Tercer capítulo. X'3 Gracias a todos los que se han tomado el tiempo de leer y comentar, ya me había olvidado de la emoción que se siente recibir un Review y no sé cómo agradecerles. Pasaré a contestar en estos días, espero el trabajo me dé oportunidad.
Shingeki no Kyojin y todos sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. El único propósito del fic es entretener a quién lo lea y sacarme la maldita idea de la cabeza.
Mal de amores.
1.
Aquella mañana, Eren estaba especialmente animado en clases. Participaba, tomaba notas, realizaba cada ejercicio con gran ánimo. A Hanji le sorprendió mucho su actitud, seguro algo bueno había pasado.
Si bien ella no podía jactarse de ser la maestra favorita de todos, sabía que varios de sus estudiantes confiaban en ella y uno de ellos era Eren, aunque muy a su manera. Se acercó con el pretexto de supervisar el trabajo del muchacho, quien tomaba notas mientras analizaba unas muestras en el microscopio.
—Me agrada haber recuperado al joven Jaeger— Dijo la científica loca, mientras Eren volvía sus ojos a ella.
—Profesora Zoe, ¿por qué dice eso?
—Hanji, Eren, me llamo Hanji. — Añadió, revolviendo la castaña melena. —Llevabas un tiempo mostrándote muy raro. Eras algo así como un zombie, pero sin entrar en descomposición física y sin apetito de cerebros.
Eren sonrío divertido y se sonrojó. No se imaginaba que aquella profesora fuese tan observadora. Suspiró y volvió los ojos a sus notas. Hanji era tutora de su grupo, quizá era normal que estuviese tan al pendiente.
—Gracias por estar al tanto— Le dijo, con sinceridad, volviendo sus ojos para encarar a la castaña.
—No se te olvide que estamos para ayudarte, Eren. Me pagan por eso y es divertido, así que si algo te pasa no dudes en acudir a mí —Añadió, guiñándole un ojo mientras se aproximaba a otro de sus compañeros. Eren la observó y le dedicó una sonrisa.
2.
Erwin siempre creyó que las palabras "Tenemos que hablar" eran el anuncio de una mala noticia. Levi lo había citado en una cafetería de su propia facultad (Ingeniería) y el rubio se temía que su amante hubiese decidido por poner un punto final a su historia, generalmente Levi nunca lo citaba en una cafetería del campus y menos en una donde Hanji podría verlos. A Levi le gustaba ser discreto. Para su fortuna, el de cabello azabache llegó antes que él, así que no tuvo que pasar por la tortuosa espera.
—Hola— Saludó Levi, mientras Erwin tomaba asiento frente a él.
—Hola, Levi.
— Nunca he sido bueno con las sutilezas, Erwin, así que discúlpame si voy directo al grano. Quiero una cita contigo.
Erwin había estado sudando frío hasta que escuchó las últimas palabras de su amante. Levantó una ceja y sonrío extrañado. ¿Una cita? ¿Levi se sentía bien?
—¿Una cita?
—Entiendo que estés molesto porque toda la semana pasada no nos vimos, no es que te haya evitado a propósito, pero el tiempo me sirvió para pensar. Nuestra relación está estancada y si esto sigue así, no va a prosperar. Así que lo decidí, quiero salir contigo para conocernos más. ¿Qué dices?
—Claro, sí. Encantado…pero te equivocas en algo, no estaba molesto contigo. Sólo he tenido también mucho trabajo.
Levi miró al rubio como si no creyese del todo lo que decía, pero estiró su mano para alcanzar al otro. Erwin le sonrío. Cuando quería, Levi podía ser tierno.
—Podríamos ir al cine— Sugirió el de cabello oscuro.
—En el cine no se puede conversar o tener un momento más privado…tengo una idea mejor. Mi familia tiene unas cabañas cerca del Lago Rose. Podemos ir ahí a pasar el fin de semana, solos tú y yo.
Levi volvió a notarse tenso ante la propuesta de Erwin. ¿Eso contaba como una cita? Se encogió de hombros. Podría ser un buen comienzo para afianzar su relación. Lo único que no le agradaba es que sentía que no estaba aportando nada, salvo su presencia y eso no le representaba nada bueno. No era suficiente para él.
—Bien…yo me encargaré de ver qué podemos llevar para comer.
—No te preocupes por eso, desde que pensé en la cabaña se me ocurrió como solucionar el problema de las comidas. Pasaré a recogerte el viernes a las 5:00 p.m
—Sí, claro. Estaré listo.
—Tengo que irme ahora, Levi— Mencionó Erwin, tomando la mano del muchacho para besarle los nudillos —Voy a tener una reunión con el rector.
—¿Así que fue tu plan abandonarme a mi suerte tan rápido? ¿Qué hubiese pasado si yo tenía ganas de hacerte un drama— Preguntó Levi, mientras que Erwin revisaba que en el sitio no hubiese estudiantes para jalar a su pareja de la corbata y plantarle un beso en los labios.
—Te hubiese callado con un beso…o quizá le habría mandado un mensaje al rector para posponer la cita. Sea como sea, sabía que iba a ser rápida nuestra charla ¿qué no fuiste tú el que me prohibió ser indiscreto con lo nuestro?
Levi se sonrojó y desvió la mirada. Era cierto, él le había propuesto que nunca se citasen en el campus.
—Más tarde te marco para cenar juntos, me gustaría llevarte a un restaurante gourmet exquisito.
—Sólo si me dejas pagar …
—Quizá la próxima ocasión, Levi. De momento, déjame consentirte, no es frecuente que seas tú el que me pide salir.
Levi se sentía incómodo. Para un hombre tan independiente como él, tener un amante que quiera asumir el control de todo no le parecía sexy. Le parecía sólo el inicio del declive, más porque no era capaz de verbalizar lo molesto que le parecía aquello. Chasqueó la lengua y sacó su celular, necesitaba hablar con alguien, el consejo de alguien. Y esa persona era Hanji.
3.
Aquél no era un día bueno para Armin, el pobre muchachillo había olvidado los avances de un proyecto que se encontraba realizando con sus compañeros y eso era malo, muy malo. Para hacer peor la ocasión, se sentía incómodo. Eren no había bajado a reunirse con ellos y el resto de sus amigos estaba tardando, volvió los ojos a Marco, quién no paraba de reírse al lado de Jean. Sus coqueteos le estaban aumentando la jaqueca.
Por un tiempo, Armin había estado interesado en Jean: le parecía guapo y le gustaba su actitud de rebelde sin causa. Si bien nunca se atrevió a confesarle lo que sentía, tampoco es como si hubiese dejado morir su interés por el de cabello rubio ceniza. Le gustaba aún lo bastante como para pasar por alto el hecho de que Jean no dejaba de coquetear con Marco. Al inicio habían estado sólo ellos dos en la mesa, pero desde que Marco apareció, Jean se había olvidado incluso de comer.
—¡Hola, muñecas! — saludó Ymir, tomando de la mano a Christa, su novia. —¿Dónde está el pelos locos? — Preguntó al no ver a Eren en la mesa. Armin se encogió de hombros, ¿por qué diablos le tenía que tocar hacer el papel de violinista entre las dos parejas?
—Parece que no se va a reunir con nosotros, me mandó un mensaje que está trabajando en los laboratorios con la Dra. Hanji.
—A veces creo que a Eren debe de gustarle esa mujer, siempre está con ella— Se burló Jean, mientras que Marco negaba con la cabeza.
—Bueno, da igual —. Mencionó la morena, sentándose e invitando a su rubia novia a sentarse sobre sus piernas —. Escuché que los muchachos de la selección de futbol de Arquitectura hicieron una apuesta increíble. Hoy a media noche van a hacer una carrera contra la selección de Ingeniería en Sistemas.
—¿Y qué tiene eso de genial? — Preguntó Jean, mientras Ymir le dedicaba una mirada burlona
—Que van a correr desnudos y pensé que a este comité de mariquitas le gustaría saber.
—Gracias por el dato trivial, Ymir, pero en estos momentos tengo cosas más importantes qué hacer—. Espetó el rubio, recogiendo sus cosas para marcharse del lugar.
—¡Ymir! — Regañó Christa a su novia —. Incomodaste a Armin.
—Lleva días raro— Mencionó Jean, dándole una mordida al baguette que había pedido para desayunar y al que olímpicamente había ignorado desde que Marco apareció.
—Desde que Mikasa se fue de intercambio y Eren se la vive metido en los laboratorios, Armin ha estado un poco solitario— Agregó Marco.
—No creo que sea eso, a mí me parece que si se siente solo no es porque quiera a sus niñeras consigo…quizá quiere la atención de otra persona— insinuó la morena, algo que no pasó desapercibido por Marco mientras que a Jean no le importó en lo absoluto.
Hubo un silencio incómodo en el lugar, al menos hasta que Jean soltó una risita traviesa. Marco volvió los ojos a su amigo y después los dirigió hacia el sitio al que Jean miraba: a unos metros estaba Armin, rojo como un tomate, ayudándole a una rubia a recoger las cosas que aparentemente eran suyas. Marco pensó que quizá el chico, en su intento desesperado de huida, había chocado con ella… lo que no se explicaba era por que Jean estaba tan al pendiente de él. Imaginar que Jean pudiese estar interesado en Armin le hizo sentir un nudo en el estómago.
—Por cierto, Jean, ¿cuándo será la siguiente fiesta? En la última nos tuvimos que retirar muy temprano y un conocido me dijo que se puso mejor e incluso llegó la policía.
—No sé, tengo que hablar de eso con Eren. Yo le propuse hacer una este fin de semana, pero el imbécil está muy preocupado por lo que piensa el vecino de abajo. Incluso fue a hablar con él, ¿puedes creerlo? ¿Quién en su sano juicio va y busca al vecino gruñón para negociar el permiso de hacer una fiesta?
Ymir soltó una carcajada estridente ante el comentario de Jean, mientras que Marco recordó el incidente. Aquél día que fue a verles para asegurarse de que comieran algo decente, el muchacho había recibido una llamada de su madre, quien le pedía que no demorase tanto en casa de su amigo. Cuando se lo dijo a Jean, el rubio ceniza se ofreció a acompañarlo hasta la puerta y optaron por bajar las escaleras, cada minuto era valioso. Justo cuando bajaron al séptimo piso, se encontraron a Eren saliendo del apartamento del enano gruñón. A los dos casi se les cae la cara de la impresión y Eren sólo se excusó diciendo que había ido a disculparse por el ruido.
Entonces las piezas comenzaron a encajar en la cabeza de Marco: recordó el día que le confesó que estaba enamorado de alguien, el semblante de Eren al ver el automóvil del profesor Erwin Smith en la calle había sido terrorífico; después estaba el detalle de su "disculpa"; incluso Jean le había comentado que llevaba días raros. A Marco se le desdibujó la sonrisa del rostro, volvió el rostro a Jean y llevó su mano hasta la del muchacho para darle un suave apretón.
—Oye Jean, ¿puedo pasar a tu departamento en la tarde?
—Sí, claro, Marco. Sabes que sí— Respondió Jean.
Ymir volvió a soltar una carcajada, mientras Christa probaba su ensalada. Jean volvió los ojos a la morena, quién le miraba con una sonrisa retorcida y burlona.
—Jean, ¿hasta cuándo te vas a dar cuenta?
—¿Cuenta de qué?
—Pídele a Marco que te explique, quizá eso los ayude a dar un nuevo paso.
Jean le dedicó una mirada de fastidio a Ymir mientras que Marco fingía que algo muy interesante estaba pasando a su izquierda, de manera que Jean no notase su sonrojo; Christa volvió a reprender a Ymir. Jean estaba a punto de quejarse o alegar algo, pero para su fortuna llegaron Sasha y Connie a cambiar los ánimos.
4.
El reloj marcó las 7:35 p.m cuando Eren alcanzó el séptimo piso. Se sentía cansado y le dolía la cabeza, el proyecto de la materia "métodos numéricos en ingeniería" lo estaba matando. Todavía ni siquiera había hecho la mitad del trabajo y el avance se entregaba el próximo lunes, eso sin contar el montón de pendientes que tenía por aceptar las famosas tareas extraordinarias de Hanji. A veces odiaba carecer de tiempo libre, la única ventaja es que Hanji canjeaba los exámenes mensuales por trabajo extra en los laboratorios y a él le encantaba estar ahí.
Suspiró pesadamente y se masajeó la sien, mientras sujetaba el barandal de la escalera y se disponía a subir a su piso. Soltó un quejido sin querer y apoyó la frente contra el frío pasamanos. Le dolía demasiado la cabeza.
—¿Eren? — Escuchó una voz llamarle, así que volvió su vista y se encontró con la mirada azul de Levi —¿Estás bien?
Sí, sus temores estaban confirmados. Levi lo miraba, en una de sus manos llevaba las llaves de su casa y cerca de la puerta había varias bolsas de supermercado con víveres. El castaño pestañeó, como si procesara los datos. Le temblaba la mano que tenía sobre el pasamanos de la escalera y el corazón amenazaba con salir de su pecho, aquella era la primera vez que Levi lo llamaba por su nombre de pila.
—Sí, sólo me duele un poco la cabeza…— Comentó, sintiendo que algo le resbalaba de la nariz. Tardó un poco en recuperarse de la impresión, así que para cuando se llevó la mano para cubrirse la nariz Levi ya lo miraba totalmente horrorizado. ¿Por qué diablos le tenía que pasar algo tan vergonzoso frente al profesor que lo traía loco?
De pronto, todo sucedió como si fuese en cámara lenta. Levi se acercó a él y lo tocó. Era la primera vez que sus pieles se rozaban, que la mano del mayor se posicionaba sobre la suya para apartarla de su rostro, regalándole un choque eléctrico que le hizo estremecer. Vio a Levi abrir más los ojos…Eren esperaba no tener alguna secreción asquerosa.
—Aprieta la fosa y levanta la cabeza — Le ordenó el de cabello azabache —Te está saliendo sangre de la nariz. ¿Te sientes bien?
—Sí, sólo un poco cansado.
—No creo que por estar un "poco cansado" a alguien le sangre la nariz.
—Lo siento…
—No veo por qué te disculpas— Dijo el mayor, suspirando pesadamente. — ¿Hay alguien en tu piso?
—No lo sé…
—Tsk! Sígueme.
Eren obedeció, sintiendo que cada paso que daba lo acercaba al cielo. Levi abrió la puerta y se inclinó para recoger las bolsas del supermercado, Eren lo imitó.
—¿Qué mierda crees que haces? — Se quejó el mayor
—Las bolsas…
—Cuando te está sangrando la nariz, no debes agacharte. Ya tendrás oportunidad para ser amable. Ahora pasa y siéntate, mantén la cabeza hacia arriba.
El castaño hizo lo que se le pidió, se sentó en los sillones del recibidor mientras Levi se volvía por las bolsas y pasaba de largo a su lado. Tardó unos minutos en regresar, Eren aún no podía reponerse a la impresión de estar en su casa, junto a él. Lo observó intrigado, mientras el mayor procedía a desenrollar el baumanómetro digital que había comprado como "un merecido lujo en pro de la salud". Eren sintió la presión en su brazo, intentando calmar los latidos desenfrenados de su corazón porque sabía que eso lo reportaría el aparato. De pronto parecía que el universo conspiraba para hacerlo dichoso.
—Le agradezco mucho su apoyo…
—Tienes la presión ligeramente alta y no se diga la frecuencia cardiaca. —Espetó Levi, interrumpiendo al castaño, volviendo los ojos a los del menor —. Hasta cierto punto puede ser por el esfuerzo que realizaste al subir hasta este piso, pero que te haya sangrado la nariz no me da buena espina.
Eren sonrío a penas, si no estaba sonrojado debía ser un regalo de los Dioses; si lo estaba, una maldición. No sabía qué decir y tener dolor de cabeza no le estaba ayudando. ¿Debía decirle a Levi que no se preocupase o aprovechar la oportunidad para conversar con él? Odiaba no saber qué hacer o decir, si su amigo Armin estuviese en esa situación ¿qué haría? Él temía que Levi lo viese como un debilucho si le contaba que no era la primera vez que le sangraba la nariz en la semana, ni sería la última si seguía estresándose y exigiéndose de más.
—He estado un poco presionado por los proyectos durante los últimos días y no he estado comiendo bien. Creo que es una señal de mi cuerpo para que me relaje…o para que comience a usar el elevador.
Levi bufó al escucharle, mientras Eren hacía un esfuerzo sobrehumano para no sonrojarse aún más. Quizá había equivocado la respuesta, ¿ahora cómo le explicaba que no era malo lidiando con el estrés? Todo el mundo tiene un punto de quiebre, el suyo era él: lo que más estresaba a Eren era no saber cómo acercarse, cómo hablarle, cómo convertirse en algo más que "el mocoso de arriba al que le sangra la nariz por culpa de la escuela".
—Deberías organizar mejor tus tiempos, mocoso. No puedo creer que las generaciones actuales no sepan manejar un poco de estrés.
—Voy a comprarme una agenda y jerarquizar prioridades— Respondió Eren.
Levi se encogió de hombros ante la expresión del muchacho y desvío la mirada. No lo quería admitir, porque no era algo propio de él, pero cuando tocó la piel del muchacho sintió un impulso eléctrico recorrerle el cuerpo. Era como si su piel despertase ante la ajena, como si la llamase. Se reprendió a sí mismo por pensar aquello, ¿cómo rayos se le ocurría pensar de esa forma? Debía ser una broma de su cerebro. Aún así, no quería encarar al otro muchacho de momento, aunque fuese irracional, Levi pensaba que si lo hacía volvería a tener alguna otra idea fuera de lugar. Se entretuvo guardando el aparato, de pronto parecía que aquello era lo más interesante del mundo.
—Me agrado que dijeras mi nombre— La voz del mocoso rompió el silencio y lo obligó a verle nuevamente. Eren aprovechó para extender su mano y tomar una de las suyas. La corriente eléctrica volvió a hacerse presente.
—No pienses que eso te va a dar derecho a tutearme —. Espetó y apartó la mano. ¿Acaso el mocoso estaba coqueteando? No, quizá sólo era como cualquier otro mocoso de su generación: todos parecían ávidos por el contacto físico.
—Lo lamento, no es que quiera ser mal educado. Sólo pensé que fue agradable…nada más. Casi toda la gente me llama "Eren", sólo los profesores me dicen "Jaeger". Por eso, no sé, me gustó.
—Eren…— repitió Levi, desviando nuevamente la mirada. —Quizá en algo tengas razón, no soy tu profesor y por tanto llamarte por tu apellido pareciera fuera de lugar. Pero, sólo llamo por su nombre de pila a mis amigos, así que lo lamento mucho.
—Entonces podríamos comenzar a ser amigos…a mí me gustaría.
—Tsk! No sabes lo que dices.
Levi se puso de pie, tomó la caja del aparato y volvió los ojos a Eren, clavándole la mirada. De alguna manera, el muchacho no le desagradaba, pero el hecho de que quisiera su "amistad" le resultaba sospechoso. O el idiota se pasaba de amable o tenía dobles intenciones. ¿Cómo era posible que un universitario promedio quisiera la amistad de un tipo que le superaba en edad, con nada interesante a relatar salvo los menesteres de su trabajo? Si Eren fuese alguno de sus alumnos y conociera su currículum, podría comprender que sintiera cierta "admiración", pero cuando se trataba de un desconocido ¿cómo debía interpretarlo?
Suspiró pesadamente al darse cuenta de la mirada de decepción que tenía el joven, quién parecía ansioso por decir algo, Levi sólo esperaba. ¿Sería acaso que el otro pensaba que siendo amigos lo dejaría hacer sus ruidosas fiestas? ¡No tenía tanta suerte!
—Sé lo que digo… a mí me parece que usted es una persona interesante y agradable. Yo…bueno…no es que le esté pidiendo que salga conmigo a tomarse un café cada viernes. Sólo quiero poder platicar con usted, salir a correr, compartir cosas y aprender de usted.
Levi se sentía abrumado, cosa extraña en él. No pasó por alto la manera en que Eren dejó de "tutearlo", ni la expresión que tenía en el rostro: una mezcla de desesperación y angustia. ¿Por qué de la nada el ambiente estaba tan tenso entre ellos?
—Bien, como quieras… pero la amistad es algo que se construye, no se da por generación espontánea. No te puedo negar la oportunidad, aunque sí te puedo advertir: no soy una persona fácil, tampoco un universitario alocado que hace fiestas escandalosas. Soy el vecino gruñón e intolerante al ruido.
—Yo soy Eren Jaeger, universitario que no sabe manejar el estrés y que hace fiestas escandalosas en su piso.
Volver a ver una sonrisa en el rostro del muchacho le relajó, de alguna extraña manera. Suspiró pesadamente mientras pensaba en que quizá era un error dejar al chiquillo entrar a su vida.
—Eso ya lo sabía, Eren…puedes llamarme Levi, pero eso no significa que tengas carta abierta a comportarte como un imbécil cerca de mí— Agregó. Finalmente ¿qué caso tenía ser tan formal con el chiquillo? Aunque tenía sus reservas, tampoco es que tuviese nada en contra de él.
Quizá podrían tildarlo de paranoico pero ¿qué tal si aquél acercamiento por parte del menor sólo era para sacarle información que otros pudieran usar en su contra? Tendría que irse con cuidado…o consultar a un psicólogo. No era normal ser tan desconfiado. Quizá todo era culpa del mocoso, estar cerca de él lo hacía sentir nervioso de alguna manera.
—Gracias, Levi. Por cierto ¿saldremos juntos a correr mañana? Puedo pasar por ti.
—Debes ser suicida para pensar en correr cuando la lectura de tu presión fue alta. Quizá en vez de estar planeando la forma más lenta de morir, deberías checarte diariamente la presión — Dijo, para arrojarle el aparato a Eren, quién lo atrapó con facilidad. —Si sigue alta, te recomendaría ampliamente que te pongas tu uniforme de deportes para ir corriendo al médico.
— Está bien, lo haré. —Respondió Eren, sonriendo ampliamente como una colegiala enamorada. Levi suspiró pesadamente. —Supongo que de momento debo retirarme…necesito dormir un poco para que me deje de doler la cabeza. Muchas gracias por todo…al finalizar la semana le regresaré su baumanómetro — Dijo el universitario, Levi asintió.
Eren se puso de pie y el profesor no pudo evitar notar que era más alto que él, además de que tenía un cuerpo bien formado. Lo acompañó a la puerta, repasando mentalmente que se estaba poniendo él mismo la soga al cuello. Eren clavó sus ojos en él cuando estuvo afuera del departamento, por un momento parecía que esperaba un beso de despedida o algo tan cursi como eso. Levi bufó.
—Si amaneces con una presión arterial normal durante dos días, puedes venir al tercer día a buscarme para ir a correr.
—¡Claro! Si no amanezco bien, le mandaré un mensaje para que no me espere.
—Bien. Cuídate, Eren.
—Sí, gracias, Levi.
Eren le dedicó su mejor sonrisa y Levi cerró la puerta. No le gustaba en nada sentir que se le aceleró la sangre al ver aquella mueca llena de sinceridad e inocencia.
5.
Cuando Eren llegó finalmente a su piso, abrió la puerta y se dirigió a su habitación sin reparar en nada más. Escuchó las risas de Marco y Jean, quienes seguramente estaban jugando videojuegos en la habitación del cara de caballo. Se sonrío divertido. Paso a paso, Marco iba paso a paso.
Se tumbó sobre su cama y suspiró pesadamente. La cabeza le seguía doliendo, pero al menos había pasado uno de los mejores momentos de su vida. La piel que Levi había tocado se sentía caliente, además de que tenía el baumanómetro que el mayor le prestó. Abrazó la caja y sonrío complacido. No recordaba haber pasado un día tan magnífico desde hace mucho tiempo.
Lo único que le entristecía era no poder salir a correr con Levi dos días, se le harían eternos. Tendría que buscar alguna excusa… pero ¿qué? Suspiró y se puso de pie, tomó la caja del aparato y la colocó sobre la mesilla de noche. Eren jamás se imaginó que aquella simple acción le daría una idea: no tenía la más mínima noción de cómo se usaba el aparato, eso justificaba que volviera a buscar a Levi, lo único malo de su plan radicaba en que no sabía cómo se tomaría el hombre el hecho de que no se obedeciera su instrucción de medirse la presión en la mañana, además de que lo haría perder la preciosa oportunidad de salir a correr con él. Pensar en ello le hizo sentir mareado. No era momento para estarse preocupando por ese tipo de cosas, necesitaba apagar sus sistemas y descansar. Ya habría tiempo de pensar.
6.
Hanji se encontraba regando sus plantas cuando el teléfono sonó. La doctora ignoró los timbrazos y siguió cantando, paseándose con la jarra en las manos. En momentos así le gustaba jugar a sentirse Deméter, y como buena Diosa le estaba dando vida a sus plantas.
Quienquiera que fuese la persona al otro lado de la línea era insistente, o al menos eso pensó la mujer al volver a escuchar el timbrazo del teléfono. Hanji entró a su departamento, dejó la regadera en la barra de la cocina y caminó lentamente hacia la pequeña mesilla dónde reposaba el aparato.
—Casa Zoe, hable usted o quédese callado, igual le vamos a desear que pase un buen día— Dijo, divertida, escuchando un conocido resoplido al otro lado de la línea.
—¿Qué mierda hacías, cuatro ojos? Llevo todo el día buscando comunicarme contigo.
—Levi, buenas noches— respondió la mujer, intentando no reírse del enano furioso. Levi podía llegar a ser tan cómico y sin proponérselo —¿A qué debo el honor de tu llamada?
—Lentes de mierda— Espetó el bien hablado caballero. Hanji sonrío y tomo la extensión para llevársela al sillón, algo le decía que la plática iba para largo. Levi nunca la llamaba, a menos que estuviese a punto de tener un colapso nervioso —.Ya hice lo que me aconsejaste.
—¿Iniciaste un estudio sobre las propiedades de los hongos alucinógenos para cambiar tu humor?
—No, idiota…le pedí una cita a Erwin
—Y supongo que aceptó o ya me habrías reclamado que te doy malos consejos.
—Quiere que vayamos a unas cabañas.
—Suena sexy.
—Pues no lo es. Me hace sentir que soy su jodida prostituta.
—Entonces llévate un baby doll y muchos condones, no veo problema con ello.
—Tsk! Cállate, idiota. Estoy hablando en serio.
Hanji no pudo evitar una sonrisita. De un tiempo a la fecha, parecía que Levi la había adoptado como su doctora corazón, generalmente le confiaba aspectos de su relación que seguramente no compartía con nadie más. Hanji lo entendía bastante bien, ella tampoco tenía muchas personas a las que considerar amigos, aunque (a diferencia de Levi) sí que había mucha gente platicándole sobre sus vidas. Por momentos Hanji pensaba que quizá debió elegir estudiar psicología.
—Enanito mal humorado, ¿qué es en sí lo que te hace sentir como una bonita prostituta? Es normal que entre las parejas exista intimidad. Yo no debería decirte esto, siendo que ya lo sabes y de primera mano.
—No quiero tus sarcasmos baratos, cuatro ojos.
—Entonces dime qué pasa.
—No lo sé…ya no estoy entendiendo nada, Hanji. Erwin me gusta…pero siento que algo nos está faltando y no doy con esa jodida cosa.
Hanji se puso seria, desde un inicio algo en ella le dijo que la relación entre Erwin y Levi era extraña. Nunca había conocido a una pareja tan fría como ellos, aunque los dos parecían intentar ser diferentes. En un par de ocasiones les acompañó a cenar o pasear a algún sitio y nunca se sintió como un estorbo entre la pareja, de hecho se sentía cómoda en presencia de los dos. Sus salidas eran de colegas, Hanji jamás había logrado ver un momento en dónde el rubio alto y el enano perdieran el equilibrio sobre la fina línea de la amistad y la pareja.
—¿Estás pensando en dejar a Erwin, Levi?
—No… yo… ni siquiera sé ponerle nombre a esto. Quiero enamorarme de Erwin, Hanji; me gusta, me excita, pero algo en él me deja con ganas de más. Es como cuando tienes sed y tomas refresco, por un momento te alivia pero la sed no te la quita.
— Levi, tener sed es muy distinto a tener sentimientos hacia una persona.
—Estoy confundido, lentes de mierda, sólo quiero poner las cosas de forma que entiendas.
Hanji suspiró pesadamente, era muy raro tener a Levi tan parlanchín, aunque ella lo conocía bien y sabía que cuando hablaba mucho era porque se estaba sintiendo terrible pero no pensaba admitirlo. Ya era mucho decir que se estuviese sincerando con ella respecto a lo que sentía por el cejón que tenía por pareja.
—Levi, recuerda lo que hablamos y trata de ser optimista. Si quieres sacar la relación de su estancamiento, hay que tomar cartas en el asunto. Ve la cita como una oportunidad de nombrar eso que sientes, de hacérselo saber a Erwin. Que tu cita sea eso: un pretexto para seguir o para romper.
—A veces me parece que Erwin se adueña del control de todo. Eligió el lugar y va a elegir hasta lo que vamos a comer. Tsk! Me estresa.
—¿Y qué tiene eso de malo? Yo me dejaría mimar. Es su forma de compartirte lo que le gusta.
—Yo no lo veo así
—Entonces ¿qué quieres? Porque si no quieres dejar a Erwin, se supone que debes decirle a él las cosas que no te agradan para ponerle un remedio a los problemas. Supongo que no lo has hecho.
—No
—Bueno, es normal para un primerizo como tú no saber qué hacer. Espero que al menos te hayas mostrado emocionado ante él por la idea del viaje, aunque haya sido fingido.
—No soy muy expresivo, lo sabes.
—Ése es mi punto. Levi, sabes que soy de la creencia que el amor tiene una manifestación física como producto de las reacciones químicas. Si la sexy propuesta de Erwin no te hizo sentir como mínimo un calentón, estamos en problemas
—No te pongas a hablarme como si fuera uno de tus jodidos alumnos
—En mis jodidos alumnos encuentro más expresiones de euforia al ver una muestra de laboratorio comparado con tus reacciones al hablarme de lo bonito que follas con Erwin. Además, con ellos no hablo de calentones, siéntete especial.
—Tsk!
—Ya relájate, Levi. Mira el lado positivo de las cosas: si te hace sentir como una prostituta, al menos puedes agradecer que no eres sucia ni vulgar, eres una fina dama de compañía. No cualquiera es prostituta de lujo hoy en día.
—Si sigues diciendo idioteces, voy a colgar el teléfono, lentes de mierda.
—También te quiero, enano y te quiero bien. Por eso, antes de que cuelgues, un último consejo: ve a comprar ropa sexy, lubricantes de sabores y prepárate para la cita del sábado. Déjate querer. Habla con él, hazlo con él y permítete ponerle nombre a lo que sientes. Después del sábado puedes decirle que fue maravilloso, pero que te diste cuenta que no va a funcionar…o puedes agradecerle al espíritu de las cabañas por la experiencia.
—Quizá…ya veremos lo que pasa. Es tarde, cuatro ojos, tengo que irme
—Descansa y relájate. Mastúrbate o algo.
—¿Crees que me quedaron ganas de volver a ensuciarme?
—Esa es tu forma de aceptar que ya lo hiciste— aseguró Hanji, entre risas
—Esa es mi forma de explicarte que acabo de tomar un baño, idiota.
—Entonces ya duérmete, loco de la limpieza.
—Buenas noches, lentes de mierda
—Buenas noches, enano.
