¡Última parte de esta historia! Mi estilo no permite este tipo de finales, pero así fue como quedó en el role-play con mi amiga y no pensaba cambiarlo ahora. Espero que les guste, y gracias por los comentarios. ^^


Pasaron varios minutos en silencio luego de la feroz discusión que tanto había remecido en aquel pobre auto de segunda mano que al lituano le pertenecía; pero al menos así se sentían más tranquilos consigo mismos, porque odiaban lastimarse con palabras, y en ese sentido el polaco siempre llevaba la delantera. En realidad Toris no había pensado bien las cosas y sabía que estaba cometiendo un error tras otro, pero de lo que sí estaba seguro era de arreglar las cosas con su amigo de toda la vida, nada más le importaba realmente.

El polaco abrió un poco la ventanilla para deshacerse de la florcita que hacía unos momentos había destrozado a causa del enojo y sintió un viento frío acariciarle la mejilla, lo cual le ayudó bastante a relajarlo y a quitarle la enorme tensión que estaba cargando en su delicado cuerpo, haciéndolo suspirar tranquilamente. Toris se giró inconscientemente a mirarlo pero no se atrevió a decirle nada; pensó que hablarle como un "adulto" no sería una idea recomendable y la descartó al instante, por lo que se quedó callado y siguió mirando la carretera, buscando algo con que "entretenerse". No encontró nada, todo era planicie polaca, algo demasiado aburrido para la ocasión. Por algún motivo que ni él sabría explicar, comenzó a recordar rápidamente el hermoso momento de amor que había vivido aquel día con su controvertido polaco, a pesar del enojo que éste tenía en ese instante antes de que no pudiera evitarlo y lo besara con locura en esos exquisitos labios que tantas ganas tenía de volver a besar ahora; pero no podía, eso sería un suicidio prácticamente, además que podía manchar su imagen sexual ante los ojos ingenuos del joven de rubia cabellera; no podía permitirse eso, para nada.

Después de divagar hartamente en el interior de su ser comenzó a vislumbrar una gran estancia rodeada de cercos y vallas donde se encontraban varios tipos de animales de granja comiendo y bebiendo tranquilamente; giró el auto hacia ese lugar y estacionó en la entrada, mirando luego a su compañero con una sonrisa más sincera.

- Ya llegamos, ¿te gusta?

El polaco se había distraído mirando sus manos y no logró escucharlo claramente, por lo que el castaño tuvo que tocarle el brazo con un dedo.

- Ah sí, me gusta. –reaccionó estremeciéndose un poco y mirando los corrales con un pequeño brillo en los ojos, pero con la mirada algo seria todavía.

Toris le sonrió nuevamente y salió del auto, respirando de aquel aire campestre que tanto añoraba. Esperó a su compañero del otro lado del vehículo y cuando lo vio acercarse le extendió la mano, la cual el rubio rechazó olímpicamente, pero no se sorprendió; sabía que tenía que ir de a pasos y la reacción que estaba teniendo era cada vez más positiva, a pesar de todo. Se puso a su lado y se quedó mirando el bello paisaje junto a él, apreciando por primera vez de un silencio que ahora era relajante, motivador, ameno.

- Lindo lugar. –dijo como en un pensamiento el polaco mirando con pasión el cielo azul y esbozando una débil sonrisa.

- Sí, es realmente hermoso. –le contestó sintiendo la frescura de ser alabado indirectamente por su querido polaco al decir eso, y sonrió abiertamente con una dulzura desde lo más profundo de su corazón.- ¿Quieres ir a los corrales?

Feliks se limitó a asentir porque le parecía extraño tener algún tipo de contacto verbal con el lituano, como si sintiera vergüenza de hablarle. Sin embargo Toris le miró a los ojos y le sonrió sincero, poniéndolo aún más nervioso y desviando la mirada rápidamente como si hubiera visto algo feo, adjetivo que en realidad no se caracteriza para nada con el lituano.

Entonces caminaron juntos hacia los corrales y el rubio chilló al ver un hermoso poni comiendo pastito alejado de su grupo; era el más lindo de todos según su criterio, y no dudó en acercársele para acariciarlo tiernamente en el lomo mientras tomaba un poco de pasto y se lo ofrecía con una amplia sonrisa, cosa que sorprendió al lituano gratamente. Él siempre había sido muy bueno cuidando a los caballos en general, y tratándose de ponis era el mejor ya que los amaba más que nadie, y Toris sabía de eso muy bien, por algo lo conocía de toda la vida. Se quedó mirándolo y decidió no acercarse porque realmente lo estaba pasando muy bien sin su compañía, riendo al lado del pequeño animal que parecía bastante alegre ante su presencia. Al cabo de un tiempo se acercó y comenzó a acariciar su crin con suavidad, acordándose luego de unas lecciones que Feliks le había dado acerca de cómo hacer unas lindísimas trenzas e intentó ponerlas en práctica con el poni. El rubio le miró y negó con la cabeza en signo de desaprobación.

- Tipo que así no se hace…

Se puso detrás suyo y lo tomó de ambas manos para explicarle cómo debía hacerlo realmente, sin notar el corazón palpitante del lituano que sentía enrojecer sus mejillas rápidamente ante aquel contacto inesperado, del cual el polaco no reaccionó hasta después de unos segundos, cuando se apartó súbitamente con el rostro algo colorado y fingiendo indiferencia. Toris comenzó a pensar que todo estaba claro como el agua, no por Feliks, sino por él mismo, que sentía un amor profundo cada vez que lo miraba a los ojos, deseando llenarse de aquel mar color esmeralda y de aquellos campos dorados que tanta belleza le daban, porque para él Feliks era perfecto y siempre lo había sido.

Intentó no exteriorizar sus sentimientos para no arruinar aún más la debilitada confianza que él le tenía pero le resultaba muy difícil ya que ese pequeño suceso fue más intenso de que lo que se había imaginado, y eso le estaba comenzando a doler por dentro. Se quedó sosteniendo la trenza que el polaco le estaba haciendo y trató de terminarla por su cuenta sin decirle nada al rubio, que parecía tener la intensión de alejarse de su presencia lo más posible, reprendiéndose duramente por haberlo tocado así como si nada, con lo enojado que estaba… Sí, Feliks comenzó a sentir una avalancha de contradicciones que lo estaban volviendo loco, porque en parte quería seguir enojado y demostrarle al lituano que estaba firme en su posición, pero también deseaba olvidar su maldito orgullo para besarlo dulcemente en los labios y dejarse llevar por él como ya lo había hecho; él lo había hecho hombre, así es cómo lo quería de verdad y en realidad no estaba arrepentido de eso, para nada, pero no podía hacer otra cosa, Toris tenía que pagar el precio por su indecisión. Se sentía tan mareado el pobre polaco ante tantas revelaciones y conflictos que comenzó a descompensarse, quedando pálido rápidamente; el lituano le miró por un momento y notó su malestar, preocupándose mucho y no pudiendo evitar preguntarle.

- Feliks, no te ves muy bien, ¿te pasa algo?

- Estoy bien. –contestó mientras se sobaba la cabeza con ambas manos para tratar de quitarse los mareos; pero el dolor no se detenía.

Toris se acercó a él y lo tomó del brazo, acomodándolo alrededor de su hombro para llevarlo a una parte alejada de los corrales, donde predominaban los árboles y la llanura se extendía ampliamente. Ambos se sentaron en la hierba y el lituano le hizo acomodarse en su regazo, a fin de que su cabeza tomara un descanso. Comenzó a acariciarle el cabello con serenidad mientras veía cómo el polaco cerraba los ojos respondiendo a aquellos suaves estímulos, sin poder evitarlo, y sintió que ya no podía soportarlo más…

- Liet, tipo que te preocupas mucho por mí, a pesar de todas las cosas que te dije.

- Yo te quiero Feliks, –le contestó– y realmente me merezco cada palabra que me has dicho.

- Liet, -le dijo con la voz entrecortada, mirándolo a los ojos con un dejo de tristeza- tipo que eso no fue sexo, para nada, porque yo sé que para ti fue amor, pero me dolió mucho lo que me dijiste anoche y no pude evitarlo; o sea, has sido muy cruel… Sin embargo me cuesta demasiado fingir que te odio, porque quizás sí te odié en un momento, pero en realidad te amo más que a nada en este mundo, totalmente Liet.

Toris se quedó obnubilado ante las palabras de su compañero que parecía mostrarse más natural, más sincero, más dolido, y le pareció lo más hermoso que había escuchado en su vida. Echó a llorar sin tapujos, empapando al polaco con sus lágrimas y mirándolo con total amor a los ojos, sintiéndose estallar de felicidad por completo ante aquella declaración; le enjugó las lágrimas con cariño, acariciando sus mejillas sonrosadas, y esbozó una gran sonrisa.

- Yo también Feliks, realmente te amo, y no quiero estar con nadie que no seas tú. –intentó detener su llanto- Por favor, perdóname por herirte así, prometo que jamás volveré a hacerlo.

- Liet, -le dijo con una tierna sonrisa en los labios, tomándolo del rostro- no importa qué tan enojado esté, no podría seguir más tiempo alejado de ti…

Le sonrió algo decidido, como esperando que el lituano diera el segundo paso, pero al verlo tan embobado con sus palabras decidió tomar él la iniciativa, haciendo fuerza para acercar su rostro con el suyo y así besarlo con ternura en los labios, saboreando de él con entusiasmo. Toris le correspondió con la misma intensidad, aunque le hubiera gustado ser más dulce y cariñoso, pero tenía que admitir que el polaco era muy bueno besando.

Así estuvieron varios segundos, apreciándose el uno al otro, hasta que Toris tuvo que apartarse porque le estaba doliendo la espalda; Feliks se incorporó y se sentó encima suyo, rodeándole el cuello con sus brazos y mirándolo con un dejo de arrepentimiento. Pero el lituano le sonrió calmadamente, besándolo cada tanto y dejándose llevar por ese bello sentimiento que desde el primer momento lo había conquistado por completo, y que sólo sentía gracias a él. Las palabras estaban de más, cualquier cosa que quisieran decirse podían saberlo a través de sus miradas, porque ambos sabían que ese amor era real, podían deducirlo por la forma en que se besaban, por cómo se tocaban y se deseaban mutuamente, como si fueran uno solo. Todo lo demás podía ir y venir tranquilamente; el odio podía desaparecer tan rápido como había llegado, como por arte de magia, pero ese amor era lo único que perduraba.

FIN


Gracias por llegar hasta acá.~

Si de ahora en adelante ven que no subo ningún fic, es porque la facultad me impide exteriorizar mis perversos pensamientos. Pero si me quieren dar alguna idea interesante para escribir algo, estoy dispuesta a escuchar *o leer* sugerencias. Todo con tal de seguir expresando el amor LietxPol. =D