¡Mis reviews han aparecido! *llora* Soy lo más feliz que puedo ser un lunes habiendo despertando a las cinco de la madrugada sin luz. Muchas gracias a las personas adorables que me leen en este nuevo proyecto y dejan más comentarios. Graaaacias.
Espero que disfruten del capítulo. Breve, pero irán seguidos entre sí. Besos *guiño guiño*
Capítulo 2
Draco
Cuesta mirarlo a la cara. Cuesta mirar sus manos esposadas y darse cuenta de que esas mismas manos mataron a mis hermanos. Pero a la vez, sé qué es lo que debo hacer. Mi plan. Nuestro plan. Nuestro futuro.
Está en él, en el cazador Harry Potter, caer ante nosotros o no. Por el rictus de sus labios y la amenaza implícita en sus ojos, piensa que yo seré hombre muerto en cuanto él lo decida. Pero no es así. No funcionará así esto.
—Espero que hayas tenido un descanso agradable —me toca decir, interpretando mi papel, aunque lo único que quiera es saltarle encima, cumplir con mi trabajo de una vez, marcharme y no volver a ver su rostro hasta que no me vea obligado.
—Lo he tenido —sonrió, mordaz—. He soñado que os mataba a todos, y ha sido un sueño agradable.
No le doy la satisfacción de enfadarme. Mi hermana ríe con una nota histérica en el pasillo. Cuando la fulmino con la mirada, ella marcha, se va, agitando sus cabellos trenzados como una pequeña, lo que ha dejado de ser hace tiempo.
—Ese comportamiento no servirá con nosotros —digo, seriamente, acercándome hacia su cama. Padre me coloca una mano en el brazo, como deteniéndome de hacer una locura, pero no es una locura lo que deseo hacer. Se lo comunico con una mirada, y él me suelta.
—Os dejaré solos. Será mejor que os conozcáis —dice padre, y se marcha por donde lo hizo Azalea, sólo que él no corretea como niña: su espalda está recta, su barbilla alta. Digno, elegante.
Tomo asiento en el borde de la cama que se hunde ante mí. Eso consigue que el cazador se acerque un poco, y retrocede, como si fuera a contagiarle alguna peste. Yo sonrío, mordaz.
—¿No tienes algo que comunicar, cazador? ¿Preguntas que hacer?
—Muérete —escupe, y se aleja de mi contacto aún más, quedando de la otra punta de la cama. Pongo los ojos en blanco y jugueteo con el fino anillo rodeando mi dedo pulgar. Le doy tres vueltas en mi dedo, y el cazador se aferra a las muñecas, a las esposas que se tornaron rojas como si estuvieran en llamas, sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas, y cuando se acerca a mí hasta que sus piernas cubiertas por las mantas tocan mi cadera, recién en ese momento las esposas vuelven a su color negro original y su dolor mengua.
—No deseo que te alejes de mí, cazador. Tampoco deseo que me insultes —susurro, acercándome hasta su oído—. No deseo, por sobre ninguna otra cosa, matarte. Sería una complicación, y nuestro plan podría no volver a funcionar. Así que, si cooperas, podrás incluso disfrutar tu estadía en Awen.
Arruga los labios y se limpia las lágrimas con el dorso de las manos, como si quisiera fingir que no han existido nunca.
—¿Qué es "El Reino de Awen"? —pregunta. Yo sonrío. Al fin un poco de colaboración.
—Nos encontramos por sobre las nubes. El Reino de Awen se encuentra mucho más allá de lo que alguna vez vosotros podréis alcanzar. Awen no ha dejado el paso a los humanos, y todos los que han alcanzado alguna vez estos lugares han muerto por causas naturales. No es posible que un humano se encuentre aquí sin nuestra colaboración: el aire es escaso, el frío es horrible. Sus venas se congelarán y sus corazones se detendrán antes de llegar al Corazón de Awen. Aquí vivimos nosotros. Vosotros nos conocéis como dragones.
El cazador aprieta los labios mientras deja que la información fuera asimilada. Guardo silencio, pero en un impulso, subo mi mano hasta su cabello, tocándolo, apartando algunos mechones largos y ondulados de la frente.
Reacciona mal, muy mal.
—¡No me toques! —grita, lanzándome un golpe. Lo esquivo, aunque cabreado. ¿Qué demonios se creía este...?
Aferro sus manos y las detengo contra la cabecera de la cama. Trepo a su regazo, sentándome sobre él, acercando mis labios a su oído para susurrar:
—Créeme, tocarte es lo que menos deseo. Eres un vil y repugnante asesino. Has matado por el mero arte de matar, y no has tenido compasión con las almas que habitaban en aquellos cuerpos. Ahora el Kraka estará custodiando tu alma, dispuesto a llevarte al Averno, si cometes error alguno. Pero —y sonrío— debes aceptar que seremos esposos. Si lo asimilas, tal vez puedas darte cuenta de lo que hacen los esposos. Y no me interesan tus deseos —mentí con habilidad—, si mi Reino peligra, tú lo cobrarás.
Lo suelto y me levanto de él. Sonrío, ligeramente, y el cazador lanza un escupitajo. Mi expresión se torna cruel mientras limpio la saliva de mi rostro con el borde de la manga de mi túnica.
—Sufrirás —pronuncio, mientras me levanto sin volver las vueltas del anillo. A medida que me alejo sus esposas vuelven a tornarse rojas, su cuerpo se curva, y por más que desee oírlo gritar, no lo oigo.
Recién escucho los gritos cuando abandono el pasillo rumbo a las habitaciones de mi hermana, los sonidos agónicos resonando como si le estuvieran arrancando la piel. Con un suspiro desganado vuelvo las vueltas de mi anillo lo suficiente para tener un poco de libertad para él, lo suficiente para que yo pudiera moverme a mi antojo sin causarle tal dolor que treparía por sus venas como llamas.
Él no es el único prisionero en esta historia.
En este momento no sé si quiero tomar a Harry y abrazarlo, o tomar a Draco y abrazarlo más fuerte para consolarlo del golpecito que le daré en la cabeza. Estoy encrucijada, ay.
Espero que les haya gustado el capítulo. Si hay dudas, teorías, preguntas, cualquier cosa por la que sientan interés... ¡todo bienvenido!
Gracias por leer ;3
xxx G.
