Hola, espero que les guste el capítulo de hoy. La verdad es que me gustó más que el capítulo pasado y las ideas surgían solas.

¡Que sea de su agrado!


Despertar

La oscuridad cubría todo el desconocido sitio. El olor de la humedad se mezclaba con el de la sangre, y el silencio aterrador hacía de ese lugar un infierno.

Se sentía sola. Rechazada. Abandonada.

No sabía nada del mundo exterior, aparte de lo que ellos le habían contado.

—¿Cómo es el sol? ¿En serio existe?

La única luz que conocía eran las lámparas viejas que alumbraban el local.

Se encendían sólo dos horas al día y luego se volvían a apagar.

—Te lo aseguro, en el último piso de la torre, se puede ver el sol entre los cristales, es hermoso. —Le repetía una y otra vez la persona a su lado—. El día que salgamos de este lugar, te lo mostraré.

—¿Me lo prometes?

Esa fue la última vez que lo vio. Lo que ocurrió con él después… Nunca lo supo.

¿Si la abandonó?

Era posible, pero lo que ella más deseaba, es que estuviera bien.

Así como se lo habían llevado, también el resto de personas habían dejado uno a uno la torre.

Y solo quedaba ella. Solamente ella.

La oscuridad le aterraba, y más ahora que estaba sola. Tenía una presión en su pecho que le dolía, y ella, en momentos como ese, deseaba…

Jamás haber nacido.

Sentía una pesadez en todo su cuerpo y un potente dolor de cabeza. La fuerte luz no le permitía abrir sus ojos tan pronto, así que poco a poco los fue abriendo hasta encontrarse con un techo de metal y buena iluminación.

Pudo percibir un fuerte aroma a alcohol, como en un hospital. Y, acertadamente, al mover su rostro a la derecha, observó varios frascos de laboratorios y una camilla. Pudo deducir por ello que también estaba acostada en una camilla.

Pero… ¿Por qué?

Haru intentó recordar lo que había ocurrido y la razón por la que estaba allí.

Como no podía mover mucho su cuerpo y aún no se sentía del todo despierta, llegó a la conclusión de que estaba sedada.

Recordaba perfectamente cuando se llevó al presentador hasta su oficina y, después de obligarle a llamar a su "jefe", lo noqueo hasta quedar tendido en el suelo posiblemente durante un par de horas.

—Soy yo, Hanami —Respondió fríamente. Se notaba que algo le molestaba y quería hacerlo notar—. ¿Te sorprende?

Una risa desde el otro lado de la línea la descolocó.

—Claro que estoy sorprendido, Hana. No sabes todo lo que me ha costado encontrarte. ¿Dónde estuviste en todo este tiempo?

Haru sonrió. Parecía que todo el tiempo que dedicó a ocultarse había servido de mucho. Ni siquiera los más fuertes de su "familia" habían logrado encontrarla, ni tampoco su antiguo maestro.

Pero ese no era el momento para hablar sobre eso. De hecho, no entendía la razón que la llevó a hacer algo tan estúpido como hablar con su hermano. Le estaba diciendo exactamente dónde estaba.

—Tomando algunas vacaciones, pero creo que esta vez me metí en algo muy grande. Y creo que me va a tomar varios años.

—Qué problema, no creo que pueda esperar tanto tiempo, Hana.

―Como sea, discutir sobre mis planes no fue la razón que me impulsó a comunicarme contigo Doflamingo. ¿Por qué razón tienes una casa de subastas aquí en Sabaody? Es realmente detestable.

―¿Estás molesta? ¿Desde cuando me llamas por mi nombre?

―Lo estoy, y no pienso llamarte hermano hasta que arregles esto, no me gustaría marcarte a ti también junto al gobierno.

Un leve sonido hizo que Haru se pusiera atenta a su alrededor, disimuló no haber escuchado nada pero sabía que alguien estaba escuchando la conversación. Era hora de terminar la charla.

―Escucharé tu petición, Hana. Me desharé de esa casa de subastas, pero me gustaría que regresaras pronto, sabes que a nadie más que tú, le heredaría el negocio familiar. Además, cosas muy interesantes ocurrirán dentro de poco, te sugiero que estés atenta.

―Gracias, pero sabes que no estoy interesada en lo que sea que quieres heredarme, y por favor, no quiero encontrarme a nadie conocido por estos lados, así que no envíes a nadie. Tengo que cortar. Adiós.

Sin esperar respuestas, Haru vio conveniente acabar con la discusión. Quien quiera que estuviera espiando, no podía permitir que contara nada, o su secreto sería revelado.

Haru no se movió del lugar, se concentró y pudo percibir cómo la presencia se iba alejando, esa persona ya se había ido, pero para Haru no fue difícil deducir quién era ya que ella, más que nadie, conocía a la perfección la presencia de sus nakamas.

"Ese era Franky, estoy casi segura, si es así, lo único que puedo hacer es hablar directamente con él antes de que diga algo al respecto". Pensó.

Pero antes de eso, decidió indagar un poco más en esa oficina. Se suponía que era el lugar donde el tipo que estaba en ese momento desmayado en el suelo, pasaba la mayor parte del tiempo. Y después de un gran rato revisando documentos y entre otras cosas, se encontró con una caja fuerte detrás de una biblioteca, no fue tan difícil, ya que su hermano solía esconder sus cosas valiosas en lugares así. Tampoco fue un reto para ella el conseguir la contraseña, porque Doffy siempre utilizaba las mismas. Y en pocos minutos ya tenía la caja abierta.

Dentro había bastante dinero como para alimentar a un pueblo entero y sobraba mucho más. Si Nami estuviera en ese momento junto a ella, seguro moriría de la felicidad. Pero, lamentablemente, ese dinero estaba contaminado por las ventas de personas inocentes.

Y como Haru nunca le encontró un valor tan grande al dinero, optó por deshacerse de él y terminó por prenderle fuego.

Unos minutos después, Haru salió de ese terrible lugar, por la parte trasera y se encontró con que el lugar estaba rodeado de marines, algunos corriendo asustados, otros a lo largo cortados en pedazos y más. Parecía que les estaba yendo mal a los marines, pero eso significaba que sus nakamas estaban bien.

―¡Bien! ¡Al bar de Shaki! ―pensó en voz alta. "De seguro ellos estarán allí"

Y así como pensó, sucedió. Los chicos acababan de llegar a ese lugar y Haru lo que recibió fue un regaño de parte de Nami, sobre dónde se había metido y cuán preocupados estaban. Pero el simple hecho de que se fueran sin ella, sólo significaba cuánto confiaban en que ella estaría bien junto a sus habilidades.

―¡Aki! ¿Estás bien? ¿Usopp no te hizo nada malo?

―Claro que no le haría nada malo. ¿Quién crees que soy? ―gritó el chico de la nariz larga en su defensa― Por cierto, ¿Cuál era la travesura que querías hacer?

―No hablaré sobre eso, y… ―Haru dudó un poco, pero debía aclarar las cosas―. Franky-san, ¿Puedo hablar contigo?

Tal y como Haru sospechaba, el Cyborg estaba enterado sobre todos sus secreto y eso la tenía de muy mal humor.

Pensó en muchas cosas que se le habían ocurrido durante el camino, hasta estuvo a punto de hincársele de rodillas y pedirle que no contara nada, pero su yo interior la obligó a no hacerlo.

―Franky-san, no te pediré que ocultes nada, incluso puedes ir y publicarlo en el periódico; lo único que no quiero es perder la confianza que me he ganado de ustedes durante nuestro viaje, si realmente me conocieras sabrías que jamás podría traicionar a un amigo.

Aparte de la voz de Haru, solo se escuchaba el llanto proveniente del Cyborg que, por razones desconocidas para la chica de ojos dorados, tenía desde hacía un rato.

―¡Es tan triste! No te preocupes Haru, no contaré nada. Será un súper secreto.

La luz se hizo aún más clara, y una puerta abriéndose hizo que Haru saliera de sus pensamientos.

―Parece que ya despertaste ―dijo un joven moreno y alta estatura al entrar a la habitación.

Sin escuchar respuesta, e ignorándola, se dirigió hacia el mueble donde estaban los frascos y posibles medicinas, dándole la espalda.

La chica ya estaba un poco más despierta y atenta a lo que ocurría a su alrededor, o eso era lo que creía. No era la primera vez que veía a ese joven. Su sudadera amarilla y sus pantalones vaqueros eran muy llamativos a su parecer y sin tener que pensarlo mucho, recordó que ese chico estaba en la casa de subastas.

Sí, incluso había mantenido una pequeña conversación con su capitán. Pero… ¿Qué le había sucedido a ella para acabar en ese lugar con un tipo como él? ¿Eran amigos o enemigos? "¿Amigos? Eso no es posible así que…"

¿Do-dónde estoy? ―dijo la chica observando al chico atentamente, quien no parecía responder.

Al observar al chico de espaldas continuar con lo que sea que estuviera haciendo, la chica intentó sentarse en la camilla para enfrentarlo, pero no lo logró.

Seguramente el sedante no le ayudó a percatarse de que sus manos estaban atadas por lo que parecían ser unas fajas negras muy resistentes y al no poder mover tampoco sus piernas, llegó a la conclusión de que estaban atados también. Ahora entendía el tan escaso movimiento que podía lograr desde que despertó.

―¡No me puedo mover! ―aclaró la chica en voz alta, "Ese maldito… ¿Me quiere torturar o peor… matar?"

El chico se volteó para enfrentarla, en su rostro se marcaba una sonrisa sádica.

―No creas que quiero torturarte y, mucho menos, matarte. Pero si no cooperas tendré que tomar medidas.

Recostado al mueble con sus manos cruzadas al frente, el moreno la observaba divertido. Pero al ver que la chica no entendía absolutamente nada de lo que decía y, obviamente, no parecía confiar en él, sobre todo por atarla, creyó conveniente continuar con la conversación.

―No te mataré o habría sido una pérdida de tiempo curar tus heridas, pero necesito que me respondas algunas preguntas y después, te dejaré ir.

―¿Estoy herida? ―chilló resaltada, "¿Quién me lastimó? ¿Fue él?"

¿No es obvio?―fue lo que respondió, para el chico, el hecho de que estuviera sedada y en una sala de operaciones era más que necesario para llegar a esa conclusión, ¿O acaso lo que observó de ella en la casa de subastas había sido sólo primera impresión? Seguro la había subestimado―. Y no, no fui yo quien te lastimó.

¿Era su imaginación o ese chico escuchaba sus pensamientos? No, seguro era sólo su imaginación.

El chico sonrió.

―¿Qué es lo que quieres saber? Dijiste que si respondía a tus preguntas me dejarías ir.

¿Una pregunta? ¿Qué se suponía que quería saber de ella? O tal vez no era de ella, sino que quería alguna información confidencial sobre el gobierno o algún otro enemigo, ser un Mugiwara le había dado no solo experiencia, sino también información valiosa.

―Tu tatuaje.

―¿Qué?

―El tatuaje en tu hombro izquierdo… Sobre eso quiero hablar.

Quién sabe qué cara puso Haru cuando escuchó las palabras del supernova, jamás lo sabría, pero al ver que el moreno pasó de tener una risa burlona a un rostro serio y un poco amargado, sabía que no había reaccionado como se suponía que debía haber hecho.

"Maldición" ¿Cuántas veces había ensayado un momento como este para poder disimular lo mejor posible? Pero lo había arruinado por completo. O quizá, ese no había sido el problema, en ningún momento se le ocurrió que alguien podría ver su tatuaje que siempre mantenía cubierto por unas vendas. Al menos mientras estuviera consiente nadie podría saber que tenía un tatuaje de la Jolly Roger de la familia de Donquixote en su hombro izquierdo. Pero estando sedada y sin tener control sobre su propio cuerpo, alguien había descubierto su secreto: segunda persona en ese archipiélago. Si Franky estuviera en sus zapatos diría que esa no era su semana de suerte.


Bien, eso es todo por hoy. Espero que no las haya enredado mucho xD

Cosas importantes que mencionar.

-Los pensamientos con letra cursiva tiene mucha importancia en el fic, y de ahora en adelante se seguirá viendo más frecuentemente, incluso en los dialogos. ¿Qué significa? Bueno, eso no lo puedo decir por el momento, pero posiblemente en uno o dos capítulos más lo mencione.

-En lo que nos queda de la introducción, incluiré (como en este cap) algunos recuerdos y cosas importantes del pasado de Haru. El tiempo no será cronológico, por lo cual, tendrán que ir juntando ideas (pero no es tan complicado).

Reviews siempre son bienvenidos.

Nos vemos la próxima semana!