Parte 3: Maletas, pasajes, buses: viaje.

La mujer estaba sentada en la terraza de la casa, leyendo tranquilamente una revista cuando su hermano y su sobrina corrieron al bosque porque habían perdido algo. No supo qué fue exactamente, ya que ella no estaba al tanto de las cosas que frecuentaban sus familiares, pero al anochecer anterior a ese día habían hecho lo mismo y en la mañana de la presente fecha.

Hace ya un buen rato que se alejaron, así que prosiguió en su lectura ligera de esa tan agradable tarde. No obstante, en el momento en que imaginó que nada podría quebrantar la jornada, vio al hombre caminado, tras él a la chica y, más atrás, a dos chicos desnudos. Uno de ellos mayor que su sobrina y el otro apenas un niño.

Conforme avanzaban los miró de pies a cabeza, hasta que su hermano estuvo lo suficientemente cerca como para preguntar.

"Paul, ¿Q- qué pasa?"

"Convertí a un par de pokémon en humanos", contestó éste entrando a la casa.

"¿Q-qué?"

Mewtwo observó a la mujer cuando estuvo a unos metros de ella. Era gorda, usaba ropa deportiva, el cabello corto y un rostro regordete que se asemejaba a una muñeca de porcelana muy desagradable.

Ambos, mujer y muchacho se miraron por un momento antes de entrar a la casa junto a los demás, sin embargo, cuando la humana se percató del rostro del niño que acompañaba a Mewtwo, de inmediato se lanzó sobre él para tomarlo de las mejillas y apretárselas.

"Por Dios", exclamó. "¡Eres la criatura más adorable de este mundo!"

Kawara sólo se mantuvo con la boca abierta, sin saber cómo reaccionar, hasta que Mewtwo intervino y obligó a la mujer a soltar al niño. Fue entonces cuando ella cayó en cuenta sobre la desnudez del joven, por lo que se ruborizó de inmediato. La chica y el hombre habían desaparecido por el momento, por lo que los convertidos y la humana se quedaron a solas. Ella se sentía incómoda, Kawara confundido y Mewtwo molesto con todo.

"Bien", dijo la chica regresando al grupo. Traía ropa para ambos ex - pokémon, ya que, al igual que su tía, no se sentía a gusto con su desnudez. Sin embargo, cuando pretendió entregarle al clon una camiseta…

"¿Y qué te hace pensar que voy usar eso?"

"Pero es que…"

"Yo soy un pokémon, no tengo porqué vestirme como un humano."

"Lo sé, pero es que me hace sentir incómoda el verte desnudo."

"Y a mí se me hace incómodo el estar transformado."

La joven se quedó de pie con la ropa en la mano, sin saber qué hacer. Todo el tiempo trató de ignorar el cuerpo del muchacho desde la cintura hacia abajo, sin embargo, su humanidad entera estaba ahí y no podía evitarlo. Y lo peor de todo era que, al parecer, a Mewtwo no le importaba para nada el hecho de caminar desnudo y más, frente a dos mujeres.

"Por favor", dijo la chica. "Al menos cúbrete tu…"

"¿Mi qué?", preguntó él sabiendo exactamente a qué parte de su cuerpo se refería.

"Por favor."

"Mis orejas, mis ojos, mi…", pero no acabó. La tía de la joven tomó la camiseta y se la amarró en la cintura hasta convertirla en una suerte de taparrabo. Mewtwo la miró enojado pero no se lo quitó.

"Así está mucho mejor", dijo la mujer con orgullo, "aunque todavía deja ver su…"

Entonces Kawara fue vestido con una camisa que terminó cubriéndolo por completo y Mewtwo, después de todo, se amarró una toalla porque sintió frío en su zona privada, mas se negó por completo a usar prendas en donde correspondía.

Durante un buen rato nadie habló, sólo escuchaban como, a lo lejos, el padre de la chica conversaba consigo mismo de una manera un tanto alterada. El clon notó que el hombre estaba tardando demasiado y sintió cierta angustia al imaginar que, tal vez, no encontraba la cura que los regresaría a la normalidad. De no hallarla, ¿de qué le iba a servir al muchacho dejar en pésimas condiciones físicas al hombre, si él no volvería a ser un pokémon de todas maneras? Estaba en problemas y, sin querer decirlo, asustado, muy asustado.

Entretanto, notó que Kawara estaba tirando de su camisa, como si necesitara quitársela de inmediato, pero, al no saber cómo, sólo atinó a hacer lo que hacía. Supuso entonces el chico de cabello gris que la ropa causaba molestia en el niño. Claro, toda su vida estuvo desnudo y, de un instante a otro, las cosas cambiaban y debía cubrir su cuerpo.

No soportando por mucho tiempo los resoplidos de Mewtwo por la demora del hombre, la joven caminó lentamente hacia la habitación en donde estaba su padre, para preguntar el porqué de su retraso. El ex - pokémon sólo escuchó unos murmullos y extrañó su tan agudo sentido del oído. Volvió a ver a su compañero, quien mordía con insistencia la manga de la camisa.

En eso, finalmente, los humanos regresaron y, por la expresión en sus rostros, no traían buenas noticias.

"Bien." Dijo Paul. "Tengo una noticia buena y una mala"

"…"

"La noticia mala", dijo, "es que no tengo el antídoto para regresarlos a la normalidad."

"¡¿Qué?!", casi grita Mewtwo. "Pero no puede ser, tú debes convertirnos en lo que éramos, no puedes…es…"

"Calma, tranquilo. Es sólo la mala noticia."

"La buena", continuó la joven, "es que el antídoto es una planta que crece en una montaña. Sólo hay que viajar y llegar a ella. No es difícil."

"Sin embargo", prosiguió Paul, "el lugar en donde crece esa planta está muy lejos de aquí y tomará un par de días el ir y volver, por lo que tendrán que soportar ese tiempo mientras preparo…"

"¡Yo no pienso esperar como un humano!", dijo Mewtwo. "¡Necesito volver a la normalidad ahora! ¡Ustedes no entenderían lo que es el estar en estas condiciones!"

"Tratamos", lo calmó la chica. "Es por eso que vamos a hacer este viaje."

"¿Vamos?", preguntó la mujer. "¿Quiénes van a viajar?"

"Bueno…"

"Viajaré solo", dijo el adulto. "Sé dónde crece la planta. Ustedes se quedarán aquí, cuidando a los chicos mientras yo…"

"No", irrumpió el clon. "Yo iré contigo"

"¿Qué?", dijeron los humanos al unísono.

"Yo también voy a viajar. No confío en ti, simio parlante"

"Pero…", se acercó un tanto la chica. "No tenemos suficiente dinero para más pasajes. Además, mi papá siempre cumple sus promesas."

"No me interesa. Voy a ir con él."

Entonces se dirigió a la puerta como si esperara a partir de inmediato. Tal parece que olvidaba el tan importante detalle de su desnudez casi total. Definitivamente Mewtwo estaba desesperado.

"Papá, ¿qué vamos a hacer?", preguntó la chica.

"¿Me llamó… simio parlante?"

Todos, otra vez se quedaron en silencio. Kawara, sin darse cuenta, todavía trataba de quitarse la camisa. Miraba a su clon indirecto sin saber qué hacer. Había entendido muy poco de la conversación, mas, lo que sí llegó a su razón, fue que no regresarían a la normalidad en un tiempo muy corto. Problemas.

La muchacha observaba como el joven que estaba de pie en el umbral de la puerta esperaba a comenzar el viaje. Entonces, al ver casi en su totalidad su piel, sintió cierto dolor empático por el recién convertido. Si ella estuviese en su lugar, ¿importaría la desnudez cuando se está a punto de perder todo lo que se fue alguna vez? Obviamente al chico no iba a preocuparle algo tan humano como el uso de ropa. Suspiró con pesar y se le acercó. Caminó y le sonrió cuando se detuvo a pocos centímetros, mirándolo hacia arriba, ya que la estatura de la humana no le ayudaba en demasía. Mewtwo había conservado su alto, por lo que la joven apenas sí llegaba a su pecho.

"Por favor", le dijo, "cálmate."

"¿Cómo esperas que lo haga si…?"

"Yo sé que te sientes mal, pero actuando así, no llegarás a ningún lado. Hace un rato me llamaste tonta, si mal no recuerdo."

"Y tú me llamaste pervertido."

"Oh, lo siento", se rió. "Pero ese no es el punto. Lo que quiero decir es que, si me llamaste tonta, entonces tú no lo eres."

"…"

"¿Por qué, entonces, actúas tan inmaduramente?"

"¿Qué?"

"Pareces un niño cuando su mamá no le da un caramelo. Actúas como una chica de 15 años que no tiene su tan afamada fiesta. Yo sé que te sientes mal, que crees muchas cosas. Tal vez piensas que nunca volverás a la normalidad, pero sí lo harás. Mi papá va a viajar, el traerá la planta y tú volverás al bosque. Eso te lo aseguro. Pero, por favor", le recalcó, "necesito que te calmes, que no actúes así. Según tú me dijiste, no eres un tonto."

Él la miró sin pronunciar palabra, dándose cuenta de lo que estaba haciendo. Efectivamente se encontraba de pie en el umbral de la puerta, a punto de partir a algún viaje desconocido para conseguir una cura. Sólo una toalla cubría parte de su cuerpo humano, ya no tenía poderes, no podía volar ni usar telepatía o telequinesis. Era sólo uno más de los que tanto odió. Y sí, estaba comportándose como un niño berrinchudo. Tanto criticó a los humanos y estaba mostrando, en su actuación, la parte que más detestó de ellos. Ese afán enfermizo de creer que eran el centro del universo.

Dejó escapar el aire contenido en un gran suspiro, alivianando su alma al hacerlo. La joven tenía razón, debía calmarse. Con irritación y desesperación las cosas no funcionan. Los humanos lo habían comprobado un millar de veces al no pensar antes de actuar, destruyendo demasiadas cosas en el camino que a ciegas intentaban trazar. No podía convertirse en uno de ellos, no en su interior.

"¿Ya estás mejor?", preguntó la humana al ver como cerraba los ojos mientras meditaba en voz baja su situación.

"Sí", contestó él con cierta calma, ya que su tono seguía siendo bastante duro para con la muchacha. "Creo que podré soportar un poco más."

"Eso está muy bien", sonrió ella y luego se regresó a su padre, mas, al hacerlo, descubrió a su tía con una gorra, una malla con fruta y un bolso vacío. "¿Qué estás haciendo con esas cosas?", preguntó de inmediato la joven.

"Bien", contestó la mujer. "Tu nuevo amigo quiere ir con Paul de viaje y yo estoy harta de estar encerrada aquí todo el tiempo. Necesito un poco de civilización Fran, así que…¡todos vamos a ir de vacaciones!"

Todos, incluyendo a los convertidos, miraron con sorpresa a la mujer, quien parecía muy emocionada con la aventura venidera.

Entonces les dijo que tenía bastante dinero guardado como para gastarlo en una loca travesía con dos ex - pokémon. Que se aburría enormemente en su casa del bosque y que quería visitar la ciudad, ver nuevas cosas y disfrutar del paisaje. Les comentó que fácilmente podría comprar pasajes para los desconocidos, ella y su sobrina, además de las provisiones y otros gastos sorpresivos. Les recordó que tenían una carpa y sacos de dormir, fruta, botellas con agua y todo lo necesario. Paul apuntó a la desnudez de los chicos, por lo que la mujer sugirió que Mewtwo, para ella el "testarudo", usara la ropa más decente de su hermano. En cuanto a Kawara, "la criatura más adorable que haya pisado la Tierra", podía arreglárselas con alguna prenda de la joven, algo que haya usado en su infancia y que no fuera muy femenino. Tal parecía que ya tenía todo solucionado.

La joven miró a su padre, quien, al ver el entusiasmo de su hermana, sólo arriscó los hombros y fue a preparar sus cosas para el viaje. La mujer hizo lo mismo y la chica de cabello negro se quedó con los convertidos en la sala. En eso, al mantener la puerta abierta, la fría brisa entró y casi congela a Mewtwo, quien sólo se encogió en sí mismo.

"Yo no sé cuál es tu verdadera apariencia", le dijo la joven, "pero ahora no tienes pelo y tienes que cubrirte. Vamos a ver qué puede quedarte." Y lo invitó a la habitación de su padre, quien se sorprendió al verlos llegar y hurgar sus cosas. Necesitaban algo que se acomodara a la estatura del joven y se tardaron mucho en encontrarlo, mas, finalmente hallaron un pantalón y una camiseta que la tía de la chica había regalado a su padre. En esa ocasión erró en la talla y luego todos olvidaron que debían regresarla a la tienda y cambiarla por algo que sí le quedara bien. Fue una suerte, pensó la joven, que hubiese conservado esa ropa.

Luego fue el turno de Kawara, a quien vistieron con la ropa infantil más sobria que la chica pudo encontrar entre sus antiguas prendas. Así, de esta manera, ambos quedaron listos para salir a la calle, aunque el calzado del niño sólo eran unas sandalias y Mewtwo se quedó con unas viejas zapatillas del padre de la chica.

Pronto aparecieron mochilas, bolsos, una carpa enrollada, tres sacos de dormir, un termo, fruta, sombrillas y varias cosas más. Luego todos se encontraron en la sala, dispuestos a comenzar la travesía, mas, olvidaban cierto detalle importante…

"Creo que nadie nos ha presentado", dijo la chica. "yo me llamo Francesca"

"Yo soy Paul"

"Yo me llamo Emma"

"Yo…", dijo tímidamente el niño, "me llamo Kawara"

"Ka… ¿qué?"

"Kawara"

"Oh, ¡hasta tu voz es adorable!"

"¿Y tú?"

"…M-Mewtwo"

"¿Y qué clase de pokémon eres?"

"Bueno…"

"Sí, dime dulzura, ¿Qué pokémon eres? ¿Un jigglypuff? ¿Un…clefairy?"

"Soy un mew"

"¡Un mew! Esto es demasiado, convertí un mew en humano, eso es…"

"¡Papá!"

"Oh, lo siento"

"Y tú… ¿qué pokémon eres?

"Mewtwo."

"Pero ese es tu nombre, ¿Qué pokémon eres?"

"Sólo…Mewtwo."

Y así, sin más, la casa quedó bajo llave, y todos partieron a donde encontrarían la cura a tan extraño predicamento.