Naruto había estado distraído todo el día, no podía sacarse de la mente a Sasuke, anoche toda estaba bien hasta que le llamaron por teléfono y desapareció. ¿Por qué lo hacía? y más bien ¿Cómo lo hacía tan rápido? No podía dejar de pensar en posibles respuestas.

-¡Naruto! – Gritó desesperado el pelirrojo, ya lo había llamado varias veces pero no reaccionaba.

-¿Qué? – preguntó exaltado

-¿Qué te pasa? ¿Por qué llegaste tan tarde anoche?

- Ah yo.. – no sabía que decir. Claro, podía decir la verdad, pero por algún extraño motivo sentía que no debía decirlo- me quedé dormido …

-¿Dormido? Me dijiste que estabas con alguien… ¿Quién es ese alguien?

-Nadie importante, oye no te preocupes, no me pasa nada estoy bien.

-De acuerdo – trató de sonreír sinceramente pero no lo logró, en verdad estaba preocupado por el rubio.

El rubio y sus amigos se prepararon para trabajar un rato en el hotel, a Naruto le había tocado ser el botones, tenía que llevar las maletas de los huéspedes hasta sus habitaciones. A Gaara le había tocado ser mesero junto con otros de sus amigos.

Naruto estaba aburrido, hacía ya más de una hora que no llegaban huéspedes. Miro a todos lados buscando en que entretenerse. En la recepción solo había dos chicas platicando.

-¡No puede creer que estemos aquí! – decía emocionada una de ella de pelo negro- espero que podamos ver a un Uchiha!

-pero ¿no es peligroso?

-No seas tonta, no les hagas casos a los comentarios esos que oyes.

-Pero todos dicen que son malos, que ni si quiera son humanos, que pueden ser demonios o…

-¡Basta! Eso es mentira, los Uchiha están súper sexis y tengo que ver uno aunque muera en el intento.

"Qué complicadas… Shikamaru tiene razón" pensaba el rubio mientras sonreía.

Llegó la noche y le rubio se sentía emocionado. La noche para él era igual a Sasuke. No sabía porque pero presentía que lo vería hoy. Se disculpó con sus amigos que lo habían invitado al bar y les dijo que regresaría tarde.

Salió corriendo del hotel y llegó al lugar en donde se habían visto la noche anterior. Sonrió al recordarlo y se sentó a esperarlo. Pasaron algunas horas y se quedó dormido.

A lo lejos Sasuke lo estaba observando, pensando en qué hacer. Sin darse cuenta se fue acercando a él y se le quedó viendo fijamente. ¡Ahora era su oportunidad, él estaba dormido, indefenso… podía hacerlo! Acercó su rostro al suyo, sus colmillos aparecieron, estaba a punto de morderlo pero se detuvo al sentir su respiración. Estaba tan calmada, su rostro parecía tan inocente.

"¡Mierda! No puedo " pensó mientras se alejaba de él. Se levantó de la arena y comenzó a caminar.

-¿Sasuke? – lo llamó el rubio mientras se sentaba- ¿eres tú? – preguntó mientras volteaba con él y al verlo, en su rostro se dibujó una hermosa sonrisa – sabía que vendrías – se paró rápidamente.

El pelinegro no dijo nada, simplemente lo miró fijamente. ¿Qué tenía ese chico? ¿Por qué no podía cumplir su misión? Aquel chico seguía sonriendo como un tonto y sin darse cuenta Sasuke también lo hacía. Cuando se percató del gesto que tenía rápidamente se volvió a poner serio.

-¿Te pasa algo? – preguntó curioso el rubio mientras se acercaba a él.

-No – respondió fríamente - ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

-mmm como tres horas – contestó inocente.

-¿Esperándome? – el rubio asintió y después agachó la cabeza, quería ocultar su sonrojo al darse cuenta que lo había esperado tres horas. ¿Por qué lo había hecho? Ni el mismo sabía

-…yo…

-No tienes que decir nada – dijo mirando hacia el mar – dobe– susurró. Si eso era, un dobe por hacerlo incapaz de cumplir su misión.

-Hay que hacer algo – insistió el rubio – ¡hay que hacer castillos de arena! – dijo el chico muy feliz, tomando a Sasuke del brazo y jalándolo a que se hincara.

-Yo no sé hacer eso – se quejaba mientras veía a Naruto comenzar a hacer su castillo.

Después de un rato de estarlo observando el rubio sonrió victorioso. El Uchiha dirigió su mirada a la "obra de arte" y se empezó a reír. Eso parecía de todo menos un castillo. Naruto lo miró enojado.

-¿De qué te ríes? – preguntaba haciendo un puchero

-Jaja ¿Qué es eso?

-¿Cómo que qué es? Es un castillo- contestó mientras agarraba arena con su mano, tras ver que Sasuke no dejaba de reír se la aventó en la cara- jajajajaja

-Hey, ¿qué te pasa, dobe? – tosió un poco. Agarró un puñado de arena y se la aventó al chico mientras se levantaba y se alejaba un poco.

-¡Oye teme! – se levantó y comenzó a perseguir al azabache aventándole más arena.

Y así comenzó la guerra de "bolas de arena". Estuvieron un rato aventándose la arena pero después ya solo se perseguían.

El rubio estaba corriendo de espaldas mientras se reía con su amigo, se sentía muy feliz, y de repente tropezó con su castillo de arena y cayó, pero no sólo, ya que alcanzó a agarrar a Sasuke de la muñeca ocasionando que ambos cayeran a la arena. Sus rostros quedaron muy cerca, el rubio podía sentir la respiración de su amigo. Sin darse cuenta Sasuke fue acercándose poco a poco y el rubio cerró los ojos lentamente. Sus labios estaban a punto de rozarse pero Sasuke se levantó velozmente y le dio la espalda a Naruto.

Tras no sentir el tacto el rubio abrió los ojos y al verlo a unos metros se paró enseguida. ¿Qué había pasado? ¿Por qué tenía tantos deseos de que ese beso se hubiera llevado a cabo?

-Será mejor que me vaya – dijo mientras se rascaba la cabeza

-¡No! – Contestó inmediatamente- fue mi ón.

El azabache agachó un poco la cabeza como si estuviera pensando y después de unos minutos comenzó a caminar.

-¡Sasuke! – le gritó mientras corría tras él y lo abrazaba por la espalda – no te vayas - susurró

El Uchiha se sorprendió de sentir que aquellos brazos rodeaban su cuerpo. ¿Qué acababa de pasar? ¿Por qué el rubio lo pudo tirar siendo que él tiene excelentes reflejos? ¿Por qué se estaba dejando llevar? ¿Por qué estaba a punto de besarlo? Y más importante ¿Por qué tenía unas inmensas ganas de probar los labios de aquel rubio? Eso no siquiera estaba en sus planes…

Sin querer pensar simplemente hizo lo que tenía ganas. Se volteó con Naruto quedando frente a frente. Lo sujeto por la cintura y lo acercó a él, haciendo que sus labios encajaran a la perfección con los del rubio.

Ahorita no quería pensar en porque lo hacía, simplemente sabía que le gustaba… y mucho.