Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos y puede que alguno me lo invente.

N/A: Lo sé, he tardado muchísimo en subir un capítulo de este fic… pero bueno, ya he acabado con todos los demás así que me dedicaré en cuerpo y alma a este, que por cierto, tengo muchas ideas de él.

Capítulo tres.

Bella POV.

Oh, dios, pero que bueno estaba Edward Cullen, uf, sólo el ver sus ojos me derretía, ¿Cómo podía estar tan bueno un simple mundano? Joder, quien lo pillara… ¡Joder Bella, céntrate! Seguro que tiene novia, ¿No has visto lo tremendo que estaba? Si, es verdad, seguro que tenía pareja, y a lo mejor y todo tiene hasta hijos, según tenía entendido, tenía la misma edad que Emmett…

-Isabella por favor, ¿Puede decirme las partes más importantes en una cámara fotográfica?

Mierda, se me había ido la bola por completo.

-Claro que sí, señorita Parker – Por dios, ¿Cómo podía obligarnos a decirle señorita? ¡Pero si tenía más años que mi propio padre! – Los megapíxeles, el zoom óptico, la tarjeta de memoria, lentes, batería y compatibilidad – dije a la carrerilla casi sin aire.

-Muy bien señorita, veo que se toma las clases muy en serio – murmuró y caminó hacia la pizarra para volver con el temario.

¿Cómo no me voy a tomar las clases en serio? ¿Si vengo por algo es no?

Rodé los ojos, saqué un cuaderno de mi mochila, un bolígrafo y empecé a rayar la hoja para descargar mi rabia y frustración. La señora Parker nos veía como un montón de chicos rebeldes de diecisiete años que solo asistían a sus clases para pasar el tiempo.

Intenté seguir el hilo de la clase, pero mis pensamientos estaban en otra parte, lejos, muy lejos de aquí, junto a un chico de ojos verdes y pelo cobrizo que acababa de conocer hacia una hora. ¿Podía una encapricharse con un chico que conocía solo de una hora? Si no se podía, debía de ser yo la primera que lo había hecho.

El reloj que colgaba de la pared frente a mí dio la hora en punto, dando por finalizada la clase. Todos a mi alrededor recogieron sus cosas deprisa y salieron lo más rápido que pudieron, yo hubiese hecho lo mismo, hombre, como que un viernes a las siete de la tarde no es que apetezca mucho estar sentada en una clase asfixiante, con treinta y un personas y una profe pesada pudiendo estar en tu casa, recostada en el jardín y leyendo un gran libro, pero una persona, para más detalles un chico, bloqueó mi salida, y por tanto, mis esperanzas a de salir de allí en estos momentos.

-¿Qué tal, Bella? Te he visto un poco despistadilla hoy, ¿No comprendes bien lo que explica la señora Parker? Si quieres, puedo ayudarte con ello.

Puto James y sus intentos de llevarme a la cama… porque vamos, todo sabemos porque James me trata como si fuera una princesa y se muestra tan amable.

-Bueno, es que estoy un poco mala y como comprenderás tengo ganas de llegar a mi casa – dije esto último dándole un poco más de entonación, a ver si pillaba la indirecta…-

-¿Quieres que te lleve? Puedo hacerlo, ¿Eh? No sería ninguna molestia, incluso, si quieres podemos pasar por una farmacia antes y comprar algo para ese dolor.

-No gracias James, en serio, eres muy amable pero ya va a venir una amiga a por mí, en serio, puedes IRTE tranquilo – le contesté. ¿Tan difícil era pillarlo?

-Bueno, si ya has quedado, no seré yo el que te rompa los esquemas, pero… ¿Te apetecería hacer algo el fin de semana? – preguntó moviendo las cejas.

Me cago en… Mi móvil empezó a sonar. Oh por dios, dios que estás ahí arriba, al fin haces algo por mí.

-Un momento – le dije a James señalando mi móvil que sonaba insistentemente - ¿Si? – pregunté sin mirar antes la pantalla.

-Bella, ¿Piensas salir hoy? ¿Recuerdas lo que se suponía que íbamos a hacer? – y la voz chillona de Alice sonaba al otro lado de la línea.

-Ya voy – dije y corté la llamada, me giré hacia la mesa para coger mis cosas – bueno, tengo que irme que ya me estas esperando, adiós.

Y salí apresuradamente con mis cosas mal cogidas para evitar a James, porque sabía que no le había respondido a su pregunta de salir, y no tenía intención de hacerlo, pero sabía que no pararía hasta que me tuviera en su cama, si eso creía… conmigo la llevaba clara.

Divisé el posche amarillo cantoso de Alice en la cera de en frente y me lancé hacia la carretera sin mirar, sabía que James me seguía, había escuchado su voz llamarme una y otra vez, pero me había hecho la loca.

Cruzé corriendo la carretera y abrí rápido la puerta del coche para meterme como una bala.

-¡Arranca! – le grité a Alice, sabía que James incluso se acercaría al coche,

Alice no se hizo de rogar y con un chirrido de ruedas el coche salió disparado como si fuera un coche de carreras.

-¿A qué ha venido eso? – preguntó después de unos minutos.

-James – suspiré.

-¿Otra vez? ¿Pero ese tío no se cansa de darte la bara?

-Al parecer no.

-Joder…

-Alice – dije girándome hacia ella en el sillón del copiloto - ¿En qué idioma hablo yo? ¿Crees que no hablo bien o algo?

-¿Eh? No entiendo Bells.

-Si… es que joder, le he mandado todo tipo de indirectas y nada…

-No hay peor ciego, que el que no quiere mirar.

-Eso es verdad – la miré por última vez y me giré hacia la ventana, me encanta mirar por las ventanas mientras iba en coche, me daba tiempo para sumirme en mis pensamientos, pensar… imaginar…

-Bells, ¿Estás segura de que quieres hacértelo? Yo doy mi permiso, pero como Charlie se entere… uf, la que arma.

Deje de mirar por la ventana para encararla.

-Claro que quiero hacérmelo Alice.

-Prométeme que tendrás cuidado para que Charlie no te lo vea.

-Prometido.

En pocos minutos más llegamos a nuestro lugar de destino. Era una pequeña tienda de tatuajes en Seattle.

Dejé mi mochila en el suelo, guardada debajo del asiento por si las moscas y me bajé cerrando la puerta despacio, Alice era muy tiquismiquis en cuanto a su coche se refería.

Cogió mi mano y entramos juntas a la tienda.

-Buenos días – nos saludó un hombre poniéndose a nuestro lado. Le miré bien. Estaba todo tatuado, hasta la cabeza que la llevaba rapada, además de miles de piercing por todos lados. Intenté mirar lo menos posible, pues sabía que eso podía molestarle.

-Buenos días, veníamos porque mi hermana quiere hacerse un tatuaje – habló Alice.

-Claro, ¿Cuántos años tiene? – preguntó repasándome con la mirada.

-Diecisiete, casi dieciocho – contestó.

-Bien, acompáñenseme.

Nos guió por unos pasillos, hasta llegar a una puerta blanca que abrió y nos hizo pasar. En frente mía podía ver una camilla verde con una mesa corredera al lado en la que había miles de agujas. Oh dios mío Bella, intenta mirar lo menos posible hacia allí…

-Siéntate en la camilla por favor – me pidió el chico.

Caminé hacia ella y con un simple movimiento, salté sobre la camilla y quedé sentada con los pies en el espacio desde la camilla al suelo.

-Muy bien, ¿Qué quieres hacerte? – preguntó cogiendo una silla roja que tenía al otro extremo de la habitación y sentándose a mi lado.

-Pues, me gustaría tatuarme una pequeña cámara fotográfica, pero algo pequeño, sencillo, nada grande ni excesivo, solo ese pequeño dibujo que te hace recordar lo que amas – hablé tan profundo, que hasta el chico me miró con cara sorprendida.

-Sí, entiendo lo que quieres decir, lo he tatuado más veces.

-Bueno, yo es que lo vi en una revista y me gustó – murmuré ruborizándome.

El chico rió y se levantó de la silla.

-¿En donde quieres hacértelo?

-En la muñeca estaría bien, pero no en el centro, si no a un lado hacia la derecha.

-Bien, veo que tienes las cosas claras – me miró - ¿Agujas indoloras y crema?

-Por favor – pedí.

-¿Solo tinta negra?

-Sí.

-Bien.

Alice se sentó a mi lado y juntas vimos como lo preparaba todo, vertía en un pequeño bol un poco de tinta sacado de un botito de plástico, cogía agujas y preparaba un potingue en otro bol, cogía paños, agua y demás utensilios que nunca había visto en mi vida.

Lo puso todo en una bandeja y lo dejó en la mesa que estaba cerca a nosotras.

-No va a dolerte, date cuenta que tienes agujas indoloras y la crema – me sonrió.

¿Se veía el miedo en mi semblante? Pues quizá tiene razón mi padre al decir que soy un libro abierto.

Alice me cogió de la mano y me sonrió dándome apoyo. Le devolví la mirada y fijé la vista en lo que el chico hacia.

Primero aplicó la crema que al principio escoció un poco pero que luego fue desapareciendo y congelándome la mano. Cogió una pequeña máquina gris de la mesa y vertió dentro de ella el líquido negro que anteriormente había puesto en el bol, reemplazó una aguja por las nuevas y tiró las usadas.

-¿Preparada? – preguntó girándose hacia mí con la maquina prendida en mano.

Respiré hondo y asentí.

.

Tampoco había sido para tanto, ni siquiera había sentido nada después de que la crema me congelara la muñeca, es más, si no hubiera visto como lo hacía ni siquiera me habría dado cuenta de que me estaban pichando con una aguja. El resultado quedó genial. Ahora había en un lado de mi mueca una pequeña cámara negra, era perfecta, había quedado genial.

Abrasé a Alice según salimos de la tienda.

-Gracias, gracias, gracias, gracias – la bombardeé a agradecimientos mientras nos subíamos al coche.

-Por dios Bells, eres mi mejor amiga, no tienes ni que darlas.

Sonreí y asentí.

-Si tengo que darlas.

-Pues no – me discutió.

-Pues si – le discutí esta vez yo.

-Já – murmuró con una sonrisa y arrancó el coche.

Estuve todo el camino de regreso a casa mirando mi muñeca, era genial, había quedado estupendo y me sentía orgullosa de mi muñeca.

-Puede parecer tonto -murmuré – pero me siento orgullosa de mi muñeca.

Alice soltó una tremenda carcajada que me contagió a mí.

-Me alegro de que estés contenta, es un alivio para mí saber que este año te haré un regalo de navidad que te guste.

-Alice, todos tus regalos me encantan – dije sin poder apartar la mirada de mi pequeño tatuaje – pero tengo que admitir, que este ha sido el mejor.

- Por dios Bella, no tienes que fingir que te encanta toda la ropa que te regalo siempre, sabes que las odias.

La miré.

-Es cierto.

-Lo sabía – sonrío y eso un gesto ganador con la mano.

-Eh, que ese gesto solo lo puede hacer Nadal – me quejé riendo.

-Ya si claro – contesto.

Llegamos a mi casa a las diez de la noche. Todas las luces de la casa estaban encendidas, era extraño, por lo normal solo lo solía estar prendida la del salón, donde Emmett y papá se ponían todas las noches a ver deporte mientras yo me iba a mi cuarto a leer o a hacer otra cosa mucho más interesante que estar viendo deporte con dos fanáticos.

Miré a Alice con el ceño fruncido.

-No hagas como si no lo supieras, porque Edward ya me ha dicho que te ha visto.

Me congelé en el instante al escuchar su nombre.

-¿Qué? – pregunté.

-Sí, que ya he visto a mi hermano, ha pasado hoy por casa de mi madre y da la casualidad de que había ido a visitarla, y justo me lo he encontrado – sonreía mientras relataba lo ocurrido – se me han saltado las lágrimas y todo, hacia mucho que no veía a mi hermano, ¿Sabes? Desde el verano en el que se fue a estudiar fuera no había vuelto a poner un pie en Forks, y al parecer, ahora va a quedarse, y encima a vivir, ¿no es genial? – preguntó Alice emocionada.

-Sí, lo es, ¿Pero qué tiene que ver todo esto con que todas las luces de mi casa estén encendidas? – pregunté todavía sin comprender.

-A que Edward está ahí dentro.

¿Qué? ¿Qué Edward Cullen estaba en mi pequeña e humilde casa que por cierto estaba patas arriba? Oh mierda. Comparándola con su casa, iba a pensar que era una mierda. ¿Y si no le gustaba? ¿Y si decidía que era poca cosa para él y no volvía a aparecer nunca por aquí? Joder Bella, contrólate, ¿Te estás escuchando hablar? Oh mierda, es verdad, para – me dije a mi misma.

Pero a ver, papa nunca ha tenido otra casa, y Edward y Emmett se conocen desde siempre así que seguro ya habrá visto la casa.

Suspiré un poco más aliviada, no había nada de lo que preocuparse, de todos modos, Edward no me parecía un chico que se fijara mucho en lo material , aunque, las personas puedes aparentar cosas que no son.

Salí del coche y le lancé las llaves a Alice que estaba desesperada por entrar en mi casa. Corrió hacia la puerta y vi como la abría apresuradamente dejando las llaves puestas en la cerradura. Me tomé mi tiempo, llegué a la puerta y retiré la llave guardándola luego en el bolsillo pequeño de siempre en la mochila.

Caminé hacia el salón, de donde se escuchaban muchas voces.

-No, yo digo que el Eclipse está mejor que el Amanecer – murmuró Alice con irritación.

-Pues yo prefiero el Luna Nueva… - saltó mi hermano.

-Hola – saludé entrando por la puerta y cortando la conversación.

-Hola Bells, ¿Qué tal te han ido tus clases? – me preguntó mi hermano saltando del sillón en el que se encontraba con Rosalie para venir a saludarme, quitarme la mochila de los hombros y apartarla en un rincón.

-Bien – respondí un poco cortada, me había tratado como una niña y Edward estaba delante.. Oh dios tierra trágame. Le lancé una mirada mortal a Emmett de esas de 'Ya hablaremos luego tú yo'-

-Bella, a ti que te gusta más, ¿el Eclipse, el amanecer, o el Luna nueva? – preguntó mi cuñada golpeando con la mano un sitio libre a su lado en el sillón.

-Yo sinceramente soy más del Hard Rock – sonreí ligeramente.

Jasper estalló en carcajadas.

-¿De qué te ríes emo? – pregunté con toda la mala leche del mundo, odiaba que se metiera conmigo y sabía que ahora no se estaba riendo conmigo, si no de mi.

-Wow, adoro a esta chica – dijo Edward sonriéndome.

Me ruboricé al instante y Edward me regaló una sonrisa torcida. Oh dios, era… joder, ese tío era una maravilla.

-Edward… - murmuró Alice advirtiéndole con la mirada.

-Está bien, está bien, ya no digo más nada, de todos modos, no tengo ni idea de lo que hablan – se excusó.

-Son las tres discotecas más famosas de Seattle – hablé para Edward.

-¿Te gusta la fiesta?

-No, la odio.

-Bueno, coincidimos en algo más que en la marca de cámara.

Sonreí.

-Al parecer estos dos hacen buenas migas, son igual de sosos – dijo Rosalie.

-Bueno, dejemos las habladurías para luego, ahora hay que elegir un lugar, la primera noche de Edward en Forks después de siete años tiene que ser celebrada – gritó mi hermana más emocionado que un niño pequeño el día de navidad al abrir sus regalos.

-Amanecer.

-Eclipse.

-Luna Nueva.

-Vale – dije levantándome del sofá – haremos papelitos, pediré una mano inocente y la que salga, salió.

-Si es que es una artista – susurró Emmett para luego venir hacia mí y morrearme el moflete.

Todos rieron ante la acción de Emmett, incluso Edward, que no pudo aguantar la risa ante mi cara y empezó a reír como un poseso.

Si, era lindo, pero era un grandísimo hijo de puta.

-Vale Emmett, para ya – le dije y puse mis manos contra su fuerte pecho para despegarlo de mí.

Resoplando me dirigí a mi mochila, saqué una hoja y escribí los tres nombres de las tres discotecas. Corté los papelitos en trocitos y los revolví en mi mano, me acerqué a Edward y extendí mi mano.

-Coge uno – le dije.

-Pues a menuda mano inocente te fuiste a arrimar – soltó Emmett.

-Huy, si Edward es inocente entonces yo todavía soy virgen – rió Jasper a lo que Edward se puso como un tomate.

-¿Vas dejar de hacerles caso y coger uno de una vez? – contesté con voz fría.

Edward me miró serio y cogió un papel de mi mano rozándome la palma. Joder, un pequeño escalofrío me recorrió de arriaba abajo.

-Amanecer – murmuró.

-Bien, entonces que cada uno vaya a prepararse, nos vemos aquí dentro de una hora – dijo Rosalie y salió apresurada por la puerta.

-No me ha dejado ni despedirme – contestó Emmett.

-Bueno, tiene que prepararse, es una chica, de esas que se empolvan en maquillaje, tiene que estar perfecta, recuerda, es Rosalie, y con ese último comentario salí del salón para dirigirme a mi habitación, presentía que la noche de hoy iba a ser muy, pero que muy movidita.

N/A: Wow, ¿Qué tienen que decirme? Jajaja, si, os aseguro yo, que la noche será MUY, PERO QUE MUY movidita – ríe perversamente - ¿reviews? Saludos.