Declaración: Algunos de los personajes pertenecen a sus respectivas autoras (Kyōko Mizuki e Yumiko Igarashi), el resto pertenecen a nuestra activa mente, así como la historia aquí narrada. Una noche whatsappeando se nos ocurrió mezclar: música, letras, Candy y nuestro ingrediente favorito, Terry; entonces nació Angel of mine. Sólo por el placer de escribir y compartir. Sin fines de lucro. "Poison", canción interpretada por Alice Cooper y escrita por Desmond Child, John M. McCurry y Alice Cooper

By: Gissa A. Graham & AyameDV

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Angel of mine

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¡Hola bellas lectoras! Aquí ando de vuelta por fin ¡jiji! Agradezco mucho los mensajes que me han hecho llegar y que no me ha sido posible responder porque son de lindas personas que no tienen cuenta en FF, pero los leí y me hicieron muy feliz, ¡mil gracias!

Ahora vamos a lo que nos ocupa hoy…

Como mi adorada amiga Gissa Graham les comentó ya, esperamos les guste este espacio que ella y yo hemos creado especialmente; así no las traemos de un lado al otro ¡jeje! Y también como bien avisó ella, a partir de este capítulo, la clasificación del fic cambia a "M", ¡esto se pone intenso!

Ojalá les guste este capítulo, salido de mi loca mentecita n.n

Capítulo 2: Poison

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By: Ayame DV

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Por fin había terminado su turno, esta residencia si no la mataba la haría definitivamente más fuerte; por lo menos ya se estaba acostumbrando a trasnochar sin andar en calidad de zombie al día siguiente… "Algún día esta vida loca te va a pasar factura…", le había dicho Albert algunas veces, pero la chica simplemente fingía no haberlo escuchado y seguía divirtiéndose…

Esta vez ella y su grupo de amigos, entre los que se encontraba Annie, la muy peculiar diseñadora de interiores que conociera hace un tiempo, irían al Lure Nightclub; del cual decían era el más exclusivo club nocturno de la ciudad, amén de estar de moda entre los conocedores de la buena vida nocturna. Así que la rubia salió prácticamente disparada de su guardia y se llevó arrastrando a Patty, que aunque esta última no la seguía en su acelerada vida, sí volverían juntas a su apartamento, en donde la doctora Andley se prepararía para su acostumbrada juerga de fin de semana.

Una vez en casa, Candice tomó una siesta de media hora para luego meterse a la ducha y elegir después su atuendo; jeans ajustados blancos con una hermosa blusa de lentejuelas negra de cuello drapeado y escote pronunciado, con delgados tirantes, y unos fabulosos pumps negros. Se había levantado el cabello en una coleta alta, dejando algunos rizos sueltos enmarcando su hermoso rostro de porcelana, maquilló sus ojos con un leve delineado negro difuminado, para realzar los labios en un llamativo rojo ciruela… Estaba ansiosa por conocer ese lugar del que tanto hablaban, así que una vez que estuvo lista envió un mensaje a la chica Britter, ya que en esta ocasión pasarían por ella; y mientras llegaban se sentó a hojear una revista especializada en medicina cardiológica.

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El castaño estaba recargado en el cofre de su Aston, mirando el ir y venir de las olas frente al malecón, el viento jugaba a alborotar sus sedosas hebras mientras él miraba al horizonte fumando un cigarrillo… las últimas semanas habían sido un tanto desgastantes pues filmar una película era totalmente diferente a como era preparar una obra de teatro; era relativamente más sencillo, pues si por ejemplo una toma no resultaba como el director esperaba, simplemente se repetía hasta que fuera de su total agrado, y jamás estaban los espectadores frente a ellos mientras desarrollaban su papel; el teatro en cambio, exigía dar todo de sí, tener el temple de transformarse en alguien más frente a las personas, improvisar y pretender que no sucede nada si de pronto te equivocas en plena función… sí, el cine no es lo que él amaba y por eso el drástico cambio le estaba costando un tanto; pero a final de cuentas ya estaba ahí y era un profesional, así que cumpliría con su contrato, aunque eso significara exposición ante los medios para promocionar el filme, entrevistas y toda esa parafernalia que él tanto odiaba. Bufó un tanto exasperado, al menos su papel era un reto y le gustaba. Sonrió al imaginarse encarnando a "Bucky"… aunque el carácter del mencionado personaje era más cercano al suyo de lo que podría esperar, él simplemente no estaba buscando volverse popular con ese tipo de cine, además no le habían ofrecido ese papel por cierto - Definitivamente soy un nerd a veces… - se dijo, con su media sonrisa asomando burlona en su hermoso rostro.

Necesitaba volver a despejarse un poco de todo el ajetreo que le había significado tan apresurado impulso de aceptar hacer una película y la consiguiente mudanza, que aunque temporal, no dejó de ser estresante; afortunadamente en su actual ciudad él no era tan reconocido todavía, después de todo estaba en Hollywood, donde el teatro no tiene tanta relevancia como en Nueva York; al menos el común de la gente no lo ubicaba todavía ahí, así que debía aprovechar su provisional anonimato y pasar como gente normal, al menos mientras no iniciara la exposición mediática que suponía el filme de gran presupuesto en el que ahora estaba inmerso.

- Bien Grandchester, veamos a donde te lleva el destino hoy. – Dicho esto, se subió a su descapotable saltando sobre la portezuela y apagó el cigarro en el cenicero del coche, luego arrancó con rumbo al distrito de bares y restaurantes. Si últimamente se dejaba llevar por impulsos, ¿qué más daba irse a meter a un club nocturno por esta ocasión?

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Candy y sus amigos habían logrado entrar al Lure luego de pagar varias "propinas" a los porteros del lugar, y claro, también ella, Annie y las otras chicas usaron su encantadora sonrisa para que los enormes sujetos accedieran dejarlos pasar. Una vez dentro, la atmósfera estridente los envolvió, esa noche la iluminación era en tonos fríos: azules, morados, algo de rosa y turquesa… estaba atestado y el DJ obsequiaba con mezclas que ponían a bailar y saltar a todo mundo. El grupo de la Dra. Andley se acercó a la barra para pedir algunas bebidas, mismas que les fueron entregadas minutos más tarde. Se dirigieron entonces a la pista, empezando a moverse al ritmo de las notas escuchadas, la rubia llevaba una copa con un brebaje azul que decía ser una margarita de blueberry y Jenny, una morena de ojos marrón, una de sus amigas, le ofreció un cigarrillo que ella aceptó gustosa.

- ¡Este lugar es fabuloso! – decía una emocionada Annie, que se contoneaba alegremente dando sorbos a su vaso y mirando todo a su alrededor, con ávidos ojos de diseñadora, y claro, de cazadora.

- ¡Vaya que sí! – respondió Candice, también bailando y riendo con las tonterías que las demás decían –

- Deberíamos venir más seguido – agregó Diane, otra de las chicas.

- ¿Para qué? ¡Hay muchísimos lugares que todavía no conocemos! – exclamó la rubia, que sentía una notable ansiedad de no perderse absolutamente nada de su juventud – Mañana mejor vamos al Avalon – propuso, y los otros estuvieron de acuerdo, pero en ese momento, se dedicaron a bailar y a divertirse a lo grande; y pensaban seguir así hasta el amanecer.

Un rato después y del otro lado de la pista, llegaba un muy apuesto joven que de inmediato llamó la atención de todas aquéllas que tuvieron la fortuna de estar ahí en ese momento; con sus vaqueros gris oscuro ajustados y de corte recto a partir de la pantorrilla, botas Jeep tipo industrial negras, camiseta gris y chamarra de cuero también negra y abierta… entró con su presencia arrolladora y mirada penetrante, su cabello castaño a los hombros un tanto alborotado y un cigarro en la boca… Se mezcló entre la gente ignorando por completo las miradas depredadoras de las que era presa, estando acostumbrado a tales demostraciones, le fue muy fácil.

Casi de inmediato se le acercó una rubia de largo y lacio cabello, con mirada que pretendía ser dulce y sonrisa tonta, que llevaba un pequeño y muy ajustado vestido azul…

- Hola guapo ¿por qué tan solito? – fue la muy trillada manera en la que la chica con voz empalagosa quiso abordarlo; por supuesto el ojiazul la miró arqueando la ceja y dando una calada a su cigarro, sonrió de lado sacando el humo, antes de seguirse de largo sin dignarse siquiera a responderle, dejando a la mujer totalmente humillada y frustrada.

Avanzó un poco hasta llegar a la barra principal del establecimiento y ocupó uno de los bancos vacíos.

- Dame una Old Winter* por favor, en su botella - pidió al barman, que lo miró interesado.

- Inglesa ¿eh? Buena elección amigo – comentó al tiempo que ponía lo solicitado en la barra, frente a su cliente.

Terrence se limitó a asentir en un gesto de agradecimiento y dejando un billete tomó su cerveza, girando para quedar de frente al tumulto que se desarrollaba frente a él. Se recargó en la barra y dejó sus codos apoyados, paseando sus ojos zafiro sin fijarse realmente en nadie en especial.

Entonces sintió que alguien llegó a colocarse a su lado, y dentro del gran ruido escuchó que el sujeto pedía al barman: "Quiero lo mismo que mi amigo", lo cual lo obligó a mirar de reojo a su costado dando un buen trago al envase, para descubrir a un tipo alto y de cabellos azabache, que levantó su tarro como saludo. El actor hizo un ligero asentimiento con la cabeza y no le prestó más atención, hasta que el hombre se dirigió a él.

- Pensé que un tipo tan estirado y taciturno como tú no gustaría de visitar estos sitios – empezó a hablar, con ello definitivamente consiguió la atención del británico, pues no recordaba al de pelo negro, y él tenía una memoria prodigiosa.

- ¿Te conozco? – preguntó, con total desconfianza y rudeza.

El tipo sonrió ligeramente irónico, antes de terminar su cerveza de un largo trago y empezar a alejarse – No, tú no… -

Esto desconcertó un poco al inglés, pero decidió que tal vez no era tan desconocido después de todo; por lo que le restó importancia al asunto y continuó bebiendo y mirando alrededor. Se bebió un par más de cervezas luego de esa y sintió entonces la necesidad de mezclarse entre el mar de gente que ahí se divertía; caminando con su característico y arrogante porte y armado con una nueva y helada bebida, empezó a avanzar como mejor podía. Una pelirroja se atravesó en su camino y bailó un poco con él, quién con algo de ánimos de divertirse le siguió los pasos durante aproximadamente 10 segundos, para después seguir su camino dejando atrás la sonrisa embelesada de la mujer, la cual luego de eso, eligió un nuevo compañero de baile.

Así estuvo unos minutos que a él le parecieron una hora, hasta que de pronto una visión celestial apareció frente a él… una delicada y sexy rubia que bailaba derrochando sensualidad estaba a unos metros de sí, con esos jeans blancos que dejaban notar su estupenda anatomía… estaba atestado, las luces daban una atmósfera energética al lugar, y aun así, para él fue como si todo quedase en silencio absoluto al mirarla, se movía y reía entre sorbos a esa rara bebida azul que al parecer le encantaba a las chicas esa noche; se balanceaba al ritmo de la música y levantaba su brazo libre, sonriente… Entonces ella reparó en él, que sin darse cuenta había empezado a moverse al ritmo de la joven y como presa de un hechizo, el inglés se iba acercando a la rubia. Ella se quedó quieta unos momentos, mirándolo fijamente, no sonreía, solamente clavó sus enormes ojos en los de él, parecía mirar a través suyo con tal facilidad que lo estremeció. Entonces ella paseó su mirada por todo su rostro, deteniéndose un instante en los labios, y sonrió ligeramente y con ¿ironía? Luego de eso le dio la espalda para seguir en lo suyo… Eso lo descolocó momentáneamente, esta pequeña rubia no actuaba como el resto, que parecían ansiosas por llamar su atención. Si esto era un reto, esa chiquilla se arrepentiría, ¡como que se llamaba Terrence Grandchester!

Llegó hasta donde la mujercita y sus amigos bailaban, las compañeras de fiesta de ella de inmediato reaccionaron como era de esperarse, boquiabiertas y babeando como lobos hambrientos; pero a él solamente le interesaba la rubiecita, que parecía (o pretendía) no darse cuenta de que él la había alcanzado. Le quitó la copa con su azucarado contenido de la mano y la dejó en otra desconocida extremidad, logrando así que ella se volviese a mirar con rabia al atrevido; cuando lo hizo, sus ojos no mostraron emoción alguna que no fuera molestia, lo miraba hacia arriba, frunciendo un poco los labios y el ceño, pues con todo y sus tacones de plataforma del 13, él todavía le sacaba como 17 centímetros de estatura; esto no la amedrentó por lo que levantó más la nariz y a él le pareció divertida su actitud desafiante y gélida.

Ella lo miró de arriba abajo deteniéndose en la botella que él tenía en la mano, misma que le arrebató sin contemplación y mirándolo a los ojos, le dio un buen sorbo a la oscura y amarga bebida ante la entretenida sorpresa del castaño. Se la regresó limpiándose los labios con el dorso de sus dedos antes de hablar – No está mal - esto logró una risotada del ojiazul, que la tomó de la cintura para atraerla hacia él mientras apuraba lo que quedó de su trago, sin dejar de observar los grandes ojos de ella, y su boca, pequeña, carnosa y jugosa…

Tal vez era el alcohol que lo hacía ver más de la cuenta, pero sus ojos despedían llamas y de un momento a otro sintió que la piel le quemaba al tacto de esta chica, que no lo alejaba pero tampoco lo alentaba. No podía decir el color de los ojos de ella, pero sí podía percibir la intensidad de ellos, tenía algunos minutos de haberla visto y ya la deseaba como loco, la muchacha despedía un aura mezcla de sensualidad con ingenuidad y dulzura, era desafiante y traviesa, o al menos eso parecía…

Sus sentidos lo alertaron, era demasiado lo que estaba sintiendo en ese momento, intensas sensaciones que casi lo mareaban "¿qué diablos estás pensando Grandchester?" se recriminó a sí mismo, pero es que era tan bella que se sentía envenenado, dejó de pensar y aprisionó la boca de ella en la propia, con un beso atrevido y dulzón. No le sorprendió tanto el que ella se dejara llevar unos segundos y le diera acceso a su lengua húmeda y jugueteara un poco con él, lo que sí lo desbalanceó fue que al instante siguiente ella se desprendiera de él dándole un buen empujón pero sin soltar las solapas de su chaqueta…

Se miraban uno al otro y el resto desapareció, ninguno notaba las miradas envidiosas que hombres y mujeres dirigían a uno y otra. Él luchaba con el deseo que le subía desde su centro hasta la cabeza, apenas un beso y ya se sentía sediento de esa pequeña y rubia hechicera.

Candy por su parte, no estaba mejor; lo había visto y casi se desmayaba de la impresión, el tipo era sencillamente hermoso ¡y la miraba como si fuese un tigre a su presa! Cuando notó que se ruborizaba, (gracias al cielo que la iluminación no permitía ver eso) mejor se dio la vuelta, escapando de la seducción de esos profundos ojos y felinos movimientos de él. Al momento siguiente sintió su imponente presencia tras ella y que le quitó su trago de la mano. "¿Pero este tipo qué se creía?" Pensó molesta mirándolo directamente… hacia arriba pues el sujeto era enorme, era tan apuesto y esa sonrisa suya tan cínica la estaba derritiendo, pero mejor no demostrarlo, los sujetos guapos suelen ser también unos cretinos si descubren que te gustan.

Luego del intempestivo beso, en el cual ella sintió que se le iba el aliento y el piso bajo sus pies desaparecía, pensó que no estaba bien besarse con un tipo que apenas había visto y lo apartó de ella… pero entonces recordó que si no vivía la vida intensamente, esta se le podría escapar en cualquier momento, y ella no se iba a quedar con las ganas de probar nada, y mucho menos a este adonis que los hados le habían puesto enfrente.

Sin detenerse a reflexionar nada más, lo volvió a jalar hacia ella con una fuerza que sorprendió al guapo ojizaul, y atrapó sus labios para besarlos con avidez y asombrosa sed. Él, por supuesto no se hizo de rogar y la atrajo hacia él tomándola de la cintura y nuca; y saboreó los sedosos labios carmín… pronto se aventuró a dejar que su lengua explorase la húmeda cavidad de la rubia, que no opuso resistencia alguna, al contrario, participó activamente en la danza carnosa de probar cada rincón de esa deliciosa boca.

Cuando finalmente se separaron, una voz femenina se burló de ellos "¡Consíganse un cuarto!" les increpó. Terrence arqueó una ceja… no era mala idea en absoluto; miró a la rubia interrogante pensando que ella lo aventaría nuevamente o que al menos se lo pensaría dos segundos, esta noche estaba llena de sorpresas y la segunda se la llevaría en ese instante, pues la pequeña joven respondió a la pregunta en su mirada, con un desafío en la propia.

- ¿En tu casa? – fue lo único que preguntó, con una sonrisa franca y hermosa.

Terry se quedó de a cuatro, pero como buen actor que era, nadie se dio cuenta de ello, así que bueno, últimamente vivía de impulsos, y si no se dejaba llevar por este, que prometía una excitante noche al lado de la más hermosa chica que hubiera visto jamás, seguramente lo lamentaría.

- Vamos – fue lo único que dijo, y la mujercita le guiñó un ojo al momento que le pedía un instante para avisarle a una de sus amigas que no la esperaran. Luego fueron con la hostess a recuperar el bolso de ella y de ahí directo al departamento de él.

En el trayecto no hablaron mucho y llegaron rapidísimo a su destino, el Aston era un bólido y Terrence no estaba dispuesto a esperar demasiado para tener entre sus brazos a la exquisita chica o darle tiempo a que ella se arrepintiera; por ser la madrugada simplemente obvió los semáforos en rojo y llegaron en menos de 15 minutos a su apartamento.

Al entrar, apenas tuvo tiempo de cerrar con seguro y la rubia ya estaba colgada de su cuello besándolo con pasión renovada y sacándole la chaqueta con manos ansiosas y tibias. Él no perdió tiempo tampoco y la cargó de los muslos una vez que estuvo libre de la prenda, sin dejar de besarla, y la llevó hasta un amplio sofá donde la recostó con cuidado, tumbándose enseguida sobre ella, que jadeaba y paseaba las pequeñas manos por la espalda amplia de él. Mordiéndose el labio inferior en medio de una sonrisa lasciva, ella lo empujó un poco para desabrocharle el cinturón y el pantalón, y una vez que estuvo abierto meter las manos sin demora por dentro de la ropa interior ajustada y gris de él. Candy empezó a forcejear para bajar las telas y dejar al descubierto la virilidad del castaño, que estaba ya más que dispuesta a recibir atenciones, mismas que no se hicieron esperar, pues la tierna boca de ella dejó una lamida en el miembro, esto arrancó un gemido del chico, que estaba hincado sobre las piernas de ella. Luego, levantando la vista para sonreírle al tiempo que dejaba que su lengua saborease la suave y delgada piel de él también dejó que una de sus manos fuera al duro trasero masculino, que apretó con firmeza. Los pequeños besos, mordiscos y lamidas que ella daba hicieron su efecto rápidamente, por lo que el británico tuvo que obligarse a separar su cuerpo del de ella… y lo hizo para jalarla de modo de que quedara recostada, ella reía expectante… Terry entonces descubrió el torso de la chica, para deleitarse al darse cuenta de que no usaba prenda alguna bajo esa sensual blusa, y que la firmeza y tamaño que percibía, era natural y real. La besó en los labios de nuevo, y luego fue probando desde la quijada al cuello blanco de ella, y llegó a sus femeninos atributos para saborearlos a gusto, con manos y labios, lengua… Ella reía y jadeaba de placer, las sensaciones que él le otorgaba no se parecían ni remotamente a nada que hubiese experimentado antes… era como si este hombre llevara hielo por fuera y fuego por dentro, sabía dónde colocar sus manos, dónde besar y donde solamente rozar para tenerla al borde de la histeria. Desde donde estaba, el actor fue bajando de a poco hasta llegar a la cintura breve y frunciendo el ceño también procedió a deshacerse de los jeans blancos, y de paso lo que había debajo, con prisas, sin muchas contemplaciones, era puro instinto y pasión. Los zapatos de la rubia ya habían quedado tirados cerca de la entrada, por lo que no fue complicado sacarle las prendas, y menos si ella cooperaba tan bien, era tal la ansiedad que no esperó para poseerla, de una vez y firmemente se adentró en la intimidad de la doctora, que gimió alto por la intensa entrada y sus uñas se clavaron a la espalda de Terry, arqueando la propia y rodeando la cintura de él con sus piernas, dándole mejor acceso.

El ritmo fue rápido e intenso, entre gemidos roncos y jadeos sonoros de ambos, fue una entrega rápida y arrebatada en la que alcanzaron la cima casi al mismo tiempo… Al final, él seguía sobre ella en ese sofá, sosteniéndose con ambas manos para no dejar caer todo su peso sobre la chica, con los ojos oscurecidos por el deseo que aún no se consumía realmente…

Ella se sentía en el cielo en los brazos de esa maravilla de hombre, no sabía quién era y poco le importaba en ese momento; solamente sabía que le fascinó y que no habría dejado pasar la oportunidad de estar con él por nada del mundo… estaba sudorosa, pero sonreía fijando sus verdes y grandes ojos en los azules de él; la escasa iluminación no permitía apreciar los verdaderos colores de ninguno, pero eso qué más daba, el tipo era endemoniadamente guapo y era un increíble amante…

La chica lo miraba con fulgor en sus mejillas, pero con una profundidad en sus pupilas que le asustó por segundos, ¿qué estaba haciendo? Le gustaba, mucho… DEMASIADO, esto no estaba bien ¿verdad? Era sólo una mujer a la que seguramente no volvería a ver en su vida… pensar en eso le dio una especie de grima que no le gustó nada… la deseaba tanto nuevamente… ahora mismo… se saboreó y le obsequió una sonrisa de medio lado cuando la pilló mirando a su "amigo" con lujuria…

- ¿Te gusta lo que ves? – preguntó, con su característica arrogancia…

- Tanto como a ti lo que tú miras ahora – respondió ella, sorprendiéndolo con una voz que le pareció tan hermosa como su dueña; y que lo pescó con los ojos perdidos en su pecho.

- Touché – respondió galante

Entonces se levantó de su lugar, con las piernas un poco adormecidas pues nunca se sacó por completo los jeans, ni las botas… esto le dio el pretexto para alejarse momentáneamente. Se sentía mareado por la excitación y el deseo que esta niña le provocaba con solo una mirada. Tenía que resistirse, pero luego volvió a escuchar que ella le hablaba, cuando se volvió, la joven estaba sentada de forma bastante sugerente y ya no llevaba nada encima, excepto su maravilloso cabello suelto, con dos mechones cubriendo sus turgentes senos, y el resto cayendo en su tersa y alabastrina espalda.

"¡Demonios!" se reprendió él, porque sus deseos anularon su razón y ya iba de regreso hacia el sillón, de donde levanto a la joven con fuerza pero sin lastimarla, la volvió a besar con vehemencia y ahora sí se dio el lujo de pasear sus manos por toda la piel que alcanzaba, lo mismo que ella hizo; al parecer su trasero le gustaba pues dedicaba un instante más a sujetarlo… su sonrisa endiablada apareció, pero cuando ella iba a traspasar una frontera prohibida él le tomó las muñecas negándole con la cabeza…

- Mi turno – le dijo él y la llevó a la cama, en donde la dejó y se tumbó encima para devorarla cual león hambriento… sin embargo, la rubiecita no era tan pasiva y si bien en esa posición alcanzaba a sujetar bastante de la blanca piel del hombre, se giró repentinamente para quedar ella sobre él, colocándose a horcajadas encima del castaño y empezando a mover las caderas de adelante hacia atrás, sugerente, voluptuosa, lenta primero y luego con más velocidad… empezando otra vez la danza milenaria entre un hombre y una mujer.

Y la pasión se volvió a desatar hasta que juntos alcanzaron el clímax por segunda ocasión en esa noche… y repitieron la entrega una vez más antes de caer dormidos, no dejaron un solo centímetro de piel sin probar o tocar; entre ellos se había desatado un vendaval y sucumbieron ante él sin luchar demasiado…

Unas horas más tarde, ella abrió perezosa sus grandes ojos pues un rayo de sol decidió curiosear en su bello rostro, paseando por los párpados cerrados de la joven que competía en luz con él.

Candy primero se sobresaltó al encontrarse en un lugar desconocido, con el peso de una pierna entre las de ella, y una mano sobre su pelvis. Se giró, y sí, a su lado estaba ese espléndido joven con quien decidiera pasar una noche de pasión. Él seguía dormido, al parecer profundamente pues aun cuando la doctora se movió para acomodarse sobre su brazo y contemplar el maravilloso perfil de él, Terry ni se inmutó.

White suspiró; tenía ganas de volver a tocarlo y besarlo, pero la tentación era tanta que se asustó; después de todo ¿acaso una relación real podría iniciar del modo en el que ellos se conocieron? – Espera un momento Candice ¿pensaste en "relación real"? – se dijo a sí misma, espantada por el rumbo que sus deseos estaban tomando… se levantó con la mayor delicadeza que pudo para no despertar al bello durmiente, se vistió velozmente y tomando sus zapatos y bolso, huyó de ahí, con un creciente dolor que ella pretendió ignorar instalándose en su corazón por tener que alejarse; así se alejó del lugar, dándole una última mirada al muy seductor joven, que seguía en los brazos de Morfeo.

Un rato después, eran unos azules ojos con bellísimas betas verdes los que se mostraban al nuevo día, se desperezó estirándose cuan largo era y bostezó con ganas; luego miró a su alrededor, buscando al pequeño tornado con quien había pasado la más deliciosa noche de su vida, para no encontrarla.

Se sentó al borde de la cama, pasando una mano por su alborotado cabello y suspirando.

Sí… era mejor así ¿no? No supo siquiera su nombre… ¿la volvería a ver alguna vez? – Mejor que no, es veneno puro y si la vuelvo a encontrar… además, sólo fue cosa de una noche – se trató de convencer a sí mismo, justo como un rato antes hiciera Candy.

No, él no estaba listo para enamorarse, no deseaba hacerlo y esa rubiecita era peligrosa para su corazón…