Primer post del pasado de Eugene! Los iré colando en diferentes momentos de la historia para explicar su vida, como ya dije! Ah, siento haber tardado tanto en publicar pero se me ha roto internet!
Capitulo 3: Las aventuras de Flynnigan Rider.
Hay momentos, por muy efímeros e insignificantes que parezcan, que marcan tu vida. Un libro. Un libro fue lo que definió mi vida. Mi presente, mi pasado y mi futuro. Parece increíble ¿Eh? Pues es cierto.
Lo descubrí un simple día de otoño, apagado, aburrido, fastidioso. El día y yo.
Estaba en la cola del comedor junto a los otros niños del orfanato, esperando el turno con bandeja en mano para que nos dieran nuestra ración diaria de comida. Con mis 7 años recién cumplidos, empezaba a ser consciente de varias cosas que no encajaban.
La primera, que casi cada día comíamos lo mismo: Aquella sustancia asquerosa de color gris que me hacia preguntar ¿Por qué tiran cemento en mi bandeja?
Y la segunda, que a diferencia de los críos que vivíamos allí, el señor y la señora Daison, los dueños del orfanato, comían como cerdos cada día. Comían cosas que yo no había degustado en mi vida, cebándose como un pavo antes de Navidad (que por cierto, el pavo tampoco lo había probado nunca) Y venga a engordar, cuando yo podía contarme las costillas por el relieve de mi harapienta camiseta.
Cuando tocó mi turno, la señora Mary Daison llenó mi cuenco con aquella extraña sustancia. Alcé una ceja.
¿Patatitas para acompañar?- propuse yo. Me atravesó con una mirada afilada. Cuando fruncía así el ceño, en su rostro rechoncho se acentuaban todas las arrugas, dándole un aspecto idéntico al de su buldog.
Le mostré mi mejor sonrisa con tal de convencerla, aquella que todos los adultos consideraban adorable y encantadora. Aunque ella parecía estar inmunizada.
Sigue con tu camino, Fitzherbert…Una ración por turno…
¡Oh venga!- puse los ojos en blanco- ¡Estoy creciendo! ¡Necesito proteínas o me quedaré enclenque toda mi vida!
He dicho que comas las gachas y te pierdas- ladró, irascible.
Vamos Eugene…No le hagas enfadar- la voz de mi mejor amigo, Tomas Taker, sonaba apurada. Me medio volteé a mirarle haciendo una mueca.
Tú déjame a mi… - volví a girarme hacia la matrona- ¿Sabe señora Daison? No me parece justo…
¿El qué?- resopló ella.
Os he visto…Usted y su marido se hartan de comida cada noche y lo restante se lo lanzan a los perros…Hasta ellos viven mejor que yo.
Eugene- balbuceó Taker tras de mi, asustado.
¿Tienes alguna queja, mocoso?
Me encogí de hombros.
Unas cuantas...
Criajo desagradecido- gruñó con aire despectivo- Nosotros te acogimos cuando nadie te quería…Te hemos criado desde que eras un niño de teta… ¿Y así lo agradeces?
Yo solo…
¡Basta!- se levantó repentinamente, asustándome- Si no estás conforme con lo que tienes, quizás deberías pasar con menos…-tragué saliva, sintiendo como la sangre me huía de la cara.- ¡Robert!
El suelo de madera carcomida se tambaleó ante los pasos del obseso Robert Daison, el hombre al que todos los niños atribuíamos la figura del hombre del saco. Apreté los labios, encogiéndome al estar enfrente de su barrigón.
¿Algún problema?
Parece que el joven Fitzherbert vuelve a cuestionarnos…
No…Yo no cuestiono nada- repliqué de inmediato, aunque no sabía ni que significaba la palabra cuestionar.
Aham…- esbozó una sonrisa maliciosa que me hizo temblar de terror- Quizás te haga falta una temporada en "el cuarto", ¿No Eugene?
Del bote que pegué se me cayó la bandeja y todo su contenido al suelo. Negué varias veces con la cabeza, aterrado. Pude oír un jadeo contenido por parte de Taker.
¡No, no, no! ¡Al cuarto no! ¡Seré bueno! – intenté implorar, pero no hubo remedio. No para mí.
Aquel bruto me agarró de la muñeca con una fuerza desmedida que hizo crujir mis huesos y empezó a arrastrarme ante la atónita mirada de todos los demás, mientras yo luchaba, pataleaba y lloriqueaba, viendo inevitable mi castigo. El cuarto era el nombre con el que habían bautizado el desván. Y el castigo consistía simplemente en pasar 3días ahí encerrado, subsistiendo con un trozo de pan seco y un vaso de agua. Ya había perdido la cuenta del montón de noches que yo había pasado ahí, temblando de frío, de hambre y de miedo en la más absoluta oscuridad.
¡Por favor! ¡Me portaré bien! – supliqué mientras el señor Daison me arrastraba escaleras arriba.
Eso dices siempre Fitzherbert, pero eres el niño que más problemas me ha dado nunca…
¡Es que aquí nadie aprecia mi sentido del humor!- gemí intentando soltarme de su gigantesca mano, cosa totalmente imposible.
El señor Daison se detuve enfrente la aterradora puerta del desván y encajó la llave en el pomo, mientras yo clavaba los talones en el suelo. Cuando la entrada estuvo abierta, el dueño del orfanato me empujó en el interior, tan repentinamente que no me dio tiempo a poner las manos y aterricé con mi frente. Solté un gemido. Del chichón nadie me libraría…
¿Sabes porque estas aquí?- me preguntó, aun en el umbral de la puerta. Torcí el cuello mientras me hincaba de rodillas, mirándolo con rabia.
¿Por qué soy demasiado guapo?
No te hagas el listo conmigo, enano…- gruñó haciendo una mueca de desagrado- Estas aquí, en este orfanato, porque nadie te quería- bajé la mirada a las tablas de madera. Cada vez que me decía algo así, mi corazón se encogía contra mis costillas…Odiaba que sus palabras me afectasen de esa manera. – Estás aquí porque eres un despojo de la humanidad…Ni siquiera tus propios padres quisieron conocerte… ¿Sabes con cuanto tiempo te encontramos en la puerta? Apenas tenias un mes…Así que da gracias por poder seguir simplemente vivo. No aspires a aires de grandeza porque no eres nadie, Eugene…Nunca lo serás.
Y cerró la puerta tras de si de un portazo, echando el pestillo y dejándome en la más absoluta oscuridad.
Maldita foca obesa…- maldije entre dientes. Me levanté del suelo, cruzándome de brazos, malhumorado. – Se va a enterar de quien soy…
Di una patada frustrada en el suelo, intentando que mis ojos se adaptaran a la oscuridad. Ni que fuera por amor propio, yo tenía que salir de ahí. Era una cuestión de orgullo.
Entrecerrando los parpados, pude distinguir una claraboya de luz en el techo… Palpé el suelo, en busca de cerillas que sabía que andaba por ahí cerca de las otras veces. Encendí una con cuidado, alumbrando parte de mi campo de visión. Cuando conseguí una vela que aguantara el calor de la llama, pude distinguir la tabla mal puesta en el techo, por donde la luz se quería colar. Sonreí.
No podía ser difícil escaparme por ahí. Dejé la vela en una mesa repleta de polvo y me acerqué a una vieja estantería…Si conseguía subirme a ella, lo demás estaba chupado. Pegué un salto y trepé por el mueble, consiguiendo alcanzar un metro más de altura…Por desgracia, no calculé que la madera estaba demasiado vieja y carcomida, incluso para aguantar el peso de un crío escuálido.
Uno de los soportes se rompió, haciéndome perder el equilibrio. Caí hacia atrás, chocando de espaldas contra el suelo y siendo enterrado bajo una avalancha de libros que se lanzaron sobre mí.
Dejé ir un gruñido, exasperado y me los quité de encima como quien se espanta moscas… Incorporándome, lancé violentamente un libro que había quedado sobre mi cabeza.
Pero mirándolo a distancia, con odio, no pude más que sentirme curioso por el personaje ilustrado en la contraportada. Agarré la vela de nuevo y lo acerqué a la luz, limpiando con una mano los retros de polvo que empañaban la cubierta.
Alcé las cejas. Era la ilustración de un joven atractivo y de porte elegante, montando gallardamente a caballo y blandiendo una espada. Le di la vuelta al libro para leer las palabras de la portada, bordada en tonos dorados y sinuosos: Las aventuras de Flynnigan Rider.
Desencajé la mandíbula, maravillado. Había algo en ese título, en la musicalidad de ese nombre, en la inmediata impresión que causaba que…Me fascinó. Flynnigan Rider sonaba exageradamente bien.
Muy tímidamente, abrí el libro por el primer capitulo…A pesar de tener solo 7 años, había aprendido a leer (aceptablemente bien) de forma autodidacta, sin que nadie se molestase en enseñarme. De acuerdo que un libro de tal tamaño era un reto para mí, pero había algo que inexplicablemente, me llamaba de él… Y sentía la imperiosidad necesidad de leerlo. De descubrir quien era Flynnigan Rider…
Capitulo uno….- murmuré en voz alta, fascinado.
Jamás, nunca, 3 días de castigo se me hicieron tan cortos. Me pasé los días, y gran parte de las noches, leyendo sin parar ni un instante. Los ojos me escocían seriamente, pero ignoraba eso y el dolor de cabeza con tal de seguir unas páginas más…Me había hecho adicto a Flynnigan Rider.
Él era todo. Todo lo que había soñado alguna vez ser. Tenía todo lo que podría desear: fama, dinero, honor…cariño. La gente le quería ¡Le adoraban! Era un puñetero héroe capaz de hacer cualquier cosa. Podía hacer lo que le viniese en gana ¡Tenía dinero para hacerlo! Podía ayudar a la gente, podía ir a donde quisiese, podía comprar lo que le antojase…
Seguro que al nunca le dijeron que no era nadie…Porque era Flynnigan Rider. Su nombre imponía. Un escalofrío de gozo me recorría la columna solo con pensar en poder alcanzar una vida semejante a la suya…Una vida ideal.
Él lo tenía todo, era admirable y admirado, era guapo y tenía estilo, era valiente, fuerte, indestructible… ¿Y yo? ¿Qué tenía yo para contrastar eso? Nada.
Solté un suspiro un tanto amargo. Me hubiese arrancado la piel para poder meterme en esa novela…Por poder ser él y no Eugene Fitzherbert.
Si tan solo pudiese parecerme un poco más a Flynnigan...Desde luego hay personajes que nacen con suerte. Ese no era mi caso, por supuesto…Normalmente, siempre me voy quejando con eso, hasta que Taker, interrumpe con una frase como "Podría ser peor…" Aunque la verdad no sé decir como. La cuestión no es que pudiese ser peor…Es que podría ser mejor.
Podría llevar una vida en la cual no dependiese de nadie, en la que no llevase ropas harapientas tres tallas más grande, en la que no sufriera las palizas del bruto de Daison semana sí semana no, en la que no tuviésemos que comer cada puñetero día lo mismo…
Sí. Había posibilidad de una vida diferente, mejor. Ese libro me lo había demostrado…Y no pararía hasta alcanzar m vida soñada.
En ese instante, oí el chasquido de la llave contra la cerradura. Pegué un respingo y oculté rápidamente el libro entre los pliegues de mi ancha ropa, mostrando una sonrisa inocente cuando apareció el patrón por la puerta.
Ya han pasado tres días Fitzherbert…- me anunció con voz ronca.
¿Ah sí?- musité en tono casual. Daison frunció el ceño, extrañado ante mi indeferencia. Normalmente a los tres días mi orgullo había decrecido lo suficiente como para que le suplicara que me sacara de ahí. Pero esa vez no.
¿Ocurre algo?
No… ¿Por? – pregunté fingiendo naturalidad lo mejor que pude. Se me quedó mirándome analíticamente durante unos segundos, con tanta intensidad que llegué a temer que pudiese ver a través de mi ropa. Tragué saliva, aguantando el tipo.
Puedes salir…
Bien- me puse en pie y, fingiendo tener los brazos cruzados, aprisioné el libro llevándomelo de ahí…Era la primera vez que cogía algo que no me pertenecía sin permiso, pero supuse que no era tan malo…Al fin y al cabo ¿Cuánto tiempo debía llevar ahí ese libro? Nadie lo echaría de menos.
Esa noche se lo pensaba leer a los otros niños. Estaba convencido de que Flynnigan Rider daría de que hablar…
