Capítulo II
"No mires"
Ichimatsu
Mis hermanos habían decidido salir a descansar un poco. No querían despegar ni un sólo ojo de mi, pero en este rato que desaparecieron de la habitación fue algo que me trajo real paz. Mi corazón pasaba las horas a mil por hora a causa de tener a mi familia a un lado, en realidad estaba tan seguro que lograría morir, el plan era tan perfecto, todos se encontraban dormidos, pero Jyushimatsu curioso tuvo que arruinarlo todo. No estaba enojado con él, ni con ninguno de mi familia, pero ahora me era imposible verles a la cara sin morir de miedo de lo que pensarían de mi o de lo que fueran a decirme a la cara.
Trataba de dormir todo lo que pudiera, pero a veces mi cuerpo tenía tanta energía que me era imposible. Realmente quería morir... había querido creer que lo pasado simplemente se había convertido en el pasado, y pensé por momentos que mi vida mejoraría por completo y que quizás, si me llenaba de valor, podría llegar a ser alguien. Pero todo se arruinó... aquella persona regresó con las palabras correctas para hacerme caer del único hilo que me sostenía a la cordura, y terminé haciéndome pedazos con el dolor acumulado por años ahogados de amargura.
-Ichimatsu-san. -Abrí mis ojos tan sólo un poco, saliendo de mis vagos pensamientos, y vi a una enfermera de baja estatura. -¿Cómo estás? Mi nombre es Kara, soy nueva en este lugar, espero que podamos llevarnos bien en el transcurso. -Sólo seguí observándola mientras cubría la mitad de mi rostro con las sabanas. -Bueno, bueno... -Siguió sonriendo de una manera tan irritante. -Me dijeron que tuviste un pequeño accidente... -Tomó la carpeta de mi información y comenzó a leer. Se quedó en silencio un buen rato, supongo que asimilando la basura que yo era y las acciones tan estúpidas que había cometido.
Cerré mis ojos, tratando de dormir de nuevo y me cubrí de nuevo con las sabanas.
-Ya veo. -Se acercó a mi y quitó la sabana sin preguntarme; checó la aguja que llevaba el medicamento a hacia mis venas, moviendo un poco el tubo transparente, haciendo que me doliera un poco, solté un quejido y voltee a verla con reproche. -Vamos, los cortes que te hiciste debieron de doler mucho más que esto. -Aquello me cayó amargo. Quitó una pluma enganchada a su cabello y escribió en su tabla. Prosiguió a sacar un termómetro y a sacudirlo para luego incrustarlo en mi axila, estaba realmente frío. Se quedó mirando la tabla con la información esperando hasta que el termómetro marcara los grados. -¿Entonces? -Me miró sonriente. -¿Por qué? -Sólo la observé. No le contestaría. Realmente mis ánimos se encontraban aún más abajo que los suelos, quizás en el infierno.
Se cruzó de brazos, y seguía mirándome con esa estúpida sonrisa. Muérete, Kara, muérete y vete a lo más profundo del infierno, le dije en mis pensamientos.
-Ya, ya. -Rió, al parecer divertida y sacó el termómetro de mi brazo para mirarlo con cuidado y luego anotar los grados. -Aún tienes un poco de fiebre, te quedarás hasta que estés seguro. Pero no pienses que será por mucho tiempo, lindo. -Estúpida, te odio, eres irritante, pensé. -Tu familia quiere llevarte pronto a casa, y en cuanto tu fiebre baje sólo dos grados más, irás de regreso. -Miró la información en su tabla. -Te repito mi nombre, soy Kara, soy tu enfermera en el turno vespertino y puedes hablar y pedirme lo que sea. Por cierto, si no quieres hablar con tus hermanos o pedirles favores, puedes hacerlo conmigo. -Me guiñó el ojo. -Eso también está escrito en el expediente, chao. -Y se fue.
Que persona más irritante. Solté un respiro y volví a cubrir mi cuerpo con las sábanas. No pasaron ni unos segundos cuando escuché la voz de Jyushimatsu acercarse, y detrás de él los demás idiotas de mis hermanos. Cerré con más fuerza mis ojos y sentí como Jyushimatsu se tumbó con desmán a mi lado causando que mi corazón casi saliera de su lugar,... o al menos así lo sentí yo.
-¡Niisan, niisan! -Su voz era demasiado alegre, a veces su felicidad era tan contagiosa que terminaba sonriendo, pero terminaba forzando una cara larga. -¡Hemos encontrado a un pequeño gato!
-¡Jyushimatsu-niisan! Nos descubrirán. -Todomatsu se escuchaba algo lejano.
-¡Niisan, niisan! -Traté de ignorarlos, quizás si me hacía el dormido podría hacer que me dejaran en paz. -¿No quieres verlo? Sé que estás despierto, tu respiración es mucho más lenta cuando duermes. -¿Por qué me observas tanto, Jyushimatsu? ¿Por qué tienes que saber tanto de mi? Giré mi cuerpo hacia donde estaba Jyushimatsu y bajé la sabana para poder mirarlo. -¡Lo sabía! ¡Ja, ja!
-Mira, Ichimatsu. -Choromatsu caminó hasta donde estábamos nosotros y dejó a un pequeño gato sobre la cama. -¿Es linda no? -Era una pequeña gata blanca, estaba algo delgada. Ella sólo se quedó en la cama observándome con cierta curiosidad, acercó su rostro a mi y comenzó a lamer mi rostro.
Cerré mis ojos y me dejé llevar por sus pequeñas lamidas, como instinto deslicé mi mano por entre las sábanas y acaricié la cabeza de la pequeña gata, tranquilizando un poco mi corazón que se encontraba luchando por los nervios de tener a mis hermanos cerca. La gata ronroneó entre mis dedos cuando pasé mi mano por debajo de su cabeza; noté como mi respiración se calmaba hasta ser lenta y sentí incluso como las sonrisas de mis hermanos se posaban en sus rostros. Quizás nadie lograría entender el real sentimiento que llegaban a causar los gatos, ellos eran tranquilos y normalmente causaban que yo me sintiera así también; en su tiempo, fueron quienes me escucharon cuando necesitaba desahogarme del dolor acumulado por otros. No pude evitar sonreír, la gata se acomodó en medio de Jyushimatsu y yo, y comenzó a dormir plácidamente entre el calor de nuestros cuerpos.
Me quedé observándola unos segundos antes de que pudiera quedarme dormido, cerré mis ojos y como si un peso se quitara de encima, mi cuerpo cayó en la oscuridad del sueño.
Osomatsu
La tarde dio su fin y llegó la noche. Ichimatsu se veía más agotado que de costumbre, pero se notaba su ansiedad por estar en el cuarto del hospital sin salir ni un sólo segundo. Ya era la noche para amanecer en su noveno día en el lugar, y todos nos encontrábamos realmente agotados, sobre todo Choromatsu, que había decidido tomar un pequeño trabajo temporal para poder ayudar con los gastos del mismo hospital, aunque todos sabíamos que no le duraría mucho.
Después de las últimas palabras que me dijo, absorto en su burbuja de soledad, no volvió a hablar, ni siquiera con mamá; pero realmente nos habíamos conformado con aquella sonrisa que duró un largo tiempo en su rostro después de haberle llevado al gato, y aunque nos descubrieron en un intento por esconderlo y tuvimos que sacarlo, no nos importó mucho, pues Ichimatsu ya se había encontrado dormido y no se dio cuenta de la situación.
Yo comenzaba a aburrirme desesperado por algo que hacer, la noche se hacía más larga cada vez y no podía darme el lujo de dormirme sin esperar la última revisión de la enfermera a cargo. Ichimatsu se removió entre sus sabanas y se destapó, dejándome ver su rostro somnoliento. Sus brazos se encontraban cubiertos con vendas, aunque el realmente no las necesitaba, pero eso evitaba que él pudiera ver sus propias heridas y, que gracias a Dios, pudiera evitar verlas yo también.
Había pasado más de una semana desde el incidente, y aunque mis hermanos lo mencionaran muchas veces cuando me encontraba en casa, yo no podía ser parte de la misma conversación y terminaba apartándome lejos de ellos. La culpa de no haber protegido a mi hermano menor me comía por dentro a una velocidad increíble, quería sólo correr y desaparecer para no tener que ver el rostro de él acusándome de mi fallo como hermano mayor.
Pero al mismo tiempo, yo no podía dejarlo sólo. Si no era yo quien estaba a su lado, sentía que se iría de mis manos como si de agua se tratara, y que su alma se iría lejos hasta no poder verla más. Mi corazón se había aferrado tanto a la existencia de mi hermano que no podía si quiera pasar un momento de mis días sin pensar en él, incluso aún cuando trataba de distraerme con vagos juegos de azar o revistas con temas que dejaron de ser importantes para mi.
Incluso mis sueños terminaban siendo una imagen de él, y es que a pesar de que los seis fuéramos iguales, yo notaba la diferencia clara de todos, y sólo Ichimatsu aparecía ante mis ojos cada que dormía. Más sin embargo los sueños cada vez eran más dolorosos y muchas veces terminaba despertándome con grandes sustos, levantando el corazón de mi pecho.
Acerqué la silla a la cama y recosté mi cabeza en la orilla del colchón, llevando mi mano a su cabello. Quizás ese gesto era el único que podría hacer para sentirme un poco más cercano a mi hermano menor, y reconfortarlo por lo que sea que estuviera sobrepasando y que yo no pude notar. Ichimatsu me miró por unos segundos, apenas con sus ojos abiertos, y alzó su mano sobre nosotros, cerré mis ojos esperando que quitara mi mano de su cabello y o que con un empujón me sacara de la cama, apartándome de él, pero un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando el deslizó su mano sobre mi espalda y revolvió mi cabello con pocas fuerzas.
Abrí mis ojos y nos observamos por unos segundos, sin decir ni una sola palabra. Ichimatsu comenzó a moverse, por segundos pensé que él se voltearía, pero en vez de eso se acercó más a mi, apegó su frente contra la mía, quedándonos a centímetros el uno del otro. El cerró sus ojos y abrazó mi cuerpo como pudo. Sonreí un tanto orgulloso por ello, queriendo soltar algunas lágrimas de alegría. Quizás Choromatsu se reiría de mi en estos momentos.
-Sabes, hermano mayor... -Me habló, su voz se escuchaba tan débil aún. -No quiero volver a alejarme de ti,... ni de los demás. -Seguí mirándolo por algunos segundos. -Por favor, no me dejes caer de nuevo. -Sus ojeras eran notables, incrustando sus palabras en mi corazón me puse de pie y me lancé a su cuerpo, rodeándolo con mis brazos. Lo apretujé contra mi, el lanzó un quejido.
Aunque no quisiese admitirlo, quería soltar mis lágrimas sin detenerme. ¿Por qué era tan fácil para los demás poder superar un momento tan difícil? Mis huesos dolían, mis piernas querían ceder y mi cuerpo quería dejarse ir. Estaba en el momento de mi vida en el que realmente entendía lo que era perder a alguien que amabas, aún sin haberlo perdido. Ichimatsu me rodeó con sus brazos, y sólo pude seguir en la misma posición, sin alejarme ni un sólo segundo. Si esta era la forma de decirle a Ichimatsu que no estaba sólo, entonces nunca lo soltaría.
-Osomatsu-niisan... -Ichimatsu quiso separarse un poco de mi, y me alejé un poco de él. -No llores, Osomatsu-niisan... -Ichimatsu me miraba preocupado y limpió mi rostro. Ni siquiera sabía que yo me encontraba llorando, lo solté y me alejé unos pasos, tropezando con la silla y cayendo al suelo. El no debía verme en este estado, me giré y limpié mi rostro; me puse sobre mis pies y corrí hacia la entrada, abriéndola y encontrándome con la enfermera en la puerta, la esquivé y corrí por el pasillo, alejándome lo más que pudiera de la habitación. Giré por uno de los pasillos del hospital y busqué con urgencia la salida hacia afuera.
Mierda, mierda. Ichimatsu debía ver que yo era fuerte para él, que debía de apoyarse en mi, no que él pensara que fuera una carga. Me maldecía por eso, por no poder soportarlo, quería saber sus razones, y eso me volvía loco. Quería saber el por qué, la pregunta me mantenía despierto por las noches, me hacía débil. Si no podía soportar esto, entonces no soportaría más.
Empujé la puerta de salida y el viento fresco dio de golpe en mi cara, haciéndome notar las lágrimas que recorrían mis mejillas. Las limpié inmediatamente y di dos palmadas contra mis mejillas. Ahora tenía que explicar mi comportamiento con Ichimatsu. Di un largo respiro y caminé hasta una banca, me tiré sobre ella y dejé que el aire fresco me calmara. Escuché los pasos de alguien viniendo hacia mi, seguro la enfermera pidiendo que regresara, o alguno de mis hermanos que venían a cambiar el lugar conmigo.
-Osomatsu-niisan. -Alcé la vista asustado. Ichimatsu había venido hasta afuera en bata, tenía puestas sus sandalia. Hacía demasiado frío para que saliera así sin más. Me levanté y fui hacia él. -No... -Me miró serio, y me detuve. -Siéntate, niisan. -Rascó su cabello un tanto indeciso, esperando a que me sentara. El viento removió nuestros cabellos, despeinándome por completo, y a él mucho más de lo que ya lo estaba. Retrocedí y me dejé caer en la banca de madera del patio del hospital. Caminó hacia mi y se sentó a mi lado, recargando su cabeza en mi hombro.
-¿De verdad no piensas mantener una conversación fluida conmigo o alguno de tus hermanos?, porque estamos ansiosos por preguntarte algunas cosas.
-No. -Sé que sonrió, sentí como lo hizo, quizás algo de sextillizos. Lo rodee con mi brazo y lo acerqué más a mí. Froté su brazo que estaba descubierto, tratando de calentarlo y él escondió su rostro entre mi hombro y mi cuello. -Niisan... sabes... no he llorado frente a nadie en mucho tiempo, así que por favor, no me mires. -Sus sollozos comenzaron a cortar sus palabras, se volteó hacia mi, sin dejar que pudiera verlo, rodeándome con sus brazos. -Por favor, no vayas a mirar...
Waaah, ¿eso es todo, Heronway? Sí, eso es todo por hoy :c La verdad es que batallé mucho con este capítulo, lamento tanto que haya sido tan corto, pero qué se le hará, la inspiración que tengo es para otra historia muy diferente y quería evitarme el mezclar ideas. De hecho, por eso batallé tanto, eliminé como el doble de lo que está escrito, y la mayoría eran cosas que me hacían sentir incómoda y no muy segura de que fueran lo esencial, los que llevan tiempo escribiendo seguro que me entienden, si algo no nos gusta, va para afuera xD
Por cierto, pocas veces Ichimatsu narrará, así que no lo esperen mucho~
Gracias a todos por sus comentarios, ¡son lo que me anima a seguir a delante con la historia! (No significa que si no hay, no continuo xD Nada de eso), En fin, nos leemos a la próxima~
