Hola! Zeus es de un manwha en el que Leona es protagonista. Él la seduce y… el que no lo conoce, intentaré describir lo mejor que pueda quien era. Por cierto este capitulo…contiene un poquis sugestivo, algo dulce y suavecito por ahora…la verdad…no sé i debería cambiar el rated a M…en fin me echan un grito!

Capítulo 2: Ilusión

POV: Leona Heidern.

Parpadeé.

—Tienes que hablar conmigo alguna vez—exigí, molesta, cuando los ojos de Yagami se desviaron hacia un lado.

—¿Por qué tengo que estar aquí?—su voz no tenía un solo matiz de interés en mis palabras.

—Ya estamos mejor de salud así que podremos ponernos al día con las investigaciones—

Escapando, la única opción viable era ir directamente a la base. Si bien era probable que nos buscaran allí o en el departamento de Yagami, no estaríamos solos en el cuartel. No tendríamos que pelear otra vez, ni recurrir a nosotros mismos usando los extraños métodos que él descubrió para librarnos de las habilidades de nuestros enemigos.

Las heridas y la debilidad fueron suficientes para dejarnos inconscientes dos semanas. El comandante dice que estuve tres meses desaparecida—sin embargo, jamás notó que Yagami estaba ausente— así que comenzó a indagar a todas las organizaciones posibles sobre mi secuestro…Y ,sin saberlo, el de Yagami.

Establecer comunicación con él es muy complicado. Su voz carece de vida o emociones, es impredecible. Desearía poder saber más de Orochi a través de él, pero empiezo a creer que es inútil.

Le gusta el té rojo y oscuro, dulce o amargo no lo sé. Pero sentado frente a mí, desayunando, podría hacerme creer que es una persona normal.

—Esa mocosa…—murmuró, de pronto, sin dejar de prestar atención al alimento.

—¿Qué hay con ella?

—¿Porque está en la base?

—Seth la encontró…

Extendí una carpeta. En ella, había datos de Chloe Mason, la joven sospechosa.

—Tienes que matarla

Abrí los ojos en sorpresa.

—Desde aquí, puedo sentirla…—La expresión de su rostro pareció rayar el miedo.

La niña era extraña, definitivamente. Su energía era extremadamente alta.

—Mi padre tomará las decisiones que sean correctas en cuanto a Mason—Intentar que Yagami no matara a la mocosa sería muy difícil.

—Cumplo con decirte que hay que matarla…a ella y a todos los demás

—¿Qué?

—Hay más como esa mocosa

—¿Más como ella? ¿Cuántos?

—Estabas inconsciente cuando estábamos allá ¿verdad?—Exhaló, otra vez tratándome de ignorante—Intenté escapar varias veces, maldición…Siento que la he visto antes…quizá en ese lugar—

Cierto. En cuanto a territorio, Yagami tenía más experiencia.

—Utilizaré los satélites—dijo, como si el pudiera decidir qué hacer por aquí.

— ¿para…?

—buscaré en las viejas bases de NEST—contestó, despectivo.

— ¿Acaso crees que el comandante no ha buscado ahí?

La mesa tembló un poco. Intuí que es porque él cree que no entiendo.

—Si solo fuera NEST, las copias baratas de Kusanagi estarían por aquí.

—Eso tiene sentido…—Habría que darle la razón a los locos—Pero no puedes usar los satélites, no tienes autorización…Tengo entendido que hoy llegaran las Sparrows con nuevos datos

—¿?—Su mirada sorprendida, reclamaba una explicación.

—Las jóvenes soldados del escuadrón Metal Slug—

Habiendo terminado de desayunar, me dispuse a encaminarme a mi barraca.

—Estoy cansada...—Creo que aún tenía un par de hematomas en el cuerpo, algo en la espalda me dolió.

—¿A mí que me cuentas?

—Estoy hablando sola—contesté, irritada.

—¿siempre haces eso?—su voz fingió interés.

Suspiré.

—…no lo sé—

Me estaba siguiendo. Lo intuí.

Sus pasos pesados detrás de mí… Sabía que se me venía una paliza…y no estaba en mis mejores condiciones.

—¿Podrás hacerme un favor ahora que recuperamos la conciencia?—

Él no contestó.

—El comandante necesitará un informe de las personas que nos enfrentaron y—

—Heidern...—dijo, de pronto, cuando llegamos a la puerta.

—Dime—Me paré frente a la puerta. No iba a abrirla.

—Dime dónde puedo ir a ver el control de los satélites…

—Esos controles están fuera de tu alcance—Traté de que mi voz fuera autoritaria.

—Y esta misión estará fuera de tu alcance si no me lo dices—

Volteé para verlo.

La mirada fría se había intensificado.

—Tu padre no sabe que fuiste sin autorización a buscarme ¿o sí?

—¿Qué estás diciendo?

—Provocaste tu secuestro, y por decir más, el mío...además de que consiguieron tenernos como conejillos de indias, claro

—¿Quién diría algo como eso?

Metió las manos en los bolsillos. Exhaló…y me observó directamente a los ojos…amenazándome.

—¡Eres un bastardo!—Rugí, entre dientes.

—Dame acceso a los satélites y estarás en la misión—repitió, a modo de burla.

Desvié el rostro. En Norteamérica, dirían "No negociamos con terroristas".

Fijé los ojos otra vez en él y agregué: —Púdrete.

Quizás, toqué un nervio ya que inmediatamente lanzó un golpe, una de sus garras, impactando de lleno en mi pecho. Adolorida, retrocedí dentro de la barraca… ¿Dónde escondí mis navajas?

—Debí haberte asesinado en ese entonces— aseveró, cerrando la puerta con llave.

A pesar del dolor, retrocedí y me puse en guardia. Yagami iba a golpearme.

—¿Qué estas esperando?

Mis piernas temblaban. Mis brazos no se mantenían en guardia…No estaba en buenas condiciones así que decidí usar la cabeza: no debería dejarme apalear. Después de todo, mi objetivo era recuperarme para volver al servicio.

Mis manos fueron inmediatamente a mis aretes.

—¡Piensa rápido, bastardo!

Una vez quitado el seguro, lancé ambos contra él, a lo que respondió retrocediendo, y me cubrí con mis armarios. Un estallido inmediato hizo volar la puerta y la mayoría de mis cosas.

El resultado de usar ambos aretes me satisfacía bastante. Pero justo cuando empezaba a tranquilizarme de no ver a Yagami, él emergió desde lo que quedó de mi cama, con los ojos impregnados de furia, directamente hacia mí.

Supe que su obsesión con apresar a la gente por el cuello se hacía presente cuando sus manos se dirigían hacia su objetivo. No pude echarme atrás, no dio siquiera dos pasos para alcanzarme que las puntas de sus dedos ya estaban recorriendo todo el camino de mi cuello, llegando hasta la nuca, para apretar con firmeza mi garganta con sus pulgares. Su fuerza era tal, que me levantó del suelo, dejándome a su merced.

Se suponía que librarse de él era fácil puesto que lo había hecho en torneos anteriores pero esta vez mis brazos trataban de alcanzarlo sin éxito y mis piernas no respondían. Pero esta vez, el agarre era muchísimo más fuerte.

—Y—Yag— mi intento de llamarlo se ahogaba cada vez más.

—Los satélites, Heidern—repitió. A duras penas logré oírlo.

No podía soltarme. Resultaba humillante. Pero al menos, no era mi última carta.

—Suéltala ahora Yagami—ordenaba Ralf apuntándole con su rifle.

Traté de ver a los lados. Todo mi equipo estaba apuntando a Yagami ordenándole que me soltara en medio de gritos, pero una voz en particular, gruesa y temeraria, resaltó de entre todas.

—Suelta a mi hija o disparo

Mi padre, el comandante Heidern, apoyaba su Desert Eagle, su más reciente adquisición, en la nuca de mi enemigo.

No creí que obedecería pero lo hizo. Todo mi cuerpo cayó sin fuerzas al suelo y comencé a toser, tratando de respirar. Whip asistió a mi ayuda a la vez que Ralf y Clark se llenaban de odio hacia Yagami, sin despegar sus ojos de él.

Mi cuello me dolía tanto que pensé que Yagami aún me retenía. Observé al Comandante, furioso, ordenar la detención de Yagami y a mis compañeros ejecutando la orden dada a la vez que él ponía resistencia.

Yo me dejé caer en los brazos de mi compañera…estaba condenadamente débil.

—Despierta, Leona

Inmediatamente, mis ojos se abrieron y el espanto obligó a mi cuerpo a levantarse, al punto de sentarme en la cama.

—¿Quién anda ahí?

No había respuesta. Había oído esa voz en las instalaciones, pero yo estaba en el cuartel general. Extrañamente, mi instinto me decía que estaría a salvo debajo de mis sábanas pero descubrí mis piernas, escapé de mi cama, y tomé mi arma. Descalza, me encaminé hacia la salida de mi cuarto.

Una vez abierta la puerta, saqué mi 9mm y apunté al oscuro pasillo de la casa con el haz de mi linterna. Respiré hondo y avancé en línea recta. Afuera llovía a cántaros. El ruido de la lluvia era tan fuerte que podía esconder mis pasos sobre la rústica madera.

Lentamente, iba visualizando la cocina…pero ésta empezaba a caerse a pedazos.

—¡Voy a destruirte física y mentalmente!—Gritó esa voz de bruja detrás de mí.

Me volví y disparé. Mis oídos me decían que estaba a las 6 en punto de mi ubicación, pero no había nada. Sin embargo, mis manos se llenaron de sangre y en segundo, todo ese líquido comenzó a caer sobre mi rostro. Solté mi arma en estupor y eché a correr de nuevo hacia mi cuarto.

Llega y estarás bien. Mis piernas me dolían demasiado pero lo único que quería era limpiarme. Todas las paredes comenzaban a agrietarse, a romperse y algunos fragmentos se pegaban a mi cuerpo sin dificultad. Solo seguí corriendo y nunca llegaba a mi habitación.

¿Dónde estoy? Mis muslos ardían de tanto esfuerzo hasta que mi cabeza dio de lleno con un cuerpo, haciéndome frenar y caer en el suelo.

—¿Leona?— murmuraba su voz.

Mis ojos se quedaron se quedaron atónitos. Mi respiración se entrecortó. Mi cuerpo se heló ante el movimiento de su cabello dorado y ante la mirada de sus ojos verdes.

—Z—Z—Zeus…—alcancé a decir.

Él dejó de hacer lo que fuere que estaba haciendo para auxiliarme. Trató de levantarme del suelo pero yo estaba absorta en sus ojos.

—Te llevaré a un lugar seguro

Cuando sus fuertes brazos me elevaron, pude sentir un poco de tranquilidad al escuchar los latidos de su corazón que oí al apoyar mi cabeza en su pecho. Zeus siempre había sido tan caballero que no le importó que estuviera manchada de sangre.

—Aquí estarás a salvo— aseguró al dejarme con delicadeza en una cama.

—Te agradezco—dije en un susurro. Me pareció verlo sonreír. Habiendo cumplido su deber, empezó a caminar, alejándose, dándome la espalda.

—¡Zeus!

Él se volvió hacia mí.

—No te vayas—supliqué. Tomé las fuerzas necesarias para mostrarle mis manos llenas de sangre…pero éstas estaban limpias. Toqué mi rostro para verificar y éste también estaba limpio.

—¿Qué sucede, Leona?

Algo raro estaba pasando. Desde esa voz que gritaba hasta Zeus.

—¿puedes quedarte aquí unos minutos?

Él pareció dudar.

—Por favor—Insistí.

—De acuerdo

Zeus acomodó una silla al lado de mi cama.

—¿Por qué estás tan mal?

—Podría decir que estoy enferma

La expresión de su rostro pareció palidecer.

—Siento haberte abandonado, Leona— murmuró, observándome fijamente.

No entendí el porqué de lo que había dicho.

Sus ojos claros me resultaban encantadores. Su cabello de aspecto perfecto, seductor.

Todo en Zeus me parecía perfecto.

Incluso me pareció perfecto cuando las suaves yemas de sus dedos se apoyaron en mis mejillas.

Inmediatamente, perdí el interés en mi alrededor. Lo único que veía era el rostro de Zeus acercándose al mío. Lo único que anhelaba con ansias eran sus besos. Cerré mis ojos y volví a sentir sus cálidos labios presionando contra los míos. No tardé en responderle y mis brazos rodearon su cuello. Ya no lo dejaría ir nunca más. Sus manos desesperadas encerraron mi cintura y su cuerpo hacía a un lado la silla para pegarse al mío, apresándome en la cama. Recorrí sus pómulos, recorrí sus mejillas mil veces con mis dedos sin despegarme de sus inquietos labios a la vez que una mano curiosa se colaba por debajo de mi camiseta, acariciando mi vientre hasta a llegar a mi busto.

—Z—Zeus…espera.

Dándome un poco de espacio, me quité la camiseta y creyó que sería prudente ayudarme a quitarme también mis jeans. Él me observó maravillado, como si nunca como me hubiese visto sin ropa.

—¿Qué sucede?— me burlé de su rara expresión. Lancé mi ropa donde no estorbara, y mis manos fueron directamente a los botones de su camisa. Estaba tan desesperada que podría haberlos quebrado pero me tomé mi tiempo.

—Eres muy hermosa, Leona—Susurró a mi oído, rozando mi intimidad con sus largos dedos—No sé por qué no lo vi antes.

Una vez más, me acerqué a sus labios y no me alejé de allí a pesar de que lo que decía era extraño…mi cuerpo ya le había pertenecido antes.

La palma de mi mano se acomodó perfectamente a la presión que hacía su miembro en sus pantalones. Mis oídos se deleitaban en sus gemidos y seguí por insistir en sacarle lo que quedaba de ropa. No quería juegos previos.

Me separé de sus labios un segundo y apoyé mi espalda en la cama.

—Quiero esto, Zeus— musité, y separé un poco las piernas para alentarlo.

Cumpliendo mi objetivo, él se acomodó entre ellas e introdujo la totalidad de su miembro dentro de mí. Había codiciado tanto ese momento que mi garganta no pudo evitar dejar escapar un travieso gemido que él quiso ahogar con besos.

—¿Estas bien?—preguntó sin detener el dulce vaivén.

Comencé a jadear violentamente. Su miembro me resultó enorme, a diferencia de la última vez. La habitación se llenó de nuestras exhalaciones. Las embestidas empezaban a ser más rápidas, más profundas, y clavé mis uñas en su espalda para transmitirle lo bien que me hacía sentir. La lujuria que Zeus hacia nacer en mí era poderosa. Me volvía capaz de soportar esta calidad de doloroso placer.

Pero el interruptor de mi cerebro empezó a querer funcionar. Mientras entrecerraba los ojos, Zeus besaba mi cuello y su cabello se mecía sobre mi nariz. El problema radicaba en su color. De pronto, se volvió rojo, tan rojo como la sangre que recorría mi cuerpo. Mis manos que rozaban sus brazos notaron que éstos se hacían más finos. Incluso su aroma había desaparecido.

—¿Zeus?—susurré. Las yemas de mis dedos se acercaron a sus mejillas, obligándolo a mirarme fijamente.

Unos ojos azules me observaron cubiertos por cabello rojizo y lacio.

No era Zeus.

—Yagami…— musité con una voz casi inaudible

La habitación era la que le habíamos designado en el cuartel. Y yo estaba con él allí, en su cama, habiéndome prácticamente vendido.

Mi clímax llegó unos segundos después de darme de cuenta de esto.

Cuando finalmente Yagami alcanzó el suyo, mantuvo cerrados sus ojos un instante y volvió a besarme gentilmente. Cuando su mirada se clavó en mis ojos verdes, éstos se abrieron con estupefacción y murmuró: —¿Leona?—

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++La verdad es que hay una diferencia de personalidad importantísima, casi abismal, entre Leona y Yagami. Mi objetivo no es convertirlos en una pareja shoujo ni en una pareja a lo "Christian Grey". Sí pensé en que Yagami es hombre y no creo que no vea en Leona a una hermosa mujer con la cual no consideraría "retozar", XD.

Me resulta difícil escribir sobre ellos porque no son románticos ni nada parecido. Ambos tienen sus cosas y siento que les es complicado abrir su corazón; En cuanto a Yagami, creo que iré desarrollando su lado humano, su lado más débil en el lapso de la pérdida de sus llamas; En cuanto a Leona, creo que solo ser testigo de los momentos de debilidad de Yagami podría complicar las cosas…

Espero que les guste porque pongo mucho empeño en esto, quiero que sea distinto de todo lo que he leído sobre Iori y Leona. Vengo escribiéndolo hace años y no le he subido por inseguridad. Estos capítulos están hace rato en mi compu y tienen cientos de ediciones, y todavía creo que no fueron suficientes.

¡Abrazos!