Disclaimer: No, ni los personajes ni la saga Crepúsculo me pertenecen. Lo único que puede considerarse mío es la historia.
Be my Valentine III: Emmett
Por Lia Hale
Cincuenta años después de la transformación de Bella, los Cullen deciden sorprender a sus esposas con un pequeño regalo de San Valentín. ¿Qué habrá planeado cada uno de ellos?
El regalo de Emmett: un día humano
Cualquiera podría pensar que regalar algo a Rosalie era fácil: la materialista y superficial Rosalie Hale. Así era como todos la conocían, como la gente del exterior la veía, como ella quería que la vieran. Pero yo sabía cómo era ella en realidad, yo sabía que esa máscara era, tan solo, para ocultar su dolor, la mayor debilidad que tenía y que jamás expresaría en voz alta. No necesitaba el don de Edward para saber lo que Rose pensaba, ni tampoco que él me lo dijera. Sí, quizá fuera fácil elegir un regalo para ella: una nueva pieza para su coche, un coche nuevo, ropa nueva, zapatos…
Eso era lo que cualquier persona le regalaría a Rosalie Hale, a mi esposa. Cualquier persona, menos yo.
No, yo sabía que había algo que Rosalie anhelaba mucho más que un coche, que un nuevo motor o que cualquier otra cosa que pudiera comprarse en el centro comercial. No era difícil saberlo después de estar más de un siglo casado con ella.
—Em, ¿a dónde me llevas?
Sonreí y negué con la cabeza, por décima vez desde que habíamos salido de casa. Le había pedido que me dejara a mí conducir su BMW porque mi Jeep era demasiado grande para el lugar al que nos dirigíamos, y ella no había podido negarse, aunque me había costado un poco convencerla. Quizá nosotros no teníamos la sensibilidad de Jasper y Alice para comunicarse por miradas y sentimientos, ni la compenetración mental de Edward y Bella, que podían hablar en su mente, pero podíamos pasar horas y horas besándonos sin cansarnos y para nosotros eso era suficiente.
Éramos distintos al resto de nuestros hermanos, eso era claro. Nuestra relación era más física, más pasional, pero no superficial, como muchos podrían pensar. Amaba profundamente a mi esposa, y ella me amaba a mí, de eso no cabía ninguna duda. Yo también podría pasarme horas y horas perdido en sus hermosos ojos dorados, el primer recuerdo que tenía de mi vida como vampiro, de hecho, lo hacía, pero necesitaba sentirla, y había muchas formas de lograrlo. Edward tenía la costumbre de huir despavorido cuando evocaba momentos en los que mi necesidad física con mi esposa eran saciados; lo mismo sucedía con Jasper o Alice, uno porque podía sentir la lujuria que desprendíamos ambos y eso lo trastornaba, la otra porque podía ver lo que estaba planeando hacer con mi esposa, y yo podía entender que ciertas imágenes de tus hermanos era mejor no tenerlas en la cabeza, por eso solíamos pasar unas cuántas temporadas lejos del resto de la familia.
Pero no era todo eso lo que Rosalie necesitaba ahora, ni era lo que yo tenía pensado regalarle.
Llegamos a Seattle con el tiempo previsto, y la ayudé caballerosamente a bajar del coche una vez lo aparqué cerca del lugar al que la había traído. Pude sentir el jadeo de Rosalie al reconocer el sitio: un enorme edificio en cuya pared había un enorme cartel en el que rezaba: «PROYECTO PAPÁS».
Rosalie me miró con los ojos muy abiertos.
—Em…
—Vamos, nos están esperando —le dije, agarrándola de la mano y arrastrándola hacia el interior del edificio.
Sin rechistar, Rosalie me siguió en el más absoluto de los silencios, mirando atentamente cada rincón del lugar, hasta que llegamos a la recepción. Una anciana mujer nos miró fijamente tras sus gafas de montura clásica. Sabía lo que estaba pensando sin necesidad de escucharla: que parecíamos una pareja de modelos, que Rosalie tenía suerte de tener a un novio tan guapo y fuerte como yo, y que yo me había ganado la lotería al tener a una novia tan espectacular como ella. Probablemente también estaría pensando que quizá la apariencia no lo era todo, y que tal vez éramos demasiado superficiales por nuestro aspecto.
Mentira.
—Buenas tardes, señora. Teníamos cita con la Sra. Caughtman a las seis, a nombre de Rosalie y Emmett Cullen.
La mujer asintió y nos permitió pasar al despacho en el que Adele Caughtman, la directora de aquel centro y principal inversora del Proyecto Papás. Era una mujer de mediana edad y sonrisa amable, vestida de ejecutiva. Nos esperaba sentada sobre el borde de su escritorio, revisando algunos papeles que dejó sobre la mesa en cuánto nos vio pasar. Seguramente, por su cabeza pasaron los mismos razonamientos que por los de la secretaria.
—¿Son ustedes los señores Cullen? —nos preguntó.
Asentimos y tomamos asiento tras su silenciosa invitación.
—Bien, aquí dice que se casaron hace unos meses y que están pensando en tener hijos.
La mano de Rosalie apretó fuertemente la mía y yo le dirigí una mirada de aliento para que esperara. Me hizo caso.
—Como sabrán, el «Proyecto Papás» es un programa que permite a los jóvenes matrimonios, después de haber revisado atentamente sus historiales, por supuesto, pasar un día con uno de nuestros niños del orfanato para que se familiaricen con el cuidado de los niños y la paternidad. Aquí dice que ustedes quieren pasar toda la tarde y la noche con él y que lo traerán de vuelta a las diez y media, ¿estoy en lo correcto?
Asentí.
—Hemos revisado sus historiales y, aparentemente, son unas buenas personas. Tengo entendido que está usted estudiando Economía, Sr. Cullen. Y usted, Sra. Cullen, está estudiando Derecho.
Asentimos de nuevo, Rosalie por fin parecía tener capacidad para reaccionar.
Después de unas cuantas preguntas más en las que demostramos ser el ejemplar matrimonio recién estrenado de jóvenes deseosos de tener hijos, Adele Caughtman nos dirigió hacia el lugar en el que nos esperaba el niño que cuidaríamos el día de hoy, que resultó ser un bebé de un año de edad cuyos padres habían muerto en un accidente de coche. Los tíos del niño estaban en camino, pues vivían en Australia, y mientras llegaban, la Sra. Caughtman se hacía cargo de él.
—Éste es Evan Summers —nos lo presentó.
Miré de reojo a Rosalie, pero ella tenía sus ojos clavados en el pequeño Evan. Era castaño oscuro y sus ojos eran de un color verde oscuro que podía confundirse fácilmente con marrón, además, eran enormes y ahora nos miraban a mi esposa y a mí atentamente, lo que me causó bastante gracia.
Cuando salimos del edificio de la Sra. Caughtman, Rosalie se sentó en el asiento del copiloto con Evan en brazos. Estaba radiante y Evan jugaba con sus cabellos muy entretenido.
—¿A dónde vamos primero?
Apartó por primera vez la mirada de Evan para dirigir sus ojos hacia mí.
—Emmett, gracias —susurró.
—No puedo darte un hijo, Rose, pero esto sí puedo hacerlo: un día humano, cuidando de un pequeño bebé. No puede ser para siempre, por más que lo quisiera, pero puede ser por hoy, si eso te basta.
Me sonrió, con esa sonrisa sincera que pocas personas conocían y que a mí me encantaba tanto.
—Me basta. Mientras tú estés conmigo, me basta.
—Feliz San Valentín, Rosie —susurré antes de darle un pequeño beso en los labios.
Evan se rió y nos separamos, mirando al pequeño con una sonrisa.
—Creo que será mejor que llevemos al pequeño Evan a comer, no creo que debamos enseñarle según qué cosas —rió mi esposa.
Arranqué el motor del coche, riendo yo también. Ese era el mejor regalo que podía hacerle a mi bella esposa: un día humano, un día con un bebé. Quizá no podía cumplir su sueño y darle un hijo, pero ella me había asegurado que eso le bastaba por ahora y yo la creía. Sabía que Rose nunca viviría completa, siempre anhelaría ese ansiado niño que jamás podría concebir, y yo estaba dispuesto a pasar el resto de la eternidad tratando de llenar ese hueco de su parado corazón.
¿Cuál fue mi regalo? Ver a la mujer a la que más amo cuidando de ese hermoso niño, riendo y sonriendo en todo momento y por todo.
Rosalie Hale era mi regalo, ese San Valentín y todos, por el resto de la eternidad.
No necesitaba más.
Bueno, aquí está el regalo de Emmett a Rosalie, ¿qué os ha parecido? Me han sugerido por ahí, en los reviews, que haga también un capítulo de Esme y Carlisle, lo cual me ha dado que pensar y, ¿por qué no? Total, ya puestos.
Haré ese capítulo, e incluiré también el regalo que Jacob le hizo a Nessie y lo que pasó en ese viaje. ¡Espero que os paséis para verlos! Ya estoy empezando con el de Carlisle y Esme, lo tendré en uno o dos días, a lo sumo.
Otra cosa, me he dado cuenta de que clasifiqué este fic como Alice/Jasper, puesto que mi intención era hacerlo en fics separados, pero acabé subiendo el de Edward y Emmett aquí también, así que he "desclasificado" el fic, ya que, en realidad, trata de tres parejas, posteriormente de cinco. Nada más por ahora.
Espero reviews para ver qué tal.
¡Hasta pronto!
Lia.
