esa voz, pero no aparecía por ningún lado. De repente, desde la copa de un árbol esa persona salió y se le plantó al líder de la banda, intentando proteger a Rin. Ella quedó atónita, definitiva y lamentablemente no era su amo Sesshomaru, se trataba de alguien más. Estaba de espaldas a ella y ya no había luz, el sol se había ocultado completamente. Solo pudo distinguir que no era demasiado alto y que tenía apariencia de humano y una cabellera corta pero abundante. Las ropas que esa persona usaba le parecían familiares, era… "no, imposible" pensó.

–¿Estás bien… Rin? –volteó.

Ella no podía creerlo, ese antiguo rostro joven y encantador era inconfundible. El que la estaba protegiendo era… ¿Takeru? Pero estaba distinto, sus ojos ya no eran redondos y amigables, sino afilados y serios. Sus facciones parecían más delgadas y más pronunciadas pero si, era él. Su amigable e inocente voz había cambiado totalmente también, ya no era aquél simpático humano que le servía el té. ¿Era un youkai? No, más precisamente era un hanyou.

La velocidad y la fuerza que tenía eran increíbles. Cuando el líder de los bandidos quiso darle un golpe, él ya estaba por encima de él y con solo un rasguño de sus esqueléticas garras lo dejó en el suelo. Ataco a dos más, pero sin darles muerte. Todos los demás huyeron despavoridos, pensando que era un youkai que no pararía hasta verlos despedazados a todos, eso expresaban sus ojos. Afortunadamente, no fue así… Takeru simplemente los dejo escapar. "Cobardes" gruñó levemente, pero Rin igual escuchó.

–Tendría que haberte insistido en que te quedaras–se replicó a sí mismo el hanyou–. Lamento mucho que tengas que verme así.

Rin se levantó como pudo, quiso hablar y solo le salió un sonido débil y gutural. Se tapó la boca y retrocedió unos pasos. Nunca hubiese imaginado que Takeru terminaría siendo un hanyou y que la salvaría de su miedo más grande. Si, era él quien la había salvado esta vez… no Sesshomaru.

–Por favor, no te asustes. No pienso hacerte daño –se acercó precavidamente, y le tomó el brazo herido con sus garras.

Rin cedió, e intentó decir algo, pero nuevamente no pudo.

–Lo lamento, de verdad lo lamento mucho. No tendría que haber dejado que te fueras –volvió a ser el amable Takeru que había conocido en la tarde.

–N… no… no –dijo débilmente.

–Déjame que te cure la herida, por favor –se veía muy preocupado, todo rastro de violencia y enfurecimiento se había ido, igual que los bandidos alrededor.

Rin asintió y en seguida el joven mitad demonio cortó un retazo de su haori para usarlo como venda. La herida no le dolía demasiado, pero Takeru parecía animado al hacerlo, por eso se lo permitió. De repente escuchó a lo lejos:

–¡Rin! ¡Rin! ¿Dónde te has metido? ¡Rin! –era la voz Jaken.

–¿Es tu padre? –preguntó Takeru, sobresaltado.

–Si…–mintió ella.

Se paró de un sobre salto, tenía que evitar a toda costa que Jaken y Takeru se viesen. Tal vez podía ocurrir un malentendido. ¿Y qué tal si estaba con él Sesshomaru? Ese sería un problema que tenía que evitar a toda costa.

–Espera –la interrumpió –. Por favor no me juzgues por ser un hanyou, no podía decírtelo. La gente se asusta con personas como yo.

–No les temo a los hanyou… eres bueno Takeru.

Rin ya conocía a un hanyou, Inuyasha. Si bien Sesshomaru lo detestaba, ella no podía pensar lo mismo. No era demasiado agradable, pero era bueno. Lo había visto sacrificarse por Kohaku y sus amigos muchas veces, aparte nunca le hizo daño. Takeru la había salvado, menos que menos iba a temerle.

–Por favor, guardemos esto como un secreto –dijo Takeru con prisa, Jaken seguía gritando su nombre y se aproximaba aún más.

–Si –dijo ella, y vio como el joven se alejaba entre las sombras.

–Entonces aún no ha vuelto –suspiró con una profunda tristeza.

–No–rectificó Jaken– el amo Sesshomaru dijo que en unos días, UNOS DÍAS –dijo con énfasis golpeando la cabeza de la humana con su báculo.

–Sí, sí, ¡ya entendí! –Empujó al youkai– ¿Entonces puedo ir un día más a la aldea?

–No sé qué le ves de interesante a ese lugar lleno de humanos…

–Señor Jaken, yo soy humana.

–¡Es verdad! Casi lo olvidaba.

Jaken, miró para otro lado, pero en seguida volvió su mirada a la adolescente. Sintió olor a sangre, y provenía del brazo de Rin. El fino kimono estaba manchado de rojo, pero ella no lo había notado.

–¿Qué te pasó en el brazo? –preguntó examinándolo de una manera exagerada.

–¿Eso? –Otra vez debía mentir– No es nada, señor Jaken. Mientras venía me corté con una rama…

–¿Y este pedazo de tela entonces? –le preguntó desconfiado– ¿De dónde la sacaste pequeña mentirosa?

–¡No me llame así! –dijo ofendida, aunque sabía que estaba en lo cierto– Es… es de la parte de adentro del vestido.

–Bueno pues la próxima ten más cuidado niña. Si el señor Sesshomaru se entera que dejé que te lastimaras de seguro me matará.

"No creo que de verdad le importe mi seguridad en este momento" pensó ella, ya que no había sido salvada por él, sino por otro.

–¿Y por qué hueles tan raro? –preguntó serio, oliéndola.

–Estuve en una aldea… con humanos, debe ser eso –comenzó a sudar, nerviosa–. Yo no huelo nada, señor Jaken.

–Si, tal vez ese sea el repugnante olor. Bueno, mañana también puedes ir supongo… pero vuelve antes que anochezca, si el señor Sesshomaru regresa, seguro no será de su agrado esperarte.

La joven asintió sonriente. Alivio. Su coartada había funcionado, Jaken no la había descubierto… y si Sesshomaru no regresaba podía volver con Takeru al otro día.

Se acercó al fuego un poco más, estaba cómoda sobre el lomo de Ah-Un pero no lograba consolar el sueño. Sus pensamientos la atormentaban: la partida de Sesshomaru, los bandidos, Takeru como hanyou. Esas cosas le dolían considerablemente y no lograba poner su mente en blanco. ¿Por qué el señor Sesshomaru se había ido tan enojado? ¿De verdad era su culpa? Tal vez estaba equivocada, tal vez nunca podría estar para siempre con él como lo había pensado…

No, no era cierto ¡Claro que no era cierto! Ella nunca se separaría de Sesshomaru, lo seguiría hasta el fin del mundo si fuese necesario, además… aún no había pasado un día de su partida. "Seguro va a volver, no puede abandonarnos a los tres" se dijo y concentró sus pensamientos en lo ocurrido recientemente y que tuvo que ocultar por miedo a que el alcahuete de Jaken le contara a su "amo bonito" en un futuro. Tanto amo como súbdito les tenían un odio especial a los hanyou; Inuyasha, era uno de esos y muchas veces habían batallado entre ellos sin mínima piedad. Fue su medio hermano quién le cortó el brazo a aquel youkai verdadero una vez. "Si Jaken se entera que Takeru es un hanyou, no me dejará ir a la aldea mañana" se dijo.

"¿Qué estoy esperando? Ella ya no vendrá" se decía a si mismo Takeru. Estaba sentado a orillas del río donde conoció a la joven desde un rato después del amanecer. No había rastro de la hermosa Rin. "Seguro la asusté, es normal que no quiera verme nunca más" pensaba, entre suspiros de desilusión y un poco de tristeza. Si tan solo le hubiese avisado antes de la presencia de los bandidos y no haber esperado hasta el atardecer para que se marchara, él no se hubiese enfrentado contra esos hombres para defenderla. El haberse arriesgado por ella no era lo peor del asunto, sino que ella lo reconoció y supo que era un hanyou. Siempre había representado una dificultad para él su condición de mitad humano-mitad demonio, pero esta vez se lamentaba en serio, porque pudo haberlo evitado.

–Hola Takeru –si, definitivamente era Rin quién lo saludaba sonriente.

–¡Rin! –Se levantó de un salto sonriendo de oreja a oreja– ¡Hola! ¿Cómo estás?

–Mucho mejor–miró su brazo, que se había curado bastante durante la noche–. Muchas gracias.

–No tienes por qué –bajó la cabeza, ya que de seguro se había sonrojado.

Takeru por un momento pensó que la muchacha se había olvidado de lo ocurrido la noche anterior, o que no había entendido bien lo que había sucedido. Prefirió no tocar del tema, y conocerla aún más. Le encantaba su forma de ser tan alegre, risueña y traviesa; y ni hablar de lo hermosa que la consideraba, era toda una tennyo para él. Lástima que no era del lugar y que no se quedaría para siempre. ¿Por qué no admitirlo? Rin empezaba a gustarle.

Estaban pasando un día agradable, Rin había recogido unos frutos para comer al mediodía y lo hicieron juntos frente al río. La gente que pasaba y las mujeres que iban a lavar su ropa en el agua los miraban curiosos, eso incomodaba a Takeru, pero Rin no parecía molestarse. Con el sol de la tarde frente a sus narices y el viento acariciando las mejillas de ambos alegres jóvenes, el ambiente parecía un poco más serenado, que incitaba a diálogos y pensamientos un poco más serios.

Se miraron a los ojos, por primera vez se quedaron observándose el uno al otro. Takeru apreciaba la belleza, la pureza y la jovialidad de Rin, sus ojos eran alegres, divertidos y su mirada era sincera y confortable. Por el contrario los ojos negros de Takeru eran profundos, pero igual de sinceros e inocentes. Su mirada irradiaba ternura, e inclusive cariño. Este hombre de unos cortos veinte años era una de las mejores personas que había conocido… después de Sesshomaru. Pero sin dudas era el más amable, no le importaba si era un hanyou o un simple humano, a Rin le agradaba su compañía.

–Sabes…–dijo el joven, acercándose más a ella y apoyando supuestamente sin querer su mano sobre la de ella–. Pensé que no vendrías, me alegra mucho que lo hayas hecho.

Ella rió nerviosamente, le sonrió mostrando sus dientes pero en seguida miró hacia otro lado, sonrojada:

–La verdad es que quería volver a la aldea. Sé que eres un hanyou–dijo casi en un susurro–. Pero eso no me asusta, ni me molesta. Puedes estar tranquilo, Takeru.

–Gracias, Rin –la miró conmovido–. Siempre he sido discriminado por todas las personas que saben de mi condición, por eso la oculto. Por suerte, de día soy humano y solo de noche aparezco como hanyou… como los murciélagos, solo aparecen de noche.

–No creo que debas ocultarlo, mejor sería que lograras que la gente te acepte por lo que eres.

Rin sacó su mano que estaba debajo de la de Takeru y se enlazó las rodillas con los brazos. Enfocó sus ojos al horizonte y se perdió en el bello espectáculo que era ese rojizo atardecer.

–Dime…–pronunció al rato él, también con la mirada perdida más allá del río– ¿quiénes son Jaken y Sesshomaru? Antes que te atraparan, te escuché gritar esos nombres.

Ella se estremeció, comenzó a temblar. Takeru, de alguna manera, la había descubierto. Por lo tanto, le pidió que guardara como un secreto lo que le iba a confesar, así como ella guardaría el suyo. El aceptó el trato, y escuchó atentamente lo que Rin tenía para decir.

–En realidad, desde niña soy una huérfana–comenzó a explicar sin lujo de detalles– el señor Sesshomaru es un youkai que me encontró, y de ahí comencé a vivir con él y con el señor Jaken, que es su súbdito, o algo así. Son muy buenos y siempre me han protegido –sonrió con melancolía al recordar cuando Sesshomaru le devolvió la vida por primera vez–. Vivimos en un palacio sobre las nubes, por más extraño que suene pero ahora estamos acampando, para tocar tierra un poco. Por lo que sé, es muy raro que unos youkais estén acompañados por una humana, por eso no te lo dije, tal vez pensabas que yo era un monstruo también.

–Es cierto, eso es muy extraño –se asombró Takeru, que si bien la noche anterior había sentido la presencia de un youkai no se hubiese imaginado esa historia– Pero no te preocupes, no pienso juzgarte por eso.

–Gracias –sonrió–. Ahora solo debemos prometernos no decirle esto a nadie, solo por prevención.

–Claro.

Takeru se mostró muy contento de que Rin le haya contado eso. Lejos de asustarse de la presencia de los youkais que la acompañaban, comenzó a hacerle preguntas sobre su extraño modo de vida. Ella le contó como los había conocido, como eran Sesshomaru y Jaken, como era su trato con ellos, como ellos la trataban, las aventuras que habían vivido cuando pretendían derrotar a Naraku, los lugares que había conocido, su estadía en la aldea con la anciana Kaede, Sango, Miroku, las gemelas, Shippo, Kohaku; las visitas que recibía de sus señor en ese tiempo y todo lo que había aprendido a lo largo de los años.

La noche hizo presencia. Era extraño ver a Takeru como hanyou, y él se sentía avergonzado de que ella lo viera. Se despidieron, alegando que volverían a verse al día siguiente.