Claudia llevó a Seras a la biblioteca
–para ser una dama, primero debes tener la educación de una, así que vamos a comenzar por meter algunos conocimientos en esa cabeza tuya –le dijo a Seras adentrándose en la biblioteca sin mirarla
–empecemos por lo que conoces ¿has leído a Virginia Wolf? –preguntó Claudia, Seras negó con la cabeza
– ¿Mann?
–no
– ¿Calvino?
–no
– ¿Asimov?
–no
– ¿Isabel Allende?
–no
– ¿García Márquez?
–no
– ¿Maquiavelo?
–no
– ¿Víctor Hugo?
–no
– ¿Alcott?
–no
– ¿Verne?
–no
– ¿Balzac?
–no
– ¿Cervantes?
–no
– ¿Hemingway?
–no
– ¿Dumas?
–no
– ¡Merde! ¿Sabes leer acaso? –le preguntó Claudia, molesta, Seras asintió encogiéndose en una de las sillas de la biblioteca, la morena suspiró, armándose de toda la escasa paciencia que tenía y tomó un libro delgado, buscó algo y lo puso en un atril.
Se lo señaló a Seras
–Lee, en voz clara, alta y sin errores, no son trabalenguas –ordenó mientras Seras se levantaba y se acercaba al atril. La chica miró el libro, nerviosa, y comenzó:
El viento es un caballo óyelo como corre por el mar por el cielo quiere llevarme
– ¡Basta! ¡No corras! ¡Por algo está dividido como está! ¡Vuelve a empezar! –ordenó la morena impaciente, Seras la miró, tragó saliva y volvió comenzar:
El viento es un caballo
Óyelo como corre por el mar
Por el cielo
Quiere llevarme
Escucha como recorre el mundo
Para llevarme lejos
Escóndeme en tus brazos
Por esta noche sola
Mientras la lluvia rompe contra el mar
Y la tierra su boca innumerable
Escucha como el viento me llama
Galopando para llevarme lejos
Con tu frente en mi frente
Con tu boca en mi boca
Atados nuestros cuerpos
Al amor que nos quema
Deja que el viento pase
Sin que pueda llevarme
Deja que el viento corra
Coronado de espuma
Que me llame y me busque
Galopando en la sombra
Mientras yo
Sumergido bajo tus grandes ojos
Por esta noche sola descansaré
Amor mío
Seras terminó con un leve suspiro y miró a Claudia, la mujer sonrió y aplaudió tres veces
–no es tan difícil ¿o sí? –le preguntó burlonamente
–es muy bello ¿Qué es? –preguntó Seras tímidamente
–"El viento en la isla" de Pablo Neruda –respondió Claudia levantándose
–eso, ma chérie mademoiselle Victoria, es lo que hacían las jovencitas hasta hace cien años para divertirse y divertir a otros, entre otras cosas, por lo que vamos a comenzar por que adquieras el básico conocimiento de cualquier noble –le dijo Claudia, Seras la miró fijamente
–además de que debes mejorar tu etiqueta… empieza por no encorvarte ¡o te llenaré la espalda de tela adhesiva! –la regañó Claudia tomando una larga vara forrada de cuero
–Esta es una vieja amiga mía… y la usaré en ti cuando sea necesario –le advirtió señalándola con la vara, Seras palideció temblando, jamás en su vida la habían golpeado con algo así
–créeme, ma chérie, va a llegar un momento en que me odies, quiero decir odio verdadero, de ese que te envenena las venas y te hace desear matar… pero en cuanto superes eso verás el mundo de una manera mucho más clara –Continuó Claudia, Seras la miró inexpresivamente
Deseaba salir corriendo de ahí, a pesar de todo, la mujer le seguía poniendo los pelos de punta, y, por primera vez, se sentía verdaderamente agradecida de ser una vampiresa, por que sentía que, de haber necesitado oxígeno, ya se habría desmayado por culpa del corsé
–Tienes que aprenderte eso, además de un buen número de poesías, autores y sus obras, además de un sinfín de detalles que algún día te serán de utilidad –le dijo Claudia, Seras la miró con los ojos como platos
–que suerte tienen ustedes, las mujeres de esta época, alcanzar los altos puestos no les cuesta tanto trabajo. Nosotras éramos las que merecíamos verdadero mérito. Nosotras éramos las que dirigíamos los países y ejércitos desde los pasillos y habitaciones de los palacios. Una buena mujer sabía cómo tener a su hombre sometido y obediente sin que se diera cuenta… esos sí que nos debían todo su mérito a nosotras. Pero ahora ya no queda nada de las que fuimos las verdaderas reinas y gobernantes por siglos… llegó el feminismo y rompió todo el esquema de jerarquías –le dijo Claudia con un dejo de melancolía
–Pero creí que no les daban libertad para actuar y hablar –replicó Seras
–ja, ja… sí, te entiendo, la "mujer escopeta" cargada y detrás de la puerta. Abnegada, dependiente, silenciosa y obediente, sí, esa era una máscara que no sé que niña nueva rica se tomó en serio y se horrorizó –confesó Claudia
–pero también debíamos ser cuidadosas, cualquier cosa que se saliera de los parámetros normales causaba sospechas sobre ti y te enviaba al Santo Oficio. Como vampiresas nuestras posibilidades de salvarnos eran mínimas… ni siquiera perdonaban a los dhampirs –dijo Claudia y por un momento sus ojos se empañaron, llevó sus dedos a una medalla que colgaba de su cuello y la acarició
–vete por hoy… ya mañana seguiremos –le dijo Claudia con voz llorosa, Seras salió del lugar rápidamente y la morena se tumbó en un diván, comenzó a llorar silenciosamente
–Erin, ma adorée Erin, ma petit précieux –suspiró besando la medalla suavemente.
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– ¡hola! –le dijo una voz a Seras por detrás haciéndola brincar
– ¡Lucy! ¡Hola! –le respondió nerviosa
– ¿Cómo van tus clases con la comtesse mademoiselle D'Renoir? –le preguntó con una falsa sonrisa
–Bien… supongo –contestó Seras tímidamente, Lucy la intimidaba casi tanto como Claudia, aunque, no sabía bien, le recordaba más a Alucard, Lucy borró su sonrisa al instante
–ven acá –le dijo, la tomó del brazo con fuerza y la arrastró rápidamente por los pasillos hasta un cuarto parecido al de Seras, probablemente el suyo
–miran, preciosa, no sé que haya entre tú y el conde, pero te aconsejo que te andes con cuidado –le dijo Lucy
– ¿el conde? ¿Mi amo? Pero si entre él y yo no hay nada –respondió Seras nerviosa
–por lo menos por su parte, eso te lo aseguro –le dijo Lucy
– ¿de qué hablas? –preguntó Seras
–de que Drácula jamás te va a tomar en serio si no te ganas tu lugar, y te aconsejo que lo hagas pronto por que el traerte podría ser una forma de deshacerse de ti… ¿Qué crees que hizo conmigo hace 100 años? –preguntó Lucy
– ¿Drácula? Pero mi Amo es...
–tu amo es mi amo igual y me dejó con Claudia por que ya no le gusté... al conde no le gustan las chicas con cicatrices –le dijo la chica quitándose una cinta del cuello y abriéndose la blusa
–Me cortaron la cabeza y me quisieron sacar el corazón, con cuchillos de plata –le explicó Lucy señalando una brillante cicatriz sobre su cuello y su pecho
–él me salvó de morir, pero no me volvió a tomar en cuenta... este tipo fue el que destruyó mi existencia ¿Por qué te ayudo? Por que si alguien puede poner al conde en su lugar eres tú y nadie más… y la única manera de hacerlo es que se enamore perdidamente de ti –le dijo Lucy tomándola por los hombros
–Pero yo no sé cómo hacer algo así, yo le tengo terror a mi amo, además no creo ser capaz –replicó Seras
–en primer lugar, lo que tienes que hacer es conseguirte un orgullo, y dejar de portarte como un ratón asustado… y en segundo, escuchar atentamente lo que yo te diga y hacerlo. Yo no sólo voy a ser tu segunda maestra aquí –le dijo Lucy
Seras la miró con curiosidad
–como tenemos el mismo amo, podría decirse que somos hermanas, o amigas, serías la primera verdadera amiga que tengo en cien años –le dijo Lucy con una sonrisa. Seras sintió que sus ojos se empañaban y una mano invisible apretaba su corazón.
–déjalo salir ¿Quién va a entender mejor que yo? –le dijo Lucy abrazándola con fuerza
Seras no pudo contenerse llanto y comenzó a desahogarse en los brazos de Lucy.
Por primera vez pudo llorar libremente por el miedo, la pérdida de su humanidad e inocencia durante los últimos meses.
