Por la senda de la oscuridad

III

----------

----------

–Actitud de habichuela…–dijo la doctora, leyendo sus apuntes– eso es lo que yo llamo un sujeto extraño…

Levantó un momento la vista, y pensó. Si, no era nada del otro mundo; pero se notaba que algún temita no quería tocar. El desviar la conversación cuando lleva mal camino es un síntoma claro de estar huyendo de algo. La pregunta clave es…¿de qué huía Shaoran Li?

Se acercó a una de las ventanas y contempló como una llovizna caía sobre el cableado. Se sentía…rara. Algo en ese sujeto era llamativo…quizá fuera su loción. O quizá…fuera que usara sin ninguna clase de vergüenza calcetines de diferente color. Rió un poco y volvió a su fiel bloc de notas, llegando a una conclusión muy clara.

–Hay que hacer que hable. Y para hacer que hable…es necesario conocerlo mejor

¿Y eso no iba contra el profesionalismo?

Bien, esa era su parte lógica. Aquella parte que no podía desenmarañar lo que constituía como caso clínico aquel escritor; y lo decía especialmente por aquella escenita en uno de sus libros. Si su memoria no le fallaba, era la de La sombra en la arboleda, donde en un funeral todo un arsenal de instrumentos comenzaron a tocar música por arte de magia ante un maremágnum de gente que por poco cae víctima de una embolia. Con semejantes cosas en la cabeza, si se podría preguntar por lo menos si su salud mental existía. Y en medio de tamañas elucubraciones el teléfono comenzó a repiquetear.

–¿Si?

¿Qué hay, Sakura? –reconoció la voz de Meiling, la editora al otro lado de la línea

–Meiling, hola…¿qué hay de nuevo?

Llamaba a preguntar lo mismo. ¿Cómo viste a mi primo?

–¿Es primo tuyo?

¿No se nota el parecido?

Negó en silencio

–Amm…

No importa. ¿Está muy mal?

–No podría darte un diagnóstico muy específico ahora. Necesito valorarlo más a fondo

¡No puede ser! –disparó la mujer, como si acabaran de desahuciar a su primo

–No te preocupes…apenas tenga un avance lo sabrás

¡Mil gracias, Sakura! –y cortó

Se acercó a su estantería, y pudo percatarse que faltaban unos cuantos ejemplares. Si…los libros que se había llevado a su consultorio. Por un instante, volvió a sumergirse en sus fantasías acerca del misterioso hombre de los calcetines…y su terrible secreto. Volvió a sus apuntes, y a lo que había escrito respecto de sus novelas; en alguna parte debía encontrar un patrón que la condujese a algo concreto…que la pusiese en la vía del patrón oro, haciendo una analogía con el mago de oz.

–Tiene que haber una forma…–susurró, retomando el camino de su sillón favorito–…y tengo que encontrarla

----------

----------

Otra noche infructuosa intentando escribir algo. Pero cual mula terca, no salía nada de su agrado. Y una vez más, la trash can recibió su regalo. En verdad, la situación comenzaba a volverse desesperante. Se sentía como un mudo…que está urgido por hablar, y no puede. Quiere escribir, pero literalmente no puede.

–Esto es el colmo –se levantó de su silla y encaró al muro– ¡esto es el colmo!

Pero estaba seguro que ni dándose cabezazos contra el muro lograría sacar algo más que sangre y seso. Con resignación cerró, y apagó sistema tanto sistema como luces. Subió a su habitación…y se encontró la ventana abierta; era curioso, juraba que la había cerrado.

–Ese sonido…–miró hacia la oscuridad de la montaña– ese instrumental…

No, no otra vez, suplicó su mente. A duras penas podía con su alma como para que le pusieran un peso más encima. Se balanceaba peligrosamente en lo que él jocosamente llamaba la cuerda floja de la cordura. Un instante de duda, y caería del lado equivocado; pensándolo bien, era mejor si no caía de la cuerda. Pero cuando la vida no ayuda, es porque definitivamente no va a ayudar.

–Algunas veces quisiera…–murmuró, desencantado. Cuando, por arte de lluvia, todas las luces se fueron. Toda su casa quedó al abrigo de la oscuridad. Suspiró y caminó con cautela hacia el baño. Se lavó un poco la cara…y volvió para recostarse, buscando algo de sueño. De buenas a primeras, la sesión del día le llegó a la mente; pero no por la sesión en sí.

Sino por la doctora en sí. Esa mujer era…escultural, a falta de una palabra mejor. Y con lo que se pone…ni para qué imaginar el resto, porque tendría que subirle el rating a sus pensamientos. Giró sobre su espalda, hasta tener a plena vista un techo absolutamente oscurecido

–Insisto en que deberían hacer de esto un deporte olímpico –se sonrió un poco y se talló el cabello– lo mejor será dormir…mañana seguiré atormentándome.

Y cerrando los ojos lentamente…sucumbió al sueño

----------

----------

–¿Qué…? –masticó en un susurro, viendo hacia la nada. 7 de la mañana, y el sonido de un redoblante lo llamaba. Sabía que en alguna parte había escuchado algo similar…hasta que la magnífica voz de Freddie Mercury llenó el aire

While the sun hangs in the sky and the desert has sand
While the waves crash in the sea and meet the land
While there's a wind and the stars and the rainbow
Till the mountains crumble into the plain

Oh yes, we'll keep on trying
Tread that fine line
Oh, we'll keep on trying
Yeah
Just passing our time

Se incorporó, descolocado por semejante melodía sonando a aquella hora impía. Pero la canción siguió impasible su ritmo

While we live according to race, colour or creed
While we rule by blind madness and pure greed
Our lives dictated by tradition, superstition, false religion
Through the eons and on and on

Oh, yes, we'll keep on trying, yeah
We'll tread that fine line
Oh oh we'll keep on trying
Till the end of time
Till the end of time

Sintiéndose un poco más animado, avanzó tarareando la melodía. Su letra siempre había sido una cosa fuera de serie, especialmente para él, que necesitaba con cierta frecuencia palabras de apoyo y las encontró en la voz de una persona muerta hacía más de dos lustros. Si…eso era la ironía de la vida en todo su esplendor. Pero sin mediar mucho en ese detalle, cantó a voz en cuello lo que seguía, porque si Freddie Mercury lo dijo, por lo menos algo de cierto ha de tener.

You can be anything you want to be. Just turn yourself into anything you think that you could ever be ¡Be free with your tempo, be free, be free¡Surrender your ego - be free, be free to yourself!

Si…se sentía mejor. Como para pelear con una vaca –dijo, entre sonrisas–. Se dirigió hacia la alacena, y encontró con mortal sorpresa que no tenía pertrechos. Y con todo, la situación en ese momento si fue de vida o muerte.

–Habrá que salir por comida…–pereceó, mientras se tallaba el cabello despeinado. Tomó las llaves, sus papeles…¿y sus tenis?

No, no estaban sus tenis. Su ropa todavía no tenía el mal hábito de salirse en las noches; o por lo menos no que él lo supiera. Al no encontrarlos, se resignó a unas pantuflas, y se enrumbó hacia el mercado más cercano…a unos cuatro kilómetros de su casa. Con la conducción, se dejó acompañar de clásicos como Bohemian Rhapsody. Era el día para escuchar Queen, sin duda. Llegó al susodicho lugar, y bajó cuidadosamente, recordando que no tenía sus estoicos y guerreros zapatos.

–Buenos días…–se acercó al mostrador, donde una señora que bien podría ser su madre atendía–…tiene algo de leche?

–Por supuesto. ¿Entera, semisdescremada, deslactosada, libre de grasa?

–Si…olvidaba que ahora hasta la leche es complicada. Entera está bien, con todo y la grasa.

–¿Algo más?

–Unos huevos, algo de pan y…–su vista de inmediato se estrechó al ver por la ventana justo detrás de la caja

–¿Y…? –la mujer lo miró extrañada.

–Mis zapatos…–si acaso alcanzó a decir mientras avanzaba de forma inconsciente–…¿pero cómo?

–¿Sus zapatos?

El chico señaló hacia un tendedero. Allí estaban sus grises y –limpios– tenis

–¡Ah! Eso. Mi hijo los encontró hoy en la madrugada. ¿Son suyos?

–Ahm…si, creo que si

–Pues creo que eligió el peor lugar para andar descalzo…–la mujer le entregó su pedido– son 29.95

–Vaya, comer para vivir está dejando de ser un buen negocio…–contempló la bolsa, que contenía un empaque tetrapack de Parmalat, y de buenas a primeras rió.

–Que tenga buen día –saludó entre risas, saliendo con sus zapatos en la mano– pero qué vergüenza…pensará que soy alguna clase de orate rematado…

Recordó que ya había gente que si lo consideraba un orate rematado.

–Al demonio…–masculló, encendiendo el motor. Echó reversa y giró, poniendo rumbo sin paradas hacia su desayuno. Pasando cerca de la granja donde tuvo el pequeño encontronazo con la vaca, se dio cuenta que aquel animal tenía un ternero pequeño. Se sonrió y siguió su camino, viendo el reloj en su GPS: 8:00 AM.

----------

----------

10:45 AM. Y parecía que la furia de los elementos estaba a punto de desatarse sobre el primer ser humano-animal-o-bestia que tuviese la desgracia de pasarse frente a su vehículo. La razón de toda su molestia era un monumental atascadero de vehículos; pero esa no era la única razón por la que estaba tan sulfurado…

¡TRAVESAÑOOOO! –rugió la radio, ante el épico sufrir de Shaoran– ¡el balón acaba de reventar el último palo que le quedaba a la República Checa!

–¡MALDITA SEA! –respondió, golpeando frustradamente el volante, volviendo su vista al GPS: 10:55. ¡Se suicidaría si no alcanzaba a llegar a tiempo!

Luego de unos minutos de sufrimiento indescriptible, encontró la razón: una señora discutía con otra por un rasguño en la pintura de su BMW. En cualquier otro momento habría justificado tamaña ofensa para la marca, pero este no era ese momento

–Por eso es que algunas veces pienso que no deberían sino vender automóviles hasta tercera para cierto tipo de personas…–dijo, tragándose las ganas de gritarle hasta de qué iba a morir a aquella mujer–…como a cierto tipo de mujeres…

Apretó el acelerador y la Trailblazer comenzó su andadura. El velocímetro ya indicaba 95 kilómetros por hora, hasta que la radio colaboró con la estocada final

¡Gol de Ghana! –promulgó la radio– ¡un verdadero golazo!

–¡CARAJO! –y clavó justo a tiempo los frenos, antes de estamparse contra la barra de contención del parqueadero. Vio el reloj en el GPS, y por un momento si tuvo ganas de darse un balazo. 11:10 AM. Bajó, cerró y comenzó a andar despacio la única cuadra que lo separaba del consultorio. Se reprochó el haber corrido como alma que lleva el diablo, para llegar diez minutos tarde…otra vez.

Empezó a caminar, sintiéndose más relajado, aunque sin olvidar que aún le quedaban otros 45 minutos de suplicio. Entró al edificio, se introdujo en el ascensor y se dejó llevar. Al bajarse, se encontró con la misma sala de espera…y la recepcionista sonrió un poco nerviosa

–La doctora siguió con el paciente, al ver que usted no llegaba. Puede usted ponerse cómodo.

–Claro…como no. Al ver que no llegaba… –respondió él, sin energías siquiera para poner el grito en el cielo. Avanzó hasta alcanzar la posición de un ventanal cercano…y retrocedió un poco asustado, con una leve debilidad a la altura de sus rodillas– disculpe…¿en qué piso me dice que estamos?

–Veintitrés –le dijo la recepcionista, algo preocupada en verlo en semejante estado– ¿se encuentra usted bien?

–Si…si, claro –sonrió nerviosamente y se sentó, cerrando los ojos. Ese problema de la acrofobia…

Otra vez.

----------

----------

–Señor Li, buenas tardes. Veo que tiene un serio problema con las once de la mañana.

–Y usted tiene un serio fetiche con eso del siguiente paciente –rebatió a su vez, con un poco de sarcasmo–.

–Bueno, si fuera puntual le cuadraría perfectamente mi fetiche.

–¿Puntualidad? –le miró con escepticismo– ¿con qué se come?

La doctora rió y Shaoran aflojó, yendo por sí solo hacia el sofá romano.

–¿Y cuándo me diseccionan?

–Es hora de hablar un poco más de usted, mi querido señor Li –dijo la doctora, en su fuero interno decidida a sacar algo de ese sujeto así fuera por las malas

–¿Duele? –dijo a su vez, como si no le hubiese escuchado. La mujer arqueó una ceja.

–¿Cuántos años tiene?

–Veintitantos. Deben ser algo así como veinticuatro.

–¿No sabe cuántos años tiene?

–Perdí la cuenta a los diez. Y pocas veces celebro mi cumpleaños

–Vaya…–murmuró, dejándose ir por el bloc de notas– ¿y su familia?

–Un rebaño desconocido para mí. Solo Meiling queda de aquel cúmulo de despropósitos.

–¿Odias tu familia?

–No trate de psicoanalizarme, doctora. Mi caballerosidad toma camino de Roma y toma tiempo en volver –ignorando el hecho de que lo tuteaba.

Se retiró los lentes, y le miró de soslayo.

–No trato de psicoanalizarte. Pero si quiero ayudarte, necesito entender; así que pon de tu parte o vete.

Eso es lo que llaman una mujer poniendo condiciones.

–Bien, bien…colaboraré.

–¿Odias tu familia? –reiteró.

–Le pondré esto así. ¿Alguna vez vio Buscando a Nemo?

Contrapregunta. Este paciente era más duro de tratar que procurar el corte de una viga de acero con un cuchillo de mantequilla hecho de plástico.

–Claro.

–Pues todo lo que vio en esa cinta es todo lo que mi familia no fue conmigo, empezando porque no conozco a mi padre. Mi madre, Fría y alejada; yo sumido en la crisis existencial más terrible, y ella en su privilegiada atalaya. Supongo que por eso me fui de casa.

De un momento a otro se quedó callado. No contempló el haber revelado semejante parte de su vida, pero no tuvo como contenerse; y ahora se sentía extrañamente debilitado. Si seguía este camino, iba a hacer algo macabramente desagradable y eso no le iba a gustar.

–¿Tu madre te tuvo antes de casarse?

–¡Claro que no¡No conozco a mi padre porque…desapareció o algo así!

Scratch. Ahora Sakura era la que rezaba "trágame tierra"

–No importa…igual, difícil llorar sobre la leche derramada.

–Está bien. ¿Qué hay de tus amigos?

–Ellos están bien; se casaron, hicieron su vida. ¡Pero yo hice fortuna!

Ambos se rieron.

–¿Y tu novia, mujer, amante, moza o como sea que denomines a tu compañera sentimental?

–No…no la hay.

Pero hubo algo justo cuando tocó el tema. Un aura hondamente críptica lo rodeó, y sin más, se dejó llevar por el más crudo silencio. Ella lo contempló, y anotó. Su intuición le decía que por ahí iba el patrón que tanto buscaba.

–¿Hace cuánto no tienes?

–Como...dos años. O algo así; perdí la cuenta al primer mes.

–No eres muy bueno llevando cuentas.

–Tengo un solo cerebro; entiéndame.

–¿Y por qué no has procurado conseguir una? Después de todo, me parece que tienes las potencialidades para hacerlo.

Él se reclinó, apoyándose sobre sus codos. Le miró largamente, frunciendo el ceño y tratando de analizarle; luego volvió a su posición original.

–Porque no encuentro a la indicada. Y yo no estoy para que me rompan el corazón.

Ella leyó algo más mientras bajaba la vista perturbada. Su mirada era seria, pero inquisidora. Algo buscaba, pero no era eso lo que la tenía tan nerviosa; sino su particular forma de escrutarla.

–Entiendo. –fue todo lo que pudo decir.

–Tuvieron que pasar veintitrés años de mi vida para que alguien dijera eso.

–¡Entonces tienes veintitrés!

–Casi. Deben ir por los veinticinco.

–Mentiroso…–masculló.

–Claro, ahora soy mentiroso e impuntual. ¿Algo más?

–Con eso está bien, por el momento. Contempló su reloj, que daban las 3:15 PM– bueno…time is over.

Ella se dirigió hacia su escritorio, en tanto él se incorporaba y trataba de arreglarse la ropa.

–¿Ya me curé? –preguntó de nuevo, ilusamente.

–Ni medianamente. Mañana, una de la tarde. Como que le viene mejor esa hora.

Shaoran se calló el comentario. Ella sonrió.

–Un gusto…–y ella extendió la mano. Él la estrechó con delicadeza.

–Por el contrario, doc. El gusto ha sido todo mío.

Una sonrisa recíproca….hasta que Sakura volvió a cortar el silencio, de manera poco ruda.

–Y gratamente constato que no trae calcetines de diferente color. –ante esta aseveración, Shaoran se sonrojó hasta alcanzar el color de una estrella gigante roja

–Usted…¿se dio cuenta de eso?

–Por supuesto. Ahora debo volver al deber; mañana lo espero –y con gentileza lo empujó hasta la puerta. Él salió sin poder hacer mucho por evitarlo.

Volvió su vista al sofá, y se dio cuenta que había un papelito malamente doblado, justo donde se había acostado Shaoran. Con mirada curiosa se acercó y lo guardó en su bolsillo. Luego tendría tiempo para revisarlo.

----------

----------

–Trágame tierra, trágame tierra…–fue rezando él, hasta alcanzar territorio de la camioneta– que…¡vergüenza!

Se dio un par de suaves cabezazos contra la carrocería, mientras abría la portezuela e ingresaba al vehículo. Aceleró con suavidad, y el tráfico del que fue víctima en la tarde ya no lo acució más. Con tranquilidad salió de aquella ciudad, dirigiéndose a su pacífico reducto, con la cabeza revoloteando de aquí para allá, hasta que la omnisciente radio le trajo una melodía que lo puso a pensar. Y en medio de nada, se encontró tarareando la melodía…

I gave you my time, I gave you my whole life, I gave you my love, every dime…
They told me it was... a crime

Do you remember?
Or did it all go in vain...

----------

----------

Notas: bueno, ya está bien. Ya iba quedando como laaargo…y para qué darles más lata. Ahora bien, mi madre no desperdició su dinero conmigo y cuando menos aprendí a ser educado, así que…¡daré gracias!

Ishida Rio: Porque sigue la historia al pie de la letra. Porque me tiene paciencia con las otras historias. Y porque…también escribe bien, no nos digamos mentiras.

Naguchan: Si…para Naguchan también hay gracias. Si manejas hipótesis, haré todo lo posible para que no se cumplan.

Kassandra L.K.: si, cambiaste tu pen name. Mala suerte, lo pongo como más me gusta; y si, gracias también por el bien recibido apoyo. A las otras dos chicas…también gracias por el bien recibido apoyo –smiles–.

A los demás (que leen y NO dejan review): no importa. Sé que existen –aire de autosuficiencia–.

Es todo. Ahora que me doy cuenta…las tres citadas anteriormente comparten lazos de territorialidad (si…las tres son chilenas). Qué curioso…

Un saludo,

Lohengrin NightWalker.