- Pe… pee… pero Akane… -balbuceó Ranma. Definitivamente se encontraba en la situación más subrealista de su vida. - ¿En serio quieres que lo haga? ¡Luego no vayas a llamarme pervertido! Recuerda que ha sido idea tuya.
- Yo… ehh... sólo siento curiosidad, y bueno… no se me ocurre nadie más con quien pueda aclarar estas dudas.
- ¡¿Cómo?! –se alarmó el chico – ¡No vayas a preguntarle a ningún otro!... quiero decir no es necesario que seas curiosa con nadie más –respondió celoso.
- Entonces… ¿lo harás? –demandó Akane complacida por su repentino ataque de celos.
- Esto… si… bueno… pero ¿ahora?
- Si… si no te importa claro…
- Si, digo ¡no!, no me importa –dijo el chico bastante conmocionado.
Lentamente, y bastante intimidado por la situación, Ranma fue acercando su mano a la intimidad de Akane. Posó suavemente la yema de su dedo índice entre las piernas de ella y Akane tembló a causa del cosquilleo que la recorrió entera. Con delicadeza, la caricia de Ranma fue ganando confianza y posó su palma completamente sobre la chica. No podía adivinar con demasiada exactitud cómo sería cada zona que palpaba, ya que el pantalón del pijama y su ropa interior eran capas demasiado gruesas para su gusto.
Akane, por otra parte, se encontraba perdida en las sensaciones que la recorrían, sin apenas darse cuenta se había recostado en el cabecero de la cama y gemía suavemente. Ranma, al verla tan expuesta y entregada, y animado por su estado de excitación propio preguntó con algo de aprensión:
- Akane… ¿crees que estaría bien si te bajases los pantalones un poco?, solo los pantalones… Es decir, no puedo distinguir bien lo que toco y tampoco es que yo tenga demasiado claro donde palpar.
- Ahmm… -gimió la chica muy excitada –ehh si, tal vez pueda bajármelo, solo por probar –añadió intentando ocultar lo muchísimo que le gustaba sentir las manos de su prometido sobre ella.
Dicho esto se levantó de la cama para quitarse los pantalones del pijama, pero Ranma la detuvo:
- Espera, deja que lo haga yo.
- De acuerdo, pero… ¡solo los pantalones! –añadió
Tras haber obtenido el permiso de su prometida, Ranma se movió para quedar sentado en la cama delante de Akane, que esperaba de pie frente a él. 'Tal vez pueda hacer que se sienta tan excitada como yo' –pensó. Y, con esa intención, antes de bajarle el pantalón colocó su mano entre las piernas de ella y volvió a acariciar, en esta ocasión más firmemente su intimidad. Akane comenzó a respirar de forma más precipitada y a gemir más fuertemente. 'Parece que le está gustando' –pensó Ranma complacido sin abandonar su labor.
- Ahhh!... mmmm ahh! Ranma…–gimió Akane.
- Shhh! Lo sé… -la tranquilizaba el chico hablándole con voz ronca – sé cómo te sientes, ¿entiendes ahora cómo me estaba sintiendo mientras tú me tocabas?
- Sssi -balbuceó ella.
Poco a poco Ranma fue retirando las manos de entre sus piernas para dirigirlas a la cinturilla del pantalón y bajárselo lentamente. Una vez se hubo desecho de él la condujo de nuevo hacia la cama.
- Vuelve a sentarte si quieres –le dijo, y ella, obediente y deseosa de más caricias lo hizo. – abre las piernas como antes si te apetece que siga acariciándote un poco más.
- Si… un poco más, sólo para ver cómo se siente –puso ella de excusa.
Entonces Ranma llevó la mano de nuevo a la intimidad de Akane y comenzó a frotar por encima de la braguita. Ahora si podía distinguir las pliegues de si cuerpo, e incluso parecía notar lo que imaginaba sería su clítoris bastante inflamado a causa de la excitación. Lo que realmente el chico no esperaba era la humedad que sintió en ella y que le calaba la ropa interior. Al darse cuenta de este hecho su pene le dio un vuelco, y se puso más duro de lo que ya estaba.
- Ahh! Ahh! –gemía Akane desinhibidamente –creo que empiezo a entender a lo que te referías con estar excitado.
- Akane, dame tu mano –pidió Ranma tomandole una de sus pequeñas manos y dirigiéndola al centro de su propia intimidad -¿notas esa humedad? ¿ves lo humeda que te pones si te excitas?
- Ssi – susurró ella.
- Pues, creo… que gracias a eso… mi pene, por muy grande y duro que se ponga, podría resbalar dentro de ti sin oposición.
