Por fin era el día más esperado de la semana para los estudiantes: viernes. El viernes era un buen día para todo el mundo por varios motivos, no solo porque era el último día antes del maravilloso fin de semana, sino que además en la cafetería servían pizza (la única comida que no parecía querer salir andando del plato o ser radioactiva), no podían castigarte por la tarde (más que nada porque ningún profesor quería quedarse con una panda de macarras cabrones que les harían la vida imposible) y además, las clases terminaban una hora antes. Gracias a eso los estudiantes solían ir más animados a clase, y para una persona que solía estar de buen humor la sensación se multiplicaba por mil.
Mientras Arthur gruñía por la falta de sueño, apretando las correas de la mochila a sus hombros, Alfred caminaba con una enorme sonrisa a la primera clase y Feliciano, unos pasos más atrás, trataba de no quedarse dormido mientras andaba.
—Uh... No es por quejarme, pero pareces más contento que de costumbre, Alfred —comentó el inglés, mirando aquella enorme sonrisa que el de los ojos azules llevaba.
—¡Claro, es que lo estoy! —aseguró el chaval levantando el pulgar como señal de ello— Hoy es un día increíblemente perfecto y...
—Está nublado y hacen 4 Cº —apuntó Feliciano, hundiéndose un poco más en su abrigo.
—Bueno, ese no es el punto —se apresuró a decir Alfred, sacudiendo la cabeza ligeramente avergonzado— Lo importante es que es viernes y... —su rostro se transformó en una divertida mueca idiota, entre felicidad y otra cosa que Arthur tenía poco interés en averiguar— Y mi plan está yendo a las mil maravillas
—¿Te refieres al plan en el que te conviertes en el amigo del alma de tu sexy profesor ruso y este te pone el único diez que vas a oler en tu vida?
—Exactamente —exclamó el americano con alegría y como por obra y gracia del destino justo por delante de ellos pasó el susodicho sexy profesor ruso, logrando que esa horripilante mueca en el rostro de Alfred empeorase.
—My God, disimula un poco —pidió el inglés, sintiendo vergüenza ajena (y asco) del otro, tapándose la cara para no tener que mirarlo.
Por suerte para el inglés y el resto de personas inocentes que no tenían por qué sufrir con la cara del rubio, la campana que anunciaba que ya era hora de entrar a clase sonó y todos se apresuraron a meterse en sus respectivas aulas. La primera asignatura del día era Trigonometría, así que los dos chicos se sentaron juntos al fondo de la clase.
—Entonces... Quiero enterarme, Alfred... ¿Qué locura has hecho ya para que tu plan esté funcionando?
—Pues verás, Ivan —comenzó, haciendo énfasis en su nombre, logrando que el inglés frunciera el ceño— me ha pedido que...
—Señor Kirkland, señor Jones... Sé que no les interesa mucho mi clase, pero por favor, no crean que por ello no tienen que prestar atención —ambos dieron un brinco al escuchar la voz sarcástica del profesor Collins dirigida hacia ellos, y como a ninguno de los dos le iba especialmente bien en esa asignatura se pusieron rectos, mirando al frente.
—Te lo contaré todo en el descanso —prometió el de los ojos azules antes de sacar su libreta y comenzar a apuntar números, todos demasiado confusos para él.
Nikolai Braginsky parecía, en un principio, inofensivo. Con quince años, su aspecto llamaba bastante la atención, pues era larguirucho y pálido, como un personaje de una película de Tim Burton, aunque su rostro todavía conservaba ciertos rasgos infantiles y probablemente eso era lo único que evitaba que fuera tan escalofriante como su hermano mayor, o al menos así lo creía Alfred, que lo observaba desde la otra punta del patio.
El chico en cuestión estaba completamente solo, escondido (o así lo creía él, al parecer) detrás de una columna, y observando algo (o a alguien, desde aquella distancia no podía decirse) con atención, mientras sacaba fotos con la cámara de su teléfono móvil.
—Así que "Ivan" te ha pedido que vigiles y cuides a eso -constató Arthur mirando al chico desde su punto en el patio, obviamente poco convencido de ello.
—Yeah! No creo que sea muy difícil, parece inofensivo —mintió Alfred, que estaba tratando de ganar confianza para acercarse al precoz acosador en potencia... sin saber lo que se le estaba por venir, obviamente.
Tomando aire, e ignorando al inglés, que le recomendaba no exponerse tan directamente a esa evidente fuente de peligro (porque joder, ese niño tenía un aura que gritaba que era mejor no acercársele mucho), paso a paso, se colocó al lado del chico y tocó su hombro.
—¿Tú eres Nikolai Braginsky? —preguntó colocando la mejor sonrisa que tenía.
—Sí... —los ojos del menor se estrecharon hasta hacerse dos finas rendijas y Alfred vio que aunque eran azules, tenían cierto tono violáceo, decidiendo en ese momento que entonces los de Ivan no eran lentillas— ¿Quién eres y qué quieres? —preguntó con cierta agresividad.
—¡Soy Alfred! —se presentó alegremente el rubio sonriente— Verás, tu hermano me ha pedido que te eche una mano si necesitas algo alguna vez...
—¿Mi hermano? ¿Ivan? —preguntó, y en sus ojos se podía ver un brillo que le produjo un acceso de pánico al norteamericano
—Ese mismo, me ha comentado que tenías problemas con algunos matones...
—¡Yo no tengo ningún problema con nadie! Solo con esos malditos perros que se acercan a mi brat sin mi consentimiento. Ivan. Es. Mío. Se casará conmigo cuando sea mayor...
Aquello arrancó un escalofrío de terror al rubio, que se colocó bien las gafas con un gesto de incomodidad.
—Pero... Ivan es tu hermano... —le recordó con un poco de miedo por lo que pudiera decirle.
—¡¿Y eso qué más da?! ¡Yo lo amo! ¡Y él me amará! No hay barreras en el amor... —parecía tan convencido que Alfred no tuvo corazón (ni huevos) para decirlen cuan equivocado estaba, así que no queriendo tentar a la suerte colocó una mano en su hombro, de manera conciliadora.
—Bueno, eso es cierto, el amor es el amor, no puedes elegir a quien amas... —admitió el mayor, decidiendo no meterse mucho en el extraño síndrome de Edipo del incestuoso quinceañero.
—V-vaya... Es la primera vez que alguien parece estar de acuerdo conmigo... —Nikolai parecía genuinamente sorprendido y agradado por este hecho, así que lentamente una pequeña sonrisa apareció en su rostro, aunque se borró casi de inmediato, al divisar a su hermano en una escena peculiar.
El propio Alfred y más de la mitad del patio estaban mirando fijamente todo o que pasaba: mientras el señor Greenleaf hacía su guardia durante el descanso, vigilando que ninguno de los chavales hiciera nada peligroso ni ilegal, Ivan lo acompañaba, dándole charla al anciano y probablemente siendo instruido. En eso estaban cuando de repente uno de los chicos de segundo año los detuvo un instante, todo sonrojado y con algo en las manos, algo que había resultado ser una carta de amor.
—P-por favor, léala... u-usted me gusta m-mucho... -confesó el chico antes de salir corriendo hacia su grupo de amigos, ganándose una mirada sorprendida del profesor adjunto, que estaba ligeramente sonrojado, y el color rojizo de sus mejillas destacaba increíblemente con su piel de papel.
—¡Vaya, parece usted muy popular! —exclamó el anciano, golpeando su hombro con una risa jocosa, mientras el otro se guardaba la carta en uno de los bolsillos de su sudadera.
Alfred, que había contemplado toda la escena tan sorprendido como el resto de sus compañeros, dirigió entonces la mirada a Nikolai... y si él había sentido una molesta punzada de celos al ver aquella escena, entonces el menor parecía dispuesto a matar a alguien por eso mismo. De hecho, para evitar que eso mismo ocurriese tuvo que sujetarlo fuerte del brazo, impidiendo de esa manera que comenzara a perseguir como un loco al chico y... bueno, a saber qué podría ocurrir si lo atrapaba.
—¡Suéltame! ¿¡Quién se cree que es, pensando que mi brat puede corresponder su mugroso amor infantil?! —chilló Nikolai, tratando de apartarlo a golpetazos que, hay que reconocérselo a Alfred por haber aguantado estoico, eran bastante fuertes.
—Cálmate, por favor —pidió agarrándolo como pudo, finalmente medio abrazándolo contra su pecho, haciendo que en las mejillas del ruso se encendieran como hogueras.—No puedes ser así —lo regañó, aunque algo temeroso de lo que pudiera hacer.— Ese... pobre desgraciado... solo ha visto lo maravilloso que es tu hermano, al igual que tú y por eso ha hecho eso.
—¡Todo el mundo lo desea! ¡Incluso tú lo deseas! —acusó señalándolo con el dedo y una mirada asesina—Debería matarte
—What?! No, no, yo no deseo a Iv... el profesor Bragisky, prometido —se llevó una mano al pecho, casi jurándolo (aunque fuese una mentira cochina).—Solo que... él me ha pedido que no deje que te metas en problemas y eso voy a hacer —explicó Alfred muy convencido, mirando con decisión al chico frente a él— Después de todo... I'm the hero!
Había tres cosas que nadie sabía de Lovino: la primera era que, debajo de toda esa fachada de mal humor y un comportamiento que dejaba mucho de desear, solo había un chico inseguro que quería protegerse del mundo.
La segunda, estaba enamorado odiaba profundamente a Antonio, y quería que dejara de ser el capitán del equipo porque le desconcentraba durante los partidos tenía una cara muy estúpida y le daban ganas de vomitar.
Y la tercera era era que, a pesar de lo mal que se llevaban y lo mucho que se gritaban a veces, él realmente quería a su gemelo más que nada del mundo y por lo tanto quería a veces era demasiado sobreprotector con él. No era su intención, simplemente pasaba que si veía algo que pudiera herir potencialmente a su hermano trataba de alejarlo de ello, y si eso no funcionaba (cosa rara, porque tenía los mejores métodos para convencerlo, como por ejemplo, tirarle de la oreja o darle collejas) solo quedaba apartar el peligro de su camino, por más que pudiera suponer un peligro para sí mismo.
Justo en esos momentos se sentía en una situación como esa: el gilipollas de Feliciano se había enamorado de aquel estúpido alemán cabezacuadrada que probablemente sería nazi o algo así, y eso no podía ser. ¡Aquel tipo no le convenía para nada! Seguro que sería una horrible persona que le haría daño, porque ya lo conocía de los partidos: apenas hablaba con nadie, y era tan frío y sieso... tan correcto, como si se creyera mejor que los demás. En su opinión, seguro que el maldito Beilschmidt tenía un palo metido por el culo, por eso ni siquiera tenía sentido del humor... No como su hermano, que aunque no le caía bien, podía llegar a ser ligeramente divertido (no es que el fuera a admitirlo nunca).
En un principio, había tratado de convencer a Feli de que lo de que le gustase ese no era buena idea, que debía buscarse uno mejor, que había muchísimos peces en el mar. Peces más atractivos e inteligentes y con mejores músculos... Pero su hermano no había querido atender a razones, decidiendo que no era justo lo que estaba haciendo y que debería apoyarlo y tratar de que acabaran juntos. Esa pelea la tenían casi todos los días, y aunque Feliciano era débil y un llorica, también tenía sus trucos, y el muy capullo mordía si hacía falta. Así que viendo que no podía hacer nada por alejar a su hermano de Ludwig Beilschmidt, tendría que asegurarse de que ese imbécil no se acercara a él.
Acababan de terminar el entrenamiento en horario matutino, justo antes de entrar a clases, porque estaban en época de exámenes y necesitaban tiempo en las tardes, así que todos se estaban duchando y preparándose para el día que estaba por venir. Y fue saliendo de la ducha cuando Lovino decidió atacar, pensando que estaría demasiado vulnerable medio desnudo como para hacerle nada.
—Oye, tú, vaffanculo —comenzó directamente, queriendo dejar clara la antipatía que sentía hacia él a pesar de estar en el mismo equipo y ser ambos titulares, no cayendo en cuenta de que probablemente el rubio no entendería el insulto en italiano— Tengo que hablar contigo.
—¿Ahora, Vargas? Tengo que... —comenzó, señalando su estado actual, en semi-desnudez, cubierto solo por una toalla blanca alrededor de las caderas y gotas de agua cayendo por esos abdominales dignos de ser usados para lavar ropa interior femenina, en los que Lovino no se fijó en absoluto.
—Sí, ahora, bastardo patatas —le dijo de mala gana— Verás, no te creas que no conozco a los de tu tipo, que vais por ahí con la cabeza alta y fingiendo ser mejores que los demás. Solo eres un stronzo di merda, así que más vale que no te acerques a mi hermano, capicci?
El alemán, sintiéndose bastante amenazado, tragó saliva, aunque él no era un tipo que se asustase tan fácilmente. Lo único que lo mantuvo callado ante esa provocación tan fuera de lugar fue la mención del otro gemelo Vargas, y ante el simple pensamiento de este sus mejillas adquirieron un tono rojizo bastante evidente que Lovino malinterpretó como rabia contenida, sonriendo con suficiencia al pensar que había logrado irritarle.
—No sé qué crees que pasa entre Feliciano y yo —bufó Ludwig, rezando porque no se notase el nerviosimo en su voz— Pero sea lo que sea que pienses, estás equivocado. Apenas lo conozco, solo estamos juntos en algunas clases y...
—No me importa, Beilschmidt, solo quiero que no lo mires, no le hables, no le respires ni entres en su campo de visión. Estoy seguro de que tienes malas intenciones para con él.
—Oye, eso no es cierto, solo somos conocidos y él...—trató de decir el rubio en tono conciliador, sin comprender el arranque del italiano. ¿Acaso él sabría de su... secreto?
—¡Que no me importa,bastardo! Lo único que me importa es que no te le acerques. Él es demasiado para ti.
Y sin decir ni una palabra más Lovino se colocó una camiseta blanca y ya completamente vestido, salió de los vestuarios, satisfecho con su buena obra.
Antonio estaba... ¿cómo decirlo? Tan celoso como para matar a alguien. Bueno, no es que no estuviese acostumbrado a los continuos intentos de Francis de ligarse a todo lo que se moviese, pero eso no quería decir que eso le hiciera ni puta gracia. En esa ocasión, el rubio estaba hablando tranquilamente con Matthew, el gemelo de Alfred, apoyado sobre su pupitre mientras llegaba el profesor a clase, tomando sus manos entre las suyas y acariciándolas mientras lo miraba a los ojos. El tímido Matt estaba sonrojado hasta las orejas, sonriendo tontamente, pues era un hecho que al chico le gustaba bastante. Lo peor de todo es que ni siquiera podía enfadarse con el más joven por ceder a los avances del capullo de Francis, porque no sabía que estaban saliendo, sino se alejaría de él. Matt era un buen chico.
Ante esta perspectiva, solo podía pagar su rabia con una persona, el francés ligón. En cuanto se sentó a su lado, lo fulminó con su verde mirada, apretando el puño sobre el pupitre.
—¿No es adorable? —preguntó mirando hacia el canadiense con un suspiro, ganándose un pellizco en el brazo— ¡Ay! ¿Por qué has hecho eso?
—¿Tú por qué crees? —gruñó Toño, volviéndolo a pellizcarlo— ¡Deja de ligar con todo el mundo!
—Pero Antonio, tengo que darle a mis admiradores el cariño que se merecen
—Matthew no es tu admirador, le gustas, capullo —bufó el moreno— Y eso me molesta. Mucho.
—¿Acaso estás celoso, mon amour?—preguntó entonces Francis, moviendo las cejas repetidamente, ladeando la sonrisa
—¡Pues claro que estoy celoso! Eres mi... mi... mi mejor amigo... —consiguió decir, sonrojándose ligeramente
—D'accord... Tu mejor amigo, entonces... —fue entonces el turno del francés de enfadarse, haciendo una mueca y cruzándose de brazos— Resulta entonces que ahora los amigos se besan en los vestuarios, y tienen sexo y...
—¡Ya sé que no! Puede que no seamos solo mejores amigos... Y por eso mismo no me gusta verte ligar con otro... ¿Entiendes?
Los ojos azules de Francis se suavizaron y su mano buscó la del otro para apretarla, entrelazando sus dedos con cariño.
—Excuse moi, chéri, sé que esto no es fácil para ti... —Bonnefoy suspiró mientras la preciosa sonrisa de Antonio volvía aparecer, notando esas típicas mariposas en el estómago que solo él lograba hacer aparecer.
Por suerte, todo el mundo estaba demasiado ocupado apuntando fórmulas químicas para notar los jugueteos de sus manos debajo de la mesa.
—¡Vamos, Alfred! Muévete o perderemos el autobús —lo regañó Matthew, tirando del brazo de su hermano hacia la salida del instituto, pero su hermano no parecía por la labor.
Parecía preocupado por algo, mirando hacia todos lados, como buscando a alguien, y eso extrañó al otro, pues era viernes y normalmente lo único que quería Alfred esos días era salir corriendo de vuelta a casa y ponerse a jugar a los videojuegos hasta las cinco de la mañana.
—¿Te pasa algo, Al?—preguntó temiendo que se hubiera puesto enfermo o algo peor.
—¿Eh? Oh, no, no, estoy bien... Es solo que...
—Oh, Jones, que alegría verte, pensé que ya te habrías ido —ambos adolescentes se giraron al escuchar esa suave voz, tan suave que causaba escalofríos.
—¡Oh, Iv... Profesor Braginsky!—exclamó Alfred con algo que parecía sospechosamente alegría al ver al ruso y eso provocó que Matt frunciera el ceño de manera completamente reprobatoria. ¿Desde cuando se alegraba su hermano de que un profesor lo detuviera a punto de marcharse a casa? ¿Y había estado a punto de llamarlo por su nombre?
El mayor se quedó mirando a los hermanos, probablemente notando el parecido y con un tono curioso ensanchó la sonrisa al mismo tiempo que preguntaba:
—¿Este es tu hermano, Jones?
—¿Eh? —Alfred estaba en tal estado que parecía haberse olvidado por completo de Matt, pero por suerte este estaba acosumbrado—Ah, sí, él es Matthew, mi gemelo —lo presentó, pasándole un brazo por los hombros y el pobre solo pudo poner los ojos en blanco.
—Ah, es un placer —el profesor adjunto alargó a la mano hacia el semicanadiense y con cierta timidez, Matthew respondió al apretón, mientras Ivan seguía hablando—Sí que os parecéis, aunque tú eres más mono —dijo con sinceridad aplastante, logrando que las orejas del menor se pusieran del color de los ojos de Gilbert Beilschmidt y Alfred boqueara indignado— Y ahora, si no te molesta demasiado, me gustaría robarme a tu hermano un momento, tengo que comentar con él algunas cosas... de clase
—Oh, no, no... —susurró, completamente azorado, con esa tímida voz suya—Pero... el autobús...
—Ah, no te preocupes por eso, yo lo acompañaré a casa, por lo que comprobé ayer no vivimos demasiado lejos
Luciendo poco convencido, Matthew asintió y se despidió con la mano del profesor y su hermano, suspirando por tener que irse solo a casa. Ivan, por su parte, encaró al chico restante, que aún parecía en estado de shock por el desprecio hacia su persona, lo que le provocó una leve risa.
—Alfred, ya que te estoy robando tiempo de descanso y ya es la hora de almorzar... ¿Comerías conmigo? Invito yo.
Mientras sujetaba fuerte la hamburguesa, Alfred se sentó en un poyete, subiéndose la cremallera de la chaqueta que llevaba para protegerse del frío y miró de reojo a Ivan, que jugueteaba con su ensalada, a la que miraba con ojo crítico.
—Debiste haberme dicho que eras vegetariano cuando te dije de ir al McD, hubiéramos ido a otro sitio... —se quejó el más joven con un suspiro antes de darle un bocado a su comida, sintiéndose un poco mal por ello.
—No importa, después de todo me estás haciendo un favor... —el ruso sonrió con cierta calidez mientras pinchaba un tomate cherry y se lo llevaba a la boca, haciendo una mueca de asco inmediatamente después—Que asco de ensalda...
El rubio fue incapaz de no reír, divertido al ver esa cara por parte del profesor, que parecía siempre tan feliz. En realidad, podñia decirse que era una contradicción andante, vestido de negro siempre pero con esa alegría que parecía desprender... Y Alfred no podía quitarse la sensación de que algo no encajaba bien en todo eso.
—Por eso te decía que tendríamos que haber ido a otra parte —Ivan volvió a negar, dejando la ensalada a un lado.
—En realidad no me importa mucho no comer, esto es solo una excusa... Verás, tengo que pedirte otro favor —confesó, apartando la mirada, algo avergonzado al sentir que se estaba aprovechando de un alumno— Nikolai... realmente has hecho un buen trabajo, sabía que podía contar contigo y eso me alegra inmensamente... pero al parecer ha sido demasiado buen trabajo porque... resulta que a Nikolai... le gustas—explicó mientras sus mejillas pálidas se coloreaban con el color de la vergüenza
—P-pero... ¿no le gustabas tú?—murmuró el norteamericano con un deje de pánico en la voz. Aquellas no eran buenas noticias precisamente.
—Bueno, sí... —el ruso dirigió sus ojos violáceos al suelo, luciendo algo apesadumbrado— Ha decidido que como yo no cedo a sus avances... probará con algo más accesible. Y has sido el elegido, Alfred
—¡Pero yo no quiero salir con él! ¡Está loco!
—No hables así de él, es mi hermano —lo reprendió Ivan, mordiéndose luego el labio— Solo se encariña muy rápido de la gente, y de forma muy extrema... Entiendo que no te guste, Nikolai es muy... Nikolai, pero, ¿podrías darle una oportunidad? ¿Por mí? —pidió entonces el profesor, mirándolo de forma suplicante y... mierda.
—E-esta bien —Alfred apartó la mirada, ruborizado, y para disimularlo un poco fingió limpiarse los cristales de las gafas con la manga de la chaqueta
—¡Muchas gracias! Te lo compensaré... Pídeme lo que quieras y, si está dentro de mis posibilidades te lo daré encantado
No era justo... ¿por qué tenía que ser tan... asquerosamente adorable? Si daba miedo... Por desgracia, su cuerpo no parecía pensar igual y a cada segundo que pasaba lo veía más atractivo, allí, feliz y agradecido, comiéndose su ensalada con un poco más de alegría. Quién sabe si fueron las hormonas, que Alfred estaba un poco desesperado o que las estrellas estaban alineadas en la posición correcta, pero antes de que su cerebro pudiera procesarlo, la boca de Al produjo palabras, y vaya palabras.
—Entonces acuéstate conmigo.
Pues nada, por fin traigo el tercer capítulo. Me ha costado más escribirlo... ¡maldita poca inspiración! Y encima me ha quedado corto, pero en fin... Por lo menos comienza la acción, lentamente~
Voy a ser sincera, Lovi me pone de los nervios, pero no creáis que lo odio w Es solo que es demasiado malhumorado, kkk Y supongo que ya os habréis dado cuenta de que Nikolai es Bielorusia xD Es tan mona esa criatura
A los comentarios:
yolandachiku: muchas gracias por comentar, como siempre~Y haha, no, no te preocupes por Alfred, no perderá ningún miembro vital para sobrevivir, o al menos eso espero... Con Ivan nunca se sabe (?)
TheAwesomeJul: ah, siento si no te agrada, pero es que a mí el FraIn me gusta mucho mucho, es amor u/u pero claro que puedes pedirlo... Tenía pensado algo de PruCan, pero no me desagrada la idea del PruMano... Debe de ser como el GerIta pero con más gritos (?) espero que te haya gustado este capítulo :3
Pues nada, espero que sigáis leyendo y ya sabéis, dejad review y alimentad mi corazoncito (?)
