Buenos dias a todos!
siento mucho el retraso pero he tenido un problema familiar que me impedía conectarme ayer... de todas formas ya estoy aquí con otro capi...
ATENCIÓN: se trata de un fic rated "M" por su alto contenido en palabras malsonantes y escenas de sexo explícito. Si eres menor de edad y aún así deseas seguir leyendo, es bajo tu responsabilidad.
Muchas gracias por leer, comentar y añadir a favoritos.
Hasta la semana que viene!
Capítulo 3:
Permanecía tumbado en la cama, con la mirada perdida en el techo, las manos detrás de la nuca y una pierna sobre otra.
Ya habían pasado un par de meses desde el inicio del curso y Edward seguía sin localizar a la chica del aparcamiento. Inspiró profundamente tratando de evocar el olor que emanaba de ella, pero se quedó en un recuerdo que de seguro no le haría justicia.
No sabía que tenía; no es que fuera excesivamente alta y no iba para nada arreglada. Cero maquillaje.
Y sin embargo su belleza natural le robó el sentido en cuanto hizo contacto con sus ojos; desde ese día, disimuladamente Edward pasaba frente a la residencia de estudiantes y se apuntaba a todas las fiestas esperando verla aparecer "pero te dijo que no iba con los de las sectas, idiota" una vocecita interior le recordaba siempre los detalles de su conversación.
Tampoco es que le faltara chica… pero quería conseguirla a cualquier precio.
Su miembro empezó a palpitar un poco demandando algo de atención de modo que sacó el móvil del bolsillo del pantalón y marcó.
— Esperaba tu llamada – se oía la voz de pito al otro lado.
— ¿Estás libre esta noche? Necesito verte – remarcó el necesito con un tono que él sabía erótico.
— Claro que estoy libre… para ti siempre Eddy.
— No me llames Eddy, Victoria, que abres la boca y la cagas – Edward colgó bruscamente y se levantó.
Al salir de la habitación un pequeño torbellino se colocó delante de él.
— ¿Me dejas pasar pequeño demonio? Llego un poco tarde – intentó echarse a un lado, pero ella se movió casi al mismo tiempo.
— ¿Tarde para qué? ¿Para ver a esa? – La chica se cruzó de brazos y le puso su peor cara.
— Alice, yo no me meto con los chicos que metes en tu cama, así es que espero que hagas lo mismo conmigo; y ahora si me permites… — zanjó el tema dándola un leve empujón en el hombro.
— ¡serás asqueroso! Yo sólo me preocupo por mi hermano y mira cómo me lo paga. Ella es una mala influencia para ti… has cambiado desde que estás con ella. Doña perfecta te tiene agarrado por las pelotas – Alice le seguía mientras bajaban las escaleras.
Al llegar al hall de entrada Edward se giró haciendo que Alice chocase con su espalda; la miró fijamente a los ojos intentando parecer enfadado.
— Mira renacuaja, lo que haga o deje de hacer es mi problema; así que si no te gusta Victoria, simple, no la mires – cogió las llaves de la mesita y salió por la puerta de la entrada dejando a Alice con la boca abierta.
Ésta giró sobre sus talones y entró en la cocina como alma que lleva el diablo.
— Hija… — la madre de los hermanos miraba a la pequeña con tristeza; prefirió no meterse en medio o todos acabarían mal.
— No mamá, no le defiendas por favor, ya es lo que me faltaba por hoy.
— Estoy totalmente convencida de que no sentía lo que te ha dicho – mientras hablaba se intentaba acercar a la pequeña para consolarla.
Desde que se habían separado ella y Carlisle las cosas no habían ido lo que se puede decir bien.
Mientras estuvieron unidos, tanto Alice como Edward se llevaban de maravilla; eran inseparables y contaban el uno con el otro para todo. Sólo se llevaban un año de diferencia pero realmente a veces parecían gemelos. De no ser por el pelo se diría que Alice era la versión femenina de Edward. Ambos habían sacado la verde mirada de su padre y, mientras que Edward había sacado un color de pelo mezcla entre el cobrizo de su madre y el rubio de su padre, la pequeña había heredado el moreno de su abuela Marie.
— Alice, Edward ya es mayorcito para saber lo que hace y no le podemos decir nada; está en plena edad del pavo.
— ¡Vamos mamá! Yo el pavo lo pasé con 16 y Edward acaba de cumplir los 21 – la joven no paraba de dar vueltas por la cocina.
— Ya hija, pero las dos sabemos que los chicos son unos inmaduros – la miró con una sonrisa esperando que reaccionara ante la camaradería femenina.
Funcionó. Alice miró a su madre, puso un puchero enternecedor y se acercó a buscar consuelo en sus brazos.
— Le echo de menos – una lágrima silenciosa recorrió su mejilla.
— Lo sé mi niña, lo sé – susurraba contra el pelo de su hija mientras la acariciaba la espalda – quizá sea hora de llamar a tu padre para contarle como andan las cosas por aquí… ¿no crees?
Edward recorría en su Mercedes descapotable los pocos kilómetros hasta la casa de Victoria, deseando desfogarse con ella. Durante el camino pensó que estaba utilizando a la chica en su propio beneficio… Pero no le dio demasiadas vueltas; hacía tiempo que había dejado de creer en el "te amaré todos los días de mi vida".
Llamó al timbre y esperó a que le abriera la puerta la exuberante chica.
No se hablaron, ni si quiera se saludaron. En cuanto la tuvo en su campo visual la escaneó en menos de un segundo; recorrió los dos pasos que le separaban de ella y la aprisionó contra la pared.
Atacó sin tregua su boca mientras metía sus manos por debajo de la camiseta de tirantes; no quería pensar en nada sólo en el pibón que tendría bajo su cuerpo en unos minutos.
A Victoria la encantaba que la deseara de esa forma, la hacía sentir importante, la hacía sentir alguien. Sin perder ni medio minuto más, se deshizo de su cazadora y desabrochó su pantalón dejando hueco para poder introducir su mano. Edward adivinando sus intenciones metió la tripa facilitando el acceso a su dureza.
Cuando notó la mano de Victoria apretándose contra él y recorriendo toda su largura, soltó un jadeo y la miró a los ojos. Sonrió de medio lado haciendo que una más que preparada Victoria mojara su culotte; la cogió por el culo la levantó y se la llevó hasta su cuarto.
No necesitaban preliminares, los dos sabían lo que querían, lo que buscaban el uno en el otro; él, el chico más apuesto de la facultad de Historia. Ella la chica más popular de la hermandad "Gamma". Tal para cual.
La colocó sobre la cama y en un nanosegundo se quitó el culotte y la camiseta de tirantes, se colocó a cuatro patas y movió el culo invitando a un más que duro Edward. Mientras la miraba hacer, Edward ya se había quitado también su ropa y se disponía a colocarse la protección en su largo y ancho miembro.
Al verla así, Edward no pudo evitar sentir algo por esa mujer. La pelirroja se entregaba a él siempre, sin tapujos; sin esperar nada a cambio, solo sexo. Sin ataduras... Se puede decir que eran unos estupendos follamigos; sonrió ante tal pensamiento mientras ella seguía esperando paciente.
Le miró por encima del hombro y lo que vio la hizo jadear. Él permanecía de pie con el pene entre sus manos; se acariciaba mientras se recreaba en ella y la sonreía. "Joder que bueno que está" pensó mientras se relamía de anticipación. Era la envidia de más de medio campus; tenía a Cullen para ella. Sabía que alguna más había caído en sus redes, pero no la importaba, siempre volvía con ella.
Se llevó la mano a la boca y chupó su dedo corazón mientras Edward no la quitaba ojo; después lo dirigió hacia su sexo y lo introdujo fácilmente en su entrada.
Edward gruñó ante tal visión y se abalanzó quitando el dedo y metiendo su duro miembro casi al mismo tiempo.
No iban a tardar demasiado; los dos estaban esperando ese momento con ganas. En la segunda embestida Edward tiró del largo pelo de Victoria haciendo que se incorporarara y apoyara su cabeza en el hombro; de este modo todo estaba más a mano. La comió la boca mientras con una mano apretaba un pecho y la otra trazaba círculos en su hinchado clítoris. Ella estaba al borde del orgasmo y empezó a jadear más fuerte; una señal que invitaba a Edward a aumentar el ritmo. En cuanto éste notó como palpitaban las paredes de su vagina, el chico no pudo más y descargó dentro de ella.
Ambos se dejaron caer en la cama y esperaron a recuperar la respiración.
— Hola cariño — le sonrió la pelirroja.
— Hola guapa— le contestó en un susurro.
— ¿Te quedarás esta noche? — preguntó ansiosa mientras se daba la vuelta para mirar sus verdes ojos.
— Lo siento nena, pero tengo cosas que hacer — Edward la besó la punta de la nariz en un gesto cariñoso y se incorporó dispuesto a vestirse.
— Vaya, y yo que pensaba que estaría más tiempo contigo...— expresó sugerente mientras apoyaba la espalda en el cabecero y se abría de nuevo de piernas. Bajó de nuevo su mano hacia sus pliegues y jugó con sus dedos.
Edward miraba a la chica intentando no hacer caso a su amigo; de lo contrario no saldría de allí.
— En serio Vic me tengo que ir, ¿quieres que te acerque el consolador? — se ofreció el chico.
— A falta de una polla en condiciones... — le sacó la lengua.
Mientras aparcaba en el campus se dijo que esta vez aguantaría toda la noche si era necesario. Salió del Mercedes y se colocó de modo que se viera perfectamente la puerta de la residencia. Pasaban de las 8 de la tarde y ya casi todos los alumnos se habían dirigido a sus apartamentos, hermandades y residencias.
Cerca de las 10 de la noche pensó que necesitaría algo más de abrigo y se dio media vuelta hacia el coche; siempre llevaba el plumas por si las moscas.
Entonces la vio; salía de su viejo coche. Igual que la otra vez.
Se acercó lentamente y esperó a que terminara de recoger sus cosas pensando una forma de abordarla sin parecer un psicópata. Mientras seguía sus pausados movimientos observó que algo no iba bien; estaba más delgada y su gesto parecía triste.
Algo se agitó en su interior, justo en el mismo sitio donde estaba el corazón.
— Hola — dijo Edward en un susurró para no asustarla.
— ¡Joder! – Bella pegó un bote — ¿tú no avisas verdad?— soltó ella mordaz.
— Bueno, te hubiera llamado a lo lejos si supera tu nombre, pero la otra vez no me lo dijiste – apuntó él.
Bella se quedó mirando al chico... "por dios, si es que parece el mismísimo Dios Apolo; a lo mejor simplemente son alucinaciones mías y no existe de verdad..."
— Ya, pero ese día te estaban esperando, no quise entretenerte más – sonrió Bella mirando a los ojos a ese chico que la analizaba con la mirada.
— Está refrescando; yo… eeee; ¿te tomarías un café conmigo? – no pudo sostener su cálida mirada, de lo contrario la cogería en brazos la metería en su coche y la haría "¡para chaval! Que te vas a delatar".
Había sido un día de mierda y de repente se presentaba este chico de la nada. Total, ¿qué daño la podría hacer un café?
¿Os ha gustado? ¿no? Me gustaría saber vuestra opinión ahora que vamos conociendo a este Edward... ;)
Besos para todos!
