El mambo de los muertos.
Capitulo III
Refugio
En algún momento de la noche debió quedarse dormida. Al despertar vio a Spike que estaba con Ana en brazos, dándole un biberón y tarareando una nana. No se percató de que estaba despierta. Sonrió al ver que la había tapado con su chaqueta. Cuando él alzó la vista y la miró no fue capaz de reprimir una sonrisa.
- Buenos días, bella durmiente – susurró sonriendo.
- Si... buenos días - contestó frotándose los ojos y su estomago gruño hambriento.
- Bebe un refresco, al menos el azúcar engañara al hambre – dijo sin levantarse del sitio mientras colocaba a la niña sobre su hombro y golpeaba su espalda son suavidad.
Se levantó y se acuclilló frente a él para tocar la cabeza del bebe. La miró a los ojos y la hizo sentir inquieta. No dijo nada, Spike era indescifrable, tal vez seguía enfadado con ella. De cualquier manera no podría adivinarlo.
- Vas a tener que admitir que te gustan más los niños de lo que dices … -
- Hay tantas cosas que no admitiré jamas, Faye – sonrió de nuevo pero como siempre una sombra de tristeza acompañaba a aquel gesto.- ¿ Cómo estaban las cosas ahí fuera?
- ¿ Ahora te interesa? - preguntó con sarcasmo mientras se ponía en pie y estiraba sus articulaciones con esmero.
- No quiero discutir mas contigo – gruñó levantándose él también y dejando al bebe en sus brazos .- Si no quieres hablar, por mi bien, saldré yo mismo a comprobarlo.
Chasqueó la lengua conteniendo una palabrota y la chiquilla agarró con su pequeñas manos los mechones de su pelo. La pilló por sorpresa y se rió, Ana abrió los ojos y se rió también en un gorjeo dulce e inocente. Sacó la lengua y la niña volvió a reírse, tirando de su pelo, sonriendo y haciendo pequeños ruidos de felicidad. La envidiaba por poder sentirse ajena a lo que pasaba. Ojala ella pudiese sentirse tan a salvo. Levantó su cabeza y Spike la miraba con atención. La hizo sentir incomoda pero no era capaz de apartar la vista de aquellos ojos marrones que trataban de leer en ella.
- Es horrible – susurró como si de alguna manera quisiese evitar que la pequeña la escuchase, era una estupidez, pero no podía evitarlo. - Está todo destrozado, cómo si hubiese pasado un huracán por el pueblo y hay cadáveres por todos lados...
- No podemos quedarnos aquí – se acercó a mirar entre las cajas. - No hay nada.
- Ya lo se – volvió a mirar a la niña que se había quedado dormida y suspiró frustrada.
Cogieron las escasas pertenencias que tenían. Con un trozo de tela que había en una de las cajas se hizo un porta bebes. Lo apretó para que Ana estuviese bien sujeta y ella pudiera maniobrar con facilidad. Spike tallaba con su navaja el palo de un escoba, estaba muy concentrado, con la cabeza ladeada y sacando la lengua por la comisura de sus labios.
- ¿ Que haces? - preguntó acercándose a él llena de curiosidad
- Sacar punta a un palo – se burló enseñándole la madera.
- Uf, Spike...- colocó las manos en la cadera molesta y con ganas de golpearlo.
- Así podremos acabar con esas cosas sin gastar balas y sin hacer ruido - guardó la navaja de nuevo y miró orgulloso su obra.
Maniobró con el palo como si fuese un guerrero ninja, lanzando ataques, recogiéndolo y moviéndolo entre sus manos. Se movía con el palo entre las manos con elegancia y fluidez. Aunque no podía esconder que cada uno de sus gestos escondía una pizca de altanería. Cuando terminó su espectáculo circense la miró sonriente.
- ¿ Esperas un aplauso? - preguntó con sarcasmo tratando de esconder una sonrisa.
- No te hagas la dura, estás maravillada con mis habilidades – se burló golpeando su pierna con el palo. - Te encanto, admítelo.
- Por favor, Spike – resopló frustrada. - Deja de hacer el tonto.
Poco después salieron del garaje. Las calles estaban desiertas, se miraron desconcertados. Era otro día caluroso y el sol pegaba con fuerza. Spike cargaba con la mochila que volvieron a rellenar en la misma expendedora. No tenían ni idea de hacia donde dirigirse. El pueblo en que se habían alojado se situaba al sur del satélite. Por lo que recordaba, la colonia era una pequeña isla rodeada de mar artificial. Spike decido que era mejor caminar hacía el oeste por carreteras secundarías. Evitando así zonas pobladas. No hablaban mucho, caminaron durante horas y apenas se cruzaron con un par de no-muertos. Estaba agotada habían parado tan solo en un par de ocasiones para cambiar al bebe o darle de comer.
Pasaron los siguientes tres días caminando durante el día y descansando donde podían. Aunque hacían turnos, no era capaz de dormir mas de dos horas seguidas, envidiaba mucho la capacidad de Spike de quedarse dormido en cualquier sitio. Tanto él como la niña dormían con una tranquilidad impasible. A veces tenía la sensación de que era capaz de caminar dormido. Estaban sentados bajo un árbol disfrutando de la sombra. Spike jugaba con la niña, la elevaba en el aire y ella se reía. Hasta ese momento la suerte les había acompañado y solo se habían cruzado con un par de no-muertos, de los que se habían desecho con facilidad. Estaba sentada con las piernas cruzadas, rebuscando en la bolsa del bebe. La comida de Ana comenzaba a escasear y le aterraba, ella y Spike eran capaces de aguantar sin comer, pero la pequeña...Suspiró frustrada. Spike la miró con curiosidad pero no dijo nada.
Faye caminaba delante de él, con la niña en brazos, perdida en su mundo, parecía muy cansada y unas visibles ojeras se marcaban bajo sus ojos. El viento agitaba su vestido, uno de los pequeños tirantes se había deslizado por su hombro. Tenía la espalda roja, su pálida piel de porcelana se quemaba paseando bajó aquel sol abrasador. Las piernas, los brazos e incluso su mejillas tenían el mismo tono rojizo. Llevaban tres días caminando y el sol no había dejado de calentar en ningún momento.
- Te estas quemando – dijo acercándose a ella y sacándola de su ensimismamiento.
-¿Qué?- preguntó de repente dando un pequeño respingo como si la hubiese asustado.
- Tienes los hombros al rojo vivo...- le pasó un dedo por la espalda y colocó con cuidado el tirante en su sitio.- Deberías tener mas cuidado...
- Vaya, olvide empacar el protector solar al comienzo del Apocalipsis – replicó con ironía.
Spike sonrió entornando los ojos y comenzó a caminar de nuevo alejándose de ella.
- Mira – señaló una gasolinera que podía verse a unos cien metros de distancia.- Descansaremos un rato allí mismo.
- Si...- Faye cubrió la cabeza de Ana para protegerla del sol y le miró con una expresión de cansancio absoluto.
La gasolinera estaba desierta y cerrada a cal y canto. Dentro de los coches los cadáveres se removían,chocando contra los cristales. Se puso furioso, no había ni un tejadillo para resguardarse del sol. Una enorme persiana cerraba la puerta de la tienda y las ventanas estaban cubiertas por rejas. Faye se apoyó contra la pared abatida. Golpeó la puerta con rabia y un ruido molesto rebotó por todo el lugar. Faye le miró enfadada cuando la pequeña se puso a llorar a pleno pulmón.
Antes de que se diesen cuenta un grupo de no-muertos se aproximo a ellos, salían de los coches, de la carretera, de un bosque cercano...
- Ten cuidado – gritó ella disparando a un tipo cuya mandíbula colgaba de manera asquerosa contra su garganta abierta.
Les comenzaron a rodear. Clavaba el palo una y otra vez, salpicándose de sangre. Faye disparaba sin dejar de sostener a la niña contra ella. Parecían salir de cualquier sitio, de debajo de la tierra. Clavó su navaja en el cráneo de una mujer semi desnuda a la que le faltaba una pierna. Un granjero de dos metros consiguió tirarlo al suelo. Escuchó el gritó aterrado de Faye mientras trataba de librarse del zombie. Trató de buscarla con la mirada y un disparo hizo que trozos de celebro saltasen a su cara. Se le revolvió el estomago, pero aquel no era el mejor momento para ponerse a vomitar. Empujó con dificultad el pesado cuerpo de aquel hombre y se lo quitó de encima. Podía escuchar los disparos de Faye pero pronto se quedaría sin balas. La miró, había una extraña mezcla de agitación y terror en sus ojos. Él sin embargo estaba excitado, estaba disfrutando, podía sentir la adrenalina corriendo por sus venas. Los empujaban contra la pared de la gasolinera. Atravesó con el palo a un adolescente al que le colgaban las tripas y le faltaba media cara. Su espalda chocó contra la pared. Faye estaba lejos de él, con los brazos alrededor de la niña y prácticamente rodeada de zombies.
Un coche de alta gama atravesó la gasolinera llevándose por delante a todos aquellos seres.
- Sube – oyó gritar un hombre desde dentro del coche parando junto a Faye.
Ella lo observó confundida y el copiloto abrió la puerta trasera, corrió hasta ellos y abriendo la otra puerta y saltó dentro del coche, la cogió del brazo y la obligó a sentarse. Aquellos dos hombres que llevaban ropas de militar los miraron de hito en hito, el conductor arrancó el motor y salieron a toda velocidad.
- ¿Que esta pasando? - preguntó cuando ya estaban montados en el coche.
Faye se acomodó en el asiento trasero con el bebe en brazos. Respiró aliviada y apoyó la cabeza en el asiento.
- No sabemos – dijo uno de los rescatadores. - Hace tres semanas en Baly-City, en el hospital, se registraron unos incidentes. Un brote de un virus que volvía a la gente extremadamente violenta. El paciente cero mató a uno de los médicos, tardaron horas en darse cuenta que resucitaban. Antes de que nadie se percatase el hospital se colapso, cientos de "no-muertos" salieron a las calles, expandiendo el virus, en dos días no funcionaba nada, suministros, sistemas eléctricos, el control del clima...
- ¿Por que dejaron de funcionar los sistemas? – preguntó nerviosa Faye. - ¿ Por que no ha venido nadie a ayudar?
-La enfermedad es muy contagiosa, se expande... -
- Nos han encerrado, las Puertas Astrales están cerradas, nadie puede entrar o salir del satélite - interrumpió el otro solado molesto. - No lo suavices, estamos en cuarentena, no quieren que esto se extienda por toda la Vía Láctea.
- ¿ Esto? ¿ A que te refieres? - Faye estaba tan inquieta que no parecía entenderlo.
- Canibalismo, los muertos caminan de nuevo, llamadlo como queráis, aunque eso supongo que ya lo habéis visto...- aquel tipo miró a Faye con seriedad.- En cuatro días ha cubierto toda la superficie de este satélite. Si llegase a salir de aquí en menos de un mes no …
El militar se interrumpió, aunque él sabía lo que quería decir, si el virus lograba salir del satélite... bye-bye, el fin del mundo. Se acordó de las palabras de Faye y una risa nerviosa escapo de sus labios.
- ¿ Donde nos lleváis? - preguntó acercándose a los asientos delanteros.
- A un refugio militar – contestó el copiloto. - Descansad si queréis, tardaremos un poco.
Un no-muerto con el cuello girado en un ángulo imposible y el brazo colgando de un tendón se cruzó en el camino del coche. El conductor no frenó y arremetió contra él.
- Oh dios – murmuró Faye sin poder apartar la vista de la sangre que salpicaba la luna del coche.
- Ya está, romaní – apoyó su mano sobre la espalda del bebe y respiró aliviado.- Ya está.
- Si...- cerró los ojos agotada.-Eso espero.
No tardo en quedarse dormida, mecida por el constante movimiento del coche y la suave charla de Spike con los dos militares.
- Faye, hemos llegado – susurró Spike tocando su hombro. - Abrió los ojos y la luz del atardecer la cegó por un momento. Se frotó los ojos y miró a la pequeña que aun dormía apoyada contra su corazón. Sonrió y acarició el suave pelito que cubría por completo la cabeza de la niña.
El sol estaba ocultándose y a pesar de la escasa luz pudo comprobar que están en un recinto vallado. Por lo que parecía aquello debió ser un merendero, había mesas,barbacoas y algún que otro árbol. En el centro un gran barracón de lona, con dos mas pequeños a ambos lados. De los que supuso que eran almacenes .
Atravesaron las puertas del recinto, estaba repleto de gente que se repartía en pequeños camastros. estaba repleto de gente, había niños, ancianos y algún que otro militar armado dando vueltas.
- Os tenemos que registrar- dijo uno de los solados que los habían traído hasta allí. Dad vuestro nombre y profesión en esa mesa.
En la mesa una mujer rubia y menuda que llevaba el pelo recogido en una coleta alta y con varios galones en su chaqueta apuntaba con detenimientos cosas en una libreta.
- ¿Nombre y profesión? - preguntó estudiándoles con atención.
- Faye Valentine, cazarecompensas – respondió, la soldado miró a Spike jugando con el bolígrafo que tenía en la mano.
- Spike Spiegel, cazarecompensas- dijo él.
- ¿ El bebe es vuestro?- preguntó mirando a Ana con una expresión extraña.
- No, lo encontramos al huir cuando el caos se desató en el resort – dijo acomodándola entre sus brazos.
- Bien – apuntó toda la información – Mi compañero os acompañara a vuestro sitio, la cena se servirá en un par de horas, aquí tenéis las normas – le entregó un papel a Spike y otro soldado se acercó a ellos.
Spike le pasó el papel después de leerlo, había una pequeña lista de normas en la que se podía leer:
No se puede salir del recinto vallado.
Las comidas se sirven a las 7:00/12.00/20:00. ( No se podrá comer nada entre horas. )
Las duchas solo pueden usarse durante 4 minutos.
Se obedecerá en todo momento las ordenes de los soldados.
- ¿Cazarecompensas? ¿ Sabéis disparar entonces? ¿ Tenéis armas? - preguntó con la vista en el papel.- Seréis de utilidad...
- Apenas tenemos munición – dijo Spike sacando la Jericó de su funda.
- No os preocupéis por eso, nosotros tenemos de sobra – dijo sin levantar la vista del papel.- Alguien os dará lo que necesitéis.
Un solado de piel oscura se acercó a ellos. Parecía un soldado raso, en su uniforme no se veía ninguna insignia.
-Acompañadme – dijo con seriedad.
- Voy a echar un vistazo por ahí – Spike se rascó la cabeza y estiró el cuello para mirar a su alrededor.
- Ok – respondió distraída.
Caminaba tras el soldado atenta a lo que había en el barracón. Él le hablaba de las normas, rígido como si tuviese un palo en el culo, la aburría soberanamente. No había dormido bien en cuatro días. Tenia un hambre terrible y aun faltaban un par de horas para poder llevarse algo de comer a la boca. El bebe se revolvió entre su brazos y ella lo meció con cuidado.
- Duerme pequeña – susurró con cuidado sin apartar los ojos de ella.
- ¡ Ana! - una mujer corrió gritando en su dirección. - ¡ Mi pequeña!
Se sobresaltó y abrazó a la pequeña contra su pecho
- Mi hija, mi hija – la mujer llegó a su lado y extendió los brazos, dudó durante unos segundos y la mujer la miró con cara de pánico. Suspiró y le entregó a la niña, un hombre se acercó a ella y la abrazó con fuerza.
- ¿ Donde la has encontrado? - dijo entre lágrimas- Creímos que estaba muerta, durante la estampida la gente al correr, separó el carro de nosotros y al volver a buscarla, la niña no estaba.
- La encontré en medio de todo el jaleo, no pudo abandonarla, siento el disgusto- dijo separándose de aquel hombre que no la soltaba.
- ¡ Gracias! - dijo la mujer abrazándose a ella con fuerza y besando sus mejillas. - No tengo palabras para agradecerte que cuidaras de ella.
Sonrió sin saber muy bien que decir mientras aquella pareja lloraba de felicidad y la abrazaban continuamente.
Faye estaba sentada sobre uno de los camastros mirando fijamente al centro de la enorme sala donde la gente charlaba animadamente.
- ¿Ya te has desecho del bebe? - preguntó con sorna mientras se acercaba por detrás.
- He encontrado a la familia – dijo girando la cabeza para mirarlo, le lanzó una enorme manzana roja que ella atrapó entre sus manos.
- Si, lo he visto – dijo sentándose a su lado en la estrecha cama, Faye sonrió con tristeza mientras le daba un mordisco a la manzana- ¿ Te da pena? - preguntó y ella se encogió de hombros sin mirarle y se le hizo un nudo en el estomago.
- Está mejor ahora...tanto Ana como nosotros – murmuró por fin suspirando rendida.
- Si... – suspiró también tirando una chocolatina sobre su regazo.
- Creía que no podía comerse nada entre horas – comentó ella mirando la barra escéptica.
- No se puede – sonrió alzando las cejas y gesticulando como si estuviese haciendo un truco de magia.- Come anda, llevas cuatro días sin probar bocado.
- ¿ Y tú? - preguntó ella con la manzana en la boca, le dio otro mordisco y se la ofreció sujetándola con una mano.
La verdad es que tenía bastante hambre así que abrió su enorme boca y a punto estuvo de tragarse media manzana de un mordisco. Faye se rió con ganas y le dio un pequeño empujón. En aquellas ocasiones, la adoraba.
- ¿ Donde está mi cama? - preguntó mirando a ambos lados.
- No hay "tu cama" , solo tenemos esto – dijo golpeando sobre la fina sabana.
- ¿Que ? ¿ Para los dos?- preguntó incrédulo. – Voy a tener que dormir sobre ti, Valentine.
- Ni en tus mejores sueños, Spiegel – Faye sonrió con malicia mientras desenvolvía la chocolatina y se la llevaba a la boca.
Cenaron en un enorme comedor, rodeados de personas. La ración no era muy grande. Comida de campaña recalentada. Los padres de Ana se sentaron junto a ellos y charlaron durante horas hasta que los militares ordenaron apagar las luces e irse a dormir.
Se tumbaron sobre la cama en silencio. No había mucho espacio. Faye le daba la espalda hecha un ovillo. Aunque podía sentir el calor que desprendía su cuerpo.
- Spike... - dijo tras unos segundos de silencio.- No creo que debamos quedarnos en este sitio mucho tiempo.
- Lo se, no es seguro – susurró. – Hay pocas armas, muchos militares y sobretodo mucha gente incapaz de cuidarse por si misma...en caso de ataque... - bajó la voz. - No creó que haya supervivientes.
- Es horrible – dijo Faye dándose la vuelta y mirándole a la cara.- Al entrar por la puerta lo supe, este lugar es la muerte.
- Mañana sera otro día- dijo abrazándose a la almohada.- Descansemos.
- De acuerdo- suspiró dándose la vuelta. - Buenas noches.
- Buenas noches, Faye- contestó él mientras trataba de encontrar una postura confortable.
Abrió los ojos poco a poco para poder a acostumbrarse a la luz que entraba por las ventanas, Faye dormía muy cerca de él, con una mano sobre su mejilla. El pelo le tapaba la cara y tuvo la tentación de apartarlo para observarla mejor. Sonrió y sopló con cuidado sobre su rostro, ella frunció el ceño en sueños. Spike volvió a soplar esta vez un poco mas fuerte y ella movió su mano. Como si estuviese apartando un insecto. Conteniendo una carcajada sopló con fuerza y ella se despertó sobresaltada hizo un movimiento que a punto estuvo de tirarla de la cama.
- ¡Eres un completo imbécil! - rugió molesta golpeándole en el pecho, pero él era incapaz de dejar de reír.
Se sentó en la mesa del comedor comunal a desayunar con el resto de refugiados. Todos parecían muy relajados. Ella estaba nerviosa. Había algo en el ambiente que no le gustaba. Spike había salido a echar un vistazo a los alrededores nada mas levantarse. Los militares paseaban, armas al hombro, de un lado a otro. No producían en ella ninguna confianza, se llevó las mano al a frente agotada.
- Ya estoy aquí – dijo sentándose en el banco a su lado.
- No me digas... no lo había notado – contestó con sarcasmo.
- He visto una esquina sin vigilancia, creo que podemos escapar por ahí – dijo omitiendo su comentario burlón.
- ¿Andando?- preguntó dudosa, Spike se dio cuenta enseguida ya que sacó unas llaves de su bolsillo y sonrió con socarronería.
- En moto – parecía tan feliz que le entraron ganas de pegarle una bofetada.
- ¿Sabes conducir una moto? - le miró con recelo, teniendo en cuenta como pilotaba la Swordfish, no confiaba en sus habilidades como motorista. Con seguridad acabarían estrellados contra un pared y caminando muertos hasta el fin de los días.
- ¿Tienes miedo querida? - apoyó la mano en su mentón y le dedico una de sus maravillosas sonrisas.
- No de ti, vaquero – ladeó la cabeza y apoyándola contra su hombro sonrió con picardía.
Después del desayuno se acercaron a buscar munición. Los solados no estaban muy convencidos, pero toda ayuda sería buena. Spike fue en busca de comida, orgulloso de sus habilidades como ladrón. La hora mas segura para escaparse sería en el cambio de turno del anochecer.
- Faye – la madre de Ana se acercó a ella mientras estaba sentada en un banco al sol.
- Hola – sonrió a la mujer que se sentó junto a ella con el bebe en brazos.
- Se que estarás cansada ya de oírme- dijo mientras dejaba a la niña en su regazo. - Pero no se como agradecértelo.
- No he hecho nada extraordinario – jugó con la niña en sus rodillas y se acercó a ella para olerla.- No podíamos dejar a un bebe en medio de todo aquel caos.- Sonrió y le devolvió a Ana con cuidado sintiendo que se le partía el corazón al separarse de ella.
Se levantó de repente al oír un fuerte ruido al otro lado de la valla.
- Corre a un lugar seguro – dijo pistola en mano, aquella mujer la miró aterrada y huyó de allí.
Un enorme grupo de infectados empujaban el vallado. La gente comenzó a gritar espantada al verlos. La valla cedió e invadieron el recinto, los militares trataban de detenerlos disparando, pero eran muchos.
Antes de darse cuenta los no-muertos atacaban a los primeros supervivientes expandiendo la infección. El caos se desató en segundos. La gente gritaba y huía despavorida. Miró a su alrededor buscando a Spike pero no lo veía por ningún lado.
Corrió hacia el interior del edificio a ver si podía encontrarlo allí. Los militares no dejaban de disparar. Aunque lo hacían de manera indiscriminada. Las personas caían a su alrededor y volvían a levantarse.
Su mano temblaba y estaba empapada en sudor. Le costaba respirar de lo histérica que estaba. Por mucho que eliminara a aquellos seres parecía no acabar nunca. Seguía sin ver a Spike por ningún lado y su corazón latía a un ritmo frenético. El padre de Ana cruzó junto a ella corriendo. Quiso gritar a que detuviera pero la voz no salió de su garganta. Un militar la empujó e hizo que cayera al suelo. Había sangre por todos lados, gente mal herida, se hizo un ovillo contra la pared aterrada. Cerró los ojos, respiró con fuerza y se levantó tratando de salvar a quien podía, pero parecía imposible. Disparó a un infectado vestido de militar, parecía que cada vez era mas rápida la conversión. Gritó frustrada. El numero de atacantes crecía con velocidad. Vio caer al padre de Ana rodeado de cuatro. Mirase donde mirase había muerte. Disparó hasta vaciar el cargador. Pero era muchos. Los gritos eran horribles, de terror, de dolor, desesperados. Gritos y disparos. Vísceras y sangre. Una y otra vez las mismas imágenes. No parecía que nadie estuviese vivo. Realmente vivo. Gritó aterrada al sentir como la agarraban por detrás.
- ¡ Maldita sea! - gritó Spike mientras disparaba a un zombie que se aproximaba a ellos - ¡ Deja de desaparecer!
- ¿De donde sales? – preguntó histérica palideciendo de golpe al percatarse de que podría haberlo matado en el caso de tener balas. Su corazón dejó de latir por un instante y quiso abrazarse a él.
- Vamos – Spike corrió hacia la moto y ella le siguió.
Se giró antes de llegar para ver como alcanzaban a Ana y a su madre, corrió hacía ellas, pero los muertos las rodeaban, no podía hacer nada, Spike la llamó a gritos desde la moto, pero estaba paralizada y sin munición. Estaba tan absorta que no se dio cuenta que por su derecha se acercaba un infectado terriblemente desfigurado.
Continuara
