Bueno, acá vengo con otro capítulo de Pequeño Asesino (: Sé que ha pasado mucho tiempo desde la última actualización, sin embargo, NO tengo pensado abandonar esta historia. Realmente. Así que no teman, no va a quedar abandonada ni inconclusa. Tengo muchas ganas de seguir escribiéndola, y así será.
Este capítulo contiene lemmon, y bastante explícito ;) Así que ya sabrán.
Besos!! *3*
La desolación y la angustia, que ocupaban un gran nudo en el estómago de Harry, se fueron diluyendo a medida que la pasión y calor aumentaban. Tomó a Severus de la nuca con fuerza para profundizar el beso, y comenzó a pasear la lengua por el interior de su boca con deseo. En verdad, esa era una de las cosas que más le gustaba hacer con Severus. Besarse. Algunas veces lento y dulce, cuando estaba cansado y necesitaba sólo algo que le brindara cariño en estado puro; otras, frenético y lascivo, anunciante de una apasionada velada donde se permitía perder hasta la consciencia. Le hubiera gustado ir de a poco, darse el tiempo para volverse a encontrar con ese hombre, pero realmente no podía soportar más aquel deseo reprimido. Severus acarició sus nalgas por encima del jean, tan redondas y hermosas como las recordaba, y como buen Slytherin que era, no perdió la oportunidad para apretujar ambas caderas. Harry estaba tan deliciosamente duro que se preguntó cómo demonios había hecho para vivir sin la sensación de aquel bulto clavado en su entrepierna, también angustiosamente hinchada. Gimieron de placer, sintiendo de repente un calor a cada rato más agobiante. Harry se despegó un momento de su boca para tomar una bocanada de aire, y de paso, intentar arrancarle la camisa a Severus sin molestarse en desabrochar botón por botón. El profesor casi sonrió por su arrebato; le excitaba verlo actuar de ese modo tan desordenado e impulsivo que él nunca tendría. Varios botones volaron por el aire, por lo que Harry pudo lograr su cometido y saborear con sus manos el torso bien formado de Severus mientras volvía a besarle la boca. Era gracioso, casi irónico, que nadie supiera que debajo de esas túnicas negras y aburridas que utilizaba el estricto profesor de Pociones, se encontraba un cuerpo sensual y hermoso esperando para ser adorado; aunque a decir verdad, Harry se sentía especialmente gozoso al sentirse el único conocedor (y dueño, en sus más profundas fantasías) de aquel tesoro. Abandonó su boca y fue directo a uno de sus pezones, lamiéndolo lánguidamente con la punta de su lengua. Sabía que al hombre le encantaba eso, y lo corroboró una vez más cuando sintió una mano enredándose en sus cabellos, animándolo a arremeter con toda la furia. Lo mordió con moderada firmeza, para luego succionarlo y chuparlo intensamente por unos momentos, hasta que lo vio bien erecto y colorado. Severus jadeaba con fuerza y lanzaba de vez en cuando exclamaciones que incluían su nombre. Sin embargo, no permitió que Harry continuara con su otro pezón; el joven aún estaba demasiado vestido para su gusto y él también necesitaba tocar. Le quitó la camisa rápidamente, aunque no de la misma forma impetuosa que Harry, y acarició con lujuria su espalda mientras atacaba su cuello a besos húmedos. Ahora era el turno del joven de suspirar y gemir de placer, mientras Severus le brindaba atenciones mucho más expertas y certeras que las suyas. Mientras se dedicaba alternativamente a los pezones y el ombligo, rozó sediento el trasero que tanto amaba deslizando una mano por debajo del pantalón. Estuvo tremendamente tentado de escurrir un dedo en su entrada, ya podía imaginar (o mejor dicho, recordar) el rostro sofocado de su amante ante la deseada intrusión... pero no quería ir tan rápido, a pesar de que su erección abultada no pensaba lo mismo. Harry se arqueó de placer cuando la lengua se introdujo en su ombligo, e intentó desabrochar sus propios pantalones para que Severus siguiera su camino en descenso sin ningún problema hasta cierta parte realmente necesitada. Pero el hombre frustró sus planes al tomarle las manos.
— Espera — pidió con la respiración agitada.
— No quiero esperar — replicó Harry con expresa desesperación.
— No te estoy diciendo que no vaya a continuar... — aclaró Severus con una sonrisa maliciosa. Le encantaba verlo tan joven, hormonal y desesperado por correrse de una buena vez, aunque en realidad su intención no era hacerlo rogar — Quiero preguntarte algo.
— ¿Tiene que ser ahora?
— ¿Quieres hacerlo aquí? — le preguntó suavemente, ignorando su exasperación y sin soltar sus manos - ¿O... en mi habitación de Hogwarts? En verdad quiero tomarte donde sea, pero no puedo desconocer que cada sitio de mis habitaciones privadas me recuerda a ti... y no sé, pensaba que quizás tú querías... tú sabes — titubeó.
Harry lo observó estupefacto. Severus... Severus quería hacerle el amor por primera vez desde su separación en el lugar donde habían conocido su propio paraíso secreto. Harry tenía los mejores recuerdos con el hombre allí; de hecho, también recordaba (ahora con verdadera gracia) sus múltiples castigos con el severo profesor Snape. Ahí había perdido la virginidad con el hombre que deseaba. Ahí había conocido luego las mayores y diversas dimensiones del placer, en cualquier sentido posible. Ahí también había conocido al verdadero Severus Snape, el que le había robado el... sí, el corazón. Porque lo quería, de eso no había duda. Y ahora, estaba próximo al "sexo de reconciliación", o eso es lo que él creía al menos, un momento importante, definitivamente para recordar, y Severus le proponía agendarlo en el lugar donde habían pasado las mejores cosas de su relación. Le excitó imaginar que quizá aquello formara parte de una fantasía personal de Severus. Y sin siquiera pensar en cómo harían para llegar hasta la bendita habitación, situada en medio de un castillo con protecciones que disolver, llevando a cuesta dos erecciones dolorosas y un deseo irrefrenable, Harry contestó "en tus habitaciones" sin duda alguna. En realidad, no había nada mejor que ser follado en donde había experimentado absolutamente todas sus relaciones sexuales, de la primera hasta la última.
Severus sonrió con marcado contento, y le apretó un poco las manos. Algo en su pecho se había agitado al ver los ojos verdes brillar con intensidad, como conmovidos, luego de su propuesta. Lo abrazó con fuerza y le dio un pequeño pero apretado beso. Cuando Harry volvió a abrir los ojos luego de perderse en las sensaciones, ambos se encontraban en Hogsmeade. Estrechó aún más a Severus al percibir el aire fresco golpeando en sus pechos aún desnudos. El profesor transfiguró dos piedras del camino en dos túnicas, agitando apenas su varita. Harry la tomó agradecido.
— ¿Entonces entraremos en Hogwarts así sin más... del modo normal? Es decir... ¿por la entrada principal?
Por algún motivo, creía que harían una entrada fenomenal, quizás a través de algún pasadizo, o que desafiarían mediante algún grandioso hechizo la protección contra apariciones de Hogwarts. Severus sonrió burlón, adivinando sus pensamientos.
— ¿Acaso creías que violaríamos las barreras mágicas de Honeydukes para llegar al sótano de la tienda y luego al pasillo que da acceso al tercer piso del colegio, o algo así? Creo que es más sencillo entrar normalmente — sonrió con aires de superioridad — Pero aún queda algo... Yo soy un profesor, puedo y debo estar en el colegio. En cambio tú... — sacó la varita una vez más y la colocó sobre la cabeza de Harry mientras murmuraba algo inentendible. El joven abrió un poco más los ojos al sentir algo fresco y húmedo deslizarse a partir del punto tocado por la varita — No pongas esa cara... he realizado un encantamiento desilusionador. ¿Supongo que sabes lo que es, verdad? — arqueó una ceja.
— Claro que sí — lo desafió el joven, mientras miraba su propio cuerpo. Apenas pudo distinguir sus manos, que ahora, al igual que el resto de su persona, se encontraban perfectamente camufladas con el oscuro paisaje.
— Bueno, entonces sigamos con lo nuestro — dijo Severus emprendiendo el camino hacia el castillo. Lo quiso tomar de la mano, pero terminó no haciéndolo pues eso los pondría en evidencia si se cruzaban con alguien.
Cuando pisaron el vestíbulo, a Harry lo recorrió un escalofrío momentáneo. Casi había tenido miedo de ser descubierto por Filch o su gata, siempre acechando por ahí cada noche, como si jamás durmieran; luego recordó con cierto alivio que el celador estaba muerto, y la Señora Norris siendo analizada en el Departamento de Cuidado de Criaturas Mágicas. Harry no se creía del todo seguro con el encantamiento desilusionador; el no percibir el peso de una tela envolviéndolo, separándolo físicamente del mundo, le hacía sentir como si pudieran descubrirlo en un instante, así que daba pasos inseguros deseando con todas sus fuerzas no encontrarse con nadie. Las clases ya habían empezado, así que ahora el castillo estaría poblado de cientos de estudiantes y unos cuantos profesores, por no contar con los fantasmas de cada casa y el insoportable Peeves. Cuando iban recorriendo las mazmorras, oyeron un leve murmullo. Severus frunció el ceño hasta lo imposible y apuró el paso hasta llegar al sitio donde se encontraban dos pequeños alumnos. A Harry se le cortó la respiración de los nervios y se quedó muy quieto en el lugar.
— Chen. Vannert — escupió el profesor de un modo tan terrible que los dos pequeños, que no deberían superar el segundo año, temblaron visiblemente — ¿Puedo saber que hacen que no están en la cama? Van a ser las diez... supongo que se darán cuenta que el toque de queda ya pasó.
Ambos comenzaron a balbucear nerviosos cosas inentendibles, por lo que luego de unos segundos Severus los calló con un gesto.
— Veinte puntos menos para Slytherin, veinte puntos menos para Ravenclaw. Chen, vuelve a tu torre; tú, Vannert, retrocede unos pasos y entra a tu Sala Común. Ahora — ordenó sin miramientos.
Los niños escaparon lo más rápido que le permitían sus piernas, y Severus y Harry volvieron a quedarse solos. El profesor permaneció quieto un segundo y continuó hasta su despacho sin mirar atrás. Harry lo siguió con el corazón aún latiendo con violencia. Suerte que sólo se hubiera tratado de dos pequeños e inexpertos niños.
— Así que un Ravenclaw y un Slytherin juntos, ¿eh? — se burló Harry cuando estuvieron en la seguridad del despacho de Severus — Al parecer las serpientes vienen cada vez más inteligentes... Ya se han dado cuenta de lo perjudicial que es mezclarse entre ellos mismos.
— Bueno, supongo que prefiero un Ravenclaw antes que un Gryffindor o Hufflepuff — lo desafió el profesor.
— ¿De veras? Pues yo pienso que los Gryffindor te encantan — dijo acercándose lentamente a él, con una gran y maliciosa sonrisa pintada en su rostro — Te enloquecen, de hecho... — le chupó el cuello con lujuria mientras le arrancaba esa molesta túnica. Otra vez disfrutó la sensación de tenerlo semidesnudo bajo sus manos.
— ¿Pero quién hubiera pensado que al Niño-que-vivió le calentaban los Slytherin? Con lo que los detestó años anteriores... — ironizó Severus con una expresión de infinito placer por los besos de su amante.
— Bueno, eso era porque el Niño-que-vivió nunca había conocido las deliciosas habilidades que los Slytherin poseían para ciertas prácticas... — el joven succionó un pezón con increíble fuerza, sintiendo que la pasión lo estaba desbordando nuevamente.
Severus lo volvía loco. No era sólo su cuerpo, tan caliente que hubiera excitado incluso a un heterosexual; era su voz ronca, sus palabras, su ironía, los suspiros casi imperceptibles que intentaba ocultar, pero que sin embargo Harry era capaz de sentir, apenas rasgando el aire... Sus ojos negros tan profundos, muchas veces brillantes cuando reía o cuando llegaba a la cima de su placer. Harry gimió al recordar aquel detalle tan erotizante. Quería volver a mirar esa expresión radiante, de profundo placer, cuando se descargara en su interior; la más fascinante que había visto en su vida. Harry podría mirar esa expresión por horas. Abandonó su pecho y se quitó su propia túnica, sintiéndose muy desesperado repentinamente.
Severus... Severus... — dijo ahora con tono suplicante, acariciando nerviosamente los hombros y brazos del hombre — Tómame. Tómame ahora, ya no aguanto más... Por favor...
Harry estaba que ardía. Jadeaba de mera ansia e insatisfacción, y su erección parecía crecer a pasos agigantados, abultándose dolorosamente en esos apretados pantalones. Si Severus no hacía algo pronto se tendría que consolar él mismo. El profesor lo observó durante unos instantes, deleitándose a la vista de aquella imagen tan maravillosa y excitante: Harry muriéndose de deseo por él, rogándole que lo tocara, que lo hiciera suyo.
— Entonces te preguntaré una última cosa — dijo lentamente, con los ojos brillantes por alguna emoción extraña, mientras desabrochaba los botones del jean de Harry para aliviar un poco su agonía — ¿Donde quieres que te folle exactamente? — Harry sonrió incrédulo, pero feliz al recordar los viejos tiempos donde lo hacían por todos lados — Hoy eres mi invitado de lujo, tú eliges — le dijo Severus también sonriendo con picardía.
— ¿Sólo hoy? — preguntó el joven suavemente.
— Hoy y todos los días que desees — le dio un beso tan profundo para ratificar sus dichos, que a Harry se le olvidó que le había hecho una pregunta — ¿Y bien?
Harry lo miró a los ojos mientras meditaba. En verdad, cada sitio de ese despacho o de sus habitaciones privadas estaba inequívocamente marcado por su pasión. Por eso hoy le había costado tanto estar en ese lugar, que le traía a la mente miles de pasajes eróticos protagonizados por él y Severus, cuando se había encontrado con el profesor y aún hablaban distantes. De hecho, pensó que si no fuera por el eficaz hechizo de limpieza, ciertas manchas hubieran sido muy visibles ante un ojo medianamente observador. Pero en fin, no había ningún sitio que tuviera una relevancia especial sobre los otros, salvo... la chimenea. Al lado del fuego, Severus le había hecho el amor por primera vez acostados en la piedra dura y excitante. Él también había elegido en esa ocasión. Por alguna razón, le había parecido mucho más original hacerlo en cualquier lugar que no fuera una cama, y por otro lado, era una noche bastante fresca en la que el calorcito de una hoguera se extrañaba. Más tarde, habían encontrado sitios más cómodos y también excitantes donde follar, así que no habían vuelto a tocar ese suelo tan sagrado, al menos, para Harry. Para el joven esa noche había significado el inicio de su actividad sexual con un hombre, y más importante aún, de su nueva y feliz vida con Severus. Y ahora, de cierta forma, iba a tener una segunda "primera vez" luego de estar tres meses separados...
Severus sonrió, interrumpiendo el hilo de sus pensamientos.
— ¿Has utilizado oclumancia conmigo? — le preguntó Harry casi riéndose — Entonces ya sabrás lo que quiero.
— Así que a un lado de la chimenea ¿eh? — murmuró el hombre asintiendo con la cabeza, como si le pareciera bien la idea.
Volvió a sonreír y lo abrazó apretadamente, besándolo en la boca y levantándolo ligeramente del piso. Harry gimió, aferrándose a su cuerpo con manos y piernas como si no quisiera despegarse nunca más, revolviéndole el cabello largo con una mano, mordiéndole los labios y enredándose con su lengua. Le acarició la piel desnuda de la espalda, musculosa y fornida, y frotó el pecho con el suyo creando una calor casi insoportable entre ambos estómagos. La leve y casi imperceptible fricción entre un pezón de Harry con el de Severus hizo gemir también al profesor, que encontraba esa parte ya resentida por los apasionados labios de su amante. Lo besó con una ferocidad bien recibida mientras lo acostaba en el suelo, a poco menos de un metro de la chimenea encendida. Liberó sus labios delgados, deliciosamente rojos e hinchados a esas alturas, y sintió un deseo tremendo de arrancarle los pantalones y la ropa interior y follárselo ahí mismo, sin más preliminares, preparación ni lubricante. Sentía su boxer ya mojado por unas gotas de semen, su erección palpitando perceptiblemente, como una bomba a punto de explotar. Pero no podía hacerlo. Harry no había elegido ese sitio por casualidad. Evidentemente, allí habían vivido un momento muy especial; o bien dicho, el primero de todos los momentos especiales, pues cada sesión de sexo con Harry era inolvidable y única por sí misma. La cuestión era que si el joven había elegido ese lugar tan específico, era porque quería volver a vivir un momento tan especial como el que había experimentado hace unos meses. Ciertamente, Severus no podía hacer las cosas rápida y descuidadamente, como si fuera una follada más. Tampoco lo deseaba. Él también quería disfrutar del momento, hacerlo durar lo máximo posible, pero sus necesidades carnales parecían tener muchísimo más apuro por concretarse.
Se inclinó sobre el cuerpo jadeante y sudoroso del joven, que no había dejado de mirarlo a los ojos ni un momento, y le besó el cuello. Harry hizo un extraño sonido de placer y echó la cabeza hacia atrás, suspirando ante cada apretón de piel con los labios, cada mordida suave y cada deliciosa succión que le dejaba una huella húmeda y fresca de saliva. Unos momentos después, el profesor se desquitó con sus pezones, que ante el duro trato se pusieron erectos y muy rojos enseguida. Harry se arqueó gimiendo su nombre. Alargó las manos como pudo para despojar al hombre del maldito pantalón que cubría su deseable cuerpo, pero Severus se lo impidió con una sonrisa. Desgraciado, no entendía que Harry iba a morirse si no lo penetraba ya mismo. Afortunadamente, sintió sus prendas deslizarse por las caderas, y luego la mano de Severus envolviendo su pene con firmeza. Ohh Dioss, pensó mientras la mano comenzaba a moverse en toda su extensión, con prudencia, para que no se corriera. Ya no pudo pensar mucho más, sólo conformándose con gemir y exclamar cosas inentendibles, arañando el suelo de piedra con las uñas. A su lado el calor de fuego lo hacía sudar con intensidad, perlando su piel de miles de gotas en el rostro y el pecho. Con las pocas fuerzas que poseía, apoyó los codos en el suelo para ver con sus propios ojos la labor de Severus. Harry había aprendido a hacer todas esas cosas maravillosas sólo viéndolo a él, y así podía brindarle una atención similar cuando le tocaba el turno. Severus pasó el pulgar por la punta apretando ligeramente, mientras se lo comía con los ojos. Harry era puro deseo, podía excitarse y correrse sólo con verlo gemir desesperado un rato. De hecho, una vez lo había descubierto masturbándose en su ducha, cuando creía que él no estaba a la vista, y se había descargado en sus propios pantalones cuando Harry había acabado con un grito ahogado, suspirando su nombre. Así de grande era su pasión por ese mocoso. A pesar de sus veinte años, Severus aún solía verlo como el jovencito inocente, desafiante y rompedor de reglas que había conocido en Hogwarts. Era por demás caliente ver que ahora tenía a ese mismo jovencito hecho una masa de jadeos y súplicas, vibrando de placer por sus atenciones.
Severus dejó completamente al descubierto el glande de Harry, rojo y apetecible con unas gotitas blancuzcas comenzando a deslizarse por la punta, y lo chupó repetidamente, cerrando los ojos de regocijo. Harry emitió un grito estrangulado y fue víctima de un temblor que sacudió perceptiblemente todo su cuerpo. La intensidad del placer le hizo derrumbarse y quedó nuevamente echado en el suelo sin fuerzas para volver a erguirse. La habilidad de Severus de tocar esas zonas certeras que lo hacían explotar de gozo era inigualable. Jadeó fuertemente mientras intentaba empujar la cabeza del hombre a más profundidad. Severus no hizo caso de la presión ejercida, y lamió con cuidado las dos bolas. El joven saltó levemente y ya no pudo evitar la imperiosa súplica que salió de sus labios:
— ¡Severus! — gimió casi al borde de la inconsciencia, pero al mismo tiempo frustrado — Hace un momento te pedí que... que me tomes... y no estás haciendo nada de... ¡Ahhh! — exclamó mientras sentía que su polla era totalmente engullida en ese boca caliente y húmeda que lo estaba transportando a otro mundo.
Se retorció de placer por unos minutos mientras Severus se movía de arriba a abajo, cada vez más rápido y profundo, soplaba la rugosa superficie o lo mordisqueaba con mucha suavidad. Sentía unas ganas enormes de venirse, y creyó estar a punto de hacerlo... pero conocía a Severus, y él no era un hombre piadoso como para permitir que se corriera y luego volviera a excitarse otra vez. Lo iba a hacer sufrir y controlarse hasta el momento de follarlo. Aunque también era cierto que Severus siempre se preocupaba de no dejarlo tan a punto, como para que la espera le significara una sollozante agonía, o que hubiera que hacer malabares para evitar lo inevitable, así que no tenía idea de lo que el hombre fuera a hacer en esta ocasión. Harry, personalmente, estaba hundido entre el mareante placer y la angustia de necesitar correrse desesperadamente. La verdad, dudaba que pudiera aguantar así hasta que Severus decidiera poner su maldito miembro dentro suyo.
— Severus... — gimió más falto de aire que antes — Severus, ya no... ya no puedo más... Me duele, tengo que... Por favor... — le suplicó, incitándolo a que lo hiciera llegar a ese profundo y breve momento de éxtasis.
El hombre lo evaluó con la mirada. Dudaba que Harry aguantara más de una estocada sin correrse estrepitosamente, por no agregar que su expresión era más de angustia que de placer. Deslizó lentamente una mano por todo su torso hasta llegar al cuello y acariciarle una mejilla cariñosamente. Estaba tan transpirado y caliente que daban ganas de pasarle la lengua hasta dejarlo seco... o aún más húmedo. Se agachó una vez más para succionar con inusitada fuerza su miembro, mientras acariciaba con deseo el trasero y muslos de Harry, que tenía las piernas flexionadas sobre la espalda de Severus con el fin de hundirlo completamente en su masa palpitante. El joven empujó sus caderas contra la boca del profesor para ampliar la sensación, y aulló mientras el orgasmo le sacudía todo el cuerpo. La descarga explotó dentro de la cavidad de Severus, bañando incluso sus labios de líquido blanquecino. El hombre se deshizo de él hasta tener la boca vacía, y luego pasó una mano por el miembro flácido de Harry para mojar sus dedos con algún pequeño resto. No espero hasta que el joven recuperara el ritmo normal de su respiración para comenzar a pasear un dedo traviesamente por los bordes de su entrada, sin llegar a introducirlo, empapándola un poco con el espeso fluido. Harry sonrió, notablemente en mejores condiciones que hace unos momentos, ansioso por sentir los dedos de Severus preparándolo, expandiendo las estrechas paredes para dar espacio a la polla que lo haría volar por las nubes más altas. Ambos se miraron fijamente por un momento, los ojos brillantes como si estuvieran esbozando una sonrisa sólo a través de la mirada, y se besaron, abrazándose apretadamente.
Harry sintió un cariño renovado por Severus, casi tan fuerte como el que había experimentado mientras él le brindaba todas las atenciones a su polla hinchada y necesitada de sus besos. Lo abrazó con pasión mientras dejaba que la otra lengua se moviera libremente dentro de su boca, dejándole un rastro del sabor amargo de su propia esencia. Severus abandonó repentinamente sus labios y lo miró con un deje de picardía.
— Chúpalo — pidió, enseñando su índice a escasos centímetros de la boca de Harry.
El joven sonrió descifrando a la perfección sus intenciones, y envolvió con toda su boca el dedo ofrecido. Severus jadeó un poco al ver a Harry mamando su dedo, realizando sensuales movimientos con su lengua sin apartar sus ojos brillantes y oscuros de lujuria de él, provocando un tirón muy sensible en sus partes bajas. Realmente le estaba costando trabajo controlarse; Harry ya se había corrido una vez, y podía continuar tranquilo y dichoso hacia un nuevo orgasmo, pero Severus continuaba con el mismo bulto palpitante y voluminoso desde hacía buen rato. Y Harry realmente no ayudaba con esos gestos y mirada tan obscena que le parecían exigir a gritos «¡fóllame!».
Cuando ya varios dedos de su mano estaban empapados de saliva, Severus dio por terminada la voluptuosa exposición, y volvió a comerle los labios, mientras deslizaba un dedo por su entrada de una sóla vez. Harry se estremeció y gimió tenuemente, mientras flexionaba una pierna para darle más acceso. Severus podía sentir que el pene del joven estaba nuevamente despierto e hinchado, al tiempo que dibujaba círculos dentro de la estrecha cavidad con su dedo, distendiéndola pausadamente. Insertó otro dedo ensalivado unos instantes después, realizando un movimiento certero para masajear de forma directa su próstata. Harry tembló y lloriqueó de placer, queriendo de repente fundirse con esos maravillosos dedos. Se sintió tan sobrepasado por la sensación que ya no encontró fuerzas para seguir besando a Severus, y se echó la cabeza hacia atrás musitando incoherencias en voz baja. Sus caderas parecieron cobrar vida propia, moviéndose frenéticamente para empalar su orificio en los dedos. La polla de Severus comenzó a palpitar peligrosamente ante el pálido y sudoroso cuerpo jadeando con extremada dureza y rapidez, follándose con sus propias extremidades, y aquella expresión de éxtasis puro y blanco, como si se encontrara en el séptimo cielo. Quitó sus dedos de la entrada de Harry, pensando que por fin había llegado el momento. El joven abrió los ojos como dos rendijas, volviendo apenas a la realidad mientras notaba que el profesor se deshacía de sus pantalones y ropa interior.
— Severus — susurró débilmente, con la necesidad de sentirlo a flor de piel — Severus, por favor, métela...
El hombre sintió más deseo por él, si es que era posible, y colocando las piernas sobre sus hombros con ansiedad, se clavó en él de una sóla vez hasta el fondo. Su respiración se detuvo por una fracción de segundo, disfrutando la limpia sensación de su miembro hinchado y goteante completamente envuelto, en medio del calor y la presión de esas paredes aún algo estrechas. Harry jadeó sólo una vez cuando sintió el primer impacto, y luego también se dio el tiempo para percibir esa plenitud y saciedad en el centro de su alma y en su próstata. Severus sonrió, acalorado, y comenzó a embestir una vez tras otra, estrujando los muslos del joven en sus manos y gruñendo de placer. Harry gritó muy fuerte, entregándose a los golpes que esa polla le propinaba, a la sutil sensación de humedad que saldría del glande de Severus, y a sus jadeos suaves y entrecortados, apenas perceptibles por sus propios y desesperados sonidos. Se movió contra el hombre, aprisionando sus caderas con las piernas y tomando el mismo ritmo. Si Severus no hubiera estado arrodillado en el piso, y él acostado, lo hubiera aferrado también con los brazos para intentar fundirse con su cuerpo y su calor. Gimió su nombre una y otra vez, como si fuera la única palabra existente en el mundo, como si el alrededor se hubiera borrado y sólo existiera Severus haciéndole el amor. El vaivén era tan placentero, tan apretado y sofocante... Era imposible que algo más existiera en su cabeza en ese momento.
Ambos jadeaban con extremada intensidad, les faltaba el oxígeno, pero eso no importaba. Necesitaban sentirse íntimamente unidos de esa forma tan dura, luego de unos cuantos meses sin sentir la piel del otro. Severus lo siguió penetrando más fuerte, más duro, mientras se inclinaba sobre el cuerpo de Harry sin perder el ángulo correcto de estimulación de la próstata. El joven se arqueó, muriendo de satisfacción al sentirlo cada vez más profundo. Notó la mirada de Severus fija en él a un escaso centímetro de distancia, y abrió los ojos. Lo observó durante un momento, perdiéndose en el brillo de sus ojos negros, sus mejillas apenas ruborizadas como jamás estaban, su rostro lleno de dicha. Si realmente él provocaba todo eso en el hombre con su insignificante presencia, pues se sentía inmensamente afortunado y feliz. Severus lo contemplaba con profunda fascinación. Hacer el amor con Harry era una oportunidad más para preguntarse por qué había sido premiado con semejante ser. Era tan hermoso, por dentro, por fuera, por donde se lo mirara; sus ojos verdes siempre eran limpios y serenos, y su sonrisa sincera le provocaba invariablemente otra sonrisa a él. No podía dejar de sorprenderse.
Harry le sonrió, y Severus salió de su embelesamiento mientras advertía que había dejado de moverse. Sacó totalmente su miembro de la caliente entrada y se metió otra vez por completo, sus bolas golpeando placenteramente las nalgas de Harry. El chico gimió, ahora aprovechando la cercanía para aferrarse a Severus con sus cuatro extremidades, clavar sus dedos en la espalda y manosear su agradable trasero. Severus le dio un beso húmedo y desesperado, gimiendo y mordiendo su boca mientras seguía haciéndolo suyo. No resistía más, ahora sí que no... La pasión simplemente era demasiada, y ya sobrepasaba todos sus límites. Metió la mano con bastante dificultad entre ambos cuerpos, y comenzó a masajear el miembro trémulo de Harry con fuerza, sin muchos cuidados. El joven abandonó la boca del otro contra su voluntad y emitió un jadeo tan intenso en el que prácticamente se le fue la vida. Tres estocadas acompañadas de frenéticos movimientos en toda su extensión acabaron con su consciencia, y gritó entrecortadamente mientras algo similar a la electricidad lo hacía vibrar con increíble fuerza, dejando su cabeza completamente en blanco en medio de un placentero delirio. Su miembro expulsó delgados y calientes chorros de su fluido contra el estómago de Severus. El hombre gimió al percibir el estremecimiento de su amante y lo abrazó con fuerza mientras unos enérgicos espasmos lo llenaban de pies a cabeza, y se descargaba en su interior en una embestida tan profunda que pareció llegar al alma de Harry. Dejó caer su peso sobre el joven totalmente, sin fuerzas ni para respirar. Harry emitió un leve quejido en medio de sus jadeos, y lo ayudó a tumbarse a su lado, del otro lado de la chimenea.
Permanecieron así varios minutos, aún sin regresar de esa realidad paralela que les había dado el orgasmo, medio adormecidos entre sus intensos efectos y el calor de las llamas. Harry se giró hacia un lado y miró a Severus por varios instantes, mientras intentaba recobrar la respiración. Se veía tan sexy, con el rostro completamente ruborizado, tembloroso e impúdicamente despeinado. Sonrió, feliz de tener acceso a un hombre como aquel.
— ¿Se puede saber por qué sonríes? — preguntó Severus con los ojos aún cerrados.
— ¿Cómo sabías que lo estaba haciendo? ¿Acaso tienes ojos en algún lugar que yo no sepa?
El profesor sonrió con arrogancia imaginando la expresión asombrada de Harry.
— No necesito observarte para saber que estás sonriendo. Ni siquiera oírte.
— ¿Eso significa que tienes un sexto sentido? — inquirió el joven con el ceño fruncido.
— No, sólo que tú debes emitir alguna energía extraña cuando sonríes… — Severus abrió los ojos para vigilar la expresión de su amante. La confusión presente en su rostro le obligó a morderse los labios por un instante para no reír — Era broma — agregó maliciosamente.
Harry meneó la cabeza con diversión, y se dedicó a mirar fijamente las llamas. Sintió la mirada de Severus clavada en su cuerpo, y sonrió con más ganas. Lo observó de reojo, y confirmó sus pensamientos al ver sus ojos negros inundados de deseo otra vez.
» Eres tan sexy… — susurró el hombre con voz ronca, atacando de repente su cuello como si fuera un vampiro necesitado de su sangre. No importaba su cansancio, el aspecto a recién follado de Harry lo volvía irremediablemente loco — Tengo ganas de hacerte mío una y otra vez…
Harry gimió mientras cerraba los ojos de placer. Aquella iba a ser una noche larga, pensó, aferrando con fuerza su cabello.
Harry se despertó muy temprano la mañana siguiente. De hecho, ni siquiera había amanecido. Suspiró de cansancio, disfrutando el calor de los brazos de Severus alrededor de su espalda y cintura. El hombre dormía profundamente, y no era para menos. Habían estado haciendo el amor durante varias horas, y Harry se sentía exhausto. Aunque notaba una sensación placentera en todo su cuerpo por lo vivido, estaba algo contracturado y le dolía el trasero. Se deslizó suavemente fuera de la cama, e intentó escabullirse hacia el baño, hasta que la voz de Severus lo hizo sobresaltar.
— No te vayas — pidió con voz profunda y adormilada.
— Sólo iba al baño.
— Sí, claro, pero luego te ibas a ir sin avisarme. ¿O no?
Harry permaneció en silencio un momento. Tenía pensado irse antes que el castillo comenzara a entrar en movimiento, y dejarle una carta a Severus explicándole lo ocurrido.
— Tú sabes que tengo que ir al Ministerio — dijo con tono de disculpa.
Severus abandonó la almohada, y se alzó con un sólo hombro para mirarlo fijamente.
— No me vas a decir que no puedes faltar un día — expresó con cierto escepticismo.
— ¿Qué? — preguntó el chico bastante extrañado.
— Vamos, ni que fueras un maldito auror a cargo del caso Filch. Eres un estudiante, ¿recuerdas? Hasta que no te gradúes, no eres lo suficientemente importante para ellos. No te echarán de menos, te lo puedo asegurar.
— ¡Severus! — exclamó Harry con el ceño fruncido — El hecho de que no sea imprescindible, no significa que falte cada vez que se me da la gana. ¿Tienes idea de la reprimenda que me echará mi entrenador si no asisto hoy? No lo conoces.
— ¿Desde cuándo te has vuelto un ser tan aburrido? Cuando estabas estudiando aquí, no hacías más que romper las reglas. Y ahora te has vuelto un mojigato que le teme a su entrenador — bufó el profesor con desdén.
— ¿Y desde cuándo tú te has vuelto tan irresponsable? — preguntó Harry bastante molesto — Jamás pensé que me incentivarías a cometer una falta tan grande. No estamos hablando de Hogwarts, donde el castigo es una quitada de puntos a Gryffindor o hacer alguna tarea indeseable, sino del trabajo. Del Ministerio de Magia.
— ¿Acaso no eres el niño-que-vivió? De algo tiene que servir ser tú. ¿No posees ni siquiera la ventaja de faltar de vez en cuando?
— Eso es justamente la imagen que no quiero dar — señaló Harry con verdadero fastidio — Muchas personas me odian sin conocerme, sólo porque creen que gozo de beneficios especiales por ser Harry Potter. Algunos creen que se me dio la oportunidad de estudiar para auror nada más que por mi nombre. Pocos saben que, como todos mis compañeros, dí una prueba especial antes del ingreso, práctica y teórica — hizo una pausa, y luego le lanzó una mirada dolida — Me molesta que justamente tú digas eso.
Severus puso los ojos en blanco, y se levantó desnudo como estaba, al igual que Harry, para tomarle las manos.
— No quise decir que gozabas de beneficios especiales. Es sólo que… no quiero separarme de ti. Hace tanto tiempo que no estamos juntos de esta manera, que no deseo dejarte ir y dije lo primero que se me cruzó por la cabeza para convencerte.
— Yo tampoco quiero irme, pero… lo cierto es que eventualmente tendré que hacerlo, y es mejor que sea antes del amanecer, cuando no haya nadie rondando por los pasillos.
— ¿Y si te digo que te doy una poción de invisibilidad momentánea para atravesar el trayecto desde aquí hasta la estatua de la bruja tuerta, en el tercer piso? Desde allí podrás acceder al sótano de Honeydukes, y luego aparecerte en el Ministerio. Pero sólo si te quedas, mmm… unas dos horas más conmigo — finalizó con una sonrisa pícara.
Harry no pudo evitar contagiarse ella.
— Al parecer hice bien en contarte sobre los pasadizos secretos que conectan Hogwarts y Hogsmeade, ¿eh? — suspiró — No puedo creer que los recuerdes con tanta perfección. Sólo te los enumeré una vez.
— Tengo una gran memoria, entre otras cosas — le sonrió — ¿Y bien, qué dices? ¿Te vas a quedar a desayunar conmigo? Ya no te estoy pidiendo que faltes, sólo un rato más aquí.
— De acuerdo — aceptó Harry con una expresión divertida — Debo elogiar tus grandes dotes para influenciarme a tu voluntad.
— No te influencio, sólo te pido que hagas lo que tú quieres hacer. Por eso es tan fácil lograr mi voluntad.
Severus lo abrazó, perdiéndose en el roce de su piel suave y caliente. Harry aún olía deliciosamente a sexo, como seguramente él mismo también.
» Aún es muy temprano para desayunar — dijo repartiendo besos suaves en su cuello — Ni siquiera son las cinco y media… deberíamos volver un rato más a la cama.
— ¿A dormir? — preguntó Harry sonriendo.
— No lo sé… ¿tú que quieres hacer? — Severus se apartó apenas para mirarlo, y luego lo besó con suavidad en la boca.
Entre besos y abrazos cariñosos volvieron a las sábanas. Cuando abandonaron la cama para desayunar, había pasado casi una hora y media.
Harry se echó cómodamente en uno de los sillones de la sala, sintiéndose feliz como hacía mucho tiempo no se sentía.
— Por lo pronto parece que tienes pensado esperar a que yo haga todo, ¿verdad? — dijo Severus con fingida molestia.
— Por supuesto — contestó el joven con una sonrisa enorme — Tú dijiste que era tu invitado de lujo… y los invitados simplemente esperan a que el anfitrión les sirva en todo.
— ¿Ah, si? — el profesor arqueó una ceja — Entonces espero que la próxima vez que vaya a tu casa, tú me sirvas en todo a mí.
— Claro, así será, profesor.
Severus bufó de la risa, y se puso a preparar café. Entonces, alguien golpeó varias veces a la puerta. Harry salió de su pose relajada y adquirió una expresión nerviosa.
» ¿Esperas a alguien?
— Por supuesto que no — dijo Severus algo extrañado — No recibo visitas tan temprano.
— ¿Qué hago, me escondo? — susurró Harry.
— Señor Snape, ¿se encuentra ahí? — bramó una voz masculina detrás de la puerta.
Harry y Severus se tensaron completamente.
— Sí, aquí estoy. ¿Quién demonios es? — preguntó el profesor de malas maneras.
— Albert Runcorn, junto con Eric Savage. Somos aurores. ¿Podemos pasar? Necesitamos hablar con usted y el señor Potter.
— ¿Qué…? — balbuceó Harry estupefacto — ¿Cómo se han dado cuenta que…?
— Hemos utilizado un encantamiento de presencia, lo sentimos — dijo el auror a través de la puerta — De cualquier manera, nos viene como anillo al dedo. Necesitamos hablar con ambos.
Severus lanzó una mirada preocupada a Harry, y fue lentamente a abrir la puerta. Al chico el corazón le dolía de tan fuerte que palpitaba. ¿Qué demonios estaba pasando? El profesor de Pociones se esforzó por colocar una expresión inmutable antes de dar paso a los dos hombres.
— Buen día — lo saludaron con una inclinación de cabeza.
Harry observó que uno de ellos venía con una soga en la mano, que seguía su camino en descenso hacia el suelo. Cuando paseó la vista por toda la extensión, abrió los ojos verdes como platos y el corazón pareció detenérsele, mientras se le erizaban los cabellos de la nuca presas de un frío repentino. Atado el otro extremo de la soga a su cuello, Kreacher caminaba con expresión malhumorada, mirando con verdadero odio al auror que lo arrastraba contra su voluntad, como si se tratara de un perro.
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