Capitulo 3
En nuestra tercera parada, Edward ya había demostrado ser más amigable. Su humor acido hacia Jacob y compañía había desaparecido, y ahora estaba felizmente leyendo. Entonces, fue mi turno para estar de mal humor.
Dos chicas subieron a nuestro vagón y pude captar que miraron a Edward, se susurraron algo entre ella y caminaron directo a nosotros. Las vi y me acomode más cerca de él, que estaba sumamente concentrado en lo que sea que había escrito, por lo que no notó cuando ellas rieron nerviosas y se sentaron frente a nosotros. Que chicas mas huecas. Eran del tipo que hacen un ruido exagerado cuando mastican chicle, enroscando su cabello alrededor de sus dedos. De repente le guiñaron a Edward. Continuamos ignorándolas, pero cuando comenzaron a sacarse sus camperas de piel, desabotonarse los botones superiores de sus blusas e inclinarse hacia nosotros, fue demasiado.
Básicamente, estaba apretada a Edward, y cuando ellas comenzaron a menear su cabello e inflar sus labios, mi mano fue directo a su muslo. Él saltó, con los ojos muy abiertos y mirándome confuso, hasta que notó a las chicas y mi expresión de enojo. Entonces, sonrió, me envolvió con su brazo y me acercó a él mientras volvía a su lectura.
"¡HAY, NO!" dijo una presuntuosa voz, demasiado aguda mientras se escuchaban caer mucho objetos. Edward y yo levantamos la vista para ver a la rubia sosteniendo su cartera de cuero blanco frente a ella. El contenido de dicha cartera se encontraba desparramado por todo el suelo, y un tubo de lápiz labial rodaba directo a nosotros, golpeando nuestros pies. Varias personas en el vagón miraron molestas por unos segundos, luego se dieron vuelta.
La chica, para mi mayor y total sorpresa, empezó a gatear por el suelo para recoger sus cosas, asegurándose de tener su pronunciado escote justo en medio del campo de visión de Edward. Cuando llegó al lápiz labial, lo agarró rápidamente antes de pararse y sonreírle a él.
"Lo siento mucho", dijo feliz, y yo estaba segura de que no se sentía para nada arrepentida. "Mi nombre el Lauren, ella es mi amiga Jessica, encantadas de conocerte". Extendió su garra con manicura francesa hacia él, quien alzó la vista curioso. ¡¡Estaba tratando de leer!!.
"Edward Masen" dijo cortésmente, estrechando su mano y tratando de volver a su lectura. La otra chica, Jessica, se levantó de un salto para estrechar su mano también.
"Encantada de conocerlas", dije con una dulce sonrisa, lentamente formulando un plan en mi cabeza. Saqué un anillo que mi amiga me había regalado y me lo puse el la mano izquierda, en el lugar perfecto.
"OH," dijo Jessica de repente, como si yo no hubiera estado ahí antes. "¿Y tu quién eres?"
"Soy Bella, Sra. Masen" dije con una sonrisa, mostrando mi nuevo anillo de bodas mientras extendía la mano para estrecharla con la de ellas. Ambas empalidecieron, me miraron con odio y volvieron a sentarse. Ocasionalmente, a lo largo del camino, intentaron tener algún tipo de conversación con Edward, pero él siempre se giraba un poco más hacia mí, o se inclinaba para susurrarme algo, acariciándome suavemente con la nariz. Y cada vez yo sonreiría o reiría suavemente. Pero, si pueden imaginar a las personas más irritantes que conocieron en su vida, sentadas mirándote fijamente, así es como me sentí durante cinco minutos. Agotadores, terribles, dios-mío-quiero-morir, trágame tierra, minutos.
La voz de los parlantes mencionó una estación que yo conocía, le toque el hombro a Edward con el codo. Captó mi mirada y alzó sus cejas, estando cerca del final de la historia era fácil distraerlo. Le devolví su iPod y sonreí tan dulce como podía hacerlo con las dos huecas escuchándome.
"Paremos por un desayuno, ¿quieres?" pregunté. Su sonrisa iluminó su rostro y asintió, tomando mi mano y cruzando la puerta conmigo rápidamente. Una vez que el tren se había ido, mi mano regresó a mi bolsillo buscando calor y ambos nos partimos de la risa.
"Dios, puedo decir que vamos a ser grandes amigos" Edward dijo entre dientes mientras subíamos las escaleras, el sonido del trafico de la mañana en las calles volviéndose mas fuerte mientras nos movíamos.
"Si, nada como atacar a un grupo de extraños cooperando con otro extraño, ¿no?" le pregunté con una amplia sonrisa. Edward me sonrió y volvió a reír.
"¿Quieres en realidad ir por un desayuno?" preguntó suavemente, mucho más serio de lo que nuestras bromas habían sido. "Quiero decir, ya que tenemos que tomar las mismas líneas, y es temprano, ¿por qué no, entonces?"
No tenía ningún apuro por llegar a casa… "Claro" contesté feliz.
"Genial, conozco un café pequeño y adorable, hacen unos deliciosos panqueques." Asentí, mi estomago rugiendo en respuesta, mientras caminábamos, manteniéndome cerca de él.
El café era encantador, todo cubierto en madera oscura en la esquina de una calle comercial. Tenía grandes ventanas a lo largo de las dos paredes. Me dirigí a una mesa pequeña y me dediqué a mirar a la gente en las calles mientras Edward ordenaba nuestro desayuno. Vi a una joven madre, saliendo de su departamento al otro lado de la calle, guardando su celular mientras empujaba el cochecito con su bebe profundamente dormido. Un verdadero caballero la ayudaba y ella le agradecía educadamente.
Había una pareja de jóvenes, con sus cabellos totalmente despeinados debido a haber estado durmiendo, o haciendo algo más… no les sabría decir. Estaban tomados de la mano, ambos lucían cansados, pero muy felices de estar juntos.
"¿Mirando gente?" La dulce voz de Edward preguntó mientras se sentaba. Acomodó un plato frente a mi y otro frente a él, mientras que la camarera dejaba dos tazas de té antes de sonreírnos y alejarse. Edward se había sacado su tapado, y ahora podía ver su camisa gris ajustada, con sus mangas enrolladas hasta sus codos, todavía con su bufanda anudada al cuello. "¿Tardé mucho?" preguntó, mientras vertía un poco de almíbar sobre su plato. Sonreí y sacudí mi cabeza.
"Para nada", contesté deshaciéndome de mi propio abrigo, dejándome en una camisa marrón, similar a la de Edward. También me arremangué. Ambos probamos la comida, estaba deliciosa. Fue nuestro momento de mayor tranquilidad, mirar a la gente pasar por la ventana.
"Estoy verdaderamente disfrutando tu historia" me dijo, cortando otro bocado. "Me parece fantástico como Michael y Sophia saben tan poco el uno del otro, y aún así tienen una conexión tan fuerte."
"Siempre he pensado que es bastante interesante, dos personas conectándose de esa forma" murmuré, manteniendo la vista en mi tenedor. Estaba empezando a sentir calor en mis mejillas debido a su cumplido, y también por el hecho de que fuéramos tan cercanos después de solo una hora juntos, básicamente.
"Quiero decir, se conocieron bajo tan extrañas circunstancias, pero es creíble, ¿sabías?" dijo alucinado, por lo que no pude evitar la sonrisa en mi rostro.
"Lo se Edward, yo lo escribí." Las mejillas de Edward se sonrojaron y asintió.
"Este libro va a ser grande. Algún día van a hacer una película de él. Yo voy a escribir su música" me informó. Curvé una ceja.
"¿En serio?" pregunté burlonamente.
Edward me dedicó una sonrisa torcida. "Si Madame. No permitiré que nadie componga para ti nunca, ese privilegio es estrictamente mío." Yo sabía, por la forma en que sus ojos me miraban, que eso era pura verdad.
REVIEWS :)
