Esprintó lo más rápido de lo que sus piernas le permitieron hacia el lugar al que él la había llamado. Su Sello pulsaba continuamente y, a pesar de que le dolía horrores, no se vio frenada. Anko sentía toda la adrenalina recorrer por sus venas quemando cualquier rastro de cordura que le quedara. Quería acabar con él. Orochimaru.
El helado viento invernal calaba en lo más profundo de sus huesos, pero el fuego que la dominaba apenas le permitía tener la sensación de frío. La pelimorada abandonó en cuestión de minutos Konoha y, pasando desapercibida por los guardianes del gran portón de la villa, se adentró en el nevado bosque.
No había rastros de hojas de ese modo dejando desnudo el esqueleto de los altos árboles que se encontraban con algunas rendijas de sus cortezas cubiertas de blanca y congelada nieve. "Vamos Anko, ven aquí. Te estoy esperando" retumbó en la cabeza de la ojicaramelo haciendo que ella apretara su mandíbula por culpa de toda la furia y rabia que la dominaba. La Marca volvió a pulsar de nuevo, eso significaba que estaba cerca. Lo sentía, sabía que estaba allí.
Anko aterrizó en un pequeño claro del bosque haciendo que sus zapatos ninja encajaran en la espesa nieve que recubría el suelo para después cerrar sus cansados ojos y percibir el poderoso e intimidante chakra que la había estado llamando.
Se propuso mantenerse serena y evitar a toda costa que su corazón dominara a la razón, pues no quería cometer ningún error en lo que se le avecinaba encima. Pero a pesar de todos sus esfuerzos, Anko se vio obligada a estar totalmente alerta en el momento en que presintió al kunai que iba directo hacia ella por la espalda.
Fácilmente esquivó al cuchillo cogiéndolo por el aro antes de que la afilada hoja le rozara la piel. Y entonces su decidida y encendida mirada chocó de lleno con la figura de aquel hombre que le había hecho la vida imposible, abandonándola como si fuera pura basura sin tener nada en cuenta.
—Sabía que vendrías—la siseante y lejana voz del hombre serpiente caló hondo en el fino oído de la ninja, que chasqueó su lengua en señal de fastidio.
—Eres un ninja de clase S perseguido por muchos, y para mí... —paró unos instantes de hablar para poder apreciar mejor al hombre—...para mi eres lo peor que ha podido existir. ¡Ten por seguro que voy a matarte, Orochimaru!-exclamó con poderío después de percatarse que el Sannin se encontraba en una de las ramas de un árbol, sonriendo ampliamente y con orgullo.
No le dio el gusto de atacar primero, ella se lanzó de frente valiéndose con un kunai en su mano y el valor que le quedaba para poder enfrentarlo. Segundos después el filo de su arma acarició al de la katana que él lanzó de su boca de ese modo dando inicio al combate.
Entre estocadas y evasiones a cada una de ellas, el exsensei y la exalumna se dieron un margen de distancia para después invocar a las serpientes de sus brazos, pero algo extraño ocurrió cuando solo fue Anko la que las llamó, pues el pelinegro empezó a esquivarlas en el instante en que los animales se le lanzaron.
Entonces fue cuando la Mitarashi se fijó en el único detalle que le dio esperanza. Los brazos y manos de Orochimaru estaban vendados y él no había invocado a sus serpientes, de hecho no había usado ningún jutsu aun. Sin querer adelantarse a los acontecimientos y mantenerse cauta, la kunoichi se envalentonó a atacarlo de cerca, aunque aquella acción pudiera repercutirle.
De nuevo atacando de frente, la Mitarashi se percató de que su exsensei solo combatía su taijutsu con sus piernas, y de vez en cuando sacando espadas por su asquerosa y característica boca.
—¡Este es tu fin! —la ojicaramelo se distanció esquivando la gran katana que había vuelto a intentar clavarle para después impulsarse en uno de los troncos y, después de haber lanzado varios shurikens alrededor del cuerpo del Sannin, realizó varios sellos con sus manos —¡Katon Ryuka no Jutsu!
La basta y feroz llamarada fue prendiendo el transparente hilo que había atado a los shurikens de ese modo formando una rueda de fuego directa hacia el shinobi, que pareció sorprenderse ante la trampa de la kunoichi, que aterrizó de nuevo en la nieve al haber saltado desde el tronco.
—¿Se...acabó...? —dijo para sí misma la mujer jadeante ante el esfuerzo que le había supuesto lidiar con el jutsu y con las constantes y molestas vibraciones del Sello.
—Aún te queda por aprender, Anko.
Misterioso, intimidante y cauteloso, Orochimaru apareció sin hacer prácticamente ruido a las espaldas, haciendo que a la pelimorada solo le diera tiempo para voltear y cubrirse de la fuerte patada que le atestó. Aunque equivocándose en pensar que aquel gesto solo podría ser un aviso, varios golpes le siguieron al primero hasta que al final la débil mano de Orochimaru atinó a rozar la nuca de la chica, que sintió cómo las llamas de su interior volvían a encenderse.
—Tanto tiempo sin vernos y aun así me tratas tan fríamente... —dejó caer el Sannin sonriendo de medio lado al observar el ligero tambaleo de la kunoichi, que dirigió enseguida su mano a su nuca.
—Ya veo que no eres capaz de pelear contra mi justamente—habló la pelimorada aun sujetando el kunai en su mano, aun así le costaba respirar por culpa de la repetitiva revelación de la Marca de la Maldición.
—Digamos que...quiero ver con mis propios ojos en acción al primer Sello que puse—confesó Orochimaru mientras observaba a su exalumna con su reptil mirada.
—Estás loco...siempre haciendo lo que te da la gana. Si quieres que muera ¿por qué no me has matado aún? —intento hablar lo más firme que pudo aunque sus fuerzas la estaban haciendo flaquear demasiado.
—Aunque Sasuke Uchiha sea mejor ninja que tú y sea el elegido para ser mi sucesor no puedo negar que todo lo que te enseñe fue y sigue siendo una obra de arte-se enorgulleció el shinobi—La forma que se le da al chakra...el camino que un ninja decide seguir junto con su cuerpo y su mente es la clave para tener una vida satisfactoria. Aunque en tu caso...tu mente, tu forma de pensar no ha encajado en mi puzle. Decidiste abandonar tu puesto junto a mí—continuó hablando el Sannin parado a un par de metros de la Mitarashi, que frunció el ceño al apenas entender lo que estaba diciendo el descerebrado se su exsensei.
—Pienso acorde a mi criterio y a mi moral. Si pensabas que me quedaría junto a tus secuaces la llevabas clara. Que te quede claro maldita sabandija, nunca traicionaría a Konoha, y menos dejaría que mi alma se pudriera entre tanta escoria como la tuya. —contestó la kunichi apretando más su mano intentando no volverse loca por la horrible sensación que la estaba volviendo a dominar.
—Estás en Konoha por pena. De no ser porque te borré tus recuerdos y por el Tercer Hokage, ahora mismo estarías muriendo en la cárcel por colaborar con un asesino de rango S—provocó a la mujer, que lanzó el kunai de seguida al escuchar tales palabras.
Siempre había querido evitar aquellas envenenadas palabras que, por mucho que le dolieran, eran verdad. A saber las sangrías en las que ella habría participado mientras estaba con el Sannin, engañando a la gente y traicionando a la villa pensando que ese era el auténtico camino de un ninja. La sed de venganza, el poder, las ganas de matar, y todas aquellas cosas que Orochimaru era especialista habían yacido latentes en ella, pero el sentimiento de culpabilidad permanecía tan vivo en su interior que Anko se había y aún seguía repugnándose a sí misma por ello.
A pesar de siempre haber poseído el instinto asesino de superviviencia característico de los ninjas, Anko nunca haba sentido tantas ganas de arrebatar una vida como en esos momentos, que intentaba controlar el irrefrenable deseo de acabar con Orochimaru.
—Vuelve a mi equipo, Anko. Yo he sido el único que te ha valorado como ninja y el que puede aportarte un gran poder. Regresa a mi lado, como en los viejos tiempos en los que aún eras una niña. —soltó de sopetón el hombre serpiente, que la pelimorada tuvo que pensar varios segundos para asimilar lo que le acababa de decir.
—Ahora sí que has perdido la sesera por completo.
—No. Deja de evitar la realidad y asimila de una vez por todas que estás sola en Konoha, que ya no está el Tercer Hokage para protegerte y que cualquiera de los que se hacen llamar tus compañeros pueden traicionarte. —Añadió el Sannin dando un paso hacia delante intentando acercarse de nuevo a la pelimorada, que retrocedió por su parte.
—Aléjate de mí...no quiero saber nada sobre ti—habló Anko ejerciendo presión sobre su cuello mientras que sentía como la zona se estaba empezando a mojar debido al sudor.
—No te arrepentirás, Anko. Eres uno de mis tesoros más preciados y que tanto esfuerzo me ha costado crear, no lo eches todo por la borda. Podrías llegar a ser una de las kunoichis que marcarán historia, y todo gracias al poder que te puedo conceder—habló el hombre serpiente medio sonriendo.
Y en ese momento todo cambió tornándose opaco para la Tokubetsu Jonnin.
Su guardia bajó y resultó ser una oportunidad de oro para Orochimaru, que sin más preámbulo apareció a su lado y, de un solo movimiento, golpeó a la mujer haciendo que ésta casi cayera al suelo, pero enseguida la agarró del cuello.
—¿Sabes? Me da pena matarte, en el fondo te llegué a coger mucho aprecio, Anko. Pero ellos te han cambiado, ahora eres más...débil de lo que ya eras, por eso la marca te está consumiendo por dentro. —dijo el hombre Serpiente alzando a la pelimorada del cuello haciendo que sus zapatos ninja se despegaran del suelo dejando la huella marcada en la nieve. —Despídete de este mundo, Anko. —Finalizó Orochimaru sujetando por el mango un kunai que sacó de sus usuales ropajes.
No podía ser verdad, ella no podía morir de aquella manera. Había peleado como una fiera para intentar acabar con su tortura, y aun así... ¿todo había sido en balde? ¿Acaso se merecía ese destino? Quería acabar con Orochimaru con sus propias manos por todo el dolor que le había causado, e incluso tenía venganza de sobra para sentir el deseo de hacerle pagar por el asesinato del Tercer Hokage.
Aún no iba a matarla, no podía hacerlo precisamente por las ganas de vivir que la inundaban. Quería vivir al menos para servir a Konoha, que era una de las pocas razones por las cuales había luchado desde que retornó de la traición que le robó su infancia.
La vibrante y enérgica actividad de cada una de las células que componían su cuerpo y el candente sentimiento que se abrió paso en su corazón la hicieron sentir con ganas de llevarse a todo lo que tenía delante por en medio, y así fue. Antes de que la punta del kunai que iba a hacerla sangrar hasta su muerte la tocara, ella tomó la delantera y de un habilidoso y certero puñetazo incrustándolo en el rostro de Orochimaru logró zafarse del agarre y así ganar distancia entre ellos.
—¡Anko!
Pudo escuchar esa conocida y tan familiar voz. Kurenai estaba ahí parada, intentando coger el aire a bocanadas posiblemente por culpa de la gran carrera que se habría dado sin apartar su incrédula y asombrada mirada de la escena que estaba presenciando.
—Vaya...tenemos visita —dijo el hombre Serpiente medio sonriendo, aunque tuvo que prestar más atención a su oponente, pues lo que se iba a acontecer requería mantener la guardia bien alta.
—Kurenai, vete de aquí—se limitó a decir la pelimorada sintiendo de nuevo el fuego recorrer su cuerpo y las punzadas de la marca despertar algo en ella que hacía tiempo creía tener controlado.
—¡Estás loca! ¡Anko, déjalo estar, va a matarte¡ — gritó desde lejos la kunoichi experta en Genjutsu a la vez que daba algunos pasos para intentar aproximarse a su amiga, pero paró en seco en el preciso instante en que una fuerte oleada de extraña energía se le abalanzó.
Entonces sus rojizos y atentos ojos lo vieron con claridad. Haciendo ondear la gabardina que solía llevar la Mitarashi, la energía violácea envolvió su cuerpo de pies a cabeza cual llamas de fuego mientras emanaba de ella una desagradable pero letal sensación obligando a la Yuhi a retroceder unos pasos, pues parecía como si su propio chakra la abandonara.
—Anko...no lo hagas, por favor...no quiero que te haga daño.
—Y yo no quiero que Orochimaru me quite lo único que me queda—contestó la pelimorada respirando con gran dificultad, pero su cuerpo se estaba acostumbrando al dolor que momentáneamente la había estado torturando durante la pelea contra su maestro.
—Vaya, vaya...que sentimental te has vuelto Anko, eso no es lo que te enseñé en su día. — dijo el Sannin sonriendo por lo bajo mientras blandía su katana. Las intenciones eran claras y Anko lo sabía. Iba a por ella.
—Anko, la venganza no es lo único que te queda, es más, estoy segura de que tienes muchas más aspiraciones aparte de derrotar a este mal nacido. No te rebajes a su nivel, Anko— habló Kurenai aun sintiendo esa aura maligna que se estaba apoderando de su mejor amiga.
Ese chakra oscuro que emanaba seguro del Sello Maldito se comía la energía benigna, y no solo aquella que circulaba por el organismo de Anko, sino cualquier chakra benigno que se cruzara por su camino acababa devorado por ese espeso aire que se estaba cerniendo en el claro del bosque.
Kurenai se sentía ligeramente mareada debido a la resistencia que su cuerpo inmediatamente se puso a ejercer para frenar la absorción de su chakra por parte del aura. Pero parecía ser que Anko no se estaba dando cuenta de la situación, pues seguía dándole la espalda.
Entonces vio de lejos cómo la sonrisa de Orochimaru se acrecentaba.
—Anko, por favor, olvídate de él y vámonos a-
—¡Cállate!
Por un momento Kurenai no supo qué le dio más miedo, si la contestación mezquina que le había lanzado su amiga o el hecho de observar con horror cómo unas puntiagudas, negras y malignas marcas iban cubriendo el furioso rostro de Anko cuando medio volteó para encararla.
—¡Oh...esto ya es más interesante! — se emocionó el Sannin observando con detenimiento y gozo la situación.
La Yuhi se llevó una mano a la boca del asombro mientras se apoyaba con la otra mano libre en el tronco de un árbol intentando no marearse. Tenía que ayudar a controlar a su amiga, pero Orochinaru estaba ahí y si pretendía atacarlo iría a por ella sin dudarlo. Necesitaba refuerzos, pero no podía dejar a Anko sola, y más en el estado en el que se encontraba.
—No intentes nada Kurenai, esto es entre ese bastardo y yo. Así que márchate, esto no tiene nada que ver con Konoha...es un asunto personal. — dijo Anko mientras se acostumbraba a la rara sensación que el Sello le estaba dando. Se estaba sintiendo bien, menos débil, ya con menos dolor y con un poder superior al que ella solía tener.
—Vamos Anko, ¡ven! — provocó su exsensei haciendo que automáticamente la Mitarashi saliera disparada hacia él con kunai en mano.
—¡Anko, no! —Kurenai vociferó con gran desesperación, pero no le hizo caso, así que era el momento de actuar.
Kurenai comenzó a realizar rápidamente una serie de sellos con la intención de ir a socorrer a su mejor amiga, pero en ese momento la presencia de un dos sujetos se hizo notar en el claro del bosque.
—¡Kurenai, qué demonios está pasando! —la masculina voz del shinobi se hizo escuchar mientras aterrizaba al lado de la Yuho junto con su fiel compañero y gran ninja, Kakashi Hatake.
—Asuma, esto se ha ido de las manos ¡hay que parar a Anko ya! — exclamó la de orbes escarlata mientras el Sarutobi daba apoyo a la kunoichi.
Kakashi por su parte se sorprendió al ver la batalla entre alumna y sensei, aquel que se situaba en la lista S y que estaba en busca y captura por las cinco Villas. Los metales de las armas con las que cada uno atacaba chirriaban e incluso saltaban chispas al chocar. Aunque lo más sorprendente no era eso, sino la extraña y desagradable aura que se podía notar en el ambiente.
Entonces el peliplata se percató del aspecto que tenía la piel de la kunoichi de cabello morado, que estaba atacando sin compasión al Sannin. El dibujo que se extendía desde el origen de la Marca hasta su rostro y casi brazo izquierdo le recordó a su alumno, Sasuke Uchiha. Aquello sólo significaba una cosa: el Sello Maldito se había descontrolado y por una razón desconocida Anko no estaba siendo capaz de contener el chakra oscuro que emanaba de éste.
Orochimaru se estaba defendiendo a la perfección a la vez que combatía a la Mitarashi, pues era él quien al fin y al cabo le enseño a pelear como una guerrera, pero Anko tampoco se dejaba golpear y, aprovechando un punto muerto, dejó incrustado su puño en el abdomen del hombre reptil haciéndolo elevarse por los aires.
Y entonces empezó la remontada a favor de la pelimorada. Sin darle tregua Anko golpeó con fuerza y rabia el cuerpo del hombre reptil haciendo uso de la fuerza y rapidez que ese extraño chakra le estaba otorgando. No estaba orgullosa de pelear empleando la marca que la había torturado durante tantos años, pero si era necesario para acabar con la vida de Orochimaru lo tomaría como un milagro.
—Vaya...sabes darle un gran uso, Anko—musitó Orochimaru irguiéndose después de esquivar el certero golpe que su exalumna iba a atestarle a continuación.
—El suficiente como para borrarte del mapa—le contestó la ojicaramelo tomando una bocanada de aire para volver a atacar.
Y lo hizo sin pensarlo dos veces, pero un rayo azulado se interpuso entre el ataque de la Mitarashi y el Sannin, que dirigió su mirada asesina hacia el sujeto que se había osado a intervenir en la pelea.
—¡Se puede saber qué estás haciendo, Hatake!—su femenina voz sonó como una afilada hoja a punto de matar.
—Estás cometiendo un error al alargar el tiempo de activación de ese sello, Anko. — el peliplata observó los acaramelados orbes de la mujer, pero apenas podía ver luz en ellos, pues estaban nublados por el odio y la venganza.
—No es asunto tuyo... ¡no es asunto vuestro! Así que largaos de aquí si no queréis recibir... ¡vamos! ¡Moved el culo de ahí! — vociferó la Tokubetsu Jonnin sorprendiendo a cada uno de los presentes con sus despreciables palabras, pero la tensión que se podía palpar en el ambiente se cortó por la repentina carcajada que sonó por parte de Orochimaru.
—¡Eso es lo que quería oír! ¡Contemplad a la que en su día iba a ser mi sucesora! Aquella persona...ese diez por ciento...esa niña que sobrevivió a la muerte segura. —habló con orgullo el hombre de cabello largo sonriendo de oreja a oreja con una mirada psicópata capaz de intimidar al mismísimo demonio.
—Anko, no te dejes llevar por sus palabras. Como superior, te ordeno que te retires. — habló seriamente Kakashi dando unos pasos hacia delante para encaminarse hacia donde se encontraba Anko, pero haciendo oídos sordos de sus palabras, rápidamente dejó sus huellas en la nieve debido a la rapidez para volver a encarar a Orochimaru. —Maldita sea.
De nuevo los relámpagos brillaron en la mano del poseedor del Sharingan hasta que éste se unió a la pelea.
—¿¡Qué demonios está haciendo!? ¡Apártate! — exigió la Mitarashi dando un empujón al shinobi para dejarla hacer.
—Intento que no te maten por tu propia culpa.
—¿¡Disculpa!? ¡No te he pedido ayuda, entérate!
—Qué agradecida... ¡Cuidado!
Kakashi empujó el cuerpo de la pelimorada por tal de que lo que parecían ser kunais impregnados de veneno no cortaran a la kunoichi, hecho que no tardó ser reprendido por la susodicha.
—¿¡Quieres que te mate a ti también!? ¡Eres un metomentodo!
—Y tú una borde egoísta que no sabe apreciar ni su vida ni a sus compañeros. — acusó el ojiazabache manteniendo su fija mirada en el oponente, que se burló de la situación mediante unos cuantos aplausos.
—Tú no sabes nada sobre mí—acalló la pelimorada aseverando su expresión y haciendo que el Hatake la mirara durante un breve instante.
Kakashi no dejó escapar la oportunidad de intentar averiguar con su mirada el revoltijo de sentimientos que afloraban de la Mitarashi. Sabía que era una kunoichi fuerte y que no se dejaba intimidar por nada, pero en el fondo también esperaba que hubiera camuflada la chica normal, despojada de todo lo que tuviera que ver con el mundo ninja, y la encontró. Sus ojos color caramelo le transmitían todo el dolor que sentía, pero claro, eso ella nunca iba a decirlo. Precisamente porque siempre aparentaba ser una mujer de hierro.
—Y después de haber charlado con tu compañero, ¿qué te parece si seguimos?
Cuando Orochimaru terminó de hablar, la tensión volvió a reinar en el ambiente. Anko esperaba que volviera a atacar con taijutsu, lo que no imaginó ni supo prever era que el Sannin estaba dispuesto a convertir ese claro de bosque en una sangría.
—No te atreverás...
Las serpientes que salieron de la ropa de Orochimaru se enrollaron hasta fusionarse en una gran serpiente.
—N-no...¡Kakashi, apártate!
El empujón que Kakashi recibió por parte de su compañera no fue suave, de hecho cayó sobre el nevado suelo sin sufrir apenas dolor, aunque nunca se hubiera esperado que ese gesto le salvara la vida.
Aquella serpiente que se dirigía hacia la Mitarashi se tornó rápidamente en la hoja afilada y letal de un arma blanca que acabó a los pocos milésimos de segundo tiñéndose de un líquido vital y carmesí, acabando rápidamente por recorrer dicho objeto.
Al principio el aire costaba entrar por sus vías respiratorias pero acto seguido parecía como si sus pulmones hubieran dejado de expandirse impidiéndole respirar y su cuerpo totalmente estático comenzó a perder todo el poder que antes la había mantenido casi al mismo nivel que el ser al que más odiaba.
—¡Anko! —después de soltar un grito desgarrador Kurenai no dudó ni un segundo en dirigirse a toda prisa al lado de su amiga, seguida de Asuma, que reforzaría la ayuda a la vez que no daba crédito a lo que estaba presenciando.
—Ella aún es mía— la seseante voz del Sannin apareció inmediatamente detrás de la pelimorada que apenas podía moverse debido al arma que la atravesaba.
Lanzando unos kunais explosivos para cortar el paso de los demás Jonnin, la katana que él había blandido anteriormente hizo compañía a la otra, y así pues, de nuevo la apuñaló siendo esta vez por la espalda.
—Nos vemos, y piensa detenidamente en volver a mi bando, serás bienvenida pero antes…a ver cómo sales de esta, mi querida Anko.
La bola de humo que Orochimaru dejó a su paso no pudo evitar que el Sharingan del Hatake observara con horror la situación en la que se encontraba su compañera. Aun así antes de que su cuerpo cayera sobre la nieve el ninja logró amortiguar el impacto sujetando a la kunoichi como buenamente pudo.
Ella lo había salvado y él… ¿qué había hecho por ella?
…
¡Tercer capítulo listo! Espero que os haya gustado
De nuevo os animo a que comentéis el cap y que leáis "Happy Wedding", historia que podréis encontrar en el perfil de "Rairaki-san", podréis encontrar entre otras parejas el KakaAnko ;)
Y bien, sin más preámbulo me despido. ¡Hasta el próximo capítulo!
¡Fandom KakaAnko arrrrriiba!
