Reto LJ: 30wars (El arte de la guerra)

Tema: #07 - La invencibilidad es una cuestión de defensa, la vulnerabilidad, una cuestión de ataque.
Pairing: Saji x Ryomou
Rate: T+
Título: "La paga"
Summary: "Ella se siente culpable por lo que hizo. Y le entregó su alma como paga."
Nota: Si quieren finales felices, este nooo es su fic xD Lo hice a pedido especial (?) de un amigo, así que dedicado a él va ^^!


#07

Sonrió al verla moverse en la cama. El cabello azul eléctrico despeinado, la palidez de su rostro, el gesto inocente que tenía mientras dormía. Pasó una mano por su cintura, abrazándola por la espalda, y acomodó las sábanas que cubrían su cuerpo desnudo.

Ella se estremeció, apretando las sábanas entre sus dedos.

– Buenos días, Mou-chan... – pronunció solemnemente en su oído, haciéndola temblar.

A modo de respuesta, ella se volteó, acurrucándose en su pecho.

– Tengo que irme... – murmuró él, rodeándola con sus brazos – Y no intentes convencerme de que me quede. Tenés armas suficientes para lograrlo...

– ¿A qué hora es el entrenamiento? – preguntó ella con voz ronca, estirándose en la cama.

Él deslizó los ojos por su cuarto, viendo los uniformes escolares de ambos tendidos en el suelo.

– Gaku-chan viene a eso del mediodía... – Saji hundió su cabeza en el cuello de ella, besándola y mordiéndola, logrando que ella tiemble entre sus brazos. – No estás ayudando...

– No voy a detenerte... – advirtió ella, pasando las yemas de los dedos por su espalda, apoyando su pecho contra el de él, cosa que al muchacho le envió un escalofrío que le recorrió la espina.

Él le besó la frente con calidez y ternura. Ella manoteó la ropa que tenía cercana y se incorporó, sosteniendo su peso en sus rodillas, sobre la cama. Abrochó con lentitud la camisa que tenía puesta, que le quedaba grande.

Saji tragó saliva al verla con su camisa.

– Si logro resistirme a tirarme encima tuyo de nuevo y no me arrepiento en el camino, vuelvo en una hora. – la vio tirarse de nuevo en la cama – No te duermas.

– ¿Y qué si me duermo de nuevo? – cuestionó ella, mirándolo.

– Puede que alguien entre mientras estés dormida, y quién sabe lo que podría ocurrir – le respondió el rubio, sonriéndole.

– ¿Y quién me asegura que vos no sos aún más peligroso? – repreguntó, apoyando el mentón sobre la palma de su mano.

– ¿Y quién te dijo que no voy a ser yo el que entre mientras estés dormida...?

Ella lo fulminó con la mirada, lo que causó que él ría por lo bajo y le acaricie la cabeza.

– Sos... - rió de nuevo, despeinándola – Sos tan diferente a todas las demás...

La sintió mover los brazos y las piernas, y cuando se dio cuenta estaba a su merced, atrapado por una llave. Bueno, sí, que tu novia te pueda destruír las extremidades sin sudar era algo que la hacía especial y diferente a las demás.

Ella sintió cómo él se relajaba entre sus brazos, haciéndole más complicado aplicar la llave. Vio cómo deslizó el brazo que tenía apresado, y la tomaba por las muñecas con una mano, dejándola bajo su control.

Ryomou le sonrió, entretenida, y movió las piernas obligándolo a trastabillar y caer, levantándose de un salto.

– Esto es injusto. Yo no soy invencible. – acotó él, desprovisto de su defensa, rodeándole la cintura con un brazo, atrayéndola a sí mismo – Me distrae que tengas mi camisa puesta.

– ¿Escaparías de una pelea sólo por una banalidad así? – suspiró a modo de respuesta, besándole el cuello, el pecho, y bajando...

Él abrió los ojos de par en par cuando la sintió. Ahogó un gemido ronco en su garganta, acomodándose para poder verla con tranquilidad. Le pasó las manos por el cabello, con una sonrisa de suficiencia pintada en el rostro.

– Mou-chan es mi debilidad. Siempre lo fue... – se incorporó, viendo cómo ella pasaba el peso de su cuerpo a sus rodillas y sus manos, apoyadas en las piernas de él. Saji cerró los ojos al sentir cómo ella incrementaba la velocidad – ... Desde la niña de cabello largo, impulsiva y orgullosa... Hasta esta pequeña tsundere- Ngh- – volvió a ahogar un gemido en su boca – Me estás reteniendo.

Ella asintió con la cabeza, volviendo a incorporarse para verlo a los ojos. Él la estrechó entre sus brazos de manera posesiva y protectora.

– Saji... – murmuró ella, amoldándose a su abrazo.

– Mou-chan es mi debilidad... – pasó los dedos por las hebras de su cabello, jugueteando con él – Es frente a la que soy más vulnerable... – le sonrió con calidez – Eso la hace la única persona que puede cobrarse mi vida.

– Lo voy a tener en cuenta. – la vio rodar los ojos y dejarse caer a la cama de nuevo.

Él se incorporó y comenzó a vestirse sin quitarle los ojos de encima. Sonrió para sí mismo, sintiendo que no cabía en sí de gozo, alegre porque la vida le había dado una segunda oportunidad, y con ello, un regalo... ¡Y qué regalo! "Regalo" estaba desperezándose en su cama, bostezando, y abrazándose a su almohada.

Abrió la puerta sintiendo una extraña sensación de vacío en el pecho, cerrándola tras sí al salir. No llegó a caminar muchos pasos en tranquilidad, ya que comenzó a escuchar ruidos extraños de cosas quebrarse cerca de la entrada.

– Saji Genpou y Ryomou Shimei en el mismo lugar... Es como matar dos pájaros de un tiro. – murmuró un estudiante de Kyosho, parado en la entrada.

– Tenemos que acabar con los cuatro devas. Que dos anden acostándose es ahorrarnos un viaje. Nuestros agradecimientos...

– Lamento arruinar la perspectiva de gloria... – murmuró Saji, quitándose el saco y arremangándose la camisa – Pero Mou-chan se va a poner de mal humor si la despierto para venir a enfrentarse a escorias. No es nada personal... Pero eso es trabajo de un hombre.

– Bueno, no sé si va a ponerse de mal humor... – uno dio un paso al costado, dejando ver a otro que sostenía el cuerpo inconsciente de Ryomou en sus brazos.

– ¿Cuándo...? – Saji apretó el puño, buscando su magatama con la otra mano.

– ¡Bocchama, no use la magatama! – se escuchó desde la lejanía.

– Suéltenla. – murmuró entre dientes, mirándolos con frialdad, decidido a no utilizar la joya. Se lo había prometido a ella, y lo iba a cumplir.

Poco a poco, cayeron uno, cayeron dos, y tres. Eran derrotados sin esfuerzo alguno, y sin arrepentimiento ni nada semejante.

– ¡VENGAN! – ordenó en un grito desaforado, hasta voltearse a verla.

Lo que vio desencadenó una serie de eventos que determinaron un antes y un después. Él no pudo contenerse al ver cómo desabrochaban sin cuidado la camisa que ella tenía puesta, pasándole las sucias manos por su cuerpo puro, pálido, e inconsciente.

– M- Mou- ¡QUÍTENLE LAS MANOS DE ENCIMA AHORA! – volvió a gritar, abriéndose paso entre los demás para llegar a ella, soportando golpes, patadas y palazos en su espalda.

Se deshicieron de lo único que le quedaba puesto: el parche.

– ¡Mou-chan! – cuando llegó a ella, enviando a volar con una patada a los que estaban en su alrededor, la cubrió con su cuerpo. – Te dije que no te durmieras...

Sintió cómo caían sobre él una infinidad de golpes, pero sabía que si se corría de donde estaba, iban a agarrarla a ella. En estado de semi-consciencia, le besó la frente. Ella pestañeó y abrió ambos ojos de par en par.

– ¿Saji...?

Saji supo que lo que aquello significaba. Cuando la miró a los ojos, cuando se encontró con su ojo maldito brillando con intensidad al ver que lo lastimaban a él...

– ¡S- Saji! – Ahora, la que sufría espasmos de dolor era ella. Él sabía que aquello era el fin. Sintió cómo ella lo empujaba a un costado con violencia, cómo se incorporaba usando sus pies y sus manos, como si fuera una bestia. Vio cómo los destruía sin piedad.

El dragón se había despertado. Había una sola forma de detenerla.

Sintió que un espasmo le recorría el cuerpo. El mismo dolor, el mismo ardor, la impotencia de dejarle a él luchar en su lugar. Cerró la mano en un puño, sintiendo cómo una nueva fuerza corría por sus venas... Rozando la magatama que se había puesto en el pendiente con la yema de sus dedos.

– Ryomou. – soltó él. Ella, inconsciente de sus actos, manchada de sangre, volteó a verlo. Emanó algo parecido a un gruñido, y arremetió contra él.

Ouin Shishi era poderoso... Pero, ¿enfrentarse a un dragón? Aquello se iba de las posibilidades de los guerreros normales. Se iba de las posibilidades de los mismos portadores de los dragones.

– ¡Reaccioná! – gritó él, pateándole el estómago, cosa que hizo que ría con malicia y se eche sobre él, tomándole el cuello con las manos. Él frunció el ceño, rodeándole la garganta con una mano, asfixiándola.

La risa maniática de Ryomou Shimei inundó el sitio, asustando hasta a las aves.

– M- Mou-ch-an... – soltó Saji con el poco aire que le quedaba. Con un último esfuerzo, le acarició la mejilla, sonriéndole.

Después de todo, yo me lo merecía.

Ambos cayeron al suelo haciendo un ruido seco.

– ¿Saji...? – la chica se incorporó, tapándose el ojo con una mano. No recordaba nada más que estar acostada en su cama luego de que él se fue. Miró a su alrededor, sin comprender a destrucción masiva que la rodeaba.

Deslizó sus ojos hasta el suelo, y lo vio. Negó con la cabeza. No llegó a contar cuántas veces murmuró 'No' por lo bajo, mientras se acercaba a gatas a él, temblando. Cuando colocó la mano en su cuello, buscando alguna señal de vida, pegó un alarido al cielo.

No respiraba. Su corazón no latía.

Se tomó la cabeza con las manos, sintiendo cómo la asaltaban las imágenes de lo que había hecho.

– No... No después de todo lo que tuvimos que pasar para estar juntos... Saji... No... ¡Saji! – se dejó caer sobre él, llorando como nunca antes lo había hecho.

No comprendía si la sensación que sentía en el pecho era culpa por ser el verdugo de quien más amaba, la angustia de saber por todo lo que habían pasado, todas las lágrimas que les había costado a ambos poder dejar de lado todo con tal de tenerse el uno al otro, o la tristeza de saberlo perdido.

– Saji... Saji...

Nadie jamás lo comprendería. Nadie se podría llegar a imaginar el dolor que sentía en ese momento. Sentir su cuerpo bajo el de ella, todavía cálido, y saberlo sin vida. Saber que ella fue la culpable de que él pereciera. Saber que habían sido sus manos las que lo habían privado del aire que necesitaba.

La atormentaba el recuerdo de cada beso, de cada caricia, de cada promesa...

– ¡Saji!

Saber que jamás iba a rodearla con sus brazos como lo hacía, saber que nunca más iba a decirle cosas al oído que la pondrían incómoda, que la harían sonrojar...

Gaku la tomó por los hombros, alejándola del cadáver. Bien él sabía que aquello significaba la muerte física de Saji Genpou... y la destrucción entera del alma que componía a Ryomou Shimei.

'Mou-chan es mi debilidad. Y eso la hace la única persona que puede cobrarse mi vida.'


– En realidad, no estoy seguro. Pueden ser horas, días, meses, años... Lo seguro es que perdió todas sus facultades.

Hakufu cayó de rodillas al suelo.

– Hay algo interno en ella... No sé cómo explicarlo... – Kada-sensei se hechó hacia atrás, exhalando humo – Es como si ella hubiera puesto un detonador en su mente.

Gaku golpeó la pared con el puño, intentando contenerse.

– Bueno, en resumidas cuentas... - continuó el médico, cruzándose de brazos – Hay un mecanismo de defensa que pasó por una suerte de juicio. Ella se siente culpable, y su cuerpo está tomando las medidas que cree que debería tomar.

Contuvo el aliento.

– Se está matando. Se está destruyendo por dentro. – apoyó una mano sobre las de ella, que miraba hacia un punto fijo – No se puede hacer nada, visto y considerando el estado de autismo en el que quedó... Pero Saji-

Cuando escuchó ese nombre, Ryomou se echó para atrás, arqueando la espalda como si estuviera siendo presa de un dolor repentino y fuerte.

– No hay nada que yo pueda hacer. Nadie puede redimirla... sólo ella.

Nadie decía nada en la lúgubre habitación.

– Él perdió la vida por su culpa, y ella le entregó el alma como paga por ello.