Disclaimer.- La historia NO ES MÍA. Es una traducción del fic "Avalon", de Gemini Star01. Todo el crédito es para ella, yo sólo lo traduje ^^
Notas de la traductora.- ¡Hola de nuevo! perdón por la tardanza, empecé la escuela y fue todo un caos con la nueva administración . De verdad morí estas semanas. En fin, muchas gracias por sus reviews, juro contestarlos ahora sí, ¡perdón por no hacerlo antes! Pero les agradezco mucho el apoyo para seguir traduciendo y me encanta que les esté gustando tanto la historia *w* Bueno, nos vemos luego!
"¡Ring!" "Clic"
- ¿Hola? Oh, Kiku. Buenos días.- Canadá acomodó el viejo teléfono inalámbrico entre su hombro y su oreja, dejando sus manos libres para seguir lavando los trastes del almuerzo.- Oh, estamos bien, supongo. Bueno, al menos estamos tratando. No hay mucho que podamos hacer ahora mismo.
Un poco de espuma saltó y cayó en su nariz. Canadá hizo bizcos y trató, inútilmente, de quitársela.
- ¿Alfred? Lo está… afrontando. Lo suficientemente bien, supongo. Pero ya sabes cómo es, lo puede sobrellevar. No, no estoy preocupado por él.
- Sí, estoy mintiendo.- Suspiró. Se dio por vencido con la espuma y jaló el tapón del lavabo.- No puedo evitarlo. Él y Arthur eran muy cercanos, ¿sabes? Aunque no actuaran así. Siempre se trataban mal, pero nunca se odiaron en realidad. No sé cómo va a tomarlo todo Al de ahora en adelante.
Del otro lado de la línea, Japón le ofreció el pequeño consuelo de que América era tal vez tan fuerte como su hermano había asumido. Canadá se secó las manos con una toalla, cambiando el teléfono a su otro hombro para darle un descanso a su cuello.
- Bueno, suficiente de nuestra triste situación. ¿Cómo están las cosas por allá?
- ¿Hong Kong? No, no he escuchado nada de él. ¿Desde hace cuanto?
La respuesta de Japón fue muy suave. Canadá se sorprendió.
- ¿Qué? ¿Tanto? Nunca había sido del tipo parlanchín, pero… ¿estás seguro de que nadie ha escuchado de él?
- ¿Tíbet también? Oh, Dios…
Canadá gimió y se dejó caer en una silla, recargando sus codos en el comedor. Su mano izquierda rascó entre su cabello mientras que su mano derecha sostenía a penas el teléfono contra su oreja.
- De verdad está pasando, ¿no? El mundo en verdad se está yendo al Infierno y todos están simplemente… Dios... ¿Cómo la estás pasando tú?
- Sí, yo también. No tan joven como antes, pero no está mal.- Canadá se irguió, y su espalda protestó. No recordaba ese dolor. Había estado estancado en su adolescencia tantos siglos que había olvidado lo que era el dolor del crecimiento.- Ahora que lo pienso, parece que Al ha envejecido algunos años desde que todo esto empezó. No muchos, tal vez cuatro o cinco. Creo que es una buena señal. Probablemente salgamos adelante. Tan sólo me preocupo por todos los demás.
Las palabras finales de Japón por fin trajeron una sonrisa a su cara, seguida por una pequeña risita.
- Bueno, si eso es lo que dice China, supongo que podemos confiar en él.
- Sí, yo también. Le diré a Al que llamaste. Nos vemos luego, Kiku.
Canadá suspiró mientras apretaba el botón para colgar. Lo puso en la mesa detrás de él y puso su cabeza entre sus brazo, para frustración de Kumajiro, que estaba tratando de subir a su regazo. Sopló para quitar el rizo que caía en sus ojos y miró hacia el desayuno de Alfred.
Cinco tristes panqueques empapados en miel de maple yacían en un plato, empapados y prácticamente incomestible ahora.
"Te alcanzo en un momento.", había dicho. ¿Quién se hubiera imaginado que "un momento" significaría más de tres horas?
Canadá gimió y se levantó, cogiendo a Kumajiro del piso. Cargó al desconcertado oso polar hacia la ventana, movió la cortina y miró hacia la pirámide de piedras.
- Demonios, Alfred…- Susurró.- ¿Dónde rayos estás?
- ¡Mira, América, mira!
América miró, pero todo lo que pudo ver fue a Avalon bailando solo entre el pasto demasiado crecido del campo.
- ¿Qué mire qué?
- ¡A mis amigos!- Avalon rió, alzando sus brazos y moviéndolos por el aire como si estuviera atrapando luciérnagas en una noche de verano.- ¡Están bailando para nosotros, porque yo se los pedí! ¿No son bonitas? ¡Mira todos sus colores!
La cara de América decayó un poco.
- ¿Tus… amigos?
- ¡Aja! Han estado conmigo desde el principio, y cuidaron muy bien de mi cuando era muy pequeño!
"Oh, Dios, no de nuevo…"
América tragó saliva, con un nudo creciendo en su garganta. Inglaterra siempre había hecho esto. Bueno, nunca había bailado por el campo, según lo que él sabía – la simple idea era suficiente para hacerlo bufar- pero siempre había hablado de "sus amigos" con un tono igual de cariñoso. El unicornio, las hadas, los duendes… las ilusiones de Inglaterra (y su antinatural amor por el té) eran las únicas cosas que no habían cambiado de la nación mayor durante los cientos de años que se conocían.
Tenía sentido. Si Avalon en verdad era quien parecía ser, tenía que tener los mismos "amigos". Pero ninguno de ellos era real. Nunca habían sido reales. América siempre había sabido eso.
América tragó saliva de nuevo, escogiendo sus siguientes palabras con cuidado.
- L-lo siento, Avalon, pero no puedo…
Avalon lo miró con sus profundos ojos azules verdosos. Algo en su mano brillaba con una luz morada.
América parpadeó y el brillo morado vino de nuevo. Parpadeó más veces, lo más rápido que pudo, y el brillo vino todavía más rápido, durando cada vez más hasta que por fin no se fue. Pensó que su cabeza se estaba aclarando después de algún golpe en la cabeza, pero la luz giró alrededor de él y se transformó frente a sus ojos, hasta que, finalmente, pudo ver la fuente con claridad.
Era una diminuta mujer morada con ropa de gasa delgada, con alas como las de una libélula, sentada en la palma de la mano de Avalon tan fácilmente como una persona normal se sentaría en un sillón.
De repente se le hizo muy difícil respirar.
- ¿Qué rayos…?
El hada – porque era la única cosa que podía ser, un hada – se giró y lo miró con sus diminutos ojos como diamantes pulidos. Se rió, con una voz que parecía compuesta de las más altas notas de un clavicordio y voló hacia América con un rápido zumbido de sus alas. Se puso frente a su cara y le dio un golpecito en la nariz, como si dijera, en su pequeño modo de hada, "¡Sip! ¡Soy real, grandote!"
América se alejó con un grito ahogado, y de repente había docenas de ellas, de todos los colores del arco-iris. Bailaban en el viento como mariposas, dejando detrás pequeñas chispas y cantando, todas en notas altas y hermosas, tan claras y reales como el más fino cristal. Volaban en círculos alrededor de la cabeza del pequeño Avalon, jugando con su cabello y sus ropas, y haciendo todo lo que podían para hacerlo sonreír, como si estuviera a cargo de pequeñas niñeras celestiales.
América las miró con los ojos muy abiertos, impresionado, con su cerebro apagándose por la sobrecarga del shock. Sólo las palabras más obvias pudieron salir de su boca.
- Son reales.
- ¡Claro que son reales!- Rió Avalon, girando.- ¡Son mis amigas!
América se tumbó en el suelo, tan sólo mirando el baile, viendo la hermosa escena frente a sus ojos. La pequeña hada morada fue de nuevo hacia él y bailó alrededor de su cabeza, con su voz sonando mágicamente en su oreja.
- Dicen que han estado esperando por mucho tiempo a que estuviese en sus cinco sentidos.- Tradujo Avalon ágilmente, con sus cejas fruncidas en inocente asombro.- Me pregunto qué quisieron decir con eso.
- Sí… yo también…
"Lo siento, Arthur. Siempre tuviste razón…"
Avalon frunció el ceño. Alejó gentilmente a sus amigas, se escurrió por el pasto y se recargó en el regazo de América. Sus grandes ojos lo miraron con preocupación.
- ¿Señor América? ¿Por qué llora?
¿Estaba llorando? No se había dado cuenta, pero sí. Un par de lágrimas estaban rodando por sus mejillas, dejando húmedos rastros. Se quitó sus gafas y se secó los ojos con la manga. Su voz quedó atrapada en el nudo de su garganta y tuvo que tragarse el sollozo que quería salir.
- ¿América…?
- No es nada.- Contestó América suavemente, limpiando con más ahínco sus ojos, ya que las lágrimas seguían viniendo.- Lo siento. Es sólo que estaba pensando en… en un viejo amigo.
- ¿Un amigo?- El ceño de Avalon se acentuó más.- ¿Pero por qué pensar en un amigo le pone triste?
América suspiró y alejó su brazo de sus ojos. Miró hacia Avalon y posó su mano en la parte posterior de la cabeza del niño. Se parecía tanto a Inglaterra…
- Normalmente no lo haría, pero… mi amigo tuvo que irse hace poco.
Avalon agarró la manga de la chaqueta de América con sus pequeñas manos.
- Pero si es su amigo, volverá muy pronto para verle, ¿no?
- Avalon…- La voz de América se rompió, y tuvo que cerrar sus ojos un momento para cortar las lágrimas antes viniesen de nuevo. Presionó su mano en la cabeza de Avalon, asegurándose de que el niño era real. Era muy, muy real.- A veces, cuando los amigos se van… a veces ya no pueden volver. Nunca. Y mi amigo… mi Arthur… no va a volver.
Los ojos de Avalon se abrieron como platos.
- ¿Nunca?
- Nunca.
Un atisbo de preocupación pasó por el rostro de Avalon y América instantáneamente se sintió culpable. Ese niño era demasiado pequeño para preocuparse por la muerte y las pérdidas. Él debía bailar, seguir jugando con sus amigas hadas y disfrutar de la vida. Y en lugar de eso estaba ahí, consolando a un piloto viejo y gastado que no podía dejar que un amigo descansara en paz…
De repente, Avalon estaba de pie, jalando las comisuras de los labios de América hacia arriba con sus pequeñas manos. Cuando América lo miró, sintiendo la presión inusual en sus mejillas, el pequeño niño le sonrió.
- No se ve bien con el ceño fruncido.- Dijo, con una pequeña risa.- ¡El señor América tiene una cara feliz, así que debería estar siempre sonriendo! ¡Porque así es como se ve mejor!
América rió, y su sonrisa se volvió real. Avalon lo soltó y volvió a caer en el regazo de la otra nación, sujetándose a la chaqueta de América.
- ¿Sabe? No creo que su amigo quisiera que estuviera triste. Porque si supiera que está triste por él, bueno, eso lo pondría triste también, ¿no?
- Supongo que sí.- Dijo América suavemente, aunque no estaba muy seguro. Inglaterra nunca había sido del tipo sentimental.
- ¿Y sabe qué más?- Preguntó Avalon retóricamente, jalando la chaqueta de la otra nación para mantener su atención.- ¡Ya que él no puede venir para ser su amigo, yo lo seré! Así que de ahora en adelante y seré su amigo, ¡y nunca más tendrá que estar triste! ¿Sí?
La sonrisa de América se ensanchó y jaló a Avalon para abrazarlo.
- Gracias.
- De nada.- Rió el pequeño niño, y puso sus bracitos alrededor del cuello de la nación mayor. América lo sujetó fuertemente, memorizando su peso, su olor, la suavidad de su cabello. Las hadas – las hermosas y mágicas hadas de Inglaterra – bailaban alrededor de ellos, dejando su cálido y mágico polvo detrás, como una bendición de felicidad, mientras que se elevaban hacia el brillante y claro cielo de verano.
Nota de Traductora.- Dios, que hermoso capítulo... me dan ganas de zapear a Alfred por escéptico y abrazarlo al mismo tiempo ;O; En fin, ¡nos vemos luego!
