Miraculous Ladybug es propiedad de Thomas Astruc. El escrito aquí debajo es lo único de i propiedad y lo cual comparto con ustedes sin fines de lucro.
Advertencia: mención de muerte de un personaje.
Marinette Dupain-Cheng/Ladybug
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La costumbre era su peor enemiga en las mañanas en las que Marinette se quedaba dormida sin remedio. Ni siquiera el insistente sonido del despertador o los intentos de Tikki por traerla al mundo terrenal lograban hacer que Marinette se despertara hasta que era lo suficientemente tarde como para vestirse con torpeza, tomar un pan recién horneado y salir corriendo a la escuela con toda la rapidez del mundo y la que sus piernas soportaran.
Los nervios matutinos no resultaban raros para el organismo de esa chica con problemas de puntualidad, que, entre saltos y caídas, llegó hasta el segundo piso de su institución para apresurarse a atravesar el pasillo directo a su aula. Que la profesora se apiadara de su alma, rezaba mientras daba cuatro pasos fugaces que la llevaron a estrellarse contra el cálido y tembloroso cuerpo de otro chico.
Marinette casi rebota contra el suelo gracias al impacto y desgraciadamente entre el aturdimiento del accidente y el pánico latente no llegó a mirar con claridad la realidad que reparaba frente a sus narices de manera casi obvia.
Adrien cayó al suelo en un golpe sordo. Aún así no se quejó, como si su voz hubiese desaparecido. Como si no existiera. Simplemente no emitió ni un quejido reflejo. Fijó su mirada verdosa en la pobre joven que tras unos segundos había caído en cuenta de la persona con la que había tropezado. El pulso acelerado, sin embargo, no era sólo cosa de ella.
− ¿Estás… − El repentino tono en su voz delató la fragilidad con la que sus palabras salieron al principio. − … bien? ¿Estás bien, Marinette?
Adrien se incorporó con rapidez, la misma que lamentó usar cuando todo a su alrededor se tambaleó frente a sus ojos. Disimuladamente se apoyó del barandal durante un octavo de minuto para después dirigirse a la pobre chica que se había quedado sin habla. Le habría gustado ayudarla a levantarse, pero dada su condición sólo iría a parar nuevamente al suelo.
− ¡Ah, sí! En serio lo lamento, se me hacía clase e iba la tarde, ¡digo…! – Los balbuceos de Marinette significaron mucho para Adrien como nunca antes. El rubio sonrió suavemente para ella y aunque quisiera pasarse la vida hablándole como si nada pasara, los murmullos que zumbaban en sus oídos como un eco molesto no se lo permitían.
− Bueno, nos vemos después. – Se despidió, pero la dulce voz de Marinette interrumpió sus intenciones de retomar su camino.
− Espera, ¿no vas a clase? – La repentina preocupación que expresaba por él lo conmovió. Adrien volteó a verla de reojo y aunque fue un movimiento totalmente sutil, su cabeza sentía como si fuese a explotar.
− Sí, sólo que debo ir al baño.
Su respuesta bastó para descolocar a Marinette. Nerviosa, no hizo más preguntas y entre gestos tensos, se despidió de él.
Temporalmente.
Temporalmente.
Marinette no despertó tarde esa mañana. ¿La razón? Ni siquiera ella la sabía. Un vacío extraño se situó de repente en la boca de su estómago mientras dormía y conciliar el sueño resultó imposible para ella desde ese punto. Había un sentimiento que le costaba identificar, pero que aún bajo el anonimato, supo descolocarla y sacarla de su mundo de ensueño.
Se sentó en la cama durante un cuarto de hora mientras Tikki continuaba dormitando a su lado. Sin embargo, la kwami no parecía disfrutar del descanso por algún motivo al que Marinette llamó "pesadilla". El pequeño bicho rojo se movía de manera insistente y su apacible rostro se veía deformado por gestos tristes y asustados. Preocupada por ella, su portadora no vio más solución que despertarla con suaves toques.
− ¿Tikki…? ¡Tikki! – La llamó en voz baja. Era suficiente para que ella la escuchara. Un par de movidas más bastaron para que abriera sus ojos y comenzara a levitar en el aire, en aparente estado de alerta. − ¿Estás bien?
− ¿Ah? – Tras dos vueltas en su propio eje, la kwami pareció ubicarse nuevamente. – Lo siento, Marinette. Te desperté.
− Bueno, en realidad… Ya estaba despierta desde hace unos minutos. No podía dormir.
− ¿Otra vez tus sueños futuristas con Adrien?
− Ojalá. – Suspiró. – No recuerdo haber soñado algo. Sólo me desperté sin más.
− ¿Qué hora es?
− Déjame ver − Marinette sostuvo su celular para observar la hora situada en el centro de la pantalla. No pasaban de las cuatro de la mañana. –, las 3:50 AM.
Tikki la miró extrañada y no era para menos. ¿Cuándo, en todo el tiempo que llevaban juntas, Marinette se levantaba tan exageradamente temprano? Era una especie de logro o algo parecido que se levantara quince minutos antes de las ocho.
− Deberías volver a dormir, Marinette. Necesitas descansar.
− No puedo, Tikki. Ya lo intenté. – Marinette se levantó de la cama, estirándose sin rastros de pereza. Ese simple acto alcanzó a extrañar a Tikki. – Aprovecharé el tiempo hasta que sea hora de ir a la escuela.
Sus palabras tomaron forma cuando el tiempo avanzó nuevamente. Marinette se la había pasado perdida en su mundo de diseños y costuras hasta que dieron las siete con cuarenta minutos. Aun así, no se percató de ello hasta que otros cinco minutos se sumaron. Mientras movía la cabeza al ritmo de la música que llegaba a sus oídos con ayuda de los auriculares sin querer se encontraba ignorando el hecho de que se le hacía tarde y, que a unos metros atrás, su celular comenzaba a vibrar rebosando de mensajes y noticias del mundo exterior. La vibración provocó que el aparato cayera al suelo, cerca de la cama.
El sonido sordo que provocó el impacto hizo que Tikki volviera a despertar. Mientras Marinette diseñaba ella había vuelto a caer en un nuevo sueño cuyas referencias entendería después. La kwami se levantó, más cansada que nunca sin razón aparente. Fue entonces que, tras espabilarse, logró escuchar el sonido de la voz de la madre de Marinette colarse por los bordes de la escotilla que servía de puerta. La kwami voló rápidamente hacia su protegida, quitándole el audífono derecho.
− ¡Marinette, se te hará tarde!
− ¿Eh? – La chica paró el reproductor de música a la par que buscaba con la vista el reloj de pared frente a ella. Se levantó espantada, parpadeando. − ¿Ya casi las ocho? ¿Tan rápido…?
No lo pensó mucho. Ordenó los papeles desparramados por su escritorio, cerró su libreta de diseños y apagó la tableta de dibujo para correr a cambiarse. Si bien no era tan tarde, no quería correr el riesgo en ese único día en que no debía entrar en pánico y rogarle a la profesora para que le quitara la falta. Cuando se miró al espejo, sin embargo, no puedo evitar sentir como si olvidara algo importante. El llamado de su madre fue lo que la distrajo de ello y sin más, bajó para desayunar.
En el suelo, una vez más, su celular vibró con insistencia. Alya la estaba llamando, presa del pánico.
Marinette bajó para encontrar a su madre cohibida en el comedor. Desde ese momento, el mismo vacío que la despertó volvió con creces para hacerse muy insistente. Cuando Sabine la miró, no supo que decir. La televisión estaba inusualmente apagada y justo tras unos segundos de su llegada, Tom también apareció. Esta vez sin el delantal de panadero y con las cejas curvadas hacia abajo, como si algo de pronto hubiera ocasionado en su padre tal tristeza.
− ¿Mamá? ¿Papá? – Intercambió miradas con ellos, quienes al final, se tomaron de las manos. Si bien resultaba un gesto lindo para ella, ahora sólo resultaba como un mal presagio. − ¿Pasó algo?
− Marinette – Sabine tomó la palabra tras unos segundos de silencio. Hace minutos que llevaba llamándola para que bajase, pero conociéndola seguramente la joven no respondería más que balbuceos somnolientos. Esta vez desconocía que Marinette se había levantado temprano, pero si lo supiera habría preferido que siguiera dormida hasta las nueve de la mañana. Su labio inferior tembló. – Tu sabes que no todo lo que dicen en la televisión es cierto, ¿verdad, cariño?
No sabía cómo empezar. La noticia había caído de pronto en las noticias como si se tratase de un asunto de última hora (y en realidad así era). Sin embargo, para su desgracia, tanto Sabine como Tom estaban presentes cuando sucedió. El panadero había dejado caer una bandeja de pan recién horneado de la impresión, Sabine sólo había alcanzado a cubrir su boca con ambas manos, que de pronto, estaban frías.
Ambos adultos fueron sorprendidos por la crudeza de la situación. Y ninguno sabía sentir algo más que no fuera pena y tristeza por lo ocurrido.
Entonces, ¿cómo decírselo a Marinette? ¿A su dulce, tierna y hermosa hija? ¿Cómo comenzar a explicarle lo que vieron y oyeron en la televisión? ¿De qué manera amable podrían darle una noticia tan horrible y dolorosa?
¿Debían esperar a que ella se enterara por sí sola? ¿O debían decirle sin más, que Adrien Agreste había sido reportado muerto esa mañana?
No existían palabras para hacer que su supuesta muerte sonara tranquila. Así que sólo les quedaba rezar para que fueran rumores.
− Sí, mamá. Lo sé. – Marinette se acercó a ellos con paso lento. − ¿Pueden decirme qué sucede, entonces?
Tom y Sabine intercambiaron miradas.
− Hace unos minutos dieron una noticia de última hora en la televisión. – Tom tomó con suavidad el hombro de su hija. – Marinette, necesitamos que estés tranquila, por favor.
− Papá… Me están preocupando.
− Es sobre tu amigo, Adrien. – Continuó el hombre. Observó a Marinette a punto de abrir la boca, alarmada. – Marinette, sabes que en las noticias a veces exageran o intentan llamar la…
− ¿Qué le sucedió a Adrien?
− Mari…
− ¡Papá, por favor!
− Mi amor, debes calmarte…
− ¿Qué pasó con Adrien, papá?
− E-es difícil de decir, mira yo…
− Adrien fue reportado muerto, Marinette. – La suavidad en la voz de Sabine fue suficiente para atravesar a Marinette. La chica se congeló en su lugar, sintiendo como la punta de todos sus dedos carecía de sangre. Fue como si en un segundo el mundo se paralizara, como si todo dejara de funcionar. Marinette retrocedió inconscientemente mientras sus ojos azules relucían, abiertos de par en par y las pupilas se dilataban del miedo que de pronto la azotó con una fuerza espeluznante.
− No. – Su garganta se cerró.
La figura de Ladybug surcó con velocidad los cielos de París, meciéndose entre los edificios con destreza al día siguiente del nacimiento de ese fatídico alboroto. La dureza con la que aterrizó frente al podio presidencial sacudió el piso debajo de quienes estaban cerca. Una multitud resplandeciente de reporteros hambrientos se mostraba frente a ella, pero ni siquiera el flash de todas las cámaras que buscaban captar a su persona bastaron para debilitar su mirada. El tempano de hielo que yacía allí, cubriendo sus ojos, apenas se inmutó cuando las preguntas comenzaron a surgir como una marea rebelde para estrellarse contra ella.
– Ladybug, ¡Ladybug! ¿Quisieras dedicarle algunas palabras al padre del difunto Adrien Agreste?
– ¿Harás una investigación a pesar de que el mismísimo Gabriel Agreste aun no ha declarado nada acerca de la noticia?
– ¿Cuál es tu relación con Adrien Agreste?
Sin embargo, ella no respondió. Entre el bullicio exasperante, tras unos segundos, su voz fue suficiente para hacerlos callar.
– Adrien Agreste es una figura de alta importancia en nuestra ciudad, no sólo por ser modelo de la compañía de modas más prestigiosa de Francia, sino porque también es un ciudadano ejemplar que jamás le haría daño a alguien conscientemente. Cuando me volví la heroína de París, prometí que nunca permitiría que un crimen de tal magnitud se cometiera en la ciudad que amo y que protejo, por lo que ahora me comprometo a traerles la verdad. – Ladybug apretó los puños para sí misma, luchando para que la decisión que desbordaba de su voz no flaqueara y se convirtiera en el miedo que la estaba atormentando con el pasar de las horas. – ¡Adrien Agreste no está muerto!
Las palabras calaban en su mente, como si de alguna manera, Ladybug no pudiese creerse a sí misma.
Cuando los aplausos y las alabanzas se dispersaron en el aire, ella supo que era momento de retirarse. El día estaba adoptando colores naranjas, como si le advirtiera que todo tenía un final y el de ella, por lo menos temporalmente, era el marcharse a casa para escuchar los regaños de Tikki, quien, por cierto, no debía estar muy contenta con ella. Su kwami le había advertido que aceptar la invitación a dicha rueda de prensa era demasiado arriesgado; no sabían si podían llegar a relacionarla con la vida personal de Adrien por más que ella se inventara otros motivos para estar ahí, pero al final de todo, no supo decir que no. Basta decir que todo eso había sido posible gracias al escándalo que Chloe había armado hace más de 24 horas atrás. El desastre de dicha noticia no lograba cesar, por más que las noticias principales hubiesen dejado de tocar el tema por alguna razón que ya sospechaba tenía nombre y apellido y no hubiese una declaración oficial por parte de los más cercano al rubio. Sin embargo, gracias al morbo que rodeaba la situación, más que perder el interés en los rumores, lo cierto es que hasta ganaban seguidores.
Ladybug debía actuar rápido.
"– Marinette… Debemos ir a casa, por favor"
La voz de Tikki retumbó en su cabeza mediante la conexión mental. Aun así, Marinette no respondió. Saltó de techo en techo, hasta que la enorme mansión Agreste se alzó frente a ella. Se deslizó con agilidad y con ayuda de su yoyo hasta los enormes ventanales de la primera planta, buscando con la mirada y en medio del silencio un indicio de que Adrien estuviese por ahí. Pero nuevamente, nada ocurrió. Se trasladó hacia las ventanas que daban al interior de la habitación del Agreste y con el corazón apretujado en su pecho, se descubrió a sí misma desesperada por encontrarlo sentado en el sofá, acostado en la cama, saliendo del baño o lo que fuera que pudiese estar haciendo a esa hora.
Pero nada. No había nada, ni nadie.
Se mordió el labio inferior con decepción.
¿Dónde estaba? ¿Qué le había pasado? ¿Por qué no lo encontraba?
Aterrizó en su balcón, pero no hizo más que abrir el comunicador integrado que su yoyo poseía. En la pantalla del aparato apareció la imagen de Chat Noir, con sus traviesos ojos verdes y su melena rubia despeinada, como siempre. Sin embargo, a los pocos segundos desistió cuando nadie contestó del otro lado. Llevaba horas intentando, desde el día anterior, que Chat le contestara uno sólo de sus mensajes.
Tras la noticia dada por sus padres, Marinette apenas y había podido reaccionar lo suficiente como para apenas y respirar. Fue como si todo en su cuerpo hubiese dejado de funcionar, como si su corazón hubiese dejado de latir. Se sintió tan vacía que, de un momento a otro, sólo pudo atinar a negar con una simple vocalización. Luego de eso, simplemente desistió. Como si estuviese aguantando mucho tiempo la respiración, se derrumbó. Su padre tuvo que sostenerla antes de que su cuerpo impactara contra el suelo y aunque no se había desmayado, fue incapaz de volver a conectarse con el mundo.
¿Qué estaba pasando, de todos modos?
Era imposible. Y, aun así, el vacío que la había despertado de su sueño, para traerla a esa pesadilla sin final, por un momento, pareció susurrarle que nada de eso era una farsa.
Adrien estaba muerto. Simple y llanamente, muerto. Eso fue lo que escuchó, pero ella jamás aceptaría esa afirmación hasta que no lo viese con sus propios ojos. Aun estando consciente de que eso podría desgarrarla para siempre, Marinette estaba decidida a que fuese la púnica forma de convencerla de ello. Mientras tanto, los medios podrían seguir especulando con sus palabras engañosas y ponzoñosas.
Adrien era un chico fuerte. Adrien era su chico valiente. Marinette estaba segura, más que nunca, de que él jamás podría caer en el espiral de la amargura, esa que se trepa en tu cuerpo, te ahoga con sus mentiras y te ciega con sus habladurías. Porque Adrien era demasiado bueno, demasiado dulce y demasiado inalcanzable.
Adrien Agreste no estaba muerto.
Ladybug se encargaría de demostrarlo.
Un agradecimiento enorme por su paciencia, de verdad. -cries-
Bueno, tras muchos días puedo traerles este capítulo, el cual les digo desde ya, me tenía muy emocionada porque hay pequeños detalles que van dando forma a esta primera parte (sí, PRIMERA). En fin, no he podido corregirlo aún por ciertos motivos, pero más adelante lo haré, por lo que pido disculpas si encuentran algún error por ahí.
Puede que parezca que la reacción de Marinette/Ladybug ha quedado un poco vacía (o al menos es lo que me parece) pero esto se compensará con el avance de la historia, que está muy lejos de terminar aún. En cierta medida eso también fue lo que me retrasó un poco para subir este capítulo, ya que me encuentro trazando los últimos detalles para completar la trama de esta historia.
La siguiente parte (que espero poder traer pronto) me tiene entusiasmada ya que podremos encontrar algunos fragmentos fundamentales para la trama. Así que pongan mucha atención jaja xd. En cuanto a los números del inicio… Pueden revisar el capítulo anterior, porque también le he añadido ese detalle.
Siguiente: Chloé Bourgeois.
