Antes que nada... ¡Lamento no haber actualizado! He estado ocupada con mis estudios y estoy en dos últimas semanas de clase y luego ¡Parciales! Ya había tenido oportunidad de subir una nueva historia y actualizar otra a duras penas T.T Lo mismo con este fic.
My Little Pony y sus personajes no son de mi propiedad, este fic es sólo con fines de entretenimiento.
Cuando su hermano le había hablado de la ciudad de Manhattan, le había dicho que era un lugar sucio, con ladrones y toda clase de truhanes. El peligro se podía ver a cada esquina y ningún lugar era seguro… todas mentiras.
Applejack miró con asombro como las casas de cada pony eran tan altas que prácticamente podían tocar las nubes en el cielo. Por otro lado, las calles estaban tan infestadas de personas que el carruaje apenas y podía pasar sin tener que detenerse para cruzar una esquina.
Y los ponys no se veían como se su hermano la había hecho imaginar: sucios, con cicatrices y esperando atacar dentro de algún callejón. Todos ellos se veían alegres y de buen ánimo. El carruaje se detuvo frente a una de las casas más grandes que había visto jamás.
—ya hemos llegado, señorita Applejack, en este edificio viven tus tíos —dijo el mayordomo con una sonrisa, a medida que le abría la puerta y señalaba con una pesuña la entrada al edificio— ahora solo debemos subir hasta su apartamento.
—¿De verdad aquí viven mis tíos? —preguntó la potranca.
—Así es, para ser más preciso es… —durante unos momentos el mayordomo elevó su cabeza en busca del apartamento de sus amos— ese de ahí.
—¿Pero qué hay de las otras habitaciones? —la joven no podía entender como sus tíos podían vivir en una casa tan grande y ocupar sólo las habitaciones más altas de la casa— ¿Por qué tienen que vivir muy arriba? ¿Y cómo es que esa casa no se cae por el peso de todos?
—je, je —rió— oh, señorita, veo que tengo muchas cosas que contarle mientras llegamos al apartamento— Ambos fueron caminando hasta una puerta con unos botones al lado y varios números en la parte superior— esto es un ascensor ¿alguna vez había visto uno de estos?
Applejack negó con la cabeza a medida que los números sobre la puerta eran iluminados e iban en conteo regresivo. Pronto las puertas se abrieron, mostrando un espacio reducido y con paredes metálicas.
Dentro sólo había más botones, esta vez enumerados, y nada más. Justo cuando el mayordomo apretó un botón, todo el lugar empezó a moverse al instante. La sensación que sentía en ese momento había hecho que, por primera vez en su vida, Applejack sintiera un pánico inimaginable.
Se mantuvo abrazada de una de las patas del mayordomo, cerrando fuertemente sus ojos. El mayor intentó explicarle que todo estaba bien y cómo funcionaban los ascensores, pero en ese momento Applejack no prestaba atención a todo lo que se le decía.
El viaje duró sólo unos segundos, pero para la yegua fue toda una eternidad. No podía creer que sus tíos tenían que pasar por eso cada vez que ellos querían subir y bajar de su hogar. Para colmo, los pasillos por los que caminaba eran prácticamente igual al anterior. Si no fuera por el mayordomo, ella nunca hubiera podido dar con el apartamento de los Orange.
Tan pronto como ella entró al apartamento, fue recibida con un cordial "¡Bienvenida!" de parte de sus tíos. Applejack, quien durante todo el viaje había cargado una vara con un pañuelo atado a un extremo, como si fuera una "maleta", la dejó caer al suelo para ir a abrazar a sus tíos.
Los mayores se sintieron incomodos al principio por la manera en que la joven se comportaba, ya que en la ciudad todos se saludan estrechando sus cascos. Pero rápidamente fueron recordando que la pequeña era una pueblerina, así que le devolvieron el abrazo con la misma calidez con la que Applejack se los daba. Dentro de poco ella seguro se adaptaría a las costumbres de la ciudad.
—¿Qué hago con esto? —pregunto una sirvienta, mientras recogía la "maleta" que Applejack había dejado caer.
—Esas son manzanas —dijo la potranca, mientras mostraba con orgullo cuatro frutos rojos— traje estas manzanas de Sweet Apple Acress, las mejores manzanas en toda Equestria.
La sirvienta y el mayordomo miraron extrañados el regalo que la joven les había dado. Por lo general, toda la comida que ellos ingerían era procesada y había salido de los mejores supermercados de Manhattan, luego de que los frutos habían pasado por un extenso, y nada complicado, proceso de desinfección. No directamente de un árbol rodeado de tierra.
—oh, gracias, sobrina —dijo la Orange, forzando una sonrisa mientras tomaba la manzana con un pañuelo en su pezuña— ¿Por qué no te vas a lavar las manos? Ya es hora de almorzar. Mientras nosotros… eh, nos comemos este… sabroso fruto.
Mientras Applejack era conducida por la sirvienta hasta el lavamanos, el Orange ordenaba que toda la fruta fuera arrojada al basurero. Por unos momentos todos temieron el tener que comer algo tan burdo como unas manzanas salidas de una granja polvorienta.
La joven pony fue rápidamente corriendo hasta la mesa. No podía esperar a comparar la comida de la ciudad con la comida hecha en Sweet Apple Acress. Tomó una servilleta e intentó amarrársela en su cuello, pero la sirvienta se lo impidió y la volvió a dejar sobre la mesa.
La Orange casi falla al reprimir una risa, siempre le hacía gracia ver a las costumbres pueblerinas— Las servilletas son para limpiarse de esta manera —dijo, mientras le mostraba como limpiarse con una, usando hábilmente su pezuña para que el pañuelo apenas y rose su boca.
Era la primera vez que veía a alguien usando una servilleta de esa manera, pero no le dio importancia, estaba impaciente por poder probar la comida. No pasó mucho tiempo para que su plato fuera servido… sólo con unas naranjas.
No se quejaba de que el platillo fueran naranjas, ella estaba lista para todo tuviera que ver con esa fruta, pero esperaba verlos a montones. Lo que no podía creer es que todo el almuerzo fueran tres naranjas partidas a la mitad.
Al final había llegado a la conclusión de que esto era sólo el primer platillo y empezó a comer, esperando a que el siguiente plato fuera exquisito. Era más jugo que fruta, a diferencia de las manzanas y su estomago apenas y fue llenado, pero al menos podría pasar al segundo platillo… no parecía llegar.
—Tío Orange ¿hay algo más para comer? —preguntó con timidez.
—Sólo comemos tres naranjas en el almuerzo —dijo el mayor con educación y sencillez— si ya terminaste, puedes retirarte de la mesa.
—No quiero parecer malagradecida, pero ¿no creen que es muy poco? —Intentó no verlos a la cara, creyendo que estarían enojados por sus palabras.
La Orange miró sonriente a su sobrina y habló con la misma calma que su esposo— tres naranjas en el desayuno es todo lo que necesitas, sobrina. ¿No querrás parecerte a una vaca, verdad?
La potranca se retiro de la mesa después de este comentario, temiendo que su estomago fuera a gruñir en cualquier momento. Se reprendió a sí misma por no haber traído consigo más manzanas.
No pasó mucho tiempo para que ella se acostumbrara al apartamento. Lo mejor de todo era que su habitación tenía una de las mejores vista de toda la ciudad, casi hasta podía ver Ponyville y Sweet Apple Acress a lo lejos.
Aun hacía falta varias horas para que llegara la cena y su estomago gruñía por un poco más de comida— me pregunto cómo se la estarán pasando —no quería pensar en la granja, se suponía que ella no había nacido para vivir ahí. Pero el hambre no la ayudaba en mucho y poco a poco fue pensando en cómo estarían todos en su antiguo hogar.
—¡Fluttershy! —gritó una pegaso azul, mientras volaba de nube en nube a toda velocidad.
Ella había buscado desesperadamente a su joven amiga, pero no había tenido suerte. La escuela, las áreas de entrenamiento e incluso en las nubes más bajas que había en todo Cloudsdale, pero siempre era el mismo resultado.
Como si la situación no fuera de por sí mala, sus compañeros de clase no se empeñaban en realizar una búsqueda. Creían que todo se trataba de uno de los berrinches que la pegaso de cabello rosa solía tener y que pronto aparecería.
Pero ese pronto había sido hace unos días, casi una semana, nunca uno de sus berrinches había durado tanto tiempo. La única persona con ánimos de ayudarla era su mejor amiga, Gilda, pero esta fue perdiendo las esperanzas de encontrarla.
—¿Qué tal si ella se cayó hasta el suelo? —preguntó sin ningún tono de preocupación en su vos, como si no le importara lo que le pasara a la joven pegaso.
—Pues tenemos que ir a buscarla —dijo Rainbow Dash, decidida a bajar hasta tierra firme por primera vez en su vida.
—¿Tienes idea de lo que hay ahí abajo? —los ojos de su amiga se abrieron como platos al pensar que tenía que bajar donde no había ningún ser volador— Si ella cayó de una nube y sobrevivió a la caída, lo más probable es que ella, pues…
—¡No me importa! —la vos de la pegaso azul era cada vez más decidida.
Si había al menos una oportunidad para encontrar a la pegaso tímida, debía hacerlo. Había pensado hablar con los adultos, quienes ya empezaban a presentar sospechas por no ver a Fluttershy. Menos de lo normal, al menos.
Pero no quería que ellos supieran de su desaparición por temor a que la fueran a regañar o hasta echar de Cloudsdale sólo por desaparecer unos días. Sus alas ya empezaban a cansarse por tanto volar, pero aún tenía algunas nubes por donde buscar.
El sol volvía a empezar a ponerse y temía que sus últimas opciones fueran empezar a buscar en tierra firme. Ya había escuchado historias de cómo todo en la tierra era mucho más difícil que la vida en el cielo: bestias, terremotos, inundaciones. Había peligros en las nubes, pero no tantas como en tierra firme.
Volvió a observar a Gilda, quien también empezaba a cansarse de tanto buscar, sólo porque fue Rainbow quien se lo había pedido, esperaba que ella aún tuviera fuerzas para retomar la búsqueda. La grifón rodó los ojos y tras pronunciar un "sigamos" volvieron a emprender el vuelo.
La radio era entretenida, podía pasar horas y horas en las tardes escuchando música country y géneros parecidos a ese, pero no lo que escuchaban sus tíos. La estación que transmitían era simplemente monótona y relajante. Rara vez habían coros y si los había, era para caer dormida al instante.
—Una bebida fina de naranja (que sólo los adultos pueden beber), un hermoso atardecer, familia y la mejor estación de música en toda Equestria —Applejack apenas ya había escuchados las palabras de su tío mientras luchaba por permanecer despierta— ¿no es todo esto perfecto?
—Mírala, tan relajada —la Orange confundió el aburrimiento de su sobrina— será mejor que no la molestes y dejes que goce de esta fina música.
No sabía cuánto tiempo duro o como lo hizo, pero de algún modo había sobrevivido a tener que estar sentada, observando fijamente la radio como único medio de entretenimiento a la vista. Lo bueno era que ya era la hora de la cena y su estomago ya no podía esperar más.
No podía parar imaginarse todos los platillos que serían servidos, los postres y los distintos jugos con los sabores más exquisitos que la gran ciudad tenía para ofrecer… nuevamente estaba en un grave error. La cena únicamente consistía en un tazón de avena.
Además, el sabor no era el que ella había esperado. Su tía le había explicado que todo eso se debía a que ellos pertenecían a la alta sociedad: Sólo podían comer los mejores productos, todos ellos procesados, lo cual hacía que la comida tuviera un sabor diferente.
Por otro lado, al tener que vivir en los lugares más lujosos de toda Manhattan, tenían que reflejar que ellos eran de la alta, cuidando hasta el más mínimo detalle, como la cantidad de comida que ingerían o la manera en que ellos comían en la mesa.
Para este punto Applejack sólo quería gritar y salir corriendo tan lejos como fuera posible. Pero tenía que seguir, sentía que lo mejor aun estaba por venir.
Las estrellas sobre el cielo no favorecieron a la pegaso y a la grifón. Estaban cansadas de tanto buscar que se habían detenido en la nube más cercana posible. Gilda, al tener una mejor resistencia y una vista más aguda, siguió en la tarea de buscar a la pegaso tímida únicamente con sus ojos.
Para colmo sólo hacían falta un par de días para que los mayores volvieran de su viaje para ayudar con la cosecha en las ciudades, pueblos y múltiples granjas creando lluvia o parandola. Si a los mayores sólo se les hacía extraño no ver a Fluttershy, no había manera de que esto pasara desapercibido para los padres de esta.
La grifón suspiro en silencio. Al principio todo fue como un juego, incluso para Rainbow Dash. Con el tiempo se convirtió en una especie de obsesión. Pero esa obsesión creció hasta ser la ansiedad que carcomía poco a poco al pony alado.
—Ya verás que todo estará bien —la grifón se esforzó por sonreír, no quería ver a su mejor amiga con una cara triste.
Una vez que ambas recuperaron sus fuerzas retomaron el vuelo, esta vez para el hogar de Rainbow Dash. Tenían dos días para seguir con la búsqueda y finalmente encontrar a Fluttershy.
Había sido un día muy productivo para Big Macintosh. Desde que conoció a su nueva amiga, el peso que él sentía fue aligerándose poco a poco. Era únicamente el primer día en el cual ambos habían trabajado en la granja, pero el cambio no se había hecho esperar.
A petición de la pegaso de cabellera rosada, se había quedado en la habitación con ella, esperando hasta que se quedara dormida. En cierta forma era como su hermana. No sabía nada sobre ella, cierto, pero eso no impedía que la viera o la tratara como tal.
En su interior sólo quería saber qué hacía dentro de un bosque, preguntarle por sus padres, amigos o lo que ella quisiera, pero temía que alguna de esas preguntas la lastimara. Él ya de por sí temía que algún día ella le preguntara por sus padres o sobre su hermana, Applejack.
Cuando se había quedado dormida, caminó hasta la ventana. A lo lejos apenas y se veían las luces de los edificios de Manhattan. Rogaba por su bienestar y, aunque fuera un poco egoísta, que ella volviera pronto.
Por alguna razón que sus tíos no entendían, Applejack no podía evitar sentirse triste. El hogar de sus tíos, ahora sabiendo que era uno de los apartamentos más grandes y lujosos y no todo el edificio, no era un lugar divertido.
Los mayores habían intentado subirle los ánimos con el juego que por excelencia podía mantener a cualquiera entretenido por horas. La emoción no cabía en ellos mientras le hablaban de lo difícil y desafiante que era ese juego, mientras el mayordomeado lo preparaba, también con una sonrisa en su rostro.
Un pequeño rastro de felicidad se había mostrado en su rostro. Su mente se encargaba de imaginar cómo sería ese juego y sus reglas.
—Ya verás como rápidamente termina gustándote —pero nuevamente todas las ilusiones de Applejack se fueron abajo— el ajedrez es uno de los juegos más desafiantes que el mundo haya conocido. Tú tía y yo siempre terminamos empatando al cabo de unas partidas.
El primer día no fue tal y como ella se lo había esperado. Se sentía aburrida y no podía creer que deseara poder ir a la cama con todas sus fuerzas. Su estomago solía gruñir por el hambre, pero sus tíos le decían que pronto se adactaría a su nuevo estilo de vida.
Mientras los mayores iban adentrándose en el juego, Applejack aprovechó para irse a su habitación, sin mediar palabra con los adultos. No quería sentirse fuera de lugar, pero empezaba a hacerlo. No podía esperar a que el sol saliera, pues podría empezar sus días en la escuela. Al menos así podría hacer algún amigo para pasar el rato mientras se adaptaba a su nueva vida.
Al menos esperaba que fuera tan fácil como se lo imaginaba.
Siempre he pensado en Gilda como una amiga celosa, no es mala, así que aquí bien podría ayudar a buscar a Fluttershy, para ayudar a Rainbow Dash.
Además, no creo que el mismo día en que Applejack haya llegado a la casa de sus tíos es el mismo día en el que decide irse. Sé que ella no encajaba, pero tampoco creo que sea para tanto.
Espero que la espera no haya sido tan larga y para los que siguen esta historia hasta este capítulo: ¡Gracias!
Sé que el fandom de MLP al español es algo limitado, pero me alegra que los lectores que hay se tomen la molestia de dejar un reviews, la razón por la cual aún continuo con el fic. Un agradecimiento especial a 0akarigan0, Princess super star y Sofi Di Jackson, quienes me levantaron mucho el animo con sus reviews (sofi, cuando leí el tuyo, me puse manos a la obra).
Hasta la próxima.
