Capitulo 3
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El sábado siguiente empezó con una mezcla poco satisfactoria. Por un momento Emil se preguntó su edad y si sus padres ya se habían enterado de ese cambio. ¡Ya no tenía 10 años! Bien podrían dejarle salir a dar la vuelta, Castle Hill era un lugar tan pequeño como aburrido, ni que fuera a irse muy lejos, o al lago que se encontraba al norte de la carretera –por muy tentador que fuera.
También se cuestionó el por qué a Lukas lo dejaban salir y perderse durante horas sin hacerle una larga lista de preguntas y cuestionamientos que podrían rayar en lo ridículo cuan interrogatorio policiaco. Emil había tenido que contestar a donde iba, con quien iba y a qué hora volvía. Él había respondido la verdad: Iba a verse con su compañero, amigo, lo que fuese, Leon Kirkland en la tienda de conveniencia a la salida de la carretera a las 4 de la tarde, de ahí comprarían unas cosas – comida chatarra- para ir a casa del chico a ver películas. Regresaría a casa a las 10 de la noche.
Pero no. Ahora se encontraba en el auto de mamá, siendo conducido a la dichosa tienda de conveniencia al filo de las 3:45 mientras ella le daba una repetición palabra por palabra de «Lo importante que es que nosotros, como tus padres, sepamos donde andas y con quién» Aurora no lo agregó, pero Emil lo sabía, apenas ella viera a Leon, memorizaría sus rasgos como si de tener memoria gráfica se tratase.
— ¿Y él vive lejos de la tienda?
— Realmente no lo sé.
— ¿Ves por qué es importante que sepamos? ¿Qué tal pasa algo? ¿Sus padres estarán ahí?
— Realmente no lo sé— repitió.
Ella negó levemente con la cabeza. De eso se encargaría ella.
Pronto dieron vuelta en la carretera y encontraron la tienda de conveniencia, su letrero de neón parecía sacado de los 90's, quizá la moda vintage y retro había llegado al letrero de las tiendas Near & Far 24/7 y de la competencia Here & There 365. Cual sea, que esas dos tiendas dominaban el mercado de tiendas de conveniencia del pequeño pueblo de Castle Hill. Lo cual, a vista de Emil, era ridículo tomando en cuenta que era un poblado pequeño y que había demasiadas tiendas de esas. Aunque admitía que vivir cerca de un Here & There tenía sus beneficios.
Mamá estacionó el auto desde un punto en que podía ver a la perfección a quien llegase a la tienda. Aún era temprano y no había llegado nadie aún. Emil se sintió ridículo de que a las 3:57 de la tarde se encontraba ya en el lugar, de la mano de mami. Suspiró pesadamente y pegó la cabeza en el frente de su asiento, justo donde reposa la bolsa de aire del copiloto, una y otra vez hasta que su madre le detuvo con una mano en la frente.
— ¡No seas impaciente! — comentó burlona y su hijo juró que quería que la bolsa saliese y lo ahogase en ese preciso momento.
De pronto un chico vestido de forma casual llegó al lugar de la cita, jeans azul marino deslavados pero con estilo, una playera negra y una sudadera blanca con negro. A pesar del frio invernal, el chico no llevaba guantes, pero si botas para caminar en la nieve. Miraba constantemente su celular como si jugase o estuviese demasiado entretenido en su pantalla.
— ¡wow! — Ella exclamó — Así no los hacían en mi época. – después rio con coquetería y en tono de broma.
— ¡Mamá!
Ella rio más — Es la verdad, nunca me dijiste que tu amigo era un modelo de esos que ahora están de moda con las jovencitas.
— Porque no lo es. ¿Puedo irme ya?
— Lastima que no tengo hijas, sería buen partido.
— Mamá...
— ¡Oh! ¿Sabes a quien deberías presentarle? A tu prima Lili.
— ¡Mama!
— ¿Qué?
— ¿Puedo irme?
— ¿A dónde? — le miró confundida y él rodó los ojos.
— ¿Con mi amigo?
— ¡Oh! — ella rio y se soltó el cinturón de seguridad, después abrió la puerta frente a la atónita mirada de su hijo. — ¡Claro! ¡Vamos con él!
En ese momento, más que nunca, Emil deseó que todas las bolsas de aire del auto se abriesen como bomba y se lo tragaran entero. ¡Puff! Adiós Emil.
Antes de que pudiese reclamarle o recalcarle lo que era ser adolescente y dejarle caminar los 40 pasos hacia la entrada de la tienda, mismo lugar en el que Leon Kirkland se encontraba de pie, Aurora ya se perfilaba ante el chico, Emil no tuvo más remedio que apresurar el paso, alcanzarla y tratar de evitar una catástrofe. Simple o no, Leon era el chico más popular de la escuela, y NADIE quiere quedar en mal frente a semejante personalidad. Guste o no.
— ¡Hola! ¿Así que tú eres Leon?— Ella saludó al chico con una dulce sonrisa, él la miró confundido pero reconoció a su amigo detrás de ella cubriéndose la cara en un ademán de «dime que esto no está pasando»
Leon sonrió cortésmente y estiró la mano para saludarla. — Así es señora. Leon Kirkland. ¿Es usted la mamá de Emil? Es muy joven, quien lo diría... que tiene un hijo de mi edad.
Ella rio alagada. — Eres un encanto — respondió complacida y convencida de que el chico no solo era de buen ver si no, un buen chico en general. — ¿Así que van a tu casa a ver películas?
— Y comer chatarra — añadió él — espero no tenga problema con ello.
— ¡oh! Para nada. Es solo que, ya sabes, somos nuevos por aquí, Em es un chico nuevo después de todo, y podría parecer sobrecogedor.
Atrás Emil solo negaba con la cabeza cubierta con la palma de sus manos. Leon sonrió de lado, divertido con la escena.
— Los espero en el auto, chicos, de ahí yo los llevo a tu casa. ¿De acuerdo? Compren lo que tengan que comprar — luego susurró — no lo dejes beber mucha soda, eso sí.
— Entendido señora. ¡No tardamos! ¿Vamos Emil? — contestó y comenzó a dirigirse a la entrada de la tienda. Emil estiró la mano recibiendo 10 dólares directo de la mano de su madre y se dirigió tras su amigo. Anotado, tendría que conseguirse un trabajo de medio tiempo a fin de evitar más vergüenzas como las recién sucedidas. Por fin, una vez dentro y con la puerta de cristal automática cerrando la tienda, Emil suspiró dejando salir su frustración.
— ¡Es increíble! ¡No sólo me trae hasta acá, me encamina hasta la puerta de la tienda! — Agarró un canasto de metal del estante y caminó berreando por los pasillos. Atrás Leon le seguía divertido con lo que pasaba. — ¿Puedes creerlo? Castle Hill cabe en un cuadrante de google maps. ¡Ni que me fuera a ir a donde! ¡Y viene a verte y ver si existes! ¿Qué cree? ¿Qué me hice un amigo imaginario? ¿O que chateo con un pedófilo en el internet?
Leon lo dejó seguir con su berrinche. Él tomó un par de bolsas de papas fritas, unos doritos de queso, unos cuantos cacahuates, una soda y paquetes de goma de mascar poniéndolos en el cesto que Emil traía entre las manos. El chico había echado cosas al azahar en el lugar, tras dos paquetes de galletas suaves había una lata de atún y un jabón de tocador. Leon no hizo comentario alguno, pero cuando Emil empezó a agitar los brazos tuvo que interceder quitándole la canasta metálica para evitar que se hiciera daño.
— ¡Se les olvida que tengo 15 años! A Luke lo dejan hacer todo. TODO. Es más, el hoy no está en casa, se fue a quien sabe dónde. Pero noooo a él nadie, absolutamente nadie lo cuestiona, yo quiero un día afuera y ¿Qué sucede? Mamá conduce 15 minutos a una tienda de conveniencia cerca de las afueras de la ciudad para conocer a mi amigo por que ha estado leyendo demasiado esas ridículas revistas padres e hijos. ¿Qué pretende?
— ¿Soda? — Leon le miró fijamente. Emil alzó la vista y se detuvo a ver sus alrededores, se encontraba frente a los refrigeradores.
— Yeah— respondió y Leon tomó algunas latas acomodándolas en el cesto que ahora él cargaba. Emil se talló la cara una vez más. — lo siento por todo esto, en serio.
— Como que, no hay problema. No es la gran cosa de todos modos, a veces así sucede. — Se encogió de hombros.
— Es que si— replicó — Ni que me fuera a perder aquí.
— Nos va a llevar a mi casa.
Emil se jaló el pelo levemente— ¿Ves? ¿Por qué hace eso?
Leon rio y bajó la canasta tomando las manos que Emil usaba para jalarse el pelo, luego se lo reacomodó — No pierdas el estilo, o sea, please. Está bien, o sea, si quiere hacer eso déjala. Solo estamos tu y yo, como que no le diré a nadie ¿ok? Además, por mi está bien, no traje el auto, pensé que caminar estaría bien pero la verdad, está algo retirado y o sea no sé si aguantes la caminata. Todo cool no te preocupes.
Emil suspiró y cerró los ojos intentando calmarse — Ya, es solo que por primera vez en mucho tiempo vuelvo a tener un poco de vida social y no quiero que me entierren tan rápido.
Leon rio levemente — ¿Enterrarte? Nah, yo no dejaría que eso sucediera.
— ¿Ah no?
— nah, me agradas, me caes bien, somos amigos, y o sea, como que preferiría hundirme contigo antes que dejarte hundir solo. — Sonrió levemente y Emil también — claro que eso no pasará, estás conmigo, no tienes de que preocuparte.
Emil exhaló- — Gracias, supongo. ¿Te ayudo con eso? — señaló la canasta.
— Nah, aunque sinceramente me estoy preguntando si usarás ese jabón para platos y ese shampoo para bebé.
— ¿Oh?— Emil bajó la vista y entonces rodó los ojos riendo. — Lo siento, no me fijé.
— Lo imaginé.
Después de pagar por sus compras, cosa que Leon hizo aunque Emil se había negado, ambos caminaron de regreso al auto, Leon entregó una naranjada mineral a Aurora, gesto que ella recibió alagada y con una sonrisa, convencida de que si tuviera una hija, él sería el mejor candidato digno de su princesa. Emil se sentó atrás con su amigo para ayudarle a sujetar las cosas, aunque aún rodaba los ojos.
— ¿Hacia dónde vives, Leon? — preguntó Aurora.
— Siga la carretera Coral. De ahí damos vuelta en el camino Green Grassland.
— ¿En serio? — preguntó ella sorprendida. — ¿Vives en Green Grassland? ¿A que se dedican tus padres?
Green Grassland era la zona residencial más exclusiva de Castle Hill. Alejada del resto del pueblo por 12 kilómetros. Bien podría ya no ser parte de Castle Hill de no ser porque la delgada frontera así lo ameritaba. Se reconocía por sus enormes casas blancas con auténticos prados como jardines traseros y patios enormes con verjas blancas con preciosas enredaderas. Desde atrás los matorrales que las rodeaban daban la vista al lago.
— ¿Conoce los teléfonos Silverlab? — Leon respondió la pregunta.
— ¡Oh! ¡Claro que sí!
— Ah, pues es empresa familiar. Tiene su sede en Hong Kong. También son accionistas de Red Panda Entertainment
— ¿La de los videojuegos?
— Ajá — contestó él de forma simple — Por eso todos los celulares Silverlab tienen juegos de Red Panda precargados.
Ella estaba fascinada. — Oye, y si no es mucha indiscreción, ¿Cómo es que ustedes no viven en otro sitio? No sé si me explico...
— Oh, por el asedio. Vivimos muchos años en Manhattan, pero como que, resultaba pesado porque teníamos que ir de un lado a otro con muchos guaruras, y eso que éramos niños, de hecho mis primos y yo somos cinta negra, o sea, nos enseñaron para auto defendernos y eso pero como que, no nos gustó, y optamos por una vida más tranquila en un terreno en que básicamente pues, como que todos se conocen.
— ¿En serio? ¿No fue duro para ti enfrentarte al cambio?
Leon rio levemente — nah, ahora puedo salir a dar la vuelta sin tener un gorila detrás de mí. Es mejor así.
Emil escuchaba pero miraba por la ventanilla a su lado derecho. Las casas de tamaño regular habían dejado de aparecer en el camino tan pronto como la carretera coral quedó atrás. Pronto hubo más maleza y piedras, luego el sol alumbró el camino y hubo árboles y un extenso jardín que de no ser por las nevadas que habían existido sería precioso. No es que hubiera mucha nieve, aun cuando Emil se hubiese esperado que hubiera más en ésa época del año. Se lo atribuyó a lo aburrido que Castle Hill podía ser.
Pronto cruzaron el arco hacia Green Grassland y las casas se fueron haciendo más y más grandes hasta que se escuchó la voz de Leon de nuevo.
— Es aquí, en la 33.
Ella estacionó el auto quedándose hipnotizada por la fachada de la casa – o lo que podía ver de ella- el amplio patio con una fuente congelada en medio se encontraba resguardado por una verja color blanca que salía de dos fuertes pilares de piedra de cantera rosa. Las enredaderas hacían un buen trabajo en los muros de la barda que rodeaba el predio, detrás la casa se alzaba majestuosamente, con su color blanco y amplios ventanales, sus cortinas de color uniforme y la elegante puerta de madera de al menos quince centímetros de espesos –o eso calculaban sus bien educados ojos.
Era como la casa de una celebridad. Lo era en realidad.
¿Gusta pasar, señora? Mis padres no están pero...
Decidiendo que ya había interferido mucho, negó la invitación, aunque ciertamente se moría de ganas de contarle lo sucedido a su esposo. — Oh, no te preocupes, está bien. ¡Diviértanse chicos!
Emil suspiró bajando las cosas. No que no estuviera sorprendido por el lugar donde su amigo vivía. Él mismo había sentido abrir la boca en sorpresa, pero tenía que esconderlo un poco, no quería parecer ridículo. Tomó dos de las cuatro bolsas con comida chatarra y se despidió de su mamá agitando la mano.
— ¡Paso por ti a las 10! – dijo ella regresando con el auto por el camino donde había llegado.
Encogiéndose de hombros, finalmente resignado, Emil siguió a su amigo cuando éste se dio la vuelta para entrar, abriendo la puerta peatonal del patio. La fuente congelada llamó su atención, ¿En verdad hacía tanto frio ahí?
— Está congelada a propósito — Leon comentó como si pudiese leer sus pensamientos — Fui yo. — rio levemente — aún no encuentran como congelarla, pero es solamente una tontería.
Decidiendo no preguntar más, Emil lo siguió hasta que abrió la puerta de madera lacada, luego una reja blanca y luego una puerta sencilla. En ese espacio entre puerta y puerta, había un paragüero, una percha y un espacio para limpiar la suela de los zapatos, cosa que ambos hicieron antes de que Emil siguiera a Leon en sus acciones cuando éste se quitó los zapatos dejándolos en la zapatera antes de abrir la última puerta, la sencilla.
— Por ahora ahí déjalos— Leon indicó.
Pronto ambos estuvieron, de verdad, en la casa. Amplia y de techos altos, con piso de madera laminado de forma pareja. No muy lujosa pero espaciosa, sin exceso de muebles tampoco, sólo la sala estaba alfombrada y tenía una pared con un librero de techo a suelo repleto de libros. En la pared contraria una chimenea con un televisor amplio sobre de ella. Ambos caminaron por ahí antes de subir unas escaleras de caracol con herrería y terminaron por cruzar una estancia que les dirigió a varias puertas. Tomaron la tercera a la derecha.
Emil bien pudo perderse en el trayecto. Era casi un laberinto, un amplio y lujoso laberinto.
La habitación de Leon Kirkland era sencilla dentro de todo. Tampoco era muy grande. Tenía una cama tamaño King Size ligeramente posicionada en la derecha, a la izquierda un sofá con un modular al frente con varias consolas de videojuegos y la pantalla de televisión encima; hacia la pared había un escritorio con una computadora de pantalla muy grande y un librero con varios títulos a la vista. Había otra puerta también y Emil supuso que era el cuarto de baño. El lugar era confortable, el desorden era visible también, no como que no se hubiera recogido y limpiado en días, pero los cojines desordenados en el sofá y los videojuegos en la mesa de café enfrente, dejaban entrever que eran usados constantemente, en el armario, se podían ver algunas partes de las prendas, así como las cobijas de la cama que nada más habían sido estiradas sin cuidado. El toque de habitación de un adolescente se lo daban los varios posters en la pared y puerta del closet; fuera de ello y a pesar de lo espacioso, no era un lugar que alguien pudiese detectar como "del chico popular de la escuela".
— Si te preguntas por el desorden, ese está debajo de la cama.
— ¡Ah!, ya decía yo.
Leon se encogió de hombros y fue directo al sofá a dejar la comida chatarra. — Siéntete como en tu casa, o sea, siéntete libre de lo que sea, si te da hambre…
— Abriré la bolsa de doritos.
Leon chasqueó los dedos — captas rápido.
Emil rodó los ojos y ambos se dispusieron a pasar el rato en compañía del reproductor Blu-ray.
Emil jamás hubiese esperado que Leon Kirkland, el chico al que todos idolatraban en la escuela central de Castle Hill fuera el tipo de chico ermitaño que pasa las tardes frente a la computadora o frente al televisor acompañado del mando de su consola de videojuegos, escuchando música estruendosa o viendo películas una y otra vez. Usualmente los chicos idolatrados tendían a ser atléticos y salían mucho, iban a fiestas y al salir de la escuela se pasaban el rato con los amigos, posiblemente fumando o bebiendo, pero Leon no tenía la más mínima imagen de un joven que buscase lucir como adulto o vivir la vida estúpidamente rápido. Tampoco tenía novia, o no que el supiera.
¿No se suponía que su novia debería ser la porrista más popular de la escuela? O tal vez, Emil había visto ya, demasiadas comedias adolescentes americanas.
— Esta escena es mi favorita, él sutura su propia herida con sus tendones y luego les dispara.
La surreal y bizarra escena recién descrita por Leon, se llevaba a cabo en la pantalla, Emil se sorprendió de que fuese exactamente como su amigo había descrito, por ridículo que pareciese.
— ¡Oh! …OH. — Rio — ¿A quién se le ocurren estas ideas?
Leon rio con él — no sé, pero es cool. O sea, el bajo presupuesto los obliga a ser más creativos.
Emil no podía estar más de acuerdo con eso. Después de terminar la primera ronde de películas, y de acabar con casi la mitad de las compras que habían hecho en la tarde, sus posiciones en el sofá habían cambiado; Emil había terminado por estar sentado en el piso con su tercera lata de soda mientras Leon estaba acostado en el sillón. — Me dijo tu mamá que no te dejara beber mucha soda.
— Ah, lo bueno que tu no le vas a decir nada— aseveró tranquilamente — Dale play.
Ambos continuaron viendo las películas y juzgando las que Emil había llevado, curiosamente, Leon las encontró entretenidas, eran raras pero también las que él veía eran raras. Se sintió identificado con ciertos personajes y admitió que el humor Islandés era peculiar.
— ¡Quemo su casa de campo! Solamente porque estaba aburrido…
— ¡Y ella estaba loca! — Añadió Emil – ella está loca, ¿ves? ¿Cómo se le ocurre estafar un banco en un país con 300, 000 personas?
— Por eso pegan como pareja ¿Viste? Él está aburrido y ella está loca.
— Debe estar muuuy aburrido. — De repente recordó algo— ¡Oh! ¿Sabes que recordé?
— ¿Qué?
— ¿Ves cómo la gente cree que eres muy serio?
Leon arqueó una ceja — ¿Ajá?
— Pues, yo creo que es porque estas aburrido, la gente te aburre.
— Oh…— le miró sorprendido y después sonrió levemente — touché
— Y sin embargo sigues prefiriendo vivir en Castle Hill
— Claro que sí, o sea, es un lugar aburrido pero al menos hay amigos de verdad.
— ¿Y a tus primos? ¿Les gusta vivir aquí?
Leon pausó la película en una escena de beso, pero ninguno de los dos prestó atención, más bien se centraron en su plática.
— Nah, bueno, Lien está bien con ello, nada realmente le importa, creo…—rio— Mei detesta vivir aquí, así que cada que puede va con mis tíos a Nueva York. Yong Soo… él es un caso, se entretiene con su popularidad aquí, pero creo que ya ha salido con todas las chicas disponibles y eso ya le aburre…
— ¿Y su hermano?
— ¿Hyung? — Leon se encogió de hombros— No sé, y la verdad como que no me importa.
Emil le miró sorprendido. — ¿Alguna razón? ¿Por qué no te llevas bien con él?
— Emil…- mencionó y el aludido pensó que había sido demasiado indiscreto. Estaba a punto de disculpare cuando Leon habló de nuevo — Mis padres casi nunca me castigan, me llaman la atención, o sea, lo normal. Sólo una vez me castigaron mandándome a mi habitación a dormir sin cenar tras darme una bofetada, tenía diez años y fue por culpa de Hyung.
Curioso y frunciendo levemente el cejo — ¿Qué fue lo que hizo?
— Se rasguñó la cara y brazos, y se jaló el cabello y dijo que yo se lo había hecho.
— ¿Por qué lo hizo?
Leon se encogió de hombros — Una cosa tonta y sin sentido, fue porque todos estábamos jugando corriendo y sin querer choqué con él.
— ¿Y les contaste a tus padres?
— No me creyeron Incluso cuando Yong Soo me respaldo; En otra ocasión, le arrancó la cabeza a todas las muñecas de Mei porque ella se puso de lado de Yong Soo en un pleito. Todos sabíamos y los adultos no nos creyeron. — Su voz era extrañamente sombría.
— ¿Por qué? ¿Por qué no les creyeron? — le preguntó extrañado.
— Ya lo has visto, ¿Cómo es él?
Emil tragó saliva—… reservado, serio...
— Es terriblemente inteligente y manipulador. En la escuela a la que íbamos, él tenía un record perfecto, aquí lo tiene también, se ha ganado el favor de todos sus profesores, toca la guitarra, el piano y canta, es polifacético y pasa el rato leyendo y estudiando. Tú no lo creerías, nadie creería si te dijeran que un chico "tranquilo" hace cosas terribles, pero las hace, se vale de la inocencia de su cara. ¿Entiendes?
Emil asintió y Leon continuó.
— Tampoco creerías si te digo que él le gana en combate a su hermano. Yo nunca me he medido con él, intentamos convivir lo menos posible, es muy cruel, Emil.
El chico pudo sentir un escalofrío recorrerle el cuerpo por lo que se quedó en silencio sin deseo de preguntar más al respecto. Entonces decidió recobrar el tema original cuando su vista se posó en la pantalla congelada.
— Así que, aburrido ¿eh? Tal vez necesitas a alguien como Vilborg.
Leon rio levemente — ¿La loca de la película? No, gracias, como que paso, o sea... no estoy tan aburrido.
— Tal vez una menos loca. Oye... ¿No sales con nadie? Es de pensar que el chico más popular tendría a su porrista…
Leon rio a eso — Ves demasiadas películas.
— ¡Lo sabía!
— Tiene un mes exactamente desde que terminé con mi ex. De hecho.
— ¿En serio? ¿Y eso?
— No sé, me aburrí.
— ¡Oh! ¡Debí imaginar! ¿Quién era?
— Linda Thompson de 11°
— Nah, no la ubico. ¿Y ahora? ¿Quién sigue en tu lista? Por alguna razón me imagino que Yvette. Quedan bien.
Leon se atragantó y se sentó — ¡Noooo gracias! ¡Ella me regañaría mucho! Solo somos buenos amigos.
Emil sonrió — Ella sería la que llevase los pantalones.
— ¡Y que lo digas! ¿Por qué crees que sigue soltera?
— ¡Le diré!
— ¡No seas chismoso!
Emil se rio de eso y abrió un paquete de galletas.
— ¿A ti? ¿Te agrada alguien?— Preguntó el asiático.
— Nah, acabo de llegar, y créeme no llegué para ver que atrapo.
— Por ahí escuché que una chica de 10° le agradaste.
— Paso. ¿Y tú?
— ¿Yo que?
— ¿Alguien?
Leon se quedó pensando y suspiró levemente. — Si... si hay alguien.
— ¿En serio? ¿Quién es?
— Nah, es...imposible.
— ¿Para ti? ¿Leon Kirkland? — Emil le miró arqueando una ceja — ¿Y porque es imposible?
— Una — Leon levantó su dedo índice — Ella es mayor que yo, es de 12°, es muy, muy, seria, muy inteligente, y sale con ese idiota que trabaja en la planta de papel…
— O sea que sale con verdaderos hombres. — Emil recibió un golpecito en la cabeza — auch.
— Pero si, básicamente eso. Se llama Lan, Cheng Lan y de hecho, es la única chica que realmente me costaría trabajo...
— O sea que estas consiente de que las chicas te buscan…
Leon asintió — pero trato de respetarlas, nada me costaría acostarme con algunas sin ningún problema, solo no siento que así deban ser las cosas.
— Hey, tienes valores.
Leon rio y le dio otro golpecito en la cabeza. — Claro que los tengo—añadió mientras Emil se sobaba la cabeza.
— Ya van a dar las diez, no tarda en venir mi mamá — Emil rodó los ojos.
— ¡Ah! Por cierto, conseguí la llave de la azotea del edificio B para ir a almorzar, ahí nos juntaremos el lunes. Ya nos juntaremos ahí a menos que llueva porque me molesta estar rodeado de tantas personas mirando.
— Oh… bueno, iría con ustedes hasta el martes…
Leon frunció el cejo. — ¿Por?
— Porque le prometí a unos amigos que almorzaría con ellos el lunes…
Leon sintió una extraña sensación en el estómago. ¿Alguien más era amigo de su amigo? ¿Alguien más podía arrebatarle su atención? No que fuera caprichoso y egoísta, pero Emil era una de las mejores cosas en su vida, un amigo real que no lo quería por su popularidad y dinero. Lo quería en su vida, quería ser su amigo, no quería que alguien más se colara entre ese asunto. Secretamente, Leon era posesivo, a un grado tolerable, pero lo era.
— Invítalos a comer con nosotros.
Emil le miró extrañado — ¿Seguro? Ellos son de los que te idolatran y eso…
— Si son amigos tuyos, son amigos míos — replicó poniendo una mano en su cabeza. Emil le miraba aun extrañado.
— Si tú lo dices…
— Aja, oye y el sábado también podemos salir a divertirnos, creo que Yvette quiere hacer algo — anticipó para apartar el siguiente fin de semana de Emil. Hubiera apartado el domingo, pero ese día el chico pasaría el tiempo con su madre.
Emil asintió pero se detuvo en medio camino y cerró los ojos suspirando levemente —No, lo siento, ya había hecho planes…
— ¿Y eso? ¿Sales a algún lado?
— No sé, pero iba a salir con...mis amigos.
Leon sonrió cortésmente, aunque hubiera colgado una cara de molestia. — ¿Los mismos amigos?
—…ajá.
— Oh, ¡pues los invitamos también a la reunión de Yvette! Entre más, mejor. — Leon alzó una mano y frotó los cabellos platinados de Emil— Yo les diré el lunes personalmente. No te preocupes — le sonrió — no te haré dividirte entre tus amigos y nosotros...
— Ustedes también son mis amigos...
— Lo sé — replicó levemente poniendo una mano en su hombro. De pronto el celular de Emil sonó — Es tu mamá ¿cierto?
Tras mirar la pantalla, Emil asintió. — Ya me voy, ahí terminas de ver la película.
— Te acompaño. — Leon se ofreció a guiarle de regreso a la entrada de la casa donde el auto de mamá le llamaba con las luces prendidas. Antes de darse la vuelta y enfrentar el interrogatorio de su madre, Emil sonrió a su amigo. — Nos vemos el lunes…
—Nos vemos — Leon replicó con una sonrisa leve al tiempo que movía la mano para despedirse. — Gracias por venir.
— Gracias por invitarme — contestó Emil dándose la vuelta e ingresando al auto con su madre ansiosa de respuestas sobre la lujosa vida de Leon.
Emil suspiró, ya tendría que darle la noticia a Feliks y Leopold. Cerró los ojos y no pudo evitar imaginarse a Lan Cheng, la chica que le gustaba a Leon. Él no la conocía, pero imaginaba que tenía que ser muy especial para que él posara sus ojos en ella. — Es una chica con suerte, ella no lo sabe.
— ¿uhm? ¿Qué dijiste querido? — preguntó su madre.
— Nah, nada mamá.
Fin del capítulo tres
¡Muchas gracias por tomarse la molestia de leer!
Y también muchas gracias por el apoyo a esta y mis otras historias. En las que ya me pongo a trabajar uwu lo prometo.
