Ninguno de los personajes conocidos que se mencionan son míos, sino de la autora J. K. Rowling.


Draco estaba en su habitación, sorprendiéndose al ver lo grande que era. Pegada a la pared derecha había una cama de matrimonio adornada con sábanas verdosas, que tenían dibujos en un verde más oscuro, y a la izquierda había, además de la puerta al baño privado, un conjunto de armario y cajonera. Ante la ventana, que quedaba en frente, había un escritorio de madera oscura y al lado un sillón verde oscuro. La decoración era bastante sencilla, quizá para darle la oportunidad de decorarla a su gusto, y la enorme ventana le dejaba ver todo el paisaje delantero. Se preguntó si todas las habitaciones tenían esas enormes ventanas.

Observó con mirada crítica el baño. Era algo pequeño y de tres piezas: pica, bañera y váter. Típico de muggles… Salió y se dejó caer sobre la cama. Extrañaba el baño de su mansión, su jacuzzi, su cama, sus muebles, su magia, su varita, que ahora era un simple palo… Le gustaría volver a ese conocido aunque perverso ambiente de la mansión.

Cerró los ojos y volvió a vivir todo lo sucedido hasta ese momento. Seguía sin entenderlo, seguía sin entender porque todo lo que rodeaba a la sangre sucia, al comadreja y al cararajada estaba tan lleno de alegría a pesar de que la guerra estaba empezando, aunque quizá era porque todo el peligro había desaparecido ahora. Y lo que más le mosqueaba, es no entender porque cada vez que les veía abrazándose, riéndose, charlando sin preocuparse de decir algo que no fuera "correcto" algo en su estómago se revolvía, como si fuera a vomitar. Seguro que era el asco, sí, estaba seguro. Esos imbéciles le daban asco, mucho asco.

¡Y encima esa maldita Granger se había atrevido a llamarle squib! ¡Le había insultado a él y a toda su familia! ¡A todos los grandes sangre limpia que existían! La cabeza empezó a retumbarle a causa de la incapacidad de devolver esos golpes que estaba recibiendo. Si tuviera su varita… Si tuviera su varita y su magia le haría un buen avada kedavra a esa puta zorra y la eliminaría del mundo. Pero antes la torturaría hasta que pidiera que la matara rápido. Necesitaba la varita, porque estaba seguro de que si le devolvía los ataques en forma de puñetazos todos se le echarían encima. Excepto su padre, a él era al único del grupo al que no le importaba pegar a una mujer.

La odiaba, mucho, y nadie sabía hasta donde llegaba ese odio, ni siquiera él mismo. La odiaba por ser tan altiva y a la vez tan humilde, por ser el prototipo ideal de Gryffindor, por no dejarse doblegar al escuchar su nombre, por devolverle todos y cada uno de los ataques que él le echaba, por no amedrentarse ni rodeada de mortífagos… La odiaba porque ella tenía algo que a él le faltaba: valor. A él lo movía el miedo y el temor, por su madre y por él mismo, a pesar de ser uno de los magos más prometedores y puros de sangre… Y ella, una maldita sangre sucia, una hija de muggles, una no merecedora de la magia… Ella siempre iba con la cabeza alta, incluso cuando conseguía hacerla llorar o herir su orgullo, ella seguía sin achantarse… Puta, zorra, asquerosa, maldita… Su vida sería mucho más tranquila si esa sucia no hubiese nacido.

- Protegidos por unos malditos muggles – rugía Lucius en su habitación - ¿cómo hemos acabado en esto?

- Para sobrevivir, Lucius, para sobrevivir – susurraba Narcissa sentada en un sillón oscuro cerca de la ventana.

El rubio siguió maldiciendo mientras Narcissa sólo miraba el hermoso paisaje que tenían delante. Quién le hubiera dicho a ella que una casa muggle podía ser tan… normal.

Algo en ella se quebró cuando recordó la imagen de aquella señora mayor abrazando sin miedo a la hija de muggles. ¿Cuántas veces había querido ella mostrarle tanto aprecio y cariño a su hijo y cuántas veces su marido se lo había impedido excusándose en que eso era de débiles?

Rio interiormente al recordar lo de los turnos de tareas. Desde pequeña, a pesar de haber tenido elfos en su casa, su madre la había enseñado a limpiar y a realizar esas "tareas de mujeres", así que no le preocupaba en absoluto, pero no sabía cómo se lo armarían su marido y su hijo. Recordó las palabras de la castaña y sintió un escalofrío: ahora todos eran simples squibs.

Harry y Ginny no se podían creer la situación en la que estaban: una preciosa cama de matrimonio vestida de rojo para ellos solos.

- Las ideas que tiene Hermione son a veces de lo más locas – reía Ginny mientras guardaba la ropa para intentar disimular su nerviosismo.

- ¿S-sí, v-verdad? – Tartamudeó Harry mirándola desde la cama.

Desde que la puerta se había cerrado, Harry no pudo evitar que un montón de pensamientos indecentes tomaran su mente. Había visto a Ginny crecer desde pequeña y ahora que la observaba bien notaba el cambio que había tenido. A pesar de ser joven su cuerpo ya era el de una casi adulta, aun le faltaban los cambios finales en distintas zonas, pero ya tenía una figura bien definida.

Ginny se dio cuenta de la mirada fija del moreno sobre ella y se puso a ordenar la ropa con más cuidado, intentando evitar mirarle al máximo.

…..

Luna estaba encantada con su habitación. Hermione le había dado una especialmente decorada para ella, con todas las paredes en un tono azul oscuro lleno de estrellitas brillantes. También había preciosas y enormes plantas trepadoras bailando en ese azul cielo y florecillas en distintos puntos. También había las siluetas de unas haditas en blanco en distintos puntos de aquel hermoso cielo. Aquello era una maravilla. Nunca se habría imaginado que Hermione podía conocerla tan bien y escoger una decoración tan acorde a ella.

Abrió su baúl y empezó a buscar cosas. Algo en ella la movía a crear algo especial para la Gryffindor, para agradecerle una habitación tan increíble.

…..

Snape estaba sentado en su baúl pensando en todo lo pasado. Cuando la magia se fue y las amenazas empezaron a llegar a la familia Malfoy, ya se esperaba que sus "conocidos" les repudiaran como si de apestados se tratasen. Incluso Voldemort les echó cuando fueron a pedirle ayuda… Por eso acudió a la única persona, además de Dumbledore, en la que podía confiar: Minerva Mcgonagall.

Habló con la bruja largo y tendido, después de soportar sus gritos y algunos guantazos. ¿Quién le habría dicho que la anciana mujer conservaba una fuerza tan arrolladora? Tuvo que explicarle todo sobre el pacto con Narcissa y le costó mucho convencerla de que Dumbledore sabía todo y estaba de acuerdo en morir en sus manos, para evitar que el joven Malfoy ensuciara su alma.

Y luego la profesora le había dicho que debían contárselo a Harry Potter, hijo de su adorada Lili. Pero Snape sabía que eso no cambiaría nada, había tratado a Potter tan mal durante esos años que incluso enseñándole sus sentimientos por su madre y todos sus secretos éste seguiría odiándole. Incluso si el fantasma de Dumbledore se le apareciera y le dijera "Harry, todo estaba planificado y acepté mi muerte de buen grado" el muchacho seguiría deseando su muerte. ¿Sería gracias a la señorita Granger que Potter no le empezó a atacar desde el principio? Del trío ella era la voz de la conciencia… Seguro que había hablado con él y había conseguido que decidiese ignorarlo.

Pero ese no era el caso, el caso estaba en salvar a los Malfoy y, por cosas del azar, llevarse con ellos a Blaise y Nott, que se negaban a dejar a su amigo. Ahora estaban en una casa muggle y deberían aprender a comportarse como ellos. Para él no sería problema, vivió en el mundo muggle cuando era pequeño, pero no sabía cómo lo harían el resto de exmagos.

Blaise subió hacia la segunda planta y miró las diversas puertas. ¿Dónde estaría su amigo?

- Sabía que eras tú – dijo Theo al abrir su puerta y ver al moreno dudando - ¿ya has acabado de guardar tus cosas? – Preguntó invitándole a entrar.

- Claro, he tardado menos de cinco minutos – respondió orgulloso Blaise – veo que a ti te queda aún un rato.

- Me gusta tener todo ordenado y bien colocado – aseguro Theo – que a ti te guste tener una simple bola de trastos no significa que los demás hagamos lo mismo.

- Pérdida de tiempo… - dijo el moreno sentándose en la casa – vaya con la casa de Granger, ¿eh?

- No está mal…

- Creo que nos lo podríamos pasar bien y todo – río.

- Yo pensaba que ibas a arrancarle la cabeza a la Gryffindor en cuanto la viste… O cuando le dio el primer puñetazo a Draco…

- Bueno… Es que pegarle a una chica… - susurró el moreno – además, no me dirás que no son graciosas las reacciones que tiene.

- Quizá… Tampoco es que me interese lo que haga ella.

- ¿Ella? ¿Desde cuándo la llamas "ella"?

- ¿Y desde cuándo la llamas tú "leona"?

Y se pusieron a reír. A pesar de todo el estrés que sentían, cuando la magia desapareció notaron como un enorme peso desaparecía sobre ellos. El peso del miedo, el peso de las amenazas de muerte y tortura… Ahora mismo les daba igual estar en sus mansiones o en una casa muggle, sin magia los dos sitios eran iguales. Y el ambiente que se respiraba en aquel lugar era tan… cómodo. Se notaba que nadie tenía miedo de estar ahí.

- ¿Y qué te parecen los demás? – Preguntó Zabini.

- Normal, supongo. Esa Claire es un poco…

- ¿Atrevida? ¿Pervertida? – Río el moreno – me cae bien. Tal como dijo la leona, es muy yo…

- Más bien tú eres muy ella, que para eso es mayor que tú – le corrigió Theo.

- Ya, ya, bueno. ¿Sabes que Draco nos va a dar una buena cuando nos pille?

- ¿Nos va? Eres tú el que ha empezado a apreciar a la hija de muggles – volvió a corregir Theo.

- Ya claro, porque de tus miraditas con la lunática no va a decir nada – río el moreno.

- No la llames así, se llama Luna – ordenó serio Theo.

- Ay, vale, vale. Luna… - rio el otro.

- Y contra Luna no creo que Draco tenga nada…

- Es amiga de Potter, con eso ya se gana su odio.

….

Ron estaba en su habitación tirándose de los pelos. ¡Harry y su hermana juntos! ¡En la misma habitación! ¡Al lado de la suya! Hermione y sus ideas... Menos mal que ya estaba acostumbrado a la cantidad de teoría sexual que tenía la castaña… Le importaba mucho más este hecho que el tener a los refugiados en la casa.

Cogió una de sus numerosas bolsas de galletas y empezó a realizar la única acción que le tranquilizaba: comer.

…..

Eran las nueve menos cinco cuando Joseph y Nana empezaron a llamar a las puertas de todos para cenar.

Narcissa y Snape se tuvieron que esforzar lo suyo para convencer a Lucius y Draco, que estuvieran en un infierno no significaba que no pudiesen comer y no iban a permitir que enfermaran.

Hermione aprovechó entonces para enseñarles el salón y el espacio que compartían la cocina y el comedor.

El salón, a la derecha del vestíbulo, era un precioso lugar revestido con paneles de madera color chocolate, con cuatro sofás rojo oscuro de cuatro plazas formando una U en el centro. Entre los sofás había una pequeña aunque alta mesa de té y ante estos estaba colocado un enorme mueble en el que reposaban cientos de cosas que para los exmagos eran raras.

- ¿Qué es todo eso? – Pregunto Blaise.

- Pues… Una tele, un DVD, un equipo de música, unas consolas,… - respondió Hermione de forma indiferente.

Y entonces recordó que los sangre-limpia no tenían ni idea sobre electricidad ni nada, así que les dio una explicación rápida y concisa sobre el sistema de energía muggle, añadiendo además una extra sobre el tema de "canales de tele", "discos de música", "Internet", sistemas de almacenamiento como discos duros, ordenadores…

- ¿Y todo eso lo habéis inventado los muggles? – Pregunto Theo sorprendido.

- Sí… Tras varios años de investigación y esas cosas… Van muy bien – respondió Hermione.

- Niña Hermione, tienen la comida en la mesa, si nos disculpa nosotros marcharemos ya – anunció Nana saliendo por la puerta acristalada que separaba el salón y el comedor.

- Claro, ya nos ocuparemos nosotros del resto – sonrío – que descanséis. Y no os preocupéis por llegar muy pronto mañana.

- No se preocupe, niña Hermione – sonrió Joseph – que descansen ustedes también – se despidió cortés.

El salón y la cocina, al contrario que el resto de la casa, estaban pintados en tonos blancos y azul claro, con suelos de parquet claro en el comedor y baldosas en la cocina.

Se repartieron en la amplia y alargada mesa, en donde reposaban varias fuentes con canalones y ensalada y botellas de zumo y refresco.

Luna y Claire, que se sentaron en el medio de la mesa, actuaban como una especie de cortina separadora entre grupos: a la derecha los "buenos" y a la izquierda los refugiados.

Luna fue la primera en levantarse y empezar a repartir los canalones entre el grupo de refugiados, a lo cual Theo se ofreció a ayudarla recibiendo una cándida sonrisa por parte de la rubia.

- Esto está muy rico Hermione – sonrió Luna cuando le dio el primer bocado a uno de los canalones.

- ¿A que sí? Nana es la mejor cocinera del universo – río la castaña a su lado.

El ambiente estaba tenso por un lado y animado por el otro. Los buenos charlaban animadamente entre ellos, proponiendo cosas para hacer después de la cena como ver una peli o escuchar música, se peleaban jugándose al azar quien tendría que recoger la mesa y poner todo en el lavavajillas… Como si sólo estuviesen ellos en la casa. Pero es lo que se habían propuesto tras una larga charla: no dejarían que su compañía les quitara su alegría, por muy indeseable que fuera.

Mientras, en el lado "oscuro" de la mesa los refugiados comían con cara de asco, negándose a aceptar que lo que tenían en el plato era una delicia, mirándose unos a otros con cara de pocos amigos… Incluso Blaise, con todo su morro, se sentía algo mal y no se atrevía a soltar ninguna de sus salidas viendo lo "libres" que eran los demás.

- ¿A vosotros os apetece hacer algo? – Les preguntó Claire, pillando desprevenidos a todos, que tuvieron que recordarse que ella desconocía la profundidad del odio que les unía.

Blaise y Theo miraron a Draco inmediatamente y éste les respondió con una mirada evasiva.

- Podríamos jugar al trivial, a las cartas o a cualquier juego de mesa – propuso Hermione, ganándose miradas fulminantes por parte de cierto pelirrojo. Miradas que ignoró porque se había propuesto sacarle el mayor partido y beneficio a la situación.

- Yo no juego a esa mierda de muggles – espetó Draco.

La castaña suspiró ante la actitud del rubio. ¿Es que acaso ese gilipollas no pillaba la situación o qué?

- Pues muérete de aburrimiento – dijo al cabo de unos segundos.

- Podríamos jugar a ese juego del dinero – susurro Luna – ese que nos enseñaste en la fiesta de pijamas, que se tardaba mucho en acabar.

- ¿El Monopoly? – Preguntó Hermione.

- Sí, ese. Es muy divertido. Me pido la estrella – sonrío la rubia.

- Bien, pues decidido. Yo me pido el gato – anunció la castaña.

- ¿Qué es ese juego? – Preguntó Theo, movido por el ánimo de la rubita soñadora que tenía al lado.

Hermione le explicó rápidamente en qué consistía el juego, dándose cuenta de que a cada palabra el interés de cierto hurón aumentaba.

- Por suerte tengo la versión doble – explicó – que tiene el doble de casillas y eso para cuando hay mucha gente que quiere jugar.

- ¿Se aceptan pagos en especias? – Preguntó Blaise en tono juguetón.

- Ni te molestes – interrumpió Claire – lo he intentado muchas veces pero estas malas personas no me dejan.

Hermione los miró ceñuda a los dos. Estaba claro, si Zabini conseguía superar sus "odios", cosa que parecía que estaba pasando aunque fuera superficialmente, él y Claire harían muy buenas migas. Y eso era malo. Dos pervertidos de tal nivel como ellos juntos… Mala idea.

- ¿Qué hay de postre, Mione? – Pregunto Ginny.

La castaña se levantó y, seguida por una saltarina Luna, empezaron a mirar en la cocina.

- Parece que Nana ha hecho soufflés de chocolate y plátano – anunció cogiendo la primera placa del horno, que por suerte estaba fría, y dejando sitio para que Luna se hiciese con la segunda.

Repartieron los soufflés y se los acabaron en menos de un periquete. Para todos fueron como una delicia de los dioses.

Mientras Harry y Ron recogían la mesa Luna se interesó por la estancia que quedaba a la izquierda del vestíbulo y la castaña guio a todos hacia allí.

- Es una biblioteca – dijo antes de entrar – pero una muy especial y decorada a mi gusto, ya que soy la que más tiempo se pasa en ella de toda mi familia.

- Seguro que todo está lleno de rojo – intentó molestarla Draco, pero no se esperaba lo que se iban a encontrar.

Al abrir Luna soltó una exclamación, bueno, ella y todos exclamaron. Tres paredes de las cuatros estaban llenas de estanterías repletas de libros y en la frontal (la de la casa, que sería la que quedaba en la pared izquierda de la biblioteca) había otro enorme ventanal tapado con unas cortinas blanquecinas. El suelo era de parquet oscuro y, además de una decena de sillones individuales repartidos por toda la estancia, había un montón de puffs de todos colores y tamaños. La rubia soñadora miró al techo y soltó un gritito de emoción.

Éste mostraba una hermosa pintura en tres partes. En el centro había plasmado un hermoso Pegaso, con las crines y la cola mostrando un arcoíris. Junto con el Pegaso había una chica con un vestido arcoíris también y sobre ellos un conejito durmiendo sobre la Luna. Además, en el "cielo" había unas siluetas de hadas blancas y brillantes.

En el lateral derecho había la imagen de un libro que la castaña adoraba, Alicia en el País de las Maravillas, mostrando a los personajes de dicho libro de una forma muy peculiar y surrealista.

- ¿Y eso? – Preguntó Theo refiriéndose al lado izquierdo.

- Es un collage de un estudio de películas de animación llamado Ghibli – respondió la castaña.

(N/A: Para ver los dibujos exactos ir a mi perfil y meteros en los links que hay indicados. Así veréis mejor la idea).

- Que composición tan peculiar – habló Narcissa por primera vez, con la mirada fija en la parte de Alicia en el País de las Maravillas, libro que conocía bien.

Hermione se mordió el labio.

- Bueno, me gustan diversos estilos, pero estos son mis preferidos – sonrío.

- ¿Lo has pintado tú? – Preguntó Luna.

- ¿Yo? ¡Qué va! Soy pésima dibujando – rio Hermione – lo hizo un amigo de mis padres.

- ¿Podemos entrar cuando queramos? – Preguntó la rubia aún hipnotizada por los dibujos, sobre todo por las brillantes hadas.

- Claro – aseguró Hermione – los únicos lugares privados son las habitaciones, el resto es todo común.

Entonces la castaña cogió a Luna y la llevó hasta un estante de color azulado.

- Y creo que si te conozco medianamente bien, estos libros te van a encantar – anunció.

Luna la miró sonriente y empezó a coger libros: la historia interminable, Alicia en el País de las Maravillas, El señor de los anillos, El Hobbit, Las crónicas de Narnia, Las Crónicas de Dragonlance, Momo, Los Libros de Terramar, Peter Pan, Mundodisco… Y un montón de libros de fantasía más.

- ¿Son los libros de los que siempre me has hablado? – Preguntó la rubia con entusiasmo.

- Si – río la castaña – los he pillado especialmente para ti. A mí me gustan mucho, no voy a negarlo, pero seguro que tú los disfrutarás mucho más.

- Yo también quiero un estante… - lloriqueó Ron.

- A ti no te gustan los libros, así que te fastidias – aseguró Hermione sacándole la lengua.

- Bueno qué, ¿jugamos o nos quedamos aquí cual estatuas? – Preguntó Claire aburrida.

Justo cuando volvieron al vestíbulo Ron, Harry y Draco empezaron a pelear de nuevo a causa de una simple pregunta del niño que vivió: "¿Queréis jugar o no?". El rubio repetía una y otra vez que él no jugaba a esas mierdas de muggle e incluso llegó a chillar a Blaise cuando éste intentó poner paz, diciendo que quizá no era tan aburrido.

Finalmente, tras cerca de quince minutos de chillidos y más chillidos, los Malfoy, Snape, Theo y Blaise subieron a sus habitaciones y los demás volvieron al salón. En un principio Theo y Blaise querían quedarse pero una mirada de los rubios les hizo cambiar de opinión. Los "buenos" vieron como los jóvenes mortífagos se metían en la habitación del rubio.

- ¿Por qué tengo la sensación de que ese capullo les va a regañar por hablar con nosotros de forma racional? – Preguntó Ginny.

- Menudo idiota – soltó Claire - ¿y qué les pasa a los otros tres? Ni que tuvieran un palo metido por el culo.

- En fin, dejémoslo. Sin ellos estaremos más tranquilos – sonrió Ron - ¿jugamos?

Tras colocar el tablero y repartirse las fichas empezaron a jugar. Hermione puso algo de música a bajo volumen para amenizar la partida y se sentó entre Luna y Claire.

….

- ¿¡A TI SE TE HA IDO LA OLLA O QUÉ!? – Le chillaba un furioso Draco a Blaise – ¿¡es que te has propuesto traicionar a tu sangre juntándote con los traidores, la sangre sucia y esa maldita muggle!?

- Draco, no voy a traicionar a nadie. ¡Pero tienes que ver la situación en la que estamos! – Se defendía él – sin magia ni nada no podemos más que esperar a ver lo que pasa, joder. ¿Tan malo es intentar pasarlo lo mejor posible?

- ¡Sí! ¡Y más si es con esos! – Exclamó el rubio – si pretendes traicionarme hazlo ahora y no pierdas más mi tiempo.

- ¿¡QUIERES HACER EL FAVOR DE DEJAR DE DECIR QUE VOY A TRAICIONARTE!? – Rugió el moreno cogiendo a su amigo por el cuello de la camisa - ¿¡Crees que si pensara traicionarte te habría seguido!? ¿¡Tan poco valoras la fidelidad que te he guardado este tiempo!? ¡Si quisiera dejarte sólo me habría sido tan fácil como largarme en cuánto las amenazas empezaron a volar sobre tu cabeza!

Theo se levantó en ese instante, viendo como la vena del cuello del moreno se hinchaba peligrosamente.

- Chicos, basta ya – pidió con calma separándolos – Draco, entiendo lo que sientes, pero no podemos pasarnos todo el día encerrados en nuestras habitaciones. ¿Por qué no lo intentas?

- ¿Intentar? ¿El qué? ¿Llevarme bien con esos? ¿Acaso piensas que vamos a hacernos amigos del cararajada y del comadreja así como así? ¿O son la sangre sucia y la muggle las que os interesan? – Espetó con furia – no pienso juntarme con esos más de lo necesario.

Theo miró a su amigo rubio y suspiró.

- Sigues sin entender la situación… ¿Acaso esperas despertarte mañana y haber recuperado tu magia? – Preguntó calmado – Draco, la magia ha desaparecido. Nadie sabe por qué… Si incluso el Señor Tenebroso y los demás mortífagos están confusos… No sabemos lo que va a durar esto…

- ¡PREFIERO MORIR A INTENTAR LLEVARME BIEN CON ESOS! – Bramó el rubio - Y juro que esa maldita hija de muggles me las va a pagar. Y más te vale dejar de llamarla con ese apelativo tan repugnante, Blaise.

El mentado suspiro y se pasó la mano por el pelo

- Draco. No te estamos proponiendo que te lleves bien con ellos, ni que lo intentes… - habló Theo – pero mientras esto dure tendríamos que intentar… hacerlo más llevadero. Si eso significa tener que cooperar con ellos en algunas ocasiones… pues se hace… Y cuando vuelva la magia puedes matarlos de la forma que quieras. Pero hasta el momento…

- ¡NO! ¡Ni siquiera pienso intentarlo! Y si eso significa que tengo que quedarme encerrado en estas cuatro paredes lo haré – le cortó el rubio – y ahora largaos y dejadme en paz.

Cuando sus amigos salieron el rubio se quedó alumbrado por la luz de la luna y la tormenta que había empezado hacía segundos. ¿Juntarse con esa panda de acomplejados heroicos? ¿Con esos que pensaban que sus acciones podrían cambiar el maldito y asqueroso mundo en el que habitaban? Ilusos…

….

Cerca de tres horas, muchas risas, algunos piques y varias quejas después acabaron de jugar dejando a Hermione como vencedora absoluta.

- ¡No vale! ¡Tienes la mitad de las calles! ¡Y dos de las más caras! – Chillaba Ron – seguro que haces trampa.

- Ya, ya. O eso o que no sabes jugar y/o perder – rio la castaña – será mejor que nos vayamos a dormir ya o mañana nos vamos a despertar vete tú a saber cuándo.

Recogieron todo lo que habían ensuciado y se dispusieron a ir a sus habitaciones. Ron se quedó paralizado cuando vio que su hermana y Harry se disponían a entrar en la suya e iba a decir algo, pero antes de que pudiese hacer nada Claire uso sus encantos y, resignado, se metió en su cuarto.

Hermione se coló en el cuarto de la pareja y los miró sonriente.

- Sabéis que por qué durmáis juntos no significa que tengáis que hacer nada, ¿verdad? Sobre todo ahora que son las primeras noches… Que mínimo tenéis todo el verano – rio - ¿necesitáis algún consejillo, parejita?

Harry y Ginny la miraron confundidos.

- Bueno… En el mundo mágico no explican cómo se usan esas cosas – susurró Ginny refiriéndose a los preservativos – con eso de los hechizos anticonceptivos y demás…

Hermione les enseñó las instrucciones de la caja y por si acaso les hizo una "demostración" usando el dedo corazón de la pelirroja y un envoltorio que había por ahí.

- ¿Algo más? – Preguntó.

La parejita se quedó mirando al suelo y Hermione decidió ir por la directa. Encendió el portátil de la habitación y busco una docena de páginas con consejos, juegos, posturas, métodos para superar la primera vez…

- Bueno, podéis dedicar las primeras noches a eso y cuando estéis bien seguros pues… Ya sabéis – sonrió abriendo la puerta – buenas noches, parejita.

Hermione se metió en su puerta y cerro con pestillo, ya que no se fiaba de ninguno de los "invitados" que tenía. Tras darse una pequeña lucha se secó bien el pelo, colocándole una mascarilla alisadora muggle, se puso su camisón corto perlado y se fue a dormir.


Anónimo: ¿A que si? Mola mucho. Siempre me ha aburrido que Hermione sea tan correctita y en los libros no le de su merecido a ese hurón XD

Mareliz Luna: lo estuve pensando pero es que no se me ocurre nada XD Me imagino a Voldemort en su "trono" en plan estado vegetal y a Bellatrix corriendo de un lado a otro sacudiendo su varita al grito de "se ha convertido en un paaaalo, un paaaalo, un paaaalo" (para entender ves a Youtube y busca "anuncio limón y nada palo" y verás que risa, es un anuncio que sale por la televisión en España (no sé si en más sitios también)).

merylune: pos sí. No quiero imaginarme a Draco fregando el suelo jajajaja

CoposdeHielo: ¡graciiiaaas!

¿Qué os ha parecido este cap?

Recordad que si os metéis en mi cuenta (ahí arriba, clickando en mi nombre) podréis ver un plano de la casa y las imágenes que decoran la biblioteca ^^

¡Saludos!