Capitulo 2: El muchacho de ojos color esmeralda.
- ¡Les dije que no vinieran tan llamativos!
Reprendió un muchacho de ojos color esmeralda, que caminaba apresurado hacia la puerta que llevaba a la entrada del aeropuerto junto a sus dos amigos que en ese momento lo miraban algo extrañados.
- Harry, ¿que querías que hagamos?, precisamente en nuestros armarios, no tenemos ropas que no sean llamativas.
- Ginny tiene razón, y ante todo esto, ¿tú de donde has sacado esa ropa?
Pregunto un pelirrojo que en ese momento venia vestido con su mejor traje color azul oscuro y al lado de este venia un muchacha vestida con una falda y un saco color rosa pálido, que a lo lejos se veía que era muy cara su ropa, los dos llevaban consigo un par de maletas no tan pequeñas que digamos.
Ambos miraban muy extrañados a Harry quien vestía algo que jamás le habían visto usar, ya que un príncipe nunca se vestiría así, bueno al menos eso era lo que McGonagall siempre le había prohibido usar y el muchacho de ojos color esmeralda se preguntaba ¿Por qué?, si era cómodo vestirse así, aunque se sentía extraño.
Llevaba puesto unos pantalones de jean azules, una campera blanca y su revoltoso cabello estaba cubierto por una gorrita que tenia un pequeñito emblema del reino unido y con el llevaba una mochila…
- Bueno, es que hace mucho tiempo yo había planeado hacer esto, por ello me compre un par de cosas - él los miro de arriba abajo - pero no contaba con que ustedes iban a venir, y mucho menos vestidos así, dando entender que exactamente pobres no son.
- Ya Harry lo sentimos, pero es que de verdad no tenemos ropa así como la tuya.
- Si Harry pero esperamos comprar alguna cuando lleguemos al lugar donde vamos a ir - expresó algo preocupada Ginny.
- Es cierto, y ante todo esto Harry; ¿a dónde iremos? - preguntó Ron viendo como su príncipe paraba de caminar y se cruzaba de brazos.
- Muy buena pregunta – respondió pensativo el príncipe Harry.
- ¿Muy buena pregunta? - preguntó mirándolo ceñuda Ginny.
- Es que no me había puesto a pensar en eso - él sonrió algo intimidado por la mirada asesina de sus dos amigos.
Mientras tanto en Nueva York.
- ¡Hermione, ya llego Luna! - exclamó en ese momento una mujer de unos 40 años que salía de la cocina de su apartamento llamando a su hija.
- Si, si ya la vi mamá.
Una muchacha vestida con unos pants azules y una blusa verde salía apresurada de su habitación, su cabello estaba algo enmarañado y se notaba que recién se había levantado.
- Hija, apúrate o sino ya sabes como es Luna, se pondrá a gritar y la esta vez si que le echara agua.
- Si mamá ya me voy - la castaña tomo una tostada de la mesa, le dio un beso rápido en la mejilla a su mamá y antes de salir le dijo - voy a regresar un poco tarde mamá así que guárdenme algo de comer por favor.
Dicho esto un vendaval castaño salio cerrando de un portazo, sin si quiera responderle a su mamá que tan tarde llegaría.
- ¡Ya te estabas tardando! - gritó Luna Lovegood al ver que su amiga salía corriendo de su apartamento.
- ¡Lo siento! - dicho esto la castaña se sentó en el asiento del copiloto del auto de su amiga y sin mas la rubia arranco.
En dirección a la universidad.
- De verdad lo siento Luna, no quise hacerte esperar, es que ayer me quede leyendo un libro hasta tarde, y pues hoy me quede dormida.
- Oh, no te preocupes Hermione, ya estoy acostumbrada - la rubia le sonrió - desde que eres pequeña lo único que te hace desvelarte es un libro - mirándola divertida - ni siquiera un chico.
- Luna no comencemos - respondió la castaña mirándola ceñuda.
- Está bien, está bien, no dije nada.
Un silencio incomodo se filtro entre ellas, hasta que Hermione habló.
- Luna.
- ¿Si?
- Ya te dije que si tú encontrabas a un muchacho como te describí ayer, pues yo me lo pensaría, así que aún esta en pie lo que te prometí.
- Tú si que eres mala Hermione.
- ¿Por qué? - preguntó extrañada la castaña comiéndose su tostada.
- ¡Y todavía me preguntas por qué! - gritó Luna que al ver que su mejor amiga no le entendía le dijo - te lo digo porque tú lo que quieres es un príncipe, sabes muy bien que los chicos por aquí no tienen todas las características que tú me has pedido.
- Bueno, que yo recuerde tú dijiste que no había problema con eso, dijiste que ningún reto era imposible para ti, así que no te quejes.
- Muy bien - respirando profundamente - espero que si lo encuentro, tú cumplas tú promesa.
- Me ofendes Luna - añadió fingiendo molestia Hermione.
- Está bien entonces desde hoy - mirando su reloj - a las 8:10 de la mañana, queda firmado hablando figurativamente, el plan llamado: "Buscando el príncipe para Hermione".
Hermione rió al ver la sonrisa de abatimiento de la rubia, dándose cuenta que le iba ser difícil encontrar un muchacho así y mirando hacia el cielo, vio un avión sobrevolar los cielos y se pregunto, si realmente existiera ese chico, ¿ella seria capaz de cumplir su promesa?
En tanto en un avión que sobrevolaba el océano atlántico.
- Tengo hambre.
- Ron acabas de comer - le reprendió su pequeña hermana que estaba sentada a su lado.
- Ya lo se, pero nunca creí que en los vuelos comerciales sirvieran tan poca comida.
- Ten - Harry le ofreció una barra de chocolate - yo no la quiero.
- ¿Seguro?
- Si cométela, pero prometes dejar de quejarte por todo.
- Está bien - Ron recibió la barra de chocolate y sin mas empezó a comérsela -pero no me van a negar que los vuelos comerciales son un asco.
Él vio la mirada de su hermana y la del príncipe y decidió que mejor era callarse.
- Tú lo dices porque siempre has viajado en primera clase o en el jet privado.
- Ya lo se Ginny, y te diré que prefiero esos vuelos.
Ginny iba a decir algo más, pero se percato de algo y le susurro a su hermano.
- Bueno al parecer al príncipe no le molesta viajar en estos vuelos.
- ¿Por que lo dices? - preguntó extrañado Ron.
- Sólo míralo.
Dicho esto el pelirrojo miró hacia el lado de la ventanilla que era el lugar donde Harry estaba sentado y decidió por fin quedarse callado y ahorrarse sus comentarios, ya que el príncipe en esos momentos se había quedado dormido y se le veía tranquilo.
Quizás su hermana tuviera razón y decidió disfrutar del viaje lo mas que podía, además que le quedaba, él había decidido ir y no era momento de quejarse, no ahora que iban sobrevolando el océano atlántico, y si no se callaba su hermana personalmente iba a encargarse de lanzarlo del avión, a veces Ginny podía tener instintos asesinos.
Horas más tarde en el palacio de Buckingham.
- No se preocupe Lord Snape yo iré a avisarle al príncipe que usted quiere hablar con él.
- No Minerva yo mismo iré a la habitación del mocoso caprichoso para ponerle en claro algunas cosas.
- Esas no son maneras de expresarse del príncipe Lord Snape.
Ambos voltearon y vieron al duque Lupin parado mirándolos en el vestíbulo del castillo.
- Y yo le recomendaría a usted que no me diera consejos.
Ambos hombres se miraron desafiantes por un momento, pero fueron interrumpidos por una doncella que bajaba apresurada por las escaleras que dirigían al segundo piso, que era donde quedaba la habitación del príncipe, en su mano traía consigo una carta.
- Señorita McGonagall - la doncella hizo una reverencia a los dos hombres e inmediatamente miro algo asustada a McGonagall.
- Que maneras son esas de presentarse Mariam, ¿acaso no te he enseñado que no debes correr en el palacio?
- Lo siento mucho señorita McGonagall - mirando afligida a todos.
- Que pasa señorita, la veo muy afligida - preguntó el duque Lupin acercándose hacia la doncella.
- Es que…el príncipe Harry – tartamudeo la muchacha.
- ¿Que pasa con él? - preguntó con voz molesta Lord Snape.
La doncella miro preocupada a todos, y se tardaba en hablar por lo que Snape se exalto.
- ¡Por un demonio muchacha habla de una vez!
- Lord Snape, esas no son maneras de dirigirse a una persona - le llamó la atención McGonagall.
Ellos dos se miraron seriamente y no se percataron de que el duque Lupin le había pedido a la doncella la carta y luego de leerla llevaba un semblante entre preocupado y divertido.
- Retírate Mariam y gracias por el aviso - el duque Lupin le regalo una sonrisa a la doncella que sin mas hizo una reverencia y se fue.
- Por que le dijiste que se vaya Lupin, si todavía no nos ha dicho que pasa con el mocoso - reprocho Snape.
- Pues si lees esto - el duque le estiro la carta - sabrás que es lo que pasa con el príncipe.
Dicho esto Snape le arrebato la carta, McGonagall se puso detrás de él y los dos comenzaron a leer:
Me largo de este castillo, odio que todos me manipulen así que durante un tiempo me iré, pero no se preocupen por nosotros, regresaremos.
Ron, Ginny y yo estaremos bien, les pediré que no nos busquen, el lugar a donde vamos aun no está decidido y cuando lleguemos a ese lugar aun desconocido por nosotros, pues no me contactaré con ustedes ya que no quiero que se aparezcan.
Esto va especialmente dirigido hacia usted Lord Snape, que me imagino que en este momento debe estar queriendo verme para matarme con sus propias manos.
Señorita McGonagall lamento mucho escribir algo así, usted me ha enseñado modales y todo lo requerido para ser un príncipe, pero realmente necesitaba escribir esto aunque sea una vez en mi vida. No se preocupe por mi ni por los chicos, estaremos bien.
Bien ahora me despido y no se hasta cuando, se que mi padre y mi madre están de acuerdo con que yo me vaya, ya que estoy harto de que quieran hacer lo que les plazca con mi vida.
Déjenme tranquilo durante este tiempo que me voy y cuando regrese ustedes podrán hacer y decidir lo que quieran con mi vida.
Claro que si cuando regreso ya soy mayor de edad pues pensare seriamente en seguir teniendo un consejero real como usted Lord Snape.
Con cariño (Solo para la señorita McGonagall):
Atte.
Harry James Potter
P.S.: Juro que si intentan buscarme nunca me encontraran, así que quite esa idea de su mente Lord Snape, ya que yo si cumplo mis promesas y si no quiere quedarse sin príncipe, ¡DEJEME EN PAZ!
La carta termino totalmente arrugada en manos de Lord Snape que estaba rojo de furia y realmente en esos momentos deseaba con todas sus fuerzas de que el príncipe Harry estuviera frente a él para matarlo con sus propias manos.
- ¡Maldito seas Harry Potter!
El grito de Lord Snape se escucho por todo el palacio asustando a mas de uno, Harry Potter se había salido con la suya.
Mientras tanto.
Un pequeño niño se encontraba sentado en su cama, unos pocos rayos de sol se filtraban por su ventana y él los miraba ansioso y con una gran sonrisa, porque aún recordaba las palabras de su madre, aquel día era su cumpleaños y sabia que dentro de unos minutos su madre y su padre entrarían por la puerta y lo abrazarían.
Iba esperando mucho tiempo y ellos no llegaban, volvió a mirar hacia la ventana y aquellos pocos rayos de sol ya no estaban, vio como pequeñas gotas de lluvia chocaban contra esta y un rayo hizo que se sobresaltara.
Intempestivamente alguien ingreso a la habitación, era la señorita McGonagall y aunque ella casi nunca sonreía le sorprendió mucho verla en ese estado, estaba pálida y sus ojos cristalinos.
Se sorprendió mucho mas al sentir que ella lo abrazaba y sin más él miró hacia la puerta esperando ver a su madre y a su padre, se desesperó y sin más pregunto.
- Señorita McGonagall, ¿donde esta mi mamá y mi papá?
Sintió como la señorita McGonagall sollozó y se aparto un poco mas de él, pero antes de que ella le respondiera otra voz en la puerta le dijo.
- Ellos están muertos.
- Harry, Harry.
Una pequeña lágrima salió de sus ojos y al abrirlos vio una melena pelirroja.
- ¿Mamá? – susurró.
- Harry despierta.
Harry abrió mejor los ojos y puedo ver que aquella persona no era su madre, sino su mejor amiga y casi hermana Ginny hija de los condes Arthur y Molly Weasley.
- ¿Que pasa?
- Ya llegamos - ella le sonrió sin percatarse que él disimuladamente se limpiaba los ojos borrando todo indicio de que había llorado en sueños.
- ¡Ya! - él se sobresalto y arreglándose los lentes vio que los pasajeros estaban bajando.
- Vamos ya Harry, Ron ya bajo para ir a ver nuestros equipajes.
- Muy bien, bajemos.
Dicho esto él dio una última mirada a su asiento y sin más siguió a Ginny.
Horas mas tarde…
- Hay al fin terminamos, que feliz soy.
Una muchacha rubia se recostó en el suelo de su habitación estirándose aliviada.
- Bueno yo ya me voy Luna.
- ¿Qué, ya te vas?
Luna se incorporo viendo como su amiga acomodaba sus cosas en su mochila.
- Si, Luna ya es tarde y no quisiera que mi mamá se preocupe.
- Pero quédate a cenar, le puedo decir al chofer que te lleve a tú casa.
- No Lunita, hoy si no te acepto la rica cena que de seguro me ibas a invitar.
- ¿Y por que no?
- Es que mis padres hoy iban a llegar temprano a casa y quisiera estar con ellos un rato antes de irme a dormir.
- Bueno entonces si es así, déjame avisarle al chofer para que te lleve.
- No de verdad Luna, puedo irme solita además se me hace raro irme en una de esas grandes limosinas, voy a tomar el metro y de ahí voy caminando.
- Pero es peligroso.
- Luna ya te dije que no te preocupes además no es la primera vez que me voy sola - dirigiéndose a la puerta de la habitación - y antes de que sigas insistiendo me voy…nos vemos mañana Lunita.
- ¡Me llamas cuando llegues! - gritó la rubia viendo como la puerta de su habitación se cerraba.
Hermione Granger salio de una gran mansión ubicada en el mejor sector de la ciudad, era ahí donde vivía su mejor amiga Luna Lovegood, ellas estudiaban juntas en la mejor y prestigiosa universidad del país, esa universidad era cara y Hermione no era capaz de pagarla ya que aunque sus padres trabajaban no les alcanzaba para pagar.
Por ello Hermione postulo a una beca integral y saltó de alegría el día que se entero que la había ganado.
Ahora se dedicaría a estudiar lo mas que podía para no perder la beca, por eso se había prometido a ella misma que no se distraería con nada ni con nadie, solo estudiaría para ser la mejor y en un futuro no tan lejano obtener un buen trabajo, ganar el dinero suficiente para ayudar a sus padres y si llegaba a tener una familia encargarse de que a sus futuros hijos no les faltara nada.
Ella en esos momentos iba ensimismada en sus pensamientos que se extraño mucho al darse cuenta de que el metro ya había llegado al paradero donde ella bajaba.
Vio su reloj de pulsera eran las 8:30 de la noche aún no era muy tarde y podía irse caminando, iba tan concentrada en sus pensamientos que no se dio cuenta que dos hombres la estaban siguiendo.
Cerca de ahí…
- ¿Dónde era?
Un muchacho de cabello negro azabache iba caminando mirando para todos lados, todas las tiendas en ese lugar se le hacían parecidas, había dejado a Ron y a Ginny en una de esas ya que tenían que comprarse ropa, él se había aburrido de escuchar a sus amigos asombrarse por toda la diversidad de ropa que existía en esa tienda, así que decidió salir a dar una vuelta, previamente avisándoles a sus amigos, que estaban tan concentrados mirando la ropa que lo dejaron ir.
Y ahora media hora después de dar una vuelta decidió regresar a la tienda, pero había un pequeño problema, no recordaba cuál era.
- No puedo creerlo, me he perdido.
Estas palabras pasaron por sus pensamientos, volvió a mirar para todos lados y se dio cuenta de que mas adelante no había mas tiendas solo que estaba más oscuro y había edificios.
- Supongo que tendré que revisar tienda por tienda.
Él suspiro resignado, dio por última vez un vistazo hacia aquellos edificios que estaban separados por callejones, y vio que por ellos una muchacha caminaba tranquilamente sin percatarse que dos hombres venían tras ella.
Supuso que quizás eran sus amigos y sin darle importancia vio como ella se introducía por uno de esos callejones, dio media vuelta y estaba por caminar en sentido contrario cuando un grito lo alarmo y volteo nuevamente.
Desde ahí no podía ver nada y sin importarle que pudiera ser peligroso corrió hacia la dirección de donde provenían los gritos.
Minutos antes.
- Supongo que puedo cortar camino para llegar más pronto.
Esto lo pensó Hermione mirando un callejón por donde podía pasar para llegar mas rápido a su casa, no era muy grande y si caminaba rápido no pasaría nada.
Cuando apenas había ingresado al callejón, se arrepiento mucho el haberlo hecho ya que sintió como alguien la empujaba hacia la pared.
Vio a dos hombres mirarla con malicia, sintió mucho temor y decidió expresarlo gritando.
-¡Auxilio!
Uno de los hombres le tapo la boca pero ella le mordió la mano y volvió a gritar.
- ¡Deja de gritar estúpida que nadie te vendrá a ayudar!
Dicho esto uno de los hombres le tapo la boca y el otro saco una navaja y se la enseño a Hermione.
- Hoy nos divertiremos contigo.
H&H
Harry al escuchar esos gritos corrió para ver que pasaba, miró para varios de los callejones pero no había nadie, y recordó a la muchacha que ingreso por uno de ellos, y sin más corrió hacia allí, y al llegar:
- ¡Déjenla!
Aquella muchacha estaba siendo arrinconada a la pared por uno de los hombres y el otro le estaba mostrando una navaja y le decía.
- Hoy nos divertiremos contigo.
Ambos hombres voltearon a ver quien les estaba ordenando aquello y sonrieron divertidos al ver a un muchacho que no pasaba de los 16 mirarlos desafiante.
- Y que se supone que un mocoso como tú nos hará si no lo hacemos.
Y en ese momento él palideció al darse cuenta de que aquellos desgraciados tenían razón, él siendo un príncipe nunca en su vida se había peleado con nadie y mucho menos con hombres mayores y más fuertes que él.
Pero al fijarse en la mirada suplicante de aquella muchacha, decidió que pasara lo que pasara el trataría de ayudarla y sin demostrar temor respondió.
- ¡Déjenla en paz!, ¡o sino se arrepentirán!
Ambos hombres se rieron y uno de ellos aprisiono mas a la muchacha, él que tenia la navaja se comenzó acercar al muchacho quien presiono sus puños, suponía que si ese hombre se le acercaba tenia que pelear aunque no supiera como.
Aquel hombre se acercaba más y cuando estaba por lanzarse hacia él con la navaja empuñada dispuesto a matarlo fue cuando unas luces lo iluminaron y unas sirenas resonaron en todo el callejón.
- ¡Larguémonos!
El otro hombre libero a la castaña y salio corriendo del callejón, siendo seguido de cerca por su compañero.
Unos de los policías se percato de esto e hizo una señal a sus compañeros y sin más siguieron su camino, esperando atrapar a los hombres por la otra salida del callejón.
La muchacha que estaba muy asustada se dejo caer al suelo sollozando, Hermione nunca pensaba que eso le podía ocurrir, estaba tan asustada que no sintió como alguien se le acercaba y le decía.
- ¿Se encuentra bien señorita?
Hermione elevó la vista y con la tenue luz de una de las ventanas de los edificios, pudo ver dos orbes esmeraldas mirarla preocupado.
Aquel muchacho de ojos color esmeralda se agacho a su altura y estiro su mano, ella por inercia se aparto y él solo sonrió comprensivo y el dijo:
- Solo quería limpiarle el rostro - él le extendió un pañuelo blanco, muy blanco a su parecer y lo único que atino a decir fue:
- Nunca había visto un pañuelo tan limpio.
Aquel muchacho de ojos esmeraldas se sonrió y la castaña no supo porque pero se sintió por primera vez segura cerca de alguien que no fueran sus padres.
Fin del Capitulo
Hola aquí un nuevo capitulo de esta nueva historia.
Ahora voy a decirles algo: ¡Muchas gracias por todos los reviews que me han enviado!
De verdad soy muy feliz al saber que les gusta esta historia que mi mente loquita por ahí decidió hacer, se que muchos de nosotros hemos visto historias de príncipes que van en busca de su princesa por así decirlo, hay muchas películas sobre eso y yo he decidido hacer un fic pero mezclando todas las historias y poner ideas de mi parte, así que espero que les guste a medida que van avanzando los capítulos.
Ahora si me despido y como dije la otra vez por fis reviews no sean malitos.
Atte.
Usagi Potter
