NO AUTORIZO LA COPIA DE ÉSTE FIC. CUALQUIER DUPLICADO DE LA NOVELA ES UN PLAGIO.

Historia desde el punto de vista de Rosalie.

Me exalté cuando la anciana cerró la puerta junto a mí, y noté que me miraba de forma cálida. No dije nada, ni ella tampoco, simplemente hizo un gesto de bienvenida, invitándome a pasar más allá de la entrada, pero no me atreví a cruzar tanta distancia. No sabía aún si salir corriendo o quedarme allí; después de todo Emmett no era mi novio, sólo había tenido una cita con él. Una muy buena cita, una noche agradable, una compañía impecable, pero ¿estaba preparada para esto?

¿Dónde estaba la madre?

—¿Qué haces despierta, eh? Te he dicho que duermas temprano —Emmett hablaba con la niña, quien parecía tan frágil en sus brazos.

—No me diste las buenas noches, papi —replicó en un dulce tono.

—Oh, es cierto —negó con su cabeza, reprobando su propio descuido. —No volverá a ocurrir.

Una mano cálida me tomó del brazo con sutileza, y me encontré con los ojos de la anciana. Ella en un gesto de hospitalidad me dirigió a una puerta blanca en el pasillo contiguo, la cual abría paso a la cocina. Nada en especial, muy sencilla, pero sí olía bastante bien. Detecté vainilla en el aire.

Me ofreció asiento en una silla junto a la mesa de madera para cuatro.

—Esa niña está muy mimada —dijo repentinamente, sin sentarse aún, buscando algo entre las gavetas. —Mi hijo la consiente en todo.

Así que ella era la madre de Emmett. Pero seguía el enigma de la madre de esa pequeña en el adorable piyama de conejo.

—Creo que debería irme —sugerí en ademán de levantarme, pero ella pareció no escucharme y continuó su plática, sentándose frente a mí con un plato de galletas. Eran de vainilla.

—No me percaté cuando tomó el teléfono. Los niños de ahora son tan inteligentes, que nunca pensé que sabría ocuparlo… ¡Yo apenas se! —ella rió y por cortesía yo también. Me acerco el plato para tomar una galleta y lo hice. Estaba buena, realmente buena.

—La niña, ¿cómo se llama? —pregunté.

—¿No te lo ha dicho mi hijo? Ese muchacho está en las nubes. Con tanto trabajo y la niña… —parecía demasiado adorable como para apurarla, y sólo me limité a asentir con una sonrisa. —Lucy.

—Lucy —repetí.— Es bonito nombre. Bueno, ella es adorable.

—¿Adorable? Oh cariño, se nota que la has visto una vez —una vez más soltó una risotada. En eso se parecía mucho a su hijo— Lucy es exactamente como Emmett a su edad, sólo que más limitada. Aún así se sale con la suya, y no hay quien la detenga. Por lo menos durante ocho horas al día es problema de los maestros. ¡Ahí es cuando yo descanso!

La miré consternada, ya que la pequeña traviesa de quien hablaba no podía ser aquella dulce niña que bajó las escaleras a abrazar a su padre. Y yo tampoco conocía a Emmett como para poder afirmar que la personalidad fue heredada, pero me parecieron divertidas las historias de la anciana, la cual ni siquiera sabía el nombre. Decidí no interrumpir su relato y continuar escuchando sobre el padre y su hija que estaban en el salón compartiendo un momento.

—Emmett siempre fue inquieto, desde que estaba en mi vientre. Pasé noches sin dormir por su culpa, y eso que ni siquiera había nacido. —negó con su cabeza— Pero al nacer era el niño más adorable de todos, y no lo digo porque era hijo único. Me sonrió la primera vez cuando tenía una semana de vida, y vi esos hermosos hoyuelos que trae consigo hasta el día de hoy. — concordé con ella —Lástima que Lucy no los haya heredado. Ella tiene el cabello de su padre, los ojos, pero el rostro es innegablemente de la madre.

Me llamó la atención que la nombrara, y causó cierto interés morboso en saber que había pasado con ella, pero reservé mi curiosidad.

El teléfono sonó. La mujer fue a atenderlo, no sin antes disculparse, y yo me quedé allí con media galleta comida y una tremenda duda constante en mi cabeza. Aproveché el instante para levantarme de la mesa y dirigirme a la puerta por la que entramos, asomándome al salón. Emmett se encontraba de espaldas, sentado en el sofá.

Caminé sigilosa, pero mis tacones convirtieron esa misión en imposible, y él se volteó. Divisé a la pequeña Lucy dormida entre sus brazos, aferrándose a su camisa para no soltarlo más. Emmett sonreía agotado.

—Por fin se durmió. —anunció triunfante, una octava más abajo que su voz normal, para no despertarla.

Sonreí en respuesta.

—Mira, sé que esto es algo loco para una primera cita…

—No me digas. —reí en respuesta. Él aprovechó el momento para invitarme a sentar a su lado, y le hice caso, cuidado de no hacer ruido. Su niña dormía plácidamente.

—Entiendo si quieres salir por esa puerta y no volver más. —comenzó. —Pero serías una hipócrita.

—¿Perdón? —reaccioné.

—Somos adultos, y yo tengo una hija de siete años. No puedo andar pretendiendo que soy un adolescente que no se atreve a decir lo que siente. Te dije en la pizzería que me gustabas, y no voy a retractarme de ello, a menos que tú me digas lo contrario.

Su sinceridad me superó, más allá de lo que podía entender. Parte de mí quería salir de allí corriendo, asustada, y no por aquella niña, si no que por él y la oportunidad de una relación. Podría continuar en una vida solitaria y sin apegos, como la he vivido hasta el momento, pero sólo Dios sabía lo sola que me sentía; aún así Emmett me gustaba también, y darle una oportunidad no sería para desterrarme de la soledad en que estaba sumergida.

—¿No creerás que con sólo una cita yo he quedado embobada por ti? — oculté mi verdad en un bufido sarcástico.

—¿Entonces por qué reaccionaste así? Tienes que admitir que hay algo acá. —concluyó. Tenía seguridad en sus palabras, y odiaba eso, odiaba su certeza, y odiaba que eso me atrajera aún más.

—Está bien Emmett. Una cita más. —asumí la verdad. —Pero yo elegiré el lugar.

—De eso no hay duda. —su carcajada retumbó en las paredes, provocando que la pequeña que dormía en sus brazos se inquietara y abriese los ojos castaños un par de segundos, volviendo a cerrarlos con el vaivén desesperado de un padre agotado.

Nos miramos en silencio, con el único sonido de la respiración de Lucy. Emmett me sonrió en un momento y yo lo hice cuando él bajó la mirada a su hija. No podía dejarle ver mis emociones tan pronto, aunque él las adivinase con tanta facilidad. No podía negar que su certeza ante lo que quería me asustaba, pero ya habían pasado dos años desde Royce, y no podía vivir en el pasado, y sobre todo me era imposible dejar pasar a Emmett así como así, ignorando lo que me provocaba una sola mirada suya, como si fuese natural estar a su lado… Lucy incluida.

RESPUESTAS A REVIEWS DE GUEST.

(El resto los respondo personalmente a sus cuentas de FF)

Vkii: Estoy actualizando cada martes, pero he tenido problemas de inspiración últimamente. De todas formas en mi página de Facebook estoy avisando si hay retrasos en el capítulo.

Guest: Gracias por leerme. :D

XXX: Me alegro mucho que te guste. :D

N/A: Lamento la demora del capítulo, de verdad no había forma de que me salieran las palabras. Por cierto, la diversión está por venir. Pueden ver que Lucy es tan traviesa como Emmett.

Por cierto, ¿quién será la madre? Será sin duda un personaje de la saga.