Disclaimer:None of this belong to me, thanks to the beautiful Cecilia for letting me translate it. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Cecilia1204,solo me adjudico la traducción.


Capítulo 3

Al salir de su coche, Bella prendió su teléfono y vio los mensajes esperando por ella. Había uno de su padre, otro de Alice y cinco de Jacob. Demasiado cansada para molestarse en contestar en ese preciso momento, decidió parar en la casa de su padre Charlie antes de irse a casa.

Agarrando un pollo con salsa barbacoa de la comida para llevar y algunos artículos de ensalada del supermercado, condujo hacia lo de Charlie. Él era ahora el jefe de la policía de Forks, pero aún no sé cuidaba a sí mismo correctamente. Bella sabía que no habría mucho en su nevera que sería considerado nutritivo. Dudaba que patatas fritas y cerveza se incluyera en las guías dietéticas.

Bella se sentía más como la madre de Charlie que su hija la mayor parte del tiempo. Desde que se había mudado a Forks, a los dieciséis años, había asumido la tarea de cuidar de Charlie. Había hecho la comida y limpieza y había llevado su casa.

Cuando se marchó hacia la universidad, Charlie se había visto obligado a cuidar de sí mismo de nuevo. Bella lo había convencido de tener una empleada, que se encargará de la mayoría de la limpieza. Charlie se había mantenido alimentado comiendo en el restaurante local o en casas de amigos.

A su regreso a Forks, Bella había vivido con Charlie de nuevo por un corto tiempo, pero pronto se buscó un apartamento en la cuidad. Había desarrollado un gusto por tener su propio espacio y descubrió que vivir con su padre era demasiado restrictivo. Bella no quería ser interrogada acerca de la hora que llegaba después de pasar la noche fuera, o con quién estaba. No era más una adolescente, pero Charlie no podía dejar un poco de lado al padre sobreprotector.

Independientemente de sus modos de vida, Bella aún veía a su padre varias veces a la semana. La mayoría de las veces, cenaban juntos, Bella haciendo la comida como de costumbre. Esta noche, solo iba a cortar en pedazos el pollo con salsa barbacoa y hacer una ensalada. Ella no se quedaría mucho ya que el largo día estaba empezando a sentirse en ella.

Sonreía mientras pensaba en los Evans y su bebé. Bella amaba los finales felices y eran una pareja encantadora que merecía felicidad. Ella sabía que la pequeña Danielle sería adorada y mimada por sus cariñosos padres.

Sus pensamientos se dirigieron al nuevo médico. Ahora que ya no estaba en su presencia Bella comenzó a pensar que se había imaginado su reacción a su cercanía. Debió ser la intensidad de las emociones del nacimiento y sus circunstancias. Él no podía ser tan guapo como había pensando. Su imagen apareció en su mente, desmintiendo sus pensamientos. «Edward Cullen era sólo un colega y así era como se iba a quedar», pensó severamente Bella.

—Hola, papá —gritó, mientras entraba ella misma a la casa.

—Oh, hola, Bella —contestó Charlie—. ¿Recién terminas de trabajar?

—Sí. La señora Evans llegó esta tarde y no salí hasta que nació el bebé —dijo Bella, entrando a la sala de estar. Charlie estaba viendo un partido de fútbol, como de costumbre.

—¿Qué ha tenido?

—Una niñita. Danielle Bella —gritó Bella, llevando la comida a la cocina—. ¿Has comido? —Ella sabía cuál sería la respuesta, pero de todos modos siempre preguntaba.

—No, todavía no. Voy a tener que felicitar a Dave la próxima vez que lo vea —dijo Charlie entrando en la cocina—. Tienes otro bebé nombrado en honor tuyo. El lugar estará invadido de Bellas a este ritmo —bromeó.

Bella se rió.

—No son demasiadas, papá. Y la mayoría son segundos nombres, que rara vez se usa de todos modos. —Ella preparaba su comida mientras hablaba.

—Bueno, al menos tu nombre no es Muriel o algo así —bromeó Charlie, sentándose en la mesa mientras Bella le daba su plato y se sentaba.

—Gracias a Dios por eso —rió Bella.

—Deja los platos, Bella —dijo Charlie cuando terminaron de comer—. Los lavaré después del partido.

—De acuerdo. Me voy a casa. Estoy bastante cansada —dijo Bella mientras se estiraba—. Oh, ¿sabes qué? El nuevo obstetra comenzó hoy. Él es Edward Cullen, el hijo de Carlisle.

—¿En serio? —preguntó Charlie—. Espero que se parezca a su padre. Un buen hombre, Carlisle.

—Él ayudó a dar a luz al bebé hoy y parece que sabe sus cosas, pero supongo que el tiempo lo dirá.

—¿Cómo es él? —preguntó Charlie.

—Parece bastante agradable y creo que va a resultar popular entre las madres —dijo Bella.

«Por no mencionar al personal femenino, incluida yo», pensó.

Una vez de vuelta en su apartamento, Bella no perdió el tiempo entrando en la ducha, dejando que el agua caliente relajara sus músculos cansados. Vistiendo pantalones deportivos y la vieja sudadera de la universidad, Bella se acomodó en su sofá a ver un poco de televisión sin sentido. Necesitaba relajarse para que pudiera conciliar el sueño.

Recordando que había mensajes en su teléfono, lo agarró y se desplazó a través de ellos. El mensaje de Alice era de su hermano empezando en el hospital. «Desearía haber visto eso más temprano», pensó con tristeza Bella. Llamaría a Alice mañana.

Los otros mensajes eran de su amigo Jacob. Él era de la tribu Quileute y había sido su amigo desde que regresó a Forks, cuando tenía dieciséis años. Su padre, Billy Black, era el mejor amigo de su padre. Jacob era alto y corpulento y hacía que el corazón de muchas se acelere en Forks, pero hasta el momento ninguna de las chicas lo había atraído. Bella y Jacob habían intentado salir hace años, pero descubrieron que su amistad se interponía en el camino. Habían acordado que estaban destinados a ser sólo amigos. Disfrutaban de su mutua compañía y era muy útil cuando en una reunión social era obligatorio llevar pareja. Jake era un mecánico experto y había revisado un par de autos de Bella.

Todos los mensajes eran pidiendo a Bella que lo llame. Jake no era de dejar varios mensajes, así que Bella decidió llamarlo de inmediato para ver lo que estaba pasando.

—Hola, Jake, soy yo. ¿Qué está pasando? —preguntó Bella cuando él atendió.

—Bella. Gracias por llamar. ¿Estás ocupada? ¿Puedo ir? Necesito hablar contigo —dijo Jake, su voz tenue.

Preocupada ahora, Bella estuvo de acuerdo. Puso un poco de café a filtrar mientras esperaba. Diez minutos después, sonó el timbre. Abriendo la puerta, Bella se quedó estupefacta ante el demacrado rostro de Jake.

—¡Jake! ¿Qué pasó? —preguntó con urgencia, tirando de él en la habitación. Caminando lentamente, Jake se dejó caer en su sala de estar, inclinando su cabeza hacia atrás y cerrando los ojos. No dijo nada durante un par de minutos. Bella esperó a que hablara, preocupada por su amigo.

Finalmente, Jake levantó la cabeza y se volvió a mirarla. Había un mundo de dolor en sus ojos.

—¿Sabes que papá ha estado teniendo esos dolores de cabeza? —preguntó con voz ronca. Bella asintió con la cabeza—. Nos enteramos hoy que es un tumor cerebral y es inoperable. Papá está muriendo, Bella. —La voz de Jake se quebró en las últimas palabras.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, Bella lo abrazó con fuerza, tratando de transmitir algo de consuelo.

—Lo siento mucho, Jake. ¿No hay esperanza? —preguntó, sabiendo cuál sería la respuesta.

Jake sacudió la cabeza.

—Ellos no le dan mucho tiempo. Meses como máximo. —Se tapó la cara con las manos y lloró en silencio. Bella simplemente puso sus brazos alrededor de él, ofreciendo consuelo lo mejor que pudo.

Varios minutos después, Jake limpió sus ojos y se apoyó en el sofá. Bella se levantó, para hacer unas tazas de cafés. Mientras, ella preparaba sus bebidas, reflexionaba tristemente sobre el hecho de que mientras un alma llegaba al mundo, otra se iba. Tanta alegría más temprano y ahora tanto dolor. Las dos emociones entrelazadas.

—¿Cómo lo tomó Billy? —preguntó mientras bebían el café.

—Mejor que yo. Yo quería ir y buscar otras opciones, investigar nuestras opciones, ver si hay un tratamiento, pero, papá dijo que no. Dice que es su hora y que está preparado.

¡Maldita sea, no estoy preparado para esto! —gritó, dando un puñetazo en el sofá.

—Yo sé que no, pero es su elección, Jake —dijo suavemente Bella.

—Lo sé —suspiró Jake—. Es sólo… No quiero que mi padre muera, Bella. —Cerró los ojos de dolor. Bella tomó su mano y la apretó.

Se sentaron en silencio, ambos perdidos en sus propios pensamientos. Jake fue el primero en moverse.

—Mejor me voy. Probablemente trabajas mañana.

Bella asintió con la cabeza.

—Charlie no dijo nada más temprano, ¿así que lo tomo como que no lo sabe?

Jake sacudió la cabeza.

—No. Papá quiere decirle él mismo. Quiere que lo lleve mañana a lo de Charlie.

—Papá va a ponerse mal —susurró Bella, preocupada por su padre—. Han sido mejores amigos mucho tiempo.

—Sí. —Se puso de pie para salir, Bella siguiéndolo hacia la puerta.

En la puerta Bella lo abrazó de nuevo.

—Por favor dale mis cariños a Billy. Voy a tratar de verlo tan pronto como pueda.

—Claro, claro. Gracias por escuchar, Bella —dijo con tristeza.

—Eres mi amigo. Siempre estaré aquí para ti. Por favor, cada vez que necesites algo, llámame. Incluso si es sólo para hablar.

Cuando Jake se marchó, Bella fue a la cama, cansada con tristeza. Pobre Jake. Él y Billy eran muy unidos y sería muy difícil para él cuando Billy falleciera. Sus hermanas estaban casadas y entre estados, así que Jake llevaría la mayor parte de la carga.

Derramando algunas lágrimas por Billy, Jake y su padre, Bella se durmió.

o-o-o-o-o-o

Al entrar en el trabajo al día siguiente, Bella sentía que se le cerraban los ojos por su mala noche de sueño. Su mente no dejaba de preocuparse por Jake. Ella sabía que no había nada que se pudiera hacer, sino apoyar tanto a Jake como a Billy.

Estaba leyendo unas notas cuando oyó pasos detrás de ella.

—Hola.

El sonido de sus tonos melodiosos le envió un escalofrío por la espalda. Dándose vuelta, Bella lo miró, su corazón saltó un latido cuando lo vio sonriéndole. «De acuerdo, por lo visto definitivamente mi memoria no le hizo justicia anoche», pensó.

—Ah… hola… Dr. Cullen —tartamudeó, pateándose mentalmente a sí misma por sonar como una adolescente enamorada.

—¿Cómo estás esta mañana? —preguntó, apoyándose en la mesa.

Bella intentó ignorar el hecho de que el área de la ingle estaba casi directamente en su vista debido a su altura.

—Bien, gracias —contestó lo más normal que pudo. Para evitar que sus ojos vagaran a su trasero de nuevo, ella se levantó—. Llegas temprano.

—Quería estudiar las historias de las cesáreas programadas para hoy. ¿A qué hora el Dr. Haas debe presentarse?

—Normalmente entra cerca de las ocho a no ser que haya tenido que venir durante la noche —le dijo.

Edward asintió, sus ojos recorrieron su cara sin perderse ni un detalle, pareciera.

—¿Estás bien, Bella? —preguntó de repente.

Sorprendida, los ojos de Bella se encontraron con los suyos.

—¿Qué quieres decir?

—Pareces... triste, por alguna razón —respondió en voz baja.

«Este hombre no sólo era precioso sino perceptivo también», pensó.

—Estoy bien. Recibí una mala noticia anoche, nada más. —Se estaba poniendo incómoda bajo su escrutinio.

—¿Hay algo que yo pueda hacer? —preguntó, inclinando la cabeza hacia ella.

Parecía que todo había desaparecido a su alrededor mientras Bella lo miraba. Podía sentir su respiración acelerándose cuando sus ojos se encontraron. ¿Qué era ese efecto que tenía sobre ella? Ella sólo lo había conocido ayer.

Sacudiendo ligeramente la cabeza para despegarse, Bella rompió la mirada. Bajando la vista al escritorio, le contestó:

—No, pero gracias por preguntar.

Edward se veía ligeramente aturdido. Bella se preguntó si sintió algo, descartando al instante la idea. Un hombre como Edward probablemente tenía a las mujeres golpeando su puerta. Era el hombre de ensueño de toda mujer. Guapo, inteligente, rico. ¿Qué más se podía pedir? Dudaba mucho que una joven pueblerina como ella pudiera atraer a alguien como él.

—¿Tienes las historias clínicas de las pacientes para las cesáreas de hoy? —preguntó rápidamente, volviendo a la normalidad.

—Sí, se las pedí a la enfermera de guardia cuando llegué. He estado leyéndolas en detalle y parecen bastante sencillas —respondió, igualmente serio.

—Sí, lo son. Las tres han tenido cesáreas anteriormente y han elegido tener lo mismo esta vez —asintió.

—¿Estarás en quirófano? —preguntó él.

—No, las enfermeras de quirófano por lo general ayudan con las cesáreas —respondió, sacudiendo la cabeza—. Si nos quedamos muy cortos de personal debido a una enfermedad, ayudaría entonces, pero no es algo que hago a menudo.

Mientras hablaban, las puertas del ascensor se abrieron y un hombre de mediana edad con un maletín salió y se dirigió hacia ellos.

—Hola, Dr. Haas —saludó con una sonrisa Bella.

—Buenos días, Bella —respondió, mirando con curiosidad al joven de bata blanca parado junto a ella.

—Dr. Haas, este es el Dr. Edward Cullen. Él es nuestro nuevo obstetra.

Las cejas del Dr. Haas se levantaron en sorpresa luego extendió la mano para estrechar la mano de Edward.

—¿Cullen? ¿Eres tú…?

—Sí, soy el hijo de Carlisle —contestó Edward con una sonrisa triste, estrechando la mano del otro médico—. Encantado de conocerlo, Dr. Haas.

—Bernard, por favor —fue la respuesta—. ¿Pensábamos que llegarías la próxima semana? ¿Cuándo llegaste aquí?

Bella fue la primera en responder.

—El Dr. Cullen decidió comenzar antes y vino ayer a conocer.

—Siento no haber estado aquí para mostrarte las instalaciones. Han sido muy ajetreados los últimos meses aquí.

Edward sacudió la cabeza.

—Bella realizó un trabajo admirable mostrándome los alrededores y presentándome a todos. Ella incluso me dejó asistir en un parto —bromeó, sonriendo a Bella.

Bernard rió.

—Estaríamos perdidos aquí sin Bella. Las madres la aman y algunas incluso han programado inducir el parto para coincidir con sus turnos.

Edward la miró de nuevo, una leve sonrisa en sus labios tan irresistibles. Bella sentía como se ruborizaba bajo la mirada de los dos hombres.

—No diga tonterías, Dr. Haas. Todas las parteras aquí son maravillosas.

—Si tú lo dices, Bella —contestó Bernard—. Edward, vayamos a mi oficina y revisamos lo programado para hoy, ¿eh?

—Claro. Tengo las historias clínicas en mi oficina, así que voy a agarrarlas y nos encontramos allí —dijo Edward, alejándose de la mesa.

Con una sonrisa rápida a Bella, Edward se marchó con el otro médico.

Bella dejó salir la respiración que parecía que estaba contenido en presencia de Edward. Se tocó las mejillas y no sé sorprendió al descubrir que estaban calientes. Edward parecía tener un efecto muy fuerte sobre sus sentidos, pero Bella necesitaba ignorarlo todo lo posible. Ella no quería ser objeto de chismes como eran siempre todos los romances de hospital. En el más mínimo indicio de algo entre el personal, las lenguas comenzaban a moverse. Bella odiaba atraer la atención sobre sí misma, siendo naturalmente una persona reservada.

Empezó sus rondas de la mañana y decidió ir a ver primero a Carol Evans, para averiguar cómo había ido su primera noche de maternidad. Al entrar en la habitación, Bella vio a Carol acostada en la cama, mirando a su bebé acostada junto a ella.

—Buenos días, Carol —susurró Bella, mirando hacia abajo a la bebé que dormía tranquilamente—. ¿Cómo has pasado la noche? ¿Pudiste dormir?

Carol asintió, sonriendo serenamente hacia Bella.

—Estuvo despierta por un buen tiempo, pero finalmente se durmió hacia las dos de la mañana. Ha estado durmiendo desde entonces. Dormía, pero despertaba a cada ruido o llorisqueo.

—Eso es normal, por lo que otras madres me dicen —sonrió Bella—. ¿Pudiste darle de comer?

—Lo intenté, pero ella no parece interesada. No ha comido desde anoche. ¿Está bien eso? ¿Debería despertarla?

Bella sacudió la cabeza.

—A veces los bebés están muy cansados por el nacimiento y no quieren comer por algún tiempo. Todo el proceso de nacimiento es muy traumático para un bebé, ya sabes. Si te preocupa, puedes intentar despertarla en un par de horas y ver si ella acepta alimento. No te preocupes demasiado, comenzará a gritar por su comida cuando esté lista.

Carol se sintió aliviada por las palabras de Bella.

—¿Qué te parece si te reviso ahora y chequeo a Danielle cuando se despierte? —preguntó Bella.

Carol asintió su conformidad y Bella procedió a examinarla, anunciándose a sí misma satisfecha al final.

—El útero se está contrayendo muy bien y todo lo demás parece bien. Lo has hecho muy bien —elogió Bella.

—Gracias por tu apoyo, Bella. Dave y yo realmente no creíamos que finalmente tendríamos a nuestro bebé hasta que tuve treinta y seis semanas y supimos que estaría bien si nacía. Antes, era como si estuviéramos esperando malas noticias —dijo Carol, con los ojos llenos de lágrimas.

Bella posó su mano en el hombro de la otra mujer.

—Eso es perfectamente comprensible, después de todos los problemas y angustia que han pasado. Ahora Danielle está aquí y perfectamente sana.

—Sí. Ella es nuestro pequeño milagro —susurró, mirando hacia abajo a su amada hija.

—¿Cómo está Dave?

—Oh, Dios mío. Estaba en las nubes cuando finalmente se fue anoche. Llamó a todos sus amigos y se encontrarían con él en su bar favorito, para brindar por el nacimiento. Dios sabe cómo va a estar esta mañana —se rió con Bella.

—Me aseguraré de revisarlo cuando él venga —se rió Bella.

—Él vendrá esta mañana con nuestra familia. Están todos tan emocionados como nosotros, así que esperamos no molestar a los demás.

—Sólo cierra la puerta si estás preocupada. Mientras estén aquí durante las horas de visitas, debería estar bien —aseguró Bella.

—¿Puede Dave quedarse después del horario de visitas? —preguntó Carol.

—Sí, sólo el padre. Las nuevas mamás necesitan un tiempo de descanso, lejos de la emocionada familia. Es un buen momento para mostrarte cómo bañar al bebé y cualquier otra cosa que tú quieras saber.

Después de charlar durante unos minutos más, Bella continuó con su ronda. Conversó un momento con las madres, respondiendo sus preguntas.

Entró en la habitación de la Sra. Wolfe y vio a su marido sosteniendo a su bebé, cantando una canción de cuna en la lengua Quileute. Escuchó durante unos momentos, encantada por el sonido. El pequeño Paul estaba envuelto en una manta con estampado nativo.

—Buenos días. —Ambos padres levantaron la vista y le sonrieron—. ¿Regresan a casa hoy?

—Eso espero —asintió la Sra. Wolfe—. Todos ustedes han sido maravillosos, pero realmente quiero salir de aquí.

Bella rió.

—Por supuesto que sí. Cualquiera de los dos, el Dr. Haas o el Dr. Cullen vendrán y te darán de alta si todo está bien, que creo que lo está.

—Eso es bueno. Creo que mi leche vino. Estoy goteando como un grifo. —Ella hizo una mueca.

—Asegúrate de abastecerse de esas almohadillas de lactancia —aconsejó Bella—. Cuando estás en casa, simplemente puedes usar un pañal debajo de tus pechos para absorber el goteo.

—Parece buena idea —estuvo de acuerdo la Sra. Wolfe—. Están tan doloridas, sin embargo.

—Voy a decirte una superstición que realmente funciona. Consigue un repollo, ponlo en el refrigerador y pon las hojas frías en tu sostén. Realmente ayuda con el dolor y apacigua el calor de acuerdo a las madres con las que he hablado.

—¿Las cocino primero? —preguntó.

Bella se rió en voz alta.

—¡No, no lo hagas! Agh —se rió—. Solamente las hojas crudas. No quieres chucrut en tu sostén.

Se rieron ante esa imagen, Bella aún reía mientras salía de la habitación.

No vio a Edward el resto de la mañana porque él estaba en quirófano con el Dr. Haas. Ella sólo agarró para sí misma un sándwich y un café y volvió a maternidad, no estaba de humor para hablar sobre el nuevo médico. Corrió la voz como la pólvora acerca del guapísimo y flamante doctor y Bella sabía que sería bombardeada con preguntas de las enfermeras. La idea de escuchar a otras mujeres haciendo posiblemente comentarios lascivos hacia Edward le ponía los nervios de punta.

Por la tarde recibieron una llamada desde Urgencias informándoles que una mujer embarazada había llegado y estaba sangrando.

Bella fue en busca de uno de los médicos y encontró a Edward en su escritorio haciendo anotaciones en las historias clínicas. Miró hacia arriba mientras llamó a la puerta, recibiéndola con una sonrisa de bienvenida en su rostro. De nuevo, Bella sintió la sacudida de conciencia.

—Edward, por favor, ¿puedes bajar a Urgencias? Parece que viene una mujer embarazada que está con hemorragias.

Levantándose al instante, Edward la siguió fuera de la sala, su mano sobre su espalda, mientras él la guiaba afuera. Bella sintió el calor irradiar a través de ella desde el punto de contacto, haciendo que su corazón se acelere. Caminó más rápido, dejando caer su mano, para su alivio.

—¿Sabemos qué tan avanzada es su gestación? —preguntó, serio.

—No, no me dieron ningún detalle.

—Bella, ven conmigo por favor. Si ella está sangrando mucho, puede que agradezca una mujer cerca mientras la revisamos. Además, me puedes decir cómo trasladarla aquí.

Bella asintió su conformidad y lo siguió hasta el ascensor. Se sentía nerviosa por estar en un espacio cerrado con él, pero su mente ya estaba en el trabajo por hacer y no habló. Bella aprovechó la oportunidad para mirarlo correctamente.

Era alto, ancho de hombros. Su cuerpo era delgado y se preguntaba cómo sería su pecho. No podía darse cuenta debajo de su camisa, sus delgadas caderas vestían pantalones caros, llevaba puesta una corbata roja. Combinaba con la bata blanca, no cabe duda de que le pueda hacer la competencia al Dr. Ross de George Clooney. Edward Cullen era sexy como el infierno.

En la sala de emergencias, encontraron a la joven acostada en la cama, con ojos asustados. Edward se presentó así mismo y a Bella y empezó a hacerle preguntas. Tenía diecinueve semanas de embarazo y comenzó a sangrar mucho esta mañana. Edward le pidió a Bella que organizara para trasladarla a maternidad donde iba a hacer una ecografía. Necesitaba encontrar la causa del sangrado y ver si el feto estaba todavía vivo.

Cuando los camilleros llegaron para trasladarla, Bella y Edward caminando detrás, Bella había ordenado que la máquina de ultrasonido esté preparada para ellos.

—¿Alguna idea? —preguntó en voz baja, teniendo un par ella misma.

—Mi primer pensamiento es placenta previa, o que la placenta está desprendida, lo que significa que no podemos hacer nada. Con suerte, la ecografía nos dirá —respondió Edward.

Se llevaron a la paciente a una de las salas de tratamientos y llevaron la máquina de ultrasonido. Bella la alistó, untando gel sobre su aún pequeño estómago y controlando que la máquina estaba funcionando correctamente.

Edward tomó el control y realizó la prueba, mirando en la pantalla el contorno del pequeño feto. Frunciendo el ceño, maniobraba el transductor queriendo revisar todos los ángulos. Mientras trabajaba, señaló al feto, moviéndose alrededor. La madre suspiró con alivio al darse cuenta de que su bebé estaba todavía vivo.

—Señora Chan, la razón por la que usted está sangrando es porque tiene una afección llamada 'placenta previa'.

—¿Qué es eso, doctor? —preguntó con preocupación la señora Chan—. ¿Mi bebé va a estar bien?

Edward le palmeó la mano en aliento.

—Bueno, no es una buena cosa por desgracia. Lo que significa es que su placenta se adhirió en la parte baja de su útero. En realidad está sobre el canal de parto, lo que significa que no hay manera de que usted pueda tener un parto vaginal ya que está bloqueando la salida, por así decirlo. Si usted entrara en trabajo de parto, sería muy, muy grave porque la placenta se separaría primero, cortando el oxígeno de su bebé antes de nacer.

La señora Chan se llevó la mano a la boca, con los ojos llenos de lágrimas. Bella tomó la otra mano de ella.

—¿Así que tengo que tener una cesárea?

Edward asintió.

—Sí, pero el problema es que la placenta está en una posición muy vulnerable y si tiene alguna contracción, incluso las más leves, se podría separar. Por lo tanto, tendrá que estar prácticamente postrada en la cama por el resto del embarazo.

—Oh Dios —se quedó sin aliento, llorando en serio ahora—. ¿Qué necesito hacer?

—¿Dónde está su esposo? —preguntó Bella suavemente.

—Él está fuera de pesca comercial durante otras tres semanas —sollozó.

—¿Tiene usted parientes, amigos por aquí? ¿Puede usted ponerse en contacto con su marido? —preguntó Edward.

—Sí, mi madre vive en la cuidad. Puedo llamar a mi marido, pero él está en el mar y no puede volver.

—La evaluaremos minuciosamente en los próximos días, pero puede que tenga que permanecer en el hospital durante el resto de su embarazo. Es necesario reposo absoluto en cama hasta que el bebé sea lo suficientemente grande para sobrevivir fuera del útero. Lo más prematuro que podemos atender aquí es de veintiochos semanas. Más prematuro que eso y tendríamos que transferirla a Seattle. Si iniciaran las contracciones, le daríamos fármacos para intentar detener el trabajo de parto. Lo siento por la mala noticia, pero si sigue las instrucciones espero que podamos evitar un parto prematuro y su bebé estará bien.

—Haré cualquier cosa, doctor —declaró—. Cualquier cosa si eso significa que mi bebé va a estar bien.

Edward sonrió con simpatía y se volvió a Bella.

—¿Se puede organizar un teléfono para que la señora Chan pueda ponerse en contacto con sus familiares?

Bella asintió y agarró el teléfono.

—En primer lugar tenemos que detener el sangrado. Haremos nuestro mejor esfuerzo para conseguir un final feliz. —Él sonrió—. Llama a su marido y madre. Diles que voy a hablar con ellos cuando lleguen o llamen.

Bella salió de la habitación para organizar la admisión de la señora Chan. Ella pidió a una enfermera joven que vaya y llene los papeles. Otras pruebas se llevarían a cabo al día siguiente, pero parecía que ella no se va a ir pronto a casa. Por desgracia para la señora Chan, el destino de su bebé por nacer estaba ahora en las manos de Dios. La medicina no podía hacer mucho más y si ella comenzaba a sangrar profundamente o la placenta se desprendía, no habría nada que Edward o cualquier otra persona pueda hacer.

Cuando la señora Chan fue instalada en la sala, Bella regresó a la sala de tratamiento para ponerla en orden. Estaba guardando el equipo cuando Edward entró a la habitación. Se volvió a verlo, estaba apoyando un hombro contra el marco de la puerta, viéndola trabajar. Frunciendo el ceño, preguntó escuetamente.

—¿Hay algo que quiera, Dr. Cullen?

El labio de Edward se levantó ligeramente de costado, como si algo lo estuviera divirtiendo.

—Edward. No hay ningún paciente aquí, Bella. —Mientras hablaba, sus ojos se posaron sobre ella, asimilando su aspecto, sus ojos verdes sin revelar nada.

—De acuerdo… Edward —dijo. Ella sintió la tensión que siempre sentía en su presencia. La conciencia —. ¿Puedo hacer algo por ti?

Sacudió la cabeza.

—No, sólo quería darte las gracias por ayudarme con la señora Chan.

—Es mi trabajo —contestó—. ¿Cuáles son las posibilidades del bebé, qué piensas? —continuó en un tono más suave.

Él se encogió de hombros, un movimiento masculino que Bella disfrutaba demasiado.

—¿Quién sabe? La placenta está en una muy mala posición.

Bella asintió con simpatía.

—Todo lo que podemos hacer es esperar, supongo.

—Realmente te preocupas por los pacientes, no. —comentó Edward.

—Por supuesto que sí. ¿Por qué crees que hago esto? Desde luego que no es por el dinero —replicó ella.

—Lo siento, no fue mi intención ofenderte. He conocido algunas enfermeras y parteras para las que los pacientes no son realmente personas, sólo otro caso.

¿Por qué te convertiste en partera?

—Porque no creo que obtenga tanta satisfacción en ninguna otra parte.

¿Por qué te convertiste en un obstetra? —preguntó de nuevo.

—Misma razón que tú. Creo que la obstetricia es uno de los más felices del ámbito médico. Por supuesto, vemos tragedias y la tristeza, pero en general, estamos rodeados de gente feliz.

Bella sólo podía estar de acuerdo.

—Sí, por lo general voy a casa cansada, pero feliz.

—Bueno se nota. Eres maravillosa con las madres —dijo suavemente.

Bella, para su fastidio, se sonrojó intensamente ante su cumplido.

—Gracias. Hablando de casa, yo ya me voy.

Edward se puso derecho.

—De acuerdo. Bueno que tengas buenas noches. Estoy atendiendo mi primer consultorio mañana.

¿Quién está asignada para asistir?

—Yo. Entro tarde, pero las consultas no comienzan hasta la una de la tarde.

—Estupendo, estaré esperando por ello —sonrió su peligrosa, y sensual sonrisa a ella.

Sintiendo su pulso comenzar a acelerarse, Bella se volvió a guardar las últimas cosas y dejó la habitación. Edward todavía estaba de pie en la puerta y mientras se movía más allá de él, él se acercó y tocó la piel desnuda de su brazo. El aumento de la electricidad que sentía ante la sensación de su piel en la de ella era intensa. Bella lo miró fijamente, tomando nota del ligero estrechamiento de sus ojos. Quitó el brazo y Bella estaba segura de que ella se imaginó que él acariciaba su piel mientras lo hacía.

—Hasta mañana —dijo en voz baja.

Incapaz de decir una palabra, Bella asintió y salió de la habitación rápidamente. Todavía podía sentir su piel quemar donde sus dedos tocaron. Todo el episodio sólo tomó un par de minutos pero tenía una calidad, surrealista de ensueño.

Mientras Bella juntaba las cosas tenía que admitirse a sí misma la verdad. Se sentía totalmente atraída por Edward. Todo en él la atraía. Su aspecto, su voz, su manera de ser con los pacientes y los bebés. Ella nunca había estado tan atraída por un hombre antes.

Tan pronto como esta realización la golpeó. Bella sabía que no podía dejar que se notara su atracción. Podría ser muy humillante. Edward podría no estar atraído por ella, por lo que tendría que actuar tan normal alrededor de él como sea posible. Bella podía manejar eso.

Eso no significaba que no podía soñar con él en la intimidad de su propia casa, sin embargo.

o-o-o-o-o-o

Ella pasó por casa antes de ir a ver a Charlie. Había recibido un mensaje de Jake que Billy había visto a su padre, por lo que quería ver cómo estaba. Bella sabía que iba a estar devastado por la noticia de Billy, incluso si él no lo demostrara.

Mientras se descongelaba una comida que había hecho el fin de semana, Bella decidió llamar a Alice. Ella no había hablado con su amiga desde el fin de semana.

—Hola, Bella, recibiste mi mensaje —dijo Alice alegremente.

—Sí. Lo siento, que no llamara antes, pero sucedieron cosas.

—No te preocupes. Sé que tu trabajo no es de nueve a cinco. ¿Te llamé porque quiero saber si estás ocupada el sábado por la noche?

Bella pensó rápidamente.

—Sí. Trabajo el domingo, pero el sábado estoy libre.

—¿Por qué?

—Jasper y yo vamos a hacer una cena y queremos que vengas —respondió Alice.

—Oh. ¿Cuál es la ocasión?

—Ninguna en realidad. Sólo queremos dar la bienvenida a Edward a la cuidad y me gustaría que estés ahí, ya que ustedes trabajan juntos.

Bella se mordió el labio. Ella quería decir no pero no podía. Ya había dicho que estaba libre, así que no había escapatoria alegando un compromiso previo. ¿Cómo iba a hacer frente a sentarse en la misma mesa que Edward?

—Ah… vale —dijo lentamente—. ¿Quién más vendrá?

—Edward, por supuesto y Rosalie la hermana de Jasper, y su esposo. Oh, y mamá y papá claro.

—¿No voy a estar molestando en una cena familiar? —preguntó Bella, cruzando los dedos.

—No digas tonterías. Entonces, ¿qué piensas de Edward? —preguntó Alice con malicia.

—¿Qué... qué quieres decir? —tartamudeo Bella, mentalmente pateándose a sí misma.

—¿Piensas que es guapo?

—¡Oh Dios! ¿Qué es lo que trama la duende? Bueno, sí. Es muy apuesto. Es obvio, ¿verdad? —eludió la respuesta.

—Mmm. ¿Te gusta?

—¿Eh? Sólo conocí a tu hermano ayer y pasamos la mayor parte del tiempo o bien asistiendo en un parto o con él en la cirugía de hoy. Parece realmente muy agradable, pero realmente no lo conozco. ¿Por qué estás preguntándome esto? —preguntó Bella con suspicacia.

—Sin razón. Sólo quería saber lo que piensas de mi hermano, eso es todo. Tal vez ustedes puedan conocerse mejor el sábado —dijo Alice inocentemente.

—¿Qué estás tramando, Alice?

—Nada, Bella. No seas tan sospechosa, por el amor de Dios.

—De acuerdo. Tengo que irme, Alice. Tengo que ir a ver a papá. Recibió malas noticias hoy y tengo que ver cómo lo está tomando.

—Oh, lo siento. ¿Qué pasó?

—Te voy a decir el sábado —respondió Bella.

—Está bien. Nos vemos entonces. Alrededor de las siete.

Bella colgó y se preparó para ver a su padre no estaba ansiosa por esto.