Sinceramente, me parecía un poco de mala baba dejaros un mes entero esperando por el maldito lemon de las narices, así que he sacado tiempo de donde no tenía para terminarlo. Creo que he dormido unas cuatro horas entre ayer y hoy xD…. diréis: ¡está loca! Pero no, quería escribirlo aunque fuera lo último que hiciera. Lo siento si veis errores.
Gracias a todos los que me ayudaron a redactarlo (mis musas, os quiero! Así como a los que me ayudaron a encontrar una "banda sonora" que me inspirase), y a todos vosotros por vuestro apoyo. Sin él, este fic no existiría. Nunca creí que fuera a tener tanta acogida, la verdad…

Cabe decir que no me gusta escribir a un uke muy uke ni a un seme muy seme (¿), es mi advertencia para este capítulo.

¡Luces, cámara, acción!

PD.- en este capítulo se irán alternando con más frecuencia los povs, sobre todo tirando para el final


Capítulo 3.- "Reino de la Pasión"

{Antonio's pov}

Había creído que estaba soñando al escuchar la puerta abriéndose, y sus pasos entrando en la habitación. Sí, sabía cómo sonaban sus pasos, sabría distinguirlos entre un millón de personas. Quizás no un millón, pero sí entre miles. No podía ser cierto que le fuera a buscar a él. Se había obligado a sí mismo a calmar su respiración, aparentar estar dormido, para ver –o mejor dicho escuchar- lo que hacía el otro. Hasta se había permitido entreabrir un ojo para observar a Inglaterra. Entonces le había visto intentando quitarle su preciada esmeralda. La rabia le había invadido.

Y después… después había sucedido todo lo demás. Había dudado, sí. Y había tenido miedo. Pero cuando Arthur le había preguntado que si dormía desnudo, todo lo que no era deseo se borró, simplemente, de su cabeza. Sentía la misma imperiosa sensación que había tenido al ver a la prostituta en brazos de Inglaterra, la de reclamarlo para sí. Y no había nadie para impedirlo. La herida vendada de su brazo latía pidiéndole que lo hiciera.

La mano del rubio seguía subiendo por su muslo, presionando hacia abajo. Antonio no perdió el tiempo, y atrajo el rostro sonriente del inglés hacia él, besándole como lo había hecho en el barco, aunque sabiendo, esta vez, qué hacer a continuación. Mordió los labios de Inglaterra hasta hacerle sangre, y dejó que se deslizara por la comisura de su boca antes de empezar a lamerla de forma ascendente, para terminar besándole de nuevo. Dios, sabían tan bien aquellos labios… Arthur adelantó la otra mano para colocarla sobre su cintura, clavándole los dedos en la piel. Se separaron un instante para tomar aire antes de juntar sus bocas de nuevo. Tenían todo el tiempo del mundo para hacerlo –aunque la taberna estuviera en llamas, seguirían con lo suyo-, pero no por ello quería hacer que las cosas fueran calmadas. El cuerpo le ardía, gritando que le quitara toda esa estúpida ropa a Inglaterra. Recorrió con su lengua el interior de la boca de su compañero, aún manchada de sangre.

-Apestas a ron, Spain.-se rio Arthur, apartándose a un lado, moviendo la mano que estaba sobre su muslo en círculos, peligrosamente cerca de su miembro-Luego no quiero que uses de excusa el alcohol para decir que esto fue un error.

-Créeme, nunca consideraré esto como un error. Y si he bebido, hijo de perra, ha sido para olvidar que estabas con esa prostituta.-empezó a desabrocharle los botones de la camisa, pero se detuvo al segundo. Se le había ocurrido una idea-Levántate.

-No habría estado con ella si hubieras llegado antes. Me habrías ahorrado dinero… y lo más importante, habría disfrutado de verdad. Dirás que las mujeres inglesas son malas, pero las tuyas no son mucho mejores tampoco.-se incorporó con un suspiro, sin dejar de mirarle.

-Te equivocas, lo son, pero… el problema es que tú no quieres lo que ellas pueden ofrecerte. Quieres otra cosa, ¿no, Inglaterra?-con una sonrisa traviesa se señaló la entrepierna-Esto es lo que has venido a buscar.

-Calla la boca de una puta vez y hazme lo que tendrías que haberme hecho la primera vez que nos vimos.

-Como desees…-su boca se había ensanchado en una sonrisa-Cierra los ojos.

{Arthur's pov}

El rubio no dudó ni un solo instante, y cumplió lo que el español le había ordenador. Se sentía algo estúpido –reconozcámoslo, se sentía completamente estúpido-, estando de pie, junto a la cama de Antonio, con los ojos cerrados. Al verse privado de la vista, aguzó el oído, pudiendo escuchar cómo España se levantaba de la cama, y cómo la sábana se deslizaba por su cuerpo… Y él no lo podía ver. Soltó un juramento por lo bajo. El castaño lo hacía para jugar con él, lo sabía. Notando los labios de Antonio desabrochando los botones que quedaban, empezó a sentir escalofríos por todo su cuerpo. Le tenía ahí, enfrente suyo… alargó el brazo hacia él, rozando lo que supuso que sería el torso. Deslizó sus dedos hacia abajo, perfilando las costillas, el ombligo… La mano de España le detuvo antes de que pudiera llegar adonde quería.

-No me hagas esto, bastard.-le recriminó, mientras con la otra mano Antonio le terminaba de quitar la camisa-O me vas a obligar a ponerme violento.

-Mejor. No es divertido si no tratas de luchar un poco…

Inglaterra decidió mandar a la mierda los órdenes del castaño. ¿Por qué le había hecho caso en primer lugar? Ni que fuera su perro. Abrió los ojos, soltándose del agarre de su compañero con un tirón. Y por fin… por fin veía el cuerpo que tanto anhelaba probar. En una palabra: perfecto. Aquellos músculos definidos, aquella piel tostada… ¡Joder! Antonio era un pecado en sí mismo. Desde aquel ángulo no podía ver si su trasero era como el que había imaginado, pero estaba demasiado ocupado admirando su frontal como para pensar en otras cosas. Sin aguantar más, le tiró sobre la cama, ganándose un delicioso quejido por su parte, y se sentó encima de él, presionando todo lo que podía hacia abajo. Siempre se había considerado un hombre con mucho aguante, pero notaba que le quedaba poco para que su erección fuera completa.

-Te comería vivo ahora mismo si pudiera, Spain.-se pasó la lengua por los labios, preparándose para averiguar si sólo la boca de Antonio sabía a especias.

España no le dejó continuar. Agarrándole de sus cabellos rubios, hizo que se inclinara para besarle de nuevo. Arthur atacó la lengua del castaño con la suya, haciendo que le soltara el pelo para sujetarle las manos contra la cama. Las muñecas aprisionadas parecían a punto de romperse, pero él no disminuyó su fuerza. Se sentía poderoso. Más incluso que cuando empuñaba la espada o la pistola. A pesar de que prefiriese estar en el lugar que ocupaba Antonio en ese momento, no podía negar la satisfacción que le invadía al tener, por fin, al castaño atrapado. Cortó el beso para dar un pequeño pero doloroso mordisco en el cuello de su compañero, que jadeó intentando liberar sus brazos.

-No es tan divertido ser el prisionero, ¿verdad?-deslizó su lengua a lo largo de la clavícula, recorriendo la cadena de oro y la brillante esmeralda, para terminar junto a la oreja derecha-Si alguna vez hubieras caído en mis garras, te juro que no habrías salido intacto.

-¿Por qué crees que nunca me dejé atrapar?-consiguió soltar una mano-Ser violado por ti o por tus piratas es una de las últimas cosas de mi lista de deseos.

Inglaterra soltó una carcajada. Sí, tenía esa fama, lo sabía. Cierto era que sus métodos eran poco ortodoxos y violentos. Pero conociéndose a sí mismo, era consciente de que no iba a encontrar placer alguno violando al hombre que yacía debajo de él. Como no iba a volver a encontrar placer acostándose con una mujer. Su mente enfermiza se lo repetía en forma de imágenes una y otra vez. A pesar de su arrogancia como pirata, de su orgullo como Imperio, de su personalidad salvaje, quería ser dominado. España tenía que hacerle suyo. No había otra manera. Aunque no se iba a negar a jugar con él. Lamio el lóbulo de la oreja, tanteando con sus dedos el abdomen del castaño, buscando la cicatriz que le había quedado cuando le habían tenido que cauterizar la herida que le había provocado tiempo atrás. La piel estaba mucho más suave allí, y empezó a clavarle las uñas hasta notar cómo la desgarraba, la calidez de la sangre manchándole los dedos. Antonio gemía de dolor, tratando de soltar su otra mano, sin conseguirlo. Su voz era como la de un animal enjaulado, peligroso… y jodidamente tentador. Arthur no pensaba en otra que no fuera terminar lo que estaba haciendo para quitarse los pantalones que tanto le empezaban a apretar. Con extrema delicadeza –inusual en él-, limpió la sangre con la lengua, satisfecho al sentir cómo el español se estremecía por entero. En su boca ya estaban mezclados el sabor metálico de la sangre y las especias de la piel de Antonio, así que dio por concluido su objetivo besándole otra vez, mientras rodaba hacia un lado. Con manos rápidas se desabrochó los pantalones y, junto con las botas, los dejó apartados en algún rincón en el que no molestaran. Dejó escapar un suspiro de alivio. Por fin estaba listo para empezar el juego de verdad.

{Antonio's pov}

"Maldito pirata. Maldito pirata. ¡Maldito pirata!" se llevó la mano a la herida, mordiéndose los labios para no seguir quejándose por el dolor. No era profunda, pero, Dios, escocía como mil demonios. Arthur se las iba a pagar. Se lamió las muñecas enrojecidas para reactivar la circulación, incorporándose de la cama. Gracias a la presión ejercida por el rubio, y la habilidad que había demostrado usando su lengua, su miembro estaba tan duro como nunca recordaba haberlo tenido. Suplicaba por ser enterrado en el cuerpo de Inglaterra. Pero él no dejaba de ser el país de la pasión, y por muchas ganas que tuviera de hacerlo, no iba a saltarse los pasos previos. Cada cosa iba a su tiempo. Agarró a Arthur por la cintura, recorriendo la columna vertebral con la otra mano, arriba y abajo, antes de introducir en su boca uno de los pezones excitados. El inglés se aferró a sus cabellos con desesperación cuando empezó a mordisquearlo con violento placer. Sin embargo sus malditos labios seguían cerrados. Y él quería escucharle gemir. Quería escucharle gritar. Así que clavó con fuerza sus dientes en el botón endurecido. Entonces sí. Lo escuchó.

-F-fuck, Spain~…-aquel simple gemido fue una bendición para sus oídos.

La voz de Inglaterra era tan erótica de aquella manera, tan distinta a su altanero tono habitual… y le volvía completamente loco. Hacerle emitir aquellos sonidos era una victoria contra la arrogancia de ese hombre. Se dio cuenta de lo idiota que había sido por desaprovechar tantas ocasiones para hacer aquello… Si merecía un castigo, desde luego era por eso. Por no haber visto lo mucho que se deseaban mutuamente. ¿O tal vez lo había hecho y había intentado hacer como que no fuera así? Sabía que habría sido capaz de enterrar cualquier sentimiento inmoral en su interior, incluso sin darse cuenta.

Deslizó repetidamente su lengua sobre la punta del pezón, sin dejar de acariciarle la espalda. La herida le seguía escociendo, pero al menos ya no sangraba. Y el mordisco del cuello… bueno, tendría que dejarle uno él también a Inglaterra. Soltó su presa, totalmente enrojecida, para atacar la garganta con ferocidad, no mordiendo ni una ni dos, sino hasta tres veces, logrando sus equivalentes jadeos. No de forma lo bastante profunda como para que sangrara, aunque sí para que la marca permaneciera, gritando al mundo que Arthur era suyo y de nadie más. Continuó su labor con el otro pezón, bajando las manos por los glúteos de su compañero, apretando hacia él. Y de forma repentina, sorprendiendo al rubio, agarró con los dientes una de las esmeraldas que pendían de sus orejas, y le dio un fuerte tirón, aunque sin arrancarla. Inglaterra gritó de dolor, excitándole aun más. Mientras soltaba el pendiente, pudo ver el brillo de las lágrimas en los ojos del pirata. No había supuesto que su acción le lastimara tanto como para poder contemplar algo que parecía imposible.

-Damned bastard… eso ha dolido.-le clavó las uñas en la espalda como venganza, haciendo que se retorciera-… el otro… el otro…

-Eres… un jodido depravado mental, Arturo…

A pesar de su crítica, siguió los deseos de Inglaterra, tirando de la otra gema también, ganándose un nuevo gemido. Las lágrimas empezaron a rodar mejilla abajo, brillando con tono dorado a causa de la luz de las velas. El delicado rostro –porque para ser un hombre, su cara no era demasiado "recia"- se contraía en una deliciosa mueca de dolor, y España no pudo evitar pensar en lo atractivo que era Arthur de aquella forma. Secó las lágrimas con besos extrañamente dulces, terminando en su boca. No se cansaba de ese exótico sabor a té negro, que sin embargo antes juraba detestar. El rubio se separó, muy a su pesar. En sus ojos leyó que quería ir un paso más adelante.

-A-Antonio… now…-susurró en su oído, mordiendo el lóbulo-Suck my dick.

España alzó una ceja, desviando la mirada hacia el miembro erecto de Inglaterra, que reclamaba su atención. Siempre había considerado aquella práctica como algo sucio, pero… ¿acaso había algo más sucio que lo que ya estaban haciendo? Claro, las imágenes que se dibujaban en su mente entonces. Algo relacionado con unos grilletes y un látigo. Trató de sacárselo de la cabeza, mas estaba grabado a fuego, imborrable. Así que para sustituirlo con algo menos violento, introdujo la punta del pene en su boca, concentrándose en abrir y cerrar los labios para causarle más placer a su compañero.

Inglaterra le empujó la cabeza hacia delante, para que tomara su miembro por entero, soltando pequeños gemidos conforme la lengua del castaño se deslizaba arriba y abajo. No era como se había imaginado. Era mejor. Mucho mejor. Nunca habría creído a las mujeres con las que se acostaba cuando decían que les gustaba hacer aquello. Ahora entendía cómo se sentían. Se retiró un poco hacia atrás para poder centrar su actividad en el glande, notando cómo el pirata se estremecía a causa de su contacto.

{Arthur's pov}

Ni aun mordiéndose los labios, Arthur podía evitar gemir como una maldita puta. Joder, España sabía cómo usar su lengua húmeda y caliente a la perfección. Hasta una estatua de piedra estaría jadeando de placer con aquella boca, que besaba, envolvía y jugaba con su erección como si llevara toda la vida practicándolo. Sabía que Antonio no se había acostado con ningún otro hombre antes, pero desde luego, no lo parecía. Denominarlo con el nombre "Reino de la pasión" era un insulto. Aquello no era pasión. Era hambre. Y le estaba devorando por completo. Dejó escapar un gemido que anunciaba que estaba llegando al límite, aunque intentó resistir un poco más. No podía permitirse el terminar tan rápido. Apartó al castaño lejos de él, respirando hondo. El corazón le hacía daño de golpear tan fuerte sus costillas.

-¿Ahora te rindes?-España le miró sonriendo, con esos profundos ojos verdes, que ardían igual que brasas, clavándose en los suyos-No esperaba eso del… intrépido capitán pirata Arthur Kirkland. Si no fuera porque sé de primera mano que no lo eres, pensaría que eres… virgen.

Inglaterra se removió ofendido al escuchar la última palabra. Maldito Antonio. Era él quien lanzaba esos comentarios hirientes, no el que los tenía que sufrir. ¡Si ni siquiera sabía hacía cuanto tiempo había dejado de ser "puro"! Pero claro, ¿cómo le iba a explicar que si impedía que siguiera con su trabajo era porque lo estaba haciendo demasiado bien? Como si el español necesitara que le hiciera crecer su ego, precisamente. Sus mejillas estaban encendidas por el calor que lo consumía, y se dio cuenta de que a pesar de haber alejado esos lujuriosos labios de su erección, no podía evitar lo imposible. Por tanto decidió que ya que no iba a aguantar más, prefería seguir disfrutando de los ataques de la lengua ibérica.

-Shut up… y… sigue…sigue.

Con una sonrisa de complacencia, España volvió a tomarle en su boca, rozando ligeramente los dientes contra la piel, y haciendo que Arthur diera por absurdo tratar de reprimir sus gemidos. Ahí, ya estaba. Su miembro le ardía. Arqueó la espalda, y justo después de que el castaño se hubiera apartado, se vino sobre la mano que Antonio había utilizado para sujetarle mejor. Dejó escapar un suspiro de alivio. Su cuerpo seguía estando a una temperatura mayor de lo habitual, pero al menos no sentía como si estuviera en llamas. Se sobresaltó al notar los dedos del español contra sus labios entreabiertos. Los lamió antes siquiera de darse cuenta de que estaban húmedos y pegajosos… de sí mismo.

-¿Te gusta cómo sabes, Inglaterra?-preguntó el ibérico, antes de retirar la mano y terminar de limpiarla con su lengua-Porque a mí sí.

-No digas gilipolleces, Spain.-dijo frunciendo el ceño, pero orgulloso consigo mismo interiormente.

-No son gilipolleces. Es la verdad.

España le atrajo hacia sí, agarrándole por la cadera. Arthur sabía qué iba a continuación. Lo que llevaba deseando desde que se había dado cuenta de que dominando al castaño no iba a conseguir nada. Antonio empezó a lamerse los dedos a conciencia, sin dejar de mirarle. ¡Aquel maldito bastardo le estaba provocando! Considerándolo un reto, le agarró la mano y prácticamente la devoró, lamiéndola como si no hubiera un mañana.

-Mi boca necesita algo más grande que tus dedos, son-of-a-bitch.-susurró mientras mordía el dorso de la mano, provocando un quejido por parte del ibérico.

-Ni se te ocurra.-amenazó, apartándose-No quiero que-

Sin esperar a que España terminara de protestar, avanzó hasta él y le agarró su miembro con ambas manos antes de empezar a acariciar la punta con la lengua. No podía saber cómo hacerlo, pero recordó a Antonio minutos antes, y se dejó guiar por sus sensaciones.

-Jo…der, Kirkland… te he dicho que… mmm…no…-a pesar de lo que decía, el castaño no intentó detenerlo en ningún momento-Suél…tame.

Claro, condenado orgullo español, que le impedía mostrarse conforme estando en las manos de otro. ¿Y a quién carajo le importaba aquello ya? Él se había tragado su orgullo para conseguir lo que anhelaba, y allí no había nadie que pudiera recriminarle nada al ibérico. Aunque reconoció que la cabezonería de Antonio era algo al mismo tiempo adorable y sensual, y hacía que le entraran más ganas de continuar.

-Si… pides que te suelte… al menos… aparenta querer que… lo haga, swine.-se rio por lo bajo, intercalando sus palabras con rápidos lametones-Sino… para mis oídos... será como si… me estuvieras suplicando… que siguiera.

{Antonio's pov}

España movió sus caderas para que le fuera más fácil a su compañero deslizar la lengua a lo largo de su miembro. Había cerrado los ojos para centrar todos sus sentidos en aquella parte de su cuerpo, sin darle importancia a nada de lo demás. La forma en la que el inglés lo hacía era más áspera y apremiante que la suya, pero no por ello dejaba de gemir de placer. Si se había negado a la petición de Arthur había sido porque ahora, lo sabía, odiaba ser dominado; no obstante dejó el odio a un lado tras sentir esa boca durante dos segundos sobre su erección. Era demasiado buena como para desaprovecharla por tonterías. Como si no tuviera ocasiones para someter a Inglaterra. Aun así, no podía dejar que siguiera durante mucho más, porque quería reservarse para el gran final.

Hizo que el rubio se incorporase hasta la altura de su rostro, cerrándole la boca y lamiéndole los labios mientras tanteaba con las manos su trasero… para darse cuenta de que por culpa del ataque de su compañero, sus dedos se habían secado. Chasqueó la lengua.

-Chúpame otra vez los dedos.-tendió la mano hacia él. Arthur le miró sorprendido, como si acabara de decir que en realidad era una mujer-¡No me mires así! Se lo he oído a mis hombres, de cuando hacen esto con las prostitutas. Tengo que… hacer que dilates.

-¿Y qué más dará si no lo hago?-respondió el inglés con sorna

-No quiero hacerte daño.

Dios, qué falsas eran aquellas palabras. Igual le daba si le lastimaba o no al pirata. De hecho, preferiría que lo hiciera. ¿Quizás para asegurarse de que nunca olvidaría aquella noche? Negó con la cabeza. Pasara lo que pasase, los dos lo recordarían durante el resto de su existencia, estaba seguro de ello. No hacía falta eso. "Deja de engañarte a ti mismo de una condenada vez, Antonio" susurró en su mente una voz que no era la suya "Quieres que sufra. Quieres que le duela. Haz que se retuerza entre gritos. Lo estás deseando, no lo niegues…"

-Of course you want.-los labios de Arthur se curvaron en una sonrisa traviesa.

Inglaterra sabía que mentía. ¿Cómo no iba a saberlo, maldita sea? Desde que habían empezado, le había mordido, le había arañado, hasta le había prácticamente arrancado los pendientes, haciéndolo todo de la forma más dolorosa posible. Y si hubiera tenido a mano cierta clase de elementos –los que su mente imaginaba a la perfección-, habría sido aún más doloroso. Ni siquiera pensaba en cómo se debía sentir el inglés tras todo eso. Pero aquello… tenía que hacer aquello de una forma menos salvaje. Si había algo que no quería, era romper al rubio. No todavía.

-Si no lo haces tú, lo haré yo.-amagó un intento de lamer sus dedos; sin embargo, Arthur se adelantó y completó la tarea por él sin dejar de sonreír-Túmbate.

-Te gusta dar órdenes, yeah?

-Y a ti obedecerlas, maldito pirata.

Con una carcajada, el inglés siguió su mandato, extendiéndose ante él. Adoraba aquella piel tan blanca, tan pura y tan suave, que daban ganas de estar horas y horas acariciando. Pero no tenía tiempo para ello. La necesidad de explorar el interior de Arthur se había vuelto más acuciante que nunca y ya no podía retrasarla por más tiempo. Besó los labios del rubio –de forma breve, apenas un instante-, antes de colocar sus piernas sobre los hombros. Su corazón le iba a estallar en el pecho de lujuria y deseo. Aunque no sólo había hambre en su pecho, sino también algo más, un sentimiento cálido. Ninguna mujer le había hecho sentir aquello, y mientras inspiraba hondo, se dio cuenta de que su búsqueda había finalizado. No podía enamorarse de ninguna moza, porque la persona que amaba era quien le miraba con esos salvajes ojos esmeralda. Ahora lo sabía. Por fin lo sabía. Había hecho falta que ocurriera todo aquello para darse cuenta de lo que había sido demasiado obvio desde el principio. ¿Cuánto tiempo llevaba enterrando esos sentimientos? No podría jurarlo. Sin embargo, ahora lo percibía claramente.

Y quería demostrárselo a su compañero.

{Arthur's pov}

Inglaterra cerró los ojos, preparándose, pero los abrió al segundo siguiente. Quería ver el rostro de Antonio, del primer –y único, esperaba- hombre al que se entregaría de aquella manera, cuando le hiciera suyo. Era tan jodidamente atractivo de esa forma, con los cabellos castaños pegados a la frente a causa del sudor, las mejillas teñidas de rojo, los ojos verdes brillando del modo en el que más le gustaba… Dio un pequeño brinco al sentir el índice de España acariciando los bordes de su entrada. Tanta delicadeza de pronto era extraña, aunque no desagradable. El dedo finalmente se introdujo, provocándole un escalofrío. No le había dolido, pero sabía que los siguientes sí lo harían. Y no se equivocó. El segundo se abrió camino con más fuerza, y el tercero hizo que empezara a mover la cadera para mitigar el dolor. El castaño se tomó su tiempo moviendo los dedos en su interior, haciendo que rechinara los dientes por la quemazón que le producían, a pesar de la saliva. En algún momento indeterminado dejó de ser consciente de nada que no fuera un ardiente placer. Antonio retiró sus dedos, haciendo que su boca protestase por el repentino vacío que le había dejado. Y entonces… sin un solo aviso más, el castaño empezó a penetrarle. El dolor regresó. Regresó y creció hasta ser algo insoportable. Su voz se quebró en un grito al sufrir las embestidas del español, que lejos de intentar suavizar su ritmo, lo incrementó al escucharle.

-Fuck!... aaaah… Fuck!-jadeó, agarrándose a las sábanas como pudo, arqueando la espalda.

Se sentía como si España le estuviera partiendo en dos, pero… era una sensación tan jodidamente intensa, tan vívida… y el sufrimiento hacía que le gustara todavía más. Puta adicción al dolor.

-De-deja de…ensuciar mis… oídos, Arturo. Y… grítalo… te dejo…

No necesitó que el ibérico siguiera para entender lo que quería decir. Supo que sus dedos empezaban a desagarrar la tela al escuchar el sonido, aunque no le dio importancia. ¿Cómo le iba a dar importancia cuando por primera vez en su larga y perra vida se sentía completo, teniendo a Antonio enterrado en su interior? ¿Cómo había podido soportar el estar tan vacío durante tanto tiempo? Movió las caderas al ritmo marcado por el castaño, para hacer que llegara más lejos, adentrándose más en él. España le agarró de la cintura con firmeza, y Arthur se aferró a sus brazos, dejándolos marcados por sus uñas. Incluso arrancó la venda que cubría la herida que le había causado aquella mañana. ¿Realmente había pasado tan poco tiempo desde entonces? Se estaba volviendo –total y absolutamente- loco.

-Aaah… Anto… ¡Antonio!-gimió el nombre de su compañero con secreto placer-Bloody Hell!

El español susurraba "Arturo" una y otra vez, entre jadeos, con esa voz tan sensual que ya quisiera para sí cualquier prostituta del Caribe, haciendo que le hirviera la sangre bajo la piel, a medias de pasión y agonía. Su mente había perdido toda la cordura, invadida completamente por lo que el castaño le hacía sentir. Estaba al límite. Y, a juzgar por los movimientos cada vez más frenéticos de su compañero, le sucedía lo mismo. Notó cómo el español se venía dentro de él, y los dos gimieron al mismo tiempo, sus voces siendo una sola, al igual que sus cuerpos. España salió de él respirando dificultosamente, pero con una enorme sonrisa iluminando su rostro. Parecía satisfecho consigo mismo. Y debería estarlo, pensó Inglaterra, puesto que nadie le había causado tanto goce en una sola noche.

-Eres… resistente… maldito…-comentó Antonio, tumbándose en la cama, mientras volvía a vendarse el brazo.

-Sigo… sigo siendo Arthur Kirkland, swine. No puedo… ponerle las cosas fáciles a un bastardo español... Va en contra de mis principios.

El castaño dejó escapar una suave carcajada, cubriéndose con las sábanas… o con lo que quedaba después de que los dedos de Inglaterra hubieran rasgado parte de ellas. Aún tenía las mejillas enrojecidas y respiraba entrecortadamente. Estuvo a punto de decir que de aquella manera parecía una adorable jovencita, pero teniendo en cuenta que había sido él quien había actuado como una mujer, decidió guardarse el comentario para sus adentros. Se tendió junto al español, pasándole un brazo sobre la cintura. Retorció el cuello para poder apagar de un soplido el candelabro que iluminaba la estancia, sumiéndolos en la penumbra.

-Espero que no le tengas miedo a la oscuridad… Antonio.-susurró al oído de su compañero, ganándose un codazo de su parte.

-… Cierra la boca y déjame dormir.

{Antonio's pov}

España no sabría decir en qué momento se había despertado. La luz del Sol se colaba por la ventana, cuyos cristales seguramente estarían empañados por el rocío, molestándole aún a través los párpados cerrados. No quería abrir los ojos. ¿Y si al hacerlo descubría que lo ocurrido la noche anterior había sido un maldito sueño? Nunca había tenido uno tan vívido, pero… no se acababa de creer que hubiera tenido sexo con un hombre, y con Inglaterra concretamente. La cabeza le daba vueltas, notaba un intenso pinchazo en la sien. "No tendría que haber bebido tanto ayer" se recriminó a sí mismo "Luego te quejas cuando tienes resaca". Quería abrir los ojos, aunque el cansancio era más fuerte que su voluntad. Arthur le había agotado, aunque, recordó no sin cierta satisfacción, que él también le había dejado exhausto. Escuchó un ruido en la habitación, algo parecido al crujido de una puerta al cerrarse. Se incorporó abriendo los ojos por la sorpresa. A pesar de su dolor de cabeza, pudo comprobar dos cosas. La primera era que el lugar que había ocupado Inglaterra la noche anterior estaba vacío. La segunda era…

…que la esmeralda de su cuello había desaparecido.


Respuesta a reviews anónimas:

El yaoi gobernar el mundo- Bueno, ya pena no podrá ser XD, aquí la autora al final ha cumplido con más de lo que le tocaba (¿) y ha traído el lemon antes de irse a descansar. A mí me fastidia bastante cuando pasa cierto tiempo sin que se actualice alguna historia que siga y el escritor/a no ha dejado comentario al respecto, así que creo que avisar es imprescindible (aunque sea un simple: tardaré en subir el siguiente capítulo). Y sobre lo de España… mmm, en esta historia no xD. Cabe decir que entre estos dos, se suele poner (no siempre, pero si la mayoría de las veces) a Inglaterra como seme, por lo que me apetecía probar algo nuevo. Eso sí, en uno de los proyectos que tengo para un futuro cercano, un one-shot (Carnaval), tendrás a España de uke ^^


*corre a esconder a Arthur en algún lugar seguro y alejado del resto del mundo*

No hago más que dejar cliffhangers, ya no sé si es a propósito o no… Creo que se me han muerto la mitad de las neuronas para escribir esto, en serio. Normalmente escribir un lemon me cuesta, pero este… me ha matado del todo. Espero que haya merecido la pena y os guste ^^ Y sí, sé que este capítulo es bastante más corto que los demás, pero la mente no me da para escribir diez páginas de puro lemon, aunque la verdad es que me ha salido más largo de lo que esperaba.

Cualquier crítica/comentario/sugerencia/intento de asesinato (mientras solo sea intento), es siempre bienvenido.

PD.- me encanta la palabra "joder" y todas sus variantes, me suenan bien xD. ¿Se nota?

Ahora sí, aquí lo tengo que dejar hasta cuando vuelva.