Hola!

Gracias a Citrus-Gi, Cris0408 y Megara-1317 por vuestros comentarios ¡Gracias! Y por supuesto, también a todos los que os habéis interesado en esta historia n_n

No pensaba publicar tan pronto, pero me ha dado un venazo de inspiración creativa y no he parado hasta terminarlo así que aquí os lo dejo, espero que os guste.

*ByE*

III. Interés

Sasuke comía tranquilamente un apetecible filete de carne con arroz como guarnición, y el resto de la mesa estaba rebosante de comida realmente apetitosa, que desprendían un olor que levantarían a un muerto. El moreno comía totalmente relajado, ignorando la débil presencia que estaba de pie, al otro lado de la mesa.

Cuando terminó su plato se levantó, y se dirigió a la chica. Presentaba un aspecto realmente lamentable, las ojeras se marcaban bajo sus ojos, estaba más delgada, su joven piel tenía un color algo cenizo, mustio. Ya no presentaba las mejillas con ese rosado natural, incluso su pelo había perdido algo de brillo. Sus ojos… demostraban su cansancio, de eso no había duda, pero no parecían suplicantes, mostraban serenidad, ni siquiera parecía reparar en la comida frente a ella que sin duda deseaba probar.

- Espero que hayas recapacitado respecto a tu actitud. ¿Está vez si me dirás tu nombre? - El cortante silencio alteró ligeramente al moreno, e infundió en Sakura temor. - ¿Pretendes seguir con esto? Te aseguro que a mí no me importan los métodos a los que deba recurrir.

Sakura miró hacia Konan, que desde la puerta del comedor la miraba suplicante y preocupada. Sasuke se dio la vuelta, furioso, y Sakura reunió todas sus fuerzas para derribar su orgullo y dar un empujoncito a su garganta.

- Sakura. – Sólo consiguió susurrar una débil palabra, pero parecía que acaba de librarse de una gran carga al hacerlo, se sintió un poco más libre.

Sasuke se giró hacia ella sorprendido y curioso, y finalmente sonrió con satisfacción. Su voz había salido extremadamente débil, apenas perceptible para el oído humano, pero había hablado, era un gran paso, parecía que sus métodos estaban funcionando.

- Veo que sí has recapacitado.

El tono prepotente del moreno provocó que cada célula del cuerpo de la joven se alterara y sintiera unas ganas irrefrenables de gritarle. Ese siempre había sido el causante de la mayoría de sus desgracias: su carácter.

- Así que tu nombre es Sakura… no parece un nombre oriental. ¿Por qué estabas en la corte de Orochimaru? ¿Cuándo fuiste llevada allí?

- Creía que sólo queríais decirme las normas que debo cumplir, señor.

Sasuke elevó una ceja, esta vez su voz había sonado perfectamente clara, y le dedicaba una mirada desafiante.

- Como creo haberte dicho con anterioridad yo hago lo que quiera contigo, y si quiero hacerte preguntas sobre tu vida tú las contestas.

Ella se limitó a dirigir su mirada de nuevo al frente, hacia Konan, que estaba temblando y mostraba algunas lágrimas agolpándose en sus ojos, pues empezaba a ver que esa situación iba a acabar mal.

- Contesta a mis preguntas.

Ella no respondió, incluso su rostro, antes sereno e indiferente, mostraba ahora su molestia y algo de enfado. ¿Esa mujer estaba loca? Sasuke pensó en el encuentro que tuvo con Naruto, le había respondido porque estaba enfadada, quizá si la provocara un poco…

Se acercó a ella, situándose a su derecha, muy cerca un cuerpo del otro, analizó cada una de sus reacciones, pero la chica parecía imperturbable. Pasó su mano por la mejilla izquierda de la joven, y fue descendiendo hasta repasar sus labios; estaban pálidos y algo agrietados, pero aun así le parecían tan deseables como la primera vez que la vio. Siguió descendiendo, hasta su pecho, en un suave recorrido, marcando cada una de sus curvas. El cuerpo de la chica se tensó, y Sasuke sonrió, por fin empezaba a reaccionar, ¿cuánto más aguantaría?

Llegó a su vientre, y notó como, según avanzaba en su recorrido, la zona acariciada se estremecía tras la tela, y la sonrisa de Sasuke se marcaba cada vez más. Llegó a su cadera y se detuvo en su muslo, donde su caricia se intensificó más, apretando la zona con descaro. Ella siguió sin moverse, pero su respiración se había alterado, y su ceño estaba notablemente fruncido. El moreno rodeó el muslo lentamente en dirección al interior de su pierna, pero antes de poder rozar tal zona Sakura sujetó su muñeca con fuerza.

- Deténgase, señor.

Más que una súplica o una petición, parecía una advertencia.

- O sino ¿qué? Te recuerdo que ya no tienes ningún derecho sobre ti misma.

Se situó frente a ella y la miró con intensidad, intensidad correspondida por la joven que le sostuvo la mirada sin miedo. Con su mano libre, Sasuke se soltó del agarre, dispuesto a seguir con lo que estaba, pero en cuanto rozó su cuerpo a través del vestido, Sintió una fuerza en su mejilla que le obligó a ladear el rostro, y todo su cuerpo dio un paso atrás, como si una onda originada en su cara se expandiera por todas sus articulaciones. Llevó su mano a la zona herida, con desconcierto.

Sakura le miraba, en su rostro se mostraban cuatro finas líneas rojizas, producto del arañazo que sus cuidadas uñas habían ocasionado. No sabía si sentir miedo o satisfacción. No había podido detenerse, en cuanto sintió su cuerpo invadido de nuevo, la rabia la dominó, y su mano acudió en un acto reflejo a alejar al invasor. Grave error.

Las expresiones de Sasuke cambiaron sin control: sorpresa, desconcierto, incredulidad… y finalmente: furia. La empujó contra la pared cercana, apretando fuertemente sus brazos sin medir su fuerza, en un intento por descargar su ira y frustración en ella. Sakura gimió suavemente, pero el Uchiha no se apiadó ni un solo segundo.

Ella cerró los ojos por el dolor, y el moreno suavizó ligeramente el agarre.

- Discúlpate ahora mismo.

Ella le miró nerviosa, pero con determinación. No se arrepentía, y él se lo merecía, no veía ningún motivo por el que debía disculparse, así que permaneció callada. Sasuke golpeó la pared con rabia, tan cerca de la chica que podía sentir su respiración rozar su brazo. Sakura, a su vez, pudo sentir como la piel del moreno se desgarraba y sus huesos sufrían el impacto del golpe, incluso creyó percibir como el muro temblaba tras ella.

- Hazlo.

Su voz sonó grave y amenazante, algo sombría. Sakura deseó disculparse, pero no lo hizo, su garganta se había negado rotundamente a pronunciar palabra alguna. No supo si era por orgullo, su problema para la comunicación o por el miedo, pero ni un suspiró salió de su boca. Sasuke la miró furibundo, completamente enfurecido, y por primera vez en mucho tiempo, Sakura sintió miedo por su vida.

Sasuke vio el pánico en sus ojos, y eso basto para que se calmara un poco, mientras no se comportara como una engreída todo iría bien. Suspiró profundamente descargando algo de su ansiedad, y volvió a fijar su mirada en ella. Algo más relajado, volvió a hablar.

- Discúlpate.

Ella no se movió, ni una sola de sus articulaciones lo hizo, ni siquiera uno sólo de sus cabellos se atrevió a moverse. Tenía miedo, pero su garganta seguía en su huelga particular. Sasuke vio su ira crecer de nuevo y golpeó su frágil cuerpo contra la pared una vez más. Los huesos de su espalda crujieron, y Konan, horrorizada, le suplicó a Sasuke que la soltara, pero él parecía ajeno a todo eso. Sakura se sentía débil y vulnerable, todo a su alrededor parecía moverse y volverse borroso. Escuchó la voz de Sasuke una vez más, pero no logró distinguir qué decía, y finalmente se desmayó; la falta de alimento, las bruscas acciones de su señor y la tensión y angustia que estaba padeciendo la habían dejado fuera de combate.

Sasuke la soltó, dejando que se precipitar bruscamente contra el suelo. Un pequeño reguero de sangre salió de su frente debido al golpe. El moreno la miró con desprecio y volvió a su asiento, dispuesto a seguir comiendo. Pasaron varios minutos, la joven no se movía y Sasuke comía serenamente. Konan, aterrada ante el estado de la pelirrosa se acercó al moreno y le suplicó poder llevársela. Él miró a la chica tendida en el suelo como si acabara de darse cuenta de que seguía allí, y con total indiferencia le dijo que hiciese lo que quisiera.

Debido al deplorable estado de Sakura, Konan logró levantarla sin ayuda alguna, y se dispuso a salir de allí lo antes posible, antes de que a su señor se le pasase por la cabeza otra forma de castigarla.

El moreno observó toda la escena, y antes de que desaparecieran por la puerta las detuvo. Konan pareció temblar, pero no le dio importancia.

- Que le den la ración de comida normal, ¿qué pensará la gente si una de nuestras bailarinas muestra un estado tan lamentable? El sábado se dará una fiesta aquí, y los Uchiha seríamos la burla de todos si mostráramos a la mejor bailarina en ese estado. Encárgate de que esté presentable para entonces. Y no quiero volver a verla hasta el sábado, así que debe seguir encerrada.

- Sí, señor. – dijo temblorosa, y se fue lo más rápido que pudo.

La fiesta estaba animada, todos comían y bebían con naturalidad, entre risas y carcajadas, olvidándose por unas horas que fuera de esas murallas sólo les esperaba la guerra. Todos los nobles de más elevado rango estaban allí, después del rey eran los hombres más poderosos del reino.

Los espectáculos se sucedían uno detrás de otro: teatro, canciones, música… todo con el objetivo de entretener a los invitados. Finalmente se dio paso al último espectáculo de la noche, antes de que los caballeros terminaran ebrios y sin sentido común. Era sin duda el que todos esperaban, pues las bailarinas de los Uchiha eran admiradas y deseadas por todos, pero además se sumaba un asunto que tenía intrigada a toda la corte. Esa extraña mujer que el mismo rey había querido reclamar, una esclava de Orochimaru cuyo origen se desconocía por completo y cuya belleza habían llegado a comparar con la Afrodita que adoraban los griegos. Sin duda había despertado curiosidad, por lo que todos los invitados pusieron toda su atención en la danza que les deleitaría.

Como era costumbre ya en esa casa, las bailarinas iban cubiertas con sedosas telas, creando ese ambiente mágico que los espectadores prácticamente exigían. Todas y cada una eran dignas de admiración, pero esa noche las miradas se centraban en una sola mujer de rasgos finos, mirada intensa y cabello rosa.

Sasuke la observó detenidamente, había recobrado en esos dos días toda su belleza, pero en sus brazos se podía notar si te fijabas, algunas partes ligeramente enrojecidas, pero nadie que no conociera el episodio que tuvieron las notaría.

- Una impresionante adquisición, Sasuke. Lástima que tu padre llegara antes que yo.

- Lo siento, Neji, la verdad es que creo que mi padre tiene un don para encontrar a la más bellas mujeres.

- Sin duda. - Intervino Kiba Inuzuka – He oído que era una esclava de Orochimaru.

- Así es. – corroboró, cortante.

- Entonces tendrás problemas para comunicarte con ella, ¿verdad?

Sasuke le observó curioso, ¿cómo sabía él eso? ¿Naruto? ¡Oh, no! Si Naruto se había atrevido a abrir la boca sobre su humillación, él se encargaría de cerrársela para siempre.

- ¿Por qué lo dices? – se interesó Neji, y Sasuke agradeció internamente que lo hiciera.

- Bueno, en realidad no estoy muy seguro, pero tengo entendido que esa serpiente quiere a sus mujeres calladitas, y las somete a crueles torturas hasta que consigue que nunca abran la boca. La mayoría de esclavas que son sacadas de allí tardan años en hablar con normalidad, suelen sentirse aterradas al hacerlo. Al menos así ha pasado con las que he tenido en mi casa, ellas mismas me lo han contado.

Sasuke miró a Sakura pensativo, tal vez no fuera una muestra de orgullo y prepotencia, tal vez ella también tenía miedo a hablar. Por un breve segundo sintió la punzada del remordimiento recorrer todo su cuerpo, pero entonces recordó su mirada desafiante, sus desplantes y el arañazo, y tan pronto como esa punzada vino, se fue. Puede que lo que decía Kiba influyera, pero en este caso concreto lo hacía por orgullo, en ese tema era un experto, y pudo reconocer enseguida la dignidad que la joven se traía.

El baile terminó, y Fugaku exigió a Sakura que se quedara, presentándola oficialmente a todos los comensales, como tenía por costumbre cuando conseguía un nuevo aporte a su colección.

Ella se mostraba sumisa, obediente a todos los mandatos de su señor, incluso dirigía su mirada hacia el suelo, mostrándose una mujer servicial y disciplinada. Sasuke sintió que la ira volvía a correr por sus venas. ¿Podía ser más hipócrita esa mujer? ¿O es que realmente sólo se comportaba de forma altanera con él? Cualquiera de las dos opciones le enfurecía, pero esta vez no podía descargarse con la joven.

- Y dinos Sasuke, ya has sometido a esa preciosidad. – Preguntó insinuante Kiba.

Se escuchó la risa de Naruto, que fue callada por una mirada del Uchiha.

- Hmn.

- Es algo esquiva, – agregó Naruto. - ¿verdad Sasuke?

Otra mirada asesina, pero Naruto parecía no darse por aludido.

- No me interesa demasiado. – Quiso defenderse el moreno.

Todos miraron automáticamente a la pelirrosa que había empezado a servir a los invitados por orden de Fugaku; repasaron la figura de la mujer varias veces y volvieron a mirar a su amigo. Ese proceso se repitió varias veces, y las miradas de incredulidad no se hicieron esperar.

- Entonces podrías dejarla a disposición de los que si estamos interesados. – Dijo Naruto, en un claro intento de provocar a su amigo.

Todos los presentes apoyaron la idea del rubio, y Sasuke deseo matarles. Si había algo que no soportaba era que tocaran lo suyo sin permiso, y mucho menos antes que él. Y consideraba "suyo" el 90% de las cosas, aunque esa mujer fuera una piedra en su zapato, era suya, y hasta que su orgullo no quedara restablecido y todos sus deseos saciados, no la tocaría nadie.

- Que no me interese ahora no significa que eso vaya a ser siempre así.

Sus palabras parecían cordiales, pero la mirada fría que se molestó en dirigirles a cada uno de ellos bastó para que entendieran la indirecta. Esa chica estaba, por desgracia, temporalmente prohibida. Sin embargo, no todos pensaban igual.

La fiesta transcurrió sin problemas, y Fugaku se acercó a su hijo, apartándole del resto.

- ¿Ocurre algo?

- Me he enterado de que tu relación con la nueva bailarina no ha sido muy… fluida. - Sasuke bufó. – Ya te dije que tuvieras cuidado.

- No importa lo que tarde o los métodos empleados, el resultado siempre es el mismo, y lo sabéis.

- Lo sé, pero con esa chica vas a tener que ser más precavido.

- ¿No os entiendo? ¿Qué importa lo que tarde en doblegarla?

- Como supongo que te habrás dado cuenta, muchos están interesados en ella, por no decir todos, y si se corre la voz de que no "sirve correctamente", muchos nobles lograrán que el rey la reclame nuevamente, y si insiste no podré retenerla aquí.

- ¿Por qué los nobles iba a querer eso?

- Sasuke… - su padre suspiró – El rey se caracteriza por su "generosidad", cuando se cansa de sus sirvientas los nobles interesados pueden pedir temporalmente a esas mujeres, y sabes que el rey rara vez se niega, tú mismo has sido en más de una ocasión el que ha solicitado a alguna de sus criadas.

- ¿Entonces?

- Se que te interesa, y a mí tampoco me hace gracia que se la quede el rey, es la pieza perfecta para nuestra colección. Por eso necesito que mantengas a esa muchacha cerca de ti, de esa forma no podrán decir que no estamos contentos con su trabajo, y si además consigues que quiera quedarse… el rey lo tendría difícil si nosotros nos oponemos, pero desde luego no se la llevaría sin el consentimiento de ella.

- ¿Qué quiera quedarse?

- Que la seduzcas, hijo mío. Podría decirse que tú has sido la piedra angular de las mujeres de esta casa, gracias a la atracción que ejerces en ellas ninguna ha querido irse y hemos podido mantener nuestra orgullosa colección. Y ahora que tenemos a esa belleza no podemos perderla, sería desastroso, así que no me importa lo que tengas que hacer, como si tienes que dejarla embarazada contra su voluntad para atarla a ti, pero no permitiré que se vaya de esta casa. – dijo, seriamente.

Unos invitados llamaron a Fugaku, y Sasuke se quedó pensativo. Seducirla ya estaba entre sus planes, después de ponerla en su lugar, por supuesto; pero jamás había tomado a una mujer contra su voluntad, nunca lo había necesitado, y veía tal acto como algo impropio a su sangre, un noble de tal altura no debería caer en semejante falta.

La seduciría, y la mantendría a su lado, pero a su manera. Una sensación de desazón recorrió su cuerpo, ¿sería capaz de estar más de cinco minutos con esa mujer sin alterarse y sin golpear las paredes? Esa chica le interesaba mucho físicamente, así que lograría que se enamorara de él, y cuando el resto de nobles se cansara de buscar una forma de llevarse el preciado tesoro, la dejaría de lado como al resto de sus conquistas. Podía sentirse orgullosa, si todo salía como él lo planeaba, Sakura sería la primera mujer en la historia que habrá estado en los brazos del Uchiha en más de una ocasión, la única con la que repetirá, aparte de su futura esposa.

Buscó con la mirada a la pelirrosa, y la encontró bastante cansada, llevando una bandeja, que se tambaleaba sobre su mano, hacia la mesa. Era lógico, por mucho que hubiera comido, dos días eran insuficientes para recuperarse correctamente. Una vez dejadas las bebidas se encaminó hacia la cocina. Una sonrisa torcida apareció en su rostro, ya era hora de cambiar de estrategia.

Me sentía agotada, aun no me había recuperado, y Fugaku me mantenía allí, sirviendo copas a pesar de lo tarde que era. Konan ya me lo había advertido, era casi una tradición en esa casa que las nuevas fueran presentadas en una fiesta en la que se encargarían personalmente de servir.

Agotada, apoyé mi mano en la pared, e intenté regular mi respiración. No podía descansar mucho tiempo, no tardarían en llamarme pidiendo más bebida y comida… al menos sólo me pedían eso. Me erguí dispuesta a seguir con mi trabajo, pero la sensación de mareo volvió a invadirme, de nuevo las cosas se difuminaban, ya sabía que continuaba. Esperé el fuerte golpe contra el suelo, pero no llegó.

Intenté analizar la situación, aun demasiado cansada como para abrir los ojos. Que me había caído lo tenía claro, pues la planta de mis pies ya no tocaban el suelo. Mis piernas rozaban la fría piedra, por lo que estaba ligeramente tumbada, ¿pero por qué rayos no podía sentir el suelo en el resto del cuerpo?

Entonces lo sentí, más calmada sentí como mis brazos, hombros y la cabeza sí tocaban el suelo, ¿pero por qué mi espalda no? La ansiedad volvió a invadirme, ¿había perdido la capacidad de sentir en esa zona? ¿O finalmente me estaba volviendo loca?

No pude pensar mucho más cuando comprobé, asustada, que ninguna parte de mi cuerpo sentía el suelo. Segundos después lo noté en todo mi costado derecho. ¡Oh, vale! Ahora estaba tumbada de lado. Curioso… Más relajada empecé a sentir más cosas. El suelo no era la dura roca que esperaba, de hecho desprendía calor, y parecía cómoda, tal vez debería empezar a dormir en el suelo... Creo que la superficie de este castillo es muy particular, sube y baja, como si respirara, y puedo sentir unos suaves ¿latidos? Muy bien, o la casa estaba literalmente viva o eso no era el suelo.

Por primera vez sentí que me movía, y lo tuve claro, alguien me estaba llevando en brazos Dios sabe a dónde. Horrorizada abrí los ojos, y más impactada aun, le vi, su rostro imperturbable miraba al frente, mientras que sus brazos me sostenían con firmeza. Imposible…

Con brusquedad intenté que me soltara, no me importaba golpearme con el suelo, total, ya lo había asumido minutos antes; pero no voy a tolerar que el engreído este se aproveche de mi debilidad física, ¡no, Señor! ¡Antes muerta!

Él pareció darse cuenta de mi despertar, y me miró. Parecía molesto por mi forcejeó, ¡genial! Ahora seguro que me lanza contra la pared y ya sí que no podré levantarme hasta dentro de una semana. Cierro los ojos esperando sentir como vuelo hacia la pared o como caigo hacia el suelo, pero no pasa nada. Vuelvo a abrir los ojos temerosa y veo que ha vuelto a fijar la mirada hacia el frente, sin ninguna mueca de molestia o enfado. Le miró desconfiada, esa actitud no es normal, ¿no querrá…? La sola idea me escandaliza. Vuelvo a intentar que me suelte, pero mi falta de fuerzas hace que ni siquiera haya forcejeo esta vez, y debido a mi sobreesfuerzo siento que vuelvo a perder el conocimiento. Con resignación veo al menos a donde me lleva, quizá lo que quiere es tirarme desde alguna torre para que esta vez no pueda recuperarme, pero no, lo que veo me agobia aun más. No hay duda, vamos hacia su habitación. El pasillo que conduce a ella es lo último que veo antes de rendirme y desmayarme. Que Dios me ayude…