Con la mano que tenía fuera de su agarre, me cubrí la boca, acongojada y con los ojos bien abiertos. Casi se me salían de las cuencas. El antebrazo de Natsu estaba completamente negro. Estaba tan inquieta que no pude articular ni una palabra, aunque sí logré levantar la vista, buscando sus ojos, los cuales se encontraban desviados, mirando hacia otro lado. Parecía que él tampoco sabía por dónde empezar.
-Natsu... ¿Qué...?- Antes de decir algo más, soltó mi muñeca, y los dedos de su izquierda se pasearon por esa extraña marca que ahora formaba parte de él. Poco después murmulló algo. Sé que le molestó que tocase ese vendaje sin su consentimiento.
-Tss... Se supone que nadie debería de enterarse...- Con un puchero, me miró de reojo. Casi parecía un niño pequeño, mas esta vez no pude reír, a pesar de que fue un gesto que me pareció tierno y adorable. -Escucha, Lucy, debes asegurarme que no se lo dirás a nadie más. Ni siquiera a Happy.
Espera. ¿Ni siquiera Happy lo sabía? Eso era más que suficiente para que mis preocupaciones aumentaran. Tragué saliva, y con un leve movimiento de cabeza, asentí. -No se lo diré a nadie, Natsu...-
Él me miró fijamente durante varios segundos, y después suspiró. -Todo empezó durante mi entrenamiento. Un día cualquiera esta mancha empezó a aparecer en mi muñeca, y desde entonces ha ido extendiéndose a lo largo del brazo... -Por un momento calló, y pareció que estaba recordando algo. Yo solo parpadeé, esperando a que continuase. -Me siento extraño desde entonces, como si hubiese algo dentro de mí que pretende salir al exterior...-
Varias gotas de sudor frío escurrieron por mis sienes entonces. Las probabilidades de que esa mancha tuviese algún tipo de relación con E.N.D. eran bastante altas, ¿no? Aquello empezaba a ser una batalla a contrarreloj...
-...De todos modos siento que es algo que debo solucionar por mí mismo, y por eso no le he dicho nada aún al abuelo ni a nadie más. Guarda el secreto conmigo, Lucy.- Como si se tratase de algo sin importancia, me sonrió despreocupado, como solo él sabía hacer, al tiempo que se colocó su dedo índice sobre los labios, a modo de silencio. Lamentablemente, yo no podía sentirme tan indiferente como él, así que solo forcé una sonrisa al tiempo que asentía. No. No podía decirle nada, definitivamente.
En silencio, vi cómo volvía a colocarse las vendas, aunque al final tuve que echarle una mano al atar el nudo para que no se le aflojase. Y fue en ese momento, cuando rocé su brazo, que algo palpitó en mi cabeza con fuerza, haciendo que perdiera el equilibrio y casi cayera al suelo, de no ser porque Natsu alcanzó a sujetarme.
-¡Oye, Lucy! ¿¡Qué te ocurre!?- Las exclamaciones de Natsu me hicieron ladear la cabeza para mirarle, aún algo aturdida. Yo solo sacudí la cabeza, y como pude, me puse en pie de nuevo.
-N-no es nada... Solo ha sido un pequeño mareo.- Con los dedos me froté la sien con suavidad. Claro que no había sido eso. Aquella mancha tenía un exagerado poder mágico, y me había atacado. ¿Cómo era posible que Natsu ni siquiera se percatase de tal increíble poder?- C-como sea... Quiero descansar, así que vete ya a tu casa. Mañana nos vemos en el gremio...
Sin esperar una contestación por su parte, procedí a empujarle hasta la puerta de la calle. Él me miraba por encima del hombro, aunque yo evitaba ese contacto visual. -Lucy, aún tienes mala cara. Deja que me quede un poco m-...
-¡NO!- Sin previo aviso, cerré la puerta de golpe. Pocos segundos más tarde, odié mi forma de reaccionar, pero creo que es lo mejor que pude hacer. Con los labios apretados, apoyé la frente contra la puerta, y las lágrimas no tardaron en resbalarse por mis mejillas, empapándolas. -... Lo siento... Natsu...- Murmuré, antes de que el llanto fuese a más.
A la mañana siguiente, mis ánimos estaban por los suelos; aún me sentía culpable por cómo me había dirigido hacia Natsu cuando él tan solo se estaba preocupando por mí. Debía pedirle disculpas.
No obstante, apenas entré al gremio, le escuché discutiendo con Gray, y no sobre un tema cualquiera. Era el único tema que podía hacerme temblar hasta el punto de palidecer.
-¡Te estoy diciendo que en cuanto encuentre ese libro, lo destruiré! ¡No dejaré que te metas en mi camino!- La voz de Gray se escuchaba por cada rincón del gremio, y todos se veían obligados a prestar atención. Aunque Natsu tampoco se quedaba atrás.
-¡Y yo te digo que no te lo permitiré! ¡Es lo último que me pidió Igneel!- Natsu tenía la vena de su frente tan hinchada que parecía que estallaría en cualquier instante.
-Vamos, ya basta, chicos. Decidiremos qué hacer con ese libro una vez lo tengamos en nuestro poder.- Erza apareció, situándose entre ambos y sujetándoles los hombros. Después, su mirada se fijó en mí. -¿Verdad, Lucy?- Enseguida ellos dos también se giraron a verme, y yo me estremecí.
-S-sí. Erza tiene toda la razón... No merece la pena que os peleéis ahora por ello...- Como pude, la seguí la corriente. No había manera de que ninguno de los tres supiesen que yo tenía ese libro en casa. No tenía por qué alarmarme, sino, sí que les daría demasiadas razones para que sospechasen algo.
Pero al parecer, no pude contra la perspicacia de Gray, y éste se acercó para revisarme más minuciosamente de cerca. Yo no pude evitar retroceder un paso que él mismo dio para volver a recortar la distancia. Mis nervios cada vez se hacían más notorios, y no podía hacer nada para impedirlo.
-¿Qué te ocurre, Lucy? Parece que nos estás ocultando algo...-
Todo quedó en un inquietante silencio, pero por suerte, Natsu lo rompió, empujando a Gray lejos de mí. Por fin pude recuperar la respiración que había estado conteniendo.
-¿De qué estás hablando, Gray? Lucy solo ha estado un poco enferma desde ayer. ¿Verdad?- Natsu me miró, sonriendo, y yo quise llorar. No se había enfadado a pesar de lo mal que le había tratado la noche anterior, y de alguna forma me había salvado, aunque él creyese que lo que trataba de ocultar era el problema que tenía con su brazo.
Entonces agaché la cabeza,y sin pararme a pensar bien en lo que estaba haciendo, me acerqué a él hasta que pude abrazarlo, rodeando su cintura con mis brazos. Por supuesto, oculté mi rostro en su pecho, así que no supe bien cómo reaccionaron todos los que nos vieron. Pero no me importaba; lo necesitaba, y no me preocupaba si después llegaba a arrepentirme.
Erza creo que enrojeció, pues llegué a escuchar algún comentario al respecto, y, aunque no podía verle, estaba casi segura de que sembré la confusión sobre Natsu, pues él no reaccionó de inmediato.
-Oh. Así que era ese tipo de relación lo que estaban escondiendo... ¿Ves cómo no era para tanto, Gray?- Escuché la voz de Mirajane, tan dulce como siempre, mas no oí la contestación de Gray. Quizás solo asintió con la cabeza.
-Natsu... Siento lo de ayer...- De repente me aferré más a él y alcé la voz, pero en un susurro, pues solo quería llamar su atención, aunque, a decir verdad, dudo que alguien más nos estuviese haciendo caso: todos estaban más pendientes de sus conversaciones, haciéndose la idea equivocada de lo que de verdad estaba ocurriendo.
-¿Hm? Vamos, Lucy, que no fue para tanto.- Aunque solo fueron unas simples palabras, me sentí aliviada, y más aún cuando apoyó su mano sobre mi cabeza, revolviéndome el pelo. Creo que por primera vez en varios días, sonreí de verdad. -¡Anímate!-
Y claro que lo hice. Para cuando me separé de él, nos reunimos con los demás y nos mantuvimos el resto del día entre risas y discusiones nimias. Incluso durante ese rato pude olvidarme del libro de E.N.D. y todos los problemas que éste abarcaba.
Sin embargo, esa felicidad no duró demasiado. Fue efímera. Ya se había hecho de noche, y cuanto más cerca estaba de llegar a casa, mayor era mi mal presentimiento respecto a que algo horrible estaba por suceder. Por eso mismo, mis pasos se aceleraron; tenía miedo, pero aún quería creer que eran imaginaciones mías.
Para cuando llegué, tuve que pararme a recuperar el aire antes de abrir la puerta. Un enorme poder mágico se encontraba tras la misma. Alguien estaba esperándome allí adentro, y, aunque no muy convencida, pasé, cerrando la puerta tras de mí.
Lo que vi a continuación, me hizo quedarme estática en el sitio: se trataba de ese hombre. Ese al que le quité el libro, y por si acaso no fuera poco, lo había sacado de donde lo tenía bien escondido, y, perdido en sus pensamientos, al parecer, no le quitaba la vista a la portada del mismo.
-Así que al fin llegaste...- Su tranquilidad al hablar, me proporcionó un severo escalofrío. Casi sentía que el aire me faltaba.
-¿C-cómo has averiguado dónde vivo...?- No quería titubear al hablar, mas me era imposible. Él simplemente alzó el libro, mostrándomelo. Era obvio que me había encontrado gracias a él. Y por un instante pareció dispuesto a abrirlo. Y yo grité. -¡No! ¡Por favor, no lo hagas! ¡Detente!- Sucumbí ante la desesperación, y cerré los ojos con fuerza, llevándome las manos a la cabeza. No quería ver nada, pero su risa me hizo entreabrir uno de mis ojos. No lo había abierto, y solo había tratado de asustarme. Sin remedio, caí sobre mis rodillas, derrotada.
-Puedes quedártelo. Ya no me hace falta.- Con un peculiar cuidado, dejó el libro sobre el escritorio. No lo entendía.- Ya te has dado cuenta, ¿no? E.N.D. ha empezado a despertar sin necesidad de abrir este libro. Es cuestión de tiempo que despierte del todo. -Entonces me pareció verle sonreír con nostalgia. No podía ser verdad. No quería creerle.
-... Yo... Yo lo detendré y salvaré a Natsu, cueste lo que cueste...- Recuerdo que apreté los dientes con fuerza. También fulminé a esa persona con la mirada. Él pareció asombrarse, y por lo pronto, se encogió de hombros.
-Vaya. Vosotras dos sois iguales... -Calló un momento. Aquello me desconcertó- Entonces... ¿Estarías dispuesta a acabar con tu vida solo para sellar a E.N.D., tal y como Layla Hearfilia trató de hacerlo conmigo?
...¿Qué...? ¿Qué era lo que había dicho...?
Continuará.
Bien, bien. Me encanta esto de ir improvisando cosas conforme voy escribiendo. (?)
Aunque sí que es verdad que quizás lo esté desarrollando demasiado rápido. Welp, aún tengo que mejorar muuucho en este ámbito, así que espero ir corrigiendo esa manía mía con el paso del tiempo. Paciencia, pls.
That's all. Sayonara, beibis. -Se cierra el telón-
