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Cassim se incorporó muy lentamente, la cabeza le dolía ¿qué había pasado? Comenzó a hacer memoria ¡Claro! Había sido atrapado por un par de Djinns, el padre de Aladdín ya había conocido al genio de la lámpara maravillosa amigo de su hijo; pero, estos genios tenían un aspecto terrible y no se parecían para nada al simpático genio de color azul.
De un solo golpe lo habían sometido, ¿por cuánto tiempo habría permanecido inconsciente? No lo sabía, solo esperaba Iago hubiera huido para pedir ayuda. Cierto que no era el antiguo Rey de los ladrones pero ni siquiera un rey como él podría con semejante cantidad de genios.
Lentamente se acercó a la orilla de su prisión, una especie de jaula de oro con barrotes de color rojizo semejante a la jaula done las palomas de la princesa Jasmine pasaban sus días.
La jaula estaba metros y metros por encima del blanco piso de mármol de esa habitación. Parecía que estaba solo, ¿Dónde estarían los Djinns? Ni siquiera cuando fue por la Mano de Midas y el máximo tesoro se había visto en semejantes problemas.
Vamos Cassim- se dijo a sí mismo- tienes que salir de aquí…
…
Aladdín llevaba horas y horas caminando en lo que sentía era en círculos sin lograr encontrar a ninguno de sus amigos en ese solitario desierto.
¿Cómo saldría ahora de este predicamento? Si tan solo estuviera con él el genio, ¿qué sería de sus amigos? ¿dónde se encontrarían?
Yo no me preocuparía tanto por ellos- dijeron de pronto.
¿Quién es? ¡Muéstrate!- gritó Aladdín a la nada.
Y sin más para su asombro una brisa de aire comenzó a formar una especie de remolino frente a él, entre más giraba la arena más tomaba forma hasta que una niña pequeña montada encima de un camello apareció frente a él.
¿Quién eres?- preguntó Aladdín preguntándose si esa niña sería peligrosa.
Tenía unos ojos tan expresivos y bonitos como los de Jasmine, eso no inspiraba desconfianza pero Aladdín se había topado con tantos enemigos en tantos disfraces que sospechar de una niña era una precaución necesaria.
Mi nombre no es importante- contestó ella mientras su camello continuaba mascando- sabes, yo no me preocuparía tanto por ellos…
¿Quiénes ellos?- probó jugar a no saber el amigo del genio.
De tus amigos, claro- contestó la niña como si fuera lo más natural del mundo- yo no me preocuparía tanto por ellos… además los Djinns ya los debieron haber encontrado.
¿Sabes sobre los Djinns? ¿Cómo sé que no eres uno de ellos?- Aladdín guardo su distancia con la niña y su rumiante camello.
Yo sé sobre los Djinns y no podrías saber si soy o no soy uno de ellos, no es de importancia- la niña pareció perder interés en la conversación- Me gusta tu chaleco.
Yo podría darte un chaleco como este- señaló Aladdín- solo tienes que ayudarme a encontrar a mis amigos…
Si quieres encontrar a tus amigos, tienes que encontrar a los Djinns… no les gustan las visitas y más después de que tu padre quiso robarles…- la niña guardó silencio solo ver la cara de sorpresa del chico- vamos, sube, debes tener los pies adoloridos ¿por qué caminar en círculos? ¿Te gusta caminar en círculos?
…
Ahora sabía cómo se sentían las bananas, Abú ahora las comería con más cuidado y admiración… No, no era momento para pensar en semejantes tonterías, el pequeño monito tenía que encontrar la forma de liberarse y ayudar a Aladdín.
Pero por más que lo intentaba, por más que se esforzaba nada más no podía liberar su cola y continuaba colgando de cabeza.
¿Y ahora cómo lograría soltarse? Continuaba forcejeando cuando escuchó unas pesadas pisadas acercándose a la palmera ¡Y no se había equivocado! Lo primero que hizo Abú fue gritar y sacudirse como loco ¡Una enorme figura de color naranja encendido estaba frente a él! Parecía como si esa desconocida criatura no supiera lo que Abú era porque lo miraba con mucha atención, como si cada uno de sus movimientos fuera lo más extraordinario que hubiera visto.
Agotado Abú dejó de moverse, tenía miedo de que intentaran atraparlo, cuando la criatura alargo una poderosa mano hacia él, el monito comenzó a gritar de nuevo pero fue atrapado como temía por la criatura naranja; pero, cosa extraña, solo estar entre sus poderosos dedos, Abú dejó de gritar, era como si ya no tuviera miedo, y cosa aun más sorprendente se durmió.
Así que ya no se dio cuenta que la criatura naranja comenzaba a caminar alejándose de la palmera llevando a un monito inconsciente con tanto cuidado como si de una mariposa hecha en pergamino se tratara…
…
Iago continuaba despotricando contra las rocas, contra los genios malvados, contra la Alfombra atrapada por debajo de él, contra su mala suerte y hasta contra las plumas de su cola cuando las piedras comenzaron a reacomodarse. Si no estuviera tan familiarizado con la magia el antiguo ayudante de Jafar se hubiera sorprendido; solamente sentir que sus alas estaban libres trato de escapar solamente para ser atrapado por una enorme mano de roca, sí, la montaña misma había tomado forma y ahora tenía tanto a Iago como a la Alfombra atrapados cada uno en cada mano.
¿Qué hacían entre mis rocas?- preguntó la montaña con una voz parecida a la de un anciano.
¿Sus rocas? Mil disculpas excelencia- comenzó Iago hablando como lo hacía con Jafar cuando intentaba salvarse de un castigo- no lo sabíamos, pero ahora mismo nos iremos.
La Alfombra movía las borlas de sus adornos tratando de indicarle a Iago que guardara silencio.
Oh no, no, no, me han despertado, de un sueño de más de cien años y eso no es cortés- continuó la montaña anciano poniéndose de pie- ahora tendrán que responder de sus actos.
¿Un castigo? ¡Pero excelencia no hemos hecho nada malo! ¡SOCORRO! ¡ALADDIN!- comenzó a gritar Iago completamente desesperado.
No grites, no entiendo porque los jóvenes gritan tanto- gruñó esa anciana criatura sin liberar a Iago- no, no, esto no es correcto… Cuando yo era joven y no tenía más que unas cuantas capas de granito encima, mi padre me dijo… ¿qué me dijo? Ah sí, lo recuerdo bien, fue cuando el desierto era joven y los genios ya eran viejos… recuerdo a los genios, todos fuertes y poderosos… pero ¿poderosos? Ah sí, claro, mi padre me decía ¿qué me decía? Pero no grites, vaya, que haces que pierda el hilo de mi historia… bueno, ahora tendré que iniciar de nuevo mi cuento… ¿en qué iba?
Ese iba a ser un viaje muuuuuy largo…. Tanto para Iago como para la pobre Alfombra que soportaba con silencioso pesar el largo monologo de la montaña-anciano y los gritos desesperados de Iago…
…
-¡El ciclo sin fin! ¡Ciclo sin fin!...
El genio terminó de cantar (traje de la producción de Broadway del musical del Rey León incluido) lo había logrado, solamente comenzar "Hakuna Matata" los cuatro leones que lo rodeaban se sentaron sobre sus cuartos traseros muy atentos como si no quisieran perder una sola palabra. Cuando terminó "Quiero ya ser el rey" los leones movían sus colas al ritmo de la canción como si quisieran escuchar más y pues como al genio no le gustaba quedar mal con su público terminó cantando "Ciclo sin fin" nunca había tenido un público tan magnífico como éste, lástima que no pudieran hablar o aplaudir, solo soltar gruñiditos de gusto y mover sus colas al son de la música.
Y bien chicos- dijo el Genio ahora vestido como un guía de safari- ¿pueden ayudarme a encontrar a mis amigos?
Los cuatro leones se giraron a ver como si pensaran en ayudarle o no, el Genio se mordía los azules dedos como si tuviera miedo así que cuando los leones movieron sus cabezas indicando un claro "sí" el Genio los abrazo a todos como cuando abrazaba a sus amigos.
A ti te pondré Simba, a ti Mufasa, a ti Kovú y a ti Kopa- señalaba a los leones.
Estos rugieron de tal forma que atemorizaban a cualquiera.
Bueno, no- dijo el Genio con una cara larga como la que ponía cuando estaba al servicio de Jafar- vamos, será un viaje muy largo.
Y flotando sobre los leones comenzó a seguirlos esperando sus amigos estuvieran bien…
Continuara…
